33531(12-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.ª 33531  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 152.  

         

Bogotá D.C., mayo doce (12) de dos mil diez  (2010).   

VISTOS  

Aborda  la Sala el estudio concerniente a la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del  procesado  ÁNGEL MARÍA RAMÍREZ REATIGA contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  Bogotá de fecha agosto 31 de 2009, a través de la cual confirmó  el  fallo  dictado por el Juzgado 21 Penal del Circuito de la misma ciudad el 22  de  mayo  anterior  que lo condenó por el delito de actos sexuales abusivos con  menor de catorce años agravado, en concurso homogéneo y sucesivo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

La  Comisaría  11  de  Familia de carácter  policivo  permanente  de  Bogotá  remitió,  el  28  de diciembre de 2003, a la  Fiscalía  General  de  la Nación, el Registro Único de gestión No. 18365, en  donde  se  daba  cuenta  de  las  reiteradas  prácticas  sexuales cometidas por  ÁNGEL    MARÍA    RAMÍREZ    REATIGA  en  su  descendiente D.J.R.R.1,  según  quien  tuvieron lugar durante el año 2002, cuando tenía 12  años de edad.     

La notitia criminis  anterior  sirvió  de  base  para que se dispusiera la  apertura  formal  de  instrucción  penal,  a  la cual fue vinculado  RAMÍREZ  REATIGA, mediante diligencia de  indagatoria.   

Clausurada la fase instructiva, se calificó  su  mérito  el  20  de  diciembre  de 2007, con resolución de acusación en su  contra  como  presunto  autor del delito de actos sexuales abusivos con menor de  catorce  años  agravado  (art.  211,  nums.  2  y  4), en concurso homogéneo y  sucesivo.   

La  actuación,  para  tramitar  la fase del  juicio,  le  correspondió  al Juzgado 21 Penal del Circuito de Bogotá, ante el  cual  se surtieron las audiencias preparatoria y de juzgamiento, a cuyo término  dictó  sentencia  el  22  de  mayo  de  2009  por  medio  de  la  cual condenó  a   ÁNGEL   MARÍA   RAMÍREZ  REATIGA  a  la  pena  principal de sesenta y cinco (65) meses de prisión y a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas  por  el  mismo tiempo, a la vez que le negó la condena de ejecución  condicional y el sustituto de la prisión domiciliaria.   

En desacuerdo con la anterior determinación,  la  defensa  del procesado interpuso en su contra recurso de apelación, el cual  resolvió  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el 31 de agosto posterior, en el  sentido de confirmarla.   

El mismo sujeto procesal, inconforme con esta  última   decisión,  la  impugnó  a  través  del  recurso  extraordinario  de  casación,  para lo cual allegó demanda, sobre cuya admisión se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

          Luego  de  identificar  a los sujetos procesales y de sintetizar los  hechos  materia  de  juzgamiento  y  la  actuación  procesal,  el  casacionista  introduce    un    capítulo    bajo    la    denominación    de   “consideración   especial”,  en  donde  invoca la posibilidad de  que   “se   aplique  el  artículo  181  numeral  1°,  de  la  ley  906  de  2004, teniendo en cuenta la  insoslayable     vigencia    del    principio    de    favorabilidad”.   Ello,  con  el  fin  de  que  “tolere  se  invoque  la  aplicación  del  artículo  181 numeral 1 de la ley 906 de 2004, como causal de  casación”.   

          Posteriormente,   acota  que  formula  la  causal  de  casación  de  violación      directa      de      la      ley     sustancial     “por falta de aplicación del artículo  7,  inciso  2  del código de procedimiento penal, disposición que entraña una  norma              rectora”.   

          En  la  fundamentación del reparo, tras recordar que de conformidad  con  la  jurisprudencia  de  la  Corte cuando se invoca la violación directa se  deben  aceptar  los  hechos  y  las  pruebas  tal como fueron reconocidos por el  juzgador,  señala  que  el  Tribunal, “ignoró,   excluyó,   nunca   tuvo  en  cuenta,  no  mencionó,  no  consideró  que  entre  el triple relato y la retractación de la menor D.J., en  sus   intervenciones   procesales,  la  duda  surgió  de  manera  gigantesca  y  manifiesta,  la  cual  se  consolidó  con  la  no  práctica  de  la experticia  psicológica,  que  hubiera  determinado  con  suficiente  claridad tendencias y  proclividades  hacia la mentira o la verdad por parte de la víctima”.   

          Como  la  duda  no  se  aplicó  a favor del sindicado, prosigue, se  desconoció  el  debido proceso, norma del bloque de constitucionalidad, el cual  involucra       otros       derechos,       entre       ellos:      “la  preexistencia  de la ley penal, la  competencia  del  juez  o  del  Tribunal,  la  observancia de la plenitud de las  formas  propias  del juicio, la permisividad o favorabilidad de la ley penal, la  presunción   de   inocencia,   el   acudido   in  dubio  pro  reo  (sic),  el  derecho de defensa, el proceso  público    y    sin    dilaciones,   el   non   bis   ídem,   etc.”.   

