33233(17-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     n.º  33233   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 190  

Bogotá D.C., diecisiete (17) de junio de dos  mil diez (2010)   

VISTOS  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de   casación   interpuesto   por   el  defensor  de  Walter    Ignacio    Oidor    Corredor   contra   la   sentencia  de  segunda  instancia    proferida    por    el    Tribunal    Superior    de   Bogotá,       el      4     de  septiembre  de    2009,  mediante  la  cual confirmó  parcialmente  la dictada por  el  Juzgado  Doce Penal del  Circuito    con   funciones   de   conocimiento   de  la    misma    ciudad,  el     18     de  junio    del  mismo  año, y  lo condenó a la  pena   principal   de  460  meses    de  prisión y  a  la  sanción accesoria de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de   derechos  y  funciones  públicas  por   un   plazo    de    20    años,   como   autor   de   las   conductas  punibles  de  homicidio          agravado y hurto agravado.   

Así  mismo,  lo  absolvió  del  cargo  de  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

HECHOS  

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“El  3  de noviembre de 2007 hacia las 11  a.m  en  la  oficina  Contador de Davivienda, calle 140 con carrera 19, la joven  Faride  Salinas  retiró $5.000.000 y los introdujo en su morral mientras WALTER  IGNACIO  OIDOR  CORREDOR  la  vigilaba y observaba desde distintos lugares de la  oficina sin realizar ninguna transacción financiera.   

“Faride  se retiró de la oficina, llamó  desde  su  celular,  detrás  de  ella salió de manera intempestiva OIDOR quien  también  hizo  una  llamada.  Un  vehículo recogió a Faride, se dirigió a la  carrera  46  con  calle  137,  cuando  ella  se  bajaba  otro sujeto la abordó,  forcejeó  con ella para quitarle el morral, ella opuso resistencia y gritó, el  sujeto  desenfundó  un  arma  de  fuego,  le  disparó a la cabeza, amenazó al  conductor  quien  intentaba defenderla, y huyó con el morral en una motocicleta  conducida  por  otra  persona  que  lo  esperaba al otro lado de la vía. Faride  permaneció  inconsciente  hasta  el 27 de noviembre, cuando falleció”.    

ACTUACIÓN  PROCESAL  

1.  Por  los anteriores hechos, la Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  contra Walter Ignacio Oidor Corredor por los  delitos  de  homicidio agravado, hurto agravado y fabricación, tráfico y porte  de armas de fuego o municiones.   

2. Celebradas las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral y anunciado el sentido del fallo, el  Juzgado  Doce Penal  del  Circuito  con  funciones  de conocimiento de        Bogotá,       18    de  junio de 2009, dictó     sentencia     de  primera  instancia en la que condenó  a  Walter  Ignacio  Oidor  Corredor   a   la   pena   principal   de  460  meses  de  prisión  y  a  la sanción accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  plazo  igual  a  la  privativa de la  libertad,  como  autor  de  las conductas punibles de homicidio agravado y hurto  agravado.   

Respecto al punible de fabricación, tráfico  y porte de armas de fuego o municiones no se pronunció.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el defensor, el  Tribunal     Superior     de    Bogotá,   el  4  de  septiembre  de  2009,  lo  confirmó   parcialmente,   en  la  medida  en  que  modificó  el quantum de  la  pena  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  fijándola en  un plazo de 20 años.   

Así  mismo,  absolvió  al acusado del  cargo  de  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego o municiones   

Contra  la anterior decisión, el defensor  de   Oidor   Corredor  interpuso recurso de casación.   

LA      DEMANDA   DE   CASACIÓN   

La  defensa  técnica,  al  amparo  de  las  causales  primera  y  tercera de casación, presenta tres cargos contra el fallo  del    Tribunal,    cuyos    argumentos    se   sintetizan   de   la   siguiente  manera:   

Primer cargo  

Basado  en  la  causal primera de casación,  acusa  al  sentenciador  de  haber  fundado el fallo en prueba de referencia con  desacato a lo consagrado en el artículo 381 de la Ley 906 de 2004.   

Luego  de  copiar  una decisión de la Sala,  agrega  que  el fallo de condena proferido en contra de su defendido se soportó  en  las  grabaciones  obtenidas  en  virtud  a las interceptaciones telefónicas  hechas  al abonado y al celular de su representado, sin que se hubiese realizado  el  correspondiente  cotejo  de  voces  a fin de establecer si la persona que se  comunicaba era Oidor Corredor.   

