33458(25-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33458  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 267.  

Bogotá  D.C., veinticinco (25) de agosto de  dos mil diez (2010).   

VISTOS  

Mediante  sentencia del 1º de julio de 2009  el   Juzgado  Once  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  condenó  a  ÁLVARO    RODRÍGUEZ    HERNÁNDEZ   y  Héctor   Miguel   Moreno  Baquero,  al  primero  a las penas principales de 145  meses  de  prisión  y  100  salarios  mínimos legales mensuales de multa, como  coautor  del  delito  de  concierto  para delinquir, en concurso con falsedad en  documento  privado,  estafa  agravada  y  tráfico,  elaboración  y tenencia de  elementos  destinados  a  la  falsificación  de  moneda  y al segundo a la pena  principal  de 60 meses de prisión, en calidad de autor del punible de tráfico,  elaboración  y  tenencia de elementos destinados a la falsificación de moneda.  Les  impuso  también  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso determinado para la pena  privativa de la libertad.   

Como el reseñado  fallo  obtuvo  confirmación  del  Tribunal  Superior  de  la misma sede, según  decisión del 9 de septiembre de 2009, el defensor de  RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ   interpuso     el     recurso     extraordinario     de     casación.    

Admitida   la   demanda  y  celebrada    la    audiencia   de   sustentación   oral   conforme  los  trámites  de  la  Ley  906  de  2004,   procede   la   Corte   a      proferir     el     respectivo  fallo.   

HECHOS  

Los  resumió  el  Tribunal  de la siguiente  manera:   

“Por información  suministrada  por  JOSÉ  FABIÁN  MARTÍNEZ  BELLO, en cuyo favor se aplicó el  principio  de  oportunidad,  se  supo  que HÉCTOR MIGUEL MORENO BAQUERO y JOSÉ  GABRIEL  CRUZ  CORZO,  entre  otras  personas,  se habían puesto de acuerdo con  aquél    para   obtener   fotocopias   de   cheques   de   cuentas   corrientes  correspondientes  al  Banco  de  Bogotá,  sucursal  Centro  93,  y que, una vez  obtenidas,  procedían  a elaborar títulos falsos que presentaban en ventanilla  para         su        cobro        ”.   

Con base en esa información, la Fiscalía,  el  7  de  junio  de  2006,  realizó  una diligencia de allanamiento a un local  comercial  localizado  en  la carrera 19 con calle 27 de esta ciudad, en el que,  según  parecía,  funcionaba  una  tipografía.  Allí  se  encontró  una gran  cantidad   de   elementos  materiales  utilizados  para  las  falsificaciones  y  defraudaciones  y  se dio captura a los dos sujetos ya mencionados y, además, a  ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. A solicitud de la Fiscalía, el 8 de junio  de  2006  el  Juez Quinto Penal Municipal con funciones de control de garantías  realizó  audiencias  preliminares de legalización del allanamiento y registro,  de  la  incautación de elementos  y de captura, así como de imputación e  imposición  de  medida  de  aseguramiento,  atribuyendo  a  los  capturados los  delitos  de  concierto para delinquir, falsedad en documento privado en concurso  homogéneo,  estafa  agravada  y  tráfico, elaboración y tenencia de elementos  destinados a la falsificación de moneda.   

Conocidos   los   cargos,   Héctor  Miguel Moreno Baquero los aceptó  por  los  delitos  de  concierto  para  delinquir  y  estafa  agravada, mientras  José  Gabriel Cruz Corzo lo  hizo  por  los ilícitos de falsedad en documento privado en concurso homogéneo  y   concierto   para  delinquir.  ÁLVARO  RODRÍGUEZ  HERNÁNDEZ   se  abstuvo  de  aceptar  cargo  alguno.   

2. Producida de la anterior forma la ruptura  de  la  unidad  procesal,  el  7  de julio del mismo 2006 la Fiscalía presentó  escrito  de  acusación  por  los  cargos  no  aceptados  por  los imputados. La  actuación  correspondió al Juez Séptimo Penal del Circuito de conocimiento de  Bogotá,  quien  celebró  la  audiencia  de formulación de acusación el 11 de  septiembre  siguiente,  en  tanto  la  preparatoria  el  19 de octubre del mismo  año.   

