33013(23-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33013  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 198  

Bogotá,  D.  C.,  veintitrés (23)  de  junio de dos mil diez (2010).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Resuelve  la Sala el recurso de casación, interpuesto por el defensor de  EDGAR GALINDO FUQUEN, contra  el  fallo  proferido  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá1,         que        modificó2  la  sanción impuesta por el  Juzgado Dieciocho Penal del Circuito con Funciones de  Conocimiento  de  la  misma  ciudad, por los punibles  de   acto   sexual  violento  agravado,  en   concurso   heterogéneo   con  actos  sexuales  con  menor  de  14 años, agravado, en concurso homogéneo.   

H   E   C   H   O  S   

El  22  de  julio  de 2007, en el perímetro  urbano  del barrio Suba Salitre de Bogotá, exactamente en el sector de la calle  155C   No.   96-03,   el   inculpado   EDGAR  GALINDO  FUQUEN,   asió  al  menor  de  11  años  de  edad,  K.J.S3.,  lo  trasladó  a la cama, lo desnudó, amarró e inició contra  la    humanidad    del    infante    –quien         es         autista4-,  actos  libidinosos,  como  “introducirle  los  dedos en la cola”,   en   presencia   de   sus   dos   hermanos  F.D.Q.S5  y C.T.Q.S.,  de 9 y 5 años de edad.         

La  doctora  Rosa  Amelia  Sierra  Fajardo, Médico Forense del Instituto  de  Medicina  Legal,  declaró  en  el juicio que ella realizó los “informes  técnicos  sexólogos  a  los tres niños afectados”  en   donde  ellos   relataron   “claramente  como  fueron  víctimas  de  abuso  sexual  por parte de un señor al que conocen como  ‘maestro’, fueron coincidentes en asegurar que  K.J…  fue  desnudado  y amarrado a la cama”.    

A C T U A C I  Ó N    P R  O C E S A L   

1. El 11 de marzo de  2008,  ante el Juzgado Veintitrés Penal Municipal con  Funciones  de  Control  de  Garantías  de Bogotá, la  Fiscalía 289 Seccional  del  mismo  lugar,  solicitó  en  audiencia concentrada,  formulación  de  imputación,  legalización de captura e imposición de medida  de     aseguramiento,     contra    EDGAR    GALINDO  FUQUEN,    por    el    delito    de   “ACTO  SEXUAL  CON  INCAPAZ  DE  RESISTIR,  EN  CONCURSO CON ACTO  SEXUAL   VIOLENTO  Y  ACTOS  SEXUALES  CON  MENOR  DE  14  AÑOS,  AGRAVADOS”.  En la aludida diligencia se legalizó su captura y el  indiciado no se allanó a los cargos.   

2.  El 10 de abril  siguiente,   el   Fiscal  267  Seccional,      presentó      escrito      de  acusación,  el  cual  fue  asignado  al Juzgado   Dieciocho   Penal   del   Circuito   con   Funciones   de  Conocimiento,   funcionario  que  el  23  de  junio,  celebró  la  respectiva  audiencia de “formulación  de  acusación”,  en  la  cual  el Fiscal Seccional  decidió  excluir  de la calificación jurídica puntualizada atrás, el punible  de   acto   sexual   con   incapaz   de   resistir6;  el  9 de julio, realizó la  preparatoria  y el 13 de agosto del mismo año, inició el juicio oral, en donde  las  partes  exhibieron  sus  respectivas teorías del caso, controvirtieron las  pruebas  admitidas  y esgrimieron sus alegatos finales; luego de finiquitado, se  anunció  que  el  sentido  del  fallo  sería  de carácter condenatorio.    

3.   El  27  de  noviembre  de  2008,  el  Juez  profirió  la decisión anunciada, motivo por el  cual,     condenó    a  EDGAR  GALINDO  FUQUEN, a la  pena  principal  de 125 meses de prisión, como autor del delito de acto  sexual  violento  agravado, en concurso heterogéneo con actos  sexuales  con  menor  de  14  años, agravado en concurso homogéneo,  según  los  artículos  206,  209,  211, 2 y 4 de la Ley 599 de  2000.  Como  sanción  accesoria  lo inhabilitó para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por un lapso igual al de la pena privativa de la libertad y  por  daños  y  perjuicios  de orden moral, lo sentenció a pagar a favor de los  representantes  legales  de  los menores víctimas, 30 salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

4. El 4 de agosto de  2009,  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,                 modificó   los   numerales   1   y   2  de  la  sentencia recurrida  por  el  defensor,  motivo  por  el  cual,  le  impuso al procesado EDGAR  GALINDO FUQUEN 93 meses de prisión  y  la inhabilitación para el ejercicio de sus derechos y funciones públicas en  el mismo lapso.   

5.  El  día 6 del  mismo  mes  y  año,  la  magistrada  sustanciadora salvó parcialmente su voto,  porque     en    su    criterio,    debió    aplicarse    el    principio    de  favorabilidad.      

En  término  legal, el mismo interviniente,  inconforme  con  la  citada  decisión,  la  impugnó  en  casación mediante la  presentación  del  respectivo  libelo,  que fue admitido por la Sala y, una vez  concluido  el  trámite  de  rigor,  se  procede a dictar la decisión de fondo.   

D E M A N D A  

Fue  expuesta  en  un  cargo  por vía de la  causal 1ª del artículo 181 de la Ley 906 de 2004:   

Violación  directa  de  la  Ley  sustancial:   

El   Tribunal   incurrió   en  error  por  aplicación  indebida del numeral 4º del artículo 211 del Código Penal.    

Con base en lo anunciado, el Juez Colegiado,  suplantó  al  legislador  cambiando  el sentido de la norma, usó indebidamente  una  disposición  penal sustantiva (artículo 7º de la Ley 1236 de 2008) y, en  consecuencia,  vulneró  el  principio  de  non bis in  ídem,  pues  impidió  el  empleo  del  primer canon  citado.   

La  agravante  original  del numeral 4º del  artículo  211 fue derogada por la Ley 1236,  al  modificar  la  referida  circunstancia cuando la conducta se  realiza  sobre  menor  de  14  años;  siendo  idéntica  a  la configurada como  elemento  objetivo  del  delito  base  de acto sexual con menor de 14 años. Por  tanto,  deviene  esta  situación  inconstitucional  al  ser  valorada  la misma  conducta dos veces.   

Los   funcionarios   afirmaron   sobre  la  agravante,  que  no  era  viable  la aplicación del principio de favorabilidad,  pues  si  bien  el  legislador  incurrió en un error de técnica legislativa al  extender  la  “circunstancia  agravante  de 12 a 14  años”,  este  límite  formaba parte del tipo base  descrito  en  el  artículo 209 de la Ley 599 de 2000.  A pesar de vulnerar  la  prohibición  de  doble  incriminación  la  intención  del  legislador  de  endurecer  las  penas  en  aras  de  proteger  el interés superior del menor no  podía asumirse “exegéticamente”.   

Le  era  indispensable a la Sala mayoritaria  del  Tribunal  de  Bogotá,  proceder  en  la forma señalada por la Magistrada disidente en su salvamento de  voto,  quien indicó que debió darse aplicación al principio de favorabilidad,  “teniendo en cuenta la modificación legislativa de  extender  la  agravante  cuando la conducta se realice sobre persona menor de 14  años,  pero  (…)  por  violar  el  principio  del non bis in ídem no resulta  aplicable”.   

Como se presentó una aplicación indebida de  la  norma  sustancial,  se  deberá  excluir de la imputación tal circunstancia  agravante    que    traerá    incidencia    necesaria   en   la   dosificación  punitiva.   

Solicitó,   por   tanto,   CASAR la sentencia en el sentido invocado  y  hacer  el  descuento  proporcional  en  la cantidad de pena que represente la  agravante indebidamente aplicada.   

S U S T E N T A C I Ó N  

En  aquellas  actuaciones en las que la Sala  haya  admitido  demandas  que  reúnan  un mínimo de presupuestos o los hubiese  superado  conforme a sus facultades oficiosas, deberá continuarse el proceso en  esta  sede  extraordinaria,  con  base en lo dispuesto en el artículo 184 de la  Ley  906  de  2004,  donde  es  forzosa  la  concurrencia  de  los impugnantes y  facultativa  la  presencia  de  los no recurrentes para debatir la legalidad del  proceso,  en  armonía  con sus criterios legales y puntos de vista concentrados  en  el  sistema  de  derecho  penal  y,  como  es  obvio, dentro de los límites  jurídicos  proyectados  en  el  libelo  seleccionado;  siendo  ello  así,  las  siguientes  fueron  las  intervenciones  que  se  realizaron  en la audiencia de  argumentación  oral  del admitido recurso de casación:       

Recurrente:  

El  defensor  indicó  que  la  demanda  de  casación   presentada   a   favor  de  EDGAR  GALINDO  FUQUEN,  no requería ser explicada o ampliada, desde  ningún  punto de vista jurídico, porque ella cumplía los fines y perspectivas  con  los que fue elaborada, por tanto, informó, no insistir sobre la violación  de la ley sustancial por vía directa, allí tratada.     

No recurrentes:  

a)   Fiscal   Cuarta   Delegada   ante   la  Corte:   

En           primer   término  solicitó:  casar  de  oficio  el  fallo  recurrido,  por  cuanto  lo que está en juego es el interés  superior  de  los  niños,  la  prevalencia  de  sus  derechos,  su  protección  integral,  en conexión sustancial con los Convenios Internacionales ratificados  por  Colombia,  según lo dispone el artículo 193 de la Ley 1098 de 2004.    

En  su  concepto,  el Tribunal al revocar la  decisión   de   primera   instancia,   desconoció   el   inciso   d del artículo 20 de la Ley 294 de 1996,  en  el  entendido  que la “unidad doméstica tendrá  una  connotación  particular”  y, el canon 1 de la  misma  normatividad,  integra  el desarrollo del precepto 42 Constitucional, con  el  objeto de determinar un tratamiento completo sobre la base de las diferentes  modalidades de violencia familiar.   

Existe       una      “unidad  doméstica”  también en el  inciso  2º   del  artículo  211, “en donde no  hay   duda   que   hay   una  familiaridad  y  un  reconocimiento”,  también  por  el  daño  causado  a  los menores por los hechos  materia  de  juzgamiento y la calidad de “maestro no  se   le   dice   sino   a  una  persona  que  engendra  autoridad”:  este  elemento  no  fue  valorado  por  la  instancia  superior.   

A su turno, citó el artículo 42 de la Carta  Política,  las  Leyes 294 de 1996, 599 de 2000 y la 1098 de 2004, preceptos 192  y  193,  como  también  los  principios que rigen los derechos de los menores y  adolescentes,   motivo   por  el  cual,  la  última  normatividad  “debe   ser   aplicada   en   toda  su  integridad”.     

Ahora,   frente   a   la  pretensión  del  demandante,  la  Fiscal  es del criterio, que como el artículo 211, 4 de la Ley  599  de  2000,  estipuló  una agravante genérica para los menores de 12 años,  otro  tanto  hizo  la  Ley 1236 de 2008, 7, para las víctimas de 14 años hacia  abajo;  por  ello,  indicó que “hay dos condiciones  particulares  que  yo  quisiera mirar desde el punto de vista dogmático y desde  el   punto   de   vista   del   tipo   penal”.    

El   “tipo  penal”  imputado a Galindo  Fuquen,      se      encuentra      “descrito  en  el  artículo  208  de  la  Ley  599  de  2000”.  Con    base    en    esa   descripción   normativa  expuso:  Diríamos nosotros  en  términos  dogmáticos  que  es  un  tipo  penal  que  exige  sujeto  activo  cualificado  siendo  menor  de  14 años, esto implica  que  ya  el  legislador  ha  reprobado  el  comportamiento  cuando se realiza en  personas  que  ostentan  esta  condición   y  esta  calidad  o  esta  edad  7”.    

