31903(27-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31903  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 228.  

          Bogotá D.C., veintisiete de julio de dos mil nueve.   

V I S T O S  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado judicial de  MARLENY  DE  JESÚS  CARDONA  HERNÁNDEZ,  en contra de quien se siguió proceso  penal  por  los  delitos de concierto para delinquir, fabricación y tráfico de  armas  y  municiones  de  uso  privativo  de las fuerzas armadas, y utilización  ilegal  de  uniformes  e  insignias, que culminó en primera instancia con fallo  condenatorio  proferido  el 30 de noviembre de 2005 por el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  Especializado  de  Antioquia,  en el cual se le condenó a ella y  otros  acusados,  a  la  pena  de  108 meses de prisión, 2100 salarios mínimos  legales  mensuales,  a  título de multa, e inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por igual lapso, negándoseles los subrogados de  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena y prisión domiciliaria.  La  sentencia  fue  confirmada  en  su  integridad  por  el Tribunal Superior de  Antioquia, en decisión del 22 de mayo de 2007.   

H    E   C   H   O  S   

El Juzgado de primer grado los resumió de la  siguiente forma:   

“Ocurrieron  el  27  de  enero de 2004, se  recibió,  en  el  Puesto  de  Mando Atrasado del Batallón Especial Vial N° 4,  acantonado  en  las cercanías de la represa Playas, del municipio de San Rafael  (Ant.),   información   por   parte  de  un  reinsertado  de  las  “AUC”  o  paramilitares,  sobre  la  existencia  de  una  caleta  de  armas  y  equipos de  campaña,  por  lo  que  se  dispuso  el  operativo  con  el fin de verificar lo  comunicado.   

“En  efecto,  en  el sector de Llanadas se  encontraron  90  fusiles  AK-47;  un fusil Galil; 1 fusil G3-A3; 258 proveedores  calibre  7.62;  1  proveedor  M-16; 5 proveedores Galil; 4 ametralladoras KPM; 2  CAÑONES  rep-ametralladora;  2  lanzagranadas MGL hechizo; 2 lanzagranadas M-79  hechizo;  3  morteros  tipo  comando;  una  bazuca;  5.600  municiones 5.56; 244  municiones7.62×53;  276  municiones 7.62×51, 19.734 municiones de 7.63×39; 2.525  municiones  eslabonadas  7.62; 34 granadas de mano; 16 granadas de mortero de 60  mm;  6  granadas  de  fusil;  26  granadas  de 40 mm; 5 cart-impulsores de busca  (sic);  1  lente  de  visión  nocturna;  1  lente  de  campaña;  1  trampa  de  iluminación;  100 equipos de campaña americanos; 180 camuflados americanos; 33  hamacas;  91  chalecos;  70  ponchos;  136 camisetas negras con logotipo AUC; 12  pares  de  de botas de combate; 11 pares de botas pantaneras; 27 colchonetas; 80  cobijas; 42 brazaletes “AUC”.   

Dentro del operativo se aprehendió a ÁNGEL  CUSTODIO  GÓMEZ  JIMÉNEZ,  quien  indicó el sitio de la caleta y reconoció a  EDGAR  EMILIO  SALAZAR  GIRALDO,  ESTEBAN  SOCHA  CARDONA  y a MERLENY DE JESÚS  CARDONA   HERNÁNDEZ,  como  integrantes  del  grupo  armado  ilegal  y  quienes  permanecían   al   cuidado   de  la  misma.  Los  retenidos  fueron  dejados  a  disposición de la Fiscalía Especializada”   

LA  DEMANDA   

El representante de la condenada, acude a las  causales  2°  y  5°  consignadas  en  el  artículo  220  de  la  Ley  600  de  2000.   

En   desarrollo  de  los  cargos,  que  no  discrimina,  el  defensor  de la procesada parte por citar los artículos 9, 10,  11  y  12 de la Ley 599 de 2000, que remiten a las exigencias para condenar y la  aplicación del principio in dubio pro reo.   

Luego,  destaca  de  manera  abstracta  lo  concerniente   a   los   principios   de   contradicción,   debido   proceso  y  favorabilidad.   

Después,  dentro  del  acápite  que rotula  “NOTAS  DE  INTERÉS”,  delimita  las  fechas  de  ocurrencia  de  los hechos, apertura de instrucción,  cierre   de  investigación,  resolución  de  acusación,  y  emisión  de  los  fallos   de  primera y segunda instancias; el nombre del testigo de cargos;  lo  encontrado  en  poder  del grupo paramilitar; la ubicación de la caleta; el  sitio  de  residencia  de  su representada legal; y el lugar donde se capturó a  ésta.   

