33773(30-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33773  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 206.   

Bogotá,  D.  C., treinta de junio de dos mil  diez.   

V I S T O S  

Con  el  fin  de  constatar  si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de CARLOS ANDRÉS VILLAMIL  SUÁREZ,  contra  la sentencia de segundo grado que el  13  de noviembre de 2009 profirió el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Popayán,  confirmatoria  de  la  que  dictó  el  31 de julio del mismo año el  Juzgado  Segundo  Penal  Municipal  de  Santander  de Quilichao con funciones de  conocimiento  de  esa  ciudad,  por cuyo medio condenó al procesado a las penas  principales  de  32  meses  de  prisión y multa de 20 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes;  a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por un término igual al de la restrictiva de la  libertad;  le  impuso  la  obligación  de  cancelar  los  perjuicios  morales y  materiales;  por  haberlo  declarado autor penalmente responsable de la conducta  punible  inasistencia  alimentaria; concediéndole la suspensión condicional de  la ejecución de la pena.   

H E C H O S  

Los   acontecimientos   que  originaron  la  investigación  penal  fueron  relatados por el Tribunal Superior de Popayán en  el fallo de segundo grado, como se transcribe a continuación:   

“El señor Arlos  (sic)   Andrés  Villamil  Suárez,  ha  incumplido injustificadamente con su obligación alimentaria, para  con  su  hija  [M.J.V.A.]1,  quien cuenta a la fecha con  3  años  de  edad,  tal  como lo demuestra con el registro civil de nacimiento,  delincuencia  que  abarca desde marzo de 2007 hasta el mes de julio de 2008, por  valor   de   $4’819.239,  adeudando  el  suministro  de  ropa;  obligación  que  se  sustenta  en Acta de  Conciliación,  adelantada  en  el  Juzgado 1° promiscuo de Familia de la misma  ciudad,  el  23  de  junio  de 2006, en la cual se acordó de manera voluntaria,  destinar  como cuota alimentaria $200.000, quedando para el 2007 $212.600 y para  el 2008 $226.227.”   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Yusebi  Stella  Ángel  Moreno,  representante  legal  de  la víctima, el 14 de noviembre de 2007  denunció2   ante  la  Fiscalía  a  CARLOS  ANDRÉS  VILLAMIL  SUÁREZ por sustraerse desde el mes de marzo  del  mismo  año,  al  cumplimiento  de la obligación de entregar los alimentos  legalmente  debidos  a  favor  de  su  hija  menor M.J.V.A., quien para entonces  contaba 3 años de edad.   

La  Fiscalía  Segunda Local de Santander de  Quilichao  citó a la señora Ángel Moreno     y     al     indiciado     VILLAMIL  SUÁREZ  con  el fin de celebrar una conciliación. En  razón  de  ello,  el  14  de  marzo  de  2008 entre ellos acordaron3  que el padre  de  la  menor  le cancelaría a la madre “…la suma  de  DOS  MILLONES  DE PESOS ($2.000.000,oo), que equivale a la deuda, a Marzo de  2008,  para  el  día  30 de Junio del año curso y además, a partir del mes de  Abril  de  2008,  cancelará  la  cuota  mensual  correspondiente, la cual es de  $226200,oo,  en  especie  hasta  el  mes  de junio de 2008 y a partir del mes de  Julio     del     mismo    año    consignará    en    el    Banco.”   

En consecuencia, la Fiscalía dispuso aprobar  el  acuerdo  y  ordenar  “…la  suspensión  de la  indagación,  hasta  que  la  querellante informe sobre el cumplimiento o no del  convenio.”   

El  18  de  julio  de 2008, la representante  legal  de  la  víctima  informó  que  CARLOS ANDRÉS  VILLAMIL  SUÁREZ había incumplió el convenio al que  habían  llegado  en  curso  de  la  conciliación, circunstancia que sirvió de  fundamento  para  que la Fiscalía, en ejercicio de la acción penal, solicitara  la  celebración  de  una  audiencia  preliminar  que  se llevó a cabo el 26 de  agosto  de  2008,  ante  el  Juzgado  Primero  Penal  Municipal con funciones de  control  de  garantías  de  Santander de Quilichao, y en curso de la cual se le  formuló  imputación  al  indiciado  por el delito de inasistencia alimentaria,  definido  en  el artículo 233, inciso segundo, del Código Penal, sin que se le  impusiera    medida   de   aseguramiento   ninguna4.          VILLAMIL  SUÁREZ  no  se  presentó  a la  diligencia,  a pesar de habérsele notificado oportunamente y tampoco justificó  su   inasistencia,   razón   por  la  que  fue  declarado  contumaz5.   

El  15  de  octubre  de  2008,  la Fiscalía  Segunda   Local   de   Santander   de   Quilichao   presentó   el   escrito  de  acusación6  por  la  conducta punible objeto de imputación, cuya formulación  se  realizó  ante  el  Juzgado  Segundo  Penal Municipal de la misma ciudad con  funciones  de  conocimiento  en  audiencia  celebrada  el  13  de  noviembre  de  20087,   oportunidad   en   la  que  se  ordenó  celebrar  la  audiencia  preparatoria   que,   luego   de   varios   aplazamientos   solicitados  por  el  defensor8,  se  realizó  el  24 de marzo de 20099.   

