31170(14-04-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31170   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 110.  

Bogotá,  D.C.,  catorce  de abril de dos mil  nueve.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda de casación presentada por el defensor del procesado JHON JAIRO  ROJAS  MEZA,   contra  el  fallo  de  segunda  instancia  que profiriera el  Tribunal  Superior de Valledupar, fechado el 11 de marzo de 2008,  mediante  el  cual  confirmó  integralmente  la  sentencia emitida por el Juzgado primero  Penal  del  Circuito de esa ciudad, condenando a su representado legal y a Iván  José  Andrade Chamorro, a  la pena de 345 meses de prisión, en calidad de  autores  del  delito de homicidio agravado. Además, se impuso la pena accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas, por un lapso  de 20  años;  se negaron a los procesados los subrogados de la suspensión condicional  de  la ejecución de la pena y prisión domiciliaria, y se les condenó al pago,  por  concepto  de  perjuicios  morales,  del  equivalente a 40 salarios mínimos  legales mensuales.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en  la sentencia de primer  grado, del siguiente tenor:   

“Cuentan  los  autos que la joven YERALDIN  PATRICIA  CHAMORRO  POLO, se encontraba desaparecida desde el día cuatro (4) de  julio  de  2005  (Día  Feriado)  a las 4:30 de la tarde aproximadamente, cuando  salió  al  parecer  a  cumplir una cita romántica, siendo encontrada muerta el  día  seis  (6) de julio, de esa misma anualidad, en las horas de la mañana, en  un  potrero de la estancia agrícola denominada “El pañuelo”, ubicada en la  trocha  que  conduce  de  la  urbanización  María Camila, Norte, al barrio las  Rocas,  de  esta ciudad, en estado de descomposición y, al parecer golpeada con  elemento  contundente.  Por  estos  sucesos  la  fiscalía  diecisiete (17)  Delegada  ante  los  Juzgados  penales  del  Circuito, de esta seccional, dictó  resolución  de  acusación  en  contra  de los señores JHON JAIRO ROJAS MEZA e  IVÁN  JOSÉ  ANDRADE CHAMORRO, por el delito de HOMICIDIO AGRAVADO; hoy en día  se encuentran siendo juzgado (sic) por el presente caso.”   

DECURSO PROCESAL  

Conocidos  los  hechos, una vez se halló el  cadáver  de  la  víctima, el 6 de julio de 2005, la Fiscalía 25 de Valledupar  abrió la investigación previa.   

Esa  misma  fecha,  por  virtud  del informe  policial  allegado,  se  decretó  la  apertura  de  instrucción,  ordenándose  vincular  mediante  indagatoria  a  JHON JAIRO ROJAS MEZA, en contra de quien se  libró orden de captura.   

El  día  9 de julio de 2005, se realizó la  diligencia   de   indagatoria   con   ROJAS   MEZA   e   Iván   José   Andrade  Chamorro.   

El  15  de  julio  de  2005, fue resuelta la  situación  jurídica  de  los  vinculados, imponiéndose en su contra medida de  aseguramiento  de  detención preventiva sin beneficio de excarcelación, por el  delito de homicidio agravado.   

El  27  de  diciembre  de  2005,   se  calificó  el  mérito  del sumario, profiriéndose resolución de acusación en  contra  de  JHON  JAIRO ROJAS MEZA e Iván José Andrade Chamorro, en calidad de  autores  del delito de homicidio agravado que se contempla en los artículos 103  y 104, ordinales 2° y 7°, del C.P..   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  asunto  le  fue repartido, para adelantar la fase del juicio, al Juzgado Primero  Penal del Circuito de Valledupar, el 28 de marzo de 2006.   

El  23  de  junio  de  2006,  tuvo  lugar la  audiencia preparatoria.   

Después   de  varios  intentos  fallidos,  finalmente  la  audiencia  de  juzgamiento  comenzó  a  desarrollarse  el 10 de  octubre  de 2006, continuó el 9 de mayo de 2007, y se finiquitó el 17 de julio  de ese mismo año.   