De  esta  manera  estima que el sentenciador  lesionó  las  garantías  constitucionales de su poderdante, motivo por el cual  la Sala debe realizar un control constitucional al fallo.   

Segundo cargo  

También  bajo  el  sustento  de  la  causal  primera  de  casación, advierte que el Tribunal al momento de proferir el fallo  de  segunda  instancia  no  respetó  lo  reglado  en  los  artículos  29 de la  Constitución   Política   y   6°,   inciso    1°,  de  la  Ley  906  de  2004.   

Manifiesta que los hechos por los cuales fue  condenado  su  representado  encajan en la descripción de coautor y no de autor  como desatinadamente se indicó en la sentencia recurrida.   

Reconoce que el juzgador de primera instancia  en   las   consideraciones   del  fallo  plasmó  que  la  intervención  de  su  representado  en  las  conductas  punibles  fue a título de coautor, pero en la  parte  resolutiva  se indicó que fue autor, decisión que fue confirmada por el  Tribunal.    

Como  quiera  que  uno  de  los  fines de la  casación  es el de reparar los agravios sufridos por las partes y con el fin de  efectivizar el derecho material, pide la intervención de la Corte.   

Tercer cargo  

Y,  por  último,  con  apoyo  en  la causal  tercera  de  casación, acusa al Tribunal de haber violado, de manera indirecta,  la  ley  sustancial  por error de hecho por falso juicio de identidad, yerro que  condujo  a  que  no  se  reconociera  la  duda  a favor de Oidor Corredor.    

Argumenta   que  dentro  del  juicio  oral  desfilaron  pluralidad  de  elementos  de  juicio  presentados  por la fiscalía  tendientes  a  demostrar  la  participación de su representado en las conductas  punibles  de  homicidio  agravado y hurto agravado, entre ellas, las grabaciones  telefónicas   obtenidas  de  las  interceptaciones  a  los  abonados  de  Oidor  Corredor.   

Advierte  que  constituye  un  desatino  del  sentenciador  que  hubiese  afirmado que las interceptaciones telefónicas no se  excluían  dentro  de  la actividad probatoria por cuanto eran lícitas y fueron  debidamente  introducidas en el juicio. Sin embargo, el censor discrepa de dicha  conclusión  en tanto no se realizó el correspondiente cotejo de voces a fin de  establecer si la que aparece allí era la de Oidor Corredor.   

De  manera  que  solicita  a  la  Corte  la  casación  de  la  sentencia  y,  por  lo  mismo, absolver a su defendido de los  cargos por los que fue condenado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1. En el nuevo sistema procesal, la casación  se  concibe  como  un medio de control constitucional y legal que procede contra  las  sentencias  dictadas  en  segunda instancia en los procesos adelantados por  delitos  cuando afectan derechos o garantías procesales.  Por lo mismo, ha  de  concluirse  que  este  recurso,  concebido  como  un control constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la Corte Suprema de  Justicia  como  Tribunal de Casación, según así lo prevé el artículo 235 de  la  Carta  y,  por  ende, guardiana de los fines primordiales contemplados en el  artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   lo   que    estatuye    la   citada   Ley   906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,  acredite la afectación de derechos o garantías fundamentales,   para    lo    cual    también    deberá   formular  y  desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Así,        “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro que por  razón  de  ésto  no  puede  llegar  a  entenderse  que  el  recurso  haya sido  morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las  partes  sin  referencia  a  ningún  parámetro legal, y que se convierta en una  fórmula  abierta para controvertir sin más las decisiones judiciales según el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su  amparo  pretenda  aducir,  y  la  debida fundamentación  fáctica  y  jurídica de éstos, además de la necesidad de acreditar cómo con  su  estudio  se cumplirán uno o varios de los fines de la casación”.1   

El   recurso   extraordinario   no  es  un  instrumento  que  permita continuar con el debate fáctico y jurídico llevado a  cabo  en  el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda clase de  cuestionamientos  a manera de instancia adicional a las ordinarias del trámite,  sino  que  debe  ser  un  escrito claro, lógico, coherente y sistemático en el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley, se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o de procedimiento en que haya podido  incurrir   el   sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia, para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la  existencia del vicio y, menos, lo conectó con los  fines  que  informan  la casación de acuerdo con el nuevo sistema consagrado en  la Ley 906 de 2004.   

