32222(14-09-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 32222  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 287.   

Bogotá,  D.C.,  catorce de septiembre de dos  mil nueve.   

V    I   S   T   O  S   

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda de casación presentada por el defensor del procesado GERMÁN ALONSO  BAYONA  VERGEL,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Cúcuta el 25 de febrero de 2009,  mediante  la  cual  se  confirmó  la proferida el 9 de noviembre de 2007 por el  Juzgado  2°  Penal  del  Circuito  de  Ocaña, que condenó al procesado a  pena  principal  de cuatro (4) años de prisión, como autor del delito de   Falso Testimonio.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  29  de enero de 2002, a las 15:30 horas,  compareció  ante el Juzgado Promiscuo Municipal de Ábrego- Norte de Santander-  el   señor   GERMÁN   ALONSO  BAYONA  VERGEL,  quien  fue  citado  a  absolver  interrogatorio  de  parte,  a  efectos de preconstituir prueba de un crédito, a  solicitud  del abogado Hermides Álvarez Ropero, quien obraba en representación  de la señora HILDA BAYONA CARVAJALINO.   

En  el  acta  de  dicha  diligencia se dejó  constancia  de  que  al  compareciente se le recibió el juramento de rigor, con  las  formalidades del artículo 276 del Código Procesal Penal- Ley 600 de 2000,  y  previa imposición del artículo 442 del Código Penal (norma que tipifica el  delito de Falso Testimonio) prometió decir la verdad.   

BAYONA VERGEL negó haber sido copropietario  de  una  volqueta, de placas UVJ-067, en sociedad con PABLO BAYONA, que tuvieran  destinada  al servicio del Municipio de Ábrego; y que hubiesen acumulado deudas  con  la señora ILDA BAYONA CARVAJALINO, propietaria de la estación de servicio  Santa  Bárbara,  por   suministros  de  combustible, lubricantes e insumos  para el mantenimiento de tal vehículo.   

El  18  de  marzo  de 2002 la señora BAYONA  presentó  escrito  ante  la  Fiscalía,  por  el  cual formuló denuncia contra  GERMÁN  ALONSO  VERGEL,  al  atribuir falsedad a las afirmaciones hechas por el  interrogado,  a sabiendas de que ella tenía en su poder contrato de compraventa  del  referido  vehículo,  y toda vez que el señor PABLO ANTONIO TRILLOS, socio  del  denunciado,  reconoció  que  pactaron  con  ella  tales suministros, y que  habían quedado debiéndole un millón de pesos.   

La Fiscalía 2ª de Administración Pública  de  Ocaña  dispuso la apertura de investigación contra GERMÁN ALONSO BAYONA y  su  vinculación  mediante  indagatoria;  la  cual  tuvo lugar el 17 de junio de  2002,  cuando se le interrogó por la negación que hizo del crédito en comento  en  declaración  extrajuicio, y desdijo de la posibilidad de que se configurara  el  delito  de  Falso  Testimonio  por  considerar  que  él apenas figuró como  garante  del  negocio,  pero que la administración y cuidado estaban a cargo de  PABLO BAYONA TRILLOS.   

Mediante  proveído  del  28 de diciembre de  2004,  la  Fiscalía  calificó  el  mérito probatorio del sumario, profiriendo  resolución  de acusación contra GERMÁN ALONSO BAYONA VERGEL, por el delito de  Falso Testimonio.   

Tras  ser  recibido  el  proceso  el  dos de  febrero  de  2005,  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito de Ocaña decretó la  nulidad  a  partir  de  la  resolución  del  cierre  de  la  investigación, en  desarrollo  de  audiencia  preparatoria,  atendiendo  el  pedido  del Procurador  Judicial  I Penal 284, por haber clausurado la instrucción sin haberle resuelto  situación jurídica al procesado.   

Empero  lo  anterior, la Fiscalía hizo caso  omiso  de  la orden de resolver situación jurídica, y mediante resolución del  25  de  julio  de 2006, indicó que por entrar en vigencia la Ley 906 de 2004, y  tratarse  de  delito  que  establece  pena  no  mayor de cuatro años, no cabía  resolver   situación   jurídica,   disponiendo   nuevamente   el   cierre   de  investigación.   

El  nueve  de octubre de 2006, nuevamente se  profirió  resolución de acusación contra BAYONA VERGEL, aceptando el Juez las  razones   del   Fiscal,  bajo  el  entendido  que  éste  había  subsanado  las  irregularidades de que había dado cuenta al decretar la nulidad.   

El  Juzgado 2° Penal del Circuito de Ocaña  dispuso  la  práctica  de  varias  pruebas  pedidas  por el abogado defensor de  BAYONA  VERGEL,  y  tras  darse  dos  aplazamientos- el 26 de febrero y el 27 de  marzo  de  2007- al fin se pudo realizar la audiencia pública el 17 de abril de  ese  mismo año, finiquitándose la primera instancia por fallo de condena del 9  de  noviembre  de  2007,  decisión  que  fue recurrida por el abogado defensor,  dando  lugar  al trámite de segunda instancia que desembocó en la sentencia de  condena  que  ahora  es  objeto  del  extraordinario recurso de casación.    

SÍNTESIS   DE   LA  DEMANDA   

          Cinco  cargos dedujo el abogado a quien GERMÁN ALONSO BAYONA VERGEL  le   otorgó  poder  para  representarlo  en  el  trámite  de  casación.    

          Cargo 1°- Principal-   

          Invocando  el  artículo  205 del Código Procesal Penal- Ley 600 de  2000-,  el  impugnante pidió admitir su libelo como casación discrecional, por  considerar  que  se  incurrió  en irregularidad sustancial que afecta el debido  proceso,  siendo  constitutivo  de nulidad el hecho de que a BAYONA VERGEL se le  exhortó  en  la  indagatoria a que respondiera a las preguntas, diciéndole que  si  no rendía la diligencia se podría privar de medios de defensa, sin decirle  cuáles,   lo que a su juicio se torna en “coacción subliminal”.   Al  efecto  el  impugnante  invocó,  por  vía  de  integración prevista en el  artículo  2°  de  la  Ley  600  de  2000,  el  cumplimiento  de lo previsto en  instrumentos  internacionales,  tales  como  el  Pacto Internacional de Derechos  Civiles   y   Políticos   y  la  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  instrumentos  que  consagran como garantía judicial a favor de quien es acusado  de  un  delito,   no  ser obligado a declarar dentro de proceso, contra sí  mismo     o    a    declararse    culpable    (artículos    14.3°    y    8°,  respectivamente).   

