31962(22-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31962   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 223.   

Bogotá  D.C.,  julio veintidós (22) de dos  mil nueve (2009).    

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisión  del  libelo  de casación presentado por la defensora del incriminado  GERMÁN ROMERO PARRA contra  el  fallo de segundo grado proferido por el Tribunal Superior de Barranquilla el  28  de noviembre de 2008, confirmatorio del dictado por el Juzgado 2° Penal del  Circuito  de la misma ciudad el 30 de mayo de 2007, mediante el cual lo condenó  como  autor  penalmente  responsable de los delitos de tentativa de homicidio en  la  persona  de  Rubén Romero Arriegués y porte ilegal  de armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Mediante informe policivo No. 785 del 20 de  julio  de 2006, se puso a disposición de la autoridad judicial competente a los  señores    GERMÁN   ROMERO   PARRA   y  Daniel José Ruiz Mercado,  a  quienes  se capturó poco después de que se hubiera atentado  contra   la   existencia       de  Rubén  Romero  Arriegués mediante el uso de arma de  fuego,  cuya  vida  se  logró  salvar al ser remitido oportunamente a un centro  asistencial.   

Los   aprehendidos,  según  el  referido  informe,   se   desplazaban   en  una  motocicleta  conducida  por  ROMERO  PARRA  y  en la que Ruiz   Mercado   se   movilizaba   como  parrillero.  Según  se  relata  en  el  informe,  las  unidades de policía que  lograron  la  aprehensión sostuvieron un intercambio previo de disparos con los  mencionados,  producto   del  cual  ROMERO PARRA  recibió     un     impacto     en    su    pierna  izquierda.   

Por  razón de estos hechos, se decretó la  apertura  de  instrucción  penal,  en  cuyo  marco  fueron vinculados, mediante  diligencia    de    indagatoria,    GERMÁN   ROMERO  PARRA  y  Daniel José Ruiz  Mercado,   quien   en   ella   se  identificó  como  Arlenson   Augusto   de   Moya   Jaraba.   

A los últimos en mención se les resolvió  su  situación  jurídica  el 28 de julio de 2006 con medida de aseguramiento de  detención  preventiva  por los delitos de tentativa de homicidio y porte ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal,  a ROMERO  PARRA  en  calidad  de  cómplice  y  a  Daniel  José Ruiz Mercado o Arlenson  Augusto  de  Moya  Jaraba, como  autor .   

El      sindicado      Daniel  José Ruiz Mercado o Arlenson   Augusto   de   Moya   Jaraba  presentó  escrito,  coadyuvado por su defensor, a través del cual exteriorizó  su  deseo de acogerse a la figura de sentencia anticipada, razón por la cual el  7  de septiembre siguiente se llevó a cabo audiencia de formulación de cargos,  en  cuyo  desarrollo  aceptó  los contenidos en la medida detentiva, situación  que   produjo   la   ruptura   de   la   unidad   procesal   respecto   de  este  procesado.         

Clausurada   la   etapa  instructiva,  se  calificó  su  mérito  el 14 de noviembre de 2006 con resolución de acusación  en   contra  de  GERMÁN  ROMERO  PARRA  como  coautor  de  “los hechos punible  (sic)  de  homicidio en la  modalidad  de  tentativa, en circunstancias de agravación punitiva, en concurso  material        y       (sic)       fabricación,    tráfico,    porte    de    arma    de   fuego   o  municiones”.   

Ejecutoriada  la  anterior  decisión,  el  proceso  se  asignó para el adelantamiento de la fase del juicio al Juzgado 2°  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla,  donde  el  30  de mayo de 2007, una vez  surtido  el trámite legal correspondiente, se profirió fallo por cuyo medio se  condenó  a  ROMERO PARRA a  la  pena  principal  de  ciento  treinta  y  seis (136) meses de prisión y a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo  término,  al  encontrarlo  responsable de los delitos de tentativa de homicidio  en concurso con porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

         Impugnada  la  sentencia por la defensa, el Tribunal Superior de la  misma ciudad la confirmó el 28 de noviembre de 2008.   