La audiencia de juicio oral se llevó a cabo  el       3      de      junio      de      200910,  y  en  esa  oportunidad  se  anunció que el sentido del fallo sería de carácter condenatorio.   

El 17 de julio del año anterior, se inició  la  audiencia  de  incidente  de reparación integral, que culminó el siguiente  día        24       del       mismo       mes11.   

Al fallo se le dio lectura el 31 de julio de  200912,  de  cuya  naturaleza  y  contenido se hizo mérito en el acápite  inicial  de esta providencia, el cual fue confirmado por el Tribunal Superior de  Popayán  mediante  el  que es objeto de este recurso extraordinario13.   

LA DEMANDA  

Dos   cargos   postula   el   defensor  de  CARLOS    ANDRÉS    VILLAMIL    SUÁREZ  contra  el fallo del Tribunal Superior de Popayán, con fundamento  en  las  causales primera, segunda y tercera de casación previstas en artículo  181 de la Ley 906 de 2004.   

PRIMER CARGO.  

Acusa  la  sentencia dictada por el Tribunal  Superior   de   Popayán   “…de   haber  violado  directamente  la  ley  sustancial  por  EXCLUSIÓN EVIDENTE del artículo 6, del  Código  Penal,  y  el  Artículo 8 ibídem y APLICACIÓN INDEBIDA del artículo  233  de la misma obra, esto es, por haber incurrido en la causal segunda, cuerpo  primero,  de  CASACIÓN,  consagrada en el numeral segundo del artículo 181 del  Código de Procedimiento Penal.”   

Aduce  el demandante que el error denunciado  consiste  en  que  la  Fiscalía  no  archivó  las diligencias, luego de que la  representante  legal de la víctima y el indiciado celebraron una conciliación,  sino  que ante la solicitud de la denunciante resolvió imputarle a CARLOS  ANDRÉS VILLAMIL SUÁREZ, el delito  de  inasistencia  alimentaria  sin  cumplir  las  exigencias  legales, porque el  artículo  35  de la Ley 640 de 2001 consagra que es requisito de procedibilidad  la conciliación, aunque no se llegue a un acuerdo.   

“Apreciado  lo  anterior  podemos colegir que el debido proceso fue violado imputando cargos sin  cumplir  los  requisitos de procedibilidad, ya que para poder iniciar la acción  penal  la audiencia de conciliación debe declararse fracasada y en este caso se  concilió.”   

A   juicio  del  actor,  para  ordenar  el  desarchivo  de  las  diligencias  e  iniciar  la acción penal, el Fiscal debió  proceder  de  conformidad  con  lo  que  disponen los artículos 153 y 154-8 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  al  igual  que  acogerse  a los lineamientos  expuestos  por  la Sala de Casación Penal en el auto del 5 de julio de 2007, es  decir,  solicitar  autorización  para  el  efecto  ante  el  Juez de Control de  Garantías  “…hecho  que no se hizo por parte del  Fiscal,  incurriendo  en  error  de  hecho,  y  violando  todas  las  garantías  constitucionales   y   legales  que  le  asisten  a  mi  poderdante.”   

Según   el   censor,   al   celebrar   la  conciliación  ante la Fiscalía Local de Santander de Quilichao se modificó el  acuerdo  al que habían llegado CARLOS ANDRÉS VILLAMIL  SUÁREZ  y la denunciante el 23 de junio de 2006 en el  Juzgado  Primero  Promiscuo  de  Familia de la misma ciudad, lo que en su sentir  constituye una novación.   

Luego  de  interrogar  sobre  si  es posible  conciliar  en materia de alimentos, responde afirmativamente que “…nos  remitimos  al  artículo  74  de  la  Ley 906 de 2004 y nos  manifiestas  que  la  inasistencia  alimentaria  es  una  Querella  (sic),  concordamos  con  el artículo 76  ibídem  y  es  desistible,  en  el  momento  que  se  hace  la conciliación se  determina  (sic) los cambios  que  produce la novación de la obligación, se produce el desistimiento tácito  por   el   hecho   del  acuerdo  de  voluntades,  y  lo  acuerdado  (sic)  en la conciliación presta mérito  ejecutivo.”   

Insiste, con fundamento en algunos apartes de  la  sentencia  C-591  de  2005 proferida por la Corte Constitucional, los cuales  transcribe,  que  en  este caso hubo conciliación y la consecuencia era dar por  terminado  el  asunto,  porque el acuerdo entre las partes hizo tránsito a cosa  juzgada.   

Concluye el casacionista que “Si   el   juzgado   de   segunda   instancia,   hubiese  tomado  en  consideración  la  conciliación  acordada,  seguiría  los  lineamientos de la  misma  ley  y  anulaba el procedimiento para desarchivar como la ley lo dice, ya  explicada  anteriormente, y circunstancias en que actuaron, no habría caído en  la  falsa  conclusión  de  hallar  responsable penalmente al mismo y, por ende,  violar  la  ley  sustancial por exclusión evidente de los artículos 6 y 8, del  Código  Penal  y  APLICACIÓN  INDEBIDA  del  artículo  233  de la misma obra,  configurándose  así  el  numeral  segundo  del  artículo 181 de la Ley 906 de  2004,     así    la    causal    de    CASACIÓN     invocada.”   