Seguidamente,  en el apartado que referencia  como  “INCONGRUENCIAS”,  asegura        que        “se       advierten  inconsistencias”  acerca  del lugar de la captura de  su  representada;  que  a pesar de acusarla de encargarse de las comunicaciones,  en  el  informe  de  incautación  no  se  hace mención de ningún radio, ni se  entiende    por    qué   “no   se   incautó   el  automóvil”; que nunca se logró contrainterrogar al  único  testigo  de  cargos;  y  que  en  un  informe  de  la Cuarta Brigada del  Ejército,  se  señaló  la  inexistencia  de  informes  de inteligencia en los  cuales   se   vinculé   a  la  condenada  como  perteneciente  a  algún  grupo  subversivo.   

De   ello,   se   pregunta  el  libelista:  ¿Cómo  podríamos  entonces  hablar  de  tipicidad,  antijuridicidad   y  culpabilidad,  sí  (sic)  la  ejecución  de  acción” .   

Y   culmina   señalando:   “Es  triste  como  mi poderdante no contó con el beneficio de la  presunción   de   inocencia  del  artículo  7  del  Código  de  Procedimiento  Penal…”,    sin    precisar    cuál    es    su  pretensión.   

A  manera  de  anexos  de  la  demanda,  el  accionante,  además del poder para actuar conferido por la condenada, presentó  copias  de  los  fallos  de  primera  y segunda instancias, y copia de solicitud  elevada  al  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito Especializado de Antioquia, a  efectos de obtener fotocopia de la totalidad del expediente.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Dado  que  la  acción  de  revisión,  como  mecanismo  excepcional y extraordinario, busca derrumbar la intangibilidad de la  cosa   juzgada,   para  su  postulación  es  necesario  cumplir  con  estrictos  requisitos,  en  ausencia  de los cuales surge indefectible la inadmisión de la  demanda.   

Por  regla general, conforme lo dispuesto en  el  artículo  220  de  la Ley 600 de 2000, la acción de revisión opera contra  sentencias condenatorias ejecutoriadas.   

Y  es esta la primera de las glosas, de tipo  procedimental,  que  cabe  hacer  a  la demanda presentada por el defensor de la  condenada,  pues,  la sala desconoce, porque ni siquiera se dice y, desde luego,  tampoco  se  aportó  la correspondiente constancia, si efectivamente los fallos  de  condena  se  encuentran  en  firme  o  se  hallan a la espera de ejecutoria,  dígase,  por  virtud  del  recurso  extraordinario  de  casación, en cuyo caso  emerge extemporánea por anticipación la acción que se examina.   

Por  ello, claramente el artículo 222 de la  Ley  600 de 2000, en su inciso final postula que además de los otros requisitos  contemplados  en los 4 numerales precedentes, al escrito accionario “se  acompañará  copia o fotocopia de la decisión de primera y  segunda  instancias y constancia de su ejecutoria, según el caso, proferidas en  la       actuación       cuya       revisión      se      demanda.”   

Se  repite,  esa  constancia  es  no  solo  obligatoria  sino  pertinente,  ya  que  se  encamina  a  demostrar  uno  de los  presupuestos   básicos   de   la   procedencia  de  la  acción  de  revisión,  precisamente el que reclama que la sentencia se halle ejecutoriada.   

Como  no  se  ha  demostrado esa ejecutoria,  necesario  se hace la inadmisión de la demanda, como así lo exige el artículo  223 de la Ley 600 de 2000.   

Empero, si en gracia de discusión se dijera  que  es  posible  superar  ese  defecto  procedimental, igual suerte inadmisoria  correría  la  acción,  evidente  como  se  hace que lo alegado ni siquiera por  asomo  puede  entenderse propio de la acción extraordinaria intentada, dado que  ostensible  se  evidencia la impropiedad de las causales aducidas para solicitar  la   intervención   de   la   Corte  –que  tampoco  se  conoce  en  cuál sentido se busca, porque nada al  respecto  dice  el  escrito  examinado-,  pues, asoma palpable la confusión del  demandante  en  torno  de lo que consagran los numerales 2° y 5° del artículo  220 de la Ley 600 de 2000.   