         Contra  el  fallo  anterior,  el  mismo  sujeto   procesal   interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  el  cual  sustentó   mediante   demanda,   sobre   cuya   admisibilidad   se   ocupa   la  Sala.     

LA  DEMANDA   

         En  su  interior  se formulan dos cargos contra el fallo de segunda  instancia.   El  primero,  al  amparo  de  la  causal  tercera de casación  contenida  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000  por nulidad de la  actuación  procesal,  al  encontrar que se configuró violación del derecho de  defensa   y,  el  segundo,  con  sustento  en  la  causal  primera  ibídem,  a  consecuencia de un error de  hecho por falso raciocinio en la apreciación probatoria.   

         A  fin  de  no  incurrir  en  repeticiones  innecesarias,  la  Sala  asumirá  el  estudio  de los dos cargos en el siguiente acápite considerativo,  para  lo  cual  comenzará  por  compendiar  brevemente su planteamiento y, acto  seguido, a exponer su criterio en torno a su admisibilidad.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         1.  Primer cargo. Causal tercera, nulidad por violación del derecho  de defensa:    

         1.1. Planteamiento:   

         

         Para  la  demandante  el motivo de casación invocado se configuró  en  el  curso  del  sumario  “cuando el defensor de  confianza  designado  durante  la  diligencia  de indagatoria, ocurrida el 23 de  julio/06  se  desentendió por completo de su deber, sin manifestarse nunca más  en  el proceso de forma alguna, dejando a su protegido, a su suerte y totalmente  desguarnecido”.   

         Situación  que,  añade,  se  extendió  hasta  el  13  de octubre  posterior,   cuando  coincidencialmente  dos  abogadas  presentaron  poder  para  representarlo  “después de transcurrir casi cuatro  meses      del      sumario,      sin      defensor      actuante”.   

         Sin   embargo,   prosigue,  estas  profesionales  tampoco  actuaron  diligentemente,   pues   no   se   notificaron   del  cierre  de  investigación  “tampoco  alegaron  en  el precalificatorio, no, se  notificaron  de  la acusación que, hizo muy gravosa su situación y lo peor, no  interpusieron      recurso     alguno,     en     su     contra     (sic)”.   

         Esa  actitud  negligente,  añade,  también  se  patentizó  en el  representante    de    la   Procuraduría,   quien   nada   adujo   “frente  a la tan pronunciada inactividad del defensor, no elevó  una   sola   solicitud   al   fiscal   instructor,   para  prevenir  el  mal  en  curso”,  y  en  este  último  funcionario,  quien  tampoco  desplegó  labor alguna tendiente a impedir el progresivo agravio a los  derechos  fundamentales,  bien  requiriendo al profesional para que actuara, ora  al procesado para que designara nuevo defensor.   

         De  ahí  que  “todas  esas  gestiones  preventivas  que estuvieron siempre al alcance de la mano del investigador, solo  una,   hubiera  bastado  para  impedir  el  daño  causado  y  deducir,  que  el  funcionario   judicial,   cumplía  sus  ineludibles  deberes  derivados  de  su  embestidura  (sic)  y  que  además   le   impone   la  Constitución  y  la  Ley  Colombiana”.   

         Por  lo  anterior,  encuentra  plenamente  demostrado  “el  abandono  en que permaneció durante casi todo el desarrollo  del  sumario,  mi  representado,  a  lo  cual  se  suma la apatía de actuación  (sic)    y,    actitud  complaciente,  que  frente a ese hecho irregular, asumió tanto la Fiscalía que  instruía  el  proceso,  como  el  representante  de la Procuraduría que en él  intervino  y,  posteriormente, los sentenciadores de instancia, nada observan al  respecto,  es  como emerge absolutamente irrebatible, la ostensible vulneración  de  aquella  garantía  constitucional  del derecho de defensa, consagrado en el  artículo 29 de nuestra Carta Magna”.   

