33554(15-09-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33554  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°293  

Bogotá,  D.C., quince (15) de septiembre de  dos mil diez (2010).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la demanda de casación presentada por el defensor de HENRY  ZULUAGA  JIMÉNEZ,  GERMÁN  RÍOS  GÓMEZ  y  NÉSTOR ALONSO  LÓPEZ  HINCAPIÉ  contra  la  sentencia condenatoria  proferida  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Manizales el 1º de  octubre  de  2009,  la cual confirmó la dictada el 28 de septiembre de 2007 por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad, por el delito  hurto       continuado       agravado.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  Con  motivo de una transacción bancaria  inusual  realizada  el  4  de  mayo  de  2005 por funcionarios de la sucursal de  Manizales  del BANCO UNIÓN COLOMBIANO, consistente en el pago por ventanilla de  un  cheque  en  canje por un valor cercano a los  $43.000.000, funcionarios  de  la  Dirección General de esa institución bancaria iniciaron una auditoría  en  la  que  se pudo determinar que no existía ningún cheque por ese valor que  la  soportara y que transacciones con similar mecanismo de ejecución, a través  de   cuentas   puente,   en   cuantía   superior  a  los  $500.000.000  venían  realizándose  desde  enero  de  2000  con  la  intervención  de  HENRY ZULUAGA  JIMÉNEZ  (Subgerente de operaciones), GERMÁN RÍOS GÓMEZ (cajero principal) y  NÉSTOR ALONSO LÓPEZ HINCAPIÉ (Auxiliar de cuentas corrientes).   

2.  Por  estos  hechos,  el  10  del  mismo  mes1,  HUMBERTO DE LOS RÍOS RAMÍREZ en calidad de Gerente Nacional de  Sucursales  y  Agencias  del  BANCO  UNIÓN COLOMBIANO formuló denuncia ante la  Fiscalía General de la Nación.   

3.  El  24  de  junio  de  2005 el Fiscal 17  Seccional  de  Manizales  profirió  resolución  de  apertura de instrucción y  ordenó  vincular  a  la  investigación a HENRY ZULUAGA JIMÉNEZ, GERMÁN RÍOS  GÓMEZ   y   NÉSTOR   ALONSO   LÓPEZ   HINCAPIÉ2.   

4.  El  6  y  8  de julio del mismo año, la  fiscalía  vinculó  mediante  indagatoria  a  los  imputados  por  la  presunta  comisión    del   punible   de   hurto   agravado3.    

5. El ciclo instructivo fue clausurado el 25  de         septiembre         de         20064   y   el   23  de  noviembre  siguiente  dictó  resolución de acusación en contra de los procesados por las  conductas  punibles  de  hurto  agravado continuado en concurso heterogéneo con  falsedad  en  documento  privado  y  destrucción,  supresión y ocultamiento de  documento  privado  ambos  en concurso homogéneo y sucesivo, injustos previstos  en  los  artículos 239, 241 numerales 2º y 10º, 267 numeral 1º, 289 y 293 de  la        Ley        599        de        20005.   

6. El juicio correspondió al Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito de Manizales, quien avocó conocimiento del asunto el 17 de  enero  de  20076.   

7. La audiencia preparatoria se surtió el 6  de       junio       del       mismo       año7  y la pública de juzgamiento  el      12      de      septiembre     siguiente8.   

8. Mediante sentencia del 28 de septiembre de  2007,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Manizales  condenó a los  enjuiciados  por  el  delito de hurto agravado continuado a la pena principal de  37  meses  y  10  días  de  prisión, a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la sanción  privativa  de  la  libertad  y  al  pago  solidario de los perjuicios materiales  tasados  en  $1.603.600.357  a  favor  del  BANCO UNIÓN COLOMBIANO.9    

Además,   les   concedió   la   prisión  domiciliaria  y  los absolvió por los punibles de falsedad en documento privado  y  destrucción,  supresión  y  ocultamiento  de  documento  privado,  ambos en  concurso homogéneo y sucesivo.   

9.  Recurrido el fallo por la fiscalía y el  defensor  de  los  condenados,  fue  confirmado  por  la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Manizales  en  sentencia  del  1  de  octubre de 2009.10   

10.  La  notificación por edicto se surtió  entre  el 7 y el 9 del mismo mes, respecto de aquellos sujetos procesales que no  lo           fueron           personalmente11.   

11.  Entre  el  16  de  octubre  y  el  6 de  noviembre   siguiente,  corrió  el  término  de  traslado  de  15  días  para  interponer     el     recurso     de    casación12,  el cual fue efectivamente  incoado  el  29  de octubre por el defensor de los tres sentenciados13.   

