32225(21-10-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 32225  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 331   

Bogotá  D.C., octubre veintiuno (21) de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación  presentada  por  la  defensora  de la procesada OLGA INÉS GUTIÉRREZ  NARVÁEZ.   

HECHOS Y ANTECEDENTES PROCESALES:  

1.    La  mencionada,   en   calidad  de  tesorera  del  municipio  de  Maní  (Casanare),  constituyó  en  distintos bancos, entre 1995 y 1997, depósitos a término fijo  por  una  suma  aproximada  a  los  1.000  millones  de  pesos. Se apropió, con  ocasión     del     manejo     de     esos    recursos,    de    $8’642.995.oo    provenientes   de   los  rendimientos   financieros   de  esas  inversiones,  así:   $3’494.502.oo  el 2 de diciembre de 1996 y  de  $5’148.493.oo  el 8 de  abril de 1997.    

2.  Al  proceso,  iniciado  el  9 de diciembre de 1999, fueron vinculados a través de indagatoria  OLGA   INÉS   GUTIÉRREZ   NARVÁEZ   –detenida  preventivamente  el  18  de septiembre de 2000—,  JOSÉ  ANTONIO BARRERA BLANCO y LUIS  CARLOS  GUTIÉRREZ  NARVÁEZ.  En  relación  con  los  últimos la Fiscalía se  abstuvo  de  dictarles medida de aseguramiento el 19 de septiembre de 2001 y les  precluyó  la  instrucción  en  el auto calificatorio, emitido el 6 de marzo de  2003.  En  este  se  determinó  acusar  a  la  ex funcionaria por los cargos de  peculado  por  apropiación,  en  concurso  homogéneo  y sucesivo. La decisión  quedó en firme el 4 de abril siguiente.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  28  de  mayo  de  2008  el  Juzgado 2º Penal del Circuito de Yopal  (Casanare)  la  condenó  a  60  meses  de  prisión,  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo término, al pago de  $45’063.392.oo de multa y a  pagar,   a   favor   del   municipio   de  Maní,  la  suma  de  $90’127.185.oo  por  concepto de perjuicios  materiales  causados  con  los  delitos.  Se  declaró  la  improcedencia  de la  ejecución condicional de la pena privativa de la libertad.   

4.  El  defensor  apeló  ese  pronunciamiento  y el Tribunal Superior de Yopal, por intermedio de  la  sentencia  recurrida   en casación, expedida el 23 de febrero de 2009,  le  impuso  a  la procesada como pena de multa, en lugar de la fijada en primera  instancia,     la    suma    de    $2’160.748.75.   Modificó,   además,   el  monto  de  los  perjuicios  materiales,  los cuales determinó en $8’642.995.oo.  En  lo  restante,  confirmó  el  fallo  objeto  de  la  alzada.   

LA DEMANDA:  

1. Contiene un cargo  realizado  al  amparo  de  la  primera  parte del artículo 207-1 del Código de  Procedimiento  Penal.  Previamente a desarrollarlo dijo la libelista aceptar los  hechos  y  la  valoración  probatoria  de  las  instancias pues “se   propone   una  discusión  eminentemente  jurídica”.   

2. El a  quo  negó eficacia a las declaraciones  de  Maribel  Gutiérrez  Buitrago,  Néstor Gatuna, Ramón Ávila Ayala y María  Magdalena  Núñez  –quienes  se  refirieron  a  las  amenazas  de  que  era víctima la procesada—, con las cuales la defensa fundamentó  la  tesis  de  ausencia  de  responsabilidad por insuperable coacción ajena. La  última  testigo,  en  particular, hizo referencia a una vez, en 1995, cuando su  amiga  OLGA INÉS GUTIÉRREZ fue obligada por desconocidos a ir en su compañía  a   Duitama   y  retirar  “unos  dineros”.   

No  fueron  “de  recibo  o atención” para el funcionario judicial, de  otra  parte,  los  informes de Policía Judicial atinentes a la existencia, para  la  época  de  los  hechos,  de  grupos  al margen de la ley en el municipio de  Maní.  Tampoco  el  Tribunal   accedió  a la pretensión defensiva.    

De  acuerdo  con las instancias, pues, no se  comprobó  la  circunstancia  excluyente  de  responsabilidad  y,  frente  a  la  eventualidad  de  haber  tenido ocurrencia la coacción, ella no fue insuperable  “puesto  que la ejecución de la conducta típica no  era  la  única  alternativa que tenía la procesada para salvaguardar su vida y  la  de  sus  familiares”. Podía acudir a instancias  superiores  a  las  municipales si estimaba que éstas no estaban en condiciones  de  protegerla  a  ella  o a su familia. Inclusive renunciar a su cargo, como lo  hizo la Comisaria de Familia, en lugar de cometer un delito.   