     

          Por  lo  anterior,  depreca  se case el fallo recurrido “ejerciendo   un   real   control   de  legalidad   sobre   la   misma   y   así   se   establezcan   los   correctivos  necesarios”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.- Previo a emprender el análisis relativo  a  la  admisibilidad  de  la  demanda,  brevemente  se  ocupará  la  Sala de la  solicitud  elevada  por  el  censor  contenida  en  el  acápite de “consideración   especial”,  en  sentido  de  que se aplique por  favorabilidad el artículo 181 numeral 1°, de la ley 906 de 2004.   

Al respecto, lo primero que se debe destacar  es  que  el  censor no señala con claridad cuál es el específico objetivo que  persigue   al   solicitar   la   aplicación   por  favorabilidad  del  referido  precepto.    

De  cualquier modo, si lo que pretende, como  así  parece  inferirse de la confusa solicitud, es acudir a una de las causales  de  casación  previstas  en  la  última  normatividad,  en  este  caso  la  de  violación  directa  de  la  ley  sustancial invocada para fundamentar el cargo,  dígase  que  la  misma,  con  un  contenido igual, como así lo ha señalado la  Sala,  está prevista en la causal primera, cuerpo primero, del artículo 207 de  la  anterior  legislación (Ley 600 de 2000), regente a este asunto en atención  a  lo  previsto  en  el  artículo  533  de la Ley 906 de 2004, por lo que inane  resulta un pedimento en ese sentido.   

Empero,  si  lo pretendido es que se aplique  por   favorabilidad   el   trámite   de  casación  consagrado  en  la  última  normatividad,  adviértase  que  tal petición no es procedente, en tanto que la  regulación  de  la Ley 906 de 2004 no es más benigna que la de la normatividad  precedente, como así lo ha expuesto la Sala:   

“Si se pensara en  que  la  nueva  normatividad  procesal –la  ley  906  del 2004-, que rige desde el 1° de enero del 2005, es  menos  odiosa para asuntos como éste porque no supedita el recurso a un límite  punitivo  y  porque  ya  no  distingue  entre casación ordinaria y excepcional,  bastaría responder, en breve síntesis, que no es cierto, porque:   

Uno.  En la nueva regulación, en todo caso,  cualquiera  que  sea  la  causal  aducida hay que vincularla íntimamente con la  prueba  de afectación de los derechos o garantías fundamentales, como lo exige  la parte final del colon del artículo 181.   

Dos. De acuerdo con los artículos 180 y 184  del  mismo  estatuto,  una demanda que no demuestre la utilidad del recurso para  efectos  de alguna de las finalidades de la casación, no puede ser seleccionada  para  estudio  de  fondo del proceso. Dicho de otra forma, en la demanda se debe  comprobar   que  la  casación  es  trascendente  para  efectivizar  el  derecho  material,  para  hacer  respetar  las garantías de las partes, para reparar los  agravios  inferidos  por  la  justicia  y/o para unificar la jurisprudencia. Esa  trascendencia    la    tiene    que    evidenciar    el   casacionista   en   su  escrito.   

Tres.  Como  dispone  la  última  parte del  artículo  183,  en  la  demanda  se deben presentar  de  manera   precisa  y  concisa  tanto las causales invocadas como sus fundamentos. Y dentro  de  estos,  obviamente,  se  encuentran incluidos todos los temas atinentes a la  guarda  de  los  derechos fundamentales, aparte de los tradicionalmente exigidos  frente a cada uno de los motivos de casación.   

Al  lado  de  los anteriores argumentos, que  pueden  ser  tenidos  como  los  básicos,  existen  otros  también  de  enorme  importancia en materia de casación. Por ejemplo:   

Cuatro.  A  diferencia  de  la  normatividad  tradicional,  incluida  la  ley  600 del 2000, el nacimiento y el trámite de la  casación  en  el  nuevo  estatuto suspende los términos de prescripción, como  dispone su artículo 189.   

Cinco. Si antes bastaba con la presentación  de  la  demanda, ahora el casacionista debe confeccionarla, presentarla y, si es  admitida,  tiene  que  sustentar  sus afirmaciones en audiencia pública ante la  Sala  Penal  de  la  Corte,  y eventualmente responder a todas las inquietudes y  dudas  que  sobre el recurso interpuesto y su contenido le puedan plantear todos  o  algunos  de  los  magistrados  integrantes de la misma (inciso 4º, artículo  184).   