Consecuente  con sus argumentos, por último  pidió  el  demandante  “…CASAR  el injusto fallo  impugnado,  para  en  su lugar ANULAR TODO LO ACTUADO, hasta la conciliación, y  terminar   el   proceso  ya  que  la  conciliación  fue  cancelada.”   

SEGUNDO CARGO. SUBSIDIARIO.  

El  libelista  invoca  la  causal tercera de  casación  prevista  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, para censurar la  sentencia   bajo  la  modalidad  de  “…VIOLACIÓN  DIRECTA  DE  LA  LEY  SUSTANCIAL…”,  porque  en su  sentir  el  Tribunal  incurrió  en  “…EXCLUSIÓN  EVIDENTE  (sentido  de  la  violación)  del  artículo  29  de la Constitución  política,  por  mala  apreciación de lo ordenado por el inciso 4 del artículo  344  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en  concordancia  con el artículo  (sic)   424,  431  y  432  ibídem.  Esto  es,  por haber incurrido, en lo consagrado en el numeral tercero  del    artículo    181    de    la    Ley    906    de    2.006    (sic).”   

Para sustentar esa proposición, asegura que  los  jueces  de  instancia  no  tuvieron  en  cuenta  las  normas que regulan el  trámite  sobre  el  descubrimiento  y  admisión  de  los  elementos materiales  probatorios   y  evidencia  física  durante  la  fase  del  juicio  cuando  por  excepción  resulten  significativos  para  evitar  el  menoscabo del derecho de  defensa y la integridad del juicio.   

“Ahora antes de  comenzar   la   audiencia  pública  mi  poderdante  el  2  de  junio  de  2009,  (sic) a favor de la madre de  la    menor    por    valor    de    $2.845.000,oo,    o    seas    (sic)  el  valor  de  lo  expresado en la  conciliación  que se encontraba vigente con los respectivos intereses ordenados  por  la  Superintendencia  Financiera, ahora veamos que nos dice el inciso 4 del  artículo   334  (sic)  del  adjetivo penal.   

Sin embargo, si durante el juicio alguna de  las  partes  encuentra  un  elemento material probatorio y evidencia física muy  significativos  que  debería  ser  descubierto,  lo pondrá en conocimiento del  juez  quien, oídas las partes y considerado el perjuicio que podría producirse  al   derecho   de   defensa   y  la  integridad  del  juicio,  decidirá  si  es  excepcionalmente admisible o si debe excluirse esa prueba.   

Por tal razón se pone en conocimiento copia  del  recibo  de  consignación  de  fecha  2  de  junio de 2009, con el sello de  consignación  del  banco  agrario  de Colombia, a favor de la madre de la menor  por valor de $2.845.000,oo…    

Esta prueba es de tal trascendencia, ya que  produce   un  efecto  directo  en  el  proceso  y  es  de  importancia  para  la  defensa.”   

Sin      embargo      –añade     el     actor–  esa  petición  fue rechazada por el  Juez  de  primera  instancia  al  precisar  que debía introducirse al proceso a  través  de un testigo, circunstancia que, en su sentir, desconoce la preceptiva  de los artículos 425, 431-3 y 432 de la Ley 906 de 2004.   

Asegura  el  demandante  que  ese  documento  demostraba  la inocencia de su defendido y fue allegado a la actuación conforme  lo permite el artículo 344 del Código de Procedimiento Penal.   

El   Tribunal   hizo  caso  omiso  de  esa  irregularidad,  pues  de  haber  tenido  en cuenta el documento habría absuelto  a   CARLOS  ANDRÉS  VILLAMIL SUÁREZ,   “…por   el   pago  total  de  la  indemnización           conciliada           como          integral.”   

Con fundamento en esos argumentos concluye el  casacionista   que   “Sí  (sic)  la  sentencia  impugnada  no  hubiese  violado  directamente  la  ley  sustancial  por  EXCLUSION (sic)  EVIDENTE  de  la  norma  relativa  de legalidad, cosa  juzgada  y  la conciliación, que da por terminados los procesos, archivándolos  como  lo  indica la ley artículo 522 de la ley 906 de 2004, en concordancia con  el  artículo  35  de la ley 640 de 2001, que no permite la procedibilidad de la  acción  penal,  si  se  concilio  (sic), por      se     (sic)     está    una    querella.   No   habría   condenado   misma   (sic)  a  la  exagerada  e  injusta  pena  de  veinticuatro  (sic)  meses  de  prisión,  sino  a  la  que  solicita  aquí,  casar  para  archivar  la  acción,  por  lo  anteriormente expuesto.”   