El fallo de primer grado fue expedido el uno  de  agosto  de dos mil siete, y dentro del término legal para ello se impugnó,  con   la   correspondiente   sustentación,   por   los   defensores   de  ambos  condenados.   

Por  último,  el  11  de marzo de 2008, fue  proferida  la  sentencia  de  segunda  instancia, que confirmó íntegramente lo  decidido  por  el  A  quo.  Dentro  del término legal sólo el defensor de JHON  JAIRO  ROJAS MEZA, hizo llegar la correspondiente demanda de casación que ahora  se analiza en su fundamentación.       

LA DEMANDA  

          El  casacionista,  quien  actúa  como  defensor  del procesado JHON  JAIRO  ROJAS  MEZA,  comienza  por  significar  una sola la causal alegada, para  después  especificar que la crítica se enfila por la senda indirecta del error  de   hecho,   que   luego  divide,  dentro  del  mismo  cargo,  en  “falso    juicio    de   identidad   y   raciocinio”.   

        En  desarrollo  de  lo expuesto, significa que el Tribunal avaló lo decidido por la  primera   instancia,   para  sustentar  en  “pruebas  indirectas   o   de   oídas”,   la   sentencia  de  condena.   

              A     renglón  seguido,  se  ocupa  de  criticar  lo  expresado  por  los  testigos  de cargos,  señalando  que  en  razón  a su parentesco con la víctima, hacen afirmaciones  sesgadas   o  interesadas  y  advirtiendo  que  la  judicatura,  al  momento  de  interrogarlos,   no   se   preocupó   por   establecer   la   razón   de   sus  dichos.   

            Estima,  además,  que  los declarantes parecen relatar hechos no percibidos por  ellos,   para   lo   cual  significa  cómo  utilizan  términos  del  tenor  de  “pienso    que”.   Y  desvirtúa  la manifestación de que los procesados pertenecían a una pandilla,  con   el   hecho   de   que   en   su   contra   no  se  registran  antecedentes  penales.   

                 Seguidamente,  el  recurrente asume el análisis de credibilidad de lo expresado  por  cada  uno  de los testigos de cargo, realizando su particular evolución de  lo  expresado  por ellos, en la cual destaca que no dicen ellos la verdad, o que  lo    manifestado    no    ha   sido   corroborado,   o   carece   de   alcances  incriminatorios.   

               Después,  el  casacionista  sostiene  que  la  sentencia  de  primer  grado  se  sustentó  en  un  informe de policía, el cual carece de soporte probatorio, en  tanto,  su  función  apenas  consiste  en  servir de criterio orientador.    

                No  obstante,  a  renglón  seguido  señala  el  demandante que ese informe fue  “alimentado”  con  la  declaración  de  testigos  que  se  dedican  a hacer  apreciaciones  subjetivas.  En  este  sentido,  destaca  que  lo  expresado  por  Jennifer  Tomases  Chamorro  y Sandra patricia Chamorro, únicamente verifica la  relación  de  noviazgo de su representado legal con la víctima; y algo similar  ocurre  con  lo  manifestado  por  la  abuela  de la occisa, su tía y su madre,  quienes    parten    de   “suposiciones”.   

                Critica  el  impugnante,  de  otro  lado,  que  al contenido de la carta amorosa  enviada  por  el  acusado  ROJAS  MEZA,  a  la víctima, le atribuya el Tribunal  “intensiones     (sic)    libidinosas”,  lo que constituye “una adición, un  agregado,   una   suposición  y  tergiversación  de  la  prueba”.   

                 De  igual  manera,  agrega  el  impugnante,  cuando  el  fallador,  basado en la  relación  amorosa  previa  existente  entre  su  protegido legal y la víctima,  concluye   que   JHON  JAIRO  ROJAS  MEZA,  buscó  obtener  por  la  fuerza  la  satisfacción   de   su   libido,   hace   una   apreciación  que  “…desborda  la  lógica,  los  postulados  de  la sana crítican  (sic),  tesdibersa  (sic)  la  prueba  y  se basa sobre suposiciones, por lo que  constituye    un    falso    de   existencia   y   de   identidad”.    

