32557(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32557  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado acta N° 353.  

Bogotá, D. C., once (11) de noviembre de dos  nueve (2009).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  sustentación de la demanda de casación instaurada por el defensor de  HASSEN     ALEXÁNDER     CARDONA     contra  la  sentencia  del  29  de  mayo de 2009 mediante la cual el  Tribunal  Superior de Bogotá confirmó el fallo proferido el 14 de noviembre de  2008  por el Juzgado Décimo Penal del Circuito de la misma ciudad, que condenó  al  mencionado  procesado  a  la  pena principal de 280 meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  tiempo  igual  al  de la pena privativa de la libertad, como  autor responsable del delito de homicidio.   

HECHOS  

El  Tribunal  los resumió en los siguientes  términos:   

“El   19  de  diciembre   de   2005   falleció   el  señor  Mario  Hernández  Villamizar  cuando  era conducido hacia el  hospital  de  Fontibón,  como  consecuencia de haber recibido siete heridas con  arma  cortopunzante  dirigidas  a su rostro, tórax y abdomen, que involucraron,  entre  otras, lesiones en el corazón y el pulmón, desencadenantes de un choque  hipovolémico.  Hasta  dicho  centro  asistencial  fue  llevado  por  su sobrino  William  Díaz,  quien  rápidamente  se  presentó a su auxilio después de ser  advertido por algunos vecinos sobre lo ocurrido.   

“… la génesis  de  la  mortal  acometida aconteció en la residencia de la víctima, ubicada en  la  calle  34 No. 103-08 de esta ciudad. Allí se habían reunido a departir con  el  señor  Hernández  su  amigo  Hassen  Alexánder  Cardona   y   otro  individuo  llamado  Jaime  (alias  ‘Yiyo’),  cuando a eso de la una de la tarde  estos  dos  abandonaron  la residencia, uno después de otro, llevando sus ropas  ensangrentadas  y  un  cuchillo,  para  reunirse  a  poca distancia y manifestar  ‘lo    matamos,    lo  matamos’.  Inmediatamente  después  salió  hasta  el  quicio de la puerta don Mario, gravemente herido, y  alcanzó  a  pedir  ayuda  e  informar ‘los       que       van       ahí       me      mataron’”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  A  solicitud  de  la Fiscalía, el 11 de  enero  de  2006  el  Juzgado  19  Penal  Municipal,  con funciones de control de  garantías,  realizó  audiencia  preliminar  en la cual dispuso librar orden de  captura   en  contra  de  HASSEN  ALEXÁNDER  CARDONA.   

2.  Tras  decretarse  la  ilegalidad  de  la  aprehensión  producida  en  su  momento  y  disponerse  la  prórroga en varias  ocasiones  de  la  orden de captura librada en contra del entonces indiciado, en  audiencia  preliminar  celebrada  el  1º  de  marzo de 2007 el Juzgado 46 Penal  Municipal,  con  funciones  de  control  de  garantías,  ordenó  emplazarlo  y  designarle asistencia letrada a través de la Defensoría Pública.   

3.  Cumplido  el emplazamiento, en audiencia  realizada  el  19  de  junio  de  2007  ante  el Juzgado 47 Penal Municipal, con  funciones  de  control de garantías, se declaró persona ausente a HASSEN  ALEXÁNDER  CARDONA. En desarrollo  de  la misma diligencia, la Fiscalía le imputó el delito de homicidio. Por ese  mismo  ilícito,  el  juez  le  profirió  medida de aseguramiento de detención  preventiva.   

4.  Presentado  escrito  de  acusación  y  resuelto   impedimento  promovido  por  al  juez  de  conocimiento  al  cual  le  correspondió  inicialmente  la  actuación,  el  31 de enero de 2008 el Juzgado  Décimo  Penal  del  Circuito  llevó  a  cabo la audiencia de acusación, en el  curso  de  la  cual  la  Fiscalía  atribuyó al imputado el delito de homicidio  simple, previsto en el artículo 103 del Código Penal.    