12. Sin que el Tribunal se pronunciara sobre  la  concesión  o  no del recurso, por secretaría de ese cuerpo colegiado, el 9  de  noviembre de 2009 empezó a correr el término de 30 días para sustentarlo,  que  inicialmente  vencía  el  14  de enero de 201014,  pero como quiera que el 5  de  enero  de este año, el defensor de los encausados sustituyó el poder a él  conferido   a   otro   profesional   del   derecho15,  éste  último  solicitó  prórroga  para  cumplir  con  este  acto  procesal16.   

13.   Previo   a  decidir,  el  magistrado  sustanciador  dispuso  la  comparecencia del abogado defensor para establecer si  existía  correspondencia con su tarjeta profesional17.   

14. Por auto del 18 de enero de este año, el  Tribunal  amplió  en  3 días hábiles el término para presentar la demanda de  casación18.   

15.  Contra  esta  determinación  el  nuevo  defensor    interpuso   recurso   de   reposición19  que  fue  denegado  por el  juez  plural  mediante  proveído  del  mismo  día20.   

16. La demanda fue presentada el pasado 21 de  enero21.   

17.   Por auto del 27 de enero de 2010,  se  concedió  el recurso por considerar que se interpuso y sustentó dentro del  término                    legal22   

18. El 29 de enero, el secretario de la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Manizales remitió el proceso “con  el  fin  de  que  se  surta  la  CASACIÓN propuesta contra la  sentencia  de instancia”23.   

19. La actuación arribó a esta Corporación  el     9     de     febrero    de    este    año24  y  fue  repartida el mismo  día       al      magistrado      sustanciador25.   

20.   Estando el proceso a despacho, el  16  de  febrero  del  corriente  año, el secretario del referido juez colegiado  allegó  memorial  mediante  el  cual solicita la devolución del expediente, en  atención  a  que “por error involuntario se omitió  anexar  constancia  del  traslado  por 15 días a los no recurrentes”26.   

21.  Por  auto del 24 de febrero de 2010, la  Corte  se  abstuvo  de  pronunciarse  sobre la demanda de casación toda vez que  advirtió  que  el  juez  plural  dejó  de pronunciarse sobre la concesión del  recurso  extraordinario  e igualmente, se omitió correr el término de traslado  a  los  no  recurrentes.   En  consecuencia,  ordenó  la  devolución  del  expediente al Tribunal de origen para lo de su competencia.   

22.   Subsanada  la  irregularidad,  el  proceso   nuevamente   arribó   a   la  Corte  el  10  de  junio  del  año  en  curso.   

LA DEMANDA  

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  el  libelista  formuló  dos  cargos  por  la  ruta  de  la violación  indirecta  de  la  ley sustancial; el primero, bajo la modalidad de falso juicio  de legalidad y el segundo, por falso raciocinio.   

1.   Primer   cargo.   Falso   juicio   de  legalidad.   

Acusó  la  sentencia  de  segundo grado por  apreciar  los  descargos  rendidos  por  los  acusados  durante  el  curso de la  investigación  interna adelantada por el Banco Unión Colombiano -10 de mayo de  2005-,  siendo  que fueron obtenidos con violación del derecho de defensa en su  componente   de  no  autoincriminación  y  por  lo  tanto,  constituyen  prueba  ilícita.   

Al  efecto,  precisó  que  “la  atestación  extraprocesal” de los  procesados  desconoció  las  referidas garantías esenciales toda vez que i) la  entidad     financiera     no     podía     atribuirse    la    “facultad  judicial  de investigar, o más bien preconstituir prueba  de  cargos,  para  luego acudir a la acción penal”,  ii)  en  la  diligencia  se  debió  hacer  una revisión de todos los registros  contables,  iii)  los  enjuiciados  no  estuvieron asistidos por un defensor, el  sindicato  o una autoridad laboral, ni fueron advertidos de tal posibilidad iii)  fueron  amenazados y constreñidos a puerta cerrada para aceptar la comisión de  una  conducta  punible con el fin de “no afrontar un  acabose     personal,     familiar,     profesional     y     social”.   

En ese sentido, explicó que estas versiones  “inculpatorias”, sólo  podían    ser    valoradas    “como   una   nada  jurídico-procesal,  contentivo de una verdad desnaturalizada (…) [y] espuria”.  Agregó  que  los  descargos  rendidos ante la entidad financiera transgredieron  los  principios  de  no autoincriminación y defensa y en ese orden, constituyen  prueba  ilícita,  son  nulos  de  pleno  derecho,  no tienen valor y carecen de  eficacia.   

Así  mismo, afirmó que debió aplicarse la  teoría   del   fruto   del   árbol   envenenado,   la   cual   “implica  que  todo  este  proceso  se  venga  al  suelo, pues queda  afectada  toda  la  actividad  procesal  y  probatoria  que  se  derive  de este  testimonio ilícito”.   