                   De  forma  contraria  a  lo  evaluado por los juzgadores de ambas instancias, el  casacionista  entiende  veraz  lo  declarado  por  la compañera del coprocesado  Andrade  Chamorro,  cuando  afirma que los signos de violencia verificados en el  cuerpo  de éste corresponden a lesiones que le causara con sus uñas y dientes,  producto  de  los  celos. Por lo demás, agrega, aún si se desestimara lo dicho  por  la  compañera  del  otro  acusado,  ello  solo  lo afecta a él y no puede  utilizarse en contra de su representado, como lo hizo el Tribunal.   

              Incluso,  agrega, no se demostró que la víctima hubiese sido objeto de vejamen  sexual,  lo  cual  derruye  el motivo expresado por los juzgadores para atribuir  responsabilidad penal a JHON JAIRO ROJAS.   

               Asegura  el demandante que en el fallo de segundo grado no se tomó en cuenta lo  narrado  por  los  testigos  de  descargos, y en el de primer grado se hicieron,  respecto  de  ellos  “…deducciones  subjetivas  en  contras  (sic)  desviadas de la realidad”, por lo que  “…se  esta  (sic)   tergiversando la prueba y  violando   los  postulados  de  la  regla  de  la  sana  crítica”.   

           Consecuentemente  con  lo  alegado,  depreca  el recurrente se case la sentencia  atacada  y  en  su  lugar  emita  la  Corte  sentencia absolutoria a favor de su  representado legal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

       En  primer  término,  debe  hacerse hincapié en cómo la Corte, de  manera  pacífica  y  reiterada  ha  advertido la necesidad de que la demanda de  casación  comporte un mínimo rigor lógico jurídico y argumental, pues, no se  trata  de  hacer  valer  una especie de tercera instancia que sirva de escenario  adecuado  a  la controversia ya superada por los falladores de primero y segundo  grados,  en  la  cual se pretende anteponer el particular criterio o valoración  probatoria,  a aquel que sirvió de soporte a la decisión de los jueces A quo y  ad  quem,  entre  otras razones, porque a esta sede arriba la decisión judicial  con una doble connotación de acierto y legalidad.   

      Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a  través   de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y  fundados,   derivados  del compromiso de demostrar  la  violación  en  la  cual  incurrió el fallador, suficiente para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

          Lejos de ello, en  la   demanda   que   se   examina,  el  recurrente,  por  lo  demás  de  manera  descontextualizada   y   equívoca,   con   absoluto  desconocimiento  de  los mínimos rigores lógicos que gobiernan cada una de las  causales  de  casación  reguladas  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  confunde en un solo cargo dos causales.   

        Junto  con  ello,  arriesga  el  demandante  su  particular  concepción  de lo que los  testimonios    aportan,   señalando   de   su   propio   magín   lo   que   entiende   pretenden   decir   los   testigos,  pero  obviando  transcribir  los  apartados  testificales en los  cuales   se  hacen  las  anotaciones  que  soportan  las  crítica,  o  siquiera  relacionando  cómo  asumió el fallo criticado lo referenciado por ellos,    desde    luego,    con    la  correspondiente  transcripción  y  la evaluación de cómo el yerro que propone  incide  tan profundamente en la decisión, que obliga revocarla o, cuando menos,  disminuir  sus  efectos  a  favor de la persona por él representada.   

        Si se  asume  que  la  crítica  casacional demanda de criterios objetivos que          permitan  conocer a la Sala cuáles en concreto  son   los   yerros  ostensibles  que  por  su  trascendencia   demandan  derribar el fallo, lo menos que puede esperarse es que la  demostración  asuma  en  concreto lo expresado por la prueba y el análisis que  de  ella  hicieron las instancias, para evitar, como evidentemente sucede aquí,  que  el  soporte de la controversia sean apenas las lucubraciones o conclusiones  meramente  subjetivas  del  demandante,  entre  otras razones, porque si ello es  así,  se trata apenas de anteponer  las   particulares   inferencias   del   recurrente,   a  las  más  autorizadas  del  Ad  quem,  las  cuales, se repite, llegan a la sede casacional  provistas   de  una  doble  connotación  de  acierto  y  legalidad.       