          Cargos subsidiarios.   

          1er cargo.   

          Invocando  la causal 3ª de casación consagrada en el artículo 207  de  la  Ley  600 de 2000, esto es, cuando la sentencia se haya dictado dentro de  un  juicio  viciado de nulidad, el libelista acusó la actuación adelantada por  la  Fiscalía  de faltar a las formalidades para la indagatoria, previstas en el  artículo  338  ibidem,  porque  estima  que  hubo  una  deficiente  imputación  jurídica,  ya  que  no  se  le  informó  en  qué  consiste el delito de Falso  Testimonio,  qué norma penal contiene ese comportamiento que se le arrostró, y  qué  pena  prevé.  En  refuerzo  de  su  argumentación, el impugnante acudió  también  a  las  normas  de  instrumentos internacionales ya referidas, y a las  cláusulas  6ª,  10ª  y  16ª  del  código de procedimiento penal- Ley 600 de  2000,  que  en  su  orden  aluden  al  principio  de  legalidad,  el acceso a la  administración  de  justicia  y  la  prevalencia  del  derecho sustancial en el  procedimiento.   

          2° cargo.   

          Invocando  la  misma  causal  3ª  de  casación  consagrada  en  el  artículo  207 de la Ley 600 de 2000,  las mismas  disposiciones 6, 10  y  16  del  mismo  estatuto,  sumándole  la norma del artículo 20 alusiva a la  investigación  integral  y  el  artículo  334  sobre el derecho a solicitar la  propia  indagatoria;  el impugnante adujo que se incurrió en violación al  debido  proceso,  por  desconocerse  el  principio  de  investigación  integral,  que manda a escudriñar con  igual  celo  en  la  favorable  y  lo desfavorable al procesado.  Al efecto  señaló  que  la  Fiscalía se conformó solo con la denuncia, el testimonio de  quien  habría  sido socio del procesado, y los descargos ofrecidos por éste; y  agrega  que  la indagatoria contenía citas hechas por el procesado que debieron  contar  a  su  favor  cuando  se  le resolvió situación jurídica, incluida la  referencia  que  hizo  a  que  el  mismo que fue presentado como su “socio”,  terminó enemistándose con él.   

          En    suma,    acusó    la    instrucción    de    “precariedad  probatoria”, que atribuye a  “inercia  investigativa”,  y  que  debe  llevar  a  que  se  declare  la  nulidad  desde  el  cierre  de la  investigación.    En   este   sentido   censuró   que  al  margen  de  la  constatación  formal  de  que   BAYONA  VERGEL era dueño del vehículo en  comento,  debió  probarse  en  lo fáctico esa circunstancia; que se trataba de  una  obligación  puramente  civil y que el que fungió como supuesto socio a la  postre fue su enemigo.   

          3er Cargo:   

          Invocando  la  misma  causal  3ª  de  casación  consagrada  en  el  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, alegó el libelista que no se resolvió la  situación  jurídica del procesado, en el término de ley y antes del cierre de  la  investigación, aún después de que el Juez retrotrajera la actuación para  ese  efecto;  lo  que  considera una omisión grave que constituye irregularidad  sustancial  que  afecta  el  debido proceso, pues todo procesado tiene derecho a  conocer la imputación fáctica y jurídica.   

          Adujo  que  esta  Sala  “en  reciente”  providencia,  la cual no  precisa,  dijo  que  la  no  definición de situación jurídica puede comportar  limitación  al  derecho  de  defensa, pues dependiendo de la valoración que el  instructor   haga   de  los  distintos  medios  de  prueba,  el  defensor  puede  redireccionar  el  ejercicio  de  la defensa; por lo que de omitirse tal paso se  desvertebra  el  sistema  a  seguir,  limitando  el  derecho  de  defensa  y  no  observando   las   formas   propias   de  cada  juicio,  según  el  mandato  29  superior.   

          A  juicio  del  impugnante,  el  artículo  354 del Código Procesal  Penal  le  imponía  al  instructor  la  obligación  de  resolver la situación  jurídica  en delitos con pena aflictiva de cuatro años o más, siendo éste el  caso  del  Falso  Testimonio,  que  tiene  prevista  pena  mínima de 4 años de  prisión.   

          Destacó   que  se  desatendió  la  invalidación  hecha  desde  la  resolución  de  cierre  de  la investigación que hizo el Juez de conocimiento,  aceptando  el  pedido  de  nulidad  elevado  por  el  Procurador,  y  omitió la  Fiscalía  información  al  procesado  acerca  del  por qué no se le resolvía  situación  jurídica.  Nuevamente el efecto que demanda de la Casación es  que  se  decrete la nulidad del proceso desde el cierre  de la investigación.   

          4º Cargo.   

            En  atención  a  lo  dispuesto en el artículo 396 del Código de  Procedimiento  Penal- Ley 600 de 2000-, sobre la notificación de la providencia  calificatoria,   de   cara  al  cumplimiento  de  las  cláusulas  rectoras  del  procedimiento,  previstas  en  los  artículos 6, 9, 13 y 16, sobre principio de  legalidad,  respeto  a  los  derechos  fundamentales, derecho de contradicción,  prevalencia  del  derecho sustancial; el impugnante censura el hecho de que a su  asistido   no   se   le  hubiera  notificado  personalmente  la  resolución  de  acusación,  como  sí  se  hizo  a  los  dos defensores el mismo día en que se  produjo el relevo de uno por el otro.   

          Al  efecto  el libelista señala que tanto el artículo 14 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos, como el artículo 8° de la  Convención  Americana  de  Derechos Humanos, consagran que todo sindicado tiene  derecho  a  conocer  detalladamente la acusación en su contra, a defenderse y a  estar  presente  en  el  proceso.   También  trajo  a  colación criterios  jurisprudenciales  de  la  Corte  Constitucional, según los cuales, a.) en toda  actuación  ante  autoridades judiciales o administrativas, deben respetarse los  procedimientos  para  preservar las garantías de los involucrados, cuando dicha  actuación,  en  un caso concreto, podría conducir a una sanción; y, b.) en lo  posible  el  Juez  debe notificar personalmente sus decisiones, y si no mediante  comunicación  por  correo  certificado o cualquier otro medio tecnológico a su  disposición.   