En punto de la Ley 1236 de 2008, “creo    que    frente    a    estos  criterios,  manejó  una  agravante  específica  de  considerar  mucho más grave, no solamente el comportamiento de las personas que  están  por  debajo  de  los  12 años, sino el marco temporal de los 14 años y  esto  en  un  bloque  automático  y  sistemático  de  la incorporación de los  derechos  de los niños, del Tratado de Beijín, de las conductas que significan  poner  a  un  adolescente  bajo  estos  comportamientos típicos que resultan en  grave  deterioro  psicológico  no  recuperable  en muchos de los casos frente a  esta víctima”.   

Anunció la Fiscal  Delegada,  que  no  le  asistía  razón jurídica al  demandante:  “Porque por mandato constitucional los  principios  fundamentales de los niños tendrán prioridad para protección y se  considera  que es más grave la conducta cuando se realiza en niños, trabajando  sobre  la  base de la Convención y sobre la base de la Convención niños (sic)  se  estipula  al  menor  de  18  años;  veamos  como  todavía  esta  agravante  es  discriminatoria  negativa  frente  a los Tratados  Internacionales,  pero  sí  está  contemplando  una  esencia  fundamental del legislador al decir: se agravará sobre estos supuestos  frente  al  comportamiento  de  los  infantes que trabajan sobre una minoría de  edad”.   (Subrayados por la Sala).    

Indicó que el sujeto pasivo (-14 años) y la  referida  agravante  concurren  en un mismo “límite  temporal”,  pues  en  las dos normatividades (Leyes  599  de  2000  y  1236  de  2008)  son  “especificas”.  Ahora  bien:  si  se  tiene presente la edad de los menores víctimas (11, 9 y 6  años),  “lo que implica  que   no   puede   haber   una  convocatoria  al  principio  de  aplicación  de  favorabilidad  cuando  la  ley  de  manera  previa, taxativa estaba contemplando  ésta  agravante,  en  12 años… cuando la agravante  específica  se  sitúa en los 14, y sería un trabajo que haría la Corte desde  el  punto  de  vista  dogmático, típico y de los elementos normativos del tipo  penal,  sentar  las bases normativas para hablar de una no violación al non bis  in  idem”,  lo  cual es una exigencia internacional  que los menores tengan siempre una protección superior.   

Por lo precedente, pidió casar oficiosamente  la  sentencia  atacada  y,  en consecuencia, rechazar el cargo propuesto en sede  extraordinaria,   si   su  pretensión  principal  no  es  aceptada.     

b) Procurador Primero Delegado:  

Sostuvo  que  la  agravante consagrada en el  artículo  7º  de  la  Ley  1236  de 2008, no era vigente para la época de los  hechos, los cuales ocurrieron en el 2007.   

Aclaró,  entonces, que la norma aplicada al  caso   en   estudio   fue   el   numeral   4º,   artículo   211,  “primigenio”,  no  la  modificación  que a éste precepto realizó la Ley 1236 de 2008, 7º.   

Luego  se  detuvo en la valoración punitiva  deducida  por  el  Juez  de  Conocimiento  y  la  modificación efectuada por el  Tribunal  de  Bogotá,  que  le redosificó la pena al considerarla “un  tanto  exagerada”, motivo por el  cual la dejo en 93 meses de prisión.   

Acto seguido expresó:  

“Por  lo  tanto,  pues,  en  todo  este  recorrido  desde  la formulación de la imputación, desde la formulación de la  pretensión  punitiva,  de  las  sentencias de primera y segunda instancia y los  términos  de  la  demanda  de  casación, extraña la  Procuraduría  esa  causal  enarbolada,  porque  cierta  y  definitivamente,  en  puridad,  no  existe;  así de manera un tanto impropia, las sentencias (sic) de  segunda  instancia  se  haya involucrado con el salvamento de voto, en una (sic)  consideraciones  de  la  edad  de  14 años, para cuando esas alusiones la (sic)  hace  el  Tribunal,  Señores  Magistrados,  cree  la Procuraduría, entiende la  Procuraduría,  que  está  aludiendo  al  elemento  normativo  del  tipo, en el  artículo  pertinente, porque es la edad de 14 años,  pero  lo  que  es  radicalmente  cierto,  en  puridad  procesal,  es  que la causal de casación enarbolada no existió, porque la pena  se  tasó  y  en  esa  medición  judicial  se  visualizó la agravante sólo en  términos  de 12 años de la edad de las víctimas; en  consecuencia,  la  Procuraduría,  a  través  de  la  Primera  Delegada para la  Casacón  Penal,  solita  de la H. Corte,  no casar la sentencia recurrida.   

c) Representante de las víctimas.  

Una vez se refirió a los hechos, al fallo de  segunda  instancia  y  a  la  descripción típica de los punibles atribuidos al  procesado     Edgar    Galindo    Fuquen,  artículos 206, 209 y 211 numeral 4º, indicó que el legislador  quiso  extender  el  límite  de  edad  a  14 años. No  obstante,   en  el  caso  materia  de  estudio,  los  acontecimientos  se  perpetraron en el 2007 y la Ley 1236 tuvo vigencia desde el  2008,  por  ello  no sería aplicable y sólo podría tenerse en cuenta aquellas  previsiones   por   favorabilidad,  las  que  tampoco  son  de  recibo  para  la  representante      de     las     víctimas,     por     cuanto     “este  principio  no aplica, no aplica  porque  se  debe tener en cuenta el ánimo del legislador en el momento de crear  la  ley;  su  intención  era  endurecer  la  pena (sic) en aras de proteger los  derechos  de  los  menores frente a los delitos sexuales, luego hay que tener en  cuenta    esa   interpretación   teleológica,   analizando   el   ánimo   del  legislador”.  (Todos  los  resaltados por la Sala).   

La   Constitución   Nacional,  por  ende,  garantiza  los derechos de los menores, como bien lo expresó la sentencia T-408  de  1996,  de  la Corte Constitucional, que explicó el concepto de “interés  superior”  de los niños,  fundado  en  una  protección  jurídica  específica y adecuada en “intereses prevalentes”.   

Al  instante se refirió a la enfermedad que  soporta    una    de    las   víctimas,   la   cual   dijo   era   “autismo”,   en   donde   explicó  “que  es  un  trastorno  en  el  desarrollo  de las  funciones  cerebrales  del  niño, que afecta sus posibilidades de comunicación  emocional  con  otras  personas  y  a  la  organización  de conducta en su vida  diaria”,  cuyas  características  principales  se  concretan  en su escaso lenguaje, la ausencia de respuestas y contacto físico y  visual,  entre otras. Lo anterior, para señalar la imposibilidad de la víctima  de  defenderse  ante una agresión sexual, no sólo por el hecho de ser menor de  edad,  sino  además  por sufrir la enfermedad anunciada; todo esto, en criterio  de  la  no  recurrente,  debe  determinar  a  la  judicatura para cuantificar la  respectiva pena de prisión.   

Con base en lo precedente, solicitó no casar  la sentencia del Tribunal de Bogotá.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

1.    Acotaciones    previas:   

a) La Corte advierte  que  al  haber  sido  admitida  la  demanda de casación en lo atinente al cargo  elevado,  se  superaron los  múltiples,   complejos   y   significativos   defectos  lógico  argumentativos  exhibidos  en  ella, con el exclusivo propósito de analizar en todo su contexto  las  posibles falencias a las  garantías   fundamentales   materializadas   en  las  instancias,  sin  que  lo  precedente  (casar  el  fallo  por ejemplo), irremediablemente desencadene en su  declaratoria,  máxime  si  se  constata  todo lo contrario; es decir, que no se  presentó  ninguna  afrenta  o  vulneración de entidad trascendente establecida  por la ley y desarrollada por la jurisprudencia.   

b) Con el inmediato  objeto   de   obtener  un  panorama  jurídico  integral  sobre lo acontecido, demandado y debatido en sede  extraordinaria  por  los  no recurrentes; se hace imperioso constatar sobre qué  bases  jurídicas  se  edificó  la acusación contra el inculpado (postulado de  congruencia)  y  cómo  tasaron  la pena impuesta los funcionarios encargados de  administrar  justicia (principio de legalidad), para luego decidir si en el caso  objeto   de   reflexión   es   imprescindible  aplicar  o  no  el  apotegma  de  favorabilidad  de  la ley, en cuanto a la infracción directa del axioma non bis  in ídem.   

2. Esencia del ataque propuesto.  

El  actor,  en  un  apretado  análisis,  se  refiere  a diversos argumentos, los cuales para evitar mayores confusiones, dada  su  miscelánea composición, se compendiarán tal y como él los desarrolló en  el ataque:    

“Esto  es  el  sentenciador  de  segunda  instancia  bajo  el  pretexto  de auscultar el espíritu de la ley, suplantó al  legislador  cambiando  el  sentido  claro  de  la  norma  y  por  ende aplicando  indebidamente  una  norma  penal  sustantiva  (art.  7  de  la  Ley 1236 de 2008  modificatorio  (sic)  del  art.  211-4  del  C.P.) que en realidad por violar el  principio  de  non  bis  in  idem o la prohibición de juzgar dos veces el mismo  hecho,  resulta  inane  y  a  la  vez  neutraliza  e  impide  la aplicación del  primigenio  artículo 211-4 Código Penal por la equivocación del legislador al  estructurar  una  misma  circunstancia  (la  edad  de  14  años)  como elemento  objetivo  del  tipo  y  a  la  vez  como  agravante  (arts  209  y  art.  7  Ley  1236/08).   

En otras palabras, la agravante del original  artículo  211 numeral 4 del Código Penal fue derogado por el artículo 7 de la  Ley  1236/08  que al modificar la circunstancia de agravar la conducta cuando se  realizare  sobre  menor  de  14  años,  lo  cual  resulta  idéntica a la misma  circunstancia  que  como  elemento  objetivo  del delito base de Acto Sexual con  menor  de  14  años,  por lo que deviene inconstitucional al ser valorada de la  misma circunstancia dos veces”.   

Indicó  después,  que  el  Tribunal debió  aplicar:   

“(…)   el  principio  de  favorabilidad  teniendo en cuenta la modificación legislativa de  extender  a la agravante cuando la conducta se realice sobre persona menor de 14  años”.   

En el párrafo inmediatamente señalado, el  censor  le  adicionó  la  negativa  del  Juez  Colegiado,  para  aprovechar  el  beneficio, lacónicamente peticionado:   

“Pero que a su  vez  por  violar  el  principio  de  non  bis in idem no resulta aplicable, y en  conclusión  tampoco  se podría aplicar el originario artículo 211 numeral 4º  pues  una  norma  posterior,  de  suyo inane por el defecto particular señalado  solo   para   esa   conducta  base  la  modificó  y  por  ende  resultaba  más  favorable”.   

3.  Actuación  en  instancias:   

a) Fiscalía:  

El  10  de  abril  de  2008, el Fiscal   267   Seccional   de   Bogotá,  presentó     el    correspondiente    escrito    de  acusación, en donde afirmó que:   

“la  conducta  desplegada  por  EDGAR  GALINDO  FUQUEN, conforme a la situación facta (sic) se  adecua  por  ahora a la Calificación Jurídica Provisional al artículo 206 del  C.  P.  AGRAVADO  ART.  211  Numeral 2 y 4, en concurso heterogéneo Art. 31 del  C.P.,  con  Actos  sexuales  con  menor  de  catorce  años,  Agravados  Art 211  numerales    2   y   4”.   (Subrayado   fuera   de  texto).   