Al  efecto,  el numeral 2° en cita consagra  que la revisión procede:   

“Cuando  se  hubiere  dictado  sentencia  condenatoria  o  que  imponga  medida  de  seguridad,  en  proceso que no podía  iniciarse  o  proseguirse por prescripción de la acción, por falta de querella  o  petición  válidamente  formulada, o por cualquier otra causal de extinción  de la acción penal”.   

Nada  siquiera  cercano  a  lo que la causal  demanda,  se  incluye  en el escrito presentado por el defensor de la condenada,  pues,      esas      afirmaciones      acerca      de      los      “equívocos”   que   comportan   las  pruebas  y  la  sola  significación,  sin  argumentación de soporte, de que se  violaron  los  principios  de  contradicción  e in dubio pro reo, se evidencian  completamente  ajenas  a  cualquier  posibilidad  de  definir  que  el asunto se  hallaba  prescrito,  que  demandaba de querella o petición válida –no  sobra recordar que los delitos por  los  cuales  se condenó a la acusada remiten al concierto para delinquir, porte  de  armas  y  municiones  de  uso privativo de la fuerza pública y utilización  ilegal  de  uniformes  e insignias, todos investigables de oficio-, o que existe  cualesquiera   otra   u   otras   causales   de   extinción   de   la   acción  penal.   

Algo  similar  ocurre  con la causal 5° del  artículo 220 ibídem,  de esta forma redactada:   

“Cuando   se  demuestre,  en sentencia en firme, que el fallo objeto de pedimento de revisión  se fundamentó en prueba falsa”.   

No  alcanza  la Corte a lucubrar cuál es la  razón  para  que  se  aduzca  esta causal, ni el accionante lo dice, carente la  demanda  o sus anexos de cualquier tipo de alusión a alguna decisión en la que  se advierta de esa falsedad de la prueba aquí recogida.   

Tampoco, huelga decir, el argumento planteado  por  el  defensor de la acusada se enfila por ese sendero de la prueba falsa, en  tanto,  cabe  reiterar,  apenas  realiza  unas cuantas afirmaciones, carentes de  soporte,  en  torno  de la presunta violación del debido proceso, el derecho de  contradicción y el principio in dubio pro reo.   

Respecto  de la naturaleza y objetivos de la  acción   de   revisión,   en   reiteradas  ocasiones  la  Sala  ha  precisado:   

“No  busca  pues, la acción de revisión,  subsanar  errores  de juicio o de procedimiento porque esa es la función de los  recursos  de  instancia y de la casación. La revisión, en cambio, pretende la  reparación  de  injusticias  a  partir  de  la  demostración  de  una REALIDAD  HISTORICA  diferente  a  la  del  proceso  y  únicamente  dentro  del  marco de  invocación  precisado  por  las causales establecidas en la ley”. 1   

Pareciera   que   el   accionante   busca  controvertir  las  razones o valoraciones efectuadas por las instancias en torno  de la responsabilidad de su protegida legal.   

Y  si  ello  es así, como en efecto parece,  sobra  anotar  que  no  es la acción de revisión el medio adecuado, instituido  como   se   halla   el   recurso   extraordinario   de   casación   para   esos  efectos.   

Cabe  aclarar al demandante, eso sí, que la  acción  de  revisión  no  es  alternativa  o  complementaria  del  recurso  de  casación,  como  quiera que ambos institutos comportan una naturaleza y efectos  diferentes,  definiéndose también distintos los requisitos, tiempos y forma de  alegación de cada uno.    

Recientemente,  sobre  el  particular,  esto  anotó  la  Sala2:   

“Estima  necesario significar la Sala, que  en  su naturaleza y efectos, la acción de revisión dista mucho de parecerse al  recurso  extraordinario  de  casación, dado que a través de la primera, cuando  lo  alegado  es  precisamente la causal tercera, no es posible realizar un nuevo  examen,  crítica  o  controversia  a  la  actuación  procesal y a los factores  fácticos,  jurídicos  y  probatorios  que sustentaron la decisión que ya hizo  tránsito  a  cosa  juzgada,  en tanto, el juicio que faculta derrumbar, para lo  que  se  examina,  el  fallo  condenatorio, viene consecuencia de allegar nuevos  elementos  de  juicio,  no  conocidos  durante  el debate de las instancias, que  demuestran  la  inocencia del procesado, imponiendo la decisión rescisoria para  que se haga justicia.   