En  consecuencia,  solicita  de  la  Corte  “…CASAR  el  fallo  impugnado.  Para  en su lugar  ordenar   el   archivo   de   las  diligencias  como  se  sustento  (sic)      anteriormente.”   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Antes  de examinar los cargos planteados por  el  casacionista  contra  la  sentencia  objeto  de  impugnación,  es necesario  destacar  cómo  con  el  advenimiento  de  la  Ley  906  de 2004, se ha buscado  resaltar   la   naturaleza   de   la   casación  en  cuanto  medio  de  control  constitucional  y legal habilitado de manera general contra todas las sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por  los  Tribunales,  cuando  quiera que se  adviertan  violaciones  que afecten las garantías de las partes, en seguimiento  del  precepto consagrado en el artículo 180 del Código de Procedimiento Penal:   

“Finalidad. El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”   

Precisamente,  para  facultar  el  efectivo  cumplimiento  de  tan  caros  propósitos, el artículo 184, inciso 3, de la Ley  906  de  2004,  le  confiere a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  entre  otros,  la  facultad  de  superar los defectos que contenga la  demanda,   con   el   fin   de   que   pueda   emitir   un   pronunciamiento  de  fondo.   

No obstante, es posible inadmitir la demanda  cuando,   conforme   lo   expresa   el   inciso  segundo  de  la  norma  citada,  “el  demandante  carece  de  interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla los cargos de sustentación o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  alguna de las finalidades del recurso”.   

En  atención a esos criterios, ha señalado  la   Corte14:   

“De  allí  que bajo la óptica del nuevo  sistema  procesal  penal, el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de  libre  elaboración,  en cuanto mediante su postulación el recurrente concita a  la  Corte  a  la  revisión del fallo de segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por  lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos  o garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación,  a  través  de  la  cual  se  deja evidente tal afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de  la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, con referencia a las taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo 181 del nuevo Código, se  tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

b)   La   del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  clara  y  precisas  pautas  demostrativas15.   

Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia16.   

c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia–; desconocer  las  reglas de producción alude a los errores de derecho que se manifiestan por  los   falsos  juicios  de  legalidad  –práctica  o  incorporación  de las pruebas sin observancia de los  requisitos   contemplados  en  la  ley–,  o,  excepcionalmente por falso juicio de convicción17,  mientras  que  el  desconocimiento  de  las  reglas  de apreciación hace referencia a los  errores   de   hecho  que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión     o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio–,  del  falso  juicio  de  existencia  –declarar   un   hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera válida al proceso–  y  del falso raciocinio –fijación  de premisas ilógicas o irrazonables por desconocimiento  de  las  pautas  de  la  sana  crítica–.   

La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.”   

Establecidas  las  premisas  básicas  de  evaluación,  se  abordará  en  detalle la demanda de casación, de conformidad  con los cargos planteados por el casacionista.   

PRIMER CARGO.  

Acusa  la sentencia dictada por el Tribunal  Superior   de   Popayán   “…de   haber  violado  directamente  la  ley  sustancial  por  EXCLUSIÓN EVIDENTE del artículo 6, del  Código  Penal,  y  el  Artículo 8 ibídem y APLICACIÓN INDEBIDA del artículo  233  de la misma obra, esto es, por haber incurrido en la causal segunda, cuerpo  primero,  de  CASACIÓN,  consagrada en el numeral segundo del artículo 181 del  Código de Procedimiento Penal.”   

El  reproche se refiere a que para la fecha  de  presentación  de  la  denuncia penal, el delito de inasistencia alimentaria  era  querellable  y,  en  consecuencia,  desistible.  Por  esa  razón y ante la  conciliación  que  celebraron  la representante legal de la menor y el entonces  indiciado,  las  diligencias  debieron  archivarse desde el 14 de marzo de 2008,  fecha  en  que la denunciante y CARLOS ANDRÉS VILLAMIL  SUÁREZ  llegaron  a  un  acuerdo  en  trámite  de la  conciliación  que,  a la postre, resultó incumplida por el entonces indiciado,  porque  –según entiende el  demandante–  la  referida  composición   del   litigio   equivale   al   desistimiento   de  la  querella,  circunstancia   que   al  ser  desconocida  por  las  instancias,  a  juicio  de  casacionista,  impone  la  necesidad  de  “…ANULAR  todo   lo   actuado,   hasta   la  conciliación…”   

El  demandante, contrariando los principios  de  claridad  y  precisión,  simultáneamente  invoca las causales de casación  previstas    en    los    numerales   primero   y   segundo   del   artículo   181  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  las  cuales no permiten la postulación de cargos de naturaleza y  alcance  diferentes,  pues,  la primera se refiere a la violación directa de la  ley  sustancial  que puede presentarse por falta de aplicación, interpretación  errónea  o  aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso; mientras la segunda alude a  la    nulidad    por    errores    de   juicio   (in  iudicando)    o    de    actividad    (in  procedendo), es decir, faculta atacar  los  fallos  cuando se han producido con desconocimiento del debido proceso o de  las  formas  propias  del  juicio (yerro de estructura), o con violación de las  garantías  debidas  a cualquiera de las partes (yerro de garantía), eventos en  los   que   debe   tenerse   en   cuenta   que   las  causales  de  nulidad  son  taxativas18.   

Las  especies de error directo –falta  de  aplicación  y aplicación  indebida–  se diferencian  de    la    interpretación    errónea,  en  que aquellas hacen referencia a un yerro en la escogencia del  precepto,  mientras en el desatino hermenéutico, el dislate aparece al fijar su  verdadero sentido.   