El  23  de  junio siguiente, ante el Juzgado  Dieciocho   Penal   del   Circuito   de   la   misma  ciudad,  la Titular del Despacho, declaró abierta la  audiencia     pública    para    formulación    de  acusación;  en  tal  acto  procesal,  el  Fiscal 267  asignado  al  caso,  indicó que era su intención aclarar y corregir el escrito  de  acusación,  y  cuando  se  le  otorgó la palabra para tal efecto, indicó:   

“La  situación  fáctico jurídica es la  misma…  La  calificación  jurídica  es la de ACTO  SEXUAL  VIOLENTO  en  el  niño  K.J.S.,  en  concurso  con  ACTOS  SEXUALES por  presenciar  éstos  actos los menores F.D.Q.S. y C.TQ.S., esto es artículos 206  del  Código  Penal,  concordante  con  el 209, ambas conductas agravadas por el  artículo 211 numerales 2º y 4º”.   

    

Se  tiene,  entonces,  que en atención a la  calificación  jurídica,  el  instructor  suprimió  el  delito de acto   sexual  con  incapaz  de  resistir  formulado en la audiencia de imputación.   

b) Fallo de primera instancia:  

El Despacho judicial aludido, en atención a  los  punibles  por los que se acusó al inculpado Edgar  Galindo  Fuquen,  graduó  la  pena  de  la siguiente  manera:   

“Como se procede por concurso de conductas  punibles,  para  efecto de dosificación de la pena, se tomará la que establece  la  conducta más grave que es el acto sexual violento que prevé una pena entre  36  y 72 meses de prisión, cuyos extremos se modifican por virtud de la ley 890  de  2004,  al  ser incrementados en una tercera parte a la mitad, quedando entre  48  y  108.  Como la conducta es agravada,  esos  límites  punitivos  sufren  un  nuevo  incremento  de una  tercera  parte  a  la  mitad  y  se  tiene  un  nuevo rango de 64 a 162 meses de  prisión.   

Según las previsiones del artículo 61 del  Código  Penal,  una  vez  establecidos  los  extremos de la pena, el ámbito de  movilidad  punitivo  permitido  al  fallador  se  debe  dividir en cuartos, y al  proceder  a ello se encuentra que el cuarto mínimo va de 64 a 88.5, los cuartos  medios  de  88.5  a  137.5,  y  el  cuarto  máximo  de  137.5  a  162  meses de  prisión.   

Como a favor de EDAR GALINDO FUQUEN concurre  la  circunstancia  de menor punibilidad prevista en el numeral 1º del artículo  55  del  Código  Penal,  por  cuanto  no  registra  antecedentes  penales, y no  concurre  ninguna  de  las  circunstancias  de  mayor punibilidad prevista en el  artículo  58  ibídem,  para efecto de tasar la pena se ubicará el Despacho en  el  primer  cuarto  de  movilidad permitido al Juez, que como ya se dijo, oscila  entre 64 meses y 88 meses y 15 días de prisión.   

Ahora,  consultando  las normas rectoras de  los  artículos  3  y 4º  del Código Penal, en armonía con el inciso 3º  del   artículo  61,  no  se  partirá  del  mínimo,  atendiendo  la  gravedad  de la conducta, pues conductas como están (sic) tiene  serias  repercusiones  en  el  desarrollo  psico-social  en  los  niños que son  víctimas  de ellas y por consiguiente causan daños importantes, así como a la  intensidad  del dolo reflejada en la modalidad de la conducta, pues se aprovecho  (sic)  de  la condición de menores y sin miramiento alguno por la condición de  autista del menor K.J.S. lo  redujo  en  presencia  de  sus hermanos, con absoluto desconocimiento de valores  morales  en  aras  de satisfacer su libido, lo cual da lugar a que se le imponga  una  pena  dentro  del  respectivo  cuarto  punitivo,  cercana a su máximo, de 85 meses de prisión.   

Como  la conducta concurre con el delito de  actos  sexuales  con  menor  de  14 años agravado, en  concurso  homogéneo,  la pena de (sic) aumentará en 40 meses de prisión, para  un  total  de  ciento  veinticinco  (125)  meses  de  prisión,  la  pena que en  definitiva      debe      purgar     EDGAR     GALINDO     FUQUEN”.   

c) Sentencia de segunda instancia.  

Con  base  en  la dosificación punitiva, el  Juez Plural, adujo:   

“(…)  tiene  reparos   la   Sala   sobre   la  tasación  discrecional  efectuada  por  el  a  quo  tanto para determinar la pena por el delito más  grave  que  es  el acto sexual violento previsto en el artículo 206 del Código  Penal  agravado  por las causales 2 y 4 del canon 211  ibídem  cometido  en  la persona del menor K.J.Q.S.,  como  en  el  incremento por el punible concursal de actos sexuales con menor de  14  años  diverso  al  acceso  carnal  en  la persona del infante F.D.Q.S., por  cuanto  el  Juez no atendió en su integridad los criterios del artículo 61 del  Código Penal inciso 3º”. (…)   

Como fácil se advierte de la lectura de la  norma,  el  juez  para  imponer  la  pena  en concreto una vez ubicado el cuarto  correspondiente,  debe ponderar dichos factores globalizados, pero a su vez debe  tener  en  cuenta  otros  factores incidentes para la determinación de la pena,  como   la  carencia  de  antecedentes,  pues  si  el  individuo    carece   de   éstos   tendrá   un   tratamiento   punitivo   más  benigno,  o  puede  hacerse  acreedor  a  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena privativa de la libertad si además reúne las demás  exigencias   que   consagra  la  norma  y  otros  más  que  no  es  el  momento  desarrollar.   

Aunque  varios  de  esos  aspectos  fueron  analizados  por  el  Juez  para  llegar a la conclusión que la pena imponible a  EDGAR  GALINDO FUQUEN debía ser superior al mínimo, no se respetaron todos los  criterios  para la individualización de la pena, pues  no  obstante  referirse  a  la intensidad del dolo y la gravedad de la conducta,  los  cuales  esta  Sala  avala, dejó de lado el daño  real   creado,  la  naturaleza  de  las  causales  que  agraven  o  atenúen  la  punibilidad  la  necesidad  de  pena  y la función que ella ha de cumplir en el  caso   concreto,   además   ciertamente  la  carencia  de  antecedentes  revela  formalmente  que  es  la primera vez que el procesado incursiona en el delito lo  que  debe  verse  reflejado  en  una  cantidad  de  pena  menor  de quien sí ha  incursionado       en       el       delito       varias       veces.      

“En   estas  condiciones  y  por  no  concurrir  una  agravante del artículo 211 del Código  Penal8,  la  pena  imponible al procesado será reducida, acercándose la  misma  al  mínimo  del primer cuarto del delito base, esto es el de acto sexual  violento  agravado,  que  como  se  dijo  tiene  unos  extremos  punitivos  de 64 a 162 meses, con un ámbito de movilidad de 98 meses,  que  dividido  en cuartos arroja un mínimo de 64 a 88-5 meses cuartos medios de  88.5 a 137.5  meses y uno máximo de 137.5 a 162 meses.   

En  cuanto  al  delito  concursal  de actos  sexuales  con menor de 14 años agravado, los extremos  punitivos  con las modificaciones de la Ley 890 van de 64 a 135 meses, calculado  el  ámbito  punitivo y dividido en cuartos, nos arroja un primer cuarto de 64 a  81.75  meses,  los cuartos medios de 81.75 a 117.25 meses y un último de 117.25  a 135 meses de prisión.   

Atendiendo  los  criterios del artículo 61  del  CP  inciso  3º  se observa que la gravedad de la  conducta  es  significativa  por  el  severo  reproche  que  atentados  de  esta  naturaleza  generan  en  la  sociedad,  el  daño  real  creado  en cuanto a las  consecuencias  que  a  nivel  psicológico  se causaron a los menores K.J.Q.S. y  F.D.Q.S.,  la ausencia de antecedentes penales, la intensidad del dolo en cuanto  que  los  actos  se  realizaron  hasta  su  consumación,  aún en presencia del  hermano  autista, la supresión de un agravante y la necesidad de pena que EDGAR  GALINDO  FUQUEN  debe  afrontar  a  fin  de  que  se  cumplan  las  funciones de  retribución  y  de  prevención  general y especial, estima la sala que la pena  individualmente  dosificada  corresponde  a  68  meses  de  prisión.   

Ahora tampoco comparte la Sala el incremento  efectuado  por  el  delito  concursal, ya que si bien no desborda los límites a  que  se refiere el artículo 31 del CP., desconoce que  el      legislador      señaló     una     proporción     de     ‘hasta   en  otro  tanto´  donde  el  mínimo  debe ser de un día por ser unidad de pena más pequeña a imponer y si  la  que corresponde a EDGAR GALINDO FUQUEN por el delito base está cercana a la  pena   mínima,   la  cantidad  de  40  meses  no  es  proporcional   ni   necesaria,  a  más  de  que  la  dosificación  para  los  concursos  buscan  hacer menos gravosa la pena total a  cumplir.   

En  ese  orden  de ideas, se modificará la  sanción  en  el sentido de declarar que la pena imponible por el delito base es  de  68 meses a los que se le incrementará veinticinco (25) en razón del delito  concursal,  para un total de noventa y tres (93) meses  de  prisión  y  la  accesoria  de inhabilitación de  derechos   y   funciones   públicas   en   el   mismo   término   de  la  pena  principal”.   (Todos   los   resaltados   por   la  Sala).   

4. Problema jurídico planteado:  

Se  proyectó  en  sede  extraordinaria, una  posible  vulneración  al postulado de non bis in idem,  por  cuanto  las  instancias  condenaron al inculpado  EDGAR  GALINDO  FUQUEN, dos  veces  por  el  mismo  acto  antijurídico.  Concretamente,  cuando en un primer  evento,  los juzgadores acoplaron a su comportamiento, el injusto descrito en el  precepto  209  de  la  Ley 599 de 2000 y, en segundo lugar, sin apartarse de ese  contexto  punitivo,  se  le  agravó la misma conducta, con base en el artículo  211,  numeral  4,  (Mod.  L.  2636  de  2008,  Art. 4) de la citada normatividad  sustantiva;  los  cuales tienen en común la edad de 14 años de la víctima: en  el  primer canon se consagró -tal presupuesto- como elemento normativo del tipo  y  como  agravante  de  ese  proceder,  en  el último; motivo por el cual, debe  aplicarse  en  todo  su  contexto el postulado de favorabilidad de la ley penal,  degradando  las  penas  (principales  y  accesorias) impuestas en instancias, en  garantía de tal axioma.      

5.   Reflexiones  de  la  Sala:   

5.1.   Sobre  la  petición  de casación oficiosa elevada por la Fiscal  Cuarta Delegada:   

Desde  ya,  se  recuerda  que la formuló en  protección  de  los  derechos  de  los  menores  y  en busca de su salvaguardia  integral;  por  ello,  sostuvo que el Tribunal se equivocó al rebajarle pena al  inculpado,  en  franco  desconocimiento  del inciso d del artículo 20 de la Ley  294   de   1996,   que   habla   de   la   “unidad  doméstica”,  misma  que  también  se  halla en el  numeral  2°  del canon 211, que debió ser suprimida por el Juez Plural, por la  familiaridad,  el  reconocimiento,  el  daño  causado  a  los infantes y por la  calidad  de maestro que ostentaba el inculpado para con sus víctimas, porque le  fue  imperativo recordar que: “maestro no se le dice  sino   a   una  persona  que  engendra  autoridad”,  obediencia,  sujeción  y  acatamiento  de  sus  deseos  y órdenes; calidad que  tenía  el  procesado  sobre  ellos; todo en armonía con las Leyes 249 de 1996,  599  de  2000  y  1068 de 2004, artículos 192 y 193, garantías de los infantes  que  se  deben  aplicar  en  su  integridad,  sostuvo  la representante del ente  instructor.   

En  primer  término,  la  Ley  294 de 1996,  “tiene  por  objeto  desarrollar  el  artículo 42,  inciso  5o.,  de  la  Carta  Política,  mediante un tratamiento integral de las  diferentes  modalidades de violencia en la familia, a efecto de asegurar a ésta  su    armonía    y    unidad”.    

