33318(28-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 33318  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 128   

Bogotá  D.C.,  veintiocho (28) de abril de  dos mil diez (2010).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por el apoderado de MANUEL MARÍA REYES ÁVILA, contra el  fallo  de  30  de  septiembre de 2009, mediante el cual el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  del Espinal, confirmó la sentencia dictada el 12 de diciembre de  2008  por  el  Juzgado  Primero  Penal  Municipal  de la misma localidad, que lo  condenó  como autor del delito de lesiones personales  culposas.   

HECHOS  

Así  fueron  relatados por el ad quem:   

“El 24 de julio de 2005, aproximadamente a  las  5  p.m.,  por  un  carreteable  de  la  Vereda  Guadalejo Jurisdicción del  Municipio  de  El  Espinal,  el  señor  José  Domingo  García  Díaz,  que se  movilizaba  en  una bicicleta, detuvo su marcha y se hizo a la orilla del camino  para  realizar  una  necesidad fisiológica (hacer micción), y el señor Manuel  Reyes,  que  se desplazaba en una moto Yamaha RX 100 de placas RYF 86 color azul  y  blanco  lo  atropelló, causándole lesiones que le generaron una incapacidad  médico  legal  de  45  días  y múltiples secuelas como deformidad física que  afecta  el  cuerpo  de  carácter  permanente  y  de  perturbación funcional en  diferentes partes del cuerpo de carácter permanente.”   

ACTUACIÓN RELEVANTE  

1.  El  21  de marzo  20061, la Fiscalía  acusó  a  MANUEL  MARÍA  REYES  ÁVILA,  como autor del delito de lesiones  personales  culposas con deformidad funcional.   

2. Remitido el expediente para adelantar la  etapa  del  juicio,  el  26  de  junio  de  2008  se  verificó  la audiencia de  juzgamiento2,  al  cabo  de  la  cual,  el  12  de diciembre del mismo año, el  Juzgado  Primero  Penal  Municipal  de El Espinal condenó a MANUEL MARÍA REYES  ÁVILA3,  como  autor  del  delito  de  lesiones  personales  culposas  a  la pena de siete (7) meses y  seis  (6)  días  de  prisión; multa de cinco punto dos (5.2) salarios mínimos  legales  mensuales vigentes; la suspensión por un (1) año de la conducción de  vehículos  automotores;  la  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo término de la privativa de la libertad; al  pago   de   daños  y  perjuicios  materiales  y  morales;  y  le  concedió  la  sustitución de la ejecución de la pena.   

3. Inconforme con la decisión, el defensor  de  MANUEL  MARÍA  REYES  ÁVILA  la  apeló  y el 30 de septiembre de 2009, el  Juzgado   Primero  Penal  del  Circuito  del  Espinal  la  confirmó4.   

4. En desacuerdo con el fallo, el apoderado  de   MANUEL   MARÍA   REYES  ÁVILA  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación.   

LA  DEMANDA   

En  acápite  dedicado a la procedencia del  recurso,  el  libelista  realiza  una  disertación  que  en  verdad es bastante  confusa,   no   obstante   se  logra  dilucidar,  solicita  la  aplicación  por  favorabilidad  al  presente  asunto rituado por la Ley 600 de 2000, el contenido  del  artículo  181  de  la  Ley  906 de 2004, que establece la viabilidad de la  casación    para    todos    los   delitos   sin   importar   el   quantum punitivo.   

Bajo ese marco formula un cargo por nulidad  contra  el  fallo por cuanto el Juez Primero Penal Municipal de El Espinal sólo  le  dio  credibilidad  a  la declaración de Blanca Marina Martínez de Medina y  expuso  que  los demás testigos pretendían excusar al acusado para favorecerlo  y  olvidó  que  la deponente llegó al lugar de los hechos momentos después de  ocurridos   y  sin  tener  en  cuenta  que  el  accidente  se  debió  única  y  exclusivamente a la imprudencia y responsabilidad de la víctima.   

De esta manera solicita con fundamento en el  artículo  306  de  la  Ley  600  de 2000, se invalide lo actuado a partir de la  audiencia  pública  “… y que se continuara con el  curso  normal  del  proceso  pues  dicha  normatividad  en  su  numeral  segundo  manifiesta  que  la  comprobada  existencia  de irregularidades sustanciales que  afecten  de  debido  (sic)  proceso  y  por  su  parte  el numeral 3° indica la  violación  del  derecho de defensa. El de la violación de una norma de derecho  sustancial  por  error  de  derecho  prevista  en  el  art.  306  del C.P.P. N°  2-3.”   

