32748(01-10-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  32748   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 318.  

Bogotá  D.C.,  octubre primero (1º) de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

La   Sala  emprende  el  examen  sobre  el  cumplimiento  de las exigencias de lógica y suficiente acreditación dispuestas  por  el  legislador,  respecto  de  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor   de   GONZALO   GODOY   CASTRO,  contra el fallo de segundo grado dictado por el Tribunal Superior  de  Ibagué  el  9  de junio de 2009, confirmatorio del proferido por el Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito de la misma ciudad el 23 de abril de 2008, por medio  del  cual  condenó  al mencionado ciudadano por el concurso de delitos de hurto  agravado y falsedad en documento privado.   

HECHOS  

Los   hechos   que  dieron  lugar  a  este  diligenciamiento  fueron sintetizados en los siguientes términos en el fallo de  segundo grado:   

“El   señor  Gonzalo  Godoy  Castro,  quien  se  encontraba vinculado a la empresa denominada  ‘Altipal    Ibagué  Ltda’  desde  el  18  de  junio  de  1998  como vendedor de la zona sur de Departamento de Huila, recaudó  aproximadamente  la  suma  de  $200.000.000 Mcte, sin reportar dichos pagos a la  compañía  y  apoderándose de ellos. Para ocultar esa situación adulteró los  recibos  de  caja  y  descargó  del total de la cartera vencida los mencionados  valores”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          La  Fiscalía Seccional de Ibagué declaró abierta la instrucción,  en   desarrollo   de  la  cual  vinculó  mediante  indagatoria  a  GONZALO GODOY CASTRO.   

          Cerrada  la etapa instructiva, el mérito del sumario fue calificado  el  13  de febrero de 2004 con resolución de acusación en contra del procesado  como  presunto  autor del concurso de delitos de hurto agravado por la confianza  y  falsedad en documento privado, decisión que al ser impugnada por la defensa,  fue  confirmada por la Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de  Ibagué  mediante proveído del 29 de septiembre de 2004, el cual fue notificado  personalmente  al Ministerio Público, al defensor y al procesado, los días, 6,  13 y 19 de octubre de la misma anualidad, respectivamente.   

El  ciclo  del  juicio fue adelantado por el  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito de Ibagué, despacho que una vez surtido el  rito  dispuesto  por  el  legislador  para  esta fase, dictó sentencia el 23 de  abril    de   2008,   a   través   de   la   cual   condenó   a   GONZALO  GODOY  CASTRO a la pena principal  de  veinte  (20)  meses  de  prisión, a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso y al pago de la  correspondiente  indemnización de perjuicios, como autor penalmente responsable  del concurso de delitos por el que fue acusado.   

          En  la  misma  decisión  le  fue concedido el subrogado penal de la  condena de ejecución condicional.   

          El  Tribunal  Superior  de  Ibagué  confirmó el fallo condenatorio  mediante  sentencia del 9 de junio de 2009, al conocer del recurso de apelación  interpuesto  por  el  defensor,  sujeto  procesal  que  ahora  formuló  recurso  extraordinario    de    casación   contra   el   proveído   del   ad   quem  y  allegó  oportunamente  el  correspondiente libelo.   

LA DEMANDA  

          Bajo    la    égida    de   la   causal   primera   “establecida  en  el  artículo  220  del  Código  de Procedimiento  Penal”, el recurrente afirma que el fallo violó los  artículos  “29 de la Constitución Nacional y 229 y  231-4 de la Ley 600 de 2000”.   

En la acreditación del cargo señala que si  bien  se  respetaron  las  garantías  de  su  asistido,  lo cierto es que se le  condenó  sin  tener  en  cuenta  fue autorizado por la empresa de propiedad del  denunciante   para   comercializar   la   mercancía   y  recaudar  los  dineros  correspondientes  a  la  venta  de la misma, “hechos  que  denotan  palmariamente  que  la  apropiación de los dineros se realizó en  razón  de  que  la  mercancía  y  el dinero recaudado entraron a la órbita de  tenencia”  del  acusado,  de modo que los falladores  incurrieron  en  un “falso juicio de identidad en la  tipicidad  de  la  conducta  endilgada” al considerar  que  se  trató  de  un  delito  de  hurto  agravado por la confianza, cuando en  realidad tal conducta correspondía a un abuso de confianza.   

En  apoyo  de  su  argumento aduce que en el  hurto  agravado  por  la  confianza  el  sujeto  activo  no  tiene una relación  jurídica  de  carácter  posesorio con los bienes, sino meramente física, como  en  efecto  lo  señaló  esta  Corporación  en  sentencia  del  24 de enero de  2007.   

Con fundamento en lo expuesto, el impugnante  reclama  la  casación  del  fallo  recurrido  “y en  consecuencia  se  case la sentencia en el sentido de revocar el fallo de segunda  instancia,  para  en su defecto establecer que mi defendido es responsable de la  consumación   de  la  conducta  punible  de  abuso  de  confianza  en  concurso  heterogéneo      con      falsedad     en     documento     privado”.   

ALEGATOS DEL NO RECURRENTE  

          Dentro  de la oportunidad establecida para que los no impugnantes se  pronuncien  sobre  los argumentos de la demanda de casación, el apoderado de la  parte  civil  manifestó  que  comparte  la  tipificación  que  de  la conducta  investigada  se  efectuó en el fallo objeto de impugnación y que el propósito  del  actor  es  el  de  dilatar el pago de las obligaciones derivadas del delito  cometido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          La  Sala  ha  precisado  suficientemente  que  en el examen sobre la  admisibilidad  de  los  libelos  casacionales  le  corresponde constatar que los  recurrentes  formulen  sus  censuras con sujeción a las exigencias de lógica y  pertinente  argumentación  definidas  por  el legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  instancia  adicional  a  las  surtidas. Tales requisitos se orientan a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación   y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten  inteligibles,  es  decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación  (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  213  de la mencionada  legislación  “si el demandante carece de interés o  la    demanda    no    reúne    los   requisitos   se   inadmitirá”.   

