32105(23-09-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  32105   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 307.  

Bogotá,  D.C., veintitrés de septiembre de  dos mil nueve.   

VISTOS  

Conforme  con lo reglado en el artículo 223  de  la  Ley  600 de 2000, examina la Sala de manera preliminar el aspecto formal  de  la  demanda  de revisión instaurada por  el apoderado especial de LUIS  MIGUEL  MANJARRÉS  MANJARRÉS,  contra  la  sentencia  proferida por el Juzgado  Penal   del  Circuito  Especializado  de  Valledupar,  el  10  de  noviembre  de  2006,   y  confirmada  por la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior  de  la  misma  ciudad  el  10  de octubre de 2007, por cuyo medio se condenó al  demandante  a  la pena principal de 78 meses de prisión, al hallarlo penalmente  responsable de la conducta punible de concierto para delinquir.   

  HECHOS  

          Fueron   narrados   por   la  primera  Instancia,  de  la  siguiente  manera:   

“Historia  la foliatura que el 31 de marzo  de  2005 en horas de la noche Adolfo Uribe Pérez, comerciante de plátano en el  mercado  se  encontraba  departiendo en su residencia ubicada en la carrera 21 #  33-54  del  barrio  San  Martín  de esta ciudad, acompañado entre otros con un  comandante  de  las  autodefensas  apodado Macuto a quien le decía compadre sin  serlo  y a eso de las 11:00 de la noche su señora escucha unos disparos, sale y  encuentra   el   cuerpo   sin   vida   de   su   esposo   en  la  puerta  de  su  residencia.   

Conoció la investigación que la víctima se  había  trasladado  al municipio de Ocaña días antes de su muerte porque alias  38  comandante  paramilitar  había dado la orden que lo asesinaran, pues estaba  mal  informado  por  el  gremio  de  los  comerciantes  de plátano que querían  sacarlo   del  negocio,  posteriormente  recibió  una  llamada  de  alias  Yimi  comandante  urbano  de  las  autodefensas,  quien  le  informó  que todo estaba  resuelto,  razón  por  la cual regresó nuevamente a esta capital y en la misma  semana fue asesinado.   

Por testimonio de un reinsertado se conoció  que  el  crimen fue autoría de las autodefensas coordinado con la colaboración  del  policía  Luis Miguel Manjarrez  Manjarrez (sic) y ejecutado por alias  Rony  identificado  como  Edgar  Alberto Rada, y alias Lobo. Por estos hechos se  les  libró  orden  de  captura  y  fueron  vinculados mediante indagatoria Rada  Mendoza y Manjarrez Manjarrez (sic).”   

LA  DEMANDA   

          El  demandante  invoca  la  causal  consagrada en el numeral 3º del  artículo  220 de la Ley 600 de 2000, esto es, bajo la  consideración  de que con posterioridad a la sentencia surgieron pruebas nuevas  no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates  que  establecen  la  inocencia  del  condenado.   

En  orden  a  desarrollar  su  pretensión,  el           apoderado    del    condenado    detalla  lo  ocurrido,  particularmente,  la muerte de Adolfo Uribe  Pérez,  el 31 de marzo de 2005;  la denuncia que de ello hizo Luis Alfonso  Valencia   Llanos,   quien  señala  a  un  policía  de  apellido  Manjarrés  como  involucrado  con  los  grupos     paramilitares    y    partícipe en el crimen; y el decurso procesal.   

Destaca el profesional del derecho cómo, a  pesar  de  que  inicialmente  el  denunciante vinculó con  los   grupos  paramilitares  a  su  representado   legal,  ya  después  se  retractó  de  ello,  en  escritos  que obran en el expediente, desconocidos por los falladores de primero  y segundo grados.   