En efecto, la exclusión evidente de la ley  sustancial  se  presenta  cuando  el Juez ignora o desconoce la existencia de la  norma  y  por  eso  no  la  aplica al caso específico; la aplicación indebida,  consiste  en  que  el  juzgador  yerra al calificar jurídicamente los hechos o,  habiendo   acertado   en  esa  adecuación,  se  equivoca  al  elegir  la  norma  correspondiente  a  la  calificación jurídica impartida; y, la interpretación  errónea  ocurre  cuando  el  Juez  selecciona bien y adecuadamente la norma que  corresponde   al  caso  sometido  a  su  consideración,  pero  se  equivoca  al  interpretarla  y  le  atribuye  un  sentido  jurídico  que no tiene o le asigna  efectos  contrarios  a  su real contenido. Entonces, conforme lo ha sostenido la  jurisprudencia  de  esta  Sala,  cuando se alega la violación directa de la ley  sustancial le incumbe al demandante fundamentalmente:   

“2.1.  Afirmar  y  probar  que  el  juzgador  de  segunda  instancia ha  incurrido en error   

(i)  Por falta de aplicación o exclusión  evidente,  que  se  presenta  cuando  el  funcionario  judicial  yerra  acerca  de  la existencia de la norma y por eso no la aplica al  caso  específico  que  la  reclama.  Ignora  o  desconoce  la ley que regula la  materia  y  por  eso  no la tiene en cuenta habiendo incurrido en error sobre su  existencia o validez en el tiempo o en el espacio;   

(ii)  Por aplicación indebida  que  se  origina  cuando el juzgador por equivocarse al calificar  jurídicamente  los hechos o, cuando habiendo acertado en su adecuación, yerra,  sin  embargo,  al  elegir  la norma correspondiente a la calificación jurídica  impartida. Y,   

(iii)      Por     interpretación  errónea. Que ocurre cuando el Juez selecciona bien y  adecuadamente  la  norma  que  corresponde al caso sometido a su consideración,  pero  se  equivoca  al  interpretarla  y le atribuye un sentido jurídico que no  tiene o le asigna efectos contrarios a su real contenido.   

2.2. Abstenerse  de  reprochar  la  prueba,  es  decir, le compete aceptar la apreciación que de  ella  ha  hecho el fallador y conformarse de manera absoluta con la declaración  de los hechos vertida por éste.   

2.3. Realizar un  estudio puramente jurídico de la sentencia.   

2.4.  Si  como  consecuencia  de  la  errónea  interpretación  de  la  ley,  ésta  se deja de  aplicar,  o  se  aplica  indebidamente,  debe dirigir su acusación hacia una de  estas  dos hipótesis y no hacia la interpretación equivocada de la ley pues lo  importante,  en  últimas,  es  la  decisión  tomada por el Juez: no aplicar la  norma o aplicarla indebidamente.   

2.5. Si predica  aplicación  indebida  de una norma, tiene que precisar la norma inadecuadamente  utilizada y aquella que en su lugar debe ser atribuida.   

2.6. Respecto de  una  misma  disposición  legal  no  puede  predicar  simultáneamente  falta de  aplicación y aplicación indebida.   

2.7. Indicar en  forma clara y precisa los fundamentos de la causal.   

2.8.  Citar las  normas que se estiman infringidas.    

2.9. Si por esta  vía  el  proponente  reprocha al Juzgador el tratamiento impartido al principio  de  duda,  tiene  que  demostrar  que  en la sentencia el fallador ha reconocido  formalmente  la  presencia de la incertidumbre y que, sin embargo, ha condenado,  con  lo  cual  ha incurrido en falta de aplicación del artículo 445 del CPP de  2.000.   

3.    La  jurisprudencia    ha    precisado    que    el    concepto    de    interpretación  errónea  supone que el  precepto   que  se  reputa  como  vulnerado  por  el  fallador  fue  aplicado  y  correctamente  seleccionado para el caso, y el dislate  consiste  en  que  al  determinar  sus  alcances  se  restringe  o exacerban sus  efectos,  sin  que pueda confundirse ese yerro con la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación indebida que se originan en el errado  alcance  otorgado  a la norma por el juez y que lo determina a no aplicar el que  corresponde  o a aplicar uno equivocado.”19  (Subrayas  originales).   

Empero,  cuando el cargo se formula por una  causal  de  nulidad, se debe señalar específicamente si con el fallo impugnado  se  quebrantó  el  debido  proceso  o  el  derecho de defensa, pues se trata de  vulneraciones   que   afectan   dos   ámbitos   suficientemente  delimitados  y  delimitables,  conforme lo ha sostenido pacíficamente la jurisprudencia de esta  Sala.  Ello,  en  razón  de que la afectación del debido proceso constituye un  vicio  de  estructura (falta de competencia, pretermisión de las formas propias  del  juicio,  etcétera),  mientras  que  el quebranto del derecho a la defensa,  comporta  un  vicio de garantía, características distintivas que imposibilitan  su  invocación  conjunta,  con  fundamento  en  los  mismos  supuestos de hecho  procesales  y  con  apoyo  en las mismas razones críticas. Así lo ha precisado  esta Corporación:   

