30380(19-08-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30380   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 260.  

          Bogotá   D.C.,   agosto   diecinueve   (19)   de   dos   mil  nueve  (2009).   

VISTOS  

          Resuelve  la  Colegiatura  el recurso de reposición interpuesto por  los    defensores    de    los    ciudadanos    HENRY  LOAIZA   y   DIEGO   LEÓN  MONTOYA  contra la decisión proferida el pasado 17 de  junio,  por cuyo medio esta Sala negó por impertinentes las pruebas solicitadas  tanto     por     la     defensa     como     por    la    Fiscalía.   

FUNDAMENTOS    DE  LAS  IMPUGNACIONES   

1.                Defensor     de     HENRY LOAIZA CEBALLOS   

Aduce   el   recurrente  que  las  pruebas  solicitadas              demuestran              la              “innecesariedad”   de   aniquilar   las  decisiones  absolutorias proferidas a favor de su procurado, toda vez que jamás  estuvo  en  el  lugar de los hechos, amén de que sin mediar fallo de revisión,  la  Fiscalía  le  ha  formulado  cargos  por  los  homicidios  de  Ordonel  Ospina Vélez, Ricardo Alberto Mejía Valencia y    Jairo   Antonio   Ortiz.   

          Precisa  que  con  las  pruebas  deprecadas  pretende  demostrar que  “la  sentencia no debe ser aniquilada por lo mismo y  tanto  que  no  deben  ser  vueltos  a  investigar  por  los  mismos hechos así  constituyan  violaciones  de  los  derechos  humanos  o  infracciones  graves al  derecho  internacional  humanitario, bien porque no hubo ninguna participación,  como  en  el  caso  de  mi  asistido  que  está  demostrado  dentro del proceso  adelantado  por  el  JUEZ  TERCERO  DE  ORDEN  PÚBLICO,  de una parte que no se  hallaba  en  el lugar de los hechos sin que esté demostrado que posea el don de  la  ubicuidad  y  de  otra que la descripción que de él hace ARCILA CARDONA no  coincide con las suyas (sic)”.   

          De  otra  parte  alega  que  con  tales  medios probatorios pretende  oponerse  a las pretensiones de quien ha promovido la acción de revisión, pues  las  pruebas  nuevas carecen de tal carácter, de modo que se impone mantener el  principio  de  cosa  juzgada de los fallos absolutorios proferidos a favor de su  defendido,  cuya inocencia ya fue demostrada, sin que sea ahora necesario volver  a acreditarla.   

          Destaca  que  las  pruebas  dentro  de  este trámite dependen de la  ubicación  de  cada sujeto procesal, motivo por el cual, no puede propugnar por  la  demostración  de  la  causal  invocada  en  la  demanda  de revisión, sino  oponerse a ella.   

          Finalmente  puntualiza  que  su procurado se encuentra privado de la  libertad  desde  hace  más  de  14 años, de manera que ya ha cumplido las tres  quintas  partes  de  cualquier pena que pudiera serle impuesta, pues la sanción  máxima no puede exceder de 30 años.   

2.                Defensor     de     DIEGO LEÓN MONTOYA SÁNCHEZ   

          Comienza    por    señalar   que   se   encuentra   “sorprendido  de  la  postura que ha asumido la honorable Magistrada,  en  tanto  inicialmente  configura una restricción real del derecho de defensa,  al  impedir a este sujeto procesal conocer todas las piezas que obran dentro del  proceso    penal    objeto    de    la    acción    de   revisión,   y   ahora  restringiendo  (sic) en forma  subjetiva  el  derecho  a  probar  la  inexistencia  de uno de los elementos que  configuran  la  causal  que por vía de interpretación constitucional puede ser  aplicada al caso concreto”.   

          Precisa   que   su   propósito   es  desvirtuar  el  incumplimiento  protuberante  de  las obligaciones de investigación del Estado, toda vez que el  juez  y  el  perito  que  intervinieron en el asunto fueron investigados penal y  disciplinariamente,  sin  que  se  estableciera  proceder  irregular  de  ellos,  temática que se acredita con las pruebas deprecadas.   

Señala  que el derecho a probar es abierto,  no  limitado  a  “una  lista  cerrada de lo que debe  probarse”.  A  su  vez, aduce que en el auto atacado  “no  se analizan los hechos que pretenden corroborar  las    pruebas    solicitadas,    ni   su   incidencia   en   el   trámite   de  revisión”, máxime cuando los elementos probatorios  solicitados  no  se  encuentran  encaminados  a  demostrar  la  inocencia  de su  prohijado,  sino  la  “inexistencia  de la causal de  revisión”,  a partir de unos hechos establecidos en  investigaciones penales y disciplinarias.   