3.  La  coacción  prevista  como  causal  de inculpabilidad en el artículo 40-2 del Código Penal  de   1980,   al   igual   que  el  miedo  insuperable  de  hoy,  “es  un tema de público conocimiento”, un  hecho  notorio.  Por ende, no podía desconocerse en el presente asunto. Era una  circunstancia, por la condición indicada, relevada de prueba.   

Por  arrogancia  judicial,  sin  embargo, se  desconoció  la existencia en la región del Casanare de grupos armados ilegales  “que  no  se identifican”  sino  simplemente “amenazan y cumplen con el designio  de muerte”.   

4.  El fenómeno de  la  coacción  se  analizó  equivocadamente en la sentencia. Junto con el miedo  insuperable  se  encuentra  regulada en las legislaciones hispanoamericanas como  eximentes  de  responsabilidad  penal,  dada  la perturbación que generan de la  capacidad de decisión y sometimiento de la voluntad.   

Esos  fenómenos están en íntima relación  “con  los  instintos  de  conservación”.   “Los   paramilitares  …  y  la  guerrilla  fueron señalados como responsables del desplazamiento, el 33% de los  afectados  por  la  guerrilla,  28%  por  los  paramilitares,  por  las  Fuerzas  Militares  el  14%, por las milicias urbanas el 6% y por los narcotraficantes el  1%”.   

Recuerda la casacionista a continuación las  verdades  escalofriantes  surgidas del proceso de justicia y paz. La exhumación  de  cadáveres  en  fosas  comunes  y  el adiestramiento dado al interior de las  autodefensas     para    “descuartizar”.  Las  “águilas  negras”,  por  su  parte,  “desentierran los  cuerpos  y  los  lanzan a los ríos y las víctimas siguen con miedo”.  Trae a colación una providencia de un Fiscal ante la Corte en  la    cual    reconoce    que    15    procesados    actuaron    “compelidos” por la guerrilla de las FARC  al interior de la denominada zona de despeje del Caguán.   

5.     La  “notoriedad”   tiene  aplicación  en  este  caso.  Baste  al  respecto,  para  comprobar la coacción  insuperable,  dos  circunstancias: se dio orden escrita de pago de los intereses  correspondientes  a las inversiones municipales (una huella del delito), lo cual  traduce  gran  presión a la servidora pública; el gerente de Coopdesarrollo en  Duitama  Gustavo Ernesto Pinzón declaró que en diciembre de 1996, tras retirar  la  tesorera unos recursos en efectivo a nombre del ente territorial, regresó y  le contó haberlos entregado a unos miembros de la guerrilla.   

Las  declaraciones  allegadas  al  proceso  –“alteradas”  en  su  contenido según las  instancias—  dan cuenta de  la  coacción  contra  la sindicada y si la misma se demostró desde los albores  de  la  investigación,  “puede  afirmarse  que  los  juzgadores   incurrieron  en  un  error  ostensible”  cuando  dedujeron  sin fundamento alguno su responsabilidad penal, bajo la tesis  de  que  no  la  acreditó, tratándose de “un asunto  notorio”.   

6.  En  general,  califica  la  libelista  de  equivocados  los  fundamentos  del juzgador para no  creerle  a  la  acusada  y  de  inconsistentes  los  argumentos para desechar la  coacción.  Imaginó  la  inexistencia  de  la circunstancia e incurrió así el  funcionario  judicial  en  error  de  hecho,  misma  irregularidad  cometida  al  asegurar  que OLGA INÉS GUTIÉRREZ era consciente de la prohibición de recibir  rendimientos   de   las   inversiones   municipales   en  dinero  efectivo,  con  desconocimiento  de  la estructuración de la causal de inculpabilidad. Un yerro  adicional    es,   sin   sustento,   “concebir   la  idea”    de la falta de la amenaza.   

Lo  expresado  por GUTIÉRREZ NARVÁEZ no es  fruto  de  su  astucia y debe valorársele de distinta manera a como lo hicieron  las instancias.   