Seis.  Y  si  se  mira el punto en términos  aritméticos  que  repercuten  en el principio de celeridad, obsérvese cómo el  nuevo  estatuto  prevé  un  lapso máximo de 125 días para resolver el recurso  desde  el  momento en que se apersona del mismo la Corte (30 días, para decidir  sobre  admisión; 30 para la sustentación del recurso; 60 para dictar el fallo;  y  hasta  5  para  la  audiencia  de  notificación  del  mismo), mientras en el  anterior  el  término  total  no  excedería de 73 días (3, para admitir -o 10  para  inadmitir-; 20, para el procurador, 30, para registrar proyecto; y 20 para  decidir).   

Como  difícilmente  se podría decir que el  nuevo  Código de Procedimiento Penal es menos severo que el anterior en materia  de  casación,  resultaría imposible acudir a él para decir que por benignidad  se  aplicaría al caso de autos, simplemente porque no exige un mínimo punitivo  y  porque  ya  desapareció  la diferencia entre casación ordinaria y casación  excepcional” 2.   

2.-  En  lo  atinente al cumplimiento de los  presupuestos   de  admisibilidad  de  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de   ÁNGEL   MARÍA   RAMÍREZ   REATIGA,  comiéncese  por  señalar  que  la  única  forma  de acceder al  recurso  extraordinario  de  casación  en  este  asunto es a través de la vía  excepcional,  consagrada en el inciso tercero del artículo 205 de la Ley 600 de  2000.          

Tal  conclusión  emana de considerar que el  delito  por el cual se procede, esto es, actos sexuales abusivos con menor de 14  años  agravado,  no  satisface  el  presupuesto punitivo para acudir a la forma  normal  o  tradicional  del recurso extraordinario, a voces de lo previsto en la  mencionada  preceptiva  legal,  según  la  cual  procede  en  relación con las  conductas  punibles  “que  tengan  señalada  pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda de ocho (8)  años”.   

En efecto, el artículo 209 de la Ley 599 de  2000  sanciona  la  referida  modalidad  comportamental  con una pena máxima de  cinco  (5)  años de prisión, guarismo que se incrementa en la mitad, en virtud  de   la  causales  específicas  de  agravación  deducidas  en  la  acusación,  previstas    en    el    artículo   211,   numerales   2   y   4   ibídem,  para un total de pena máxima de  siete  (7)  años  y  seis  (6)  meses  de  prisión,  la  cual, ciertamente, no  satisface la exigencia punitiva referida.   

En tal dirección no tiene incidencia que con  posterioridad  se  hubiere  incrementado  la  punibilidad  de este delito con el  advenimiento    de    la    Ley    1236   de   20083, pues, como ya lo ha precisado  la Sala:   

         “Aunque tal precepto fue modificado por  el  artículo 5° de la Ley 1236 de 2008 al incrementar la sanción de nueve (9)  a  trece  (13) años, la ley vigente al momento de los  hechos  respecto  del  delito  y trámite casacional implica que sea por la vía  discrecional”4          (subrayas fuera de texto).   

          Bajo  esa  consideración,  es  claro  que  para  acceder al recurso  extraordinario  de  casación  en  el  presente  asunto  sólo se contaba con la  posibilidad  que  ofrece  la  denominada  casación  discrecional o excepcional,  regulada  en  el  inciso  tercero  del  citado artículo 205 de la Ley 600, cuya  viabilidad  pende  de  que  la  Sala  “lo  considere necesario para el desarrollo de la jurisprudencia o la  garantía         de        los        derechos        fundamentales”,  y  en  la medida en que el actor, a  través de su exposición, persuada a la Corte en ese sentido.   

Si  ello  es  así,  no  surge  conclusión  distinta  a  la  de  que  al  impugnante  sólo le quedaba como alternativa para  acudir  a  este medio de impugnación la vía discrecional prevista en el inciso  tercero  de  la  última norma en cita, asumiendo, por tanto, las obligaciones y  exigencias   dispuestas   por   el   legislador   en  esta  materia,  labor  que  definitivamente  no  acometió,  pues a más de no haber hecho mención siquiera  tangencial  a  esta modalidad, ninguna referencia glosó en punto de los motivos  que  franquean  su  acceso,  ni  tampoco  se  infieren  de  la escueta y confusa  fundamentación  presentada.             

          De  esa  forma se puede apreciar que, aun cuando el libelista invoca  como  causal  de  casación  la  violación  directa  de  la  ley sustancial por  inaplicación    del    principio    in   dubio   pro  reo,  cuyo  carácter  de  garantía fundamental no se  discute,  en realidad lo que pretende es disentir, desde una perspectiva general  y   subjetiva,   de   la  valoración  probatoria  contenida  en  la  sentencia,  desdeñando  de  la obligación de no irrumpir en tal labor acorde con la causal  seleccionada,  de  lo  cual paradójicamente es consciente, pues así lo reitera  en la censura.   