Al  respecto, precisó que aunque se pudiera  señalar  que  las versiones de los acusados no constituyeron la prueba esencial  de  cargo,  lo  cierto es que “la prueba testimonial  fundamento  de  la  condena  se  alimentó de los descargos, viciados de nulidad  constitucional”.  En ese orden, consideró que  el  juzgador  debió  excluir  tanto  los  descargos como los testimonios de los  empleados    bancarios    que    dicen    haber    presenciado   la   diligencia  extrajudicial.   

Cuestionó  a  las  Directivas del Banco por  “preconstituir   prueba   de   cargos”,  en  lugar de denunciar a los presuntos responsables si es que  tenían     “indicios     de     su     ilícita  actividad”.   

Con  apoyo  en  jurisprudencia  de  la Corte  Suprema  de  Justicia   (sentencia  del  16  de  febrero  de 2005, radicado  15.212)  “sobre la ilicitud de la prueba testimonial  o   la   indagatoria  cuando  se  recepcionan  con  omisión  de  la  excepción  constitucional  al  deber de declarar” concluyó que  se   produjo   un   “defecto   esencia”  en  la  producción  de  la  prueba  que sirvió de base a los  testimonios en que se fundaron las sentencias condenatorias.   

Para  el  censor  el  error  es trascendente  porque  de  haber  omitido  la  valoración  de  las  referidas  “manifestaciones   extraprocesales”  el  fallo  habría  sido  absolutorio  ya que “no milita  ninguna   otra   prueba   que,   por   sí  misma,  tenga  suficiente  capacidad  incriminatoria  para solventar un fallo de condena”,  además  que  este  defecto  tuvo  incidencia en la consolidación de errores de  hecho   por   cuenta  de  la  desestimación  por  parte  del  Tribunal  de  las  indagatorias.   

2.      Segundo     cargo.     Falsos  raciocinios.   

Adujo  que  el  falso  juicio  de  legalidad  enunciado  atrás,  ocasionó  la  apreciación  equivocada  de  algunas pruebas  (indagatorias  y  los testimonios de los empleados bancarios) que demostraban la  inocencia de los acusados o por lo menos, no los comprometía.   

En  concreto,  dijo  que  el  primer  falso  raciocinio  se  produjo  porque  los  juzgadores  desestimaron las explicaciones  brindadas  por  los  enjuiciados  en  sus  injuradas  alusivas a “los  vejámenes  a  los que fueron sometidos por las Directivas del  Banco  Unión  Colombiano” y en cambio, se apoyaron  en    las   declaraciones   de   los   funcionarios   del   Banco   –que no estuvieron en la diligencia de  descargos-.   

Al  respecto,  precisó  que  el  Tribunal  transgredió     las     reglas     de    la    sana    crítica    –lógica  y  sentido  común-  y  los  principios  de  la  teoría  de  la  prueba, al valerse de una prueba ilícita e  inexistente   –descargos  extraprocesales-  para  inferir  que la alegación de inocencia realizada en las  indagatorias era contraria a lo dicho en la diligencia inicial.   

Esgrimió, entonces, que debió creerse en la  manifestación  de  inocencia  invocada  por  los  investigados  ya  que  no fue  controvertida por ninguna otra prueba lícita.   

El  defecto  es  relevante porque el Ad quem  “dio  por  demostrado  un  hecho  que  carecía  de  cualquier  respaldo probatorio válido: Que los señores HENRY ZULUAGA JIMÉNEZ,  GERMÁN  RÍOS  GÓMEZ  y  NÉSTOR  ALONSO  LÓPEZ  nada  tuvieron que ver en el  hurto”.   

El segundo error de juicio demandado lo hizo  recaer  sobre  los  testimonios  de  las directivas y empleados del Banco Unión  Colombiano  -HUMBERTO  DE  LOS  RÍOS  RAMÍREZ,  FERNANDO MÉNDEZ MATIZ, CARLOS  IGNACIO  ESTRADA  GÓMEZ, RAFAEL BOLÍVAR RAMÓN, OLGA LUCÍA TRUJILLO SÁNCHEZ-  quienes  afirmaron  haber  presenciado  la aceptación de responsabilidad de los  procesados en el hurto.   

Sobre  el  particular,  explicó  que  los  falladores  incurrieron  en  el  vicio  denunciado al apreciar la aludida prueba  testimonial  que  era  ilícita  para inferir que sus representados eran autores  del delito.   

Estimó  vulnerados idénticos postulados de  la sana crítica.   

Finalmente,  manifestó  que  las normas que  infringidas  fueron  los  artículos 29 de la Constitución Política, 232, 235,  238 y 277 de la Ley 600 de 2000 y 239 y 241.2 del Código Penal.   