Destaca, es claro que la sentencia objeto de  casación  por  vía  excepcional  se  dictó  con  violación  de  una norma de  contenido  sustancial, “… en esencia por que (sic)  se  dictó  una  sentencia  en  un  juicio  viciado de nulidad…”,  al  estar  demostrado  que  el defensor de confianza del acusado  manifestó  oportunamente al juzgado, la valoración exclusiva del testimonio de  Blanca  Marina  Martínez  de Medina, “… y no como  lo  quiere  hacer  ver el JUEZ Primero penal municipal (sic) del Espinal Tolima,  al  manifestar en uno de sus apartes cuando resolvió la sentencia en el sentido  de  indicar  que  el aquí imputado, es el único responsable de la conducta que  se investigó y por tanto por eso fue condenado.”   

Se  refiere  al principio de investigación  integral,  el  que  dice,  está  ligado con la racionalidad que perentoriamente  debe  atar  al  funcionario  judicial  en el recaudo probatorio para permitir de  manera  certera  reproducir  la  verdad  real  de  los  hechos investigados y la  responsabilidad  de  la  persona  a  la  cual  se  le hace la atribución de una  conducta punible por acción u omisión.   

Destaca,  que los jueces de instancia al no  haber   tenido   en   cuenta  las  pruebas  -no  dice  cuáles-   le   causaron   graves  perjuicios  a  su  representado.   

Como trascendencia del error indica, que los  juzgadores  al  no  cumplir  con  tal  mandato,  violaron  el derecho de defensa  “pues se priva al sindicado de elementos que tienen  incidencia  nada  menos  que  para  la  dosificación  de  la pena en el caso de  estudio  y  sobre  todo  para  determinar  si  es  procedente  la condenación o  absolución.”   

Señala como normas violadas los artículos  7°,  inciso  segundo,  232, inciso segundo, 207, inciso tercero y 306  del  Código  de  Procedimiento  Penal; 5, 9, 13, 15 y 20 del Código Penal; y, 29 de  la Constitución Política.   

Solicita se case la sentencia, se revoque el  fallo  condenatorio  de segunda instancia y se decrete la absolución a favor de  MANUEL MARÍA REYES ÁVILA.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.   El  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000),  establece  que  la  casación  procede  por  delitos  que tengan  señalada  pena  privativa de la libertad cuyo máximo exceda de ocho (8) años,  aún   cuando   la   sanción  impuesta  haya  sido  una  medida  de  seguridad,  procedibilidad  que  se  extiende a los delitos conexos, aunque la pena prevista  para éstos sea inferior.   

Conforme  a  lo dispuesto en los artículos  60,  numeral  5°,  111,  112,  numeral  2°,  113,  numeral 2°, 114, 117 y 120  (lesiones    personales),    de   la   Ley   599   de   2000   (Código   Penal),   las   lesiones    personales   culposas   con  incapacidad  médico legal definitiva de 60 días con perturbación funcional de  carácter  permanente,  se  sancionan  con  pena de prisión de siete (7) meses,  seis  (6)  días  a  veinticuatro  (24) meses y multa de cinco punto dos (5.2) a  nueve  (9)  S.M.L.M.V.,  de  modo  que,  en el caso que se examina, la casación  común  es  improcedente,  pues la pena máxima para este delito no excede los 8  años de prisión.   

2.  Por  tanto,  sí  era  necesario que el  impugnante  acudiera a la casación excepcional, en los términos del inciso 3°  del   artículo   205   del   Código   de   Procedimiento   Penal  (Ley   600   de   2000),  expresando  la  necesidad  de  su  admisión  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la  garantía  de  los  derechos fundamentales que hubieren sido transgredidos en el  trámite  ordinario  del proceso, únicos motivos por los que puede ser acogida,  correspondiendo  decidir  a la Corte, en ejercicio de la discrecionalidad que la  ley le otorga, si la acepta o rechaza.   

Se  trata  de  dar  a conocer a la Sala las  razones  por  las  cuales  el  demandante  piensa  que  el  recurso de casación  excepcional  debe ser admitido, motivos que no siempre pueden confundirse con el  desarrollo  de  los  cargos  concretos  que se eleven por alguna de las causales  contra  el  fallo  de  segundo  grado, pues si así fuere, no existiría ninguna  diferencia     entre     la    casación    discrecional    y    la    casación  corriente.   

Ello  implica  que  el  estudio  acerca del  aspecto   formal   de  la  demanda  se  efectuará  a  posteriori,  siempre  y  cuando  previamente la Corte  haya  arribado  a  la  conclusión que es necesario tramitar, por excepción, el  recurso  extraordinario  en  pro  de  las garantías fundamentales o con miras a  desarrollar la jurisprudencia.   