Así   mismo,   el   numeral  d,  artículo  20  de la Ley 294 de 1996,  informa:   

“Las autoridades de Policía prestarán a  la  víctima  de  maltrato intrafamiliar toda la ayuda necesaria para impedir la  repetición  de  esos  hechos, remediar las secuelas físicas y sicológicas que  se  hubieren  ocasionado  y  evitar  retaliaciones por tales actos. En especial,  tomarán las siguientes medidas:   

a)…  y;  d) Suministrarle la información  pertinente   sobre   los   derechos   de  la  víctima  y  sobre  los  servicios  gubernamentales   y   privados  disponibles  para  las  víctimas  del  maltrato  intrafamiliar”.   

Por otro lado, el Código de la Infancia y la  Adolescencia  (Ley  1098  de  2006),  en  los  artículos citados por la Fiscal,  consagra  los  “derechos  especiales de los niños,  las    niñas   y   los   adolescentes   víctimas   de   delitos”,  en donde los funcionarios deberán tener presente los principios  de  interés superior, la prevalencia de sus derechos, la protección integral y  los   derechos  previstos  en  los  convenios  internacionales  ratificados  por  Colombia.  Y,  en  el  canon 193 de la misma obra, se plasmaron los “criterios  para el desarrollo del proceso judicial de delitos en  los  cuales son víctimas los niños, las niñas y los adolescentes víctimas de  delitos”.   

Es  imperioso  manifestar que el Tribunal no  violentó  los  postulados  que  dice la Fiscal se desconocieron, por cuanto, el  interés  superior  de  los  niños víctimas de los punibles aquí juzgados, se  garantizó  desde  todo  punto  de vista jurídico, tanto así, que hoy por hoy,  pesa  sobre el inculpado una condena de prisión por los actos ilícitos por él  perpetrados,  no  se le concedió la suspensión condicional de la ejecución de  la  pena ni mucho menos la prisión domiciliaria. Así mismo, los niños durante  el   trámite   procesal  fueron  asistidos  por  profesionales  en  medicina  y  psicología, con el fin de resguardar sus derechos.    

En igual sentido, el resultado del incidente  de  reparación integral, es significativo si se tiene en cuenta que allí, para  condenar  al  acusado  Edgar Galindo Fuquen,    por   los   perjuicios   morales9    generados    con    las  infracciones,  se  basó  la judicatura, precisamente, en las normas que anuncia  la  Fiscal  Cuarta,  deben o debieron tenerse en cuenta respecto a esta clase de  actuaciones  y,  que al final, sí fueron aplicadas por el Juez, cuando afirmó:   

“Así,  acreditado  como  se encuentra la  existencia  de  un  vínculo  directo  de causa a efecto entre la agresión a la  libertad  y  el  pudor  sexual  de las menores víctimas y el daño que la misma  ocasiona  en  ellas pues fueron quienes sufrieron directamente las consecuencias  para  predicar  la  existencia de daños de carácter moral, por tratarse de una  conducta  repudiable  que reviste especial gravedad en tanto afectan la libertad  del  sujeto pasivo, mucho más cuando se trata de menores, dada la circunstancia  de  que  no  por  haber  logrado aún la plenitud de su madurez sicológica, les  resulta  imposible  comprender  a  cabalidad  el significado y alcances del acto  sexual  y  de  los que con él estén relacionados. No debe olvidarse que según  los  términos  del  artículo  44  de  la  Constitución  Política, los niños  ‘serán protegidos contra  toda  forma  de  abandono,  violencia  física  o moral, secuestro, venta, abuso  sexual,  explotación  laboral  o  económica  y  trabajos riesgosos’.  La  libertad  sexual es facultad y  derecho  de  elegir,  aceptar  o  rechazar  y  autodeterminar  el comportamiento  sexual,  con  necesaria  sujeción  a los conceptos éticos de la comunidad y al  respeto  de  los  derechos  ajenos  correlativos,  los  que evidentemente fueron  trasgredidos por EDGAR GALINDO FUQUEN”.   

Por lo anterior, fijó los perjuicios morales  en    30    salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes,   “teniendo  en  cuenta  que  fueron  tres  víctimas, es decir, 10  salarios  para  cada  uno,  que  el  sentenciado  EDGAR  GALINDO FUQUEN, deberá  cancelar  a favor de los progenitores de laS (sic) víctimas, sin que se otorgue  término  en  razón  de  que  no  se  reconoce la suspensión condicional de la  ejecución de la pena”.    

Entonces,  los  conceptos  fundamentales  de  verdad,  justicia y reparación, inherentes a los niños, niñas y adolescentes,  en  este caso, fueron garantizados como ordena la Constitución, las leyes y los  instrumentos  internacionales  aprobados por el Estado Colombiano, erigiéndolos  como   derechos  superiores  inalienables  para  cuando  ellos  sean  objeto  de  agresiones a su humanidad.   

Por  otra parte, el llamado por la Fiscal no  recurrente   “Convenio  de  Beijing”,  amén  que  no  lo  identificó  como era su deber pues de ellos  existe  una  gran  variedad,  tampoco  mencionó  cuáles  de  sus normas fueron  desconocidas  o  vulneradas con la acción judicial, ni mucho menos, especificó  los   temas   allí   tratados,   ni   procuró  informar  qué  dijo  la  Corte  Constitucional  sobre  él;  por  lo pronto, lo único que hizo fue relacionarlo  con  los  derechos  de los infantes víctimas de delitos sexuales, pues ese y no  otro  es  el  tema  por  ella  debatido  para  aceptar su propuesta de casación  oficiosa.   

Se  equivoca  la  funcionaria  aludida, pues  técnicamente    o,    mejor,    a    nivel   internacional,   el   “Convenio   de   Beijing”,   no  es  precisamente  un  Convenio,  tampoco  es un Tratado de Derechos Humanos, como lo  sostuvo  la Corte Constitucional en sentencia C-648 de 2009; sino un instrumento  que  tiene  carácter  vinculante  cuando se juzgue a menores delincuentes, más  conocido  como  “Reglas mínimas de Naciones Unidas  para  la  Administración  de Justicia de Menores” o  “Reglas  de  Beijing”,  aprobado  mediante  Resolución  40/33 de 28 de noviembre de 1985. Motivo por el  cual,  no  tiene ninguna relación el documento internacional citado por el ente  fiscal  con  el  caso  aquí  en estudio o con las menores víctimas de delitos,  sino    cuando   los   niños,   niñas   o   adolescentes   vulneren   la   ley  penal.   

Pretender la aplicación de los tipos penales  que  protegen  la  integridad  y  formación  sexual  de  los menores con efecto  extensivo  hasta los dieciocho 18 años, como lo propone la Fiscal Cuarta, rompe  con  el principio de legalidad del delito y de la pena, máxime si se fundamenta  en  las  citadas Reglas de Beijing, pues trastoca la esencia de la garantía que  intenta amparar.    

Por   ejemplo,   en  el  citado  documento  internacional,   se  dice  respecto  a  la  edad  de  los  menores  “delincuentes”:   

“En los sistemas jurídicos que reconozcan  el  concepto  de  mayoría de edad penal con respecto a los menores, su comienzo  no  deberá  fijarse  a  una  edad  demasiado  temprana  habida  cuenta  de  las  circunstancias    que    acompañan    la    madurez    emocional,    mental   e  intelectual.   

La edad mínima a efectos de responsabilidad  penal   varía   considerablemente   en   función  de  factores  históricos  y  culturales.  El  enfoque moderno consiste en examinar si los niños pueden hacer  honor  a  los  elementos  morales  y  psicológicos de responsabilidad penal; es  decir,  si  puede  considerarse  al  niño,  en  virtud  de  su discernimiento y  comprensión   individuales,  responsable  de  un  comportamiento  esencialmente  antisocial.  Si  el  comienzo  de la mayoría de edad  penal  se  fija  a una edad demasiado temprana o si no se establece edad mínima  alguna,  el  concepto  de  responsabilidad  perdería  todo  sentido.  En  general,  existe una estrecha relación entre el concepto de  responsabilidad  que  dimana  del  comportamiento  delictivo  o criminal y otros  derechos  y  responsabilidades  sociales  (como  el estado civil, la mayoría de  edad  a  efectos  civiles, etc.). 

Por   consiguiente,  es  necesario  que  se  hagan  esfuerzos  para  convenir   en   una   edad   mínima  razonable  que  pueda  aplicarse  a  nivel  internacional”10.   

“¿Cómo   se  definen  los  siguientes  conceptos según estas reglas: menor, delito y menor delincuente?   

“Un  menor es todo niño o joven que, con  arreglo  al  sistema  jurídico respectivo, puede ser castigado por un delito en  forma diferente a un adulto.   

Un delito es todo comportamiento (acción u  omisión)  penado  por  la  Ley  con  arreglo  al  sistema  jurídico  de que se  trate.   

Un menor delincuente es todo niño o joven  al  que se ha imputado la comisión de un delito o se le ha considerado culpable  de     la     comisión     de     un     delito11”.   

Cuestión   diversa   es  la  Convención   sobre   los   Derechos   de   los   Niños,  adoptada  por  la  Asamblea  General  de  las  Naciones  Unidas,  mediante  Resolución  44/25  del  20  de  noviembre  de  1989,  con la que pudo  confundirse  y mezclar la funcionaria con las Reglas de Beijing, por tratarse de  temas que tienen en común a los menores.   

Por     otro     lado,    –aunque  este tema lo expuso la Fiscal  Cuarta  Delegada  en  la  contestación  de  la demanda-, puede indicarse que su  dislate  es  aún mayor cuando trata de convencer a la Sala de que debe volverse  a  aplicar,  la  agravante consagrada en el numeral 2° del artículo 211, de la  Ley  599  de  2000,  -suprimida  por el Juez Colegiado-, que a la letra enseña:   

“El   responsable   tuviere   cualquier  carácter,  posición  o cargo que le dé particular autoridad sobre la víctima  o le impulse a depositar en él su confianza”.   

La  aludida  funcionaria para fundamentar su  premisa,   se   refirió  a  la  calidad  de  maestro  que ostentaba ante los niños el procesado, por ende,  afirmó:  “maestro no se le  dice  sino  a una persona que engendra autoridad”, y  obediencia  sobre  las  personas; sin embargo, aquí también, el discurso de la  Fiscal  Delegada  ante  la  Corte,  se  ofrece  ausente  de  claridad, ambiguo e  ininteligible:  primero,  por cuanto la motivación del Fiscal 267 de instancia,  para  imputar  la causal 2ª del artículo 211, del Código Penal, lo fue por la  presunta     confianza  depositada por los infantes en el inculpado y, jamás  como  lo  entendió  la  no  recurrente,  sobre la posición o cargo que le pudo  haber   generado   autoridad  frente  a  sus  pequeñas  víctimas  –supuesto  de  hecho distinto al de la  “confianza”; en segundo  término,  como  también se destacó en la actuación, el inculpado tenía como  alias  el  de “maestro”,  pero  de  obra,  más  no  profesor   académico  de  los  infantes,  pues  Edgar  Galindo  Fuquen,   era el encargado de hacer las  “reparaciones        locativas”  de  la  vivienda  donde  acaecieron los hechos y, por ello, se le  retribuía  su  trabajo,  permitiéndosele  pernoctar  en  el  inmueble  en  una  habitación por él construida.   

