32766(10-02-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.° 32766  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 38   

Bogotá  D.C.,  diez (10) de febrero de dos  mil diez (2010).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  HÉCTOR  ALONSO LAVADO  HERNÁNDEZ,  contra  el  fallo  de  1°  de  julio  de 2009, mediante el cual el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó  la  sentencia  de primera instancia,  dictada  el  28  de agosto de 2007 por el Juzgado Veinte Penal del Circuito, que  lo  condenó  como  autor del delito de favorecimiento  de contrabando.   

HECHOS  

         Así fueron relatados por el Tribunal:   

“La Policía Fiscal Aduanera a través de  José  Mario Escobar Franco, funcionario de dicho organismo pone en conocimiento  la  existencia  de  la  ciudadana  Ana Luisa Gómez Fernández, persona esta que  aparece  como  socia  y  representante  legal de siete -7- empresas o sociedades  comerciales  que han sido utilizadas en la importación de mercancías por altas  sumas,  aconteciendo que en el decurso del proceso de indagación se estableció  a  la  postre  que  se trataba de empresas fictas, conocidas en el argot como de  ‘papel’         o        ‘fachadas’  que  fueron  creadas  con el único  propósito     de     ingresar     mercancías     al     territorio    aduanero  nacional.”   

Se  estableció  de  igual  manera  que  el  ciudadano  Raúl  Eladio  Ñustis  Beltrán,  persona esta que actuaba de manera  independiente  y  al  servicio del mejor postor, acudió a diseñar el mecanismo  para  crear  estas  empresas  fictas,  involucrando  a  miembros  de su familia,  personas  de escasos recursos económicos, para que a cambio de sumas irrisorias  concurrieran  a  notarías  de  esta  ciudad  para  la  creación  de las mismas  utilizando  sus  documentos  de  identidad; una vez efectuado ello, procedían a  inscribir  las  empresas  en  la  Cámara de Comercio y en la DIAN con el fin de  obtener  el  Nit.  Tributario, que les permitiría cumplir el propósito para la  (sic)  eran creadas, es decir, iniciar operaciones de comercio exterior bajo una  ‘fachada’  legal, explotándose de esta manera  la  razón  social  y  generándose  así daño a la administración pública en  cuanto  que a través de dichas empresas  se ingresó un número elevado de  mercancía.   

Informa el delegado fiscal que dentro de la  investigación  se  recibió  interrogatorio  al  señor  William  Julio  Campis  Alemán,  quien  en  presencia  de  su  abogado ilustró al ente investigador el  procedimiento  que  adelantaban estas personas, dentro del cual señaló a Saúl  Eladio  Ñustis  como  la  persona  que  hacía  estos trámites y que junto con  Héctor  Lavado  Hernández  adquirían  estas  empresas  que  a  la postre eran  utilizadas  para  importar  mercancías al país mediante la utilización de dos  procedimientos,  el  primero de ellos que es traer mercancías al país mediante  la  utilización  de  dos  procedimientos,  el  primero  de  ellos  que es traer  mercancías  al  país,  las  cuales  desaparecen posteriormente… y la segunda  modalidad  es  importar  mercancías, declararlas a menor precio, generando así  una  defraudación  a  las  rentas  de  aduanas  o declarando mercancías que no  corresponden  a las verdaderamente importadas. Por lo que se procedió dentro de  la  indagación a la judicialización de dichas personas, entre ellas, al señor  Alonso Lavado Hernández.”   

ACTUACIÓN RELEVANTE  

1.  El  11  de  enero  de  20071 en audiencia  realizada  ante  el  Juez  Veinte  Penal  Municipal  en  Función  de Control de  Garantías  de  Bogotá,  se  legalizó  la  captura  de  HÉCTOR  ALONSO LAVADO  HERNÁNDEZ,    la   Fiscalía   le   imputó   los   delitos   de   contrabando,  defraudación  a  las  rentas  de  aduanas,  falsedad  material  de  documento  público  agravado  por  el uso y falsedad en documento  privado,  los  dos  últimos  punibles  en  concurso  homogéneo  y sucesivo (artículos 319, 321, 287 y 289  del   Código   Penal),   atribución   rechazada  por  el  encartado;  y le fue  impuesta   medida   de   aseguramiento   consistente  en  detención  preventiva  intramural, cautelar que no fue recurrida.   