5.  La audiencia preparatoria la realizó el  21  de  febrero  siguiente  y  el juicio oral lo inició el 4 de abril del mismo  año,  culminándolo  el  8  de  julio  postrero  con el anuncio del sentido del  fallo,  precisando  que  sería  de  carácter  condenatorio.  La  sentencia  la  profirió  el  14  de noviembre de 2008, contra la cual interpusieron recurso de  apelación  tanto  la  defensa  como el acusado. Como se reseñó en el acápite  inicial,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó la decisión de primera  instancia,  ante  lo  cual  el  defensor  promovió el recurso extraordinario de  casación.   

LA DEMANDA  

          El  impugnante  formula dos cargos contra la sentencia del Tribunal,  el  primero  con fundamento en el numeral 3º del artículo 181 de la Ley 906 de  2004,  mientras  el  segundo bajo el auspicio del numeral 1º del mismo precepto  procesal.   

          En    el    primer   cargo   sostiene  que  en  este  caso  existen dudas insalvables que impiden  edificar  un fallo condenatorio. Al respecto aduce que el testimonio con el cual  se  fundamentó  el  juicio  de  reproche  no  es creíble, porque el declarante  incurrió  en  varias  contradicciones, cambiando en cada versión la forma como  ocurrieron  los  hechos,  amén de tratarse de un hombre vicioso, en cuanto hace  muchísimo tiempo consume estupefacientes.   

          En  ese sentido, le parece imposible creer que la víctima salió de  su  casa  para  clamar  socorro,  por  cuanto  si  las heridas le produjeron una  profusa  emanación  de  sangre, debió encontrarse rastros de ella a la entrada  de  la  residencia, lo cual no ocurrió. Además, añade, nunca se comprobó que  el   acusado  tuviese  manchadas  sus  prendas  con  dicho  líquido  orgánico.   

          Sostiene    que,    contrariamente,    el    testigo    Julio  Martín  Colmenares  declaró haber  conversado   con   el  procesado  aproximadamente  20  minutos  antes  de  salir  “Jaimito”  de la casa  de  la  víctima,  lo cual permite concluir que este último bien pudo ser quien  exclusivamente  cometió  el  homicidio.  Si no fuese así, según el libelista,  HASSEN  CARDONA  se  habría  dado   a   la  fuga.  En  su  criterio,  este  deponente  es digno de crédito porque nunca se le ha atribuido  un  mal  proceder  y  siempre  ha  actuado  dentro  de  los  parámetros  de  la  honestidad, moralidad y buena fe.   

          En    el   segundo   cargo   acusa  la  sentencia  de  violar  la  ley sustancial, al interpretar  erróneamente  los  artículos  3º  y  4º  de  la Ley 599 de 2000 e ignorar el  artículo  61  ibídem,  así  como  los  artículos 13 y 29 de la Constitución  Política.   

          Sustenta  el  reproche,  señalando  que el juzgador aplicó la pena  dentro  del  segundo  cuarto,  en  consideración  a la gravedad de la conducta,  derivada  del uso de un arma corto punzante y del hecho de tratarse el homicidio  del  crimen más grave que se puede concebir, sin efectuar, señala el actor, el  ejercicio  de ponderación exigido por la ley, en cuanto pasó por alto la buena  conducta  anterior  del  acusado  y  su  calidad  de  delincuente primario, como  también la necesidad, proporcionalidad y razonabilidad de la pena.   

          En   su   opinión,   el   sentenciador  impuso  su  interpretación  subjetiva,  aplicando  una pena superior a la mínima establecida en la ley, sin  ni  siquiera  explicar  por  qué  no  ponderó  las  condiciones especiales del  acusado,  las  cuales  lo hacían merecedor a la sanción inferior permitida por  el  estatuto penal. Con ese proceder, estima, el juzgador violó el artículo 29  de  la  Constitución Política, el cual consagra el principio de favorabilidad,  al  aplicar  en  forma restrictiva y desfavorable las normas, conllevando ello a  la también vulneración de la garantía de la igualdad.   