Solicitó  casar  la  sentencia  impugnada,  revocarla  y  en  su  lugar,  absolver  a sus prohijados por los “delitos    de    hurto    agravado    y   falsedad   en   documento  privado”.   

CONSIDERACIONES  

La Sala inadmitirá la demanda conforme a lo  previsto  en  el  artículo  213  de la ley 600 de 2000, porque se aparta de las  bases jurídicas, lógicas y argumentativas en su confección.   

1.   Primer   cargo.   Falso   juicio   de  legalidad.   

Cuando  de  postular un error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad  se  trata,  es deber del recurrente identificar la  prueba  que  pese a adolecer de vicios insalvables en su producción es valorada  por  el juzgador como legal, o bien, la que es descartada por presuntos defectos  de  ilegalidad  en su aducción siendo que reúne los requisitos establecidos en  la ley para su validez.   

En   ambos  casos,  constituye  carga  del  demandante  demostrar  que  el  vicio tiene incidencia directa en el sentido del  fallo,   al   punto   que   de   no  haberse  consolidado  la  decisión  sería  otra.   

Ahora   bien,   la  cláusula  general  de  exclusión   de  raigambre  Superior  (inciso  final  del  artículo  29  de  la  Constitución      Política),      según      la      cual     “[e]s  nula,  de  pleno derecho, la prueba  obtenida   con   violación  del  debido  proceso”,  comporta  un límite cardinal al poder punitivo del Estado e implica la sanción  de  inexistencia  jurídica  para  aquél  medio  de  convicción  que haya sido  aprehendido  y/o  practicado  con total desconocimiento de las reglas legales de  producción  –ilegal-  o  con      violación      de      garantías      fundamentales      –ilícita-.   

Aunque  se  admite  que  la  cláusula  de  exclusión  puede operar en similar sentido tanto respecto de la prueba ilícita  como          de          la          ilegal27,   la   distinción  entre  ellas,  que  no  es  sutil  -en  tanto  en  la  primera su obtención ocurre con  quebranto   de   los   derechos  esenciales  del  individuo  (por  ejemplo,  con  afectación  de  la  dignidad  humana  a  través de la tortura, tratos crueles,  inhumanos   o  degradantes,  constreñimiento  ilegal  o  la  violación  de  la  intimidad)  y  la  segunda,  es  el  producto  del desconocimiento de las formas  propias  de  recaudo  y  práctica-,  implica la consolidación de consecuencias  jurídicas         también        disímiles28.   

En verdad, si el medio de prueba es ilícito,  siempre  y  en  todo  caso,  debe  ser  excluido  del ámbito de valoración del  funcionario  judicial;  en  cambio  si  la  prueba es ilegal, eventualmente ella  podrá  ser  considerada  cuando  la  irregularidad  no tenga carácter medular,  porque  de  lo  contrario  debe afrontar exacto efecto-sanción de inexistencia.  Así  lo  expresó  la  Sala  en  pasada oportunidad29:   

“De antaño, la  Sala30  se  viene  ocupando  del tema y ha dejado dicho que la exclusión  opera  de  diversas  maneras  y  genera  consecuencias  distintas,  según   obedezca a si se trata de prueba ilícita o prueba ilegal.   

Se  entiende  por  la  primera –ilícita-,   la   obtenida:  a)  con  desconocimiento  de  los  derechos fundamentales de las personas, tales como: i)  dignidad  humana, ii) debido proceso, iii) intimidad, iv) no autoincriminación,  v)  solidaridad  íntima  y;  b)  la  sometida  para su producción, práctica o  aducción  a torturas, tratos cueles, inhumanos o degradantes, sea cual fuere el  género   o  la  especie  del  medio  de  convicción  así  logrado31.   

Esta   clase   de   prueba   sin   otra  consideración,  de  manera forzosa debe ser excluida y no podrá hacer parte de  los  elementos  de  persuasión  sometidos al escrutinio racional del juez en la  adopción  de la decisión del asunto bajo su discernimiento, actividad primaria  de  verificación  de  la  validez,  donde  el  operador  de  justicia  no puede  anteponer  su  discrecionalidad,  so pretexto de la prevalencia de los intereses  sociales.   

En otro sentido, la segunda clase de prueba  –ilegal o irregular-, se  genera,  cuando  en  su producción, práctica o aducción  en los actos de  investigación  se  desconocen  los  presupuestos  legales  esenciales,  pero  a  diferencia  de  la anterior, sólo debe ser excluida como lo indica el artículo  29  superior,  cuando  el  juez  determine,  que el requisito pretermitido le es  fundamental,  carencia  que trasciende hasta soslayar el debido proceso, pues la  simple  omisión  de  formalidades y previsiones legislativas insustanciales por  sí   solas,   no   facultan  la  supresión  del  medio  de  prueba32.”   