2.  El 9 de febrero siguiente, la Fiscalía  radicó  como  escrito de formulación de acusación2    un    preacuerdo    con  aceptación  de cargos por  el  imputado  HÉCTOR  ALONSO  LAVADO  HERNÁNDEZ  con  ocasión  al  delito  de  favorecimiento     de     contrabando  (artículo  320  del  Código  Penal).  Se  destaca  en  el  acta, que la nueva tipificación  realizada constituye la única rebaja en la pena.   

3. El 28 de marzo y 11 de abril, se celebró  la   audiencia   de   aprobación   de   preacuerdo3   donde  el  defensor  y  el  acusado  ratificaron  su  allanamiento; y el 8 y 25 de mayo, 29 de junio y 22 de  agosto,   se   verificó   el   incidente  de  reparación  integral4, fechas todas  del año que cursaba.   

4. El 28 de agosto del mismo calendario, el  Juzgado  Veinte  Penal  del  Circuito  de Bogotá con funciones de conocimiento,  emitió  sentencia  donde  condenó  a  HÉCTOR  ALONSO  LAVADO  HERNÁNDEZ como  autor5   del   delito   de  favorecimiento  de  contrabando  a  la  pena  de  treinta  (30)  meses de  prisión;  a la interdicción de derechos y funciones públicas por igual lapso;  multa  de  doscientos  ochenta (280) SMLMV; prohibición de ejercer la actividad  de  comercio  por  cuarenta y dos (42) meses; al pago de daños y perjuicios por  valor  de  tres  millones  ciento  sesenta  y seis mil ochocientos noventa y dos  (3.166.892.oo)  pesos;  al  considerar  la  conducta del acusado de “una  inusitada  gravedad  que  a  pesar de haberse concretado el  preacuerdo  a dos actos de importación ilegales únicamente toda la proyección  de  la  creación de las empresas fachada y la acción de una de ellas a través  de  las  diferentes  declaraciones  de  importación…  dan  un claro factor de  conocimiento  de  quien  es  cerebro de esos manejos irregulares en contra de la  comunidad  (sic)  del  estado,  así  que  con  ese factor subjetivo el despacho  encuentra”6,    declaró    inviable    suspender  condicionalmente   la  ejecución  de  la  pena;  y  le  concedió  la  prisión  domiciliaria.   

5.   Recurrida   en   apelación,   entre  otros,   por el apoderado de HÉCTOR ALONSO LAVADO HERNÁNDEZ, instalada el  13  de diciembre de 2007 la audiencia de sustentación, expresó como motivos de  la  alzada, la inconformidad en la tasación de la sanción de prisión a partir  de  un tope superior al mínimo del primer cuarto individualizado y la negación  de  la  concesión  del subrogado de la suspensión condicional de la ejecución  de la pena.   

Así,  el 1° de julio de 2009, el Tribunal  Superior   de   Bogotá   modificó   la   decisión  al  conceder  la  prisión  domiciliaria;   en   lo   demás,   la   confirmó7.   

6.-  Contra  esta  decisión el defensor de  HÉCTOR  ALONSO  LAVADO  HERNÁNDEZ,  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación, cuya admisibilidad se analiza.   

LA  DEMANDA   

El   abogado  de  HÉCTOR  ALONSO  LAVADO  HERNÁNDEZ,  formula  dos  censuras  contra  el  fallo  del Tribunal Superior de  Bogotá  amparado  en las causales primera y segunda del artículo 181 de la Ley  906 de 2004, bajo los siguientes argumentos:   

Primer cargo:  

Violación directa de la ley sustancial por  interpretación  errónea  del artículo 61 “numeral  2°” (sic)  del Código Penal.   