3.  En  desarrollo  de  dichas  audiencias  Héctor    Miguel   Moreno   Baquero   aceptó  el cargo relacionado con el delito de falsedad en documento  privado,   mientras   José   Gabriel   Cruz   Corzo  hizo  lo propio frente a los ilícitos de estafa   y tenencia de elementos destinados a la falsificación de moneda.   

4. Por lo anterior, el juicio se desarrolló  únicamente   contra   Moreno  Baquero  por  el  delito  de  tráfico,  elaboración y tenencia de elementos  destinados  a  la  falsificación  de  moneda, en tanto respecto de RODRÍGUEZ   HERNÁNDEZ   por  todos  los  delitos atribuidos en la acusación.   

5.  Durante  el  curso  del  juicio  oral se  aceptó  el  impedimento  manifestado  por  el Juez Séptimo Penal del Circuito,  razón  por  la cual el proceso pasó a conocimiento de su homólogo, el Juzgado  11,  cuyo  titular  lo  continuó  para  terminarlo  el  3 de diciembre de 2008,  anunciando     que    el    sentido    del    fallo    sería    de    carácter  condenatorio.   

6.  Luego  de  tramitar  el  incidente  de  reparación,  el  nuevo  director  de la causa profirió la sentencia anunciada,  condenando  a  los  procesados  a  las penas y los delitos referidos en la parte  inicial de la presente decisión.   

7. El fallo de primera instancia fue apelado,  entre  otros,  por  el  procesado  ÁLVARO RODRÍGUEZ  HERNÁNDEZ  y  su  defensor, habiéndolo confirmado el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  mediante  la  sentencia  que  ameritó luego la  interposición  del  recurso  extraordinario de casación por el profesional del  derecho en mención.   

8.  Como  se  dijo,  la  Sala  admitió  la  impugnación,   disponiendo  la  celebración  de  la  respectiva  audiencia  de  sustentación oral.   

LA  DEMANDA   

El  actor,  en  un único cargo, denuncia la  violación  directa  de la ley sustancial por falta de aplicación del artículo  59  del  Código Penal, por cuanto el juzgador, dentro de los extremos punitivos  de  48  a  63  meses  seleccionados  para aplicar la sanción correspondiente al  delito  de  concierto para delinquir, que estimó como más grave, determinó 60  meses  de  prisión,  aduciendo  escuetamente  la  presencia de los criterios de  ponderación   atinentes   a  “la  gravedad  de  la  conducta,   daño   real   causado   e   intensidad  del  dolo”,  sin  efectuar una fundamentación explícita sobre los motivos de la  determinación     cualitativa    y    cuantitativa  de    la   pena,   tal   como   lo   exige   la  norma  sustancial  inaplicada.   

          En  el  mismo  reproche  el  demandante  acusa al sentenciador haber  interpretado  erróneamente  el  artículo 31 del Código Penal, pues a pesar de  seleccionar  para  el delito más grave la pena de 60 meses de prisión, ante la  existencia  de  concurso  de hechos punibles terminó imponiendo al procesado la  sanción  total  de  145  meses  de  prisión,  desconociendo  que el mencionado  artículo   31   autoriza   aumentar  la  pena  base  solamente  “hasta en otro tanto”.   

         

INTERVENCIONES  DE  LOS  SUJETOS PROCESALES   

          1. El recurrente:   

          Insiste  en que en el fallo se incurrió en violación directa de la  ley  por  falta de aplicación del artículo 59 del Código Penal, pues el juez,  en  decisión avalada por el Tribunal, aumentó la pena mínima establecida para  el  delito base con fundamento en el artículo 61 ibídem, concretamente por los  criterios  relativos  a  la  gravedad  de  la  conducta,  daño  real  causado e  intensidad  del  dolo,  sin  justificar  su  presencia en este caso, tal como lo  exige la norma inaplicada y la jurisprudencia de esta Corporación.   

