32314(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 32314  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 353.  

         

          Bogotá    D.C.,    noviembre   once   (11)   de   dos   mil   nueve  (2009).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la admisibilidad de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de  la  procesada  DIANA  PATRICIA  CARVAJAL  BERNAL  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de  Cúcuta, de fecha marzo 11 de la anualidad en curso, por  virtud  de  la  cual  revocó parcialmente la absolutoria dictada por el Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito de la misma ciudad el 21 de abril del año anterior,  para  en  su  lugar  condenar a la mencionada como autora penalmente responsable  del delito de homicidio simple en grado de tentativa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los  sucesos que originaron la presente actuación fueron declarados  por los juzgadores, así:   

     

          “Dan  cuenta los autos que el día 17 de  abril  de  2005,  el señor José Hipólito Peñaranda Llanes, después de haber  ingerido  licor  durante  gran  parte  del día, es ubicado por su ex compañera  sentimental  DIANA  PATRICIA  CARVAJAL,  en el barrio San Luis en un lugar donde  acostumbraba  a  ir  José  Hipólito. De allí se trasladaron José Hipólito y  DIANA  PATRICIA   hasta la residencia del señor José Hipólito, al llegar  allí  entran  la camioneta al garaje, José Hipólito se va al baño del primer  piso  quedándose  DIANA  PATRICIA  en  el  garaje, dice José Hipólito que él  siente  cuando  DIANA PATRICIA entra a la casa y sube al segundo piso, regresa y  en  forma  sorpresiva le empuja la puerta del baño y con el revólver de él le  dispara  en  la  cara,  revólver  que  él había dejado en el comedor antes de  entrar  al  baño,  como  resultado del disparo recibido en el pómulo izquierdo  surge  una  incapacidad  de  45 días y como secuelas deformidad en su rostro de  carácter  permanente,  perturbación funcional del órgano de la masticación y  perturbación    funcional    del   órgano   de   la   respiración”.   

Por   razón   de   los   acontecimientos  anteriormente  narrados,  formuló denuncia penal José  María   Peñaranda   Llanes,   consanguíneo  de  la  víctima,  ante  lo  cual  se dispuso inicialmente abrir investigación previa y  luego   investigación   formal,   en   cuyo   marco  fue  vinculada  DIANA  PATRICIA CARVAJAL BERNAL, mediante  diligencia de indagatoria.   

A  la  procesada  se le resolvió situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva, sustituida por  domiciliaria, por el delito de homicidio agravado.   

          Clausurada  la  instrucción, se calificó el mérito del sumario el  15   de   agosto  de  2006  con  resolución  de  acusación  en  contra  de  la  sindicada   como  presunta  autora       de  las  conductas  punibles  de homicidio  agravado  en  grado  de  tentativa  y  porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal,  manteniendo la medida de aseguramiento de detención preventiva en el  lugar de residencia.   

          Esta  decisión,  al ser recurrida en apelación por la defensa, fue  confirmada  el 24 de abril de 2007 por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de  Cúcuta.   

La   fase   de  juzgamiento  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Sexto  Penal del Circuito de la misma ciudad, donde se  dispuso  la práctica de las audiencias preparatoria y pública, a cuyo término  dictó  sentencia  el 21 de abril de 2008, por cuyo medio absolvió a la acusada  de los cargos.   

En  desacuerdo  con  la decisión, el señor  José    Hipólito   Peñaranda   Llanes,  víctima  y reconocido como parte civil dentro del proceso, en su  condición   de   abogado   interpuso   recurso  de  apelación  en  su  contra,  impugnación  que resolvió el Tribunal Superior de Cúcuta el 11 de marzo de la  anualidad  en  curso, en el sentido de revocarla parcialmente para, en su lugar,  condenar  a la procesada DIANA PATRICIA CARVAJAL BERNAL  a  la  pena principal de cuatro (4) años y cuatro (4)  meses  de  prisión,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por un período igual y al pago de perjuicios  morales  por suma equivalente a 20 salarios mínimos legales mensuales vigentes,  al  encontrarla  autora penalmente responsable del delito de homicidio simple en  grado  de  tentativa,  al  tiempo  que confirmó la absolución por el delito de  porte  ilegal  de  armas,  esto último “en  cuanto  los hechos ocurrieron al interior de la residencia de la  víctima  y  no tuvieron trascendencia en el ámbito de la comunidad”.   