         El  daño  inferido  con  la  irregularidad  puesta  de manifiesto,  agrega,  se  concretó  en  que  los  defensores no estuvieron atentos de que al  momento    de    resolverse    la    situación    jurídica   de   GERMÁN   ROMERO  PARRA  se  le  imputó  responsabilidad  como  cómplice  del  delito contra la vida y ello “implicaba,  realizar  un  balance  de  la  prueba arrimada en su  contra,  para contemplar la posibilidad de acogerse a la terminación anticipada  del  proceso”,  con  lo  cual  la pena habría sido  “significativamente,  muy  inferior  a  la  que por  falta  de  asesoría,  le fue impuesta”.   

         En  consecuencia,  como  lo  señala  en  el acápite siguiente, la  trascendencia  del  vicio  “no es frente al sentido  del  fallo,  sino al guarismo de la sanción penal en él impuesta…consistente  en  que  su  situación jurídica presentó condiciones favorables, que debieron  aprovecharse en su momento”.   

               Con  sustento  en  lo expuesto,  solicita   el   decreto   de   nulidad   de   todo   lo   actuado   “a  partir de la providencia que dispuso el cierre investigativo,  por  ser  allí, donde se produjo la mayor afectación de su derecho de defensa,  permitiéndole  la  oportunidad  de  acogerse  si  lo  desea,  a la terminación  anticipada del proceso”.   

         1.2.   Consideraciones   de   la   Corte:   

         Se  ha  sostenido  de  manera reiterada por esta Colegiatura que la  propuesta  de  nulidad,  fundamentada  en  la  causal  tercera  de casación del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, exige un mínimo de requisitos para que se  tenga por adecuadamente formulada.   

         Así,  es  preciso que se identifique claramente el motivo sobre el  cual  gira  la  irregularidad  advertida,  la causal de nulidad que procede como  consecuencia   de  ese  defecto,  las  normas  que  apoyan  la  pretensión,  la  trascendencia  que genera, bien en el marco de la estructura del proceso o en el  de  las  garantías  fundamentales  de  quien la invoca, y el momento procesal a  partir  del  cual  se debe invalidar la actuación, así como la indicación del  funcionario           judicial           al           cual           corresponde  rehacerla.           

         A  efectos  de su admisión, también debe aflorar que se justifica  acudir  a  este  remedio  extremo  por  cumplirse los principios que orientan su  declaratoria,   a   saber,   taxatividad,   instrumentalidad   de   las  formas,  trascendencia,  protección,  convalidación  y  residualidad,  previstos  en el  artículo 310 de la Ley 600 de 2000.   

Por  tanto,  sólo  en  cuanto se verifique  que    la  censura  reúne  los  anteriores  condicionamientos,  se  podrá  concluir  que  se ajusta a los requisitos formales previstos en el artículo 212  ibídem,   para   así  admitirla  de  conformidad  con lo dispuesto en el siguiente artículo del mismo  estatuto.    

         Pues   bien,   luego   de   examinar   el  contenido  del  reproche  fundamentado  en  la  causal  tercera de casación por violación del derecho de  defensa,  se  verifica que no se infiere trascendencia alguna en orden a generar  la nulidad de la actuación que amerite acudir a esta solución.   

En  primer lugar, dado que en su desarrollo  la   demandante   se  limita  a  disentir  de  la  actividad  defensiva  de  sus  antecesores,  en tanto no actuaron como lo hubiera querido, a pesar de que, como  ha  sido enfática la Sala en señalarlo, dicho cuestionamiento a la labor de un  profesional  que  precedió  en  la  labor, no ostenta la idoneidad de erigir un  menoscabo  del  derecho de defensa, a no ser que se trate del desamparo absoluto  de  la  gestión,  el  cual  no  se  logra verificar conforme con los argumentos  expuestos, de cuyo contenido únicamente se infiere su  desacuerdo con la estrategia desplegada por ellos.   