Así   lo   destacó   el  Tribunal:    

“Otra   de  de  las  circunstancias  de  agravación  punitiva  por  la que se acusó a GALINDO FUQUEN fue la contemplada  en  el  numeral  2º  del  artículo  211  de  la  Ley 599 de 2000 alusiva a que  ostentaba  cualquier  carácter,  posición  o  cargo  que  le  daba  particular  autoridad  sobre la víctima o lo impulsaba a depositar en él su confianza, sin  embargo,  la  Fiscalía  no  precisó  cuál  era la particularidad fáctica que  hacía  más  gravosa la conducta, pues aunque se sabe  que  GALINDO  FUQUEN  vivía  en  una  ‘pieza’  construida  por  él  en  la  casa de BLANCA SILDANA GARZÓN SÁNCHEZ, sin pagar  arriendo  a  cambio de efectuar todas las reparaciones locativas del inmueble, y  que  por  ello  lo  apodaban  “el  maestro”;  de ahí no se puede inferir la  circunstancia  fáctica  relevante capaz de configurar la agravante que consagra  la  ley,  toda  vez  que  en  últimas  se  trataba de un particular sin ningún  parentesco  con la familia de los menores, sin autoridad, posición o cargo como  para  presumir  que  por  tal  razón  ellos se vieran impulsados a despertar su  confianza.   

Denominador  común  en los casos de abusos  sexuales  en  menores  es  ese  principio  de  confianza  y  familiaridad con el  agresor,  con  relevancia suficiente como para que ellos consientan la relación  o  actos  sexuales,  sin  que  por  esto  deba,  inexorablemente  atribuirse  la  agravante de responsabilidad.   

En  tal  virtud  deberá  modificarse  la  sentencia  en  el sentido de declarar que la causal de agravación del artículo  211   2º    del   CP   no  será  atribuida  al  procesado”. (Subrayado fuera de texto).   

En  ese orden también se equivoca la Fiscal  Delegada   cuando   destaca   la   relevancia   del  principio  de  “unidad   domestica”  a  efecto  de  sobredimensionar  la  conducta  imputada al procesado, pues es nítido que éste  no  tenía  ningún  deber  derivado  de  alguna  condición  de  familiaridad o  parentesco,  más  allá  del  impuesto a todas las personas en relación con el  respeto a los derechos de los menores.   

En  punto  de  la  petición  de  casación  oficiosa,  para  finiquitar  este  apartado,  con  el inmediato fin de agravarle  nuevamente   la   pena   al  condenado  Edgar  Galindo  Fuquen,  con base en el numeral 2º del artículo 211  de  la  obra  sustancial tantas veces señalada, por cuanto, fue excluida por la  instancia  superior,  es  pertinente  aducir que la Fiscal aquí tampoco tuvo en  cuenta,  el  criterio  mayoritario  de la Sala, vigente desde el 22 de noviembre  del  año  2005, en donde predomina el axioma de prohibición de reforma en peor  sobre  el de legalidad de la pena, por ello, tampoco es procedente, oportuno, ni  viable, atender su solicitud como no demandante.     

5.2.      Aspectos      dogmáticos  específicos:   

a) El Diario oficial  número  44.097, el 24 de julio de 2000 publicó la Ley 599 y, en el título IV,  incorporó  los  delitos  contra  la libertad, integridad y formación sexuales,  dejando  en  el  capítulo  segundo,  comportamientos sexuales abusivos, como el  señalado    en    el    artículo    209:  actos  sexuales  con  menor de catorce  años, que a la letra dice:   

“Actos  sexuales  con  menores  de catorce  años.  El  que  realizare actos sexuales diversos del acceso carnal con persona  menor  de  catorce  (14)  años  o  en  su  presencia, o la induzca a prácticas  sexuales,  incurrirá  en prisión de tres (3) a cinco  (5) años.   

b)  El  precepto  aludido   fue   modificado   por   la  Ley    123612 de  2008,    el    23    de  julio,  artículo  5, divulgado en el Diario Oficial,  No.       47.059,  así:   

“Actos  sexuales  con  menores de catorce  años.  El  que  realizare actos sexuales diversos del acceso carnal con persona  menor  de  catorce  (14)  años  o  en  su  presencia, o la induzca a prácticas  sexuales,  incurrirá en prisión de nueve (9) a trece  (13) años”.   

c)  El  injusto de  actos  sexuales  abusivos,  se  consumó  contra los hermanos D.Q.S. y C.T.Q.S.,  quienes  presenciaron  las  bajezas  sexuales  del procesado contra la humanidad de su consanguíneo autista  de  11  años,  en  quien  se  perpetró el punible de acto sexual violento; los  otros  infantes  de 9 y 5 años, fueron espectadores de la conducta ilícita del  inculpado.  El acusado Edgar Galindo Fuquen  (sujeto activo indeterminado) se aprovechó de las circunstancias  especiales  (edad)  de  los  menores  ofendidos  (sujetos  pasivos en formación  biológica  menores  de  14  años),  cuyo  propósito fue someterlos a sus más  bajos  instintos libidinosos, mediante la manipulación carnal perpetrada contra  su  hermano  enfermo,  a quien se le invadió su libertad sexual; lo cual indica  que  son  tipos  penales  de  conducta  instantánea,  de  lesión y cuyo objeto  material  es  la  niña  o niño “menores de catorce  años”, se repite.    

d)  Teniendo  en  cuenta  que  las  infracciones  sexuales  objeto  de  estudio,  se consumaron el  22  de  julio  de  2007, en  principio,  la investigación y juzgamiento debe regirse por la Ley 599 de 2000,  vigente   para   la   época  de  los  hechos.  En  este  sentido,  no  le  aplica al inculpado el aumento de  pena  introducido  por  la  Ley  1236 de 2008, que reformó el Código Penal, en  algunas  de  sus  conductas  punibles,  relacionadas  con los injustos contra la  libertad, integridad y formación sexual.    

e)  Ahora bien: el  artículo  211,  dispuesto  en el mismo título pero en el capítulo tercero, de  la      obra     sustancial     citada,     disciplinó     las     circunstancias       de       agravación       punitiva:   

“Las  penas para los delitos descritos en  los   artículos  anteriores  se  aumentaran  de  una  tercera parte a la mitad”.   

Éstas se acoplan al punible, si concurriere  uno  o  algunos  de  los  seis  eventos  allí  descritos,  como el numeral 4º,  imputado por la Fiscalía y dosificado por los juzgadores:   

“Se  realizare  sobre      persona      menor      de      doce      (12)      años”.   

A  su  turno,  la  mencionada  Ley  1236  de 2008, modificó, entre otros  aspectos, lo concerniente a la causal en estudio:   

“Se  realizare  sobre      persona      menor      de     catorce     (14)     años”.   

f)  La  Sala ya se  había                  pronunciado13    sobre    los   efectos  inconstitucionales  de  una  alianza  normativa de esta estirpe, generada por la  aplicación   simultánea,   ya   sea   del  precepto  208  o  209  –uno  de los dos-, con el 211, 4, como  consecuencia  del  juzgamiento de un mismo injusto penal; pues con ese proceder,  se   vulneran   los   postulados   de   legalidad  de  la  pena  y  non  bis  in  ídem.   

En esa ocasión se expuso:  

“Es   cierto  que  la  aplicación  del  artículo  7º  de  la Ley 1236 de 2008 constituye una afrenta directa contra el  principio  constitucional  que  prohíbe  la  doble  incriminación por un mismo  hecho  –non bis in ídem-  pues  no  cabe  duda  que  la  modificación  que  el legislador introdujo en la  circunstancia  cuarta  de  agravación punitiva para los delitos previstos en el  título  IV  de los delitos contra la libertad, integridad y formación sexuales  resulta  inconstitucional frente a los delitos descritos en los artículos 208 y  209  del  Estatuto Penal, toda vez que las conductas punibles reguladas en estas  disposiciones  establecen  como elemento normativo del tipo en la condición del  sujeto  pasivo  de  la  infracción,  la minoría de 14 años, supuesto fáctico  idénticamente  considerado  en  la  nueva circunstancia de agravación punitiva  específica. (…)   

Como  se ve, hasta antes del 23 de julio de  2008  –fecha de entrada en  vigencia   de   la   Ley   1236-   no   existía   inconveniente   para  imputar  simultáneamente  alguna de las conductas descritas en los artículos 208 y 209,  y  la  circunstancia de agravación específica consagrada en el numeral 4º del  artículo  211,  pues  el  legislador  quiso  sancionar  con  mayor severidad la  comisión de tales comportamientos en personas menores de 12 años.   

Pero, con la modificación del agravante por  el  legislador,  dada  por la ampliación del ámbito de protección a todos los  menores  de  14  años, inadvirtió que antes que hacer más gravosa la conducta  para   quienes   abusaran  o  accedieran  a  menores  de  14  años,  infringía  directamente  la  Constitución  Política  al  sancionar  doblemente  una misma  situación fáctica.   

Siendo ello así, desde la expedición de la  Ley  1236  de  2008,  no  era  posible imputar esta circunstancia de agravación  específica  para  las  conductas  regladas  en  los  artículos  208 y 209, sin  afectar  seriamente el postulado constitucional de non  bis in ídem”.   

Justamente,  a  esta  conclusión  llegó la  Corte  Constitucional  cuando  el 4 de agosto de 2009, en sentencia C-521/09 ejerció el control abstracto de  constitucionalidad  sobre  el artículo 7º de la ley 1236 de 2008 y lo declaró  condicionalmente  exequible  en el entendido de que esa causal de agravación no  aplica  en  relación  con los artículos 208 y 209 de la Ley 599 de 2000; igual  que  en  la  sentencia  de  casación  citada, aquí también se hace pertinente  aludir a sus consideraciones:   

“Al  prohibir que una misma circunstancia  se  convierta  en elemento constitutivo del tipo penal y en causa de agravación  del  mismo,  el  principio  non bis in ídem persigue evitar que las causales de  agravación  se  impongan  de  modo  arbitrario  e  injustificado a quienes sean  responsables  de un delito. Los elementos constitutivos de una infracción penal  fundamentan  la  responsabilidad  penal.  Las  circunstancias de agravación, en  cambio,  modifican la responsabilidad penal. Por eso mismo las circunstancias de  agravación  se  justifican  en  la ley penal, cuando el ilícito es cometido en  determinadas  circunstancias  que  se  estiman  más  reprochables  porque,  por  ejemplo,  suponen  un  mayor peligro o lesión para el bien jurídico. De manera  que  no  es  justificable  una  agravación punitiva necesariamente imponible al  autor  del  delito,  pues  eso  supone  que en realidad no se aumenta la pena de  aquel  que cometa el comportamiento punible en ciertas circunstancias de tiempo,  modo  y lugar que demuestren una mayor lesividad del bien, sino que en todos los  casos   se   impondría   la  modificación  de  la  sanción  penal  imponible.  (…)   

Hechas las anteriores precisiones, la Corte  procede  a verificar si la norma demandada viola el derecho a no ser juzgado dos  veces por el mismo hecho.   

Inconstitucionalidad  del  artículo  211,  numeral  4°,  del  Código  Penal,  por  agravar  la  pena imponible a un hecho  punible,  en  virtud  de  una  circunstancia  que  ya  fue tenida en cuenta como  elemento constitutivo del tipo penal. (…)   

   

Tal  como  lo  señala el demandante, en el  caso  del  artículo  211,  numeral  4°, el legislador consagró como causal de  agravación  punitiva –que  la  conducta  recaiga  sobre  persona  menor  de catorce (14) años – una circunstancia que ya había sido  tomada  en  cuenta  como elemento constitutivo de los tipos penales contemplados  en  los  artículos  208  y 209 del Código Penal. De conformidad con las reglas  señaladas  en  la  sección  5  de  esta  sentencia,  la  norma infringiría el  principio  non bis in ídem, al desconocer la prohibición enunciada en el punto  5.2.4.,  al establecer simultáneamente como elemento  del  tipo  y  como elemento para agravar la pena de los tipos básicos, la misma  circunstancia  de  hecho: que la víctima sea una persona menor de 14 años, sin  que exista una justificación para ello.   

La norma cuestionada sería inconstitucional  porque  (i) el comportamiento agravado ofende el mismo  bien  jurídico  que  el  comportamiento  punible;  (ii)  la investigación y la  sanción  a  imponer  se  fundamentan  en  idénticos ordenamientos punitivos; y  (iii)  la  causal  de agravación persigue finalidades idénticas a las buscadas  con el tipo penal básico.   

