31731(29-10-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31731  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                            AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

Aprobado acta N° 345.  

Bogotá,  D. C., veintinueve (29) de octubre  de dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada   fundamentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  los  defensores  de  JESÚS  ÁNGEL RUGELES PINZÓN, MIGUEL  ÁNGEL     RUGELES     RODRÍGUEZ,     ORLANDO   MORALES  MORENO  e  ISMAEL  GÓMEZ  BOTERO contra la sentencia  del  1º de agosto de 2008, mediante la cual el Tribunal Superior de Santiago de  Cali  confirmó  el fallo proferido el 15 de diciembre de 2006 por el Juzgado 19  Penal  del  Circuito de la misma sede, que condenó a los mencionados procesados  como  coautores  del delito de fraude procesal y, adicionalmente, a RUGELES  PINZÓN por el punible de falsedad  en    documento   privado,   a   RUGELES   RODRÍGUEZ  por  los ilícitos de obtención de documento público  falso  y  falsedad  en  documento  privado, y a MORALES  MORENO  por  el  de  obtención  de documento público  falso.   

HECHOS  

          Los  que  declararon  probados los falladores de instancia se pueden  sintetizar de la siguiente manera:   

          En  el  mes  de  noviembre  de  2000  la  compañía “LA  FRONTERA  S.A.”  presentó  ante  el  Juzgado  11 Civil del Circuito de Cali demanda ejecutiva mixta contra la empresa  “ICOMONT   S.A.”,  que  sustituyó      a     la     firma     “JARAMILLO  FERRO”.  Durante  el trámite del respectivo proceso  se  decretó  el embargo y secuestro de un lote de terreno situado en la carrera  33  No.  10-29  de  Yumbo,  medida que se materializó el 11 de febrero de 2002,  cuando  se  designó secuestre, quien quedó a cargo del recaudo de los cánones  de  arrendamiento pagados por la empresa “TRANSPORTES  ESPECIALES  ARG”,  en  su condición de arrendataria  del inmueble embargado.   

          Para  impedir  el  remate del referido bien, el abogado ISMAEL  GÓMEZ  BOTERO  promovió de manera  fraudulenta tres procesos civiles, así:   

          1.    En   desarrollo   del   poder   conferido   por   JESÚS  ÁNGEL  RUGELES  PINZÓN, presentó  el  14  de  agosto de 2002 demanda ejecutiva ante el Juzgado 2º Civil Municipal  de  Yumbo,  en  orden a obtener el cobro de algunos cánones de arrendamiento en  virtud  del  aducido  contrato  celebrado  por  el  demandante  con  la  empresa  “TRANSPORTES     ESPECIALES    ARG”,  pasando por alto que dichos cánones estaban siendo depositados a  órdenes del Juzgado 11 Civil del Circuito de Cali.   

          2.  Con  fundamento  en  poder  otorgado  por  el mismo JESÚS  ÁNGEL RUGELES PINZÓN promovió el  21  de  noviembre de 2002 ante el Juzgado 2º Civil del Circuito de Cali proceso  abreviado  de  restitución  del  citado  inmueble  contra la aludida empresa de  Transportes,  argumentando  para el efecto la misma mora en el pago del canon de  arrendamiento.   

         

          3.   En   virtud   de   los   poderes  conferidos  por  MIGUEL   ÁNGEL   RUGELES   RODRÍGUEZ   y  ORLANDO   MORALES   MORENO,  instauró  en  el  mes  de septiembre de 2003 ante el Juzgado Cuarto Laboral del  Circuito  de  Cali,  actuación después asumida por el Juzgado Once de la misma  especialidad,   demanda   ejecutiva  laboral  contra  la  sociedad  “INCOMONT  S.A.”,  en  cuyo proceso, a  solicitud   de  la  parte  demandante,  se  decretaron  medidas  cautelares  que  afectaron  los  bienes embargados en el ejecutivo mixto adelantado en el Juzgado  11  Civil  del  Circuito  de  Cali.  La demanda laboral se promovió con base en  actas  de  conciliación  obtenidas  en  la Oficina Regional del Trabajo, en las  cuales    se    hicieron    constar    inexistentes    obligaciones    de    esa  naturaleza.    