Al  respecto,  se  ha  recalcado  que  la  estrategia  de  defensa  varía dependiendo del estilo de cada profesional, dado  que   no   existen   fórmulas   uniformes  o  estereotipos  al  respecto.   Simplemente,  se  reitera,  cada  defensor diseña la estrategia que a su juicio  resulta  más  adecuada y que se ajusta mejor a su estilo, de modo que la simple  disparidad  sobre ese punto no tiene la entidad de socavar el derecho de defensa  técnica.   

    

En  segundo  lugar,  tanto  más  cuando  la  trascendencia  del  reparo  se finca en la posibilidad que se tuvo de acceder al  mecanismo  premial  de  terminación  anticipada en la etapa instructiva bajo la  consideración  de  que  en  la  resolución  por  cuyo  medio  se  resolvió la  situación  jurídica  de  ROMERO  PARRA se  le  dedujo  responsabilidad  a  título  de  cómplice y no como  autor,  situación  que  le  habría  favorecido  punitivamente,  pero que ahora  deviene  inoportuna  cuando  se  ha  surtido  íntegramente  el trámite con sus  instancias   hasta   producirse   el  fallo  condenatorio  impugnado.   

         

         Con  tal propuesta, lo que realmente se persigue es, bajo el ropaje  de  violación  del  derecho  defensa, un tardío acogimiento al instituto de la  sentencia  anticipada,  por completo ajeno a las razones político-criminales de  dicha   figura   y   a   la  fundamentación  lógica  y  suficiente  del  cargo  anunciado.   

Además,  desconoce el carácter progresivo  del  proceso  penal  que  permitió  en  este  caso,  desde  el  mismo  acto  de  enjuiciamiento,  descartar  la atribución de la responsabilidad de GERMÁN   ROMERO   PARRA  a  título  de  cómplice   para   establecerla   como   coautor   de  las  conductas  ilícitas  imputadas.   

         

         Como  quiera  que  del  reparo  propuesto con sustento en la causal  tercera  no  se  extrae  de manera trascendente menoscabo alguno de la garantía  referida  por  la  recurrente,  razonable se impone colegir que no satisface los  presupuestos  formales  exigidos en la artículo 212 del estatuto procesal penal  y,                en                esa                medida,                se  inadmitirá.           

         2.   Segundo   cargo   (subsidiario).   Causal  primera,  violación  indirecta   de   la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  derivado  de  falso  raciocinio:    

         2.1. Planteamiento:   

Para  la casacionista, este error atribuido  al  fallo  se verificó “en el proceso de formación  de  la  prueba  indiciaria;  yerro que cometen, al examinar valorativamente  la  indagatoria  ofrecida  por  mi  asistido,  el  25  de  julio de 2006 ante el  despacho    del    señor   fiscal   11   URI   de   Barranquilla”.   

Dicho  yerro,  añade,  se  tradujo  en  la  violación,  por  falta  de  aplicación,  de  los artículos 232, 277 y 284 del  estatuto  procesal  penal  y  30  del  sustantivo  de  la  misma  materia y, por  aplicación  indebida,  de  los artículos 29, 60, 61, 103 y 365 de esta última  normatividad.   

Con   el  propósito  de  desarrollar  el  reproche,  anota,  luego  de  recordar  el  valor  probatorio  asignado  por los  juzgadores   de   instancia   a  las  indagatorias  del  procesado  GERMÁN  ROMERO  PARRA y de Arlenson   de  Moya  Jaraba,  en  particular  sobre  las  múltiples  contradicciones  de sus dichos alrededor de la participación del primero en los  hechos,  que  el  yerro  se  configura  porque  realmente  no hay prueba directa  sustento  de  la  responsabilidad  de  su  prohijado  como autor, terminando los  falladores por elaborarla a partir de tales inconsistencias.   

De  esta manera, colige, los sentenciadores  erraron  por  falso  raciocinio en la inferencia lógica del indicio por atentar  contra  las  reglas de la experiencia, pues, como bien lo acepta el ad    quem,  se  puede  mentir  por  otras  razones,  por  lo cual  “no es exacta la apreciación, ni corresponde a una  regla  de  la  experiencia,  ni  de  la  lógica que, cuando el imputado miente,  indique   ello   que,   es   responsable   del  acto  incriminado”.   