Expresa  el  censor,  que  las  instancias  erraron  en el proceso de dosificación punitiva al imponer 30 meses de prisión  al    acusado    y   de   este   modo   se   apartaron   de   una   “valoración  razonable  ajustada  a la realidad probatoria, sino  más  bien  del  parecer  caprichoso de los falladores, quienes en esa medida no  guardaron  los  criterios dosimétricos contemplados en el artículo 61, lo cual  condujo    en    el    presente    caso   a   una   desmesurada   tasación   de  pena…”   

El demandante encuentra acertado determinar  la  dosificación  punitiva  en el primer cuarto -16 a  34  meses y 15 días de prisión-, pero dice, se erró  al  ponderar  la  mayor  gravedad  de la conducta, el daño potencial creado, la  naturaleza  de las causales que agraven o atenúen la punibilidad, la intensidad  del  dolo,  la preterintención o la culpa concurrentes, la necesidad de la pena  y  la  función  a  cumplir  en  el  caso concreto. Este dislate conllevó a una  desmesurada  movilidad  de  la  pena e individualizarla en 30 meses de prisión,  como  consecuencia  de  haber  dejado de valorar de manera ponderada y razonable  tales tópicos.   

Destaca,  que en el fallo para acreditar la  proporcionalidad   de   la  sanción  impuesta  “se  valoraron  criterios de ponderación”, tales como la  intensidad   del   dolo   motivada   en   la  “alta  deliberación  y  previa ideación”, lo cual condujo  a  considerar  el  comportamiento  de  naturaleza grave por el daño generado al  bien  jurídico  tutelado  y ello llevó a ubicar la pena en 30 meses y no en el  extremo    inferior    del    cuarto   mínimo   -16  meses-,  el  cual  en su sentir era lo correcto, pues  tales   razones   “no  alcanzan  a  sustentar  sus  infortunadas  decisiones…,  sin  que  se  encuentre  acreditado  mediante  los  elementos  materiales  probatorios  aportados  por  la  Fiscalía”,  que  el acusado  incrementó su patrimonio con la creación  de  las  empresas  fachada  o  de  papel,  actividad  que por si sola no lo hace  partícipe  del  delito  de  contrabando  detectado  en ese momento por la DIAN,  razón  por la cual resulta un error evidente sobredimensionar su comportamiento  y  apreciar  como  de  extrema  e inusitada gravedad el hecho, para localizar la  pena  en  un  punto  “que  raya  en  el límite del  segundo  cuarto,  sin que haya en verdad fundamento legal probatorio alguno para  hacerlo…”.   

No   eleva  petición  específica  a  la  Corte.   

Segundo cargo  

Se  desconoció  el  debido  proceso  y las  garantías debidas a las partes.   

El  Tribunal negó la condena de ejecución  condicional   al  acusado  por  el  simple  reparo  de  considerar  la  conducta  reprochada       como       de       “inusitada  gravedad”       y       de       “perversa realización”.   

Dice,  no  es su pretensión ignorar que el  comportamiento           de          su          defendido          “favoreció”  a  terceras  personas  para  la  realización  del  delito de contrabando, pero discute que ello no era  motivo  para   apartarse  en  el  fallo  de  la realidad probatoria la cual  demuestra,  éste  fue  un simple instrumento para la creación de unas empresas  de  papel,  con  el  desconocimiento  de  cuál  iba a ser su uso, por tanto, la  participación    del    acusado    y   el   dolo,   no   podían   “establecerse  en el nivel que lo hizo el juzgador”  y ante la inexistencia de incremento patrimonial sobredimensionar  su  participación y con base en ello, negar la sustitución de la ejecución de  la pena.   

Califica del mismo modo como irracional, que  el     Tribunal     pretenda     “sin    ningún  rubor”,  ante  el reemplazo de la pena de multa por  la  de  trabajo social, que una vez verificada la de prisión, LAVADO HERNÁNDEZ  salga 420 días a cumplirla.   

