32462(12-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 32462  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Aprobado acta No 152.  

Bogotá,  D.C,  doce  (12) de mayo de dos mil  diez (2010).   

I. OBJETO DE LA PROVIDENCIA:  

          1.  Resuelve  la  Sala  el recurso de reposición interpuesto por la  defensa     del     senador     ALIRIO    VILLAMIZAR  AFANADOR,  contra  la  providencia  del  7 de abril de  2010,   a  través  de  la  cual  se  negó nulidad procesal, exclusión de  pruebas  y  devolución  de  bienes,  demandadas  dentro  de  la  investigación  preliminar seguida en su contra.   

II. DE LA REPOSICION:  

2.  La  defensa  del  senador  ALIRIO   VILLAMIZAR   AFANADOR,  luego  de  recordar   sus   argumentos   y   solicitudes   iniciales,   al  igual  que  las  consideraciones  y  decisiones  de  la Corte contenidas en el auto a través del  cual  tuvo  respuesta, pidió su revocatoria y que en su lugar se declare ilegal  la  diligencia  de allanamiento y registro cumplida en la residencia del senador  ALIRIO  VILLAMIZAR  AFANADOR,  tanto  como la aprehensión de bienes realizada en curso de la misma, y además,  que  se  declare  nula  la  actuación  a  partir  de la providencia que dispuso  investigación preliminar y se devuelva el dinero incautado.   

3.   Considera  que  los  magistrados  auxiliares  de la Corte Suprema de Justicia, al ordenar y practicar allanamiento  en  la  residencia  del  senador ALIRIO VILLAMIZAR AFANADOR se extralimitaron en  sus  facultades,  por  cuanto  el  artículo  84  de  la  Ley 600 de 2000 prevé  que     “el  auto  que  ordena  la comisión debe señalar con precisión las  diligencias  que  deben practicarse y el término de dicha comisión”,   y   que   según  eso,    “no   es  legalmente       permitido      otorgar      facultades      tacitas”. Y entonces,  que     “el   hecho   de  que  la  Corte  hubiera  comisionado  (…)              “Para   la   practica  de  las  pruebas  decretadas  en  este  auto  y  las  que se deriven de las anteriores”, tal comisión no podía comprender la  potestad  de decretar y practicar, motu proprio, la diligencia de allanamiento y  registro  en  la  residencia  del  senador ALIRIO VILLAMIZAR AFANADOR, porque se  requería   de   una  facultad  expresa  y  precisa,  que  en  tal  caso  no  se  dio”.   

4.     Dijo    que    “de  cara  al  citado  artículo  84, no  comparte  lo  dicho  por  la  Sala  Penal  en  el  sentido  de  que “la  labor de los magistrados auxiliares  no  se  corresponde  estrictamente  con esa comisión, pues, ellos son, para los  efectos  investigativos,  la  Corte  misma, o si se quiere un apéndice de ella,  razón  por  la  cual,  cuando  actúa  no  lo hace por dicha comisión, sino en  cumplimiento   de   precisas   directrices  e  instrucciones  trazadas  por  los  magistrados   titulares”,  dado       que       dichas       “directrices  e instrucciones”  deben  estar  contenidas  de  manera precisa en la providencia que  ordena  la comisión, salvo que se trate de diligencias que no afecten de manera  directa          derechos         fundamentales           …”.   

5. Agregó que de mantenerse la tesis de que  “tanto el auto dictado por  los   magistrados  auxiliares  decretando  la  práctica  de  la  diligencia  de  allanamiento  y  registro, como el desarrollo de la misma son legales, sí es de  reconocer  la  ilegalidad  de  la incautación de las sumas de dinero nacional y  extranjero  de propiedad del senador ALIRIO VILLAMIZAR AFANADOR y de miembros de  su  familia”, porque ni en  ese   momento  ni  ahora  existe  elementos  probatorios  que  permitan  inferir  su     “dudosa      procedencia”;  que la “Corte  Suprema  de  Justicia  ha debido señalar en qué se fundamenta para afirmar que  una   suma   como   la   aprehendida   “supera   los   montos   que   se   manejan  por  fuera  del  sistema  bancario”,         porque        “la  defensa  lo  desconoce”  y  no  hay  parámetro  “que permita fijar la suma de dinero que  pueda  tener  en  su  poder  un  senador”.   

6.  Le  parece  que  en  esas  condiciones,  “si  no  existen  dichos  criterios”,  solo a partir  de  una presunción de responsabilidad, con desconocimiento de la presunción de  inocencia,  se  puede  afirmar  que  un  senador en época preelectoral no puede  tener  en  su  poder  una  suma  de  dinero como la aprehendida; que     “los  magistrados  presumieron  que  los dineros eran de procedencia ilícita, cuando,  por  razón del principio de presunción de inocencia, debían presumir que eran  de  origen  lícito”.    

III. CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

7.   La Corte no repondrá la decisión  impugnada.  Pártase  del  saber  que  si la Constitución Política en su parte  orgánica  le  fijó la atribución de “investigar   y   juzgar  a  los  miembros  del  Congreso”    (Art.    235-3),    por   fuerza  imprescindible  de la axiología que le es propia, fundada en principios como el  del  orden justo, la determinación de la verdad real y el de justicia material,  sin  pasar  por  alto  otros  como  el  de la dignidad humana y el de legalidad,  resulta  apenas natural y obvio que el método dispensado para desarrollar dicha  función  debe  estar  conforme  su  teleología; es afán constitucional que la  justicia  se  materialice,  aún  respecto  de  los  miembros del Congreso de la  República.    

8. Por eso se entiende, que la Corte Suprema  de  Justicia  no  está  compuesta  solamente por el concilio de sus magistrados  titulares,  sino que orgánicamente está integrada por un equipo de trabajo que  bajo  la  dirección  y  control de aquellos, como un solo cuerpo institucional,  cumple  sus  misiones legales y constitucionales. De esa empresa hacen parte los  magistrados  auxiliares,  que como se dijera en la providencia impugnada, poseen  el  “carácter  analógico  del  funcionario judicial” y  bajo  ese  tamiz,  bien  pueden  en  veces  adoptar  decisiones  con  fuerza  de  jurisdicción.   

9.   Es precisamente en desarrollo de  las  atribuciones  como Corporación de investigación criminal asignadas por la  Constitución  Política  a  la  Corte  Suprema  de  Justicia, donde cobra mayor  relevancia  el ejercicio de las citadas potestades, en cabeza de los magistrados  auxiliares.  Porque  es  allí,  por  fuera de estrados, al calor del trabajo de  campo,  cuando  el ente de investigaciones bajo su representación, topa con las  vicisitudes,  accidentes  y  contrariedades  que  le  son  propias,  haciéndose  patentes  sus  premuras, pues no se concibe en esa actividad, emparentada con la  policial,  el  rigor  protocolario  de  la  Sala  en  pleno  de  sus magistrados  titulares.  Una práctica así, sería contraria los principios del orden justo,  la  determinación  de la verdad real y la realización de la justicia material,  por ausencia de oportunidad, contra cualquier asomo de eficacia.   

10.  Por eso en el método del procesamiento  penal,  que  existe  para  que  la  justicia sea genuina y no simple quimera, es  inconcebible  una  hermenéutica disonante con las particularidades del mundo al  que   se   dirige,  a  tal  punto  que  en  materia  de  investigaciones  contra  congresistas  de la República, haga nugatoria la teleología constitucional. De  ahí  que  el  sentido  del  artículo  84  de  la  Ley  600 de 2000, bajo estas  particulares  competencias,  no  puede asirse a la simple estrechez de su letra,  que  no  atiende  su especificidad, sino que ha de situarse en contexto para que  reciba el reflejo axiológico de la Carta Política.   

11.  Ahí  la  razón  por  la  cual  en  la  providencia  recurrida  se  consideró,  que  en  estricto,  como la Corte no se  comisiona  a  sí  misma,  siendo  los magistrados auxiliares una parte de ella,  “su apéndice”  como  se dijera, las investigaciones  penales  bajo  su  resorte  no  se  corresponden  con esa metódica, sino con el  cumplimiento  de  “precisas  directrices     e     instrucciones”  trazadas por los magistrados titulares, luego en esas particulares  condiciones,  no  necesariamente sus facultades están sujetas a ordenes previas  y     escritas     consignadas     en     autos,     con     la     “precisión”  que demanda la defensa, en cuanto se  cuenta  con  variables  que  dependen  del  contexto  en  que las operaciones se  desarrollan,  donde  no  siempre  son  racionalmente  previsibles y por lo mismo  lógicamente dables, bajo ese parámetro.   

12.  Téngase  presente  que  la  labor  de  investigación  criminal,  inclusive la asignada a la Corte Suprema de Justicia,  se  desarrolla  por  fuera de los estrados, tanto que por esencia, más allá de  lo  previsto  como excepción en la Constitución Política patria, no es rol de  jueces;  es fundamentalmente un trabajo de campo, afín a la actividad policial,  que  posa  sobre  tesis  probables  y  dinámicas, en permanente búsqueda de su  confirmación,  donde  no se precisa anteladamente cual de las alternativas a la  vista  es  la  correcta,  ni  es posible anticipar sin riesgo de error, a dónde  finalmente se arribará.   

13.  La investigación por sí misma, siendo  por  su  naturaleza  intrínseca una marcha hacia lo desconocido, para conocerlo  precisamente,  no  es  un  paseo sosegado y tranquilo por un sendero seguro, que  pueda       asirse       en       “precisos”  protocolos,  o  autos  previos  como  lo  exige  la  defensa,  cual  si fuera un  catálogo  de  instrucciones  de  manejo,  anclado en patrones de comportamiento  constante;  es  por  el contrario, un difícil recorrido, entre las tinieblas de  un  camino escabroso, colmado de premuras, alternativas y vicisitudes, a las que  no   puede   agregarse   exigencias   visionarias  previas,  que  frente  a  las  particularidades de cada contexto se tornen irracionales.    

14. Como pedir que los magistrados auxiliares  de  la  Corte  Suprema de Justicia, entre los afanes y el fragor de una pesquisa  que  cursaba en la ciudad de Bucaramanga, a la vista con foco de luz y riesgo de  extravío,  evidencia  de  hechos  penalmente  relevantes,  esperaran  que en la  ciudad  de  Bogotá, sede de la Corporación,  se reuniera en pleno su Sala  Penal   y   mediante   auto   y  con  “precisa     indicación”,  autorizara  seguir  el  objetivo  que  de  forma  natural y obvia  indicaba  la dinámica investigativa, a pesar de contar con una directiva previa  que   los   facultaba,   no   solo   para  practicar  unas  pruebas  debidamente  clasificadas,  sino  las  que  de éstas surgieran para realizar los propósitos  superiores  de  la  investigación,  que  llevaba  incito el poder con fuerza de  jurisdicción  coactiva,  para  remover  los  obstáculos que se hallaran en ese  desarrollo,  como  lo  fue  la  necesidad de afectar la intimidad de una familia  allanando su residencia.   

15.  En esas precisas condiciones, recaba la  Corte,  el  allanamiento  que  tuvo  lugar  en  la residencia del senador ALIRIO  VILLAMIZAR  AFANADOR,  que  la  defensa  tildó  de  ilegal,  fue  una decisión  legítima,  porque  tanto  su  orden como su ejecución siguieron el cauce de la  Constitución  Política  y  la Ley del Estado, situadas en un contexto de falta  de  alternativa,  necesidad  e idoneidad para cumplir los fines superiores de la  investigación,  enfocados  en  el  inquebrantable  propósito  de  descubrir la  verdad  y  sobre  ella  aplicar  el  derecho,  con  respeto  por  las garantías  fundamentales  bajo  amparo  de  ese  especial  procedimiento.  Fuerza  entonces  ratificar el sentido de la decisión impugnada.   

16.   Tampoco  es  atendible la demanda  subsidiaria  relativa con la devolución de los bienes incautados, sobre la base  de  que  “en ese momento no  existía   elemento  probatorio  alguno”   que   permitiera   inferir  su  dudosa  procedencia,  porque  tal  como se explicó en el auto cuestionado, “su aprehensión obedeció a un hallazgo  imprevisto  dado  en  contexto  que  pone  en  entredicho  la  legalidad  de  su  origen”,  con génesis en la declaración de la notaria Once del Círculo de  Bucaramanga.  Ella contó que entregó mensualmente al senador ALIRIO VILLAMIZAR  AFANADOR  la  mitad de sus ingresos notariales, pagando sus influencias para que  fuera  nombrada  en  ese cargo, y la presencia de ese dinero en su casa del modo  que  se  halló,  objetivamente  hace  pensar que pudo haber tenido ese origen o  servir  para  refundirlo,  lo  que  determinaba  su  incautación;  como bien se  procedió.   

      

17.  Sin  que se dable que defensa peda a la  Corte,  que  entonces le diga qué cuantía de dinero puede tener en efectivo un  senador  en época preelectoral, para que no sea materia de incautación, porque  un  decisión  de  éste  carácter  no  depende  de  los  bienes  en  sí mismo  considerados,   sino  de  sus  contornos  conocidos  enfocados  en  sus  usos  u  orígenes,  como  lo  dispone  el artículo 64 de la Ley 600 de 2000. Si se dijo  bajo  juramento que un servidor público incrementó injustamente su patrimonio,  con  prolija  narrativa  de sus pormenores, y en momento seguido se halló en su  casa  una  suma  millonaria  inexplicada, esos hechos son razón suficiente para  colegir,  por  lo  menos  provisoriamente, que ese valor pudo tener por génesis  los  actos injustos comentados, o ser su instrumento, para dar curso legítimo a  su aprehensión; tal cual se hizo.   

18.  Que la suma fuera desproporcionada,  para  tenerse  en  efectivo  por  fuera  de  los  circuitos bancarios; que no se  contara   con  prueba  idónea  sobre  la  licitud  de  su  procedencia;  o  que  tratándose  de  divisas  podrían estar sometidas a controles administrativos y  judiciales,  son  solamente  razones  de  más  invocadas  por  los  magistrados  auxiliares,  que  nutren  un  contexto  en el que está sumergido el núcleo del  conocimiento  necesario  para  adoptar  la  decisión de aprehensión de bienes,  enmarcado  en  el  hecho  que una persona comprometida con la verdad, explicando  racionalmente  la  ciencia  de  su  dicho,  contó  de un incremento patrimonial  injusto  que empata con un valor hallado en la residencia de quien fue puesto en  mira,   dibujándose  tras  ello  un  estado  permanente  de  ejecución  de  un  comportamiento,  que por lo menos en perspectiva, casa con un concreto modelo de  imputación.   

19.  La  investigación  previa  que  tuvo  apertura  apunta  precisamente,  en  la  disyuntiva  de  proseguir o retraer esa  primera  línea  del  conocimiento;  a verificar conforme lo prevé el artículo  322  de  la  Ley  600  de  2000,  si  tal inclinación de la razón inicial, tan  momentánea  como  embrionaria en su base probatoria, puede ser ratificada o por  el  contrario  reconsiderada,  y  conforme  con  ello iniciar la acción penal o  inhibirse  de la misma, para por consecuencia, respecto de los bienes incautados  que  son  la  materia  de análisis, según el caso, mantener la restricción al  derecho de propiedad o  levantarla.     

20.  Por  eso  no  puede decirse, que con la  decisión   de   aprehender  el  dinero  y  otros  bienes  hallados  durante  el  allanamiento,  que  provisoriamente  se mantiene, se ha afectado ilegítimamente  el  derecho  a  la  presunción  de  inocencia  del  senador  ALIRIO  VILLAMIZAR  AFANADOR,  para  luego agregar que por esa vía se le ha negado la garantía del  debido  proceso  penal,  de  la  cual  es titular. Como quedó visto, no fue una  decisión  antojadiza  o  caprichosa  de los magistrados auxiliares de la Corte,  sino   fundada  en  una  base  probatoria  objetiva,  emanada  del  conocimiento  suministrado  por  el desarrollo mismo de la actuación; así la defensa, con el  legítimo derecho a disentir, no lo considere igual.   

     

En mérito de lo precedente, la Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

Resuelve:  

          No  reponer el auto del 7 de abril de 2010,  a  través  del  cual  la  Sala  decidió  negar la nulidad, por consecuencia la  exclusión  probatoria y la devolución de bienes incautados, solicitadas por la  defensa.    

          Contra esta providencia no proceden recursos.   

Notifíquese y Cúmplase  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ              SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                     

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                   AUGUSTO     J.  IBÁÑEZ GUZMÁN      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                  YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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