Con   su  actitud  omisiva,  advierte  el  demandante,  los  funcionarios  olvidaron  su  deber  de  examinar  las  pruebas  arrimadas  al  proceso,  vulnerando  el artículo 29 de la Carta Política,   

Cita,   a   renglón   seguido,  reciente  jurisprudencia        de        la        Sala1,  y  de ella extracta que, en  efecto,  se cumplen los requisitos  para acudir al especialísimo mecanismo  de   revisión,   dado  que  efectivamente  ha  sido  proferido  un  fallo condenatorio y este se encuentra  ejecutoriado,  además  de que “en el caso de marras  el   procesado   LUIS  MIGUEL  MANJARRÉS  MANJARRÉS no  tuvo  conocimiento  de  la  existencia  de  los  nuevos  medios de pruebas aquí  allegados  con  esta acción de revisión, por lo cual son admisibles, y cumplen  con los requerimientos de ley para ser aducidos como tales”   

Advierte  el  accionante  que  las  pruebas  aportadas  “dan  constancia  de que, contrario a lo  sostenido  por los fallos de primera y segunda instancia, cuando lo condenan por  CONCIERTO  PARA DELINQUIR, son las mismas certificaciones las que se encargan de  demostrar  lo  contrario,  es  decir  desvirtuar las conclusiones probatorias de  ambas instancias…”   

Por  último,  el  demandante presentó como  pruebas nuevas, las siguientes:   

1)  Certificación emanada de la Consejería  Para  la  Paz de la Presidencia de la República, en la cual se hace constar que  Adolfo  Enrique  Guevara Cantillo, figura como desmovilizado del Ex Bloque Norte  de  las Autodefensas Unidas de Colombia. Allí mismo se advierte que LUIS MIGUEL  MANJARRÉS MANJARRÉS, no aparece en ese listado.   

2) Certificación expedida por Adolfo Enrique  Guevara  Cantillo,  quien, en calidad de Coordinador Militar del Bloque Norte de  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia,  advera  que  el  condenado  MANJARRÉS  MANJARRÉS,  “…no  perteneció a la organización  de autodefensas en el norte del cesar”   

Junto con lo anotado, a efectos de cubrir las  exigencias  formales  de  la  demanda,  el  accionante allegó el poder especial  suscrito  por  su  representado  legal  para  facultar  acudir al especialísimo  trámite,  junto  con fotocopias de los fallos de primero y segundo grados, y la  constancia de ejecutoria de los mismos.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         La  acción  de revisión es un medio para conseguir la realización  de  la  justicia  y  un mecanismo excepcional contra la inmutabilidad de la cosa  juzgada  por  la  ocurrencia  de hechos y conductas contrarias a derecho que una  vez  configuradas,  desvirtúan  la  oponibilidad  de la sentencia en firme y la  seguridad  jurídica  que  le  sirve  de fundamento. Dentro de este contexto, la  razón  de  ser  del  instituto  es  la  de  subsanar los defectos materiales de  aquellas  providencias  que  ponen fin al proceso penal tanto en la instrucción  como  en  el  juicio,  proferidas  en contravía de una recta administración de  justicia,  atendiendo  al  interés  general  de la verdad y de la justicia como  forma  de  garantizar  una  convivencia  pacífica  y  un  orden  justo  para el  conglomerado social.   

          Por  lo  mismo,  no  es un mecanismo para revisar la legalidad de la  sentencia  como  sucede  con  el  recurso  de  casación, sino la justicia en su  dimensión  positiva, para evitar que se condene a inocentes o se absuelva a los  responsables.   

          Dadas  sus especiales características, que como se dijo se dirigen  a  derruir la cosa juzgada, su ejercicio no sólo debe someterse a las taxativas  causales   que   para   su   prosperidad   indica   el   artículo  220   del   Código   de  Procedimiento  Penal  de  2000,  sino que además requiere del aporte de medios de prueba serios,  procedentes,    idóneos    y   con   suficiente   grado   de   credibilidad   y  trascendencia      para     conducir     a     la  rectificación  del  error  que  se  enrostra  a  la  providencia  demandada,  superando  en  ella  la  injusticia  que  el  actor  le  adjudica.   

Así, frente a la causal tercera, tiene dicho  la  Sala  que  corresponde  al  actor  demostrar  no sólo el surgimiento de los  hechos  nuevos  o  pruebas  de  similar  naturaleza,  que apunten a acreditar la  inocencia  del  condenado o su inimputabilidad, sino, lo más importante, que el  fallador  no  tuvo  oportunidad  de pronunciarse sobre ellos y que de haber sido  conocidos  o  haber  ingresado  oportunamente  al  expediente,  la solución del  asunto    hubiera    sido    sustancialmente    distinta    y   opuesta   a   la  adoptada.   