“Cuando se dan las  circunstancias  de  la coacción, como padeció la señora OLGA INÉS GUTIÉRREZ  NARVÁEZ   –precisó  la  apoderada—,  no  obra con  conciencia,  pueden  presentarse impulsos motores de extraordinaria violencia en  los  cuales no se puede interferir, el sujeto escasamente se da cuenta de lo que  ocurre  o  realiza;  vive  en  grado  máximo  de intensidad del miedo que puede  desencadenar  en  terror.  Caso  en  el  cual  el  estado emocional incide en el  ámbito  de la culpabilidad, o si definitivamente se altera la capacidad mental,  caso  en  el  cual  se  afectará  el  ámbito  de  la imputabilidad”.   

7. La justicia, en  fin,  ha  hecho  caso  omiso  del  hecho  notorio  y desconocido “inmotivadamente”  la  existencia  de  la  coacción  de  que  se  hizo  víctima  a  la sindicada. En Maní (Casanare), se  insiste,  “los  grupos  guerrilleros y en general al  margen  de  la  ley  propician  el  terror  y  la muerte a quien no accede a sus  exigencias”.   

Las  inferencias  judiciales,  por  tanto,  carecen    de    soporte   y   constituye   error   de   hecho   “negar  del  contexto de las declaraciones circunstancias referidas a  la  coacción”.  La descalificación de los testigos  Maribel   Gutiérrez,   Néstor   Gatuna   Escobar   y   Ramón   Ávila   Ayala  “es  una  nueva  suposición  que viola los derechos  fundamentales”   de   la   incriminada.   Debían,  adicionalmente,  atenderse  los  informes de policía judicial y la declaración  de  María Magdalena Núñez, de la cual se desprende que OLGA GUTIÉRREZ estaba  convencida  del peligro de muerte que corría ella y su familia si denunciaba la  situación  extorsiva.  Obligarla  a hacerlo “no cabe  en   mente   alguna   en  tiempos  tan  difíciles”.   

8.  Criticó  la  recurrente,  por  último,  los  fundamentos probatorios del fallo. Señaló que  los   medios   de   convicción   tenidos   en   cuenta  están  “altamente”   afectados  “de    errores    de    hecho,    por    suposición,   imaginación,  tergiversación,   distorsión,   inobservancia   e   ignorancia   del  material  demostrativo,  lo  cual significa que los múltiples errores llevaron a proferir  una  sentencia  errada”,  dejándose  de  aplicar el  artículo 40-2 del Decreto 100 de 1980.   

La  observación  objetiva y desprevenida de  las   evidencias   enseña   que  pese  a  la  procesada  causar  el  detrimento  patrimonial,  actuó  “regida  por  una  eximente de  responsabilidad”.  Ante la coacción “no    podía    reaccionar   humana   y   jurídicamente”.   Procede,  entonces,  casar  la  sentencia  impugnada  y   absolverla.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. En la violación  directa  de  la  ley  sustancial  prevista  como  hipótesis  de casación en la  primera  parte  del  artículo  207  del Código de Procedimiento Penal de 2000,  causal  en  la  cual  funda  la  recurrente el único cargo contra la sentencia,  entre  el  error  que la origina y la norma transgredida no se interpone ningún  medio  de  prueba.  Eso  significa,  de un lado, la correcta identificación del  problema  jurídico  en  la  sentencia  y,  de otro, que a los hechos relevantes  allí  determinados  se llegó a través de una adecuada estimación probatoria.   

Siempre  que el actor acuda ante la Corte al  amparo  de  esa circunstancia, en consecuencia, debe respetar la reconstrucción  fáctica  hecha  por  el  juzgador  e igual los alcances dados a las evidencias.  Simplemente  porque  se  trata  de  aspectos  indiscutibles  de la sentencia, en  cuanto  el  reproche  ha  de  centrarse  exclusivamente  en  el  debate sobre la  pertinencia  de la ley fuente para la solución del caso, en desarrollo del cual  le  corresponde  acreditar al demandante que la seleccionada es la adecuada pero  fue  objeto  de  interpretación  errónea, que se aplicó indebidamente pues no  era  la  indicada  para  resolver  el asunto y, corolario de la anterior, que se  excluyó la llamada a definirlo.   

2.  En  el  caso  examinado,  pese  a  la advertencia de la impugnante de sujeción a los dictados  vistos,  es  notable  en  el  desarrollo  de la censura su total incumplimiento.   

La  afirmación  de  acuerdo  con  la  cual  admitía  la apreciación probatoria y la reconstrucción fáctica realizada por  el  juzgador,  quedó  como  simple  exteriorización de un propósito en manera  alguna satisfecho.   