“[C]uando  se  demanda  una  sentencia por la vía de la causal tercera, no basta, como lo hizo  el  actor,  señalar  el motivo de nulidad hallado en la actuación, sino que es  necesario  probar  cómo  él  condujo  a  la invalidación del proceso, y desde  cuál  etapa,  bien  porque  se  considera  atentatorio  de  la estructura de la  investigación  o  el  juzgamiento,  o  bien  porque  se  encuentre  que vulnera  garantías  y  derechos  fundamentales. Acto seguido, si postula irregularidades  que    han    alterado    sustancialmente   el   debido   proceso   –vicios    de    estructura-,    la  formulación  del  cargo  y su desarrollo han de ser presentados en un capítulo  independiente  de  aquél  en  que  se  reseñen  las que estime violatorias del  derecho      de      defensa      –vicios  de  garantía-,  sin olvidarse, en cada caso, de argumentar  con  solidez  en dirección a probar cuál ha sido su repercusión en el sentido  del  fallo.  De  acuerdo  con estas directrices, no procedió el actor. Frente a  censuras  que  exigían  una alegación autónoma y una fundamentación diversa,  en  el  mismo  cargo denunció la violación del debido proceso y el recorte del  derecho   de  defensa.”20   

Entonces,  las  causales  invocadas en este  cargo  no  pueden  servir  de sustento para la misma censura, porque de resultar  acreditado  alguno  de  los  yerros  denunciados  al  amparo del numeral 1° del  artículo  181  del  Código  de  Procedimiento Penal, la consecuencia sería la  emisión   de  un  fallo  de  sustitución;  y,  de  prosperar  algún  reproche  enarbolado  con  sustento  en  el  numeral  2°  ibídem, la implicación sería  invalidar  lo  actuado  desde que se configuró la irregularidad o la lesión de  la  garantía  fundamental,  siempre  que  no pueda enmendarse de otra manera el  agravio.   

Si  bien  la  jurisprudencia  de la Sala ha  señalado  que  la  nulidad, como causal de casación, no exige en su redacción  formas  específicas  para  su  proposición  y  desarrollo, la demanda no puede  confundirse  con un alegato de libre confección, pues al igual que en las otras  causales,  debe  ajustarse  a  determinados  parámetros lógicos de modo que se  comprendan,   con   claridad  y  precisión,  las  irregularidades  sustanciales  alegadas  y  la  manera  como quebrantan la estructura del proceso o afectan las  garantías de los sujetos procesales.   

Le correspondía al recurrente demostrar que  la  irregularidad  cometida  en  el  desarrollo  del proceso e inadvertida en el  fallo,  lo viciaba al punto que para remediar el agravio no existía alternativa  diferente que invalidar las diligencias.   

El reproche se refiere a los argumentos que  expuso  el  Ad quem al sustentar que en este caso no hubo conciliación entre la  representante  legal  de la víctima y el procesado, porque éste no cumplió la  obligación  que  contrajo  y, mucho menos, en el plazo indicado; pues, a juicio  del   censor,   siempre   que  se  celebra  un  pacto  de  esa  naturaleza,  sin  consideración  a  que  se verifiquen los compromisos adquiridos, debe ordenarse  el  archivo  de  las diligencias circunstancia que, de haberse admitido, hubiese  determinado al Tribunal para absolver a su representado.   

Sobre  ese específico tema, el Tribunal se  pronunció  con  apoyo  en  la doctrina fijada por esta Sala en el auto del 9 de  septiembre   de  2009,  radicado  con  el  número  32.196,  en  los  siguientes  términos:   

“…el trámite  que  el  juzgado  le  dio a este proceso fue en términos del artículo 74 de la  Ley  906  de  2004  (desconociendo  la  “excepción”  o que cuando el sujeto  pasivo   era   un  menor  de  edad  no  se  requería  de  querella)–  porque las “partes” conciliaron  el  pleito  por “Inasistencia Alimentaria”, a favor de la menor (…), quien  ahora  cuenta  con  4 años de edad, ya que, frente a esa resolución activa, la  obligación   de   la   Fiscalía  Local  era,  inexcusablemente,  archivar  las  diligencias  y  nunca  proceder a imputar cargos contra el señor Carlos Andrés  Villamil  Suárez,  siendo,  por demás, que aquel fenómeno pre-procesal, tiene  efectos  de  cosa  juzgada;  para  la  Sala,  esa  premisa  carece  de “razón  suficiente”,  por no demostrarse la misma con asiento en el artículo 522.3 de  la  Ley 906 de 2004, o sea, comprobándose, en la casuística particular, que la  dicha      “conciliación”     no     fue     “exitosa”     –suceso  de buen resultado–,  no  era  obligación  del  citado  funcionario  judicial  el  archivo  de las diligencias, sino que lo legal era el  inicio  de  la  acción  penal, con lo cual se demuestra que hubo sujeción a la  Ley,  al  “Debido  Proceso”,  y,  por  ende,  no  se determina irregularidad  trascendental        para        invalidar        lo        actuado.”   

El   casacionista  omitió  presentar  el  argumento  demostrativo  del  supuesto  yerro,  limitándose simplemente a dejar  explícito su desacuerdo.   

No sobra reiterar que la instauración de la  sistemática  acusatoria  no  ha  implicado,  como  creen algunos, derrumbar las  exigencias  de  fundamentación propias del recurso extraordinario de casación,  en  tanto  el  fallo  de  segundo  grado llega a este escenario prevalido de una  doble  condición  de  acierto y legalidad que solo puede desvirtuarse cuando de  forma  lógica,  con argumentos sustentados en los hechos, el decurso procesal y  las  normas  jurídicas  aplicables al caso, se demuestra un error evidente, con  la  trascendencia  suficiente  como  para  invalidar,  revocar  o  modificar  lo  decidido por las instancias.   