Claramente   un   defecto  surgido  de  la  valoración  de  una  prueba que debió ser excluida por ser constitucionalmente  ilícita  o  ilegal,  o  de  la  derivada  de  ella, es censurable a través del  sendero  de  la  violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho en  la modalidad de falso juicio de legalidad.   

En ese ejercicio argumentativo corresponde al  recurrente   precisar   cuál   es   la  garantía  esencial  quebrantada  o  la  informalidad  que  siendo  relevante  recae  sobre el medio de prueba valorado y  cuya  exclusión  era  exigible,  así  como  demostrar que pese a la ilicitud o  ilegalidad   del   medio  de  convicción,  el  juzgador  le  brindó  capacidad  demostrativa con entidad trascendente en el fallo.   

Bajo estos lineamientos, el censor propuso la  existencia  de un falso juicio de legalidad derivado de la presunta apreciación  ilegal  de  los  descargos  rendidos  por  HENRY ZULUAGA JIMÉNEZ, GERMÁN RÍOS  GÓMEZ   y  NÉSTOR  ALONSO  LÓPEZ  HINCAPIÉ  ante  funcionarios  auditores  y  directores  del  BANCO  UNIÓN  COLOMBIANO,  diligencias en las que los primeros  aceptaron  ante estos su responsabilidad en la apropiación de los dineros de la  entidad  financiera.  En  criterio  del  libelista  estas versiones debieron ser  excluidas  por  constituir  prueba  ilícita  por  cuanto  fue obtenida mediante  constreñimiento,   a  “puerta  cerrada”,  sin  estar  asistidos  por un abogado, por el sindicato o por  una  autoridad  laboral,  sin  que  se  hubieran  revisado  todos  los registros  contables  y  como mecanismo para preconstituir prueba de cargo en contra de los  enjuiciados.   

Al  respecto,  si  bien  conforme  a  estos  planteamientos,  en  principio pareciera posible indicar, que el censor escogió  adecuadamente   la  ruta  de  ataque  para  reclamar  la  exclusión  de  dichas  declaraciones,  la  lectura  atenta  de  los  fallos  descarta esta premisa y en  cambio,   demuestra  la  falta  de  idoneidad  del  reproche  toda  vez  que  la  construcción  del  disenso  parte de un supuesto equivocado en la medida que si  bien  el  juez de primera instancia otorgó poder suasorio a las manifestaciones  extraprocesales  autoincriminatorias  realizadas  por  los  enjuiciados  en  las  referidas  diligencias  de  descargo  surtidas ante funcionarios directivos y de  auditoría  de  la  entidad financiera denunciante -cuyas actas fueron allegadas  por  ella  a  la actuación procesal-, lo cierto es que en segunda instancia, el  Tribunal  expresamente  señaló que tales versiones no podían ser tenidas como  prueba                   trasladada33  y  por  lo  tanto,  fueron  excluidas   del   acerbo  probatorio objeto de apreciación.   

Así mismo, similar pretensión de exclusión  enarbola  el defensor frente a los testimonios de los funcionarios del Banco que  recaudaron  los  descargos  extraprocesales  o  que  por  alguna  razón  fueron  testigos  de  lo  dicho  en esas diligencias, pues a su juicio de acuerdo con la  teoría  del  fruto del árbol envenenado, ellos constituyen prueba derivada que  pese  a  estar  también  viciada  por  la  ilicitud  del  medio  de convicción  principal  –las versiones  de   los   inculpados-   sirvió   de   base   para   emitir   la   condena  que  reprocha.   

Frente a esta postura, el dislate del censor  es  intenso por cuanto el silogismo propuesto se funda en el supuesto equivocado  de  considerar  que  la  prueba  testimonial  legal  y oportunamente recaudada y  practicada   en   el  proceso  penal,  es  derivada  de  las  versiones  de  los  encausados.   

Recuérdese que la prueba derivada, sobre la  que  también  recae  la cláusula de exclusión es aquella, que tiene su fuente  de  conocimiento  en  la  prueba  básica  y  por  ello,  una  y  otra  resultan  indisolublemente ligadas por un nexo de ilicitud o ilegalidad.   