          En  esos  términos,  solicitó  casar la sentencia para absolver al  procesado o, en su defecto, imponerle la pena mínima.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

          Al  igual  de lo acontecido en el marco de la Ley 600 de 2000, en la  sistemática  procesal  penal  regulada en la Ley 906 de 2004, conforme lo tiene  dicho  de  manera  reiterada  la Sala, la demanda de casación debe cumplir unos  presupuestos  de  adecuada  y  lógica  fundamentación como condición para ser  admitida.  Esas  exigencias  surgen de lo dispuesto en los artículos 183 y 184,  inciso  segundo,  y  su  finalidad  es evitar que el recurso se convierta en una  tercera  instancia,  en  la  cual  los  sujetos procesales postulen todo tipo de  argumentos sin ningún rigor argumentativo.   

El  primero  de  dichos  artículos exige al  censor  presentar  el libelo señalando de manera precisa y concisa las causales  invocadas  y  sus  fundamentos.  Por  su  parte,  el segundo establece que no se  seleccionará  el  libelo  cuando, entre otros eventos, se prescinde de señalar  la causal o no se desarrollan los cargos de sustentación.   

          Con  apoyo  en las citadas disposiciones la Sala ha expresado que en  el   nuevo   esquema  procesal  penal  al  demandante  le  corresponde  también  satisfacer,   al   formular   los   respectivos   cargos,   las  pautas  fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación establecidas por la ley.   

         

          Al  examinarse la demanda instaurada por el defensor de HASSEN  ALEXÁNDER  CARDONA,  concluye  la  Sala   que   la   misma   no   cumple  las  exigencias  de  adecuada  redacción  indispensables   para   su   admisión  y,  antes  bien,  presenta  numerosos  e  insalvables  defectos  que  la tornan inepta para esos propósitos.            

          En  efecto,  el  primer cargo el  actor lo formula con sustento en el numeral 3º de la Ley 906 de  2004,  el  cual  corresponde  a  la  causal  de  casación que la jurisprudencia  tradicionalmente ha denominado violación indirecta de la ley.   

          Pues  bien,  cuando  se  acude  a ese motivo casacional es deber del  libelista   acreditar  que  el  ad  quem  al  apreciar  la  prueba incurrió en error de derecho o en error de  hecho.  Si  aduce  lo  primero,  adicionalmente  tiene  como  carga demostrativa  sustentar  la  presencia de un falso juicio de legalidad o de un falso juicio de  convicción.   

En  ese orden, si selecciona el falso juicio  de  legalidad,  deberá  mostrarle  a  la Corte que el sentenciador apreció una  prueba  a pesar de no reunir las exigencias legales requeridas para su aducción  o  dejó  de  valorar  alguna  que sí cumple tales presupuestos. A su turno, si  elige  el  sendero del falso juicio de convicción le compete fundamentar que el  juez  sustentó  la  sentencia  con  desconocimiento  de las normas que tasan el  valor  y eficacia de los elementos de prueba. En todo caso, en ambos casos le es  exigido   demostrar   las   implicaciones   del   yerro  en  el  sentido  de  la  decisión.   

En  cambio,  si  la pretensión del actor es  denunciar  la presencia de un error de hecho, le corresponde encaminar el ataque  hacia  la  acreditación  de  alguno  de los siguientes errores: falso juicio de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  o  falso  raciocinio. Si se trata del  primero,  su  esfuerzo  argumentativo  estará  dirigido  a  evidenciar  que  el  juzgador  omitió  apreciar  una prueba (existencia por  omisión)   o   ponderó  alguna  no  obrante  en  la  actuación   (existencia  por  invención).   

Pero  si aduce un falso juicio de identidad,  la  carga  de  fundamentación  se  orientará  a  establecer que en el fallo se  distorsionó  un medio de convicción para hacerle decir lo que no expresa, bien  sea  porque  le  adicionó  aspectos ajenos a su contenido, o porque le cercenó  algunos que sí forman parte del mismo, o porque lo transliteró.   