          El  recurrente  sostiene que la violación directa también ocurrió  por  la  aplicación  incompleta  del  artículo  31  del estatuto punitivo, por  cuanto  el  juzgador  al  determinar  la  pena de 60 meses para el ilícito más  grave,  la  incrementó  por  razón  del  concurso en un lapso superior a dicho  guarismo,    desconociendo    el    límite   establecido   en   el   mencionado  precepto.   

          En   esas  condiciones,  estima  que  la  pena  que  debe  realmente  aplicarse  al  procesado  para el delito más grave es 48 meses de prisión, los  cuales sólo pueden aumentarse hasta en otro tanto.   

          2. Defensora de HÉCTOR MIGUEL MORENO BAQUERO:   

          Se   limitó   a  coadyuvar  los  planteamientos  expuestos  por  el  recurrente.   

          3. Fiscalía:   

         

          Actuó  en  su  representación  el  señor Vicefiscal General de la  Nación,  quien  en  relación  con la falta de aplicación del artículo 59 del  Código  Penal,  consideró  que el yerro no se presentó porque, aunque el juez  aludió  a tres criterios para aumentar el mínimo legal, lo cierto es que, como  lo  ha  expuesto  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, no es  necesario  incluir  en  el  apartado destinado para la dosificación punitiva el  sustento   respectivo,   si   en   el  cuerpo  de  la  decisión  aparece  dicha  fundamentación.   

          Y  en  el caso objeto de análisis, añadió, tal motivación figura  a  lo  largo  de  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia,  pues los  juzgadores  refirieron  ampliamente  acerca  de  las  modalidades de los delitos  cometidos  junto  al concierto para delinquir, de las cuales se puede magnificar  con  suficiencia la realización de ese último punible. Es así como, según el  Vicefiscal,  se aludió a 52 episodios de cheques cobrados contra las cuentas de  12  personas  jurídicas  y  se  hizo  referencia  al  allanamiento  en donde se  encontraron  elementos  para  producir  la  falsificación  de cheques de varios  bancos,  de  certificaciones  de  notas  de  algunas  Universidades, de tiquetes  aéreos  y  de  estampillas y etiquetas de licores, conductas realizadas durante  un largo período (8 meses).   

De  allí se infiere, en su criterio, que no  se  trató  de  un  concierto  cualquiera  sino  de  uno  del cual hacían parte  delincuentes  avezados y profesionales, lo cual connotó la afectación no sólo  del   bien   jurídico  allí  tutelado  sino  de  otros  que  efectivamente  se  lesionaron,  de  donde  aparece  acreditada  también  la  mayor  intensidad del  dolo.   

En   conclusión,   en   su  concepto,  la  fundamentación  de  la  pena  sí  aparece en las sentencias, de manera que por  este aspecto las estima ajustadas a derecho.   

          Opina,  en cambio, que el sentenciador aunque eligió bien el delito  base,  aplicó  erróneamente  el  artículo  31  del  estatuto punitivo, porque  determinó  60 meses para ese punible, pero desconoció el límite de hasta otro  tanto   allí   previsto.  Por  consiguiente,  solicita  casar  parcialmente  la  sentencia,  reduciendo la sanción para dejarla en 120 meses, aspecto en lo cual  pide  se  aplique  el  aumento  máximo  permitido  por  dicha norma sustancial,  atendido el número de delitos concursantes.   

4.    Representante    de   Bancolombia  (víctima):   

          Se   apartó   del   argumento   según   el  cual  el  a  quo  inaplicó  el  artículo  59  del  Código  Penal.  Consideró  al respecto que el juzgador de primera instancia en  las  páginas  36  a  38  de  su  sentencia  desplegó  “toda  la  discriminación  de  los  delitos”, así  como  la  tasación  y  antecedentes, señalando el ámbito de punibilidad y los  criterios que debían aplicarse en este caso.   

          Tampoco  halló  atendible el ataque relacionado con el artículo 31  ibídem,  por  cuanto  al tenor de los incrementos establecidos en la Ley 890 de  2004,  la  pena  para  el concierto para delinquir es de 48 a 108 meses, lo cual  significa  que  la  sanción aplicable en el caso de concurso de hechos punibles  puede   ir   hasta   216   meses,   guarismo   inferior   al   impuesto  por  el  sentenciador.   