Solicita  se  revoque  la  decisión  y  se  otorgue el subrogado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  El libelo presentado por el defensor de  HÉCTOR  ALONSO  LAVADO  HERNÁNDEZ será inadmitido por las siguientes razones:  i)  no  satisface  los  requisitos  formales  ni  materiales establecidos en los  artículos   183   y  184  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  (Ley  906  de  2004);  ii)  la  Sala  de  Casación  Penal no advierte vulneración de alguna garantía fundamental de los  intervinientes  que  la Corte debiera proteger, así fuere oficiosamente, en los  términos   del   artículo   180   (fines   de   la  casación)                ibídem8,   y   del   artículo   29  (debido  proceso)  de  la  Constitución  Política;  y  iii)  no  se precisa emitir una nueva decisión de  fondo,  por  lo  cual  no  es  necesario  superar  los defectos de la demanda en  atención  a  los  fines de la casación, la fundamentación de las censuras, la  posición  de  los  impugnantes  dentro  del  proceso,  ni  por la índole de la  controversia planteada.   

2.  Si  bien el nuevo ordenamiento procesal  (Ley   906  de  2004)  no  enlista  de  manera rigurosa los requisitos que debe cumplir la demanda, como lo  hacía   el   artículo   212   de   la   anterior   legislación   (Ley  600  de 2000), del contenido de los  artículos  183  y  184  (Ley 906 de 2004) se deducen los siguientes:   

(i)  El  señalamiento  de manera precisa y  concisa de las causales invocadas.   

(ii) El desarrollo de los cargos, es decir,  que     se    expresen    sus    fundamentos    y9,   

(iii)  La demostración de la necesidad del  fallo   en   casación,   para   cumplir   algunas   de   las   finalidades  del  recurso10.   

3.  Dos  reparos  propone  el libelista, el  primero,  fundado  en la violación directa de la ley sustancial, el segundo, en  la  nulidad por el desconocimiento del debido proceso y las garantías debidas a  las  partes,  respecto  de  los  cuales  soslaya  variados  presupuestos lógico  argumentativos que llevan a la inadmisión de la demanda.   

3.1. Con ocasión al primer error, advierte  la  Sala  que  la inconformidad del recurrente está centrada en el quantum  de  pena  impuesta  al acusado,  finalmente  determinada  por los falladores, con base en intensidad del dolo, la  gravedad y modalidad del hecho investigado.   

Para presentar esta forma de dislate en sede  de  casación,  el  censor  acudió a la violación directa de la ley sustancial  por     interpretación     errónea     del     artículo    61    “numeral   2°”  del  Código  Penal  -el  cual  se  deberá comprender como equivalente al  inciso  segundo,  pues  la  norma  carece  de  la  nomenclatura  citada  por  el  libelista-,  generada  por el equivocado alcance dado  al  precepto  en las instancias, cuando razonaron para fijar la pena de prisión  en  30  meses,  no,  desde  el  extremo inferior del cuarto mínimo, esto es, 16  meses.   

De   manera   reiterada  ha  expuesto  la  Sala11  que cuando se busca quebrar el fallo de segundo grado con base en  la  violación directa de la ley sustancial, le corresponde al actor aceptar los  hechos,  las  pruebas  y la valoración sobre ellas realizada en las instancias,  sin  serle  viable discutir cuestiones de facto, pues la impugnación se basa en  estricto  rigor  jurídico  y  se  incurre por una de las siguientes razones: i)  falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente; ii) aplicación indebida y iii)  interpretación errónea.   

En  su  orden,  la  falta  de aplicación o  exclusión  evidente se presenta, por regla general, cuando el juez yerra acerca  de  la  existencia de la norma y por eso no la aplica al caso específico que la  reclama.  Ignora o desconoce la ley encargada de regular la materia y por eso no  la  tiene  en  cuenta,  debido a que ha incurrido en error sobre su existencia o  validez en el tiempo o el espacio.   