          Sin  embargo, esa manera de encarar el ataque dista de evidenciar la  violación  de  la  garantía  invocada,  no  tanto  porque  se  aparte  de  los  condicionamientos  de  la  causal  elegida,  sino porque no demuestra en lo más  mínimo  que  se haya conculcado, para lo cual indispensable resultaba enderezar  el  ataque  -si como se advierte la inconformidad se derivaba de la apreciación  probatoria-  a  partir de los yerros que en tal sentido determinan la ilegalidad  del  fallo  admisibles  en  esta sede (errores de hecho y de derecho, por falsos  juicios     de     existencia,     identidad,     raciocinio,     legalidad    y  convicción).   

Lo  expuesto  se  traduce  en que la demanda  presentada  por  el  defensor de ÁNGEL MARÍA RAMÍREZ  REATIGA  se  ofrece  inepta y hace inviable el recurso  extraordinario;  circunstancia  que  impide que la Sala entre siquiera a revisar  si  el  cargo formulado contra el fallo de segundo grado atacado se ajusta a los  presupuestos  de  lógica  y  adecuada  argumentación  que  se  exigen  para su  admisión.   

          Lo  anterior  se  constituye  en  razón suficiente para que la Sala  proceda  a la inadmisión de la demanda, de acuerdo con la consecuencia procesal  señalada por la ley en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

          Casación oficiosa:     

De acuerdo con la potestad otorgada a la Sala  para  casar  oficiosamente el fallo en tratándose de la causal tercera o cuando  sea  ostensible  que  atenta  contra  garantías  fundamentales,  prevista en el  artículo         216        ejusdem,  se procederá  en   tal  sentido,  sin  necesidad  de  correr  previo  traslado  al  Ministerio  Público5.   

La   activación   del   mecanismo   está  relacionada  con  la aplicación del principio de favorabilidad por razón de la  entrada  en  vigencia  de  la  Ley  1236  de  2008, en tanto en su artículo 7°  modificó  el  211  de  la  Ley  599  de  2000  referido a las circunstancias de  agravación  punitiva de los delitos contra la libertad, integridad y formación  sexuales  y, específicamente, la contemplada en el numeral 4°, en el entendido  de  que  las  penas  para  estos delitos se aumentaran de una tercera parte a la  mitad, cuando:   

“4. Se realizare  sobre      persona      menor      de     catorce     (14)     años”.   

Esta   circunstancia  de  agravación  fue  debidamente  imputada  en  la  resolución  de acusación proferida en contra de  ÁNGEL    MARÍA   RAMÍREZ   REATIGA   el  20  de  diciembre  de  2007,  fecha  para  la cual se encontraba  vigente  la  disposición  original  del  artículo  211  de la Ley 599 de 2000,  según  la  cual  la  pena  para  estas conductas punibles se incrementaba en la  misma proporción cuando:   

“4. Se realizare  sobre  persona menor de doce (12) años”.   

Pues bien, tanto la Corte Constitucional como  esta  Sala  se han venido pronunciando en el sentido de que la reforma del texto  en  cuestión  trajo como consecuencia la inaplicación de la agravante para los  delitos  sancionados  en  los  artículos  208  y 209 del estatuto represor, por  comportar  quebranto  del  principio  non bis in ídem  toda  vez  que  el  elemento normativo de estos tipos,  referente  a  recaer  sobre  persona menor de catorce  (14) años, se repite en la modificación de la agravante.   

Ello condujo a que la Corte Constitucional,  a  través  de  la  sentencia  C-521  de  4  de  agosto  de  2009,  declarara la  exequibilidad  condicionada  del  numeral  que  contiene  la  agravante,  en  el  entendido        de       que       “dicha  causal  no  se  aplica  a  los  artículos  208  y  209”.  Tal    afirmación    se    basó,    fundamentalmente,    en   los   siguientes  aspectos:   

“Al prohibir que  una  misma  circunstancia se convierta en elemento constitutivo del tipo penal y  en  causa  de  agravación  del  mismo,  el  principio non bis in ídem persigue  evitar  que  las  causales  de  agravación  se  impongan  de  modo arbitrario e  injustificado   a   quienes  sean  responsables  de  un  delito.  Los  elementos  constitutivos  de  una  infracción  penal fundamentan la responsabilidad penal.  Las  circunstancias  de  agravación,  en  cambio,  modifican la responsabilidad  penal.  Por  eso mismo las circunstancias de agravación se justifican en la ley  penal,  cuando  el  ilícito  es  cometido en determinadas circunstancias que se  estiman  más  reprochables  porque,  por  ejemplo,  suponen  un mayor peligro o  lesión   para  el  bien  jurídico.  De  manera  que  no  es  justificable  una  agravación  punitiva  necesariamente  imponible  al  autor del delito, pues eso  supone  que  en  realidad  no  se  aumenta  la  pena  de  aquel  que  cometa  el  comportamiento  punible  en  ciertas  circunstancias de tiempo, modo y lugar que  demuestren  una  mayor  lesividad  del  bien,  sino  que  en  todos los casos se  impondría la modificación de la sanción penal imponible.   