          Más  aún,  es  del  criterio  que  el  ilícito  más  grave no es  realmente  el concierto para delinquir sino la estafa, la cual por su naturaleza  agravada  contempla  pena  de 42.6 a 216 meses, es decir, que con el concurso la  sanción  iría  hasta  432  meses,  cantidad  muy  superior a la aplicada en el  fallo.   

          Solicitó, por ende, no casar la sentencia.   

          5. Representante del Banco de Bogotá (víctima):   

          Pide  también  no casar la sentencia. Sobre el particular, es de la  opinión  que  la pena fue incluso condescendiente, si se tiene en cuenta que se  dosificó  en  el  cuarto  mínimo  y  se  trató de un actuar doloso, realizado  además  en  coparticipación  criminal. Por tanto, concluyó, los juzgadores no  desbordaron  el  artículo  31, máxime cuando no se superó la suma aritmética  de  las  respectivas  conductas  punibles,  amén  de  que  el  otro tanto allí  referido  es  discrecional  del fallador, atendiendo los criterios del artículo  61 del Código Penal.    

          De  otra  parte,  estima que sí hubo una fundamentación explícita  de  los  motivos  cualitativos y cuantitativos de la pena, según se infiere del  contenido de las sentencias de primera y segunda instancia.   

          6. Ministerio Público:   

Sobre  el primer motivo objeto de reparo por  el  casacionista,  la  Procuradora  Delegada  se  identificó con la tesis de la  Fiscalía,  cuando  señaló  que,  acorde con la jurisprudencia reiterada de la  Corte  Suprema, no se requiere motivación expresa ubicada en el capítulo de la  punibilidad para dar por debidamente motivada la pena.    

Encontró,  empero, que en el contexto de la  sentencia  no  aparece  dicha  motivación,  pues  de  la  alusión  que se hace  respecto   del   procesado   RODRÍGUEZ  y  su  participación  en  los  delitos  atribuidos,  en  punto  de los aspectos de tipicidad y culpabilidad, no se puede  inferir  razonablemente  una  fundamentación adecuada en el tema de la gravedad  de  la  conducta,  aun  cuando  sería  lo  más  fácil aceptar que la hubo, de  acuerdo con la tesis del señor Vicefiscal.   

Estima, eso sí, que en lo relacionado con la  intensidad  del  dolo  y el daño real ocasionado con el delito, definitivamente  no  se  puede inferir motivación alguna, so pena de vulnerar el principio de la  legalidad  de las penas y su debida fundamentación. Por tanto, considerando que  ni  expresa  ni  tácitamente  se  hizo  mención  a algún otro de los factores  previstos  en  el artículo 61, concluye que el reparo debe prosperar en aras de  cumplir  con  una  de las finalidades de la casación.             

          En  lo  concerniente  al  segundo motivo materia de impugnación, es  del  criterio  que  el  juzgador  incurrió  en error cuando sin más tomó como  delito  más  grave el concierto para delinquir, sin advertir que el ilícito de  tráfico,  elaboración  y  tenencia de elementos destinados a la falsificación  de  moneda  tiene  en  abstracto  la  misma  sanción, equívoco cometido por no  individualizar  las  penas  aplicables  a  cada  una  de  las conductas punibles  imputadas,  habiendo,  finalmente,  incrementado  los 60 meses que fijó para el  concierto  en  un  guarismo  mayor al límite de hasta otro tanto, vulnerando el  artículo 31 del estatuto punitivo.   

En  consecuencia,  considera  que  por  el  anterior aspecto también debe casarse la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          En  el  único  cargo  que plantea, el censor denuncia la violación  directa  de  la  ley  por  dos motivos. El primero, por falta de aplicación del  artículo   59   del  Código  Penal  de  2000,  en  cuanto  los  sentenciadores  incrementaron  en  12  meses  el  límite  mínimo  previsto  para  el delito de  concierto  para  delinquir,  atendida  la gravedad de la conducta, el daño real  causado  y  la  intensidad  del  dolo,  sin  fundamentar  en forma explícita la  presencia de esos criterios dosimétricos de la pena.   