En la aplicación indebida, el juez equivoca  la  escogencia  de  la norma. El despropósito se ofrece en la falsa adecuación  de  los  hechos  probados  a  los  supuestos  contemplados en el precepto, al no  coincidir  los  sucesos  procesalmente  reconocidos  con  las  hipótesis que lo  condicionan.   

En    tercer    lugar,    para  la  interpretación  errónea,  el  juez  selecciona  adecuadamente  la  norma llamada a regular el caso, la aplica,  pero  al  interpretarla  le  atribuye  un  sentido  jurídico  del  que  carece,  asignándole  efectos  distintos  o  contrarios  a los que le corresponden, o un  alcance que no tiene.   

Si  bien en un principio el cargo propuesto  en  la escogencia de la causal cumpliría formalmente con su formulación, en su  desarrollo   se   desconocen   los   más   básicos   presupuestos  de  lógica  argumentativa los cuales conducen a su inadmisión.   

En  toda  la  extensión  de la demanda, el  libelista  permanece en franca confusión cuando al proponer el reproche, escoge  en  la  vía  de ataque por violación directa de la ley sustancial la modalidad  de  la  interpretación  errónea  del  artículo  61 del Código Penal, pero de  inmediato  pasa  a  controvertir la valoración que de los medios de convicción  realizaron  los  jueces,  como si estuviera proponiendo alguna de las formas del  error  de  hecho  derivados  de  la apreciación de las pruebas, inconformidades  reservadas a la violación indirecta de la ley sustancial.   

De  manera  contraria  omite  enseñar  su  disentimiento  por  el  alcance  hermenéutico  otorgado en el fallo al precepto  normativo,  sin  expresar  o exponer de manera profusa a la Sala, cuál debería  ser  el  entendido  y  alcance  que  se  le  debe  otorgar a la norma, en franco  desconocimiento  de  los  principios de debida argumentación y trascendencia en  casación.   

Si bien el recurrente enuncia como forma de  transgresión  la  interpretación  errónea  de  la ley sustancial -artículo  61  (fundamentos para la individualización de la pena)  inciso  segundo  (El sentenciador sólo podrá moverse dentro del cuarto mínimo  cuando   no   existan   atenuantes   ni   agravantes   o  concurran  únicamente  circunstancias  de  atenuación  punitiva,  dentro  de los cuartos medios cuando  concurran  circunstancias de atenuación y de agravación punitiva, y dentro del  cuarto  máximo  cuando  únicamente  concurran  circunstancias  de  agravación  punitiva)  del  Código  Penal-, en el desarrollo del  cargo,  nada  dice sobre este tópico, en total desconocimiento del principio de  razón   suficiente,   con   base  en  el  cual,  quien  expresa  premisas  debe  sustentarlas  una  a  una,  para de este modo permitir a la demanda de casación  bastarse  a  sí misma, dejando el reparo en total orfandad, pues no dice, menos  demuestra,  en  qué  consistió  el yerro de interpretación de las instancias,  tampoco,  cuál  sería  el  alcance  correcto  del  precepto  y  su consecuente  corrección,   al  punto  de  no  elevar  una  solicitud  concreta  a  la  Sala.   

Por el contrario, sus esfuerzos los dedica a  reprochar  la  decisión de instancia, pero por desquicios en la asignación del  mérito  persuasivo  a  los  elementos  de  conocimiento,  los  cuales dice, son  inexistentes.   

Tal  desafuero  lógico  argumentativo  se  verifica,  cuando  en  el  escrito  de  impugnación  expresa que las instancias  erraron  al  imponer  al  acusado  la  pena  de 30 meses de prisión, pues no se  basaron  en  la “valoración razonable ajustada a la  realidad   probatoria,   sino   más   bien   del   parecer  caprichoso  de  los  falladores…”.   