(…)   

En  este  punto  es posible concluir que el  derecho  a  no  ser  juzgado  dos  veces  por  un  mismo  hecho, se desconoce al  consagrar  una  causal  de  agravación  basada  en una circunstancia que ya fue  tenida  en  cuenta  como elemento del tipo.  Con todo,  aún  en  caso  de  que  se  infrinja  una prohibición de esta naturaleza, debe  verificarse el cumplimiento de otros dos requisitos.     

   

En primer lugar, que la causal de agravación  aparezca  injustificada,  pues de otro modo el legislador actúa en ejercicio de  su  potestad  de libre configuración normativa. Así lo expresó la Corte en la  Sentencia  C-038  de  1998  en  la  cual  estudiaba  la validez de una causal de  agravación  punitiva por la posición distinguida que el delincuente ocupara en  la  sociedad  por su riqueza, ilustración, poder, cargo, oficio o ministerio En  segundo  lugar,  es  necesario  verificar  en esta hipótesis, si se cumplen los  requisitos  establecidos  por  la jurisprudencia constitucional para identificar  la   violación   del  principio  non  bis  in  ídem  en  más  de  un  proceso  jurisdiccional.   

(…)   

Hechas las anteriores precisiones, la Corte  procede  a verificar si la norma demandada viola el derecho a no ser juzgado dos  veces por el mismo hecho.   

Inconstitucionalidad  del  artículo  211,  numeral  4°,  del  Código  Penal,  por  agravar  la  pena imponible a un hecho  punible,  en  virtud  de  una  circunstancia  que  ya  fue tenida en cuenta como  elemento constitutivo del tipo penal   

(…)   

Tal  como  lo señala el demandante, en el  caso  del  artículo  211,  numeral  4°, el legislador consagró como causal de  agravación  punitiva –que  la  conducta  recaiga  sobre  persona  menor  de catorce (14) años – una circunstancia que ya había sido  tomada  en  cuenta  como elemento constitutivo de los tipos penales contemplados  en  los  artículos  208  y 209 del Código Penal. De conformidad con las reglas  señaladas  en  la  sección  5  de  esta  sentencia,  la  norma infringiría el  principio  non bis in ídem, al desconocer la prohibición enunciada en el punto  5.2.4.,  al establecer simultáneamente como elemento  del  tipo  y  como elemento para agravar la pena de los tipos básicos, la misma  circunstancia  de  hecho: que la víctima sea una persona menor de 14 años, sin  que exista una justificación para ello.   

La    norma    cuestionada    sería  inconstitucional   porque   (i)   el  comportamiento  agravado  ofende  el mismo bien jurídico que el comportamiento punible; (ii) la  investigación   y   la   sanción   a  imponer  se  fundamentan  en  idénticos  ordenamientos  punitivos;  y (iii) la causal de agravación persigue finalidades  idénticas a las buscadas con el tipo penal básico.   

En  efecto,  en  primer  lugar,  tanto  el  comportamiento  agravado como los hechos punibles de acceso carnal abusivo (art.  208,  Código  Penal) y acto sexual abusivo en menor de catorce años (art. 209,  Código  Penal), tendrían la virtualidad de ofender un mismo bien jurídico: la  libertad  e  integridad  en  la formación sexual de personas menores de catorce  años.  En  segundo  lugar,  tanto  las normas penales que consagran los delitos  básicos  y les fija una pena, como la causal de agravación tienen su origen en  el  ordenamiento  penal  colombiano,  luego  ambas comparten el mismo fundamento  normativo.   Y,   finalmente,  porque  la  norma  que  contempla  la  causal  de agravación persigue la misma finalidad que las normas  que  consagran  los  tipos  penales  de  acceso carnal  abusivo  y  acto  sexual  abusivo en menor de catorce años, es decir, reprochar  penalmente  los  contactos  o  las  relaciones  sexuales que una persona pudiera  tener con personas menores de catorce años.   

Adicionalmente,  tal  como  se  señaló  en  el  capítulo  5 de esta sentencia, las causales de  agravación  punitiva  deben partir de la base de que hay razones para modificar  la  responsabilidad,  o de lo contrario están injustificadas, y en este caso la  agravación  no  se  produce  en  virtud  de  la realización del comportamiento  típico  en  determinadas  circunstancias  de  tiempo, modo y lugar que la hagan  más  reprochable  o muestren su mayor lesividad, sino que simplemente se agrava  de  manera automática por el hecho de recaer sobre persona menor de 14 años y,  por  eso  mismo,  injustificadamente.  No ocurre lo mismo al aplicar esta causal  frente   a   los   otros   tipos   penales  previstos  en  los  artículos  205,  206,    207,    210 y  210     A  del  Código  Penal,  donde a la circunstancia de haber  realizado  el  acceso carnal o el acto sexual realizado  con  violencia,  o en persona puesta en incapacidad de  resistir,  o  con  persona  incapaz de resistir, muestra una mayor lesividad que  justifica  su  agravación  cuando  la  víctima  es  una  persona  menor  de 14  años.   