Finalmente,  si el motivo de la casación es  postular   un   falso  raciocinio,  será  deber  del  actor  acreditar  que  el  dispensador  de  justicia,  al apreciar algún medio probatorio, desconoció los  principios  de  la  sana  crítica, integrados por las reglas de la experiencia,  los postulados lógicos y las leyes de la ciencia.   

De   igual   manera,  en  los  tres  casos  constitutivos  de  error  de  hecho será su deber explicar la trascendencia del  yerro,  acreditando  que  de  no ser por su ocurrencia la decisión habría sido  radicalmente distinta.   

En el caso sometido a estudio, el demandante  omitió  precisar la clase de yerro invocado, pues no especificó si se trata de  error  de derecho o de error de hecho.  De la misma manera, tampoco indicó  en  cuál  de  las  modalidades  en que se manifiestan esos desatinos, es decir,  falso  juicio  de  legalidad,  falso  juicio  de  convicción,  falso  juicio de  existencia,  falso  juicio de identidad o falso raciocinio, trasegó el Tribunal  cuando  confirmó  la sentencia condenatoria proferida en contra de HASSEN ALEXÁNDER CARDONA.   

          El  censor  se  limita  tan  sólo  a predicar la presencia de dudas  insalvables,  haciendo  uso de argumentos propios de un alegato de instancia, en  cuanto  realiza  su  propia  apreciación  de  las  pruebas  y  la  opone  a  la  valoración  efectuada  por el Tribunal, pretendiendo que la Corte avale la suya  y  desapruebe  la del juzgador, pero sin acreditar la existencia de yerro alguno  desencadenante  de  dicha  consecuencia.  Olvida  de  esa  forma que tal modo de  sustentación   no   resulta  válido  en  sede  de  casación,  dada  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  asignada  al  fallo,  cuyas conclusiones  probatorias,    por    tanto,    prevalen    sobre    las    de    los   sujetos  procesales.   

          El     segundo    cargo    lo  apoya en el numeral 1º del artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  es  decir,  denuncia  la  violación  directa  de la ley sustancial.           

          De  acuerdo  con  la jurisprudencia de la Corte, cuando el ataque se  fundamenta  en  la causal de casación antes mencionada le está vedado al actor  desconocer  los  hechos  declarados  probados  por  el  sentenciador,  así como  controvertir   el  mérito  probatorio  asignado  en  el  fallo  a  las  pruebas  incorporadas a la actuación.   

          En   consecuencia,   constituye   obligación   para  el  demandante  presentar  una  discusión  netamente  jurídica que, desde luego, deberá estar  apegada  a los fundamentos de la decisión objeto de la impugnación, so pena de  que la censura pierda seriedad.   

          Tales  presupuestos  de  sustentación no los cumplió el libelista.  Como  se recuerda, sostiene que el juzgador aplicó la pena en el segundo cuarto  de  movilidad,  con  base  en  la  gravedad  de la conducta. Esta afirmación no  corresponde  a  la realidad, pues el a quo seleccionó  dicho  segmento  punitivo  al  encontrar concurrente la  circunstancia  de  agravación contemplada en el numeral 10 del artículo 58 del  Código    Penal,    esto    es,    por    obrar   el   procesado   “en           coparticipación  criminal”,   fundamento  modificador   de   la   pena   respecto  del  cual  la  Fiscalía  solicitó  el  proferimiento  de  sentencia condenatoria al momento de exponer su intervención  final en el juicio oral.   

          Tampoco  es  exacto,  conforme  lo  menciona el casacionista, que el  sentenciador  de  primer  grado  no  hubiese  tenido en cuenta la buena conducta  anterior     del     acusado     y     su     condición     de     “delincuente    primario”.  Precisamente,  su reconocimiento lo  llevó  a  ubicarse  en el segundo cuarto de movilidad, atendido lo dispuesto en  el  inciso segundo del artículo 61 del Código Penal, de acuerdo con el cual el  juzgador      se      situará     “dentro  de  los  cuartos  medios  cuando concurran circunstancias de  atenuación  y  de agravación punitiva”.   