Del  mismo  modo, que la consideración del  comportamiento  como  grave  por  el  daño  generado  al  bien  jurídico  y la  intensidad  del  dolo  carece  de  soporte  en  “los  elementos  materiales  probatorios  aportados  por la Fiscalía”, como  si su inconformidad radicara en la violación indirecta de la  ley  sustancial  por  desfases  en  el  proceso  de  asignación  suasoria a los  diferentes  medios  de  convicción,  y estuviera proponiendo un falso juicio de  existencia  por  suposición de prueba, el cual tampoco desarrolla, para de este  modo,  entremezclar diferentes clases de reproche, en franco desconocimiento del  principio  de  autonomía  de  los  cargos en casación, como la prohibición al  interior  de  una  misma  censura,  para  combinar  ataques  propios de causales  diferentes,  al tener cada una distintas características y parámetros lógicos  de    demostración    con    diversas    consecuencias   jurídicas12. Es que la  decisión  a  adoptar  por la Corte en caso de prosperidad del dislate formulado  contra  la  sentencia,  debe  compaginar  con  el  motivo  invocado  y  el error  aducido13, deficiencias suficientes para su inadmisión.   

3.2.  El  segundo  ataque  lo  soporta  el  demandante  en  el desconocimiento del debido proceso y las garantías debidas a  cualquiera de las partes.   

Cuando se trata de nulidades, usualmente la  jurisprudencia  de  la Sala ha sido flexible  frente a los análisis de los  reproches   fundados  en la causal segunda de la Ley 906 de 2004, en cuanto  no  exige para su formulación complejas y extensas argumentaciones, no obstante  para  posibilitar  su  adecuada  comprensión,  ha establecido unos presupuestos  lógicos    mínimos,    sin    cuya   satisfacción   no   hay   lugar   a   su  admisión.   

Es  preciso indicar, que cada nulidad tiene  un  desarrollo  independiente, donde es deber del censor identificar la clase de  error    (estructura    o    garantía)  y  revelar  el sentido en forma autónoma sin mezclar violaciones  al  debido  proceso  entre  si,  o éstas con el derecho de defensa (técnico   y   material),   previsión  inadvertida   en   la   demanda,   cuando   el  censor  bajo  la  propuesta  del  desconocimiento  del debido proceso y las garantías debidas a cualquiera de las  partes  omite  indicar  en qué clase de vicio radica su inconformidad, eso sí,  de  manera  incoherente con el enunciado de la censura, controvierte los motivos  por  los  cuales el Tribunal negó al acusado el subrogado de la sustitución de  la  ejecución  de la pena de prisión y el cumplimiento del trabajo social como  sustituto  de  la  sanción de multa, restando de este modo conexión lógica al  escrito  de  impugnación,  en  desconocimiento  de los principios de claridad y  precisión de los cargos en casación.   

Del  mismo  modo,  si  lo que se quiere es  postular  algún  supuesto,  por  ejemplo,  del debido proceso, le correspondía  demostrar:  ¿cómo  se  fracturaron  las  bases  legales del mismo ya sea en su  aspecto  formal  o  conceptual?, ¿por qué habría que retrotraer lo actuado en  instancias?,  ¿de  qué  forma  se  vulneraron  las  garantías  demandadas?  y  ¿cuáles  fueron  las repercusiones y el daño causado con tales vulneraciones?  en desmedro de la ley y de los sujetos procesales.   

De igual manera, el actor no puede dejar de  lado  los  principios rectores de las nulidades, tales como, instrumentalidad de  las  formas,  trascendencia,  protección,  convalidación, naturaleza residual,  taxatividad,  entre  otros,  con  el  fin  de  afianzar  la  invalidación de la  sentencia,  pues  en  ese  orden, el funcionario judicial sólo está autorizado  para  decretar  las  nulidades previstas en la ley como lo estipula el artículo  458  de  la  ley 906 de 2004, y no podrá invocarlas el sujeto procesal causante  del   error,  salvo  el  caso  de  ausencia  de  defensa  técnica,  ya  que  la  irregularidad  puede  convalidarse  con  el consentimiento expreso o tácito del  sujeto   perjudicado   siempre  y  cuando  se  hayan  observado  las  garantías  fundamentales,  el postulante, entonces, está forzado  a  demostrar  que la irregularidad afecta las garantías constitucionales de los  sujetos   procesales   o   desconoce   la   estructura   básica   del   proceso  judicial;   además,  de  la  inexistencia  de  otro  mecanismo procesal para subsanar el yerro cometido.   