          De   otra   parte,   se  reseña  en  los  fallos  que  MIGUEL   ÁNGEL   RUGELES   RODRÍGUEZ   y  ORLANDO      MORALES      MORENO      diligenciaron  formularios  de  afiliación  a  la  EPS  CRUZ BLANCA  consignando  datos  que  no  corresponden  a  la realidad, mientras JESÚS  ÁNGEL  RUGELES  PINZÓN suscribió  autoliquidaciones  de  aportes  para  la  EPS CRUZ BLANCA a nombre de la empresa  “ICOMONT  S.A.”, sin que  tuviera ningún tipo de vinculación con esa compañía.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Con  base  en  la  denuncia  formulada a  través  de  apoderado  por  la  empresa “LA FRONTERA  S.A.”, la Fiscalía 88 Seccional de Santiago de Cali  mediante  resolución del 26 de julio de 2004 adelantó diligencias preliminares  y  luego  dispuso  la  apertura  de  instrucción  penal, decisión contenida en  proveído del 17 de diciembre del mismo 2004.   

2. En el curso de la instrucción vinculó a  la  actuación,  entre  otros,  a JESÚS ÁNGEL RUGELES  PINZÓN,    MIGUEL    ÁNGEL    RUGELES   RODRÍGUEZ,  ORLANDO  MORALES  MORENO  e  ISMAEL   GÓMEZ  BOTERO,  a  quienes  la  Fiscalía  29  Seccional mediante decisión del 14 de junio de 2005  les  resolvió  la  situación jurídica, imponiéndoles medida de aseguramiento  de detención preventiva.   

3. A través de resolución del 5 de octubre  de  2005,  el  fiscal  instructor  decretó  el  cierre  de  la investigación y  calificó  el  mérito  del sumario el 21 de noviembre siguiente con resolución  de  acusación  contra,  entre  otros,  JESÚS  ÁNGEL  RUGELES  PINZÓN,  MIGUEL  ÁNGEL  RUGELES  RODRÍGUEZ,  ORLANDO  MORALES  MORENO  e  ISMAEL  GÓMEZ BOTERO, en los  siguientes términos:   

–  JESÚS  ÁNGEL  RUGELES  PINZÓN  por los delitos de fraude procesal y  falsedad en documento privado.   

          –   MIGUEL  ÁNGEL  RUGELES  RODRÍGUEZ     y     ORLANDO    MORALES  MORENO   por   los   ilícitos  de  fraude  procesal,  obtención    de    documento   público   falso   y   falsedad   en   documento  privado.   

          –   ISMAEL   GÓMEZ  BOTERO  por     el    punible    de    fraude    procesal,    en    concurso  homogéneo.   

          Por  vía  de apelación la providencia calificatoria fue confirmada  por  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Cali en providencia del  21 de febrero de 2006.   

4. Correspondió tramitar la etapa del juicio  al  Juez  19 Penal del Circuito de la mencionada ciudad, funcionario que surtió  las  fases  subsiguientes  de  la  actuación,  poniendo término a la instancia  mediante  la  sentencia  del  15 de diciembre de 2006, en la cual condenó a los  enjuiciados en los siguientes términos:   

–  A  JESÚS ÁNGEL  RUGELES  PINZÓN  le impuso las penas principales de 54  meses  de  prisión  y 200 salarios mínimos legales mensuales de multa, por los  delitos de fraude procesal y falsedad en documento privado.   

–  A  MIGUEL ÁNGEL  RUGELES  RODRÍGUEZ le irrogó las penas principales de  57  meses  de  prisión  y 200 salarios mínimos legales mensuales de multa, por  los  ilícitos  de  fraude  procesal,  obtención  de documento público falso y  falsedad en documento privado.   

– A ORLANDO MORALES  MORENO  le impuso las penas principales de 54 meses de  prisión  y 200 salarios mínimos legales mensuales de multa, por los delitos de  fraude procesal y obtención de documento público falso.   