La existencia de contradicciones, agrega, lo  único  que  pone  de  manifiesto  es que uno de los dos es inveraz “y  por  lo  tanto, no podrá creérsele lo que expone, salvo que  se   verifique  el  contenido  de  alguna  de  ellas,  por  otros  elementos  de  prueba;    pero   jamás,   podrá   deducirse   acuerdo   previo,  de  las  contradicciones,  que  surjan al confrontar una declaración con otra de iguales  condiciones”                

La   incorrección   referida   resulta  trascendente,  añade,  porque  además  de las contradicciones existentes entre  las  dos  versiones,  no  obra en el proceso ningún otro elemento de juicio con  capacidad  para generar certeza acerca de la responsabilidad de su representado,  “lo  cual  significa que, de no haber incurrido los  sentenciadores  en  el  error  descrito, sin discusión alguna que, otro hubiera  sido   el   sentido  del  fallo,  por  lo  menos  el  mismo  condenatorio,  pero  sosteniéndole  su calidad de cómplice y no, de autor, al no haberse demostrado  el   acuerdo   previo,   para   que   se   le   declare   coautor”.   

Por razón de lo expuesto, solicita se case  el  fallo  impugnado  para  que,  en  su  lugar,  se profiera uno de reemplazo a  través    del    cual   se   reconozca   a   su   defendido   su   calidad   de  cómplice.   

2.2. Consideraciones de la Sala:   

Como en este reparo la libelista plantea la  causal  de  violación  indirecta  de  la ley sustancial derivada de un error de  hecho  por  falso  raciocinio  en  la  apreciación  probatoria, para encarar el  análisis  acerca  de su admisibilidad, pertinente resulta evocar de forma breve  su naturaleza.   

En ese sentido, la Corte ha precisado que  esta  modalidad  de  error  se  configura  cuando  en dicha labor el funcionario  judicial desatiende las reglas de la sana crítica.   

En  tal  supuesto,  el  demandante  está  compelido  a  identificar  la  prueba  sobre  la  cual  recae el yerro; luego, a  establecer  el  mérito  que  se  le  otorgó  al  medio  de  convicción  en la  sentencia,  a la vez que debe señalar cuál es el postulado de la sana crítica  que  en  su criterio fue vulnerado, esto es, el principio lógico, la máxima de  la experiencia, o la regla científica quebrantada.   

Acto seguido, debe vincular esa apreciación  con  la  regla  aludida  demostrando  en dónde radica el desvío y, finalmente,  está  en  la obligación de precisar la trascendencia del error frente a la ley  sustancial,  lo  cual le impone exponer los argumentos que lo conducen a estimar  que  la  sentencia  impugnada  se  debe  modificar  en  favor  del  interés que  representa,        como       consecuencia       necesaria       del       error  alegado.           

         

En  el  asunto que convoca la atención, si  bien  de  la  argumentación  ofrecida  se  extrae que la casacionista conoce la  naturaleza  del  error postulado, al punto de que no sólo identifica los medios  de  prueba  contra  los  cuales  endereza  la  réplica  (las  indagatorias  del  procesado    GERMÁN   ROMERO   PARRA   y  de Arlenson de Moya Jaraba,  respecto  de  quien se decretó la ruptura de la unidad procesal  por  acogerse  al  instituto de sentencia anticipada), sino que también señala  las  reglas  de  la  sana  crítica  en  su  sentir  desconocidas,  así como la  trascendencia  del  defecto valorativo, no lo es menos que el postulado invocado  en  tal  sentido, sin entrar en análisis de fondo, no ostenta esa connotación.   

En   efecto,  la  presunta  regla  de  la  experiencia  y  de  la  lógica  construida  por la censora a partir del mayor o  menor  valor  probatorio  que  emana  de las contradicciones entre dos versiones  rendidas  por  distintas personas sobre los mismos hechos, en este caso sobre la  participación  de  su  defendido en los actos delictivos investigados, no tiene  el carácter universal y general que caracteriza a estas pautas.   