           Por  lo  demás,  debe  precisarse al impugnante que su crítica, en el asunto analizado, no puede  tener  buena  fortuna  cuando  aborda  apenas  lo expresado por el Ad quem en el  fallo  de  segunda  instancia,  advirtiendo  que  no analizó en su totalidad la  prueba  o  examinó apenas  algunas  aristas  de  ella,  pues,  olvida  así que las sentencias de primero y  segundo  grados  conforman,  cuando  ellas  se complementan dado que el Tribunal  confirmó  en  su  integridad lo resuelto y argumentado por el Juzgado Penal del  Circuito,  una unidad inescindible, entre otras razones, porque por ocasión del  principio  de  limitación,  en  la  apelación sólo se abordan las razones del  disenso  y  los  asuntos inescindiblemente ligados a ellas, como así lo dispone  la    normatividad   que  reguló       el  asunto (Ley 600 de 2000).   

                A  más  de  lo  anotado,  observa  la Sala que en su conjunto, el argumento del  demandante  no  se  enfila  tanto  a  demostrar  el  yerro  o  violación  en la  evaluación  probatoria  realizada  por  las  instancias,  sino a criticar a los  testigos  de  cargos,  buscando  deslegitimar sus dichos, ora en atención a que  supuestamente  se  hallan interesados en el caso dada su relación de parentesco  con  la víctima, ya porque estima que lo relatado parte de suposiciones o meras  lucubraciones.   

                 Una  dicha  posición argumental se encuentra condenada al fracaso, en tanto, no  es  posible,  válidamente  controvertir  las  decisiones  de  las instancias en  razón  a  la credibilidad  que  ellas  otorgaron a los testigos, por corresponder  al  criterio  evaluativo  del  funcionario  judicial.   

                Para  ilustración  del demandante y con criterios pedagógicos, la Corte estima  tempestivo  traer  a  colación  lo  que  ya  de manera pacífica y reiterada ha  establecido  en  punto  de  la  forma  de  argumentar  lógicamente  respecto de la supuesta existencia de errores de hecho1:   

“2.  En  efecto,  la violación indirecta de la ley sustancial, vía de  ataque  preferida  por  el  libelista  para  censurar el fallo de segundo grado,  está  ligada  a  la  materialización de vicios de naturaleza probatoria de dos  clases distintas: de derecho y de hecho.   

Los  errores  de  derecho  se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de  convicción  consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los   errores   probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio  de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso  juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio  de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el  falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

                     Con     estos  derroteros,  se  hace  evidente  la generalidad de lo  argumentado  por  el  demandante, quien solo rotula el  cargo  de  una supuesta violación por error de hecho  por  falso  juicio  de  identidad, pero nada hace para  demostrar  que,  en efecto, los falladores cercenaron,  complementaron  o  tergiversaron lo que objetivamente  dice  la prueba, cometido en el cual se hace necesario transcribir íntegramente  lo  dicho  por el testigo y después citar a la letra lo que sobre ello leyó el  fallador, para que se advierta ostensible la desarmonía.   

                  Y   es   ese  apenas  el  primer  paso,  dado  que  a  continuación   se   hace  imperativo,  para  que  se  delimite  la  trascendencia  del  yerro,  abordar  la  totalidad  de la prueba y  demostrar   que   con   la   eliminación   de  la  violación,  ya  no  existen  elementos   de  juicio  suficientes  para  soportar  la  condena  que busca  derrumbarse.   

                  Es  evidente  que  esa  tarea  no  fue  abordada por el recurrente, en tanto, se  limitó  él  a  ofrecer  sus  propios  puntos  de  vista de lo que los testigos  quisieron  decir  y  de  la  forma  como  debía  evaluarse  la  credibilidad de  estos, en clara manifestación del típico alegato de  instancia,      por     completo     ajeno     al     extraordinario     recurso  interpuesto.   

