32722(16-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 32722  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No.  187                                                                                   Magistrado  Ponente:   

                                     Dr.      JOSE      LEONIDAS     BUSTOS  MARTINEZ   

Bogotá D. C., dieciséis de junio de dos mil  diez.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de   casación   presentada  por  el  defensor  Pedro  Ernesto Velásquez Pacheco contra la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Ibagué el 28 de mayo de 2009,  mediante  la cual confirmó la proferida por el juzgado Sexto Penal del Circuito  de  la  misma  ciudad  el  23 de abril de 2008, que condenó al procesado por el  delito de homicidio culposo.   

Hechos.  

El  21  de  junio de 2001, en las horas de la  noche,  frente  a  la  Casa  de  la  Moneda,  sector  de  Picaleña,  en la vía  Ibagué–Bogotá,   el  autobús  de placas SUB-671, afiliado a la empresa Expreso Bolivariano, manejado  por   Pedro  Ernesto  Velásquez  Pacheco,  golpeó  la motocicleta de placas AJJ-84 conducida por JOHN FREDY  PUENTES  RAMIREZ,  al  tratar de sobrepasar una tractomula que marchaba adelante  suyo,  causando  un  accidente  en  el que perdió la vida la menor MARIA RAQUEL  NUÑEZ  TOVAR,  de  15  años  de  edad,  quien  viajaba  en  la  motocicleta en  condición de parrillera.   

Actuación  procesal  relevante.   

1. La fiscalía inició investigación formal  por  estos  hechos,  vinculó  al  proceso  mediante  indagatoria a Pedro   Ernesto   Velásquez   Pacheco   y  John  Fredy Puentes Ramírez,  y  el  30  de noviembre de 2004 calificó el mérito del sumario con resolución  de  acusación  para  el  primero,  por  el  delito  de homicidio culposo, y con  preclusión  de  investigación  para el segundo. El superior revisó la primera  decisión  por  apelación  de  la defensa y la confirmó el 28 de septiembre de  2005.1       

2.  Rituado el juicio, el Juzgado Sexto Penal  del  Circuito de Ibagué, mediante sentencia de 23 de abril de 2008, condenó al  procesado    Pedro    Ernesto   Velásquez   Pacheco  a  la pena principal de 24 meses de prisión, multa de  23.33  salarios  mínimos  legales mensuales y privación del derecho a conducir  “motocicletas”  por  tres  años, y al pago de 300 salarios mínimos legales  mensuales  por concepto de perjuicios morales, como autor responsable del delito  imputado        en        la       acusación.2    

3. La defensa apeló este fallo para pedir la  reducción  del  monto  de  la  condena  al  pago  de  perjuicios  morales,  por  considerar  que  el  motociclista  conducía  con  violación  de  las normas de  tránsito  al  no  portar  chaleco  reflector ni casco de seguridad, y pretender  hacer  un  giro  peligroso, pero el tribunal superior de Ibagué, mediante fallo  de  28 de mayo de 2009, que ahora el mismo sujeto procesal recurre en casación,  lo  confirmó  en  los  aspectos objeto del recurso.3   

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la causal prevista en el  numeral  primero,  cuerpo  segundo  del  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000,  plantea  un cargo por violación indirecta de la ley sustancial, originada en un  error  de  hecho  por falso juicio de existencia por omisión en la apreciación  de  las  pruebas.  Como normas violadas relaciona los artículos 9°, 10° y 109  del Código Penal.   

Sostiene que los juzgadores omitieron apreciar  el  testimonio  del  coprocesado  JOHN  FREDY PUENTES RAMIREZ, quien afirmó que  “el  bus  pasó  por  el lado izquierdo y nos pegó en la cabrilla de la moto,  nos  pegó  por  el  lado derecho del bus, por donde se suben los pasajeros, nos  enganchó  y  nosotros nos dimos contra el bus, nos arrastró hasta la mitad del  bus,  el  nos  pegó  y nosotros seguimos pegados al bus, porque ahí se ven las  marcas de la moto”.   

Asegura  que  el tribunal omitió estudiar el  fondo  de la apelación de la sentencia de primera instancia invocando la figura  de  la  cosa  juzgada,  en  razón  de  la decisión de la fiscalía de precluir  investigación  a  favor  de   JOHN FREDY PUENTES RAMIREZ, la cual no tiene  los  alcances que exige el referido instituto, sobre todo si se da en considerar  que  la  propia  fiscalía  retractó su posición en la audiencia, al reconocer  que  “tanto por parte del conductor de la moto como por parte del conductor de  la buseta se presentaron una serie de infracciones”.   