No  es  este  el caso, pues la diligencia de  descargos  se  practicó por la auditoría y los directivos del Banco una vez se  detectó  el  faltante y la indebida utilización de los usuarios y contraseñas  asignadas  a los procesados; por consiguiente, el conocimiento de los hechos por  parte  de  los  deponentes  (CARLOS  IGNACIO  ESTRADA  GÓMEZ  (Gerente), RAFAEL  BOLÍVAR  RAMÓN  (Auditor)  y  OLGA LUCÍA TRUJILLO SÁNCHEZ (Auditora)), no se  produjo  como  consecuencia  exclusiva  de la aceptación de responsabilidad por  parte  de  los  procesados  en  el  curso  de  esa audiencia privada, sino de la  investigación  previa  interna desplegada por la auditoría y los directivos de  la  entidad  financiera.  Por  lo  tanto, su aporte al proceso es autónomo y el  testimonio  sobre  lo  percibido  en  esas  diligencias,  en concreto, sobre las  manifestaciones  espontáneas  de  asunción  de responsabilidad, no podría ser  considerada prueba derivada.   

Esta conclusión se desprende claramente del  aparte  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  que  a  renglón  seguido  se  transcribe34:   

“Se   supo  entonces  que  una  operación  inusual alertó a los  directivos   del   Banco   Unión   Colombiano   sobre   esas   ya   inveteradas  irregularidades:  la  transacción  consistió  en el  pago  por  caja  o  por  ventanilla  de  una  suma aproximada de cuarenta y tres  millones  de pesos que al ser rastreada, pudo detectarse que no existía ningún  título  valor que soportara ese millonario egreso, lo  que  condujo  a  una  investigación  exhaustiva teniendo como base los códigos  utilizados   y   el   tipo   de  canje  (cuya  titularidad  la  encabezaban  los  acusados),  para  terminar descubriendo que entre los  años    2000    y    2005   la   entidad   financiera   sufrió   un   desfalco  progresivo”.   (Subrayas  fuera del texto original).   

Además,  es  de  anotar que si en gracia de  discusión  fuera indispensable la exclusión de dichos testimonios, el reproche  tampoco  exhibe trascendencia alguna, por cuanto los fallos de primera y segunda  instancias  -que  en  virtud  del  principio  de  inescindibilidad conforman una  unidad  jurídica, en cuanto sean coincidentes- se soportaron con suficiencia en  pruebas  –no derivadas de  las  actas  de descargo controvertidas- tales como los manuales de funciones, el  dictamen  pericial  contable  que  dio  cuenta de la defraudación denunciada en  cuantía  de  $1.455.694.947 realizada mediante el empleo de los “códigos  usuarios”  entregados  a los  procesados  por el Banco para el desempeño de sus funciones, los testimonios de  ÁNGELA  MARÍA CALDERÓN GUALTEROS (funcionaria que intentó ser persuadida por  los  enjuiciados  para  la  ejecución  del  hurto  continuado) y  FERNANDO  MÉNDEZ  MATIZ  (Gerente  de  Procesos  Internos),  el Informe de la Secretaría  General  del  Banco,  el listado del canje enviado al Banco de la República, el  cruce  de  cuentas  entre  las  transacciones efectuadas por el cajero 3001 y el  indicio  de  oportunidad  construido  por  el  A quo deducido de la facultad que  tenían   los  procesados  en  calidad  de  empleados  de  la  entidad  bancaria  “para  realizar  transacciones,  la  posesión  de  claves     personales    e    intransferibles    [y]  (…)  los conocimientos suficientes para cometer los  ilícitos   de   tal   manera  que  fuera  difícil  el  rastreo  de  su  actuar  delictual”35,  medios  de  prueba, todos  ellos,  que les permitieron a los juzgadores establecer la participación de los  encartados en la comisión del ilícito.   

Finalmente, es clara la ruptura del principio  de  autonomía  que rige el recurso extraordinario de casación por cuanto en un  mismo  contexto argumentativo el recurrente además de postular la existencia de  los  recién  reseñados  falsos  juicios  de  legalidad,  también cuestiona la  sentencia   impugnada   por  cuanto  ellos  habrían  tenido  incidencia  en  la  consolidación  de  errores  de hecho por producto de la falta de valoración de  las  indagatorias,  lo  cual  supone  la  proposición  de  un  falso  juicio de  existencia por omisión.   

En consecuencia, el cargo así concebido, no  se admite.   

2.      Segundo     cargo.     Falsos  raciocinios.   

La proposición de la violación indirecta de  la   ley  por  falso  raciocinio  requiere  la  demostración  de  un  ejercicio  valorativo  del funcionario judicial trasgresor de los postulados de la lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de  experiencia,  es  decir, de los  principios   de  la  sana  crítica  como  método  de  apreciación.   