En  consecuencia,  aplicar  la  causal  de  agravación  del  artículo  211,  numeral  4°,  a  quienes cometan los delitos  consagrados   en   los  artículos  208  –  Acceso  carnal abusivo con menor de  catorce     años-     y     209    –Actos    sexuales    con   menor   de   catorce   años–  viola el  derecho  fundamental  a  no  ser  juzgado dos veces por el mismo hecho (art. 29,  C.P.),  y  por  ese  motivo,  en  esas  circunstancias,  es inconstitucional. No  obstante,  como  quiera  que  la  causal  de agravación es aplicable también a  otros  artículos  del  Código  Penal  que no fueron  demandados  en  el  presente  proceso,  es  necesario  determinar  si  debe  ser  declarada  inexequible o si, por el contrario, procede declarar su exequibilidad  con algún condicionamiento.  (…)   

6.2.  A  juicio  de la Corte, como la norma  demandada  es  inconstitucional  si  se  aplica  a  los artículos 208 y 209 del  Código  Penal,  pero  no lo es si se aplica a los demás artículos del Título  IV,  en  este  caso  no  procede  la  expulsión  del ordenamiento de esta norma  hallada  inconstitucional.  Tampoco  es posible hacer una integración normativa  de  la  causal  demandada  con  los  artículos  que consagran los tipos penales  básicos,  ya  que  la disposición cuestionada tiene un contenido deontológico  claro,  y  puede  ser  entendida  y  aplicada  sin  necesidad  de  acudir  a los  artículos  205,  206,  207,  210  y 210A de la Ley 599 de 2000, tal como fueron  modificados  por  la  Ley  1236  de  2008 y adicionados por la Ley 1257 de 2008.  (…)   

En  suma,  los  delitos de acceso carnal en  menor  de  catorce  años y de acto sexual abusivo en menor de catorce años, en  su  misma  descripción  típica  indican  que  la  lesividad del comportamiento  punible  estriba  en  que  se perpetran en personas menores de catorce años. Si  esto  es  así,  ninguno  de  los  comportamientos  requiere ser agravado cuando  recaiga  en persona menor de catorce años, pues la agravación ya fue tenida en  cuenta  en  la  descripción  típica.  En consecuencia, desde un punto de vista  teleológico,  el artículo 211 numeral 4° del Código Penal es constitucional,  al  interpretarlo  en el sentido de que no está llamado a agravar conductas que  no  requieren  agravación puesto que ya de suyo la lesividad del comportamiento  fue  valorada  por  el  legislador  en el tipo penal.  Pero, además, desde una  perspectiva  sistemática,  el  artículo 211 numeral 4° tiene un efecto útil,  ya  que  tiene  aplicabilidad,  siempre  que sea posible, en presencia de alguno  cualquiera    de    los    demás   artículos   del   Título   IV.”  (Subrayado de la fuente).   

6. Caso concreto:  

a)   En   las  consideraciones  de la sentencia condenatoria, la magistratura sostuvo, respecto  a  la  Ley  1236  de  2008,  artículo     7,    lo  siguiente:   

“Sobre   la  aplicación  de  la circunstancia agravante de responsabilidad por el punible de  actos  sexuales con menor de 14 años, prevista en el artículo 11 (sic) numeral  4º  del  Código  Penal,  estima  la Sala mayoritaria que a pesar de haber sido  modificada   por  el  artículo  7º  de  la  Ley  1236  de  2008,  no  es  viable  aplicar  el  principio de favorabilidad,  porque si bien hay un yerro al considerar la minoría de edad de  14  años  tanto  en  la  descripción  de  la  conducta típica base como en la  descripción  de  la  circunstancia  agravante,  debe  tenerse  en  cuenta que el querer del legislador está orientado a endurecer las  penas  en  aras  de  protección  de  los  derechos de los menores en materia de  delitos atentatorios de su sexualidad.   

En  efecto, la ley al extender la agravante  de  menor  de  12  años a menor de 14 años tuvo en cuenta que dicho límite de  edad  es  un elemento de los tipos penales de acceso carnal abusivo con menor de  14  años  (art.  208)  y  actos  sexuales  con  menor  de  14  años (art. 209)  lo cual es un error de técnica legislativa que viola  el   principio   general   de   derecho   penal   de   prohibición   de   doble  incriminación.   

Como   la   norma  existe  y  debe  darse  aplicación,  no  es  posible una interpretación exegética o literal, sino que  debe  acudirse  a  la  intención del legislador encaminada a ampliar la edad de  las  víctimas  y  no a suprimir la agravante de la Ley 599 de 2000, se concluye  que  la  circunstancia  de agravación punitiva del artículo 7º de la Ley 1236  de  2008  está  vigente  cuando  las dos conductas en mención se realice (sic)  sobre   persona  menor  de  13  años”. (Resaltado fuera de texto)   

b)  Sobre  el  postulado  de  favorabilidad.   

En  el radicado 23.700 de febrero 9 de 2006,  la Corte afirmó:   

“El  principio  de  legalidad  que  como  postulado   constitucional   se   halla  previsto  en  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política  y  que  desarrolla  el  artículo 6° de la ley 600 de  2000,  tiene  su  expresión  en el apotegma alusivo a que una conducta no puede  considerarse  delito ni ser objeto de sanción si no existe una ley preexistente  al acto que se imputa que así lo señale.   

Conforme  a  él  no hay delito ni pena sin  ley,  por  lo  que se erige en una garantía fundamental que se manifiesta en la  prohibición  de  la  aplicación  retroactiva  de las leyes que crean delitos o  aumentan las penas.   

No  obstante  en  materia criminal rige el  principio  según  el  cual  la  ley  permisiva  o  favorable  preferirá  en su  aplicación  respecto  de  la  odiosa  o  restrictiva  aun cuando sea posterior,  postulado  de raigambre constitucional y legal que también opera a favor de los  condenados”.   

También en decisiones de 19 de julio de 2005  y 2 de septiembre de 2008 (23.930 y 25.979), expuso la Sala:   

“El  artículo  29  de  la Constitución  Política,  bajo  el  genérico  nombre  del  “debido proceso”, establece, entre  otros,  el  principio  y derecho fundamental de la legalidad preexistente de los  delitos  y  de las penas, en virtud del cual a nadie se puede imponer un castigo  que previamente no se encuentre establecido en la legislación.   

Como   inherente  a  esa  garantía,  se  establece  el  deber  del  funcionario  de  aplicar  la  disposición penal más  favorable  al  sujeto  pasivo  de  la  acción penal, cuando quiera que entre el  momento  de la comisión de la conducta punible y el del proferimiento del fallo  respectivo  exista  un  tránsito de leyes, circunstancia que impone al juzgador  la   carga   de   hacer   un   juicio   para  determinar  la  norma  benigna  al  acusado.   

De  allí deriva la obligación de aplicar  ultractivamente  la  norma  hoy  derogada  pero  que  regía en el momento de la  comisión  del  delito,  o retroactivamente la disposición actualmente en vigor  pero  que  no  lo era para ese momento, solución que estará dada según la que  resulte benéfica al sindicado”.   

c)   El  Juez  Colegiado,  a  pesar  de  entender que el legislador erró en la técnica con la  consagración  de la causal de agravación prevista en el artículo 7º  de  la  Ley  1236  de  2008,  por  violentar  el principio de non bis in ídem; a su  turno,  rechazó  de plano la aplicación favorable de tal precepto en beneficio  del  inculpado,  porque  “debe tenerse en cuenta que  el  querer  del  legislador  está  orientado  a  endurecer las penas en aras de  protección  de  los  derechos de los menores en materia de delitos atentatorios  de   su   sexualidad”.   

Pero  fue  más allá: concluyó que para el  caso  en  examen, la agravante contemplada en el artículo 7º de la Ley 1236 de  2008,     “está  vigente  cuando  las  dos  conductas  en mención se realice (sic) sobre persona  menor  de 13 años”.    

d)   En  primer  término,  es  innegable  aseverar  que no les asiste  razón  jurídica  a  ninguno de los funcionarios aquí reseñados: se equivocó  el  Tribunal de Bogotá, como también, la Fiscal Cuarta y el Procurador Primero  Delegados    ante    la    Corte,   por   las   siguientes   razones:   

(i) La circunstancia  de  agravación  aludida fue legalmente imputada en la acusación en vigencia de  la  Ley  599  de  2000,  incluso,  correctamente  deducida en el fallo de primer  grado,  pero  cuando  la aplicó el Juez Colegiado al caso de marras entendiendo  que  estaba vigente y acto seguido, le restó eficacia jurídica a la exclusión  de  la  misma,  porque en su concepto no era procedente aplicar la favorabilidad  de           la          ley          penal14;  no  se  percató  que  es  inconstitucional  la  utilización de esa dupla normativa cuando se trate de los  mismos  actos  antijurídicos,  por cuanto, participa de idéntica circunstancia  fáctica  el  precepto  209,  como  elemento  normativo  del tipo y el 211,4, se  repite, como agravante de la conducta.    

(ii) El postulado de  non bis in ídem, en esencia  restringe   la  potestad  sancionadora  del  Estado  al  edificar  un  dique  de  contención  constitucional  contra  el ejercicio desproporcionado de aumento de  penas;  por  tanto,  no  le  es posible a la judicatura fragmentar el injusto en  varias  tesis  delictivas  para erigir  múltiples eventos punitivos, ni le  es  permitido  –a ninguna  autoridad   legislativa,   judicial,   administrativa   o  gubernativa-  sopesar  idéntico  elemento  integrante del tipo penal y, a su turno, hacerlo valer como  circunstancia   agravante   de  la  infracción  con  efectos  claros  sobre  la  dosimetría;  pues, el axioma en estudio, forma una barrera de protección legal  de  garantía  para  el condenado contra una posible dupla punitiva, es por ello  que  se  encuentra  fundido  con el principio constitucional de legalidad de los  delitos  y  de  las penas al prohibir la doble valoración y, como consecuencia,  sancionar    más   de   una   vez   al   inculpado   por   una   misma   razón  fáctica15.          

(iii) La valoración  se  realiza con base en los parámetros fácticos desde la fecha de consumación  de  los injustos (22 de julio de 2007) a la de la expedición de la sentencia de  segundo  nivel  (4  de agosto de 2009), pues dentro de esos límites temporales,  se  presentó  el tránsito de las leyes 599 de 2000 y 1236 de 2008; por cuanto,  en  vigencia  de  la primera se realizaron los actos ilícitos y, de la segunda,  se profirió el fallo por parte del Tribunal.   

Siendo ello así, ¿Cuál es la normatividad  que  le  brindaría  más  beneficios en términos de exclusión o supresión de  punibilidad  al  condenado?  Sin  duda  alguna,  primero  se  aplica  al caso en  estudio,  el  artículo  7º  de  la  Ley  1236  de  2008, tal y como lo hizo el  Tribunal    y,   en   esas   precisas   condiciones   dogmáticas   –contrario a lo advertido por él-, se  vulnera   en  toda  su  comprensión  el  postulado  de  prohibición  de  doble  incriminación;  luego,  forzoso es, en segundo lugar, aplicar por favorabilidad  en  tracto  retroactivo  la  Ley  1236  de  2008,  por  ser más benéfica a los  intereses   penitenciarios  del  hoy  condenado  Edgar  Galindo  Fuquen, en cuanto tendrá que excluirse de la  dosificación  punitiva  efectuada  por los juzgadores, la agravante prevista en  el  artículo 211, numeral 4°, precisamente, por vilipendiar de manera abrupta,  el  postulado  de non bis in ídem, siendo coherente tal determinación, con los  derechos  constitucionales fundamentales consagrados en las normas patrias y con  los  criterios  jurisprudenciales  decantados  por esta Sala desde años atrás,  tal     como    se    ordenará    en    la    parte    pertinente    de    este  proveído.       