Por tanto, quien aduce una nulidad tiene la  obligación  de  indicar  el motivo de invalidez alegado, las razones de hecho y  derecho que las soporten y su fundamento.   

Tales  presupuestos  no  los  satisface el  casacionista  en  el escrito para mostrar el vicio alegado, pues sólo se limita  a  enunciar  el  texto legal de la causal, pero no enseña el desasosiego con la  legalidad  de  las formas, la lesión, afectación o menoscabo de las garantías  de  su  poderdante  o la restricción en el ejercicio de éstas, por tanto, deja  insustancial la censura.   

De  la  misma  manera,  si  el  deseo  del  recurrente  era proponer vicios invalidantes en la misma demanda junto con otras  formas   de   error,   debió   hacerlo   con   acatamiento   del  postulado  de  prioridad14,  según  el  cual, los cargos deben presentarse de acuerdo con la  naturaleza  de las causales invocadas en el libelo y con las consecuencias de la  incorrección  alegada. En otras palabras, cuando se ataca la sentencia con base  en    la    primera    -violación    de   la   ley  sustancial-      y      segunda      –nulidad-,  es  lógico que el reproche principal debe ser el de nulidad, pues de prosperar,  por regla general, haría inane el estudio de los demás reparos.   

Olvida el demandante que cuando se proponen  varias  causales,  la  lógica  del  recurso  de  casación exige seleccionar en  primer  orden la de mayor alcance, donde las restantes se deberán plantear como  subsidiarias.  Del  mismo  modo,  no es viable mezclar simultáneamente y dentro  del  mismo  cargo  varias  censuras por nulidad en igualdad de condiciones, pues  allí  también  debe  indicar  el orden de preferencias a seguir por la Sala al  momento de realizar el estudio de fondo de la sentencia.   

De  la  misma  manera  y  en  materia  de  nulidades  es  carga  del  libelista,  indicar a la Sala, al prosperar el ataque  formulado,  cuál  es el momento procesal a partir del cual se debe invalidar la  actuación.  Dicho  de  otra  manera,  desde  qué instante del trámite se debe  rehacer para superar el vicio, tarea que tampoco se cumplió.   

4. Por último, olvidó el actor exponer en  forma  hilada  y  armonizada  con  los argumentos fáctico procesales expuestos,  cuál  es  la  finalidad  perseguida  con  la  alzada; tampoco, del contexto del  escrito  se  advierte  fundadamente que se precisa del fallo para cumplir alguno  de      los      propósitos     del     recurso15,  presupuesto  básico para  el estudio de fondo del libelo en esta sede.   

De manera permanente la Corte ha expresado  que  la demanda de casación difiere ostensiblemente de un alegato de instancia,  al  requerir  de  una  presentación lógica adecuada a cada una de las causales  legalmente   establecidas,   con  el  respectivo  desarrollo  de  los  reproches  denunciados  por  vicios  in  procedendo o     in    iudicando    con  la  consecuente  demostración de su trascendencia en la parte  dispositiva del fallo.   

Así  y como se advierte del contenido del  libelo,  la  simple  disparidad  de  criterio  no constituye yerro para impugnar  extraordinariamente  y  la  falta  de  precisión y claridad, la tornan confusa,  aspecto que impide su estudio.   

5.  En  cumplimiento  del  principio  de  limitación  propio  del  recurso  de  casación,  no  le  es  dable  a  la  Corte,  suplir  las omisiones  argumentativas  del  escrito  de  sustentación.  Por  tanto, no puede corregir,  complementar  o  de  cualquier  otra  forma  suplantar  al  casacionista  en  la  construcción  de  la  demanda;  no  obstante,  cuando  atendiendo los fines del  extraordinario   recurso   y   en  procura  de  la  defensa  de  las  garantías  fundamentales   deba   hacerlo,   evento   que   -se  repite- aquí no acontece.   