3. Cuando se aboga por la efectividad de los  derechos  fundamentales,  al  recurrente le corresponde identificar la garantía  objeto  del  quebranto  denunciado,  así como la norma superior que la protege,  y  vincular  su  afectación  con las actuaciones del  respectivo   proceso;  esto  es,  señalar  en  forma  específica  en  qué  consistió la vulneración alegada y encausarla dentro de  un motivo de casación.   

En    lo    relativo    al   desarrollo  jurisprudencial,  es  deber  del impugnante indicar si lo pretendido es fijar el  alcance  interpretativo  de alguna disposición, o la unificación de posiciones  disímiles  de  la Corte, o el pronunciamiento sobre un punto concreto que hasta  ahora,   jurisprudencialmente  no ha sido desarrollado, o la actualización  de  la  doctrina,  al  tenor de las nuevas realidades fácticas y jurídicas; y,  además,   es  preciso  resaltar  la  incidencia  favorable  de  la  pretensión  doctrinaria  frente  al  caso y la ayuda que prestaría a la actividad judicial,  por    trazar    derroteros    de    interpretación    auxiliares    de   dicha  actividad.   

4. Nada de lo anterior cumple el recurrente.  Antes  que expresar razones para la procedencia de la casación discrecional, lo  que  hace  es solicitar por favorabilidad la aplicación del artículo 181 de la  Ley  906  de  2004  y  a  través  de éste, viabilizar la admisión del recurso  extraordinario,  el  cual opera contra todas las sentencias de segunda instancia  producidas    bajo    esa    ritualidad    sin    importar    el    quantum  punitivo  establecido  por  el  legislador para el correspondiente delito.   

No  obstante  esta Corporación5  considerar  que  los  preceptos  instrumentales  encargados  de  regular  los  mecanismos de  impugnación  detentan  la  calidad de normas de contenido sustancial, lo que en  un  primer  momento  haría viable aplicar por favorabilidad en el presente caso  regido  por  la Ley 600 de 2000, la ritualidad establecida en la Ley 906 de 2004  como  lo  demanda el impugnante, también ha hecho precisión con relación a la  comprensión  de  la  carencia  de  la  condición de ley más favorable a ésta  última, con relación  la primera.   

En    el    asunto   que   ocupa     la    atención    de    la  Corte,    se    tiene  que,  contra  el  acusado  MANUEL  MARÍA  REYES  ÁVILA  se  profirió  sentencia  de  primera  y  segunda  instancia   por  el  delito  de  lesiones  personales  culposas,  conforme  a  los  hechos  ocurridos  el  24  de  julio  de  2005  en el  Municipio  de  El Espinal (Tolima), época para la cual en ese Distrito Judicial  se  encontraba  vigente  el  artículo  205  de  la  Ley 600 de 2000,   disposición   que   posibilita  la  casación  discrecional  contra  sentencias  de segunda instancia proferidas por  los  jueces del circuito con independencia de la pena establecida para el delito  por  el que se procede, y las dictadas por los Tribunales Superiores de Distrito  Judicial  y  el Tribunal Penal Militar, en los procesos por delitos que tuvieran  señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo no excediera de ocho (8)  años.   

De   preferencia   a   este  ordenamiento,  el    recurrente    propone   la   aplicación   por  favorabilidad  del  nuevo  Código  de  Procedimiento  Penal   –Ley   905  de  2004-  al considerarlo más  ventajoso.   

Con  relación  a  este aspecto y de manera  específica,  sobre  la  inexistencia  de  una  situación  más  beneficiosa al  acusado  en  las  disposiciones  de  la  Ley  906  de 2004, la Corte6  ya  se  ha  pronunciado y bajo idéntico contexto ha dicho:   

“3.  Si  se  pensara  en  que  la  nueva  normatividad  procesal –la  ley  906  del  2004-,  que  rige desde el 1° de enero del 2005, es menos odiosa  para  asuntos  como  este  porque no supedita el recurso a un límite punitivo y  porque  ya  no  distingue  entre  casación  ordinaria  y excepcional, bastaría  responder, en breve síntesis, que no es cierto, porque:   

Uno. En la nueva regulación, en todo caso,  cualquiera  que  sea  la  causal  aducida hay que vincularla íntimamente con la  prueba  de afectación de los derechos o garantías fundamentales, como lo exige  la parte final del artículo 181.   