          Y  el  segundo,  por  interpretar  erróneamente el artículo 31 del  mismo  estatuto  punitivo, pues los juzgadores fijaron para el delito básico la  pena  de  60  meses,  a pesar de lo cual aumentaron ese guarismo en 85 meses por  razón  del concurso de hechos punibles, desconociendo el límite previsto en la  citada   norma   de   “hasta   en  otro  tanto”,  a cuyo tenor el incremento solamente podía extenderse  hasta 60 meses.   

          Para  responder  los  comentados  reparos,  la Sala se referirá por  separado a cada uno de ellos.   

          1.   Falta   de   aplicación   del   artículo   59   del   Código  Penal:   

          El  deber  de  motivación  constituye  componente  de  los derechos  fundamentales  al  debido  proceso y defensa y es inherente a un Estado Social y  Democrático  de  Derecho,  pues  con él se controla la arbitrariedad judicial.   

          La  Sala  tiene  dicho  que la exigencia a los sujetos procesales de  sustentar  los  recursos  se  correlaciona  con  la  obligación  impuesta a los  funcionarios  judiciales  de  motivar  sus  decisiones,  pues  sólo mediante la  satisfacción  de  ese  deber funcional se brinda a las partes la posibilidad de  ejercer adecuadamente el derecho de contradicción.   

En    ese    sentido,    “el   principio   de   motivación   de  las  decisiones  judiciales  desempeña  una doble función: (i) endoprocesal: en cuanto permite a las partes  conocer  el  pronunciamiento  sirviendo  de  enlace  entre  la  decisión  y  la  impugnación,  a  la  vez  que  facilita la revisión por el tribunal ad quem; y  (ii)  función  general  o extraprocesal: como condición indispensable de todas  las  garantías  atinentes  a las formas propias del juicio, y desde el punto de  vista   político   para   garantizar  el  principio  de  participación  en  la  administración  de  justicia,  al  permitir  el  control social difuso sobre el  ejercicio     del     poder     jurisdiccional”1.   

Normativamente,  tal  exigencia se encuentra  consagrada  en  el  artículo  55  de  la  Ley  270  de  1996 (Estatutaria de la  Administración  de  Justicia),  así  como en el artículo 162 de la Ley 906 de  2004.   La   primera   de   esas  disposiciones  establece  que  “las  sentencias  judiciales deberán referirse a todos los hechos y  asuntos  planteados  en  el  proceso  por  los sujetos procesales”.  Y  la  segunda,  en  su numeral 4ª señala como requisito de las  sentencias  y  autos  la  “fundamentación fáctica,  probatoria  y  jurídica  con  indicación  de  los  motivos  de  estimación  y  desestimación   de   las   pruebas   válidamente   admitidas   en   el  juicio  oral”.   

El legislador ha sido tan escrupuloso frente  al  cumplimiento  del  deber  de motivación que, incluso, lo extiende de manera  expresa  al  aspecto  de  la pena, al establecer en el artículo 59 del estatuto  punitivo de 2000 lo siguiente:   

“Toda sentencia  deberá  contener  una  fundamentación  explícita  sobre  los  motivos  de  la  determinación cualitativa y cuantitativa de la pena”.   

En  torno  a  este  precepto,  la  Corte  ha  expuesto  que  su exégesis no puede conducir al entendimiento según el cual el  sustento  de la dosificación punitiva debe estar contenido necesariamente en el  capítulo   destinado  en  la  sentencia  para  esa  temática,  pues  si  dicha  motivación  aparece  en  el contexto de la providencia, no hay lugar a predicar  el  desconocimiento  de  ese  deber  funcional, por la potísima razón de haber  contado  la  defensa,  en  todo  caso, con la real posibilidad de cuestionar los  criterios     dosimétricos    considerados    por    el    fallador2.   

En el caso objeto de examen, se tiene que el  juzgador  de  primera  instancia,  en  decisión  no modificada por el Tribunal,  luego  de  dar por demostrado el tópico relativo a la ocurrencia de los delitos  atribuidos       a       ÁLVARO      RODRÍGUEZ  HERNÁNDEZ,  así como la consiguiente responsabilidad  penal,  pasó  a  efectuar  el  proceso de tasación punitiva, optando por tomar  como  punto  de  partida  el  punible  de  concierto para delinquir, que estimó  contentivo de la pena más grave.   