Empero, serias falencias encierra el escrito  presentado   por   el  defensor  del  condenado,  de  una  parte,  porque  ocupa  inicialmente  sus esfuerzos en controvertir la valoración que los falladores de  ambas  instancias  dieron  a  la  prueba  recopilada,  o  mejor, la que entiende  omisión  en  considerar  la  retractación  que  dentro del proceso realizó el  denunciante,  con  lo  cual, como se anotó atrás, incurre en el yerro de hacer  valer  la  acción  de  revisión  como  una  especie  de  demanda de casación,  desnaturalizando  la  esencia  y efectos del medio escogido para controvertir la  condena.   

Sobre el particular, la Corte reiteradamente  viene                   sosteniendo2:   

“No  puede  el  accionante,  se  repite,  utilizar   el  mecanismo  de  la  revisión  para  hacer  valer  los  argumentos  consignados  en  la  demanda  de casación, por la muy obvia razón de que ambos  institutos  representan  naturaleza  y  alcances  completamente  diferentes,  al  extremo  de  que el ahora analizado no se dirige a controvertir la legalidad del  fallo  o  la  validez  de los argumentos traídos a colación por las instancias  para  sustentar  la  condena,  sino  a  verificar  que la sentencia fue injusta,  contraria a lo que la verdad material arroja.   

(…)  

Respecto  de la naturaleza y objetivos de la  acción   de   revisión,   en   reiteradas  ocasiones  la  Sala  ha  precisado:   

“No  busca  pues, la acción de revisión,  subsanar  errores  de juicio o de procedimiento porque esa es la función de los  recursos  de  instancia y de la casación. La revisión, en cambio, pretende la  reparación  de  injusticias  a  partir  de  la  demostración  de  una REALIDAD  HISTORICA  diferente  a  la  del  proceso  y  únicamente  dentro  del  marco de  invocación  precisado  por  las causales establecidas en la ley”.3   

Y  más  recientemente  anotó4:   

“Estima  necesario significar la Sala, que  en  su naturaleza y efectos, la acción de revisión dista mucho de parecerse al  recurso  extraordinario  de  casación, dado que a través de la primera, cuando  lo  alegado  es  precisamente la causal tercera, no es posible realizar un nuevo  examen,  crítica  o  controversia  a  la  actuación  procesal y a los factores  fácticos,  jurídicos  y  probatorios  que sustentaron la decisión que ya hizo  tránsito  a  cosa  juzgada,  en tanto, el juicio que faculta derrumbar, para lo  que  se  examina,  el  fallo  condenatorio, viene consecuencia de allegar nuevos  elementos  de  juicio,  no  conocidos  durante  el debate de las instancias, que  demuestran  la  inocencia del procesado, imponiendo la decisión rescisoria para  que se haga justicia.   

“Esto dijo, sobre el particular, la Corte,  en            reciente           decisión5:   

“1. La acción de  revisión,  a  diferencia  del  recurso extraordinario de casación –a  través  del cual, con apoyo en los  motivos  legales que lo hacen procedente, es posible discutir la regularidad del  trámite  procesal,  el cumplimiento de las garantías debidas a las partes, los  supuestos  de  hecho  de la sentencia de segunda instancia no ejecutoriada y sus  consecuencias  jurídicas—,  tiene   como   objeto  una  sentencia,   un  auto  de  cesación  de  procedimiento  o  una  resolución  de  preclusión  de  la  investigación  que  hizo  tránsito  a cosa juzgada y como  finalidad  remediar errores  judiciales  originados  en  causas que no se conocieron durante el desarrollo de  la actuación y que están limitadas a las previstas en la ley.   

“No es la acción de revisión por tanto un  mecanismo  disponible  para  reabrir el debate procesal, resultando indebido por  lo  mismo  sustentarla  en fundamentos propios del recurso de casación. Tampoco  es  una  tercera  instancia a la que se accede para discutir lo resuelto por los  jueces  o  fiscales  con  base  en  los  mismos  elementos  probatorios  que les  sirvieron a aquellos para tomar las decisiones.   

“Lo anterior significa que por medio de la  acción  de revisión no se puede abrir de nuevo el debate sobre lo declarado en  la sentencia.”   

“El  juicio rescindente, en tratándose de  la  acción  de  revisión,  opera  respecto  del   fallo  que se considera  injusto  gracias  a  la prueba o hecho nuevos,  y no en relación  con  el  trámite  o actuaciones ya agotados, independientemente de que se evidencien  irregularidades  u  omisiones trascendentes en curso del proceso, las cuales, se  repite,  debieron  tener  como  escenario  natural  de  discusión  los recursos  ordinarios o el extraordinario de casación.   