–  A  ISMAEL GÓMEZ  BOTERO  le aplicó las penas principales de 66 meses de  prisión  y  200  salarios  mínimos legales mensuales, por el punible de fraude  procesal cometido en concurso homogéneo.   

A los procesados, adicionalmente, les impuso  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y  funciones  públicas  por  el  término de cinco (5) años, salvo a GÓMEZ  BOTERO  que  la fijó en 66 meses.   

5. En razón de la apelación interpuesta por  el  procesado  GÓMEZ BOTERO,  por  su  defensor  y  por  el  de JESÚS ÁNGEL RUGELES  PINZÓN,   MIGUEL   ÁNGEL   RUGELES   RODRÍGUEZ   y  ORLANDO  MORALES  MORENO, el  Tribunal  Superior  de  Santiago  de  Cali  confirmó  la  decisión  de primera  instancia.   

7.   Por   lo  anterior,  los  mencionados  defensores   acudieron   al   recurso   extraordinario   de  casación,  quienes  oportunamente presentaron los respectivos libelos.   

LAS  DEMANDAS   

          1.   Demanda   presentada   a   nombre   de  JESÚS  ÁNGEL  RUGELES  PINZÓN:           

La  defensa  formula  dos  cargos  contra la  sentencia  del  Tribunal,  ambos  por violación indirecta de la ley sustancial.   

          En     el    primer    cargo  postula  un  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia. Lo  sustenta   señalando  que  el  ad  quem  omitió  la  apreciación  de varias pruebas documentales, indicando  como    tales    los   poderes   otorgados   por   el   procesado   RUGELES  PINZÓN  al  abogado ISMAEL  GÓMEZ  BOTERO,  así como algunos  pronunciamientos  judiciales  y  otras  piezas procesales correspondientes a los  procesos  hipotecario,  de restitución y ejecutivo adelantados por los Juzgados  11  Civil  del Circuito, 2º Civil del Circuito de Cali y 2º Civil Municipal de  Yumbo, respectivamente.   

          Según  el  censor,  el  sentenciador  también dejó de valorar los  testimonios  de  Adriana  Rugeles Rodríguez, Patricia  Rodríguez  Restrepo y Eduardo  Villegas,   lo   mismo   que   los   formularios   de  autoliquidación  de  aportes  a  la  E.P.S.       CRUZ       BLANCA.    

          En  su  criterio,  al considerar el ad quem  que  los  poderes  “no eran  procedentes,  ni  conducentes, ni clasificaban en su juicio de sana crítica”,  desatendió  con ello que el poderdante no tenía para  el  momento  de  otorgarlos  conocimiento  de  cada  uno de los procesos, ni los  términos  concretos para los cuales fueron aceptados por el apoderado. Por eso,  estima  que  el  sentenciador al “desconocer el valor  probatorio”   de  esos  documentos,  implícitamente  desecha  “las funciones, los deberes, obligaciones y  deja de un lado la ética profesional de los abogados…”.   

          De  la misma manera, es de la opinión que la omisión de las piezas  procesales  pertenecientes  a  los procesos civiles antes mencionados condujo al  fallador  a concluir que la conducta del acusado estaba dirigida a entorpecer el  proceso  ejecutivo  hipotecario,  “pero  esto  no se  encuentra  demostrado  en  el  plenario,  por  el  contrario,  las  pruebas  que  desconoce  la  segunda  instancia demuestran que los tres procesos terminaron en  cualquiera  de  las formas que da la ley para terminarlos; en ningún momento se  probó  que  alguna  de  las  partes involucradas en esta investigación hubiera  planteado la prejudicialidad civil o penal…”.   

          Para  el  libelista,  los  testigos  cuyas  declaraciones ignoró el  juzgador  en  ningún  momento  fueron  tachados  de falsos, demostrando así la  conducta  del  procesado  RUGELES  PINZÓN  en  cuanto  contrató  al  doctor  GÓMEZ  BOTERO  por  ser  el abogado de la familia, gozando de  confianza, experiencia y conocimiento.   