          En  suma, a juicio del impugnante, al llegar el señor BAYONA VERGEL  a  la  Secretaría  de  la  Fiscalía  Seccional  en  Ocaña, se le debió haber  notificado  el  pliego  de cargos, leyéndole íntegramente esa decisión si él  no  podía hacerlo e informándole de los recursos pasibles de interponer.   En  idéntico  sentido  termina  demandando que esta Sala invalide la actuación  desde   la   notificación   de   la  resolución  de  acusación,   para   que   se   notifique  en  debida  forma.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Ha  de  indicarse  de  una  vez  que  la Sala inadmitirá la demanda  formulada,  porque  como habrá de verse, a más de que no cumple plenamente con  los  requisitos  de  fundamentación  requeridos  para su admisibilidad, tampoco  puede  aceptarse  la casación discrecional que pretende el libelista, ya que no  se  estima necesaria para el desarrollo de la jurisprudencia o las garantías de  los derechos fundamentales.   

          De  conformidad  con lo normado en el artículo 212 de la Ley 600 de  2000,  disposición que regula el caso por tratarse de un proceso tramitado bajo  esa  vigencia  procesal,  la  demanda de casación deberá contener, entre otros  requisitos:   

“La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las  normas  que  el  demandante estime infringidas”.   

          Focalizado,  para  lo  que  interesa resolver, uno de los requisitos  formales  que debe satisfacer la demanda de casación, es menester que ésta sea  precisa  y  concisa  frente  a  las causales invocadas y los fundamentos; porque  como  lo  ha  venido  sosteniendo  desde  antaño la Sala, la casación no es un  mecanismo  de  libre  configuración,  desprovisto del más elemental rigor, que  tenga  como  fin  abrir espacios semejantes a los de las instancias ya agotadas,  prolongando  debates  que  se  dieron  al  fragor de la controversia, o buscando  generar  tardíamente  ámbitos  de  discusión  que  debieron  postularse en su  debida oportunidad dentro del proceso.   

          Debe  quedar  claro  que a esta sede llega la sentencia prevalida de  una  doble  condición de acierto y legalidad, que para desarticularla con apoyo  en  una  causal  de  nulidad,  tal  como  se expresa en el cargo principal de la  censura,  es  necesario  que  el  impugnante  compruebe  la  existencia  de  una  irregularidad  sustancial con virtualidad de socavar la estructura del proceso o  las  garantías  de  los sujetos procesales; y que fundamente el cargo de manera  tal  que a simple vista sea perceptible el motivo por el cual resulta inexorable  la  aplicación  de  tan  extremo  remedio  de la invalidación de una parte del  proceso, a fin de rehacerlo.   

          Como  habrá  de verse, el recurrente no enuncia ni desarrolla en su  libelo  con  la  suficiente  claridad  y  precisión que se exige en el especial  trámite  de  casación,  que la sentencia fue epílogo de un proceso viciado de  nulidad.   

          1.  El cargo principal.   

          El  cargo que el libelista cataloga como principal lo hace consistir  en  una  especie de sutil coacción, por exhortar al procesado al comienzo de la  diligencia  de  indagatoria  a  que respondiera a las preguntas que se le iban a  formular  a  continuación,  diciéndole  que  si  no  la  rendía podría verse  privado  de  medios  de  defensa.  Desde  luego  se  trata  de  una apreciación  subjetiva  del  impugnante,  sin  que  se  dé  a  la  tarea de verificar que al  procesado   se   le   coaccionó   u   obligó   a  declarar  contra  sí  mismo  (autoincriminarse),  conforme  al  artículo  29  de  la Carta Política y a los  instrumentos   internacionales   citados   bajo  el  principio  de  integración  normativa1.   

          Conforme  al  artículo 337 de la Ley 600 de 2000, la indagatoria no  podrá  recibirse  bajo  juramento,  y  debe  informársele  al procesado que su  deposición  es  voluntaria y que tiene derecho a guardar silencio; advertencias  que  fueron contempladas en la diligencia objeto de censura, conforme se aprecia  a  fl  31 del cuaderno principal; así que los formulismos empleados al comienzo  de  las diligencias de indagatoria, en observancia de los requisitos legales, si  llegaren  a  interpretarse  por  alguno  como  veladas,  sutiles  o subliminales formas  de  coacción,  de  ninguna  manera ello podría tener  virtualidad  suficiente  para  resquebrajar  las bases del proceso, advertido de  que  el  procesado  estuvo  acompañado  de  un  defensor técnico, quien por la  idoneidad  que  de  un  profesional  tal,  en principio debe suponerse, tuvo que  estar  vigilante  frente  a  cualquier larvado propósito intimidante, sin haber  acuñado    con    su    aquiescencia    la    presumida    legalidad    de   la  actuación.   

          Adicionalmente  a  lo  expuesto se observa en el acta de indagatoria  que mediante texto preimpreso se dejó la siguiente constancia:   

“Al por indagar  se  le  deja  libre de apremio y juramento, pero se le exhorta para que responda  claro  y  preciso  a las preguntas que se le hagan; se le impone y se le explica  el  contenido  del  artículo 337 del C.P.P. (que le asiste el derecho a guardar  silencio  y  la  prohibición  de  derivar  de tal comportamiento indicios en su  contra);  que  es  voluntaria  y  libre  de apremio, que no tiene obligación de  declarar contra sí mismo…”   