Igualmente  indica  que con dichos medios de  convicción   acredita,   de   una  parte,  que  al  ser  investigados  el  juez  a  quo  y  el  perito  no se  encontró  irregularidad  alguna  en  su proceder, y de otra, que igual sucedió  con  los  Magistrados  del  Tribunal  de Orden Público y los funcionarios de la  Procuraduría  General  de  la  Nación  que intervinieron, circunstancia con la  cual  se  desvirtúa el incumplimiento protuberante de la función investigativa  señalado  en  el  Informe  de  la  Comisión Interamericana de Derechos Humanos  (CIDH) sobre el particular.   

          Con  base en los anteriores argumentos, el defensor solicita revocar  la  decisión  impugnada,  para en su lugar, ordenar la práctica de las pruebas  deprecadas.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1.            Acerca de lo expuesto por el defensor de  HENRY   LOAIZA   CEBALLOS  encuentra  la Sala, que discutir en el curso de este trámite si su representado  estuvo  o  no  en  el  lugar  de  los hechos, o si la descripción que de aquél  efectuó   el   testigo   Arcila  Cardona  fue  correcta  o  equivocada,  son  asuntos por completo ajenos al  thema  probandum inherente a  este  diligenciamiento,  pues  una  vez más es preciso reiterar que aquí no se  pretende  establecer si los ciudadanos absueltos deben ser condenados, en cuanto  sólo  en  caso  de  que  la  causal  de revisión prospere, corresponderá a la  órbita  de  competencia  del  funcionario  judicial  encargado  de  rehacer  la  actuación definir tal aspecto.   

Ahora,  si  la  pretensión  es denunciar la  violación  del  principio de cosa juzgada respecto de  los  homicidios  de  Ordonel  Ospina     Vélez,     Ricardo     Alberto    Mejía    Valencia    y    Jairo   Antonio   Ortiz,  es  evidente  que  tal  debate  debe  ser librado al interior del  diligenciamiento  correspondiente  adelantado por la Fiscalía y no en esta sede  dispuesta para otros propósitos.   

          Es   evidente  que  de  ninguna  manera  ha  dicho  la  Sala  en  la  providencia  impugnada  que  corresponde  a  la  defensa acreditar los elementos  constitutivos  de  la  causal  de  revisión  invocada  por  la  Fiscalía  para  conseguir  la  revisión  de  los fallos absolutorios, pues cada sujeto procesal  desempeña  un  rol  definido,  al  punto  que con precisión se dijo en el auto  atacado  que el demandante debe acreditar: “a) Que en  virtud  de  la  providencia  cuya  autoridad de cosa juzgada pretende remover se  haya  precluido  la  investigación,  cesado  procedimiento  o dictado sentencia  absolutoria  a  favor  de  los  incriminados.  b) Que las conductas investigadas  correspondan  a violaciones de derechos humanos o infracciones graves al derecho  internacional  humanitario,  y  c)  Que  a través de una decisión de instancia  internacional   de   supervisión   y  control  de  derechos  humanos,  aceptada  formalmente  en  Colombia,  se haya constatado el incumplimiento protuberante de  las  obligaciones del Estado Colombiano de investigar en forma seria e imparcial  tales comportamientos”.   

          A  su vez se puntualizó, que es del resorte de la defensa solicitar  pruebas    encaminadas,    de    ser    ello    posible,    a    “resquebrajar  la  materialidad  de  alguno  o  todos los mencionados  supuestos fácticos”.   

En  suma,  lo  que si fue indicado es que la  petición  de  pruebas  debe  tener  como  referente  indeclinable  la causal de  revisión  propuesta, desde luego, unos para confirmarla, otros para infirmarla,  pues  de  no  ser ello así, tendría que accederse a practicar todos los medios  de  convicción solicitados por cada uno, sin tener en  cuenta  que el debido proceso probatorio reglado en el  artículo  235  de la Ley 600 de 2000 impone rechazar  las   pruebas   que   no  conduzcan  a  establecer  la  verdad  sobre  los hechos materia del trámite       o      las  que  hayan  sido  obtenidos en forma  ilegal,     las    que  traten   de  hechos  impertinentes  y  las  manifiestamente superfluas.   