En esas condiciones, bajo la premisa de estar  sancionado  dicho  ilícito  con  la  pena  oscilante  entre  48  y 108 meses de  prisión  y  atendida  la  ausencia  de  circunstancias de mayor punibilidad, se  ubicó  en el cuarto mínimo de movilidad, concretado en los extremos que van de  48  a  63  meses. Fijado de esa manera el ámbito punitivo, no juzgó pertinente  aplicar  el  mínimo  legal,  sino  incrementar  esa  frontera  en  12 meses, en  consideración  a  “la  gravedad de la conducta, el  daño  real  causado  y  la  intensidad  del  dolo”,  obteniendo  la pena de prisión de 60 meses, sin ofrecer en dicho apartado de la  sentencia   las   razones  sustento  de  la  concurrencia  de  dichos  criterios  dosimétricos.   

Tal  omisión  constituye  el fundamento del  casacionista  para afirmar la violación del artículo 59 del estatuto punitivo.  Sin  embargo, encuentra la Sala que la motivación echada de menos en la demanda  obra  en  los  segmentos  en  los  cuales  el  a  quo  analizó   la  tipicidad  y  la  responsabilidad  del  acusado.   

         

          Al  respecto,  sea lo primero precisar que la mayor o menor gravedad  de  la  conducta,  el daño real o potencial creado y la intensidad del dolo son  algunos  de  los  criterios  que  el inciso tercero del artículo 61 del Código  Penal  le  impone  al  juzgador  ponderar para determinar la sanción dentro del  cuarto punitivo seleccionado para el efecto.   

          La  gravedad  de  la  conducta  dice  relación con la mayor o menor  afectación  al  bien jurídico tutelado por la ley. El daño real (o potencial)  creado  toca  con  la  extensión del perjuicio, en otras palabras, “según  que  ha  sido  mayor  o menor el número de las personas  ofendidas,  y según que el crimen ha dañado o expuesto a una lesión al Estado  mismo,  a  comunidades  enteras,  a  una  cantidad indeterminadas de personas, o  sólo    a    ciertas   personas   determinadas”3. Finalmente, la intensidad del  dolo  se  refiere  al  grado del injusto, tópico en el cual la Sala tiene dicho  que  “la  reiteración de la conducta es índice de  una    gran    intensidad   del   dolo”4.   

          Pues  bien,  en torno al primero de los criterios considerado por el  fallador,  se tiene que el bien jurídico protegido por el ilícito de concierto  para  delinquir  es  la  seguridad  pública.  Si  se entiende como tal el orden  mínimo  en  la sociedad que permite “garantizar las  condiciones   materiales   mínimas   para   el   ejercicio   de   los  derechos  humanos”5,  como la vida, la libertad, la integridad y el libre desarrollo de  la  personalidad,  es  claro  que  hay mayor capacidad de afectar dicho interés  jurídico  cuando  la  asociación  conformada  para cometer delitos reviste una  gran  vocación  de  permanencia,  cuenta  con  una  infraestructura de singular  envergadura  y  además  se suma a esa empresa criminal un número importante de  delincuentes.   Y   a  tales  circunstancias,  ciertamente,  se  refirieron  los  sentenciadores.   

          En  efecto,  en  el  fallo  de  primera  instancia  se  señaló  lo  siguiente:   

          “…   de   las  pruebas  aludidas  en  párrafos  precedentes  se  establece  cómo efectivamente este ciudadano hacía  parte  integral  de la organización delictiva, dedicada a estafar a clientes de  entidades  bancarias  presentando para el cobro supuestos cheques de sus cuentas  corrientes  que  previamente,  habían  sido  falsificados  de  manera  integral  en  la  tipografía  ubicada  en la carrera 19 No. 27  –    28    de   esta  ciudad…”.   

          “…   

          “…    contaban    con    toda    la  infraestructura dentro de su órbita de custodia para  actuar      contrario      a      derecho…”6          (subraya la Sala).   