No es dable aceptar que por aplicación de un  principio  que  no puede invocarse, “se cercenen los derechos y garantías que  tiene  el  procesado  ante  la solicitud de estudio del proceso que comporta las  pruebas  que  demuestran  la  responsabilidad  de un tercero (JOHN FREDY PUENTES  RAMIREZ)  quien  no se niega su no vinculación al proceso (sic) dígase de paso  por un error de la fiscalía”.    

A  pesar  de  que  el  ente  acusador  en  la  audiencia  pública  solicitó  la  condena  de  Pedro  Ernesto   Velásquez   Pacheco,  sus  argumentaciones  complementarias  sobre  la  presencia  de  una “concurrencia de culpas” trae  necesariamente  consigo  consecuencias  de índole indemnizatorio, como se dejó  ver  en  el  cartulario  y  lo  consignó  la  defensa, según se constata en el  registro de la audiencia.   

Agrega  que  la  concurrencia  de  culpas fue  reconocida  en  el  proceso  que cursa en el Juzgado Noveno Administrativo de la  ciudad  de  Ibagué  por  los mismos hechos, donde se dijo que “en el presente  asunto  existió  una  concurrencia  de culpas, pues tal y como se deriva de las  pruebas  aportadas  al  proceso,  el  conductor  de  la  moto  involucrada en el  siniestro  conducía  en  altas  horas  de  la  noche, sin casco protector y sin  chaleco  reflector  elementos que son indispensables en la utilización de estos  automotores”.   

En   definitiva,   se   demostró   que  el  motociclista  JOHN  FREDY  PUENTES  RAMIREZ violó el deber objetivo de cuidado,  habiendo  sido sin lugar a dudas su conducta la que finalmente trascendió en la  concreción  del  resultado  muerte  de  su acompañante, a través de un aporte  definitivo,  como lo sostuvo el fiscal acusador en la audiencia y lo reconoce el  Juzgado  Noveno  Administrativo  del  Circuito  de  Ibagué en el proceso que se  sigue por los mismos hechos.   

Si  el  tribunal  hubiese analizado la prueba  omitida,  habría  encontrado  que  el  accidente se presentó por la acción de  JOHN  FREDY PUENTES RAMIREZ, omisión que lo condujo a aplicar en forma indebida  el  artículo  109  del  Código  Penal,  que  define  el homicidio culposo, y a  sostener   erróneamente  la  participación  del  procesado  en  el  delito  de  homicidio.  Por  tanto,  pide casar la sentencia y dictar en su reemplazo una de  carácter absolutorio.   

SE        CONSIDERA:   

La Corte inadmitirá la demanda en estudio por  varias  razones,  (i)  por  no cumplirse el requisito punitivo requerido para la  procedencia  de  la  casación  común,  (ii) porque el demandante no invocó la  casación   discrecional   ni   demostró  la  existencia  de  los  presupuestos  requeridos  para su admisión, (iii) porque no demuestra la existencia del error  alegado,  y  (iv)  porque  carece  de  interés  para  pedir  la absolución del  procesado.   

La  jurisprudencia  de  la  Corte  ha  venido  sosteniendo  en  forma  invariable  que  el  requisito  punitivo exigido para la  procedencia  de  la  casación  en  materia  penal,  se  determina por las penas  previstas  en  las  normas  sustanciales  vigentes cuando ocurrieron los hechos.   

El  artículo  primero de la Ley 553 de 2000,  precepto  que  regía cuando sucedieron los hechos en el caso analizado, exigía  para  la  procedencia  del  recurso  de  casación  que  el delito por el que se  procedía   tuviera  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  excediera    de    ocho    (8)    años.   

El delito de homicidio culposo, para el 21 de  junio  de  2001, cuando sobrevino el insuceso, se hallaba sancionado con pena de  dos   (2)   a   seis   (6)   años   de   prisión4,  es  decir,  con una sanción  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  no  superaba  el  requisito punitivo  requerido para acceder a la casación común.   

En virtud de lo dispuesto en el inciso tercero  del    artículo    218    del    Decreto    2700    de    1991    (modificado   por   el   1°  de  la  Ley  553  de  2000),  la  defensa  tenía  la  alternativa  de  acudir a la vía de la  casación  excepcional,  pero  hacerlo  implicaba  cumplir  dos condiciones, (i)  demostrar  la  necesidad  de  intervención de la Corte para el desarrollo de la  jurisprudencia   o  la  protección  de  las  garantías  fundamentales  y  (ii)  presentar una demanda en forma.   