En  consecuencia,  aplicar  la  causal  de  agravación  del  artículo  211,  numeral  4°,  a  quienes cometan los delitos  consagrados   en   los  artículos  208  –  Acceso  carnal abusivo con menor de  catorce     años-     y     209    –Actos    sexuales    con   menor   de   catorce   años–  viola el  derecho  fundamental  a  no  ser  juzgado dos veces por el mismo hecho (art. 29,  C.P.),  y  por  ese  motivo,  en  esas  circunstancias,  es inconstitucional. No  obstante,  como  quiera  que  la  causal  de agravación es aplicable también a  otros  artículos  del  Código  Penal  que no fueron  demandados  en  el  presente  proceso,  es  necesario  determinar  si  debe  ser  declarada  inexequible o si, por el contrario, procede declarar su exequibilidad  con algún condicionamiento.   

6.2.  A  juicio de la Corte, como la norma  demandada  es  inconstitucional  si  se  aplica  a  los artículos 208 y 209 del  Código  Penal,  pero  no lo es si se aplica a los demás artículos del Título  IV,  en  este  caso  no  procede  la  expulsión  del ordenamiento de esta norma  hallada  inconstitucional.  Tampoco  es posible hacer una integración normativa  de  la  causal  demandada  con  los  artículos  que consagran los tipos penales  básicos,  ya  que  la disposición cuestionada tiene un contenido deontológico  claro,  y  puede  ser  entendida  y  aplicada  sin  necesidad  de  acudir  a los  artículos  205,  206,  207,  210  y 210A de la Ley 599 de 2000, tal como fueron  modificados  por  la  Ley  1236  de  2008 y adicionados por la Ley 1257 de 2008.   

(…)   

En  suma,  los delitos de acceso carnal en  menor  de  catorce  años y de acto sexual abusivo en menor de catorce años, en  su  misma  descripción  típica  indican  que  la  lesividad del comportamiento  punible  estriba  en  que  se perpetran en personas menores de catorce años. Si  esto  es  así,  ninguno  de  los  comportamientos  requiere ser agravado cuando  recaiga  en persona menor de catorce años, pues la agravación ya fue tenida en  cuenta  en  la  descripción  típica.  En consecuencia, desde un punto de vista  teleológico,  el artículo 211 numeral 4° del Código Penal es constitucional,  al  interpretarlo  en el sentido de que no está llamado a agravar conductas que  no  requieren  agravación puesto que ya de suyo la lesividad del comportamiento  fue  valorada  por  el  legislador  en el tipo penal.  Pero, además, desde una  perspectiva  sistemática,  el  artículo 211 numeral 4° tiene un efecto útil,  ya  que  tiene  aplicabilidad,  siempre  que sea posible, en presencia de alguno  cualquiera    de    los    demás   artículos   del   Título   IV.’           (Subrayas fuera de texto).   

Esta  Sala,  por  su  parte,  con la misma  visión  del  Tribunal  Constitucional,  también  ha  encontrado que la reforma  legislativa   a   la   circunstancia   de  agravación  en  comento  trajo  como  consecuencia  su  inaplicabilidad  para  los  delitos  referidos.   Así lo  expuso recientemente:   

“Es cierto que  la  aplicación  del artículo 7º de la Ley 1236 de 2008 constituye una afrenta  directa  contra el principio constitucional que prohíbe la doble incriminación  por  un  mismo  hecho  –non  bis  in  ídem-  pues  no  cabe  duda  que  la  modificación  que el legislador  introdujo  en  la  circunstancia cuarta de agravación punitiva para los delitos  previstos  en  el  título  IV  de  los delitos contra la libertad, integridad y  formación  sexuales  resulta inconstitucional frente a los delitos descritos en  los  artículos  208  y  209  del  Estatuto  Penal,  toda  vez que las conductas  punibles  reguladas  en  estas  disposiciones establecen como elemento normativo  del  tipo  en  la condición del sujeto pasivo de la infracción, la minoría de  14   años,   supuesto   fáctico   idénticamente   considerado   en  la  nueva  circunstancia de agravación punitiva específica.   