Ahora  bien,  si  se  dijera que pese a los  insalvables  errores  de  fundamentación,  la Corte ha de hacer un análisis de  pertinencia,  en  punto de la posible violación de derechos fundamentales, debe  señalarse  que se observó al detalle el devenir procesal y lo consignado en la  decisión  de  segunda instancia, particularmente en lo que atiende a la fallida  conciliación,  verificándose  completamente  motivadas  y acorde con lo que la  ley dispone.   

En   suma,   aparte  de  la  insustancial  formulación  del  cargo,  que  ni siquiera podría compararse con un alegato de  instancia, se negará la prosperidad de la censura.    

SEGUNDO CARGO.  

Invocando  la  causal  tercera de casación  prevista  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el casasinista reprocha la  sentencia   de   segunda   instancia   bajo   la  modalidad  de  “…VIOLACIÓN   DIRECTA   DE   LA   LEY   SUSTANCIAL…”,  porque  en  su sentir el Tribunal incurrió en “…EXCLUSIÓN  EVIDENTE (sentido de la violación) del artículo 29  de  la  Constitución  política,  por  mala  apreciación de lo ordenado por el  inciso  4  del artículo 344 del Código de Procedimiento Penal, en concordancia  con  el  artículo (sic) 424,  431  y 432 ibídem. Esto es, por haber incurrido, en lo consagrado en el numeral  tercero   del   artículo   181   de   la   Ley   906   de   2.006  (sic).”   

La censura planteada en este cargo, consiste  en  asegurar  que  el  procesado  consignó  el  2  de  junio  de 2009, antes de  iniciarse  la  audiencia  de  juicio  oral,  la suma de dos millones ochocientos  cuarenta   y   cinco   mil  pesos  ($2’845.000,oo)  a  favor  de la representante legal de la víctima, sin  que  esa  prueba hubiese sido tenida en cuenta en las instancias, a pesar de que  demostraba  la  inocencia  de  CARLOS ANDRÉS VILLAMIL  SUÁREZ,   ya   que   correspondía  al  pago  de  la  conciliación  celebrada  el  14  de  marzo  de  2008  y de haberse permitido su  descubriendo    durante    el    juicio,    se   habría   proferido   sentencia  absolutoria.   

De  entrada  se  advierte que este cargo no  cumple  con  las exigencias previstas en los artículos 182 y 184 del Código de  Procedimiento  Penal  del  2004,  toda vez que el demandante carece de interés,  incurre  en  una  indebida  sustentación  lógica  y  argumentativa  del  cargo  formulado  y  no  se  precisa  del  fallo para atender las quejas planteadas con  miras al cumplimiento de los fines de la casación.   

Para  recurrir en casación, así como para  la  interposición  de  las  censuras  ordinarias,  se requiere que en el censor  concurran  dos  condiciones,  precisamente la legitimación para el proceso y la  legitimación en la causa.   

La  primera,  impone  que  quien  se  dice  afectado  con la decisión tenga el reconocimiento como parte o interviniente en  el  proceso,  por  reunir  los  requisitos que establece la legislación para el  efecto,  sin  que  en  este  caso pueda dudarse que el demandante satisface este  presupuesto, porque fue admitido como defensor del procesado.   

La segunda, alude al interés jurídico para  recurrir,  y  exige que la providencia censurada, o la parte pertinente, hubiese  causado  un  agravio o perjuicio real en el sentido que se reclama, porque de lo  contrario,  si  la  decisión  judicial  no  generó  daño  ninguno,  la  parte  carecerá     de    legitimidad    para    exigir    la    revisión    de    la  providencia.   

Con la demanda de casación, en esencia, se  debe  presentar un juicio contra la sentencia de segunda instancia, al denunciar  y  demostrar  los  yerros  cometidos  por  el  juzgador,  si  es  que  de manera  ostensible hubiere desconocido la normatividad superior o legal.   

En  consecuencia,  es presupuesto necesario  para  recurrir,  que el Tribunal incurra en errores al resolver o decidir alguna  pretensión  de  parte,  precisamente  en  el sentido que se procura mediante la  casación,  porque  si  el Juez Colegiado no se pronuncia sobre el tema debido a  que  no  se  le propuso, no podría asegurarse que incurrió en algún desatino,  porque  su  competencia  es  funcional y, en razón de ello, se limita a decidir  los aspectos planteados por el recurrente.   

Nadie está obligado a lo imposible y el Ad  quem  no  podría  errar  en  relación  con  asuntos  sobre los que no se le ha  solicitado  que  se  pronuncie  o  resuelva,  ni  cuando  lo que decide está de  conformidad con los requerimientos del solicitante.   