Aunque   el  Juez  Colegiado  estudió  el  contenido  normativo  del  artículo 7º de la Ley 1236 de 2008 y consideró que  este   precepto  violaba  el  principio  de  non  bis  in  ídem,  exhibió  una  hermenéutica      fragmentada     –igual  que  los  no  recurrentes- al ponderar en forma exclusiva la  norma  del  agravante  que  expresa  el “espíritu  del  legislador”,   en   el  sentido  de  endurecer  las  penas;  respecto  de  una  disposición   declarada  condicionalmente  exequible  frente  a  postulados  de  raigambre  superior  como  los  aludidos  principios  de  prohibición  de doble  incriminación y de favorabilidad.   

Es  imperativo  para  la Sala aclarar que no  desconoce  el  interés  superior  del  menor protegido plasmado en las diversas  codificaciones  nacionales e internacionales; no obstante, también entiende que  toda  norma  por  más  que  tenga  un  loable propósito, en esencia debe tener  límites,  mismos  que  son   impuestos  por  la  constitución,  como  los  consagrados  en  el  artículo  29  de  la Carta Política, los que no se pueden  desbordar  so pena de birlar las garantías fundamentales allí previstas.    

Si  el legislador estableciera, por ejemplo,  la  pena  de  muerte  para  los  infractores  de  los  injustos  que protegen la  integridad  y  formación  sexual de los niños, niñas y adolescentes, es claro  que  a  los  ojos  de  algún  sector  de la población podría resultar justo y  retributivo  el  castigo  para esa clase de victimarios; sin embargo, sería una  disposición  que al ser sometida al control de exequibilidad, no lo soportaría  en   la   medida   que   tal   sanción  está  expresamente  prohibida  por  la  Constitución,  en su precepto 11, al consagrar: “El  derecho  a  la  vida  es  inviolable.  No  habrá pena de muerte”.      

En  este  sentido,  no cabe ninguna duda que  para  el  Tribunal  de  Bogotá  y  los  no intervinientes, en el caso objeto de  reflexiones  jurídicas,  la  aplicación  de la circunstancia de agravación y,  con  ella,  la  prohibición  de  doble incriminación, no tienen reparo alguno,  pues   prospera   aquella  sobre  la  garantía,  respecto  a  hechos  ilícitos  perpetrados en vigencia de la norma.    

Luego,  el punto del debate gira sólo sobre  la  aplicación  o  no  del axioma de favorabilidad, porque a su juicio, para la  época  de  la  comisión  de  los delitos, existía la norma del artículo 211,  numeral  4º  de la Ley 599 de 2000, sin la modificación introducida por la Ley  1236  de  2008,  canon 7º, que admitía agravar la conducta para los menores de  12 años.   

Aunque esto último es cierto, la aplicación  simple  del  principio de favorabilidad, permite establecer que al expedirse una  norma  que  regula idéntico asunto, al ser ampliada legislativamente, ofrece un  tratamiento  punitivo  más  benigno  para  el inculpado, lo cual tiene también  respaldo  constitucional, como garantía fundante del debido proceso: gracia que  sería intolerable repudiar.   

Por  otro lado, afirmar que la circunstancia  de  agravación  punitiva  prevalece  cuando  la  conducta se produce en persona  menor  de trece (13) años, constituye una afrenta indebida, ilegítima y severa  intromisión  en  la facultad del legislador, pues impone su voluntad particular  por encima de aquél.   

El  Tribunal,  en  consecuencia,  no  podía  suplantar   al   legislador   y   establecer  nuevos  límites  de  edad  en  la  circunstancia  de  agravación punitiva (13 años), para lograr a su antojo, que  los  efectos  inconstitucionales  derivados de violentar el principio non bis in  ídem   frente   a  los  artículos  208  y  209  tantas  veces  aquí  citados,  transmutaran   con   el   fin  de  obtener  de  este  modo  el  restablecimiento  “legal” del agravante.  En  verdad,  se rompe el principio de separación de poderes, cuando el fallador  adecua  una  conducta  humana  a  un  supuesto  de  hecho  no reglado en la ley,  haciéndole  producir  efectos  penales  y  punitivos,  que quebrantan de manera  abrupta el postulado de legalidad.   

Además,  en  todo  caso,  el  monto de edad  establecido  por  el Tribunal (13 años), se ofrece caprichoso, pues nótese que  si  de  alguna  manera  hubiera  sido  coherente  con la aclamada intención del  legislador  de  endurecer  las  penas  teniendo  como  límite  los 14 años, la  propuesta  del  Juez  Plural, deja injustificadamente sin protección punitiva a  los  sujetos  pasivos en trance entre los 13 y los 14 años de edad.; por tanto,  auspiciar  un  ánimo  legislativo  en  estas  circunstancias,  controvierte  lo  pretendido  en  el  sentido  de  abarcar  mayores  penas,  porque deja impune el  comportamiento ilícito en ese lapso: un año.    

En la misma línea argumentativa, el Tribunal  también  modificó  la  pena  impuesta en primera instancia, teniendo en cuenta  que  no  se  abarcó en su integridad los criterios del artículo 61, inciso 3º  del  Código  Penal,  plasmados por el Juez, por cuanto en la individualización  de  la  pena “dejó de lado el daño real creado, la  naturaleza  de  las causales que agravan o atenúan la punibilidad, la necesidad  de  pena y la función que ella ha de cumplir en el caso concreto”.   

Sobre el particular, se recuerda qué dijo el  Juez de conocimiento:   

Ahora,  consultando las normas rectoras de  los  artículos  3  y 4º  del Código Penal, en armonía con el inciso 3º  del   artículo  61,  no  se  partirá  del  mínimo,  atendiendo  la  gravedad  de la conducta, pues conductas como están (sic) tiene  serias  repercusiones  en  el  desarrollo  psico-social  en  los  niños que son  víctimas  de ellas y por consiguiente causan daños importantes, así como a la  intensidad  del dolo reflejada en la modalidad de la conducta, pues se aprovecho  (sic)  de  la condición de menores y sin miramiento alguno por la condición de  autista del menor K.J.S. lo  redujo  en  presencia  de  sus hermanos, con absoluto desconocimiento de valores  morales  en  aras  de satisfacer su libido, lo cual da lugar a que se le imponga  una  pena  dentro  del  respectivo  cuarto  punitivo,  cercana a su máximo, de 85 meses de prisión.   

Como la conducta concurre con el delito de  actos  sexuales  con  menor  de  14 años agravado, en  concurso  homogéneo,  la pena de (sic) aumentará en 40 meses de prisión, para  un  total  de  ciento  veinticinco  (125)  meses  de  prisión,  la  pena que en  definitiva      debe      purgar     EDGAR     GALINDO     FUQUEN”.   

En  este  orden, de verdad, la equivocación  aquí  también  es  latente,  pues  si  bien  es cierto, olvidó el juzgador de  primer  nivel  algunos  presupuestos,  más  no  todos los que dice el Tribunal,  ellos  no  fueron  colmados  como  podría  entenderse  para  llenar  el  vacío  descubierto  por  la misma magistratura, sino expuestos sin ninguna explicación  adicional  a  la  de  la  simple  copia  del  Código, lo cual, es insustancial:  “la necesidad de pena que EDGAR GALINDO FUQUEN debe  afrontar  a fin de que se cumplan las funciones de retribución y de prevención  general  y especial, estima la sala (sic) que la pena individualmente dosificada  corresponde”.   

(iv) Ahora bien: la  Fiscal  Cuarta  pretende  que  no  se  case  el  asunto, en atención al límite  temporal  por  la  edad,  el  deterioro  psicológico  de los menores, el bloque  “automático    y    sistemático”  de  los  derechos de los niños y que por la circunstancia de ser  menores   de   12   años   para   el   momento   de  los  hechos,  “no  puede  haber  convocatoria  de  favorabilidad”,  por  ende,  le  corresponde  a la Corte realizar un “trabajo  dogmático…  típico  y  de  elementos normativos del  tipo”,  para  no tener como violado el postulado de  non bis in ídem.    

Debe  recordársele  a  la  Delegada  de  la  Fiscalía,   que   el   recurso   extraordinario  de  casación  es  rogado,  el  “trabajo”  como  ella  lo  denomina  tiene  que  realizarse por los extremos  procesales  inconformes  con  las  decisiones  judiciales, acatando la ley y las  mínimas  pautas  jurisprudenciales concebidas para cada ataque, y no le compete  a  la Sala, por esas razones, aceptar la amable invitación de la Fiscal ante la  Corte,  de desarrollar toda una explicación conceptual de un hecho que, hoy por  hoy,   se   encuentra   superado  por  decisión  mayoritaria,  como  atrás  se  indicó.    

Respecto  a  los  otros  puntos  por  ella  enunciados  en  su  intervención  como  no recurrente, algunos de los cuales ya  fueron  contestados,  se  tiene  que  sus  afirmaciones son solo eso: múltiples  aserciones  que jamás colmó de contenidos, por ejemplo, ¿a cuáles normas del  bloque  automático  y  sistemático se refirió?, ¿por qué en su concepto, la  agravante  es  discriminatoria  negativa?,  o  mejor,  el juicio de ponderación  construido  por  la Corte Constitucional que abarca también el aspecto positivo  de  segregación,  sobre  ésta  específica  temática:  ¿cómo  demuestra  la  vulneración  de  los  derechos de los infantes?, ¿cuál es su trascendencia en  el   caso   que   nos  ocupa?,  ¿exactamente  a  cuáles  normas  nacionales  o  internacionales  se  refirió?,  ¿mediante que decisión fueron acogidas por el  bloque  de  constitucionalidad?, y cómo se conjugan, analizan y ponderan, si se  quiere  al  amparo de algunos test de razonabilidad, para mantener una agravante  que  vulnera  el  principio de prohibición de doble incriminación, también de  estirpe fundamental constitucional.      

Huelga   decir,   no   obstante,   que  la  Fiscal  Cuarta, revela una  confusión   dogmática   manifiesta   cuando,   por  ejemplo,  afirmó  que  el  “tipo penal” por el que  se   condenó   a   Edgar  Galindo  Fuquen, consagrado  en  el  artículo  209  de  la  Ley  599  de  2000,  luego de recordar su exacta  descripción    típica,    expuso:    Diríamos  nosotros  en  términos dogmáticos que es un tipo penal  que  exige  sujeto  activo  calificado  siendo  menor  de  14  años”;   lo   cual  resulta  marcadamente  absurdo,  pues  el  menor  antes  que  ofensor es en cambio, sujeto pasivo de la  infracción  penal,  ya que es la víctima del injusto.   

Es deber de la Sala recordarle también a la  Fiscal  Delegada, que desde  ningún  punto  de  vista  jurídico se vulneran los derechos de los infantes al  aplicar   el  principio  de  favorabilidad  al  caso  objeto  de  estudio,  según  se  sustentó atrás, por  cuanto,  a  los  menores  se les cumplió con todas las prerrogativas judiciales  para  esta  clase de actuaciones, tanto así que la circunstancia de agravación  punitiva  que echa de menos la funcionaria fue aplicada frente al delito de acto  sexual  violento  previsto  en  el artículo 206 del Código Penal, el inculpado  fue  escuchado  y  vencido en juicio, por ello, se le condenó a purgar una pena  privativa  de  la  libertad, la cual no contradice las normas por ella aludidas:  es  decir,  demostrada la responsabilidad penal, por las infracciones consumadas  por  Edgar  Galindo  Fuquen,  quiere  significar  que  los  actos  ilícitos no quedaron en la impunidad y por  tanto,  el punto de examen en sede extraordinaria, es otro, como bien es sabido:  verificar  si  se vulneró la ley sustancial, con la expedición de la sentencia  del  Tribunal  de  Bogotá,  en punto de la agravante consagrada en el artículo  211, 4° del Código Penal.   