De esa forma, lo que subyace en la prédica  simple  y  llanamente  es una discusión subjetiva sobre el alcance que ameritan  tales   probanzas  en  contraposición  con  el  mérito  que  el  Tribunal  les  concedió,  debate que, como en forma pacífica y reiterada lo ha sostenido esta  Sala,   dista   de  la  esencia  del  recurso  extraordinario  y  tiene  arraigo  exclusivamente  en las instancias ordinarias de la actuación, además de que no  tiene  la  entidad  de  derruir  las  presunciones  de  acierto  y legalidad que  gobiernan  a  la  sentencia  impugnada,  pues  los  argumentos  que  soportan la  decisión   prevalecen   sobre   el   criterio  personal  del  demandante.    

A  la misma conclusión lleva la ilogicidad  de  la argumentación, pues minimizar la importancia que el Tribunal concedió a  las  contradicciones  de  las mencionadas versiones para inferir responsabilidad  en     contra     de    ROMERO    PARRA,  no  tiene  nexo  alguno con la pretensión residual de que responda a título de cómplice,  como    solicita    sea    proferido    el    fallo   de   reemplazo   al   cual  aspira.        

         Baste  lo  expuesto  para  colegir, como  ocurrió  con  el  anterior reparo, su inadmisión,  amén  de  que  por  virtud  del principio de limitación  que  gobierna el trámite casacional la Corte no está  facultada para enmendar las falencias de la demanda.           

         

3. Casación oficiosa:  

De  acuerdo  con  la potestad otorgada a la  Sala  para  casar  oficiosamente  el fallo en tratándose de la causal tercera o  cuando  sea ostensible que atenta contra garantías fundamentales prevista en el  artículo        216        ejusdem,     se  procederá   en  tal  sentido,  sin  necesidad  de  correr  previo  traslado  al  Ministerio                  Público1.   

Ciertamente,   sometido  a  revisión  el  expediente,  la Sala encuentra que en la sentencia de primer grado se dedujo una  circunstancia  de agravación de la conducta punible de fabricación, tráfico y  porte  de  armas  de  fuego o de municiones por la cual se condenó al procesado  GERMÁN ROMERO PARRA (en la  modalidad   de   porte)   no  contemplada  expresamente  en  la  resolución  de  acusación,  situación  inadvertida por el Tribunal, que impone la necesidad de  casar parcialmente el fallo.   

Previo  a  hacer referencia concreta a esta  situación,  la  Corte  estima oportuno precisar que en tratándose de la causal  prevista  en  el  numeral  segundo  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000 por  incongruencia  entre  la  sentencia  y  la  acusación, se ha reiterado que ella  tiene  lugar  cuando  se  afecta la estructura lógica del proceso, en cuanto el  fallo  introduce nuevas conductas punibles, agrega circunstancias específicas o  genéricas  de agravación, desconoce las específicas de atenuación tenidas en  cuenta  al momento de calificar o hace más gravosa la forma de intervención en  el  delito,  en  cuyo  caso  se  impone  un  nuevo  fallo que se sujete al marco  fáctico y jurídico de la acusación.   

         Sobre      esta      base,     sin     dificultad     alguna     se  observa      como   la   sentencia   desbordó  el  marco  de  la  resolución  de acusación, cuando es evidente que atribuyó la circunstancia de  agravación  específica  del delito concurrente aludido, prevista en el numeral  1°  del  artículo  365  de  la  Ley  599  de  2000,  no  imputada  fáctica ni  jurídicamente  en la resolución de acusación de fecha 14 de noviembre de 2006  proferida   por   la  Fiscalía  40  de  la  Unidad  Especializada  de  Vida  de  Barranquilla, según la cual:   

         “La  pena mínima anteriormente dispuesta se duplicará cuando la  conducta se cometa en las siguientes circunstancias:   