         Resulta      inexplicable,  que  si  tales  advertencias  fueron  hechas,  dado  que  así  lo  aceptaron  los  intervinientes  cuando  suscribieron  la  diligencia  sin  dejar  constancia  alguna  respecto  a actitudes intimidantes por parte del funcionario  que  indagó,  y  sin que se ofrezca ahora por el impugnante ningún elemento de  juicio  que  desvirtúe  tales  asertos,  se  plantee  en  este  trámite por el  casacionista  que  hubo  una  especie  de  “coacción  subliminal”,  como  sí hubiera podido entrañar una  exhortación    a    decir   la   verdad,  tal  cual se decantó por la Corte Constitucional en la sentencia  C-621  del  4  de  noviembre  de  1998,  por  cuyo medio declaró inexequible la  disposición  que  en pasadas vigencias autorizaba la exhortación al indagado a  decir  la  verdad.   Cabe  recordar,  para  mayor  claridad de la respuesta  ofrecida por la Sala, tal criterio jurisprudencial, así:   

“La exhortación  se  convierte  en  una  forma,  sutil  pero  probablemente  efectiva -y por ello  inconstitucional-,  de obtener en la diligencia de indagatoria la confesión del  imputado.  Más todavía, en cuanto se le advierte que debe decir únicamente la  verdad,  se  excluye  su silencio y se lo insta a expresar todo cuanto sabe o le  consta,  por  lo  cual  dicho  llamado,  en boca de la autoridad que practica la  diligencia  y  que está a cargo del proceso en su etapa previa, resulta ser una  modalidad   de   incitación   asimilable  al  juramento  -que  tiene  el  mismo  propósito-  y,  por  tanto,  hace  inoficiosa la exclusión del mismo, evitando  toda  estrategia de defensa y haciendo que los hechos relevantes, aun los que no  favorecen  al  declarante,  se lleven por éste al proceso de manera inmediata y  exhaustiva,  lo  cual  riñe  abiertamente  con  la  garantía contemplada en el  artículo  29  de  la  Constitución  sobre derecho de defensa. Para la Corte es  claro  que  el  derecho de la persona a no ser obligada a autoincriminarse se ve  notoriamente  disminuido  por la prevención en comento, en evidente desacato al  artículo  33  de la Constitución Política; que el derecho de defensa, con tal  advertencia,  se  reduce  al  mínimo, en cuanto se provoca de manera forzada un  acto  de  confesión; y que la admonición misma es, de suyo, una presunción de  que  el  indagado  actuará  de  mala  fe  en  la diligencia, lo cual vulnera el  artículo  83  de  la  Carta.  No es la indagatoria el  acto  procesal  indicado  para  forzar  al  imputado a que confiese o suministre  elementos  que  posteriormente  pueden  ser  usados en su contra, bajo la velada  amenaza  en  que  consiste  una  exhortación  judicial  a  decir únicamente la  verdad” (subrayas fuera de texto).   

Muy  distinta  a una exhortación a decir la  verdad    es    exhortar   a   que   se   responda   con    “claridad  y precisión”; máxime cuando a  renglón  seguido  se  dejó  en  claro  la  advertencia  de  que  al  procesado  “le     asiste     el     derecho    a    guardar  silencio”,  que  su  declaración es “voluntaria”     y     que   “no   tiene   obligación   de   declarar”.   Sin  enseñar evidencias respecto a tangibles formas de coacción,  no  puede  intentarse que por vía de la casación se derrumbe la presunción de  legalidad  y acierto de la sentencia que fue culmen del trámite dentro del cual  tuvo  lugar  la  diligencia  cuestionada.   Incluso  cabe recordar que esta  Sala,   planteo   en   un   caso   de   exhortación   a  decir  la  verdad,  lo  siguiente2:   

“En  tal contexto, resulta innegable, que  la  ya  mencionada  exhortación  a decir la verdad tampoco cumplió un cometido  específico,  en  especial  si  se  tiene  en  cuenta  que no conllevó presión  indebida  o intimidación alguna para que…-N.N.-  se declarara confeso de  los  delitos  por  los  cuales  se  le  sindicaba,  esto  es, no concluyó en su  autoincriminación,  sin la cual, la irregularidad denunciada no pasa de ser una  incorrección  de  los  instructores sin incidencia ni trascendencia en punto de  los  derechos  del  procesado,  con  mayor razón si fue advertido que no estaba  bajo  juramento,  podía  guardar  silencio y su exposición la rendía libre de  apremio,    era    voluntaria    y    libre,   debidamente   asistido   por   su  defensor”.   

         Deben  pues  analizarse  de manera contextual esas exhortaciones que  suelen  estilarse,  frecuentemente en formatos preimpresos, como prólogo de las  indagatorias;  y  sin  en  el caso subjudice no se conformó el indagante con la  sola  información  sobre  el  derecho a guardar silencio y a que la deposición  era  voluntaria  y  libre  de  todo  apremio,  como  lo  indican las reglas para  recepción  de  la  indagatoria,  previstas en el artículo 337 de la Ley 600 de  2000,  sino  que  agregó la exhortación a responder con claridad y precisión,  ninguna  coacción  puede  ello entrañar,  teniendo  en  cuenta la advertencia que también se hizo de que no  estaba  obligado  a  declarar,  máxime que exhortar no tiene igual connotación  que  exigir,  y  que si el imputado opta por la disyuntiva de declarar, no puede  quedar  a  su  arbitrio el interrogatorio para perorar o hacer divagaciones a su  antojo.   

         Ahora,  si  se  recuerda  que la indagatoria, en la ley 600 de 2000,  tiene  una  triple  condición  de  forma  de  vinculación  procesal,  elemento  probatorio  y medio de defensa, apenas natural surge la admonición efectuada al  procesado,  en  el  sentido que su silencio podría privarlo de esa connotación  defensiva  atribuida  a  la diligencia, en tanto forma de explicar adecuadamente  su   comportamiento  u  ofrecer   medios  de  convicción  que  refuten  la  incriminación.    

          Nada,  entonces,  indica  que  el  procesado  fuese  presionado o de  manera  subliminal inducido a autoincriminarse o privarse del derecho de guardar  silencio,  razón  suficiente para inadmitir el cargo principal propuesto por el  demandante.   