“De  igual  manera, Tiene establecido la  Sala,  que  la  invocación  de  la  causal  tercera  de  revisión, esto es, la  aparición  de  hechos nuevos o el surgimiento de pruebas de igual naturaleza no  conocidas  al  tiempo  de  los debates, implica presentar novedosos elementos de  juicio  con  la capacidad e idoneidad suficiente para acreditar la inocencia del  condenado  o  su inimputabilidad, al punto de derrumbar el soporte probatorio de  la sentencia que se determina injusta a pesar de su ejecutoria”.   

En  consonancia  con  lo  anotado,  ninguna  posibilidad  existe de que se admita la demanda de casación, en lo que respecta  a  la crítica efectuada por la accionante acerca de la forma como se analizaron  por las instancias los medios probatorios recogidos.   

En  segundo  término, es necesario precisar  que  en  cabal  sentido  jurídico,  para  lo que respecta  a la acción de  revisión  incoada, los elementos de juicio traídos a colación como novedosos,  en   realidad   pueden  serlo,  pero  carecen  de  trascendencia  para  siquiera  controvertir  la  legalidad o justeza de lo decidido por las instancias, dada su  absoluta  impertinencia  respecto  de  los  hechos  concretos  por los cuales se  acusó   y   maculó   con   juicio   de  reproche  al  representado  legal  del  accionante.   

En  este  sentido, debe recabarse en que las  certificaciones  aportadas  por  el accionante como pruebas nuevas, se encaminan  exclusivamente  a  verificar   que  el  condenado  LUIS  MIGUEL  MANJARRÉS  MANJARRÉS,  no  pertenecía  directamente  al  Bloque Norte de las Autodefensas  Unidas  de  Colombia  y,  en  consecuencia,  no  hizo  parte  del  grupo  que se  desmovilizó  por  ocasión  de  los  pactos  de  paz  firmados  con el Gobierno  Nacional.   

Y  ello  es apenas natural, razona la Corte,  pues,  suficientemente se conoce, gracias a los fallos aportados a la demanda de  revisión,   que  el  procesado  pertenecía,  para  la  época  de  los  hechos  examinados  por  la  justicia penal, a la Policía Nacional, como miembro activo  de  la  institución,  y  fue  en esa condición que colaboró con los grupos de  autodefensas,  desde  luego,  sin  integrar  directamente  sus  filas,  sea como  combatiente, mando medio o Comandante de Bloque.   

Así  expresamente  se  anota en el fallo de  primer grado aportado a la demanda:   

“Si resulta entonces cierto y creíble que  Valencia  Llanos  percibió  que  Manjarrez  Manjarrez  (sic)  se transportó en  vacaciones  en  ese  vehículo  al  sitio  de  concentración  paramilitar, y no  precisamente  en  un  operativo  propio de sus funciones, se infiere con certeza  que  le colaboraba a esta organización ilegal, ninguna razón tenía para estar  metido  dentro  de  esas  delincuencia y lo que es evidente que lo hizo fruto de  esas diabólica simbiosis de colaboración con ellos.   

Así  las  cosas  no resulta descabellado el  conocimiento  de  que  da  cuenta el testigo de las actividades que ejecutaba el  policial  en pro de la labor delincuencial de los paramilitares como entre otras  entregar   información   a  los  ilegales  de  la  actividad  que  cumplía  la  institución  a la que pertenecía y debía respeto y lealtad, y pisoteando esos  principios  los  ponía  al servicio de los paramilitares para que triunfaran en  sus  proyectos  ilícitos, entonces está incurso en el delito de concierto para  delinquir  a  título de dolo directo, porque el más que nadie conocía  y  sabía  que  actuaba  de  manera  ilícita  y  no obstante escogió el camino de  deslealtad   de   los   principios  institucionales  de  los  que  nunca  debió  apartarse”.   

Mal puede el accionante, acorde con lo visto,  significar  que  con  el novísimo aporte probatorio puede reclamar la inocencia  de  su  representado  legal,  o que se cambiará el sentido y orientación de lo  decidido,  cuando  es  claro,  de  un  lado,  que el objeto de esos elementos de  juicio  no  coincide  con  aquel  por  el cual fue condenado el procesado; y del  otro,  que  de  ninguna manera lo allegado controvierte directa o accesoriamente  los fundamentos de la sentencia buscada derrumbar.   