Dos. De acuerdo con los artículos 180 y 184  del  mismo  estatuto,  una demanda que no demuestre la utilidad del recurso para  efectos  de alguna de las finalidades de la casación, no puede ser seleccionada  para  estudio  de  fondo del proceso. Dicho de otra forma, en la demanda se debe  comprobar   que  la  casación  es  trascendente  para  efectivizar  el  derecho  material,  para  hacer  respetar  las garantías de las partes, para reparar los  agravios  inferidos  por  la  justicia  y/o para unificar la jurisprudencia. Esa  trascendencia    la    tiene    que    evidenciar    el   casacionista   en   su  escrito.   

Tres.  Como  dispone  la  última parte del  artículo  183,  en  la  demanda  se deben presentar de manera precisa y concisa  tanto   las  causales  invocadas  como  sus  fundamentos.  Y  dentro  de  estos,  obviamente,  se  encuentran  incluidos  todos los temas atinentes a la guarda de  los  derechos  fundamentales,  aparte  de los tradicionalmente exigidos frente a  cada uno de los motivos de casación.   

Al  lado  de los anteriores argumentos, que  pueden  ser  tenidos  como  los  básicos,  existen  otros  también  de  enorme  importancia en materia de casación. Por ejemplo:   

Cuatro.  A  diferencia  de la normatividad  tradicional,  incluida  la  ley  600 del 2000, el nacimiento y el trámite de la  casación  en  el  nuevo  estatuto suspende los términos de prescripción, como  dispone su artículo 189.   

Cinco.   Si   antes   bastaba   con   la  presentación   de  la  demanda,  ahora  el  casacionista  debe  confeccionarla,  presentarla  y,  si  es  admitida,  tiene  que  sustentar  sus  afirmaciones  en  audiencia  pública  ante la Sala Penal de la Corte, y eventualmente responder a  todas  las  inquietudes  y dudas que sobre el recurso interpuesto y su contenido  le  puedan  plantear  todos o algunos de los magistrados integrantes de la misma  (inciso 4º, artículo 184).   

Seis.  Y  si se mira el punto en términos  aritméticos  que  repercuten  en el principio de celeridad, obsérvese cómo el  nuevo  estatuto  prevé  un  lapso máximo de 125 días para resolver el recurso  desde  el  momento en que se apersona del mismo la Corte (30 días, para decidir  sobre  admisión; 30 para la sustentación del recurso; 60 para dictar el fallo;  y  hasta  5  para  la  audiencia  de  notificación  del  mismo), mientras en el  anterior  el  término  total  no  excedería de 73 días (3, para admitir -o 10  para  inadmitir-; 20, para el procurador, 30, para registrar proyecto; y 20 para  decidir).   

De  este  modo, es claro que en materia de  casación    el    nuevo    Código    de   Procedimiento   Penal   -Ley  906  de  2004-, del cual se demanda  su  aplicación  por  favorabilidad  sobre  el  contenido de la Ley 600 de 2000,  antes  que  ser  benigno a los intereses del procesado resulta más severo, pues  merece  cumplir  mayores  exigencias  de  coherencia  argumentativa  aspecto que  per   se  conlleva  a  la  imposibilidad   de   acudir   a   tales  preceptos  para  predicar  so    pretexto   de   benevolencia   su  preferencia,  con  el  simple argumento de no exigir un mínimo punitivo para la  procedencia   del  extraordinario  recurso  aunado  al  de  la  inexistencia  de  discriminación entre casación ordinaria y casación excepcional.   

De  esta manera, le obligaba al libelista,  acudir  a  la  forma  discrecional,  defecto  ante  el  cual, es suficiente para  disponer la inadmisión de la demanda.   

5. Adicional a todo lo anterior, el escrito  de  sustentación  no  soporta  la  corrección  lógica  argumentativa al estar  construido   como   un   simple   alegato  de  instancia,  confuso,  carente  de  fundamentos,  contradictorio  y  transgresor  del principio de autonomía de los  cargos en casación.   

En efecto, la sola proposición del ataque  es  una  paradoja. El libelista alega la nulidad de lo  actuado  a  partir  de  la audiencia del juicio por la  violación  del  derecho  de  defensa,  soportado  en  la equivocada   asignación   persuasiva   a   elementos   de   convicción  por  parte  del  juez  de primer grado, en el entendido de  otorgarle  credibilidad  únicamente  al testimonio de  Blanca  Marina  Martínez  de  Medina, de quien dice no fue presencial;  y,  que  el  accidente,  se  debió  única  y  exclusivamente  a  la  imprudencia y  responsabilidad de la víctima.   