    

1. Los cargos subsidiarios.     

          Respecto  a  las  causales  presentadas  como  subsidiarias  por  el  impugnante, valga puntualizar lo siguiente:   

          En  el primer cargo subsidiario,  el  libelista invocó la causal 3ª de casación consagrada en el  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, por estimar que la sentencia fue dictada  dentro  de  un juicio viciado de nulidad, al advertir déficit en la imputación  jurídica,  por no informarle en la indagatoria en qué  consistía  el  delito  de  Falso  Testimonio,  qué  norma  penal  describe tal  comportamiento  y  qué  pena  prevé,  pero no denota  esfuerzo  alguno en demostrar que conforme al artículo 338 del Código Procesal  Penal-  Ley 600 de 2000- se pretermitieron en forma grave las formalidades de la  indagatoria  sobre  la  imputación  fáctica  y  jurídica,  a fin de otorgarle  posibilidades  de  descargo  o defensa; y obviamente mirando la trascendencia de  tales  omisiones  en  punto a la configuración de la causal de nulidad prevista  en  el  artículo  306- 3 –  Ley  600  de  2000-  por “La comprobada existencia de  irregularidades   sustanciales  que  afecten  el  debido  proceso”.   

Como  lo  ha  sostenido  la Sala3,     la  indagatoria,  por ser la primera y más importante oportunidad con la que cuenta  el  sindicado  para  defenderse,  según  la  Ley 600 de 2000, que si bien puede  rehusar  para  optar  por  el  silencio,  cuando  se  emplea ejercita el derecho  brindando  las  explicaciones  pertinentes  en  torno  a los hechos posiblemente  criminales    que    se   le   atribuyen   y   conforman   el   objeto   de   la  investigación.    Y   por   ser   de  suma  trascendencia  esta  forma  de  vinculación  procesal, el legislador reguló la forma como ella debe llevarse a  cabo,  siguiendo  los  lineamientos contemplados en los artículos 337 y 338 del  Estatuto  Procesal  atrás  citado,  incluyendo  en  el  último,  el  deber del  indagante  de  ponerle  de  presente al procesado “la  imputación jurídica provisional”.   

Sin  embargo,  la  Sala  ha  reconocido  el  carácter  temporal, transitorio y no definitivo de la calificación legal de la  conducta  en  la indagatoria, que se aviene perfectamente con la característica  de  progresividad  propia del proceso penal, la cual explica que a medida que se  avanza  en  su  recorrido  puede  por  razón de circunstancias probatorias o de  mejor  entendimiento  acerca de lo acontecido, ir mudando el nombre jurídico de  los  hechos, sin traducir ello quebrantamiento alguno del derecho fundamental al  debido  proceso  y  tampoco,  por  tanto,  la  necesidad  de volver a imputar la  conducta  en  ampliación  de indagatoria o de resolver nuevamente la situación  jurídica.  Eso  aclara,  a  la  vez,  que  la imputación jurídica hecha en la  indagatoria  no determina la de la resolución de situación jurídica, ni ésta  la de la decisión calificatoria.   

          Con  mayor  razón  en  el caso que se analiza, tiene que concluirse  que  carece  de fundamento la invocación que ha hecho el libelista de la causal  3ª  de   casación,  relativa  a  la tramitación de un proceso viciado de  nulidad,  porque a su modo de ver no se explicó en qué consistía el delito de  falso  testimonio  y  que  sanción  conlleva,  pues  la  imputación  jurídica  provisional  que  debe ponerse de presente, según lo dispuesto por el artículo  338  no  precisa  tales  exigencias;  por modo que la mención que se hizo en el  citatorio,  mediante  oficio  U2-0317-2002-0234  del  3 de abril de 2002 (fl. 23  cdno.  Principal)  informándole  de  la apertura de investigación en su contra  “por  el  delito de FALSO TESTIMONIO en perjuicio de  la  EFICAZ Y RECTA IMPARTICIÓN DE JUSTICIA”, más la  reiteración   en   indagatoria   de  tal  imputación  jurídica,  “por   haber   negado   la   existencia  de  esos  bienes  en  una  declaración  extrajuicio”,  muestran de manera  palmaria  que  no  hubo ningún sorprendimiento, por lo que no puede fundarse en  exigencias  adicionales  que  la ley no consagra, motivo de invalidez o vicio en  el trámite.   

          No  se observa cómo lo ocurrido pudo haber perjudicado al procesado  o  de  qué manera era posible que incurriese en error, cuando ningún equívoco  o  contradicción encierra la imputación fáctica y jurídica, por lo demás de  elemental  comprensión  cuando  se  le  informa  que  la  haber  mentido  en su  declaración     extrajuicio,     incurrió    en    el    delito    de    falso  testimonio.   

          Si  alguna duda o confusión tuvo el procesado, que obligase superar  esos  mínimos  estándares  informativos  consagrados  por  la  ley, pues, así  debió  manifestarlo  en  la  indagatoria,  sin  que  pueda pasarse por alto que  precisamente  la  labor  encomendada  a  su defensor implicaba, y no se advierte  incumplida,  darle  a  conocer la naturaleza y efectos jurídicos, incluidos los  punitivos, que esa temporal imputación conllevaba.    

          Dado  que el recurrente no demuestra formal o materialmente ocurrida  alguna  violación  en  ese  apartado  de la diligencia de indagatoria, el cargo  debe inadmitirse.   

          En       el       segundo       cargo  subsidiario,  el  libelista  señala  la violación al  debido  proceso,  por  desconocimiento del principio de  investigación  integral,  previsto en el artículo 20  de   la   Ley  600  de  2000,  según  el  cual  “El  funcionario  judicial tiene la obligación de investigar tanto lo favorable como  lo  desfavorable  a  los  intereses  del  imputado”,  censurando  que  la Fiscalía se hubiera conformado solo con la denuncia, con la  declaración  de  quien  fue  socio  del  procesado  y  después  al  parecer se  malquistó  con  él, y con los descargos que ofreciera BAYONA VERGEL, desoyendo  citas hechas por éste que habrían contado a su favor.   

          Sin  embargo,  nada  observa  el libelista respecto a la limitación  que  hubiesen  tenido  el procesado y su defensor para aportar pruebas de favor,  teniendo  en  cuenta  que  el principio de investigación integral en el esquema  procesal  vigente  durante el trámite -Ley 600 de 2000- imponía a la Fiscalía  imparcialidad,  que  debía matizarse frente a las facultades de la Defensa y el  Sindicado  como  “sujetos  procesales”,  conforme  a  los  artículos  8°  y  13, relativos al derecho de  defensa   (“integral,  ininterrumpida,  técnica  y  material”)  y al principio de contradicción, según  el  cual  “En desarrollo de la actuación los sujetos  procesales   tendrán   derecho  a  presentar  y  controvertir  las  pruebas”.   