Contra  la  sentencia  anterior,  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación el defensor de la procesada, quien, a fin  sustentarlo,  allegó  al  proceso la presente demanda, sometida a estudio sobre  su admisibilidad.    

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal  primera del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, el defensor técnico de la sindicada  formula  un  único  cargo  por  error de derecho derivado de un falso juicio de  legalidad,  el  cual  condujo  a  la  falta  de  aplicación  del inciso 2° del  artículo   7°   del   mismo  estatuto  procesal,  referido  a  la  figura  del  in  dubio  pro  reo  y  a la  aplicación   indebida  de  igual  inciso  del  artículo  27  del  C.P.  y  103  ibídem.     

Acto  seguido,  enlista los medios de prueba  sobre los cuales recae el error denunciado, a saber:   

-Placa de rayos X simple de cráneo tomada el  22 de abril de 2005, por un médico privado.   

-Placa panorámica de cavidad oral tomada por  un médico privado el 27 de octubre siguiente.   

-Lectura  de  la  placa  de  rayos  X por un  médico radiólogo privado, en la misma fecha anterior.   

-Dictamen  balístico  del  18  de noviembre  ulterior,  elaborado por dos funcionarios del CTI con fundamento en las aludidas  radiografías y lectura privadas.   

En el desarrollo de la censura, el demandante  señala      que   las  pruebas  enunciadas  ostentan  vicios  de  legalidad que impiden su valoración.   

Así,  precisa  que el informe de balística  fue  allegado  al  proceso luego de encontrarse cerrada la investigación, hecho  procesal  que  “se comprueba  con  una  simple  comparación de fechas y de posiciones de foliatura dentro del  proceso,  por  un  lado de la resolución que ordena el cierre de investigación  (11  de  julio  de  2006,  fl.  192 del c. 1) y, por otro, del citado informe de  balística   (18   de   julio   de   2006,   fls.   200-201   c.  1)”.   

Para  el actor, significa lo anterior que el  mencionado  informe fue allegado al proceso fuera del término contemplado en el  artículo  232  del  estatuto  adjetivo,  después de cerrada la investigación,  cuando  la única actuación posible es la de tramitar el recurso de reposición  que  procede  en  su  contra  de  acuerdo  con  lo  normado  en el artículo 393  ibídem,  motivo por el cual  fue  imposible,  por  tanto,  surtir cualquier traslado a los sujetos procesales  para  pedir  aclaraciones,  ampliaciones, correcciones e, incluso para objetarlo  por error grave.   

Irregularidad  esta  que,  desde su punto de  vista,  tiene  la  mayor  trascendencia,  pues  de  acuerdo  con ese dictamen se  infirió  la  trayectoria  del proyectil deflagrado en la cabeza de la víctima,  razón      por     la     cual     “necesariamente   debía   ser  objeto  de  traslado  a  los  sujetos  procesales    para    efectos   garantizarles   (sic)  el   ejercicio   de   los  derechos  de  aclaración,  ampliación    o    adicción    (sic)   (numeral  2°  del  artículo  254  del  CPP)  y  de  contradicción  (artículo  255 del CPP), derechos que no fueron garantizados a la parte acusada  (sindicado  y  defensor),  debido  a  que  dicho  dictamen  fue  incorporado  al  expediente  cuando  la  investigación  ya  se  encontraba  cerrada y corría el  término  para  alegar  de  conclusión”.   

En  cuanto  a las placas radiográficas y su  correspondiente             “lectura”,  afirma  que  los  vicios  de legalidad se derivan de que no fueron allegadas por  ningún  perito  oficial,  en  desconocimiento  del  artículo  253 del estatuto  procesal   penal,   sino  por  el  propio  interesado  en  las  resultas  de  la  investigación,   esto   es,  por  la  víctima  José  Hipólito Peñaranda Llanes.   

Además,  que las referenciadas probanzas no  hubieran    sido    ordenadas   por   la   fiscalía   sino   privadamente   por  la      propia   parte   interesada  no  se  corresponde  con  la  ritualidad  exigida  en  el artículo 249 del estatuto procesal, en cuyo caso el  fiscal  debe  presentar  un  cuestionario  al  perito  oficial, según prevé el  artículo  252  ibídem,  el  cual  debe  ser  conocido  previamente  por los sujetos procesales con el fin de  incorporar  a  él  el  cuestionario  que estos expongan, conforme reza la misma  disposición.   