Como  se  ha  venido diciendo, el recurso de  casación  fue  estatuido  para  denunciar  vicios  de  derecho  o  de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que le compete al demandante que postule el yerro a través de  las  causales  contempladas  para  el  efecto,  demostrando cómo el mismo logra  resquebrajar  el  fallo, al punto que se impone su quebrantamiento con el objeto  de  cumplir  con  los  fines  estatuidos  en  el  artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

La casación no es el escenario natural para  increpar  el  grado de estimación probatoria sino para denunciar los anteriores  vicios,  en  la  medida en que se trata de una impugnación de carácter rogada,  correspondiéndole  al  libelista  la  postulación del vicio y la demostración  del mismo frente a las plurales conclusiones adoptadas en el fallo.   

Recuérdese que cuando la censura se postula  por  la  vía  de  la  infracción directa de la ley sustancial, el casacionista  está  aceptando  que  los  hechos  y las pruebas declaradas como probadas en la  sentencia  fueron  correctamente  apreciadas,  razón  por  la cual el debate se  circunscribe  a  la  aplicación  del  derecho,  sin  que tengan cabida aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los elementos de juicio y del acontecer  fáctico.   

La  labor de demostración del vicio deberá  estar  sustentada en evidenciar que el juzgador seleccionó una norma que no era  la  llamada  a  gobernar  el  asunto,  que  omitió  otra  que sí resolvía los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal  o,  que  habiéndola  escogido  correctamente  le dio un alcance interpretativo que no se deriva del texto de la  ley.   

Y, en cuanto a la infracción indirecta de la  ley   sustancial  como  motivo  de  la  causal  tercera  de  casación,  débese  inicialmente  indicar,  contraria  a  la anterior, que se está aceptando que el  error  del juzgador ocurrió de manera mediata, es decir, en la elaboración del  juicio  de  hecho  derivado de errores en la apreciación de la prueba, falencia  que se ve reflejada en la aplicación del derecho.    

Así,  en  el  plano  de  la postulación el  casacionista  debe  enseñar  a la Corte  en qué consistió el error en la  apreciación  de  la  prueba,  es  decir,  si  fue  de  hecho o de derecho, como  también  el  falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es,  si  de existencia,  identidad, raciocinio, legalidad o convicción.   

Por último, debe evidenciar cómo el mentado  yerro  incidió  en  la  aplicación  del  derecho,  en  la  medida  en  que  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto o, se excluyó  otra  que  sí  resolvía  todos  lo  extremos  de  la relación jurídico   procesal.   

En consecuencia, si la demanda de casación  no  cumple  con  los anteriores parámetros de lógica y debida fundamentación,  sin duda, la decisión a adoptar es la inadmisión del libelo.   

En    lo    relativo   al   primer  cargo se advierte con claridad que  el  demandante  equivocó  la  vía para postular el vicio en sede de casación,  toda  vez  que  el mismo, por tratarse de un aspecto probatorio, debió fundarse  por la causal tercera de casación y no la primera como lo hizo.   

En  efecto, como quedó cabalmente reseñado  en  precedencia,  lo atinente al proceso de producción, aducción y valoración  de  la  prueba  se  debe  postular  en  esta sede a través de la causal tercera  reglada  en  el  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004. Ahora bien, teniendo en  cuenta  el  contenido  del  ataque  tal  yerro  constituye  un  error de derecho  derivado  de  un  falso  juicio  de  convicción,  dado  que  se  desconoció lo  preceptuado  en  el  artículo  381  de la misma ley referente a que el fallo de  condena no se puede fundar únicamente en prueba de referencia.   

De  todos  modos,  de  los razonamientos que  exhibe  el  casacionista  tampoco  se  advierte la existencia del mentado vicio,  puesto   que   el   mismo  está  fundado  sobre  la  credibilidad  dada  a  las  interceptaciones     telefónicas,    en    abierta    discrepancia    con    el  juzgador.   