          Cabe  significar que quien alegue una nulidad debe estar dispuesto a  demostrar  que  no  ha  dado  lugar  con  su  actitud  a que se genere el motivo  invalidante;  y  si  se  alegó que hubo cercenamiento al derecho de defensa, el  impugnante  tuvo  que  haber  demostrado que el procesado estuvo huérfano de la  posibilidad  de  defenderse, que la Defensa técnica representada por el abogado  que  lo  asistió  en  el trámite, tuvo vedados o limitados los mecanismos para  solicitar  pruebas, controvertir las que se adujeron en su contra e impugnar las  decisiones de fondo que valoraron esos medios de prueba.   

          Por  lo  tanto, no puede aceptarse que por vía del especial recurso  de  casación  se  acuse  la  sentencia  de segunda instancia de ser fruto de un  proceso  signado  por  la precariedad probatoria y la inercia investigativa, sin  que  se  exprese  con claridad la quiebra del principio de imparcialidad, con el  correlato  de  claras limitaciones al derecho de defensa y con las consecuencias  de  esos  vicios en términos de significación y trascendencia.  Con mayor  razón,  frente  al  caso  en  comento,  cuando  el  expediente  enseña  que en  desarrollo    de    la    audiencia   preparatoria4   el   Juez  decidió  acoger  oficiosamente  la solicitud de pruebas que extemporáneamente hiciera el abogado  defensor5,  conforme lo autoriza el artículo 401 del Código Procesal Penal-  Ley  600  de 2000, sin que el abogado hiciera ninguna consideración al respecto  al  apelar  la  decisión,  pues  se  limitó  a  reclamar que había corrido el  término  de  prescripción,  agregando  que  no  había el basamento probatorio  suficiente           para          condenar6.   

          Si  bien  el  artículo  20  del  Código Procesal Penal- Ley 600 de  2000-  estableció  el  principio  de  investigación  integral,  según el cual  “el  funcionario  judicial  tiene  la obligación de  investigar  tanto  lo  favorable  como  lo  desfavorable  a  los  intereses  del  imputado”,  ello  no  quiere  decir  que  la defensa  abandone  con  desidia  al  procesado,  para descargar en el fiscal y el juez el  deber de desentrañar todos los aspectos de favor.   

Ha tenido ocasión esta Sala de pronunciarse  en   relación  con  ataques  a  decisiones  emanadas  de  los  Tribunales,  por  violación  al  principio  de  investigación  integral,  porque  se  dejaron de  practicar  algunos  medios  de  convicción; frente a lo cual se ha indicado que  ello  genera  nulidad, siempre y cuando la prueba o pruebas dejadas de practicar  por  la  negativa  o  negligencia  del  funcionario  judicial, tengan incidencia  favorable  en  la  situación  del  procesado,  bien  sea  en cuanto al grado de  responsabilidad  deducida  o frente a la sanción punitiva que le fue impuesta o  porque  los  medios de convicción omitidos podrían desvirtuar la existencia de  la  conducta ilícita o reportar circunstancias favorables; pues como lo dijo en  su          momento          la         Sala7, lo que hace viable la censura  en  estos  casos  es  la  trascendencia  del  contenido  material de las pruebas  invocadas,  es decir, lo que el solicitante afirma que pretende acreditar con su  práctica;  y  por lo tanto, sólo a través de semejante verificación puede la  Corte  sopesar  el  perjuicio  a la garantía o los aspectos de favor que se han  echado de menos.   

          En  el caso concreto, el libelista se limita a lucubrar acerca de la  prueba  recaudada  y  la  que  entiende  precariedad probatoria de la misma, sin  acertar  a  precisar  en  concreto  cuáles  medios suasorios y con qué efectos  específicos  habrían  redundado  a  favor  de  su representado legal, ni mucho  menos  especifica  cuál  pudo ser el motivo para que al defensa no estuviera en  posibilidades  de  allegar o solicitar oportunamente esos supuestos elementos de  juicio.   

          En  consecuencia,  las  obvias  falencias  en la fundamentación del  cargo, obligan su inadminsón.   

          En  el tercer cargo subsidiario  se  discute  que  no  se  resolvió  la  situación  jurídica del  procesado,  en  el  término  de  ley,  antes  del  cierre de la investigación;  omisión  que  a juicio del impugnante comporta una irregularidad sustancial que  afecta  el  debido  proceso,  dado  que el procesado tenía derecho a conocer la  imputación fáctica y jurídica.   

          Es   preciso  indicar,  al  efecto,  que  no  se  quiebra  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad de la decisión acudiendo al expediente de  censurar  el  trámite,  cuando  en  desarrollo del mismo el sujeto procesal que  ahora  alega  que  se  incurrió  en  graves motivos de  nulidad consintió en ello sin hacer alusión alguna a  irregularidades     sustanciales,     habiendo     tenido     oportunidad     de  pronunciarse.   

El  tema  se decantó en su momento por esta  Sala,  ante  las  numerosas  alegaciones  sobre  nulidad, por la posición de la  Fiscalía  de  omitir  resolver  situación  jurídica  en la adecuación de los  procesos  al  nuevo  trámite  de la Ley 600 de 2000, vigente a partir del 25 de  julio  de  2001,  planteando  de  manera  uniforme  esta  Corporación que no se  vulneran   los   artículos   354-357  (Ley  600/00),  por  tratarse  de  normas  procesales y no sustanciales,  en  la  medida  que  la situación jurídica entraña una definición provisoria  que  no  impide  hacerla  válidamente  luego  de  clausurada la investigación;  agregando  que  la  falta  de  definición  de situación jurídica del imputado  podría  beneficiar  al  procesado,  cuando  la  conducta  arrostrada apareja la  detención  preventiva  sin  beneficio de libertad provisional, no resultando en  ese  caso  “trascendente  la irregularidad alegada8.   