En  consecuencia,  si  la Fiscalía adujo la  causal  tercera  de  revisión establecida en la Ley 600 de 2000 acogiéndose al  desarrollo  jurisprudencial  por  cuyo  medio  se amplía su alcance, la Sala no  advierte,  ni el recurrente señala, de qué manera con las pruebas solicitadas,  esto  es,  allegando  copias  de  las  resoluciones  de  la  Fiscalía,  de  las  comunicaciones  dirigidas  a  la  Cárcel  de  Valledupar,  de la indagatoria de  HENRY  LOAIZA  y su ulterior  ampliación,  del  proceso de extinción del dominio adelantado en la Sala Penal  del  Tribunal  de  Buga  respecto  de  la  hacienda  Villa Paola, de la orden de  compulsar  copias  contra  las  autoridades  que conocieron del diligenciamiento  penal,   de   más   de  25  declaraciones  e  indagatorias  rendidas  en  otros  expedientes,   así   como  de  otras  providencias  favorables  a  HENRY   LOAIZA,  amén  de  establecer  a  través  del  Instituto  de  Medicina Legal las características de su asistido,  obtener  copia  de  la  queja y las pruebas recaudadas dentro del caso No. 11007  tramitado  ante  la  Comisión  Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), pueda  controvertirse  de alguna manera el sustento de la causal con base en la cual la  Fiscalía depreca la revisión de los fallos absolutorios.   

          Como  viene  de verse, las referidas pruebas se orientan a demostrar  que  su  asistido  fue debidamente absuelto y que su inocencia fue reconocida en  otras  situaciones  y  procesos  de  los  cuales también salió avante, pero de  ninguna   manera   se   refieren   al  motivo  de  revisión  que  provoca  este  diligenciamiento.   

          Finalmente,  en  cuanto  se  refiere  a  la  reclamación  sobre  la  prolongada  privación de la libertad de su procurado, puede constatarse que tal  temática  le  corresponde  plantearla  ante  las  autoridades por cuenta de las  cuales  se  encuentra recluido en establecimiento carcelario, en cuanto no es en  este trámite donde deben ventilarse tales consideraciones.   

          De  conformidad  con  lo anterior, se impone mantener la providencia  objeto de impugnación.   

2.            Acerca  de    los   argumentos  aducidos por el defensor de  DIEGO   LEÓN   MONTOYA   impera  señalar  que  la  decisión  impugnada,  al  igual que las precedentes cuyo contenido deplora, han  sido  adoptadas  de  manera  unánime por la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  no  por  la  Magistrada  Ponente,  como lo plantea en su  escrito.   

Además,  dado  el carácter progresivo que  debe  tener  este  trámite,  como  todos  los demás, resulta inconsistente que  pretenda  abordar  una y otra vez una misma temática ya decidida, en este caso,  que  el  proceso  adelantado por el Juez Tercero  de  Orden  Público  de  Bogotá,  en  curso  del  cual  se  profirieron  las  decisiones  absolutorias  aquí  cuestionadas, no se encuentra  completo,   pues   se  reitera,  tal  situación  fue  abordada  a instancia de los defensores y se encuentra  suficientemente dilucidada.   

          Tampoco   resulta   cierto   que   se   le   esté   “restringiendo  en  forma  subjetiva el derecho a probar la inexistencia de uno de los elementos que  configuran  la  causal  que por vía de interpretación constitucional puede ser  aplicada  al  caso  concreto”, pues la verdad es que  tal  como  se dijo en la providencia ahora impugnada, las pruebas cuya práctica  o   aducción   depreca   no   guardan  relación  con  la  referida  causal  de  revisión.   

          En  efecto,  si  en  este  asunto  la  Fiscalía se fundamenta en la  causal  tercera  de  revisión  establecida en el artículo 220 de la Ley 600 de  2000   y   recordó   que   su   alcance  fue  ampliado  mediante  sentencia  de  constitucionalidad  C-004  de  2003  referida  a  aquellos  casos en los cuales,  tratándose  de  violaciones  a  los  derechos  humanos o infracciones graves al  Derecho  Internacional Humanitario, y a pesar de no contarse con pruebas nuevas,  exista  una decisión interna o internacional de una instancia de supervisión y  control  de  derechos  humanos,  aceptada por Colombia, en la que se constate el  incumplimiento  ostensible de las obligaciones del Estado en punto de investigar  en  condiciones de seriedad e imparcialidad tales comportamientos, planteamiento  jurisprudencial  luego  recogido  normativamente en el numeral 4º del artículo  192  de  la  Ley  906  de  2004,  encuentra  la  Sala que ninguna de las pruebas  solicitadas alude a dicha causal.   