De esta manera, estima, el fallador ha debido  excluir  de  su  juicio  tanto las placas como su correspondiente lectura por no  cumplir  con  los  señalados  requisitos  legales, también por hacer parte del  expediente  con  violación  del  debido  proceso  regulador  de la formación y  aducción  de  las  pruebas,  a la luz de lo consagrado en el artículo 29 de la  Constitución Política.   

Como los elementos de juicio sobre los cuales  recae  el yerro fueron el fundamento de la responsabilidad penal de DIANA  PATRICIA  CARVAJAL  BERNAL declarada  en  el  fallo impugnado, toda vez que la versión de la víctima encontró apoyo  en  ellos, pues por sí misma es insuficiente para determinar la trayectoria del  proyectil,  no  se habría contado con “componentes  estructurales”  para  revocar  la  absolución  por  el  delito  de  tentativa  de  homicidio simple decretada en primera instancia.   

Corolario  de  lo  dicho,  el censor reclama  casar  la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  confirmar la absolutoria de  primera  instancia  “bajo el  principio   de   in   dubio   pro   reo”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          El  único cargo propuesto en la demanda de casación presentada por  el  defensor  de  la  procesada DIANA PATRICIA CARVAJAL  BERNAL   no   satisface   los  presupuestos  formales  señalados  en  el  numeral  3°  del  artículo  212  de  la  Ley  600 de 2000,  relacionados   fundamentalmente  con  su  presentación  lógica  y  debidamente  argumentada  y,  por  consiguiente,  se  inadmitirá,  por  ser  la consecuencia  procesal  que  sobreviene  frente  a  tal supuesto, como lo enseña la siguiente  disposición del ordenamiento en mención.    

          Para  proveer  en  ese sentido, recuérdese que el censor orienta el  reproche  por la senda de la causal primera de casación del artículo 207 de la  Ley  600  de  2000 porque a su juicio la sentencia transgrede en forma indirecta  la  ley  sustancial  a  consecuencia  de  errores de derecho por falso juicio de  legalidad  en la apreciación de los medios de prueba fundamento de la decisión  recurrida,  por  haber  sido recaudados sin tener en cuenta formalidades legales  previstas para su formación y aducción al proceso.   

No obstante esa propuesta, la pretensión no  goza   de   la  suficiente  claridad  porque  a  la  par  involucra  discusiones  conceptualmente   disímiles  al  señalar  que  se  menoscabó  el  derecho  de  contradicción  probatoria  por no surtirse el traslado del dictamen pericial de  balística,  circunstancia  que  impidió  a  los  sujetos  procesales  pedir su  aclaración, ampliación, corrección u objeción por error grave.   

Es claro que esa censura no se aviene con los  presupuestos  de la violación indirecta de la  ley sustancial, por la cual  el  casacionista  endereza  el  reproche,  sino  con los de la nulidad, en tanto  constituiría  eventual vulneración del derecho de defensa, cuyo planteamiento,  de  acuerdo  con  el  estatuto  procesal  que  regula  este  asunto, se finca en  terrenos  de  la  causal tercera de casación, la cual ha debido instaurar, como  se   precisa  en  el  numeral  cuarto  del  referido  artículo  212,  en  cargo  independiente  y  por  separado,  para  no  dificultar  su cabal entendimiento y  compresión.   

          Sustraerse  al  imperativo  exigido  en la última normativa en cita  erige  desconocimiento abierto de principios regentes de la actividad casacional  en  procura  de  conseguir escritos que satisfagan las exigencias argumentativas  propias  de  este  medio  extraordinario  de  impugnación de naturaleza rogada,  tales  como  los  de sustentación suficiente, limitación, crítica vinculante,  autonomía  de  las  causales,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción.   

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

De   manera  pues  que  cuando  el  censor  entremezcla   propuestas   antagónicas,  como  son  la  violación  de  la  ley  sustancial,  porque  en  ese caso se acepta la validez de la actuación procesal  (yerro  in  iudicando  o  de  juicio),  y la nulidad, en donde precisamente se controvierte ese aspecto (yerro  in    procedendo   o   de  procedimiento),  evidente  deviene  la  violación  de los postulados vistos que  diferencian  la  casación  de  los demás medios de impugnación, constituyendo  tal actitud motivo suficiente para inadmitir la censura.   