Con  tal fin, el libelista debe señalar con  exactitud  el  medio  de prueba sobre el que recae el yerro, identificar aquello  que  expresamente  dice  y  se  deduce de él, el mérito persuasivo otorgado al  mismo  por  el  juzgador,  indicar  con exactitud la regla lógica, la ley de la  ciencia   o  la  máxima  de  la  experiencia  o  del  sentido  común  aplicada  indebidamente  por  el  juzgador al realizar el proceso valorativo de los medios  de  prueba,  así como la que apropiadamente le debió servir de apoyo, la norma  de  derecho  sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida o indebidamente  aplicada  o  interpretada y finalmente, demostrar que de no haberse incurrido en  el  defecto,  el  sentido  de  la decisión adversa habría sido sustancialmente  opuesto.   

En el caso sometido a examen de admisión, es  nítido  que  además  que el recurrente no cumplió con la carga de señalar lo  que  literalmente  dice  y  se  deduce  de las indagatorias y los testimonios de  HUMBERTO  DE  LOS RÍOS RAMÍREZ, FERNANDO MÉNDEZ MATIZ, CARLOS IGNACIO ESTRADA  GÓMEZ,  RAFAEL  BOLÍVAR  RAMÓN  y  OLGA  LUCÍA  TRUJILLO  SÁNCHEZ,  tampoco  explicó  cuál fue el mérito que el Tribunal le habría dado a estos medios de  convicción,  y mucho menos, estableció en concreto la regla lógica, la ley de  la  ciencia o la máxima de la experiencia que equivocadamente empleó ni la que  debió aplicar.    

En  efecto, se advierte que sin ninguna otra  especificación,  el  libelista se limitó a manifestar que se desconocieron las  reglas     de     la    lógica    y    del    sentido    común    –ello  exclusivamente  respecto  a  la  valoración  de  las  injuradas-,  pero  omitió identificar cuál de ellas y en  qué  sentido  se habría producido el error de hecho, defecto argumentativo que  no  puede  ser superado por la Corte sin transgredir el principio de limitación  que   rige   la   impugnación  extraordinaria,  pues  mal  haría  la  Sala  en  complementar un disenso insuficientemente motivado.   

De  igual  manera,  advierte  la Sala que la  censura  según  la cual los juzgadores desestimaron las explicaciones brindadas  por    los   enjuiciados   en   sus   injuradas   alusivas   a   “los  vejámenes  a  los que fueron sometidos por las Directivas del  Banco  Unión Colombiano”, no corresponde a un falso  raciocinio  como lo propugna el defensor, sino eventualmente a un error de hecho  por  falso  juicio  de  identidad en la modalidad de cercenamiento, proposición  que  en  todo caso, de haber sido correctamente enfocada, tampoco hubiera gozado  de  posibilidad  alguna  de  admisión  pues  es  falso  que  el  Tribunal  haya  inadvertido  las  afirmaciones  realizadas  por  los  indagados en el sentido de  haber  sido  presionados  por  los  directivos  para  firmar  las  actas que los  comprometían.   Contrario  a  ello,  dichas  manifestaciones exculpatorias  fueron  valoradas,  aunque  no  acogidas  en  la  orientación pretendida por el  defensor36.   

Igualmente,   la  Sala  estima  pertinente  precisar  que de la minuciosa revisión de los fallos de instancia se extrae que  la  premisa  del censor encaminada a cuestionar a los juzgadores por valorar las  declaraciones  extraprocesales  vertidas  por sus representados en la diligencia  de  descargos  siendo  que  ellas estarían viciadas de ilicitud, carece de todo  fundamento,  pues se recuerda que contrario a lo sostenido por el recurrente, no  es cierto que el Tribunal las haya apreciado.   

Así las cosas, la inferencia deducida por el  libelista  en  punto de una supuesta ponderación realizada por el Ad quem entre  lo  dicho  por  sus prohijados en la diligencia censurada y en las indagatorias,  es   a  todas  luces  hipotética  y  en  ese  orden,  no  podría  válidamente  estructurar  un  falso  raciocinio que jamás tuvo vocación de estructurarse en  el fallo discutido.   

Frente al reparo por la credibilidad otorgada  por  los  falladores  a  los  testimonios  de  los  funcionarios  de  la entidad  financiera  y  suprimida  en  cambio a las razones exculpatorias incorporadas en  las  indagatorias,  es  claro  que  no  basta  la  simple  disconformidad con la  valoración   probatoria  del  fallo,  el  reproche  en  tal  sentido  exige  la  construcción  de  un  cargo  que  expresamente  identifique la regla de la sana  crítica  quebrantada  por  el  juzgador  al  apreciar  la  prueba  testimonial,  metodología que no fue intentada por el censor.   