          En  su  momento esta Sala interpretó que el precepto según el cual  la  situación  jurídica  debía  ser definida en los casos en que procedía la  detención  preventiva – artículo 354 de la Ley 600 de 2000-, aludía a delitos  que  aparejaban  pena  superior a cuatro años de prisión, y a los expresamente  enlistados  por  el  legislador en el artículo 357 del mismo estatuto procesal,  no  comprendiéndose  entonces  el falso testimonio, que según el artículo 442  del  código penal en su prístina tipificación prevista en la Ley 599 de 2000,  consagraba   pena   oscilante  entre  cuatro  (4)  y  ocho   (8)  años  de  prisión.   

Esa   interpretación   fue   fruto   del  advenimiento  de  la  Ley  906  de  2004,  y  su aplicación por favorabilidad a  procesos  adelantados  al  cobijo  de  la  pasada  vigencia- Ley 600 de 2000- al  detectar  un  contrasentido entre lo dispuesto en el artículo 313-2 de la nueva  codificación,  según  el  cual  la  detención preventiva procede para delitos  cuya  pena  sea  o  exceda de cuatro años  de  prisión,  en  tanto  que  el  artículo  315 de la misma obra  determinó  que  las  medidas  de  aseguramiento no privativas de la libertad se  aplicarían,  entre  otros,  a  los delitos cuyo mínimo de pena señalada en la  ley    no   exceda   de   cuatro   años.   

Esta   divergencia  llevó  a la Sala a  concluir  que en la interrelación de estas normas, debía prevalecer la segunda  de  ellas  por  conllevar  menor  limitación  y restricción a los derechos del  procesado,  permitiendo  colegir  que la detención preventiva, en el evento del  artículo  313  numeral  2º de la Ley 906 de 2004, sólo procede para cuando el  delito  tiene  una pena mínima que excede de 4 años de prisión, y adicional a  ello,  que  la aplicación de esta conclusión a los asuntos tramitados bajo los  postulados  de  la  Ley  600  de  2000  conlleva  la  improcedencia  de resolver  situación  jurídica  en los eventos en que la pena mínima del ilícito por el  cual  se procede no supere los cuatro años de prisión, conclusión que la Sala  mantuvo,  hasta  morigerarla  con  reciente  decisión  en  la  que  ha estimado  importante  para  la  defensa  del  procesado,  el que se resuelva la situación  jurídica.9   

“4.Pero  hay  algo  más:  conforme  lo  enunciado  atrás,  la  no  definición  de situación jurídica puede comportar  limitación  al  derecho  de  defensa,  en  la medida en que estando obligado el  instructor  a  cumplir  con tal carga (cfr. arts. 354, 357-1 Ley 600 de 2000) en  la  respectiva  providencia  deberá  consignar  la valoración de los distintos  medios   de   prueba   aportados,  especialmente  los  de  descargo,  bien  para  admitirlos,  ora  para  desecharlos,  pudiendo así el incriminado o su defensor  -en  el  último  evento-  redireccionar  el  ejercicio  de la defensa.  De  omitir  el fiscal ese paso procesal -conforme lo autorizaba la jurisprudencia en  el  pasado-  es  claro  que  el procesado no podrá conocer cuál es el grado de  credibilidad  que  al  operador  judicial  le  ofrecen las pruebas en que aspira  aquél sustentar su defensa.   

No hay duda, así, que de omitirse ese paso  del  esquema procesal no sólo se desvertebra el sistema a seguir (para el caso,  el  procedimiento  de la ley 600 de 2000), que impone la obligación de resolver  situación  jurídica,  sino  que  también se limita por esa vía el derecho de  defensa  y  por  contera  se  desobedece  el  mandato  29 superior que impone el  respeto  a  las  formas  propias  de  cada  juicio,  siendo  “forma  propia”  la  definición de situación jurídica.”   

          Aunque  esta  posición  reciente significa un viraje en el criterio  de  esta  Sala,  ello  no puede desatender otro aspecto, cual es que  si  la  defensa  se  percata  durante  la  instrucción de que es  preciso   definir   la  situación  jurídica,  como  exigencia  de la lealtad que  le  corresponde,  debe solicitar al fiscal que adopte  la            medida            pertinente10,   y   no   hacerlo  en  su  oportunidad,   teniendo   ocasión   para   ello,   puede   traducirse   en   un  acto   que   contraría   su   deber   y  por  el cual no puede reclamarse después, dado que las nulidades  no  pueden  invocarse por quien con su conducta ha dado lugar a la irregularidad  que se discute.   

          Al  efecto,  si  el  Juez  invalidó  parte  de  la actuación, y la  retrotrajo  a  la  instrucción,  con  el  explícito  fin  de que se resolviera  situación  jurídica,  advirtiendo el Delegado de la Fiscalía al cabo del  tiempo,   por   medio   de  una  breve  resolución11,   que   en   atención   a  jurisprudencia  de esta Sala (que no dio en citar), y que siendo la pena mínima  a  imponer  inferior  a  cuatro (4) años de prisión, por el advenimiento de la  Ley  906 de 2004, no era preciso resolver situación jurídica; razón ésta que  le   llevó  a  expedir  nuevamente  resolución  de  acusación,  sin  resolver  situación                 jurídica12;   es   evidente   que  tal  proceder  fue  aceptado  sin  reparo alguno por el mismo Juez y por el Defensor,  quien  al  respecto  fue  aquiescente  en  la audiencia preparatoria13,  implementada  precisamente  como  espacio  para  la depurar el proceso, frente a  eventuales motivos de nulidad, según el referido artículo 401.   

          Cabe  indicar  que  incluso la Corte ha llegado a considerar en sede  de  tutela,  que  no  resolver situación jurídica, aún siendo obligatorio, no  siempre  implica la nulidad del proceso apreciando para el caso en concreto, que  la  defensa  “capitalizó”  durante  el  trámite  un  error  de  procedimiento y pretendió beneficiarse de  ello,  planteando  por  vía  de  casación  la  nulidad  por   ausencia de  resolución  de  situación  jurídica,  la  cual  hubiera  llevado  a privar al  procesado  de  la  libertad  desde  la  instrucción14.   