          A su turno, el Tribunal expresó:   

          “…  el resultado fue muy significativo  ya  que  la  supuesta tipografía hacía las veces de  sede  de  una  organización  criminal  dedicada a la  defraudación  de  entidades  financieras  mediante la adulteración de títulos  valores  y su cobro en ventanilla… Esta es prueba suficiente de que se trataba  de  una  verdadera  organización criminal, de la que  hacían  parte  múltiples  personas, las que asumían  roles  definidos,  que  actuaban  en distintas instancias y que, en conjunto, se  beneficiaban de los ilícitos rendimientos de esa labor”.   

          “…   

          “…   tratándose   de   una   verdadera   organización   criminal,   dedicada   de  manera  permanente  a  la  comisión  de  conductas  punibles  indefinidas…”7 (las  subrayas   son  también  de  la  Corte).           

En  lo  concerniente  al  daño causado, las  sentencias  refieren  cómo  el concierto para delinquir se orientó a defraudar  un gran número de víctimas. Obsérvese:   

          “…  el  abonado celular utilizado por  el  acusado  fue  interceptado  por orden judicial y de las comunicaciones allí  sostenidas  se  desprende  su participación en la empresa criminal estructurada  para  estafar  a  las  personas  que  tuvieran cuenta  corriente  en  el  Banco de Bogotá…” (subraya    de    nuevo    la    Sala)8.   

          Finalmente,  encuentra  esta  Corporación que los fallos contemplan  la  realización por parte de la empresa criminal de que dan cuenta los autos de  una  pluralidad importante de conductas delictivas, de donde entonces se infiere  la  mayor  intensidad del dolo en el comportamiento del acusado. Es así como el  a  quo  reseña  de  manera  pormenorizada  la  ocurrencia de exactamente 52 episodios relacionados con igual  número  de cheques falsificados, con cuyos elementos se perpetraron las estafas  de  que  fueron  víctimas los cuentacorrentistas del Banco de Bogotá, a partir  de lo cual dicho funcionario concluyó lo siguiente:   

          “…  es  evidente  el  acuerdo  y  la  distribución   de   tareas   en   la  realización  de  actos  para    la    perpetración    de    múltiples   conductas              dolosas…”9          (subraya      una      vez      más      la      Corte).   

         

          Como  se  observa,  los  juzgadores  sí  motivaron los criterios de  ponderación  considerados  para fijar la pena, ofreciendo razones de las cuales  surgen  circunstancias  diversas  y  separables,  aplicables  a cada uno de esos  parámetros,  pues aludieron a la gran vocación de permanencia del concierto, a  su  singular infraestructura y al importante número de integrantes (gravedad de  la  conducta),  a  la  gran  cantidad  de víctimas a las cuales se encaminó su  concreción  (daño  creado)  y,  finalmente,  a la repetición múltiple de los  comportamientos  cuya  perpetración  se  trazó la empresa criminal (intensidad  del dolo).   

          No  prospera,  por tanto, el primer motivo de impugnación expresado  por el casacionista.   

          2.   Errónea   interpretación   del   artículo   31  del  Código  Penal:   

          De   acuerdo  con  el  inciso  primero  de  la  citada  disposición  sustancial,  quien  con  una  sola  acción  u  omisión o con varias acciones u  omisiones  infrinja varias disposiciones de la ley penal o varias veces la misma  disposición,  quedará  sometido  a la que establezca la pena más grave según  su    naturaleza,    aumentada    hasta   en   otro  tanto.   

          Ciertamente,  como  lo señala el actor y lo prohíja la Fiscalía y  el   Ministerio   Público,  el  a  quo  desatendió  el  referido precepto legal, pues a pesar de determinar  la  pena  de 60 meses para el delito básico, esto es, concierto para delinquir,  aumentó  dicho guarismo en 85 meses por razón del concurso de hechos punibles,  obteniendo  como  resultado  145 meses, cuando el límite impuesto por la citada  norma  solamente  lo  autorizaba  para  efectuar  un  incremento  máximo  de 60  meses.   