               Incluso,   se   aprecia  abigarrada  esa  forma  de  argumentación  que  a pesar de plantear un solo cargo, mezcla allí variopintas  formas      de      violación      atribuidas      al      Tribunal,    que   incluyen,   apenas   para  ejemplificar,  una  supuesta  violación  dentro del  espectro  de la legalidad de la prueba, al parecer en  la  esfera  del  falso juicio de convicción, que se  hace  consistir  en  la  existencia  de  tarifa  legal  negativa en punto de los  informes de policía.   

               Empero,  la  que parecía potencial demostración de un vicio se queda en simple  expectativa  cuando,  a pesar de significar el demandante que se tuvo en cuenta,  para  soportar  el  fallo condenatorio, lo consignado en uno de esos documentos,  informe   de   policía,   luego   añade   que  ese  contenido   fue  ratificado  por  los  testigos  en  versión  directa  rendida  ante el fiscal del caso, de lo que se sigue, en sana  lógica,  que  finalmente,  independientemente  del valor que pueda darse o no a  los  informes  en  cita,  ello  ninguna  trascendencia  tiene dado que la prueba  testimonial  perfectamente  suple  cualquier falencia, en el tópico de validez,  sobre el particular.   

                 Es,  igualmente,  equívoco  lo  que  se  dice  respecto  de  los testimonios de  descargos  que  presuntamente  no  fueron  tomados  en  cuenta  por  la  segunda  instancia.   

                 Si,  como  se  dijo  al  inicio,  la  sentencia  de  segundo  grado forma unidad  inescindible     con     lo    decidido  por  el  A  quo,  en tanto, confirma íntegramente lo   consignado   como   fundamento   de   la  condena,  no  puede  válidamente  el  casacionista  dolerse  de  la  supuesta  omisión, dado que lo  echado  de  menos  en  la  providencia del Ad quem, fácil lo puede hallar en el  fallo emitido por el juez unipersonal.   

          Y  solo se asume  una  postura de parte, desde luego interesada, la lectura que hace el recurrente  de  lo  expuesto  por  los  testigos  de  descargo,  sin  que  la sola posición  contraria  del  juzgador  sirva para pregonar una inexistente violación, por lo  demás, jamás especificada en su naturaleza  y alcances.   

        En   suma,   a  partir  de  la  libre  interpretación  que  de  lo  supuestamente  dicho  por  los  testigos,  hace  el  recurrente,      omitiendo      relacionar     en  detalle  lo que los fallos establecieron en concreto  sobre  el  particular  y  sin  intentar  siquiera  hacer  una  nueva evaluación  probatoria  que  determine  los  yerros  señalados  y su trascendencia, resulta  imposible  para  la  Corte  verificar  de  la sola lectura de la demanda, que en  verdad   se   hubiese   presentado   un   vicio  mayúsculo  menesteroso  de  su  intervención,  razón  suficiente  para  que  el  cargo  deba ser desechado por  indebida fundamentación.   

               Por    lo    demás,    eludiendo   una   que   es   exigencia   inexcusable  en  tratándose  del  ataque  remitido  al  error  de  apreciación,  en cuanto se  obliga  del recurrente especificar cuál   en  concreto  es  la  regla  de  la  experiencia,  la  máxima  de  la lógica o el principio científico pasados por  alto,  el  casacionista  se  limita  a  sostener  genéricamente que  los falladores violaron “los  postulados  de la regla de la sana crítica”,  sin  señalar  jamás  que contienen esos postulados o cómo se  elabora la supuesta regla ignorada.   

      Tan   protuberantes   errores   de   sustentación,   impiden   la  prosperidad del cargo.   

            Como  quiera  que  la Sala no observa la existencia de  circunstancias  que  hagan  imperiosa su intervención oficiosa, los ostensibles  yerros   de   fundamentación   de   la   demanda,   imponen   que  se  inadmita  esta.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

        INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el  defensor  del procesado JHON JAIRO ROJAS MEZA.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Permiso  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARIA  DEL ROSARIOGONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                       JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 10 de octubre de 2007, radicado 22.597     

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