          A  su  turno,  afirma,  los formularios de autoliquidación omitidos  por  el  Tribunal  tampoco  se tacharon de falsos, de manera que esos documentos  son   demostrativos   de  la  relación  laboral  existente  entre  la  sociedad  ICOMONT  S.A.  y ORLANDO     MORENO     y    MIGUEL  ÁNGEL  RUGELES,  de manera que no  había  lugar  a  afirmar  la configuración del delito de falsedad en documento  privado,  máxime  cuando  no  obra  en  la  actuación prueba que desvirtúe la  autenticidad  de  los  documentos  considerados  apócrifos  en el fallo. A este  respecto,  sostiene  que  ni la Fiscalía ni el juzgado indagaron a JESÚS   ÁNGEL   RUGELES  acerca  de  ese  punible.   

          En    el   segundo   cargo   denuncia  también  la  presencia de un error de hecho, esta vez por  “error  de apreciación”,  en  cuanto  el ad quem, según  señala,   se  desligó  totalmente  del  aspecto  objetivo  de  “la    norma    sustancial    como    procedimental”   para   asumir,   con   desconocimiento   de  la  prueba,  posiciones  eminentemente  subjetivas.  Al desarrollar el reproche transcribe varios apartes  del  fallo  de  segunda  instancia,  tras  lo cual insiste en que el fallador se  desconecta   de   la   realidad  jurídica  y  procesal  cuando  afirma  que  el  a  quo  analizó las pruebas  conforme a las reglas de la sana crítica, lo cual no es cierto.   

          En  el  mismo  orden  de  ideas,  considera falsa la afirmación del  ad quem acorde con la cual el  proceso  civil de restitución y el ejecutivo adelantado para cobrar cánones de  arrendamiento  no  estuvieron  estrictamente  apegados a la ley. En su criterio,  contrariamente,  en  este  asunto está demostrado que el procesado RUGELES     PINZÓN     “se  limitó  a  ejercer  el derecho que le corresponde por ley, y si  los  jueces que conocieron estos casos, no se pronunciaron en forma contraria…  era  porque todos los trámites de procedimiento estaban ajustados a derecho,…  pero  la  segunda  instancia  quimeramente  crea una prelación de créditos que  nunca  se  dieron (sic) en los  procesos”.   

          En  fin,  estima  que cuando el Tribunal afirma que el procesado con  ayuda   del   abogado   ISMAEL   GÓMEZ  actuó  con la finalidad de dilatar, enredar y entorpecer el proceso  hipotecario   de   LA   FRONTERA   S.A.  contra  INCOMONT,  deja de lado la sana crítica y la experiencia como juzgadores.   

          De  la  anterior forma, solicitó casar la sentencia impugnada para,  en su lugar, dictar la de reemplazo que en derecho corresponda.   

          2.  DEMANDA  PRESENTADA A NOMBRE DE MIGUEL ÁNGEL RUGELES RODRÍGUEZ  y    ORLANDO    MORALES  MORENO:   

          Plantea  un  único  cargo,  denunciando la violación directa de la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación,  aunque  también  por aplicación  indebida.  Para sustentarlo empieza afirmando que el ad  quem  omitió apreciar los testimonios de Adriana    Rugeles    Rodríguez,   Patricia   Rodríguez   Restrepo  y        Eduardo  Villegas,  tras lo cual sostiene que los juzgadores se  dejaron  impactar  por  la denuncia cuando habla de prelación de créditos, sin  advertir  que  en  realidad  lo  pretendido  por  los procesados a través de su  apoderado era obtener los remanentes.   

          En  ese orden, pone de presente que MORALES  MORENO  era  una  persona  con  poco estudio, mientras  RUGELES   RODRÍGUEZ   un  profesional  principiante,  de manera que prácticamente estaban a disposición,  orientación  y  asesoría  del  doctor  GÓMEZ BOTERO,  quien     era   el   abogado   de   confianza   de   la   firma   JARAMILLO  FERRO  e  HIJOS y posteriormente  de  ICOMONT  S.A., motivo por  el  cual  aquellos  obraron bajo la plena convicción de estar actuando de buena  fe.   