          Es  evidente  que  incorporar  el diligenciamiento adelantado por el  Tribunal  Nacional  contra el Juez Tercero de Orden Público de Bogotá, en cuyo  curso  se profirió decisión inhibitoria el 14 de agosto de 1995, no desvirtúa  la   existencia   y   el   contendido  del  referido  informe  de  la  Comisión  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  el  cual fue rendido por la Comisión de  Investigación  integrada  por  miembros  de  diversas entidades del Estado y de  organizaciones  no  gubernamentales  en  el  marco de la solución amistosa, con  fundamento  en  las  atribuciones y facultades otorgadas por la CIDH, la cual lo  adoptó  en  su  88º Periodo de Sesiones y cuya responsabilidad estatal aceptó  el   Presidente   Ernesto  Samper  Pizano al recibirlo formalmente el 31 de enero de 1995.   

          A  su vez, con establecer si en el Consejo Superior de la Judicatura  o  la  Procuraduría  General  de  la Nación se adelantó proceso disciplinario  contra  el mencionado funcionario judicial o contra los Magistrados del Tribunal  de  Orden  Público  o  los Procuradores que actuaron en el expediente objeto de  revisión,  tampoco  consiguen  enervarse  las conclusiones del informe de dicha  instancia internacional.   

          También  carecen  de  tal virtud, tanto la decisión del 4 de julio  de  1995, mediante la cual el Instituto de Medicina Legal se abstuvo de formular  cargos  y  ordenó  el  correspondiente  archivo  a  favor  del  médico forense  Lisandro    Antonio    Durán    Robles,  como  la  providencia  del 31 de julio de 1997, por cuyo medio la  Fiscalía   Seccional   Ciento   Noventa   y   Nueve  de  Bogotá  precluyó  la  investigación adelantada contra el mismo galeno.   

          Impera  señalar  a  manera de ejemplo, que resultarían pertinentes  las  pruebas  orientadas a demostrar: (i) Que el asunto analizado no corresponde  a   la   violación   de  derechos  humanos  o  infracción  grave  del  Derecho  Internacional  Humanitario;  (ii)  Que  no se cuenta con una decisión interna o  internacional;  (iii) Que el informe o la decisión no proviene de una instancia  internacional  con  facultades  de  supervisión  y control de derechos humanos;  (iv)  Que  la  competencia  de  tal organismo de supervisión no es aceptada por  Colombia;  (v)  Que en el informe o decisión no se reconoció el incumplimiento  ostensible  de las obligaciones del Estado en punto de investigar en condiciones  de seriedad e imparcialidad tales comportamientos.   

          Con  apoyo  en  las  consideraciones anteriores se colige que si los  medios  probatorios  solicitados  resultan  impertinentes,  en cuando no guardan  relación  con  el  objeto  de  prueba  en  este  diligenciamiento, la decisión  impugnada debe mantenerse incólume.   

          Cuestión final   

Dado   que  por  ocuparse  de  resolver el recurso de reposición  interpuesto   por  la  defensa,  contra  este  proveído  no procede mecanismo           impugnaticio  alguno  y  que  ya obra en la actuación la respuesta  emitida  por  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores en punto de las pruebas  ordenadas       oficiosamente       mediante  auto  del  pasado  17  de  junio,  de  conformidad con lo  establecido  en  el  artículo  225  de  la  Ley  600  de 2000 se dispone surtir  “traslado  común de quince (15) días a las partes  para    que    aleguen,    siendo    obligatorio    para    el   demandante       hacerlo”,  decisión  que  debe  notificarse  conforme  a  lo  dispuesto en  el artículo 176 de la Ley  600 de 2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.        NO  REPONER la providencia del 17 de junio  de  2009,  por  cuyo  medio  esta  Sala  negó  por  improcedentes  las  pruebas  solicitadas por la defensa y la Fiscalía.   

2.             CORRER   el  traslado  dispuesto  en  el  artículo  225  de  la Ley 600 de 2000 para que las  partes  presenten  sus  alegaciones, según lo señalado en el artículo 176 del  estatuto procesal de 2000.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES           

YESID    RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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