          Obsérvese,  al  respecto,  lo  analizado por el fallador de primera  instancia:   

          “Ahora  bien, habida consideración que  en  el comportamiento del acusado, concurrió circunstancia de mayor punibilidad  de  carácter  genérico,  prevista  en  el  artículo  58 del C.P. numeral 10º  referente   a  ‘obrar  en  coparticipación        criminal’,  e  igualmente la circunstancia de menor punibilidad del artículo  55   numeral  1º  (sic)  la  carencia   de   antecedentes   penales,   la  pena  se  fijará  en  el  segundo  cuarto…”.   

          En  realidad,  el  criterio de la gravedad de la conducta lo aplicó  el  a  quo para no imponer la  pena   mínima  correspondiente  al  cuarto  seleccionado.  Dicho  factor  está  contemplado  en  el  inciso  tercero  del  precitado  artículo  61 del estatuto  punitivo,  sin que el libelista se ocupara de cuestionar los fundamentos con los  cuales  el  juzgador  lo  consideró,  al  margen  de  atribuirle  acudir  a una  “interpretación  subjetiva”   por   no  ponderarlo  en  conjunto  con las condiciones personales del acusado, lo cual no  resulta  cierto,  pues  la  buena  conducta  anterior  y,  por  consiguiente, su  carácter  de  “delincuente  primario”,  conforme  se  dijo  en  precedencia,  constituyó  motivo  para  dosificar  la  sanción en el  segundo cuarto de movilidad.   

          El  actor,  por  tanto, no atendió los parámetros de sustentación  propios  de  la  causal  invocada.  Tal  falencia, aunada a las advertidas en la  fundamentación  del  primer  cargo,  conduce  a la inadmisión de la demanda de  casación  objeto  de examen, teniendo en cuenta además que la Sala no advierte  la  vulneración  de  garantías  fundamentales  en los temas contemplados en el  libelo,   que  impongan  superar  los  desaciertos  técnicos  para  decidir  de  fondo.   

   

No  obstante,  la  Corte  observa  que  el  sentenciador  pudo vulnerar los principios de congruencia y legalidad durante el  proceso  de  tasación punitiva. El primero, por cuanto dedujo una circunstancia  de  mayor   punibilidad  con  sustento  en  la solicitud que al respecto le  formuló  la  Fiscalía  en  la  intervención final expuesta en el juicio oral,  pero  sin  que esa causal de agravación hubiese sido imputada en la acusación.  Y  el  segundo,  por  cuanto  fijó la pena accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas en el mismo lapso determinado para  la  sanción privativa de la libertad, olvidando que su quántum ascendió a 280  meses,  es  decir,  23 años y 4 meses, guarismo superior al máximo previsto en  el artículo 51 del Código Penal.   

Por  tanto,  la  Sala  ordenará que una vez  cobre  ejecutoria  la presente decisión y se resuelva, en caso de interponerse,  lo   relacionado   con  el  mecanismo  de  insistencia  que  procede  contra  la  providencia  inadmisoria  de  la  demanda,  vuelva  el proceso al Despacho de la  Magistrada  ponente  para  de oficio proferir, en su momento, el pronunciamiento  de rigor.   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación1,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por cuyo medio la Sala resuelva inadmitir la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          1.  INADMITIR  la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   HASSEN ALEXÁNDER CARDONA.   

          De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

2.  Ejecutoriada  la  presente  decisión  y  resuelto,  en  caso  de  interponerse,  el  recurso de insistencia, volverá  el  proceso  al  Despacho  de la  Magistrada  ponente, a fin de que la Sala provea de manera oficiosa acerca de la  posible  /  vulneración  de  garantías fundamentales, conforme lo expresado en  esta providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE   SOCHA   SALAMANCA   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

         Licencia no  remunerada            

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE  LEMOS                

                                                                               

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

                                                                              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

     

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria     

1 Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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