Desde esta visión particular de los hechos  por   parte   del  recurrente,  no  se  formula  una  temática  propia  de  ser  estudiada  en  esta  sede,  pues  su cometido no va más  allá  que  presentar  una  historia  diferente  a la  declarada  en  el  fallo,  con  la única finalidad de  prolongar   el   debate  probatorio,   el   cual   ya   fue  agotado  en  las  instancias.   

Si  el  deseo  del  censor era soportar la  controversia  en  la  equivocada  valoración  de  los elementos de convicción   por  los  falladores,  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación  de  manera pacífica ha reiterado que el  camino  adecuado  corresponde  a  la  vía  indirecta  de  violación  de la ley  sustancial    en    las  diferentes  especies  de  errores de hecho o de derecho, en las formas del falso  juicio   de   existencia,   identidad,  falso  raciocinio  o,  falso  juicio  de  convicción o legalidad, labor que el censor no emprendió.   

5.1.  De  otra  parte,  en  el escrito de impugnación se desconoce el  principio         de         autonomía,  definido  como la prohibición al  interior  de  una  misma  censura  para entremezclar ataques propios de causales  diferentes,  al tener cada una distintas características y parámetros lógicos  de    demostración    con    diversas    consecuencias   jurídicas7.  Es  que la  decisión  a  adoptar  por  la  Corte en caso de prosperidad del cargo formulado  contra  la  sentencia,  debe  compaginar  con  el  motivo  invocado  y  el error  aducido8.   

Esta falencia e inconsecuencia se verifica  en  la  demanda,  cuando  luego  de  alegar  el  reparo  por  nulidad fincado en  discrepancias  por  la  apreciación de las pruebas, solicita la invalidez de lo  actuado  a  partir  de  la  audiencia  del  juicio para rehacer el trámite; sin  embargo,  en la petición final del escrito, reclama de la Sala, la casación de  la  sentencia  para  en su lugar, emitir otra donde se declare la absolución de  MANUEL  MARÍA  REYES  ÁVILA, como si de convalidar lo primeramente expuesto se  tratara.   

Pero  inadvierte  el  censor, que también  como  motivo del reparo planteado, discute el desconocimiento de la garantía de  investigación  integral,  respecto  de  la  cual  y  de  prosperar, sus efectos  irradiarían  hasta  rehacer  la  actuación  desde  la  etapa procesal donde la  práctica   de   los   elementos   de   conocimiento   que  se  omitieron  fuere  pertinente,   perspectiva  en  la  que  resulta  consecuente  solicitar  la  expedición de una sentencia de reemplazo.   

Con  relación  a este ataque –investigación  integral-,  debe  destacar la Sala, que tampoco fue desarrollado, por tanto,  tampoco  demostrado,  pues  del  tema  sólo  se conoce su enunciado, como si de  lanzar  ideas  se  tratara,  a  la mejor forma de una exposición fragmentaria y  conclusiva.   

Basten  estos  motivos  para  inadmitir la  demanda.   

6.  En  cumplimiento  del  principio  de  limitación  propio  del  recurso  de  casación,  no  le  es  dable  a  la  Corte,  suplir  las omisiones  argumentativas  del  escrito  de  sustentación.  Por  tanto, no puede corregir,  complementar  o  de  cualquier  otra  forma  suplantar  al  casacionista  en  la  construcción  de  la  demanda;  no  obstante,  cuando  atendiendo los fines del  extraordinario   recurso   y   en  procura  de  la  defensa  de  las  garantías  fundamentales   deba   hacerlo,   evento   que   -se  repite- aquí no acontece.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1. Inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada    por    el   defensor   de  MANUEL MARÍA REYES ÁVILA,    conforme    a    lo    expuesto   en   precedencia.   

        2.   Contra  la  presente  decisión  no  procede recurso alguno.   

         

        3.      Cópiese,     notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al     juzgado    de  origen.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                                                 SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                              AUGUSTO J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                                     YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                      

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.     

1 Folio  52, cuaderno No. 1.   

2 Folio  165, cuaderno No. 1.   

3 Folio  168, cuaderno No. 1.   

4 Folio  242, cuaderno No. 1   

5 Autos  de  casación  de  16 de febrero de 2005, radicación No. 23006 y de 29 de junio  de 2006, radicación No. 24756.   

6 Auto  de casación de 23 de febrero de 2006, radicación No. 24109.   

7  Sentencia   de   casación   de   22   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  11963.   

8  Sentencia   de   casación   de   11   de   julio   de   2002,  radicación  No.  13988.     

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