Entonces,   si   lo   certificado  por  el  Comisionado  para  la  Paz, es que el condenado no se desmovilizó con el Bloque  Norte  de  las autodefensas, y lo atestado bajo la gravedad del juramento por su  Coordinador   Militar,  refiere  que  efectivamente  MANJARRÉS  MANJARRÉS,  no  perteneció  a  esa  agrupación criminal, ello en nada desnaturaliza la esencia  del  fallo  ejecutoriado,  ni mucho menos demuestra o siquiera evidencia posible  la  inocencia  del  afectado  con  la  pena de prisión, sencillamente porque la  definición   de   responsabilidad  penal  no  viene  dada  por  esa  militancia  directa.   

Es  más, las certificaciones en cita apenas  confirman  lo  consignado  por  los  falladores  en  sus  decisiones,  en cuanto  advierten  que  el  condenado  era miembro activo de la Policía Nacional, sólo  que   colaboraba  abiertamente  con   la  agrupación  criminal6:   

“Llevaba  municiones,  radios  de  comunicaciones  para  saber como se movía la policía,  llevó  las  claves,  explicó  el  significado,  por  ejemplo:  901 era muerto.  Llevaba  información que coordinaba y decía quiénes eran los sapos del Gaula,  de la policía…”   

Está  claro,  entonces,  que  las  pruebas  aportadas  como  nuevas  en  realidad  no  ofrecen  nada  nuevo  o  cuando menos  trascendente  para  lo  que  fue  motivo  de  consideración  penal, haciéndose  evidente,   a   la   vez,  que  esos  elementos  de  juicio  no  contradicen  ni  controvierten  los  supuestos  fácticos y jurídicos que soportaron la emisión  del  fallo  de  condena, dado que, se resalta, la condena no viene sustentada en  el  hecho  de  que  el  procesado  fuera miembro activo de las autodefensas o se  desmovilizara  con  ellas,  sino  en  atención  a  que  desde  su condición de  policía    colaboró    activa    y    trascendentemente   con   esa   facción  criminal.   

Se  erige,  lo anotado, en razón suficiente  para  que  quede  sin  piso  la acción intentada por la representante legal del  condenado LUIS MIGUEL MANJARRÉS MANJARRÉS.   

Así  las cosas, como el escrito de demanda  incumple  ostensiblemente  las   exigencias  formales  y  materiales   mínimas   previstas   en  la  norma  antes  citada,   particularmente  porque  lo  presentado  por  la  demandante  no  constituye  hecho  o  prueba  nueva que conduzcan a demostrar la inocencia de su  representado  legal,  se  impone  su inadmisión, a tono con lo dispuesto por el  inciso segundo del artículo 223 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

Rechazar  la  demanda  de  revisión  presentada  a  nombre  del  condenado  LUIS  MIGUEL MANJARRÉS MANJARRÉS, por las razones consignadas en la  anterior motivación.   

          Contra      esta     decisión     procede     el     recurso     de  reposición.   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

FRANCISCO   ACUÑA   VIZCAYA                             PATRICIA    CASTRO    DE  CÁRDENAS   

         Conjuez                                                                     Conjuez   –  Excusa justificada   

ALFONSO    DAZA   GONZÁLEZ                            ABEL   DARÍO   GONZÁLEZ  SALAZAR   

      Conjuez                                                                                                        Conjuez   

CARLOS  BERNARDO  MEDINA TORRES                                WILLIAM      MONROY  VICTORIA   

Conjuez         –   Excusa   justificada                              Conjuez    – Excusa justificada   

HUGO    QUINTERO    BERNATE                                          YESID REYES ALVARADO   

Conjuez                                                                          Conjuez    – Excusa justificada   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1   Sentencia del 15 de octubre de 2008, radicado 29626.   

2   Auto del 31 de marzo de 2008, radicado 29318.   

3   Acción de Revisión del 23 de agosto de 2000, radicado 15322.   

4   Sentencia del 25 de julio de 2007, radicado 23690.   

5   Auto del 6 de febrero de 2007, radicado23839.   

6   En  el fallo de segunda instancia se da plena credibilidad al denunciante cuando  narra las actividades del condenado.     

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