En efecto, hasta antes de entrar en vigencia  la  Ley  1236  de 2008, cuya filosofía está enmarcada por el endurecimiento de  las  sanciones  penales  previstas  para  los  punibles  de  entidad  sexual, el  agravante  establecido en el numeral 4º del artículo 211 de la Ley 599 de 2000  era del siguiente tenor:   

‘ARTÍCULO 211.  Las   penas  para  los  delitos  descritos  en  los  artículos  anteriores,  se  aumentarán   de   una   tercera   parte   a  la  mitad,  cuando:  (…)    4.   Se   realizare   sobre  persona   menor   de   doce  (12)  años’.   

A  su  turno,  los  delitos de acceso  carnal  abusivo  con  menor  de  catorce  años  y  actos  sexuales con menor de catorce  años  regulados  en  los  artículos  208  y  209 del  Código  Penal con el incremento punitivo de la Ley 890 de 2004, vigente para la  época de los hechos, establecía:   

‘ARTÍCULO 208.  El  que  acceda carnalmente a persona menor de catorce  (14)  años, incurrirá en prisión de sesenta y cuatro  (64) a ciento cuarenta y cuatro (144) meses.   

‘ARTÍCULO 209.  El  que  realizare  actos  sexuales  diversos del acceso carnal con persona  menor  de catorce (14) años o en  su  presencia,  o  la  induzca  a prácticas sexuales, incurrirá en prisión de  cuarenta     y     ocho     (48)     a     noventa     (90)    meses”. (Subrayado por la Sala).   

Como  se ve, hasta antes del 23 de julio de  2008  –fecha de entrada en  vigencia   de   la   Ley   1236-   no   existía   inconveniente   para  imputar  simultáneamente  alguna de las conductas descritas en los artículos 208 y 209,  y  la  circunstancia de agravación específica consagrada en el numeral 4º del  artículo  211,  pues  el  legislador  quiso  sancionar  con  mayor severidad la  comisión de tales comportamientos en personas menores de 12 años.   

Pero, con la modificación del agravante por  el  legislador,  dada  por la ampliación del ámbito de protección a todos los  menores  de  14  años, inadvirtió que antes que hacer más gravosa la conducta  para   quienes   abusaran  o  accedieran  a  menores  de  14  años,  infringía  directamente  la  Constitución  Política  al  sancionar  doblemente  una misma  situación fáctica.   

Siendo ello así, desde la expedición de la  Ley  1236  de  2008,  no  era  posible imputar esta circunstancia de agravación  específica  para  las  conductas  regladas  en  los  artículos  208 y 209, sin  afectar  seriamente  el postulado constitucional de non bis in ídem”    6.   

De tal manera que en aquellos casos en que  se  haya  atribuido  la  causal  de  agravación, como ocurre en este asunto, ha  menester  marginarla  de la adecuación típica por aplicación del principio de  favorabilidad  y, desde luego, suprimir los efectos concretos que haya tenido en  la  punibilidad7.   

Sobre esto último, es preciso consultar los  parámetros  consignados  en  el fallo de primer grado, amén de que el Tribunal  confirmó, sin modificación alguna, esta providencia.   

En tal sentido, la primera observación que  se  debe  plasmar es que esta circunstancia, de conformidad con lo normado en el  artículo  60  del  Código  Penal, por ser específica de agravación punitiva,  tiene  repercusión  directa  en  la  determinación  de los límites mínimos y  máximos  de  la  pena  o  ámbito de dosificación punitiva.  Sin embargo,  ocurre  que  ella  no  fue  la  única circunstancia de agravación de esa misma  naturaleza  imputada  en la resolución de acusación y por la que fue condenado  RAMÍREZ   REATIGA  en  los  fallos de instancia.   

En  efecto,  el  procesado  en mención fue  acusado  y  condenado  por el delito de actos sexuales con menor de catorce (14)  años  agravado  por  las  circunstancias  contenidas en los numerales 2 y 4 del  artículo  211  ibídem,  en  concurso homogéneo y sucesivo.       

Es decir que, por concurrir paralelamente la  circunstancia  del  numeral  2  de  la norma en cita, prevista  para cuando  “El  responsable  tuviere  cualquier  carácter, posición o cargo que le dé particular autoridad sobre la  víctima   o   la   impulse   a   depositar   en  él  su  confianza”,  por  cuanto se trata del progenitor  de  la víctima, el marco de punibilidad, aún prescindiendo de la circunstancia  referida,  no  sufre  alteración alguna y cosa distinta hubiera sucedido si tan  sólo   se   hubiere   imputado   la  circunstancia  del  numeral  48.   

No  obstante lo anterior, los efectos de su  aplicación  pueden  verse  reflejados en la ponderación ulterior realizada por  el  juzgador  con  el  objeto de individualizar el monto de la pena, conforme al  artículo  61 ejusdem, una vez  establecido  el  cuarto de dosificación dentro del cual debe moverse, atendidas  “la mayor o menor gravedad  de  la conducta, el daño real o potencial creado, la naturaleza de las casuales  que   agraven   o   atenúen   la   punibilidad,  la  intensidad  del  dolo,  la  preterintención  o la culpa concurrentes, la necesidad de la pena y la función  que    ella    ha    de    cumplir    sobre    el    caso   concreto”.   