Sin  embargo,  no  sólo  esa  deficiencia  argumentativa  impone  la  inadmisión  del  libelo,  pues  confluyen  otras  en  idéntico  sentido, para cuya presentación oportuno se ofrece hacer remembranza  de   las  características  esenciales  del  error  de  apreciación  probatoria  invocado,  así  como  de la actividad que debe desarrollar quien lo postula, en  armonía  con  el  aludido  principio,  que  rige  esta  sede,  de sustentación  suficiente.   

Pues bien, conforme al criterio reiterado de  la  Sala  el  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  tiene doble  connotación.   La  primera,  también  conocida  como aspecto positivo, se  verifica  cuando  a  un  medio  de  prueba se le confiere validez jurídica tras  suponer  que  satisface  las  exigencias  formales  de  producción  sin  que en  realidad  las  cumpla  y,  la  segunda, o aspecto negativo, se configura ante la  situación   contraria,  esto  es,  porque  se  considera  que  no  las  reúne,  cumpliéndolas.   

El  actor  enfoca la propuesta en el aspecto  positivo,  el  cual,  de cara a su demostración, exige individualizar la prueba  sobre  la  cual  recae el vicio, especificar la formalidad legal omitida, siendo  necesario  referir  a  la  norma  que la contiene y señalar su trascendencia en  relación  con  el fallo o, dicho de otro modo, que al marginarla y confrontarla  con  las  demás  pruebas  cuya validez no se encuentra comprometida, en caso de  que  existan, las conclusiones y el sentido de la sentencia sufren modificación  de manera favorable para el interesado.   

Es  precisamente sobre este último tópico,  referido  a  la  comprobación de la trascendencia del cargo, en donde comienzan  las falencias adicionales de la censura.    

Así sucede en lo concerniente a la crítica  que  dirige  en  contra  de  la  valoración del dictamen de balística No. 1893  practicado  el  18  de julio de 2006 por investigadores criminalísticos del CTI  de  la  ciudad  de  Cúcuta,  de  acuerdo con el cual la trayectoria del disparo  recibido   por   la   víctima   fue   “antero       posterior       de       arriba       abajo”  (conclusión que ratifica la versión  suministrada  por  ésta  atribuyendo  a DIANA PATRICIA  CARVAJAL  su  autoría),  por  cuanto estima que dicho  estudio   fue   allegado   luego   de   haberse   cerrado   la   investigación,  cuestionamiento  que  deviene  intrascendente  frente  al  mérito otorgado a la  probanza.   

En  efecto, que la prueba haya sido allegada  luego  de  haberse  clausurado  la  investigación  carece de relevancia bajo la  consideración  de  que  fue  ordenada  dentro  del  término  de  instrucción,  concretamente  en  la resolución de 31 de marzo de 2006, por cuyo medio se  definió  la  situación  jurídica  de la implicada, vale decir, mucho antes de  que se clausurara la investigación el 11 de julio de 2006.   

De  cualquier  forma,  el allegamiento de la  prueba  con  posterioridad  al  cierre investigativo no afecta la facultad de la  defensa  para su controversia, contando para ello con la totalidad de la fase de  juzgamiento.    Por   consiguiente,   lo   que   se   pretende   con   este  cuestionamiento  es  revivir  fases  procesales  superadas  para inoportunamente  objetar el contenido del dictamen.   

Por  otro  lado,  el  segundo  argumento del  censor  encaminado  a  discutir  la  apreciación  de  esta  probanza tampoco es  completamente  veraz,  porque  los investigadores del CTI que lo rindieron, como  así     aparece     relacionado     en     el     aparte     de    “los  elementos  de estudio”,  no  sólo  se basaron en las placas  radiográficas  practicadas  por  facultativos  privados  y  su  correspondiente  lectura  por  parte  de  los mismos, sino, además, en los informes técnicos de  Medicina  Legal  de  lesiones  no fatales, radicación interna 2005C-04040102601  del  26  de  abril de 2005 y el de radicación 2005C-04040104055 del 16 de junio  del  mismo  año,  situación  que  desdice  de  la  solidez  argumentativa  del  reproche.   