La primera exigencia presuponía acreditar que  los  fallos  desconocieron  un  derecho  fundamental  específico que exigía la  intervención  de la Corte para su protección, o que se estaba frente a un tema  que  no  ha  tenido  desarrollo jurisprudencial, o que teniéndolo era necesario  reexaminar,  replantear  o  unificar, pero el demandante no invoca esta opción,  ni intenta siquiera justificarla.   

La  segunda  implicaba  presentar una demanda  formal  y  sustancialmente  idónea, lo cual presuponía, a su vez, demostrar la  existencia  del error, condición que tampoco satisface, pues el casacionista se  limita  a  sostener  que los juzgadores omitieron apreciar el testimonio de JOHN  FREDY  PUENTES  RAMIREZ,  ignorando  por  completo  que el fallo de primer grado  analizó  a  fondo  esta prueba y que con fundamento en ella hizo las siguientes  precisiones:   

“Este  testimonio  permite  demostrar  el  actuar  imprudente  del procesado, lo cual constituye una clara violación a las  normas  de tránsito, pues es evidente que se desplazaba a una distancia mínima  no  permitida  de  la tractomula que delante de él se desplazaba al momento del  luctuoso  insuceso,  que  ejerció  la  acción de sobrepaso o adelantamiento de  este  automotor,  sin  tener  las  más  mínimas precauciones que esta labor le  exigía,  además  de  circular  en  ese  momento  por  una  zona  urbana que le  demandaba  el  mayor  cuidado  en  su  actividad  de conductor, pues téngase de  presente  que  en aquella zona la vía está debidamente señalizada o demarcada  en   el   centro  de  pavimento  con  doble  raya  amarilla,  que  significa  la  prohibición   de   la   acción   de   sobrepaso   o   adelantamiento  de  otro  vehículo”.5   

Sostiene adicionalmente el demandante, que si  los  juzgadores  hubieran  apreciado  esta  prueba, la decisión habría sido de  absolución,  pero  no  explica  por  qué,  de  su  contenido,  se  llega a esa  conclusión,  sobre  todo  si  se  tiene  en  cuenta  que el testigo es claro en  sostener  que  fue  el  procesado  quien  lo  golpeó de atrás hacia delante al  tratar  de  hacer  un  sobrepaso  prohibido, altamente riesgoso: “la  vía  tenía buena iluminación, tenía reductores de velocidad  en  la  carretera y baches amarillos, hay líneas blancas que quieren decir zona  urbana,  estaba  haciendo  buen  tiempo,  el  bus  pasó  en  contravía  por la  izquierda,  lo  hizo para pasarme a mí y a la mula”.   

La  lógica  casacional enseña que cuando se  plantea  en  esta  sede  un  error  de  hecho por falso juicio de existencia por  omisión,  como  el  que  aquí se propone, es deber del demandante demostrar su  trascendencia,  exigencia  que  implica  realizar un estudio objetivo de todo el  conjunto  probatorio,  con  inclusión  de  la  prueba  que fue ignorada por los  juzgadores,  para  demostrar  que si hubiese sido tenida en cuenta, la decisión  habría  sido  distinta,  estudio que, como se ha dejado visto, en manera alguna  intenta realizar.   

También  ha  señalado que las sentencias de  primera  y  segunda  instancia  forman  una unidad jurídica inescindible, cuyos  contenidos  probatorios y jurídicos se complementan, y por tanto, que cuando se  plantea  un  error  de  esta naturaleza (de existencia  por  omisión)  es necesario acreditar que el inferior  tampoco  la tuvo en cuenta, situación que, como ya igualmente se dijo, no es la  que revela el examen del fallo de primer grado.   

Una razón de más para inadmitir la demanda,  deriva  de  la  ausencia de interés del demandante para cuestionar en casación  la  responsabilidad  del  procesado  en los hechos, si se tiene en cuenta que su  compromiso  penal  no fue cuestionado al ser impugnado el fallo de primer grado,  y  que no se cumple, por tanto, el requerimiento de unidad temática, que exige,  para  la  legitimidad del ataque, que exista identidad entre las pretensiones de  la  apelación  y  las  de  la  casación,  o  lo  que  es igual, que el recurso  extraordinario  gire  alrededor  de  temas  que  fueron  apelados por la parte y  estudiados   en   el   fallo   de   segundo  grado.6   

En  el  presente caso, la defensa impugnó el  fallo  de  primer  grado para cuestionar la tasación de los perjuicios morales,  postura  que  implicaba,  de  una  parte, la aceptación de las otras decisiones  allí  tomadas,  entre  ellas,  la  declaración de la responsabilidad penal del  procesado  en  los  hechos,  y  de otra, la renuncia a discutir en casación los  aspectos no impugnados.        