De  esa  forma, procederá establecer si la  concurrencia  de la circunstancia de agravación tuvo incidencia en el análisis  de  estos  criterios  por  parte  del a quo.   Para  ello, recuérdese que tan pronto este juzgador ubicó  la  pena  en  el  primer  cuarto  de  movilidad, tras verificar que “no  se  imputaron de manera fáctica y  jurídica  circunstancias  de  mayor  punibilidad  y por el contrario obra la de  menor  punibilidad  prevista  en  el  numeral  1°  del artículo 55 del Código  Penal,   ya   que  no  aparece  demostrado  antecedente  alguno  en  contra  del  procesado”,  señaló  lo  siguiente:   

“…tomando en  consideración  las  directivas  del  artículo  61  del  C.P., ha de tenerse en  cuenta  la  gravedad  de  la  conducta,  el  daño  real  o potencial creado, la  intensidad  del  dolo,  entendido  como el objetivo y querer del implicado en la  perpetración  del  hecho,  la necesidad de la pena y la función que ella ha de  cumplir  en  este  caso,  en  prudente  criterio  se  impondrá  a ÁNGEL MARÍA  RAMÍREZ    REATIGA,    cincuenta    (50)   meses   de   prisión…”.   

Significa  lo expuesto que al monto mínimo  del  primer  cuarto de movilidad de cuarenta y ocho (48) meses de prisión,  se  incrementaron dos (2) meses por razón de estos factores, los que, a su vez,  se    aumentaron    en    quince    (15)    más,    en    tanto    “el  comportamiento  concursa de manera  homogénea”, para un total  de  pena  a  imponer  de  sesenta  y  cinco  (65) meses de prisión.     

Pues   bien,  sobre  esos  dos  meses  de  incremento  al  mínimo  de  pena  es  que  se  debe  ponderar  si  incidió  la  circunstancia  de  agravación  del  numeral  4° del artículo 211 y, aunque en  principio  podría  afirmarse  que no, en cuanto el supuesto de la causal no fue  aludido  por  el  juzgador,  ha  de  entenderse  relacionado  con  los  factores  expuestos  de  “gravedad de  la   conducta”   y   el  “daño  real  o potencial  creado”,     cuya  intensificación  resulta mayor por la edad de la víctima, los cuales, a partir  del  principio  de  proporcionalidad consagrado en el artículo 3° del C.P., al  ser  marginados  de  la pena se traducen en el descuento      efectivo de un (1) mes de prisión.   

En  consecuencia,  al  marginar del proceso  dosificativo  de  la pena la circunstancia aludida, cuya incidencia concreta fue  de  un  (1) mes, la pena definitiva a imponer al procesado será de sesenta    y    cuatro    (64)    meses    de   prisión.   En igual  monto  se  fija  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos y funciones públicas.   

Resta  señalar que los demás aspectos del  fallo impugnado no se afectan con ocasión de lo aquí decidido.   

         

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          1.-  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada   por  el  defensor  de  ÁNGEL MARÍA  RAMÍREZ  REATIGA,  por  las razones consignadas en la  anterior motivación.   

2.- CASAR OFICIOSA  y  parcialmente  el  fallo  de  segundo grado en el sentido de modificar la pena  principal  impuesta  a  ÁNGEL MARÍA RAMÍREZ REATIGA  a  sesenta  y  cuatro (64) meses de prisión y a igual  monto  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones públicas.   

         3.        En lo demás, el fallo impugnado se mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese   y   cúmplase.   

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ               SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ             

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                         AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                            

               

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS              YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                       

JULIO          ENRIQUE           SOCHA   SALAMANCA                    JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                    Secretaria   

    

1 Como  esta  providencia  puede  ser  publicada,  se  omite  el  nombre de la menor, de  conformidad  con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de la Ley 1098 de  2006  “por  la  cual  se  expide    el    Código   de   la   Infancia   y   la   Adolescencia”.   

2  Decisiones  del 23 de febrero y 29 de junio de 2006, rads. 24.109  y 25.499, respectivamente.   

3  Esta  ley entró a regir a partir del 23 de julio de 2008, con su  publicación  en  el  Diario Oficial 47059 de esa fecha.       

4 Auto  de 1° de julio de 2009, rad. 31807.    

5 Cfr.  Decisión del 12 de septiembre de 2007, rad. 26967.   

6 Auto  de 3 de diciembre de 2009, rad. 32972.   

7 Cfr.  auto de 28 de abril de 2010, rad. 32178.   

8 Cfr.  auto de 3 de diciembre de 2009, rad. 32972.     

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