          Sobre   el   particular,  no  asiste  razón  a  los  intervinientes  representantes  de las víctimas acreditadas en este proceso cuando señalan que  el  aumento  permitido se extiende hasta el máximo establecido en el respectivo  tipo  penal,  de  manera  que  siendo  éste,  en  el  caso  del  concierto para  delinquir,  de  108  meses  de  prisión,  el juzgador podía elevar la sanción  hasta 214 meses.   

          Contrariamente,   conforme  lo  tiene  pacíficamente  señalado  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  el otro tanto  a  que  se  refiere  el artículo 31 del Código Penal  corresponde  al  doble  de  la  pena  que  corresponde  imponer   para   el   delito   base,   atendidas  las  circunstancias propias del mismo. En efecto:   

“En    conclusión,    es   la   pena  individualizada  de  cada  uno  de  los  delitos  en  concurso  la que conduce a  determinar  la  base  de  construcción de la pena total a imponer, sin importar  para  el  caso  las sanciones mínimas y máximas previstas en abstracto por los  respectivos         tipos         penales”10.   

Debe  anotarse,  de otra parte, que si bien,  como  lo  señala  la  Procuradora  Delegada,  lo  ideal era que el a  quo  hubiese dosificado individualmente  las  penas  aplicables  a  cada  uno  de  los  punibles concursantes, la Sala no  encuentra  errónea  la selección del concierto para delinquir como delito más  grave,   pues   si  el  propio  juzgado,  al  dosificar  la  pena  al  procesado  Héctor   Miguel   Moreno   Baquero,   determinó  para el ilícito de tráfico, elaboración y tenencia de  elementos  destinados  a  la  falsificación  de  moneda  los mismos 60 meses de  prisión  fijados respecto del atentado contra la seguridad pública, cualquiera  de   esos   delitos  hubiera  podido  servir  como  punto  de  partida  para  la  dosificación  punitiva,  como  quiera que los dos acusados se encuentran en las  mismas  circunstancias  de participación en la empresa criminal deducida en los  fallos.   

En  esas  condiciones,  la  Sala  casará de  manera  parcial  la  sentencia  impugnada  con  el  fin  de fijar la sanción de  prisión  en  120 meses, señalando como aumento el límite máximo aplicable en  caso   de   concurso   de  conductas  punibles,  atendida  la  pena  establecida  individualmente  para  cada  uno  de  ellos  y  el importante número de delitos  concursantes.   

   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

Primero-.     CASAR     parcialmente  la sentencia impugnada para  fijar  en  ciento  veinte  meses  (120)  meses la pena  de    prisión    allí  impuesta   a        ÁLVARO        RODRÍGUEZ  HERNÁNDEZ.   

Segundo-.  DETERMINAR  que los demás  ordenamientos     del     fallo     se    mantienen  incólumes.   

          Contra la presente sentencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO                  ESPINOSA  PÉREZ             

    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                           AUGUSTO     J.    IBÁÑEZ  GUZMÁN                            

               

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS              YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                       

JULIO  ENRIQUE   SOCHA   SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

              Secretaria   

    

1  Sentencia del 28 de septiembre de 2006, radicación 22041.   

2 Cfr.  Sentencia  del  8  de  octubre  de 2003, radicación 17606. En el mismo sentido,  sentencia del 10 de junio de 2009, radicación 27618.   

3  ZAFFARONI,  Eugenio Raúl. Derecho Penal, parte general. Ediciones Ediar, Buenos  Aires, Argentina, año 2000, página 1.000.   

4  Sentencia  del  9  de  febrero  de 2004, radicación 10425. En el mismo sentido,  sentencia del 10 de junio de 2009, radicación 27618.   

5   Sentencia del 25 de noviembre de 2008, radicación 26942.   

6  Página 33 del fallo de primera instancia.   

7  Páginas 14 y 15 del fallo de segunda instancia.   

8  Página 32 del fallo de primera instancia.   

9  Página 20 del fallo de primera instancia.   

10  Sentencia   del   7   de   octubre   de   1998,   radicación  10987.  En el mismo sentido,   sentencias  del  24  de abril de 2003,  radicación 18856 y del 15 de mayo de 2003, radicación 15619.     

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