De  acuerdo  con  las  consideraciones  que  vienen  de  exponerse,  es  claro  que  el  demandante  carece  en  este caso de  legitimidad  en  la causa, porque el sustento de la censura que ahora propone ni  siquiera  fue objeto del recurso de apelación que interpuso contra la sentencia  de  primer  grado,  cuya  crítica  se contrajo a argumentar que las diligencias  debieron  haberse  archivado  desde  el  14  de  marzo  de 2008, porque entre la  denunciante  y  el  entonces indiciado se llegó a un acuerdo en trámite de una  conciliación,  sin  que para el efecto importara que tal convenio no se hubiese  cumplido,  sino  más  de  un  año  después  del plazo pactado, y precisamente  cuando  se  estaba  desarrollando el juicio, fase en la cual, contrario a lo que  afirma  el  casacionista,  sí  se  permitió  el  descubrimiento del título de  depósito  judicial,  empero  no se le otorgó el valor que deseaba el defensor,  para  quien  constituía la prueba de inocencia del procesado. En cambio, sí se  tuvo  en  cuenta  como  abono  al  pago  de  los  perjuicios  que  finalmente se  demostraron  durante  la  audiencia  de incidente de reparación, los que, dicho  sea   de   paso,   se  fijaron  en  $5’826.353,  para  los  daños  materiales  y  en  10 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,  los morales; sumas que distan en mucho de aquella  que el sentenciado vino a consignar cuando a bien tuvo.   

Lo cierto es que la defensa omitió recurrir  en  apelación  ese aspecto que ahora censura en esta sede, a pesar de que   supuestamente perjudicaba a su asistido.   

Es  evidente  que  de  habérsele negado el  descubrimiento  de un elemento material probatorio con el que pretendiera evitar  un  perjuicio  al  derecho de defensa y la integridad  del  juicio,  bien  pudo  el  defensor,  desde aquella  oportunidad,  interponer  los  recursos ordinarios por tratarse de una decisión  que  negaba  la  práctica de pruebas en trámite de una audiencia y, en defecto  de  ello,  haber  planteado  el  desacuerdo  al  momento  del debate oral cuando  sustentaba   el  recurso  de  apelación  que  interpuso  contra  la  sentencia.   

Ante tales omisiones, sólo puede inferirse  la   conformidad   con   lo   resuelto   y   la   consecuente   renuncia   a  la  impugnación.   

Por lo expuesto, esta censura tampoco será  admitida.   

En síntesis, en atención a que la demanda  presentada  por  el defensor de CARLOS ANDRÉS VILLAMIL  SUÁREZ   se   inadmite   porque  no  satisfacer  los  requisitos  formales  y  materiales establecidos en los artículos 182 y 184 del  Código  de  Procedimiento Penal, sin que la Sala de Casación Penal advierta la  vulneración  de  ninguna  garantía fundamental de las partes o intervinientes,  sin  que se precise la emisión de un nuevo fallo de fondo; no resulta necesario  superar  los  defectos  del  libelo en atención a los fines de la casación, la  fundamentación  de  los cargos, la posición del impugnante dentro del proceso,  ni por la índole de la controversia planteada.   

CUESTIÓN FINAL  

Habida  cuenta  que  contra  la  presente  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  186  de  la  Ley  906 de 2004, impera precisar que como dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su                    aplicación21, como sigue:   

a)  La insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  no  seleccionar  la  demanda  de  casación,  con  el  fin de provocar que ésta  reconsidere  lo decidido. También podrá ser provocado oficiosamente dentro del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados del Ministerio Público para la  Casación  Penal  -siempre  que  el  recurso  no hubiera sido interpuesto por el  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado que no haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

         

b)  La  solicitud  de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

         

c) Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito  de  lo  expuesto, la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.           INADMITIR   la  demanda   de   casación   presentada  a  nombre  del  sentenciado  CARLOS          ANDRÉS         VILLAMIL         SUÁREZ,   por   su  defensor.   

2.  De  conformidad  con lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese, notifíquese y  cúmplase.   

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUÍS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  La  Corte  en  estricto acatamiento del artículo 47, numeral 8°, numeral octavo de  la  Ley  1098  de 2006 (Código de la Infancia y la Adolescencia) se abstiene de  divulgar el nombre de la menor afectada.   

2  Folios 9 y 10   

3  Folios 84 y 85   

4  Folios 7   

5  Folios 6   

6  Folios 10 y ss.   

7  Folios 16 y 17   

8  Folios 20, 25 y 33   

9  Folios 36 y 37   

10  Folios 46   

11  Folios 54, 55, 58, 59 y 60   

12  Folios 87 al 99   

13  Folios 114 al 125   

14  Auto del 2 de noviembre de 2006, Radicado 26.089   

15  Cfr.   auto   de   casación   del   24   de   noviembre  de  2005,  radicación  24.323.   

16  Cfr.   auto   de   casación   del   24   de   noviembre  de  2005,  radicación  24.530.   

17 ib.  radicación 24.530   

18 En  la  ley  906  de  2004,  se  señalan  las  derivadas  de la prueba ilícita; la  cláusula  de  exclusión;  incompetencia  del juez; y, violación de garantías  fundamentales,   previstas   en   los   artículos   23,   455,   456,   y  457,  respectivamente.   

19  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de Casación Penal. Auto del 31 de marzo de  2008. Rdo. 28260.   

20  Corte  suprema  de  Justicia. Sala de Casación Penal. Sentencia del 10 de abril  de 2003. Rdo. 16.485   

21  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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