EL MECANISMO DE INSISTENCIA  

De  conformidad con el artículo 184 de la  Ley  906  de 2004, contra el presente auto y con ocasión al cargo formulado por  violación  directa  de  la  ley  sustancial  que  será  rechazado,  procede el  mecanismo   especial   de   insistencia,  cuyo  trámite  no  fue desarrollado en la legislación procesal  penal.   No   obstante  la  Sala  ha  definido  las  reglas  a  seguir  para  su  aplicación16, como a continuación se precisa:   

1. La insistencia es un mecanismo especial  de  exclusiva  promoción  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide  inadmitir o no seleccionar la demanda de casación, con el fin de lograr  se  reconsidere  lo decidido. También podrá ser provocado oficiosamente, en el  mismo  término,  por  alguno  de  los Delegados del Ministerio Público para la  Casación  Penal,  a  menos  que  el  recurso no hubiera sido interpuesto por el  Procurador  Judicial,  el  Magistrado  disidente o el que no haya participado en  los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

2.  La  solicitud  de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal,  salvo  que  el  Procurador Judicial Delegado ante el Tribunal  Superior  fuese el casacionista; o ante uno de los Magistrados que hayan salvado  voto  en  cuanto  a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda o ante otro  que no haya intervenido en la discusión.   

3. Es potestativo del disidente, del que no  intervino  en  los  debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la Sala  o  no  presentarlo  para su revisión. En este último evento informará de ello  al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

4.  El auto a través del cual se inadmite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1. Inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada     a     nombre     de    HÉCTOR   ALONSO   LAVADO   HERNÁNDEZ,  conforme a lo expuesto en precedencia.   

        2.     De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es  facultad  de los demandantes elevar petición de insistencia, según lo indicado  en la parte motiva de este auto.   

         

        Cópiese,   notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ    LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                                                   SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                   AUGUSTO J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                                        YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.     

1 Acta  de la audiencia, folio 20 de la carpeta.   

2 Folio  64 de la carpeta.   

3  Folios 83 y 119 de la carpeta.   

4  Folios 120, 127, 150 y 223 de la carpeta.   

5 Folio  234 de la carpeta.   

6  Página 5 de la sentencia, folio 228 de la carpeta.   

7  Cuaderno de segunda instancia, folio 42.   

8  El  artículo  180  del Código de Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004, señala que  la  casación  tiene  por  finalidades  la  efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos a éstos, y la unificación de la jurisprudencia.   

9  “Artículo  183.-  El  recurso  se  interpondrá ante el tribunal dentro de un  término  común  de sesenta (60) días siguientes a la última notificación de  la  sentencia,  mediante demanda que de manera precisa  y   concisa   señale  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos.”             (negrillas fuera de texto).   

10  “Artículo  184.- …No será seleccionada por auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  Magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en cualquiera de los siguientes supuestos: si el demandante carece de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos  de  sustentación  o  cuando  de  su contexto se advierta  fundadamente  que  no  se  precisa   del  fallo para cumplir algunas de las  finalidades     del     recurso.”    (negrillas fuera de texto).   

11  Sentencias  de  casación  de  11 de abril, 6 de junio de 2007, radicaciones No.  23667,  18515;  auto  de  casación  26 de abril de 2007, radicación No. 26928.   

12  Sentencia   de   casación   de   22   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  11963.   

13  Sentencia   de   casación   de   11   de   julio   de   2002,  radicación  No.  13988.   

14  Sentencia   de   casación   de   8   de  noviembre  de  2000,  radicación  No.  14078.   

15  Inciso  segundo  del  artículo  184  de  la Ley 906,  citado.   

16  Auto   de   casación   de   15   de   diciembre   de   2005,   radicación  No.  24322.     

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