En   cuanto  al  ataque  que  emprende  el  casacionista   contra   la   valoración  de  las  placas  radiográficas  y  su  correspondiente             “lectura”,  aportadas  por  la  víctima,  se  observa que no compaginan con la modalidad de  error   de  apreciación  probatoria  pretextado,  ni  con  ningún  otro  error  admisible en esta sede para derruir el fallo impugnado.   

Ciertamente, el actor discute que carecen de  validez  dado  que  no  fueron allegadas por ningún perito oficial y tampoco se  siguió  el  procedimiento  legal  previsto para la formación y aducción de la  prueba  pericial  contenido  en los artículos 249 y siguientes de la Ley 600 de  2000,  amén de que con fundamento en ellas los peritos del CTI, en el reseñado  dictamen,  establecieron  la  trayectoria  del  proyectil  en  la  humanidad del  ofendido José Hipólito Peñaranda Llanes.   

Sin embargo, no tiene en cuenta el actor que  tales  probanzas  constituyen  documentos privados aportados por la víctima, en  ejercicio  de  la  facultad  que  le  concede el inciso 1° del artículo 30 del  Código de Procedimiento Penal, según el cual:   

“Acceso   al  expediente   y   aporte  de  pruebas  por  el  perjudicado.  La  víctima  o  el  perjudicado,  según  el  caso,  podrán ejercer el derecho de petición ante el  funcionario  judicial  con  el  fin  de obtener información o hacer solicitudes  específicas,  pudiendo  aportar pruebas”.   

Con base en esa potestad, la víctima aportó  tales  medios  congnoscitivos con el fin de sustentar su versión sobre la forma  como  fue  atacado  con  su  propia  arma de fuego por la procesada DIANA          PATRICIA          CARVAJAL         BERNAL.   

Así las cosas, contrario a lo señalado por  el  casacionista,  la  validez  de  estas  probanzas  no  opera  a través de la  verificación  de  los  requisitos  formales  establecidos  frente  a  la prueba  pericial,   contemplados  en  los  artículos  249  y  siguientes  del  estatuto  adjetivo,  sino a partir de la credibilidad general que amerita el testimonio de  la  víctima,  dentro  del  cual  se  involucran los referidos documentos, y con  fundamento  en  el  principio  de libertad probatoria estipulado en el artículo  237 de la misma normatividad.   

Desde  esa perspectiva, es claro que detrás  del  alegado  error  de  derecho  por falso juicio de legalidad propuesto por el  recurrente,  subyace  un  típico  alegato  de  instancia,  por  medio  del cual  pretende  anteponer  su  propia valoración de las pruebas, actitud incompatible  con la naturaleza del recurso extraordinario de casación.   

No obstante, aún si se aceptara, a la luz de  lo  normado en el artículo 249 del ordenamiento procedimental, que en todos los  casos  en  que  se requiera de pruebas técnico-científicas o artísticas deben  designarse  peritos oficiales, a ello se procedió en el proceso, pues con miras  a  establecer  la  trayectoria  del  proyectil  en  la  humanidad de  José  Hipólito Peñaranda Llanes, punto  fundamental  para  establecer  en  quien  radicaba la verdad sobre la forma como  ocurrieron  los  hechos, en la resolución de situación jurídica se dispuso su  realización  por expertos de la Unidad de Criminalística del CTI, quienes a la  postre  rindieron  el  mencionado  dictamen  el  18  de  julio de 2006, de cuyas  conclusiones  se  aparta  el  libelista  sin  esbozar  un error que trastoque su  valoración.    

Las  falencias  indicadas  en  precedencia,  evidencian  el  incumplimiento  de los requisitos previstos en el artículo 212,  numeral  3°,  de la Ley 600 de 2000, para admitir el libelo objeto de análisis  y,  como  el  principio  de limitación que regenta este medio extraordinario de  impugnación,  consagrado en el 216 ibídem,  impide  a  esta  Sala  subsanarlas,  se  decreta  su inadmisión,  procediendo  en el acto a devolver el expediente al despacho de origen, tal como  lo   señala   el  artículo  213  ejusdem.    

Además, porque no se advierte que dentro del  presente  trámite  y  en  la  sentencia  se  haya  incurrido  en  violación de  garantías  fundamentales  que  torne  necesario la intervención oficiosa de la  Sala.         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor  de  la  procesada DIANA  PATRICIA  CARVAJAL  BERNAL, por las razones consignadas  en la anterior motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

       Licencia   no  remunerada   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                         MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ   DE   LEMOS        

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                  JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                               

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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