          Por  lo  anterior,  considera  que el Tribunal erró cuando dejó de  reconocer  la  eximente  de  responsabilidad  prevista  en  el  numeral  10  del  artículo  32 del Código Penal, desconociendo de paso el principio de legalidad  previsto  en  el  artículo 6º ibídem, máxime cuando se limitó a transcribir  grandes  párrafos  del  fallo  de  primera  instancia  sin ningún argumento de  fondo.   

          Censurando  a  los  sentenciadores  porque  dejaron de considerar la  relación  cliente-abogado, que en este caso brindó confianza y seguridad a los  procesados,  en cuanto el profesional con toda su experiencia les garantizó que  la  actuación  de  éstos  no  generaba  problema  alguno,  solicitó  casar la  sentencia y, en su reemplazo, proferir la absolución de rigor.   

          3. DEMANDA INSTAURADA A NOMBRE DE ISMAEL GÓMEZ BOTERO:   

          El  impugnante formula cuatro cargos con fundamento en la Ley 600 de  2000,  el  primero  por  violación directa de la ley sustancial y los restantes  por violación indirecta.   

          Al  enunciar  el  primer cargo   sostiene   que   el   Tribunal   incurrió   en   “error  de hecho, en la apreciación de las pocas pruebas arrimadas a  la    foliatura,    por   la   falta   de   aplicar   otras   pedidas   por   la  defensa”,  lo  cual  lo  llevó  a  inaplicar normas  sustanciales,  citando  como  tales  los artículos 5º, 7º, 232, 234 y 238 del  Código de Procedimiento Penal de 2000.   

          Al  desarrollar  el  reproche  cuestiona  al fallador por afirmar la  existencia  de  los  tres  fraudes  procesales con base en hechos inexistentes y  consideraciones  falsas.  Así,  en  relación con los dos primeros ilícitos de  esa    naturaleza    imputados   al   acusado,   califica   de   “falacia”  la  aseveración  del juzgador  según  la cual los procesos civiles se iniciaron con base en una mora que nunca  existió.  Al  respecto,  estima que si el juez respectivo declaró terminado el  contrato  de  arrendamiento  del inmueble, es porque la mora sí existió; de lo  contrario,  añade,  “no se habría podido transar el  proceso  con  el apoderado de la demandada La Frontera S.A., es más, se habría  condenado  en  costas  al  Mayor Rugeles, demandante en este proceso.   

En  su  criterio, en este caso se vulneraron  los  principios  de  legalidad,  igualdad  e  imparcialidad,  porque  aparte  de  tergiversarse las pruebas, nada se hizo para llegar a la verdad.   

El  actor,  para  apoyar  su  argumentación  relacionada  con  la no configuración de los dos primeros fraudes procesales en  mención,  transcribe  gran  parte de los fundamentos expuestos en el salvamento  de  voto suscrito por uno de los Magistrados integrantes de la Sala de Decisión  que   profirió  la  sentencia  objeto  de  impugnación,  de  cuyos  argumentos  destacó,  entre  otras  razones,  cómo  el  Juez  11  Civil  del  Circuito  se  pronunció  en  el  auto dictado el 26 de septiembre de 2005 en el sentido de no  aparecer  constancia en el expediente acerca de si se comunicó por otro medio a  TRANSPORTES   ESPECIALES   ARG   S.A.   para  que  consignara  los cánones de arrendamiento a nombre de ese  despacho.   

Resaltó  también  cómo  el  funcionario  disidente    consideró    como    “un    completo  desaguisado”  la  afirmación del juzgador según la  cual  el  proceso  ejecutivo  singular  tenía  como  propósito  perjudicar los  intereses  de  la  sociedad  demandante  en el ejecutivo hipotecario, hecho este  “nada más alejado de la realidad, pues el ejecutivo  singular no tenía incidencia alguna en el hipotecario”.   