Frente  a  este  punto  vale recordar que la  simple  disparidad  de  criterios  en  torno  al mérito dado a las probanzas no  constituye  vicio para ser postulado en esta sede, habida cuenta que el juzgador  goza  de  libertad  para  justipreciar  los  medios  de convicción allegados al  juicio  oral, sólo limitado por los postulados de la lógica, los principios de  la  ciencia  y/o  las máximas de la experiencia, cuya trasgresión sí se puede  atacar  a  través  de  la  causal  tercera y por la vía del error de hecho por  falso raciocinio, evento que aquí no ocurrió.   

Además,  en  el evento de haber existido el  vicio  tampoco  tendría  la  trascendencia  de  desquiciar  la sentencia, en la  medida  en  que  los  juzgadores  no  solo  se  apoyaron  para  concluir  en  la  responsabilidad  del  acusado  en  las citadas probanzas, puesto que revisado el  fallo  se  advertirá  que  las fundamentaciones también se infirieron de otros  elementos  de  juicio  y  que  no  fueron  objetos de controversia por parte del  censor.     

Respecto al segundo  cargo  que el libelista también postula por la causal  primera  de  casación,  lo  dejó  en  el  simple  enunciado,  toda  vez que no  demostró  un  perjuicio  en  contra  su  defendido  por  el hecho de haber sido  acusado como coautor y condenado por autor.   

Es decir, de los argumentos que presenta como  sustento  de  la censura el actor no pone en evidencia la existencia del vicio y  el perjuicio que le ocasionó el mismo.   

Además,  del  texto  del  fallo  de primera  instancia  se  advierte que el sentenciador se refería a la coautoría dada por  la división de trabajo que había entre los delincuentes.   

Y,     respecto     al    tercer  cargo  que  fundó el casacionista  por  la  vía de causal tercera de casación por error de hecho por falso juicio  de  identidad, como en el anterior reproche, no demostró su existencia, dejando  así  la  censura  a  mitad de camino y que, la Corte, en virtud al principio de  limitación que rige la casación, no puede entrar a complementar.   

En  vez  de  demostrar en qué consistió la  tergiversación  del  contenido  material  de la prueba al punto que se declaró  una  verdad  que no se deriva del texto de la probanza, arremete contra el grado  de  credibilidad  dado a las interceptaciones telefónicas bajo el argumento que  no  se  demostró  si  la  voz  que  aparecía  en  las  mismas  era  la  de  su  representado,    concluyendo    así    en   una   duda   a   favor   de   Oidor  Corredor.   

De  acuerdo  como  está  fundamentada  la  censura,  se  advierte  que  la  inconformidad  del  demandante  radica sobre el  mérito  otorgado  a  dicha prueba, confrontación de apreciaciones que, como se  sabe,   no   se   erige   en   un   vicio   para   ser   postulado  en  sede  de  casación.         

El libelista olvida que la sentencia llega a  la  Corte amparada por la doble presunción de acierto y legalidad, esto es, los  hechos  y las pruebas fueron correctamente apreciadas y el derecho estrictamente  aplicado,  presunción  que  sólo  se  derrumba  a  través  de las causales de  casación,  demostrando  el  yerro,  su  trascendencia  frente  a las decisiones  adoptadas  en  el  fallo  y  conectándolo  con  los fines consagrados para esta  impugnación     en     el     artículo     180    de    la    Ley    906    de  2004.            

Ante esa falta de claridad y precisión en la  formulación de los cargos, se impone la inadmisión de la demanda.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la medida en que contra la decisión de  inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  Walter   Ignacio   Oidor   Corredor   procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el  artículo   186  de  la  Ley  906  de  2004,  impera  precisar  que  como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su                   aplicación,2 como sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)    Es    potestativo   del    Magistrado    disidente,    del   que   no   intervino   en  los   debates   o   del  Delegado   del     Ministerio     Público     ante    quien    se  formula   la   insistencia,   optar  por  someter   el   asunto   a  consideración  de la Sala o no presentarlo  para  su  revisión,  evento último en que informará  de  ello   al   peticionario  en  un  plazo  de  quince   (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación presentada por el defensor  de   Walter   Ignacio   Oidor   Corredor,     por     las     razones    expuestas    en    la    anterior  motivación.   

De           conformidad   con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley   906   de  2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de insistencia en los términos precisados   atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        AUGUSTO   J.   IBAÑEZ   GUZMÁN           

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                             JAVIER     ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *