32401(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  32401   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 353.  

Bogotá  D.C.,  once de noviembre de dos mil  nueve.   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la demanda de casación que presenta el defensor del procesado YESID  EDUARDO  MORE RENTERÍA, contra el fallo de segunda instancia proferido el 16 de  marzo  de  2009, por el Tribunal Superior Militar, mediante el cual confirmó la  sentencia  emitida  por  el  Juzgado  de  Brigadas  Fluviales  de Infantería de  Marina,  el  22  de abril  de 2008, en la que se condenó a su representado  legal,  en  calidad  de  autor  del delito de ataque al  inferior,  a la pena principal de 6 meses de prisión.  En  la  misma  decisión  se  decretaron las sanciones accesorias de separación  absoluta  de  las  Fuerzas  Militares  e  interdicción  de derechos y funciones  públicas  por  igual  tiempo  al  de  la  pena  principal, y le fue otorgado al  acusado el subrogado de la libertad condicional.   

HECHOS  

Los  acontecimientos a los que se contrae la  presente  actuación  tuvieron  lugar  entre  el 10 y 14 de enero de 2006, en el  polígono  de la Fuerza Naval del Sur de Puerto Leguízamo (Putumayo), cuando el  Marinero  Segundo YESID EDUARDO MORÉ RENTERÍA agredió físicamente al infante  de  Marina  Jorge  Rico  Trujillo,  con  una  tabla en la cabeza,  mientras  realizaban  ejercicio  de  tiro e instrucción militar básica, en compañía de  otros  infantes reclutas recién llegados al Batallón Fluvial de Infantería de  Marina  compañía  ALPHA,  algunos  de los cuales también fueron objeto de los  ataques de MORÉ RENTERÍA.   

ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE   

Por los hechos anteriores, el 13 de marzo de  2006  el  Juzgado  106  de  Instrucción  Penal  Militar  de  Puerto  Leguízamo  (Putumayo)  ordenó  la  apertura  de  la  instrucción  y  la  vinculación del  Marinero   Segundo  de  la  Infantería  de  Marina   YESID  EDUARDO  MORÉ  RENTERÍA,    quien    fue   escuchado   en   indagatoria   el   27   de   marzo  siguiente1.   

El  10  de  mayo  del  mismo  año,  el ente  instructor  resolvió  la situación jurídica del sindicado, con la imposición  de   medida   de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin  beneficio  de  excarcelación,    como    posible    autor    del    delito   de   ataque  al  inferior,  contemplado  en  el  artículo   119   del   Código  Penal  Militar,  Ley  522  de  1999.   

Perfeccionada en lo posible la instrucción,  el  31  de  mayo  de 2006 el Juzgado de Instrucción envió el proceso al Fiscal  Penal  Militar  ante  el  Juzgado  Primero  de  Instancia  de Brigadas Segunda y  Fluvial  de Infantería de Marina, el cual declaró cerrada la investigación el  16         de         junio         siguiente2,  y  posteriormente,  el 31 de  julio  de  ese  año, calificó el mérito del sumario, profiriendo cesación de  procedimiento     a     favor    del    procesado3.   

La providencia calificatoria fue apelada por  el  Procurador  22  Judicial  Penal  y  revocada por la Fiscalía Quinta ante el  Tribunal  Superior  Militar,    por  medio  de  decisión  de  segunda  instancia  del  17  de julio de 2007, emitiendo resolución de acusación por el  delito    de    ataque    al    inferior4.   

De la etapa del juicio conoció el Juzgado de  Primera  Instancia  de  la  Primera  y Segunda Brigada Fluvial de Infantería de  Marina  con  sede  en  esta  ciudad, despacho que el 12 de octubre  de 2007  decretó  la  iniciación  del  juicio conforme lo dispuesto en el artículo 563  del        Código        Penal        Militar5.   

El  juzgado  de  conocimiento  realizó  la  audiencia  de Corte Marcial el 9 de abril de 2008 y  dictó la sentencia de  primer  grado  a  la  cual  se  hizo  mención  en  la  parte  inicial  de  este  proveído.   

El  fallo en comento, que fue apelado por la  defensora  del acusado, lo confirmó íntegramente el Tribunal Superior Militar,  mediante  la  decisión  que hoy es objeto del recurso extraordinario, por parte  del mismo sujeto procesal.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Cargo único.  

Con fundamento en la causal primera  del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, el defensor acusa a la sentencia proferida  por  el  Tribunal  Penal Militar, “por ser violatoria  de  una  norma  de  derecho  sustancial,  originada  del  error de derecho en la  apreciación  de  la  prueba” con la cual se condenó  al   procesado,   y   al   mismo   tiempo,   hace   alusión  a  “una    violación    de    la   ley   sustancial   por   infracción  directa”,  por  cuanto la conducta desplegada por el  procesado  no  cumple  con los presupuestos legales, dado que, no se ajusta a lo  previsto  en el artículo 119 de la ley 522 de 1999. Es por ello que dice acudir  a  la  casación,  con  el  fin  de  que  se  desarrolle  la jurisprudencia o se  preserven derechos fundamentales.   

En orden a fundamentar su censura, afirma que  no  se  reúnen  los  requisitos  que  determinan  con  certeza que el delito se  cometió;  luego,  acepta  la  conducta que realizó el procesado pero considera  que   no   es   típica   del   delito  de  ataque  al  inferior, pues, carece del requisito excepcional de la  funcionalidad   en  el  ejercicio  del  cargo,   soportado  mediante  orden  militar,   “que   identifique que se está  haciendo  con  relación  al  servicio  o  con  ocasión al mismo”.   

En  concreto,  acusa  a  la  sentencia   recurrida   de  “haber aplicado inadecuadamente  el  artículo 119, del Código Militar, artículo 238 del C.P.P y artículos 394  y  SS  del  código  penal  militar  y  los artículo (sic) 29, 221, y 122 de la  constitución  nacional  y  los  decreto  (sic) 1790 y 1797 del 2000 Sept. 14 el  (sic)  y  haber aplicado inadecuadamente el artículo 119 del C. P., en razón a  que  la  conducta  que  desplegó el condenado no se armonizo (sic) con la norma  sustantiva     por     falta     de     prueba    que    la    exige”.   

Luego,  realiza  el  actor  una  serie  de  elucubraciones  genéricas  sobre  el  principio  de  jerarquía  dentro  de las  fuerzas  militares, indicando que hace parte del bien jurídico de la disciplina  y  encierra  factores  de superioridad e inferioridad, los cuales se reflejan en  el  grado,  antigüedad  o  la  categoría  de  los  miembros de la institución  armada;  aspectos  que  suponen  el  ejercicio del mando y son los criterios que  finalmente  permiten establecer la jerarquía militar a efectos de la estructura  de los ataques y amenazas a superiores o inferiores.   

Agrega   el   censor  que  “…los  ataques  protegen  el  principio  de jerarquía. De ahí que  pueda  establecerse que si una conducta es constitutiva de vía de hechos (sic),  será  objeto de punición por el delito de ataque al inferior o superior, si la  jerarquía   militar   o  policial  se  ve  afectada,  de  lo  contrario,  será  atípica”.   

Acto seguido, asegura  que el principio  de  jerarquía  implica el ejercicio del mando y éste a su vez, relación entre  el   subalterno   e   inferior,   pero  se  tiene  que  dar  en  “actos     relacionados    con    el    servicio”   para  que  se tipifique el delito de ataque, significando con ello  “  que  solamente  se puede incurrir en el delito de  ataques,    solo   en   aquellos   eventos   en   que   exista   esa   relación  superior-subalterno  dentro  de  un marco estrictamente legal, laboral; es decir  de  servicio y no propiamente cuando esta en el campo de batalla o enfrentando a  la  delincuencia  en  cumplimiento  de  la misión constitucional asignada a las  fuerzas militares y a la policía nacional”.   

Concluye  el demandante, que la agresión de  que  fue  víctima  el Infante de Marina Jorge Mario Rico Trujillo por parte del  condenado,   no   tiene   connotación   frente   al   delito   de  ataque  al  inferior,  porque  no hubo una  afectación   al  principio  de  jerarquía  militar,  se  trató  de  un  hecho  particular  y  aislado  que  no tuvo nada que ver con esa relación de mando, ya  que  se  encontraban  para  el momento de los hechos apartados de toda relación  laboral.   

Por  tanto,  pide  a la Corte que se case la  sentencia,   profiriendo  una  de  carácter  absolutorio   “debido  a que no se llenó con los presupuestos jurídicos (sic), ni  con  los  procedimientos  legales,  por el contrario la instituian (sic) militar  incurrió  en  unos defectos insuperables tales como al hacer una resolución de  ingreso  de escalafón donde incluía en la misma un traslado de unidad militar,  desconociendo  el  artículo 34, 82 literal a, b, y c del Decreto 1790 de 2000 y  artículos  29,30  y   31  del  decreto  1797  de  2000,  ley  836 de 2003,  artículo  17  circunstancia  que  impiden tipificación del delito de ataque al  inferior…”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Teniendo   en   cuenta   que   el  recurso  extraordinario  de  casación  fue  interpuesto en contra de un fallo de segunda  instancia  dictado  por  el  Tribunal  Superior  Militar  por el  delito de  ataque  al  inferior, el cual  tiene  señalado una pena privativa de la libertad de seis meses a tres años de  prisión,   quantum  punitivo  inferior  al   presupuesto  exigido  por  el  artículo   368  del  Código  Penal  Militar  para  interponer  el  recurso  de  casación,  es  absolutamente  claro  que  el  casacionista omitió por completo  tener  en  cuenta las previsiones legales y jurisprudenciales que se han trazado  respecto  de  la  casación  discrecional,  situación  que,  por  sí  sola, es  suficiente para desestimar su libelo.   

Respecto  a  la casación excepcional en los  delitos  de  competencia  de la Justicia Penal Militar, a más de las exigencias  propias   de   este   mecanismo,   se   precisa  de  los  mismos  requisitos  de  procedibilidad  de  la  casación  común  u  ordinaria,  pues,  conforme  a  lo  establecido  en el inciso 3º del artículo 368 del Código Penal Militar, dicho  medio  impugnativo  solamente  puede  proponerse  en  relación  con el fallo de  segundo  grado  proferido  por  el   Tribunal  Penal  Militar  en  procesos  adelantados  por delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo  no  exceda  de  seis   (6) años de prisión, siempre y cuando sea  necesario  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos  fundamentales,  atendiendo  para  su  trámite  lo  dispuesto  en  el Código de  Procedimiento  Penal,  por remisión expresa del artículo 372 del Código Penal  Militar.   

          En  ese  orden  de  ideas, tales presupuestos dicen relación con su  interposición  dentro  de la oportunidad legal por sujeto procesal legitimado y  revestido  de  interés  jurídico,  quien además debe enseñarle a la Corte la  necesidad  de su intervención, bien para el desarrollo de la jurisprudencia -ya  porque  no  exista  antecedentes  sobre  una  materia, ora porque existiendo hay  pronunciamientos  enfrentados,  o  porque es necesario aclarar algún aspecto- o  para  la  garantía  de  los  derechos fundamentales, caso este en el cual ha de  especificarse  el  derecho  fundamental objeto de quebranto, señalando el medio  que  lo  garantiza, y la irregularidad en la cual se origina su desconocimiento,  atropello  o  vulneración;  valga  decir,  debe indicarse de manera concreta en  qué  consistió  la  violación  y su influencia nociva en la garantía, que no  permite  el  goce  o libre ejercicio del derecho fundamental, pues, como lo dijo  la    Sala6:   

“Como   la  necesidad   del  desarrollo  jurisprudencial  y/o  la  tutela  de  los  derechos  fundamentales  surge del caso concreto, no de una abstracta consideración de la  Corte,  es  obvio  que  ésta  no puede ex-officio hacer una declaración de tal  naturaleza,   previa   revisión   del   proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación  de  juicios sobre la materia de inconformidad. Por  ello,  de  manera  razonable,  se exige al recurrente que escriba la motivación  concreta  que  lo  impulsa  a  interponer el recurso, referida a uno o a los dos  fines  exclusivos  de  la  casación discrecional, única manera de conciliar el  carácter  rogado  de  las  impugnaciones  con  aquellas  loables necesidades de  interés  público,  pues, aunque con matiz excepcional, sigue siendo un recurso  extraordinario  que  se  radica  en  las partes y no una facultad oficiosa de la  Corte.   

“Aunque  finalmente  todo  depende  de la discrecionalidad reglada de la Corte, lo cierto  es  que  el  peticionario  ha  de  exhibir la argumentación autosuficiente para  mostrar  la  necesidad  de  un desarrollo jurisprudencial o de la protección de  derechos  fundamentales  supuestamente  conculcados,  pues  sólo  a  partir del  señalamiento   concreto   de   falencias   puede  el  órgano  decisor  avanzar  dialécticamente  sobre  temas  que de otra manera le están vedados por obra de  la   legalidad   y   el   acierto   que   se   presumen  en  el  debate  de  las  instancias.”   

Ninguno  de los anteriores derroteros cumple  el  demandante,  porque si bien la impugnación se ejerció oportunamente contra  la   sentencia   de   segundo   grado  proferida  por  el  Tribunal  Superior  Militar  en  delito que tiene  señalado   una    pena   privativa   de   la   libertad   menor   de  seis  años,   es  lo  cierto que la argumentación del censor se halla huérfana  de  cualquier  planteamiento  que  le  indique  a  la  Corte  la necesidad de su  intervención   en  orden  al  cumplimiento  del  cometido  que  le  impone  una  cualquiera  de  las  alternativas  posibles que tornan viable el ejercicio de su  potestad  discrecional,  como  con  antelación se indicó, y del mismo modo, la  acreditación  del  consecuente  agravio que para el  procesado contiene la  sentencia cuestionada.   

         

          Y  tampoco  se  infiere  del  texto  del  escrito  impugnatorio,  la  necesidad  de  desarrollar  la  jurisprudencia, citando el aspecto problemático  necesitado de consideración en esta sede.   

          En  suma,  el  enfoque  de  la  demanda exclusivamente se dirigió a  cuestionar  los  razonamientos  probatorios  de  la sentencia que llevaron a los  falladores   a considerar al procesado sujeto activo del delito por el cual  se  le condenó, pero sin desarrollo alguno y sin mención atendible de la forma  como   esa   situación   incidió   en   las   garantías   fundamentales   del  condenado.   

          En  este sentido, adviértase, que como los reparos relacionados con  la  apreciación  de  las  pruebas,  de  suyo no entrañan una afrenta directa a  derecho   fundamental   en  concreto,  pues  el  agravio  se  mediatiza  por  el  establecimiento  de  los  errores  de  juicio  en  su estimación, los mismos no  pueden   tenerse   como   sustentación   válida   del   recurso  de  casación  discrecional.   

          Este  medio de impugnación excepcional, tiene dicho la Corte, sólo  se   justifica   por  la  urgencia  de  proteger  las  garantías  fundamentales  conculcadas,  si  el  daño  se  pone  en  evidencia  con  la  sola  indicación  descriptiva  de  su  ocurrencia,  en  el  capítulo  de la demanda dedicado a la  fundamentación  de  la  necesidad  de  que  la  Corte  intervenga para procurar  aquella garantía, cuestión que por completo olvidó el censor.   

          Se  insiste,  los  razonamientos en relación con la apreciación de  las  pruebas  (no  otra  cosa puede decirse, pues, propone un genérico error de  derecho  y además hace su propio análisis para sustentar la violación directa  que  en  últimas  propone),  dada  la indeterminación de los resultados por la  posibilidad   de  meras  discrepancias  valorativas,  no  pueden  ser  argumento  suficiente    para    reclamar   una   casación   sujeta   a   tan   singulares  necesidades.   

         

         Es  que,  en  tratándose  de  defectos de apreciación probatoria,  fundamento  de  la solicitud de que la Corte ejercite en este evento la potestad  discrecional  que  le  asiste,  la  demanda  no tiene ninguna posibilidad de ser  admitida   en   los   términos  planteados  por  el  casacionista,  pues,  como  constantemente   lo   viene   sosteniendo  la  Sala7:   

“(…)  en  principio,  las  posibilidades  reconocidas en la  jurisprudencia  para  acceder  a la casación discrecional no se extienden a las  hipótesis  planteadas  en  la  demanda,  es  decir,  a  discutir la valoración  judicial  de  los  elementos  de  convicción,  porque  en  esa labor los jueces  cuentan  con la relativa libertad que se desprende de la sana crítica, a no ser  que  se  proponga  que sus deducciones son producto de una motivación aparente,  falsa  o  ausente,  supuesto  que  determinaría,  en caso de que se demuestre y  aparezca  concretado,  la  consolidación  de  un quebranto a las garantías, en  cuanto  obedecerían  tales  deducciones  a  la arbitrariedad -ajena a un estado  democrático  y  constitucional-  y  no  a la razón y a la justicia”.   

Es claro que en este caso el censor plantea  la  invalidez  de  la  sentencia  por  yerros en la valoración de los medios de  convicción  allegados a la actuación, buscando anteponer su criterio al propio  de  las  instancias, pasando por alto que ellas llegan a esta sede revestidas de  una doble condición de acierto y legalidad.   

         

         Finalmente,  como  se  halla  claro  que  el  casacionista  omitió  fundamentar   los   motivos   que  lo  llevan  a  invocar  el  ejercicio  de  la  discrecionalidad  por  la  Corte,  se  impone de entrada el rechazo de su libelo  impugnatorio.   

         Pero,  incluso,  si  se  pudiese  pasar  por  alto  tan  ostensible  omisión,    es    necesario    advertir    que   ya  específicamente   delimitado   el   cargo  propuesto  en   contra   de   la   sentencia,   este   también  adolece de crasos yerros en su postulación, al punto  de  impedir  conocer de la Corte cuál en concreto es la violación trascendente  que se reputa de los fallos de instancia.   

         En  efecto,  fíjese  cómo,  en la sola postulación del cargo, el  impugnante  alude  simultáneamente  a  un  error  de  derecho  y a una supuesta  inaplicación  de la norma llamada a regular el caso, con lo cual fusiona, en un  mismo  discurso,  las  figuras  de  la  violación directa e indirecta de la ley  sustancial,  lo  cual  constituye  un contrasentido y  sobre   el   cual,  ha  dicho  pacíficamente  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  que:   

“La  lógica que gobierna el recurso y el  principio  de  no  contradicción  que  lo  preside,  imponen  la formulación y  sustentación,  por separado, de cada una de las causales de casación aducidas,  si  fueren  varias,  y de los cargos respecto de cada una presentados, de manera  independiente   si   fueren  excluyentes,  pues  cada  uno  de  los  motivos  de  invalidación  de las sentencias previstos en la ley, obedece a una naturaleza y  alcances  que  le son propios y ameritan desarrollo y demostración con absoluta  autonomía respecto de los restantes.   

Por  ello,  no  puede  incurrirse  en  el  desacierto  de  ampararse  en la causal primera para invocar simultáneamente la  violación   directa   e   indirecta   de   la   ley  sustancial.”8   

         Claro  está,  el  hecho  de que aluda a dos figuras diferentes, no  quiere  decir  que  ofrezca  un  desarrollo  argumentativo de cada una de ellas,  pues,  por  lo  menos  en  lo  que  respecta  al  error  de  derecho,  apenas lo  enuncia.   

         Al  efecto,  se observa cómo     en     el    escrito,  a  pesar de que acusa la sentencia de  transgredir  indirectamente   una  norma  de  derecho  sustancial,    haciendo    alusión   a   un   error  de  derecho,  no fundamenta  el  cargo, pues,  ni  siquiera  especifica  si  este proviene de un falso juicio de  legalidad  o  uno  de convicción, que son las figuras  propias  de  este  tipo  de  error;  de  igual  modo,  omite  señalar  las  normas  procesales que reglan los medios de prueba sobre los  que    se    predica    el   supuesto   yerro,  ni  tampoco  acredita  cómo  se  produjo su vulneración.   

           Es  más,  ni  siquiera  delimita  los  medios        suasorios        indebidamente       valorados,       pues,  en  un  típico  alegato  de  instancia, se  limita a dar su criterio acerca    del   resultado   probatorio,  mencionando,  por ejemplo,  lo     que     a     su     juicio    configura  una  irregularidad por parte de  la  institución  militar,  cuando  en  la  misma  resolución  que  concede  el  grado de Marino Segundo al  procesado    MORÉ  RENTERÍA,  le  asigna  el sitio donde debe laborar  o  cumplir  sus funciones.  De  ello, concluye, que su nombramiento es ilegal y,  por consiguiente, no puede ser sujeto activo del delito imputado.   

        Ahora  bien,  respecto a la causal que  el  casacionista denomina  genéricamente             “violación  de  la  ley sustancial por  infracción  directa”,  no  despliega en   manera  alguna  los  rigores  de  fundamentación  exigidos al demandante, quien estaba  obligado   no   solo   a   enunciar   el   tipo   de   error,  sino  también  a  probarlo.  Esto  es,  si  en  la  irregularidad  que  avizora,  se  incurrió  en  una  falta  de  aplicación  (exclusión evidente o  infracción  directa),  en  aplicación  indebida (falso juicio de selección) o  interpretación  errónea (sobre la existencia material sobre la validez o sobre  el     sentido    o    alcance)    de    la    ley  sustancial.   

        Nunca  concreta  cuál de los tópicos es el que acaece y fuera de  ello,  tampoco  realizó  un estudio puramente  jurídico  de  la  sentencia,  limitándose,  como se dijo  antes,  a consignar su propia percepción probatoria, desconociendo que en estos  eventos se deben reconocer los hechos y las pruebas.   

        Del  libelo  casacional,  puede  desprenderse  que la crítica del  actor  se  centra  en  la  norma aplicada por las instancias, pero, se itera, en  ningún  momento  concreta  cuál  fue el yerro, ni mucho menos da a conocer los  argumentos  plasmados  por  ellas  en  sus fallos, lo que permitiría a la Corte  conocer  si  en efecto aplicaron indebidamente la norma, la dejaron de aplicar o  la interpretaron erróneamente.   

        Las  deficiencias  en  la fundamentación que vienen de reseñarse  conducen,           inexorablemente,  a la inadmisión de la demanda,  disponiéndose    la    devolución   del   diligenciamiento   al   Tribunal de origen.   

        Por  último,  ha  de  señalarse  que  revisada la actuación en lo  pertinente,  no  se  observó  la  presencia  de  ninguna  de las hipótesis que  permitirían  a la Corte obrar de oficio de conformidad con el artículo 216 del  Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

        INADMITIR  la  demanda  de  casación  discrecional   presentada  a  nombre  del  procesado  YESID   EDUARDO   MORÉ  RENTERÍA,  conforme  con las motivaciones plasmadas  en el cuerpo de este proveído.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                  SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

          Licencia  no remunerada   

ALFREDO          GÓMEZ  QUINTERO               MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁZ                       JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID          RAMÍREZ  BASTIDAS                        JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Fls.  67-77 cuaderno # 1.   

2 Fls.  338 cuaderno # 2.   

3 Fls.  383-399 cuaderno # 2.   

4 Fls.  424-429 cuaderno #2.   

5 Fls.  436 cuaderno # 2.   

6 C. S.  de J., Auto del 25 de septiembre de 1997, Rad. 13.401   

7 C. S.  de J., Auto del 9 de febrero de 2006, Rad. 23.055   

8 Auto  11.801 julio 10 de 1996.     

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