Apenas realizado el anuncio, en efecto, dejó  en  claro  fue  su inconformidad con los alcances dados en el fallo a los medios  de   convicción,  equivocados  a  su  juicio  porque  no  se  reconoció  a  su  representada haber actuado bajo insuperable coacción ajena.   

Así  las  cosas,  un  reproche  del cual se  esperaba  sólo  discutir  la  consecuencia  jurídica  de  un supuesto de hecho  elaborado  en  la  sentencia, terminó revelando el descontento de la demandante  con  la  apreciación probatoria. Se trata, sin duda alguna, de una falencia del  libelo  que  podría  pasarse por alto si materialmente el ataque involucrara un  planteamiento  adecuado de violación indirecta de la ley sustancial. Pero no es  lo sucedido en el presente caso, como se pasa a ver.   

3.  Una infracción  de  ese tipo, se recuerda, tiene origen en  errores probatorios, de hecho o  de  derecho. Los primeros acontecen si el juzgador supone u omite pruebas (falso  juicio  de existencia), distorsiona o altera su contenido material (falso juicio  de  identidad),  o  realiza  la apreciación probatoria con desbordamiento de la  sana  crítica  (falso  raciocinio);  los  de  derecho  cuando  aprecia  pruebas  inválidas  o  tiene  como  tales pruebas válidas (falso juicio de legalidad) o  estima  que  el  medio  probatorio tiene tarifa legal, no teniéndola, o estando  sujeta  a  ella desconoce el valor o la eficacia probatoria que le asigna la ley  (falso juicio de convicción).   

Varias  exigencias deben ser observadas para  la  acertada  proposición de la causal de casación.  Son elementales: una  vez  definida  por  el  casacionista  la  vinculación  de  la  falta al aspecto  probatorio  del  fallo,  le  corresponde  identificarla,  precisar sobre cuál o  cuáles  medios  de  convicción  recayó  y demostrar que sin ella otra habría  sido  la  sentencia,  lo  cual  necesariamente  implica la carga de confrontar y  desvirtuar sus términos.   

Lejos  estuvo  la impugnante de formular una  propuesta  como  esa.  Por  tanto,  al  desatino inicial de denunciar violación  directa  de la ley y asociarlo de inmediato al tema probatorio, siguió el de no  conseguir  expresar  clara  y precisamente un reproche por la vía indirecta, de  hecho o de derecho, y mucho menos su trascendencia.   

En  distintos  pasajes,  es  cierto,  hizo  referencia  a  errores  de  hecho  por suposición y tergiversación probatoria.  Siempre  dejó  al descubierto, no obstante, su simple oposición a los alcances  dados  por el juzgador a los medios de convicción y su desazón con el hecho de  no haber sido creídas las manifestaciones de su representada.   

4. Es inocultable el  desconocimiento  de  la abogada sobre la naturaleza de la casación. La entiende  como  tercera  instancia  y  entonces  insiste  en la posición sostenida por la  defensa  en  el  trámite,  esperando  que  la  Corte  la prefiera a la adoptada  judicialmente   en  el  fallo,  olvidando  que  ésta  viene  precedida  de  las  presunciones  de legalidad y acierto, susceptibles de ser desvirtuadas a través  del  recurso  extraordinario  sólo  ante  la acreditación de errores de juicio  trascendentes.   

Las  instancias  hicieron una lectura de los  medios  de  prueba  de  conformidad  con  la cual la eximente de responsabilidad  esgrimida   por   la  procesada  no  concurría.  La  impugnante  pretende,  con  impropiedad desde luego, que la Sala acoja la suya.   

5.  El  cargo, en  fin,  no  acredita ningún yerro de la sentencia. La defensora estrictamente, en  contraposición  a  lo resuelto, reivindica como verdad lo dicho por su asistida  y  cuando  hace  alusión  a errores de hecho relacionados con ciertos medios de  prueba,  en  realidad  afirma que no se les otorgaron los efectos esperados o no  se hicieron las inferencias que a su juicio debían producirse.   

Así  las cosas, no procede la admisión de  la  demanda.  Tampoco  casar  de oficio la sentencia en consideración a que una  vez  revisada  la  actuación  no  se  evidencia  quebrantamiento  alguno de los  derechos fundamentales de los sujetos procesales.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    a    nombre    de   la   procesada    OLGA   INÉS   GUTIÉRREZ  NARVÁEZ.   

        Contra  la  presente decisión, que queda ejecutoriada con su firma,  no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                      SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS         

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                  

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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