Respecto del tercer fraude procesal, para el  libelista  la  afirmación  del  Tribunal acorde con la cual el vínculo laboral  con  cuyo  sustento  se  realizó  la  conciliación  en la Oficina Regional del  Trabajo  es  inexistente,  aparece  infirmada  con  la presencia de ORLANDO  MORALES en la empresa ICOMONT  cuando  el citador del Juzgado 11  Civil  del  Circuito  se  desplazó  a  ese lugar y también con las respectivas  afiliaciones  al  Seguro  Social  y  a  la  E.P.S. CRUZ  BLANCA.    

En  relación con lo anterior, considera que  los  sentenciadores  realizaron  una  operación  matemática  desfasada  cuando  concluyeron  que el sueldo conciliado no correspondía a las labores realizadas,  pues  no  tuvieron  en  cuenta  que  la  deuda por ese concepto representaba las  prestaciones  sociales  causadas  a  favor  de los procesados desde 1995 y 1997,  incluyendo horas extras y recargos diurnos y nocturnos.   

En el segundo cargo  denuncia  la  presencia de un error de hecho por falso  juicio  de  existencia.  Para  sustentar  el reproche empieza refiriéndose a la  imputación  relacionada  con la utilización de conciliaciones fraudulentas con  la  finalidad  de  promover  un  proceso ejecutivo. Al respecto argumenta que el  Tribunal   omitió   apreciar   los   testimonios   rendidos   por  Eduardo  Villegas  Arango,  Adriana  Rugeles Rodríguez y  Patricia Rodríguez Restrepo,   así   como   las  constancias  de  afiliación  a  PORVENIR  y  CRUZ  BLANCA    de    ORLANDO  MORALES, pruebas demostrativas de la relación laboral  tanto    de    éste    como    de    MIGUEL   ÁNGEL  RUGELES,    primero  con  la  empresa JARAMILLO FERRO E  HIJOS   CIA.   LTDA.   y   luego   con   ICOMONT S.A.   

A  manera de soporte a su criterio, el actor  reproduce  apartes  del salvamento de voto aludido en precedencia, resaltando de  esa  forma  cómo  el Magistrado disidente arribó a la conclusión acerca de la  ausencia  de elementos testimoniales y documentales que desvirtúen los derechos  laborales  reclamados  en  el  citado  proceso ejecutivo, así como de medios de  prueba  que  permitan  aseverar  la utilización de esa actuación procesal para  entorpecer  la  buena  marcha  del  ejecutivo  hipotecario, máxime cuando en el  ejecutivo  laboral  no  se  solicitó  ni decretó el embargo del bien inmueble.   

Aborda luego lo relativo a los otros procesos  civiles    promovidos   por   el   procesado   ISMAEL  GÓMEZ.  Sobre  el  particular  aduce  que el fallador  omitió   pruebas   demostrativas  de  la  legalidad  de  los  actos  procesales  ejecutados  ante  los  Juzgados  2º  Civil  del  Circuito  de  Cali y 2º Civil  Municipal  de  Yumbo, mencionando los comprobantes de egresos contentivos de los  pagos   en   cheques   efectuados   a  JESÚS  RUGELES  por  concepto  de  cánones  de  arrendamiento  y  la  comunicación   del   9   de   abril   de   2002   en   la   cual   TRANSPORTES  ESPECIALES  ARG  comunica  al  antes  mencionado  el  hecho  de  no haber recibido mandato judicial alguno para  pagar  el arriendo a persona diferente a él, así como la información del Juez  11  Civil  del Circuito de Cali acerca de no figurar en el expediente constancia  en  el  sentido  de habérsele comunicado por otro medio a la mencionada empresa  de   Transportes   que   debía   consignar   los   cánones  a  nombre  de  ese  despacho.   

Esas  pruebas,  en  concordancia  con  las  explicaciones  ofrecidas por el procesado ISMAEL GÓMEZ  en  la audiencia pública, en criterio del demandante,  acreditan  que  el  contrato  de  arrendamiento  era  auténtico  y  que la mora  existió.  Para  sustentar su aserto transcribe nuevamente, de forma amplia, los  fundamentos   del   salvamento   de  voto  expuestos  al  respecto,  adicionando  argumentos  similares a los expuestos cuando sustentó el primer cargo, luego de  lo  cual  se  ocupa una vez más del tema relativo al proceso ejecutivo laboral,  cuestionando  a los falladores por derivar de su iniciación la existencia de un  delito  de  fraude  procesal,  en  cuyo  apoyo  de  nuevo  reproduce las razones  expuestas al respecto por el Magistrado disidente.   