En  síntesis,  la  demanda  no  cumple  las  condiciones  mínimas  requeridas  para  su  estudio  de fondo. Por tanto, se la  inadmitirá  y  se  ordenará devolver el proceso a la oficina de origen, previa  enmienda  de un error que la Sala advierte en la tasación de las penas de multa  y  de  privación  del derecho a conducir vehículos automotores, que afectan el  principio de legalidad de las penas.    

Casación      oficiosa.   

Los hechos investigados ocurrieron en vigencia  del  artículo  329  del Decreto 100 de 1980, norma que adscribía como sanción  para  el  homicidio culposo, pena privativa de la libertad de dos (2) a seis (6)  años  de  prisión,  multa  de  un  mil  ($1.000)  a diez mil ($10.000) pesos y  suspensión  de uno (1) a cinco (5) años en el ejercicio de la profesión, arte  u oficio.    

El juez de conocimiento, al dosificar la pena,  seleccionó  como  norma  aplicable  al  caso  el artículo 109 de la Ley 599 de  2000,  que  prevé para el mismo delito pena privativa de la libertad de dos (2)  a  seis  (6)  años  de  prisión,  multa  de  veinte (20) a cien (100) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  privación  del  derecho  a  conducir  vehículos automotores de tres (3) a cinco (5) años.   

Esta   selección  viola  el  principio  de  legalidad,  por  tratarse  de  una  norma  que  no  se encontraba vigente cuando  ocurrieron  los  hechos, y porque las penas de multa y de privación del derecho  a  conducir  automotores,  que se establecen en ella, resultan más gravosas que  las  contempladas  por  el estatuto anterior, situación que tornaba inviable su  aplicación eventual al amparo del principio de favorabilidad.   

Con  el  fin  de enmendar este desacierto, la  Corte,  en ejercicio de la facultad oficiosa que le confiere el artículo 216 de  la  Ley  600  de 2000, casará parcialmente la sentencia impugnada para fijar la  pena  de multa y de privación del derecho a conducir automotores con fundamento  en  los  contenidos del artículo 329 del Decreto 100 de 1980 y en los criterios  de   dosificación   punitiva   tenidos   en   cuenta   por  los  juzgadores  de  instancia.    

Como  el juez de conocimiento, al realizar la  tasación  punitiva,  optó por los mínimos previstos en la norma indebidamente  seleccionada,  la  Corte,  aplicando  igual  criterio,  impondrá  los  mínimos  previstos  en  el  artículo  329 del Decreto 100 de 1980, es decir, multa de un  mil  ($1.000)  pesos  y privación del derecho a conducir vehículos automotores  por  el término de un (1) año, y mantendrá en dos (2) años la pena privativa  de la libertad.   

Pertinente  es  aclarar  que el juez tasó la  multa  en  23.33  salarios  mínimos  porque consideró equivocadamente que esta  pena  oscilaba  entre  23.33 y 150 salarios mínimos legales mensuales vigentes,  pero  estos  montos   corresponden  realmente a la pena establecida para el  homicidio  culposo agravado. Se aclara igualmente, que la pena de privación del  derecho  a  conducir  automotores  está  referida  a toda clase de vehículos y  no   exclusivamente  a  “motocicletas”  como  se dejó consignado en el  numeral   primero   de   la   parte   resolutiva   de  la  sentencia  de  primer  grado.7   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

1.   Inadmitir  la demanda de casación presentada por el defensor del  procesado  Pedro Ernesto Velásquez Pacheco.   

   

2. Casar parcialmente, de oficio, la sentencia  impugnada,  para  fijar  en  un  mil pesos ($1.000) la pena de multa y en un (1)  año  la  de  privación  del  derecho  a conducir vehículos automotores. En lo  demás, el fallo se mantiene inmodificable.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.      

     

NOTIFIQUESE    Y    CUMPLASE.   

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS   

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ            SIGIFREDO   ESPINOSA  PEREZ   

                      

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO                     AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMAN                      

                                                                                         

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANES               YESID RAMIREZ BASTIDAS    

Permiso  

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                              

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA     

1  Folios   21,   53-55,   102-104,   144-149   y  178-182  del  cuaderno  original  1.   

2  Folios 228-250 ibídem.   

3  Folios 4-10 del cuaderno del tribunal.   

4  Artículo 329 del Decreto 100 de 1980.   

5  Página 15 del fallo.   

6  Casación  15488  de 16 de julio de 2001, Casación 20886 de 8 de julio de 2004,  Casación 22834 de 6 de abril de 2005, entre otras.   

7 En la  parte  considerativa  del  fallo  y  en el numeral 4° de su parte resolutiva se  habló expresamente de vehículos automotores.     

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