          En  consecuencia,  se  advierte  de entrada carente de fundamento la  invocación  de  una  causal  de  nulidad que supuestamente deba ser materia del  especial  trámite  de la casación, el que no se hubiera resuelto la situación  jurídica,  cuando,  por  un  lado,  ello  no implicó daño o menoscabo para el  procesado,  y  por  el  otro,  el  abogado consintió en ello sin hacer mención  alguna de su inconformidad con tal omisión.   

          Así las cosas, el cargo debe inadmitirse.   

          En   el  cuarto  cargo     subsidiario                  el  libelista acusa la falta de notificación de  la  providencia  calificatoria  conforme  a lo dispuesto en el artículo 396 del  código  procesal  penal  –  Ley  600 de 2000, arguyendo que se hizo tabla rasa de principios inmanentes a un  debido  proceso,  como  son  los  de legalidad, contradicción y prevalencia del  derecho  sustancial;  por  estimar  que  a  su  representado  no se le notificó  personalmente   la   resolución   de   acusación,   cuando   los  instrumentos  internacionales         atrás        citados15  señalan que todo procesado  tiene  derecho a conocer detalladamente la acusación en su contra, a defenderse  y a estar presente en el proceso.   

          También    el    impugnante    incurre   en   insuperables   fallas  argumentativas,  pues  se queja de que la resolución de acusación, con la cual  se  rehizo  la  actuación  que  fuera  enervada  por  el Juez Segundo Penal del  Circuito  de  Ocaña,  fue  notificada  personalmente  a  dos  defensores que se  sucedieron      en      un      mismo      día16,   no   así   al   propio  procesado;  pero  omite  mencionar que mediante oficio 1725S-67272, del nueve de  octubre  de  2006, la Fiscalía Segunda Delegada ante los Jueces del Circuito de  Ocaña  citó  al  señor  BAYONA  VERGEL  para  notificarle personalmente dicha  decisión17.   

          Cabe  anotar, conforme a lo indicado en el artículo 178 del Código  Procesal  Penal-  Ley  600  de  2000-,  que la notificación al sindicado que no  estuviere  detenido  se  efectúa personalmente si se presenta en la Secretaría  del  Despacho  dentro  de  los  tres  días  siguientes  al  de  la  fecha de la  providencia;  y pasado tal término se hará por estado. En efecto, ese trámite  se  cumplió a cabalidad, como se aprecia a fs. 70 y 75 del cuaderno original; y  tan  evidente  resulta esta conclusión, que los oficios que fueron dirigidos al  propio  procesado  y  a  su  defensor  dan  cuenta  de que la fiscalía procuró  primero  la comparecencia para hacer la notificación personal, llamado que solo  fue  atendido  por  la defensa técnica. Mal puede la defensa, entonces, valerse  de  la  molicie  o  negligencia  de  su representado legal, para después cobrar  réditos nulificantes basados en una inexistente irregularidad.   

          En  similar  sentido  a  la  respuesta dada en el caso de los cargos  anteriores,  el  trámite  connota  la  aquiescencia  absoluta  de los sucesivos  voceros  de  la  defensa  técnica  respecto a las supuestas irregularidades que  según advierten, se presentaron en el trámite.   

          El  escrito por medio del cual se demanda la casación no reúne los  requisitos  de  fundamentación  previstos  en el artículo 212 de la Ley 600 de  2000,  porque  de un oscuro y repetitivo pregón de que se faltó en forma grave  a  las  formas  propias  del  juicio,  se  tiene  que  colegir  que  no hubo una  enunciación    clara    y    precisa    de    los    fundamentos    y    normas  infringidas.   

          Finalmente  es  preciso  significarle  al  impugnante  que equívoca  resulta  su  pretensión  de  que  esta  Sala  admita  la demanda en punto a una  casación  discrecional,  la  cual  procede  excepcionalmente   contra  sentencias  de  segunda instancia  distintas  a  las  del  inciso  primero  del  artículo 205 del código procesal  penal-  Ley  600  de  2000-,  esto  es  si  no fueren proferidas por un Tribunal  Superior  o  Tribunal  Militar, en procesos por delitos con pena privativa de la  libertad cuyo máximo excede de ocho (8) años.   

          Lo  anterior,  en  vista  de  que  no se avizora siquiera en lo más  mínimo,  que  en  salvaguarda  de los derechos y garantías fundamentales, esta  Sala  deba  acudir  discrecionalmente  a  la  casación, porque de la deficiente  fundamentación  no refulge que el proceso esté signado por las irregularidades  sobre  las  que  sin  un  mínimo de orden y coherencia discurrió el libelista.  Como  consecuencia  lógica,  tiene que concluirse que carecen de fundamento los  cargos  presentados,  uno  como principal y cuatro como subsidiarios, concitando  la  inadmisión  del excepcional mecanismo de impugnación al que hubo de acudir  el signatario del libelo analizado.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado GERMÁN ALONSO BAYONA VERGEL.   

En virtud de lo dispuesto en el artículo 213  del  Código  Procesal Penal- Ley 600 de 2000-, contra esta decisión no procede  recurso  alguno,  y por lo tanto se ordena devolver el expediente al despacho de  origen.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1   Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos, artículo 14-3°  y  Convención Americana de Derechos Humanos, artículo8°.   

2   Casación 21.297 del 21 de marzo de 2007.   

3   Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  radicado N° 26.390,  decisión del 6 de mayo de 2009.   

4   Folio. 83 cuaderno principal.   

5   Folio 82, idem.   

6   Folio 267 idem.   

7   Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Radicado  N° 24637,  sentencia del 14 de noviembre de 2007.   

8   Ibidem,   sentencia   de   casación  Radicado  25981,  del  24  de  octubre  de  2007.   

9   Corte  Suprema  de  Justicia,  radicado  N°  27.539,  auto  del  4  de marzo de  2009.   

10    Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  radicado N° 25981 sentencia del 24 de octubre de 2007.   

11  Folio 62, cuaderno principal.   

12  Folios 64 a 69, cuaderno principal.   

13  Folios 82 y 83, cuaderno principal.   

14   Ibídem,  sentencia  de tutela Radicado N° 25512 del 13 de  junio de 2006.   

15   El  Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos-  artículo  14-3°  y  la  Convención  Americana e Derechos Humanos –artículo 8°-.   

16  Folios 74 y 75, cuaderno principal.   

17  Folio 70 idem     

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