Observa  la  Sala  también  que  el  censor  infringió  el principio de no contradicción cuando en el libelo afirmó que el  Ad  quem  “dio por demostrado un hecho que carecía  de  cualquier  respaldo  probatorio  válido:  Que  los  señores  HENRY ZULUAGA  JIMÉNEZ,  GERMÁN RÍOS GÓMEZ y NÉSTOR ALONSO LÓPEZ nada tuvieron que ver en  el  hurto”,  ya  que  lo  que  el  cuerpo colegiado  encontró  demostrado  fue justamente lo contrario, es decir, la responsabilidad  penal  de  los  procesados  en  la  comisión  del  delito  de hurto continuado.  Además,  en  la  hipótesis  de que los enjuiciados hubieran sido absueltos, no  resultaría  compatible  con una posición de defensa cuestionar al Tribunal por  hallar   acreditado   que  los  incriminados  “nada  tuvieron que ver en el hurto”.   

Ningún  comentario adicional le merece a la  Corte  el  supuesto  defecto  derivado  de la apreciación de los testimonios de  HUMBERTO  DE  LOS RÍOS RAMÍREZ, FERNANDO MÉNDEZ MATIZ, CARLOS IGNACIO ESTRADA  GÓMEZ,  RAFAEL  BOLÍVAR  RAMÓN y OLGA LUCÍA TRUJILLO SÁNCHEZ en tanto ellos  serían  ilícitos,  pues  idéntico  reparo  fue desvirtuado con amplitud en el  análisis del primer cargo.   

En suma, los errores advertidos hasta aquí,  permiten  afirmar  que  lejos  de  confeccionar  un cargo concreto que evidencie  error  de  hecho  alguno,  el  demandante  pretende encontrar un escenario que a  manera   de  tercera  instancia,  lo  habilite  para  introducir  su  particular  análisis  probatorio  e interpretación normativa, en contravía de los juicios  valorativos    expresados    por    los    juzgadores    en   las   providencias  atacadas.   

El  cargo  carece  de  vocación  para  ser  admitido.   

Como  la  revisión  del  expediente permite  inferir  que  no  se  ha  incurrido en alguna causal de nulidad ni en flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  la  Corporación no puede penetrar de  oficio más al fondo del asunto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  HENRY  ZULUAGA    JIMÉNEZ,    GERMÁN   RÍOS   GÓMEZ   y   NÉSTOR   ALONSO   LÓPEZ  HINCAPIÉ,  contra la sentencia del 1º de octubre de  2009, dictada por la Sala Penal del Tribunal Superior de Manizales.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase  

         

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS        

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                               SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                      AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                     

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                         YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                            

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                           JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Ver  folio 1 del cuaderno original 1 del expediente.   

2  Ver  folio 84 ibídem.   

3  Ver  folios 87-106 ibídem   

4  Ver  folio 292 del cuaderno 2 original del expediente.   

5  Ver  folios 309-326 ibídem.   

6  Ver  folio 343 ibídem.   

7  Ver  folios 358-359 ibídem   

8  Ver  folio 392 ibídem.   

9  Ver  folios 396-422 ibídem.   

10 Ver  folios 513-532 ibídem.   

11 Ver  folio 530 ibídem.   

12 Ver  folio 537 ibídem.   

13 Ver  folio 539 ibídem.   

14 Ver  folio 538 ibídem.   

15 Ver  folio 542 del cuaderno 2 del expediente.   

16 Ver  folio 543 ibídem.   

17 Ver  folio 546 ibídem.   

18 Ver  folio 548 ibídem.   

19 Ver  folios 549-550 ibídem.   

20 Ver  folio 551 ibídem.   

21 Ver  folios 571 y 572 ibídem.   

22 Ver  providencia   sin   folio   anexo   a   la   carátula   del   cuaderno   1  del  expediente.   

23 Ver  folio 1 del cuaderno de la Corte.   

24  Ibídem.   

25 Ver  folio 2 ibídem.   

26 Ver  folio 5 ibídem.   

27 Ver  auto del 14 de septiembre de 2009, radicado 31.500.   

28 Así  se  precisó  en sentencia del 2 de marzo de 2005, radicado 18.103 y se reiteró  en sentencia del 1 de julio de 2009, radicado 31.073.   

29  Sentencia del 1º de julio de 2009. radicado 26.836.   

30 Auto  de  casación  auto  23  de  abril  de 2008, radicación No. 29416; sentencia de  casación 2 de marzo de 2005, radicación No. 18103.   

31  Sentencias  de  casación  de  23  de abril de 2008, radicación No. 24102; 7 de  septiembre de 2006, radicación No. 21529, entre otras.   

32  Sentencia   de   casación   de   2   de   marzo   de   2005,   radicación  No.  18103.   

33 Ver  folio 523 del cuaderno 2 del expediente.   

34 Ver  folio 519 del cuaderno original 2 del expediente.   

35 Ver  folio 405 del cuaderno original 2 del expediente.   

36 Ver  folio 525 del cuaderno 2 del expediente.     

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