(v) En lo que atañe  al  señor  Procurador, su  petición  también  será  despachada  en  forma  negativa, primero, porque él  jamás  tocó el fondo del problema jurídico planteado en  forma fugaz por  el  demandante,  como  es  la  favorabilidad  y  menos aún explicó cómo puede  mantenerse  una  decisión  en franco vilipendio del axioma de non bis in ídem.  En  efecto,  la  base de su argumento, “la causal de  casación  enarbolada no existió”, por cuanto en su  concepto,  “en puridad”  de  verdad, no estaba vigente la Ley 1236 de 2008, pues no puede aprovecharse al  caso  en  estudio,  olvidando  la  viabilidad de orden constitucional de aplicar  retroactivamente  el aludido principio, cuando se presenta sucesión de leyes en  el tiempo.   

Como ese es, precisamente, el caso demandado,  la  Sala  procederá  a  casar  el  fallo  atacado  para en su lugar, excluir la  agravante  reproducida también como elemento integrante del tipo básico por el  que  se condenó al procesado, con el inmediato objeto de frenar la violación a  los  axiomas  en  exposición, pero con fundamento sustancial en el postulado de  favorabilidad   por   retroactividad,   pues  los  actos  antijurídicos  fueron  consumados   por   Edgar  Galindo  Fuquen, en vigencia de la Ley 599 de 2000.   

7. Redosificación punitiva:  

Previo  a  mudar  la  pena  por  virtud  del  principio  de  favorabilidad, es necesario destacar que el fallo expedido por el  Tribunal     Superior    de    Bogotá  se  contradijo  con  sus  propios  argumentos cuando modificó el  fallo  de  primer grado por parecerle excesiva la pena impuesta al hoy condenado  Edgar  Galindo  Fuquen y, a  renglón  seguido,  sostuvo en la nueva redosificación punitiva que la conducta  era  muy  “significativa por el severo reproche que  atentados  de  esta  naturaleza  generan en la sociedad, el daño real creado en  cuanto  a  las  consecuencias que a nivel psicológico se causaron a los menores  K.J.Q.S.  y  F.D.Q.S…  la  intensidad  del  dolo  en  cuanto  que los actos se  realizaron    hasta   su   consumación,   aún   en   presencia   del   hermano  autista”,   pues  como  éstos  fueron  sus argumentos para rebajar la sanción, en este apartado, la ha  debido  dejar  justo, como coherentemente la dedujo la Juez de conocimiento; sin  advertir,  además,  que  esta  última  apreciación es contraria a la realidad  vertida   en   el   proceso,   pues   el   “hermano  autista”  como  lo señala, fue víctima del delito  de      acto      sexual      violento,      más     no     lo     presenció      en      sus      dos  hermanos.   

Para  la  Sala  es evidente que el descuento  punitivo  realizado  por  el  Juez  Colegiado  con  los razonamientos plasmados,  resulta  del  todo  enigmático;  no  obstante,  la sentencia en este sentido se  torna  irreformable,  en  acatamiento  del  axioma de prohibición de reforma en  peor, mayoritariamente aceptado por esta Sala.   

Ahora  bien,  por  el delito de acto  sexual  violento  agravado, el Juez  impuso    a    Edgar    Galindo   Fuquen,  la  pena  de  85  meses  de  prisión  y  por  los  actos  sexuales abusivos con menor de 14 años agravados,  la  sanción  de  40  meses  de  prisión  para  un total de 125  meses.   

Por  su  parte,  el  Tribunal  de  Bogotá,  respecto  del  primer  punible  le  rebajó la pena a 68 meses, mientras que las  conductas concursales las redujo a 25 meses.   

Para  redosificar  la  sanción  penal  como  consecuencia  de  la  exclusión  del agravante consagrado en el numeral 4º del  artículo  211,  del  Código Penal, respecto del artículo 209 ibídem, se debe  individualizar  la  pena  para el delito de actos sexuales abusivos con menor de  14   años,   conforme   al   sistema   de  cuartos  previsto  en  el  artículo  61.   

Esta  infracción  tiene  prevista  pena  de  prisión  de  3  a  5  años, pero por el incremento dispuesto por la Ley 890 de  2004,    artículo    14,    ella    queda    determinada    de    4    a    7.5  años.       

En  ese  orden,  los  cuartos  punitivos  se  establecen de la siguiente forma:   

   

Pena                                                            :             Mínima             :               48     meses.   

Máxima              :               90     meses.   

Ámbito    de    Movilidad                          :         90 meses.   

Ecuación                                                         :                      90-48                    =42.                         42/4= 10.5.   

C U A R T O S  

Mínimo             

Medios             

Máximo  

48 a 58.5             

58.5,1   día   a  69             

69,1   día   a  79.5             

79.5,   1  día  a  90  

Sea lo primero precisar que ni el juzgador ni  el  Tribunal  respetaron  el  contenido  normativo  del artículo 31 del Código  Penal  vigente,  que exige para la tasación del concurso de conductas punibles,  la  previa  dosificación de cada una de las infracciones penales, lo cual en el  caso  concreto,  impide conocer el monto específico de pena a que habría lugar  por   los  delitos  en  concurso  heterogéneo  y  homogéneo.      

Entonces,  en segundo término, como el Juez  Plural  estimó  desproporcionados los 40 meses de prisión tasados por el A quo  respecto  de  los  injustos  concursales,  se  infiere  que  para  establecer la  correspondiente  reducción,  la  magistratura  se  limitó  a  tomar el extremo  mínimo  de  64  meses –de  la  modalidad  agravada  del  tipo  penal  209-,  para al final imponer un monto  inferior de 25 meses por ese concepto.   

Ahora,  al excluir el agravante, no se parte  ya   de   64   sino   de   48  meses  –mínimo  punitivo  del  delito de actos sexuales abusivos con menor  de  14  años-,  por lo cual, la proporción correspondiente, respecto de los 25  meses deducidos por el Tribunal, es equivalente a 18.75 meses.   

En  conclusión  el procesado deberá purgar  una  pena  de  prisión equivalente a 86.75  (68 –delito  base-  +  18.75)  o  86  meses y 22 días.  Y, en cuanto a la pena accesoria de inhabilitación de derechos y  funciones públicas, será por ese mismo lapso.   

Así  las cosas, de la mano del recurrente y  contrario  a  los  planteamientos  expuestos  por  los  intervinientes  en  sede  extraordinaria,     se     casará     el fallo motivo de impugnación.   

Con  fundamento en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de la  República y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:   Casar  parcialmente   la   sentencia   impugnada   por   el  defensor  de  EDGAR  GALINDO  FUQUEN,  de  fecha  4  de  agosto  de  2009,  expedida  por  el  Tribunal  de  Bogotá,  por  violación al  postulado    de    non   bis   in   ídem,     por     aplicación    del    principio    de    favorabilidad  por  retroactividad, tal y  como se motivó atrás.   

Segundo:   En  consecuencia,   condenar  a  EDGAR  GALINDO  FUQUEN, a la  pena   principal   de   86   meses   y  22  días  de  prisión,   por   los   delitos   de   acto   sexual   violento   agravado,   en  concurso  heterogéneo  con actos sexuales con menor de  14  años,  en concurso homogéneo, como se indicó en  la parte final del presente proveído.    

Tercero:  La   pena  accesoria  de  inhabilitación   de  derechos  y  funciones  públicas,  será  por  ese  mismo  lapso.   

Cuarto:  En   todo  lo  demás  el  fallo  atacado  permanece  incólume.   

Quinto:  Cópiese,  notifíquese,  cúmplase y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                                                              

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                               AUGUSTO   J.   IBAÑEZ   GUZMÁN           

        Comisión de servicio   

                                                                                          

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

                    

JULIO     ENRIQUE    SOCHA     SALAMANCA                                                                                                                    JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

                                                                           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 Las  decisiones   de   primera   y   segunda   instancia  se  profirieron  el  27  de  noviembre  de 2008 y el 4 de agosto de 2009, respectivamente.   

2 Los  numerales   1   y  2,  en  el  sentido  de  imponer  al  procesado  Galindo    Fuquen,   la   pena  principal  de 93 meses de prisión,  en  cambio  de  los 125 decretados en primera instancia, por cuanto para el Juez  Colegiado  “no  se  respetaron  todos los criterios  para   la   individualización   de   la   pena”  y  menos    aún   compartió   “el   incremento  efectuado por el delito concursal”.   

3  La  Sala,  en  garantía de los derechos de los menores, omite la identificación de  los  mismos,  atendiendo  el contenido de los artículos 33, 47, numeral 8 de la  Ley 1098 de 2006, Código de la Infancia y Adolescencia.   

4 “El  autismo es un trastorno del  desarrollo,  permanente  y  profundo.  Afecta  a la comunicación, imaginación,  planificación   y   reciprocidad   emocional.  Los  síntomas  en  general  son  incapacidad  de  interacción  social,  aislamiento,  esterotipias  (movimientos  incontrolados  de  alguna  extremidad,  generalmente  las manos).El autista  no  se  hace,  nace.  El  bebé  autista  puede  pasar  desapercibido  hasta  el  cuarto mes de vida, a partir de  ahí,  la  evolución  lingüística queda estancada, no hay reciprocidad con el  interlocutor,  no aparecen las primeras conductas de comunicación intencionadas  (miradas,  echar  los  brazos, señalar’)”.   Extractado   de  la  página  Web:  http://es.wikipedia.org/wiki/Autismo.   

5 En el  juicio  oral  sostuvo  el  menor F.D.Q.S. “es que lo  que  pasa  es  que  a  K.J,  se  le cayeron las pastillas y yo fui a recogerlas,  entonces  él  se  salió, y EL MAESTRO nos estaba llamando y nos empujo (sic) a  la  pieza  de  él  y  nos  empujó,  a  mi me quitó la ropa y me dejo (sic) en  pantaloneta  y a K.J. le quitó toda la ropa y lo acostó en la cama del maestro  y  lo  amarró  en los pies y en las manos, le metió el dedo en la cola, muchas  veces.  K.J  gritaba  y  se  movía  para  los  lados. Él decía que si seguía  molestando  él  cogía  y me pegaba”. Ver folio 52,  fallo segundo grado.   

6 Ver  CD respectivo.   

7 CD.,  casación, minuto: 15:15.   

8  El  Tribunal  excluyó la aplicación de la agravante consagrada en el numeral 2 del  artículo  211  de  la  Ley 599 de 2000, por cuanto consideró que no concurría  ninguna  condición  de  las  allí  previstas,  en especial, la formulada en la  acusación   sobre   la   confianza   depositada   por   los   menores   en   el  victimario.   

9 Los  materiales  no  fueron  objeto  de  pretensión  por  la  representante  de  las  víctimas.   

10 Ver  página                Web:                http://www.oijj/plantilla.php?pag=010200. Observatorio Internacional de Justicia Juvenil.   

11  Pág. Cit.   

12 Por  medio  del  cual  el  legislativo modificó “algunos  artículos   del   Código   Penal   relativos  a  delitos  de  abuso  sexual”  y  en  el   artículo  14  dispuso:  “La presente  ley  rige  a  partir  de la fecha de su promulgación y deroga las disposiciones  que le sean contrarias”.   

13  Corte Suprema de Justicia, ver radicado 32.972 (3-12-09).   

14  Igual  como  lo expusieron la Fiscal Cuarta y la representante de las víctimas,  para  quienes  tampoco  opera  el  axioma  de  favorabilidad, por cuanto, con la  expedición  de  la  Ley  1236 de 2008, y aún sin esta modificación, el querer  legislativo era endurecer las penas en los delitos sexuales.   

15 En  el  mismo  sentido,  Corte  Constitucional  Sentencias  C-554  (30-5-01),  T-575  (10-12-93) y Corte Suprema de Justicia: 19.814 (19-01-06).     

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