“Esto dijo, sobre el particular, la Corte,  en            reciente           decisión3:   

“1. La acción de  revisión,  a  diferencia  del  recurso extraordinario de casación –a  través  del cual, con apoyo en los  motivos  legales que lo hacen procedente, es posible discutir la regularidad del  trámite  procesal,  el cumplimiento de las garantías debidas a las partes, los  supuestos  de  hecho  de la sentencia de segunda instancia no ejecutoriada y sus  consecuencias  jurídicas—,  tiene   como   objeto  una  sentencia,   un  auto  de  cesación  de  procedimiento  o  una  resolución  de  preclusión  de  la  investigación  que  hizo  tránsito  a cosa juzgada y como  finalidad  remediar errores  judiciales  originados  en  causas que no se conocieron durante el desarrollo de  la actuación y que están limitadas a las previstas en la ley.   

“No es la acción de revisión por tanto un  mecanismo  disponible  para  reabrir el debate procesal, resultando indebido por  lo  mismo  sustentarla  en fundamentos propios del recurso de casación. Tampoco  es  una  tercera  instancia a la que se accede para discutir lo resuelto por los  jueces  o  fiscales  con  base  en  los  mismos  elementos  probatorios  que les  sirvieron a aquellos para tomar las decisiones.   

“Lo anterior significa que por medio de la  acción  de revisión no se puede abrir de nuevo el debate sobre lo declarado en  la sentencia.”   

“El  juicio rescindente, en tratándose de  la  acción  de  revisión,  opera  respecto  del   fallo  que se considera  injusto  gracias  a  la prueba o hecho nuevos,  y no en relación  con  el  trámite  o actuaciones ya agotados, independientemente de que se evidencien  irregularidades  u  omisiones trascendentes en curso del proceso, las cuales, se  repite,  debieron  tener  como  escenario  natural  de  discusión  los recursos  ordinarios o el extraordinario de casación.   

“De  igual  manera,  Tiene  establecido la  Sala,  que  la  invocación  de  la  causal  tercera  de  revisión, esto es, la  aparición  de  hechos nuevos o el surgimiento de pruebas de igual naturaleza no  conocidas  al  tiempo  de  los debates, implica presentar novedosos elementos de  juicio  con  la capacidad e idoneidad suficiente para acreditar la inocencia del  condenado  o  su inimputabilidad, al punto de derrumbar el soporte probatorio de  la sentencia que se determina injusta a pesar de su ejecutoria”.   

Suficiente,   el   acopio  jurisprudencial  transcrito  en  precedencia,  en  aras  de  advertir  la notoria impropiedad que  encierra  lo  propuesto  a favor de la condenada  MARLENY DE JESÚS CARDONA  HERNÁNDEZ,  pues,  basta apreciar la argumentación contenida en el libelo para  comprender   que   ni   siquiera   alegato  de  instancia  puede  reputarse  una  fundamentación  aislada,  genérica,  confusa y carente de precisión que omite  precisar  cuál es en concreto la causal aducida, en qué se soporta ella, cómo  se produjo el daño y en qué forma deber repararse el mismo.   

Perplejidad  es lo que produce un escrito de  libérrima  confección  que  muestra  evidente la carencia de conocimientos del  profesional  del  derecho  acerca  de un mecanismo especial que precisamente por  buscar  derrumbar  el  fenómeno de la cosa juzgada, reclama de expresa causal y  estrictos requisitos de demostración.   

Así   las   cosas,   como  el  demandante  desarrolló  un  alegato insustancial y discute asuntos ajenos a las causales de  revisión  propuestas,  se  impone  también por esta vía inadmitir la demanda,  acorde con lo dispuesto en el artículo 223 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R     E  S     U  E     L  V     E   

         INADMITIR   la   demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado  de     la          condenada   en   el  proceso  que se siguió en contra de MARLENY DE JESÚS  CARDONA   HERNÁNDEZ   y   otros,  por  los   delitos  de    concierto   para  delinquir,  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego y municiones de uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas,  y  utilización  ilegal  de  uniformes  e  insignias.   

         Contra     esta     decisión     procede     el     recurso     de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARIA  DEL  ROSARIOGONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                        JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  .Acción   de  Revisión,  Radicado  No.  15322,  MG  Ponente, Carlos Eduardo Mejia Escobar, 23/08 de 2000   

2  Sentencia del 25 de julio de 2007, radicado 23.690   

3 Auto  del 6 de febrero de 2007, radicado23839     

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