          Al  estudiar  el  reproche formulado por el defensor, sin dificultad  se  constata  que sus equívocos comienzan desde la postulación del cargo, pues  alude  a  las  causales  establecidas  en  el  artículo  220 de la legislación  procesal  penal  del  2000, el cual se ocupa de la acción de revisión, al paso  que  estima quebrantados los artículos “229 y 231-4  de  la  Ley 600 de 2000”, preceptos que se refieren a  la      “aplicación      extensiva”  de  la  casación  y  la revisión a los no recurrentes, y a la  compatibilidad  entre  casación  y  revisión,  preceptos que sin dificultad se  advierte  resultan  ajenos al tema que pretende debatir y además, carecen de la  condición de normas sustanciales.   

          Adicionalmente  se tiene que el recurrente no señala en concreto la  causal  que  propone,  olvidando  que  de  conformidad  con  el  numeral 3º del  artículo  212  de  la  Ley  600  de 2000, la demanda de casación debe contener  “la  enunciación  de la  causal  y  la  formulación  del  cargo, indicando en  forma   clara   y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas      que      el     demandante     estime  infringidas” (subrayas fuera de texto).   

          En  efecto, si bien inicialmente aduce que acude a la causal primera  y  más  adelante  se  refiere a un “falso juicio de  identidad  en  la  tipicidad  de  la conducta”, puede  constatarse  que  no  encamina  su  discurso  a  señalar si el yerro denunciado  corresponde  a  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, a su quebranto  indirecto,  a  la inconsonancia entre acusación y fallo, o a la vulneración de  derechos  y  garantías  capaces  de  comportar  la invalidación de lo actuado,  imprecisión  que  de  manera  ostensible  se aparta de las reglas lógicas para  concurrir a esta impugnación extraordinaria.   

También  se  constata  que  el  defensor se  desentiende  de  la  dual  presunción  de  legalidad  y  acierto  de la cual se  encuentra  revestido  el fallo, pues sin más, propone la indebida calificación  jurídica  de  uno  de  los  comportamientos  objeto  de  acusación, pero no se  detiene  a  precisar  cuáles  fueron  los  yerros  de  los  falladores sobre el  particular  y  tanto  menos  indica las consecuencias adversas derivadas de ello  para   su   asistido,  proceder  inadmisible  en  el  curso  de  este  mecanismo  impugnaticio  extraordinario,  no  dispuesto  para  prolongar el trámite de las  instancias,   sino   para   señalar  concreta,  clara  y  puntualmente  errores  trascendentes  de  los  sentenciadores  con  incidencia  en  la  declaración de  justicia cuestionada.   

Como el recurrente afirma que se incurrió en  un  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, era su deber identificar el  medio  probatorio  sobre  el  cual  recayó  el  equívoco,  para  acto seguido,  mediante  el  cotejo  objetivo  de lo dicho por aquél y lo asumido en el fallo,  indicar  el  aparte  omitido  o  añadido  a la prueba, los efectos producidos a  partir  de ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia del yerro en la  parte  resolutiva de la sentencia atacada, tópico de improcedente demostración  con  el  simple  planteamiento  del  criterio  subjetivo del recurrente sobre el  medio  de  prueba  cuya  tergiversación  denuncia,  en cuanto es su obligación  acreditar  materialmente la incidencia del error en la falta de aplicación o la  aplicación  indebida  de  la  ley  sustancial en el fallo, esto es, señalar la  modificación  sustancial de la sentencia atacada con la corrección del yerro y  la  debida  valoración  de  la prueba, en conjunto con las demás, labor que de  ninguna manera emprendió el casacionista en su libelo.   

De otra parte se tiene que si la pretensión  del  actor  era denunciar la violación de derechos o garantías establecidas en  el  artículo  29  de  la  Carta  Política,  temática  que  por  regla general  corresponde  a  la  causal tercera de casación, tenía el deber de señalar con  claridad  la especie de incorrección sustantiva que determina la invalidación,  los   fundamentos  fácticos  y  las  normas  que  estima  conculcadas,  con  la  indicación  de  los  motivos  de  su  quebranto.  También  era  de  su resorte  especificar  el  límite de la actuación a partir del cual se produjo el vicio,  así  como  la  cobertura  de  la nulidad, demostrar que procesalmente no existe  manera  diversa  de  restaurar  el  derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo incidencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  pues  este  recurso  extraordinario  no  puede  sustentarse  en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones  ausentes  de quebranto, reglas no acogidas por el impugnante en sus  planteamientos.   

          Bastan  las  razones expuestas para concluir que el impugnante no se  sujeta  a  las  reglas  de  lógica  y  suficiente acreditación dispuestas para  acceder  a  esta  impugnación, circunstancia que impone inadmitir el libelo con  tales falencias presentado.   

          Finalmente    es    pertinente   indicar   que   no   se    advierte    en    el   curso   del  diligenciamiento   o   en  la  sentencia  objeto  del  recurso,  violación  de  derechos  o  garantías  del  procesado  GONZALO  GODOY  CASTRO,  como para que ello  determinara   ejercer   la  facultad  oficiosa  que  en  punto  de  asegurar  su  protección  le  confiere  el  legislador a la Corte.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR        la  demanda  de  casación  interpuesta  por el defensor del acusado  GONZALO   GODOY   CASTRO,  de  conformidad  con  las  razones expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES           

YESID    RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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