         1.     Utilizando     medios     motorizados     …”.     

         La   deducción  de  esta  circunstancia  de  agravación  incidió  efectivamente   en   la   dosificación  de  la  pena  impuesta  a  GERMÁN   ROMERO  PARRA,  como  así  lo  consignó    el    juzgador    a    quo,   quien  tras  establecer  el  quantum  de   108   meses   de   prisión   por   el   delito  concurrente  más grave (tentativa de homicidio), adujo:   

         “Como  se  trata  de  concurso  de conductas punibles, hacemos la  misma  operación  para  el  porte  ilegal  de arma de fuego.  El  primer  cuarto  nos  queda  de  24  a  30 meses, luego de haber  duplicado  el  mínimo  como  lo  consagra  el  numeral  1°  del artículo 365,  utilizando         medios         motorizados,        (48-24=24/4=6).   

         Posteriormente   en   aplicación   de   las  reglas  del  concurso  consagrada   en   el   artículo   31  del  código  penal,  tomó  (sic)  como base el homicidio, 6,5 años  (sic)2,  y  lo   aumentó  (sic)  otro  tanto,  para  el  caso  y por las razones ya anotadas, estimamos que será de 28  meses,    quedando    una    pena    a    imponer   de   136   meses”      (subrayas      fuera     de  texto).         

En  consecuencia,  según  se  anunció, se  torna   imperativo   casar   parcialmente  el  fallo  impugnado,   en  tanto  la  atribución     de     la     referida     circunstancia     de     agravación         influyó  en  la  individualización de la  pena  principal privativa de la libertad impuesta      al      procesado     y,  consecuentemente,  en  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos    y   funciones   públicas   impuesta   a  ROMERO  PARRA.    

Por  consiguiente,  la Sala procederá a su  inmediata  redosificación,  para  lo cual se respetarán los parámetros que en  tal   sentido   tuvo   en   cuenta  el  a-quo, por haber sido quien se ocupó de  tal  tópico  pues, como ya se precisó, el Tribunal ninguna acotación efectuó  al respecto.   

    

En   ese  orden  de  ideas,  al  marginar  del  proceso  dosificativo de la pena la circunstancia     aludida,   cuya  incidencia  concreta  fue  de  veintiocho  (28)        meses,       según  ya se vio, deberá reducirse este  monto   en   la   mitad,  esto  es,  catorce  (14)  meses, pues su aplicación  determinó  duplicar  la  pena  mínima  prevista      para      el delito concurrente.   

Así las cosas, la  pena  a imponer surgirá    de   restar   al  monto  impuesto  de  ciento treinta y  seis  (136)  meses  de  prisión  catorce  (14) meses,  para  un  total  de  ciento  veintidós  (122) meses de  prisión.   En  igual  monto se fija la pena accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas.   

Resta  señalar que los demás aspectos del  fallo impugnado no se afectan con ocasión de lo aquí decidido.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         1.-  INADMITIR  la  demanda  de casación  presentada   por  la  defensora de GERMÁN ROMERO  PARRA,  por  las  razones  consignadas en la anterior  motivación.   

2.-  CASAR  OFICIOSA y parcialmente el fallo  de   segundo   grado   en  el  sentido  de  reducir  la  pena  principal  impuesta  a  GERMÁN ROMERO     PARRA    a    ciento    veintidós    (122)    meses   de   prisión   y   a  igual  monto  la  pena  accesoria de inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas.   

         3.        En     lo     demás,    el    fallo    impugnado    se    mantiene  incólume.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese  y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ               SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                     MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS        

Permiso  

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                             JORGE     LUIS     QUINTERO     MILANÉS                               

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1 Cfr.  Decisión del 12 de septiembre de 2007, rad. 26967.   

2 Esta  afirmación  constituye  una  imprecisión,  pues 6,5 años no corresponde a los  108  meses  (9  años)  sobre  los cuales el fallador incrementó la pena por el  delito  concurrente,  sino  a  la  pena  mínima  del delito de homicidio con el  descuento por tentativa.     

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