En  el tercer cargo  predica  la  existencia de un error de hecho por falso  juicio   de   identidad,   argumentando   que   el   Tribunal  para  afirmar  la  responsabilidad   del   procesado  pervirtió  las  pruebas  incorporadas  a  la  foliatura,  tergiversando  y  mutilando  su  contenido y, en fin, acomodándolas  para confirmar la decisión de primera instancia.   

La   censura  la  sustenta  con  similares  argumentos  a  los expuestos en el segundo cargo, de modo que insiste en afirmar  la  real  ocurrencia de los hechos con fundamento en los cuales se iniciaron los  procesos  civiles  objeto  de la imputación penal, esto es, que sí existió la  mora  en  el  pago  de  los cánones de arrendamiento, como también el vínculo  laboral  de  MORALES MORENO y  RUGELES  RODRÍGUEZ  con  la  empresa   ICOMONT,  apoyando  nuevamente  su criterio con amplias citas del salvamento de voto ya mencionado y  refiriendo  que  el  juzgador  omitió apreciar las pruebas demostrativas de tal  realidad procesal.    

Finalmente,    en    el    cuarto  cargo  acusa  al  sentenciador  de  incurrir  en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.  El reproche lo sustenta  también  con  análogos  planteamientos  a  los  esbozados para fundamentar los  cargos  precedentes,  pero  esta  vez  aduce  que el ad  quem,   para   confirmar   la  sentencia  de  primera  instancia,  valoró las pruebas con desconocimiento de los principios de la sana  crítica,  acudiendo  así  a  meras  suposiciones  que van en contravía de las  leyes  de la lógica y las reglas de la experiencia, así como de los principios  de  legalidad, igualdad, imparcialidad e investigación integral, aun cuando, en  relación  con el fraude procesal atinente al proceso ejecutivo laboral, termina  afirmando  que  el  fallador  ignoró  las pruebas demostrativas de la verdadera  existencia de las acreencias laborales.   

          De  esa  forma,  solicitó  casar  la  sentencia  y  dictar el fallo  sustitutivo de carácter absolutorio.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          Las  demandas  instauradas  por  los  defensores  de  los procesados  JESÚS  ÁNGEL  RUGELES PINZÓN, MIGUEL ÁNGEL RUGELES  RODRÍGUEZ,  ORLANDO MORALES  MORENO   e   ISMAEL  GÓMEZ  BOTERO   serán   inadmitidas,   por  las  siguientes  razones:   

         

Con  fundamento en lo previsto el inciso 1º  del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000, el recurso extraordinario de casación  procede   contra   las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  trata  de delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad  cuyo máximo exceda de ocho años.   

Ahora  bien,  el inciso tercero de la citada  disposición  faculta  a  la  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia para  admitir  de  manera  excepcional  las  demandas de casación interpuestas contra  sentencias   de   segunda   instancia   proferidas  por  autoridades  judiciales  diferentes  a las ya mencionadas o relativas a delitos que tengan señalada pena  de  prisión  inferior  a la prevista por el legislador para acceder a esta vía  de  impugnación  extraordinaria o para los no sancionados con pena privativa de  la   libertad,   cuando   ello   fuese   necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  nacional  o  para garantizar derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley.   

         

          En  relación  con  lo  anterior,  la  Sala  ha  sido  insistente en  señalar  que  cuando  se  trata  de  la casación discrecional al demandante le  corresponde     exponer     con     claridad     y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte, ya para proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  ora  para  unificar  posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina, bien para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de  qué  manera  la  decisión solicitada tiene la dual  utilidad  de  brindar  solución  al  asunto  y  servir  de guía a la actividad  judicial.  Por  su  parte,  si  la  pretensión  del  casacionista  se orienta a  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e  indicar  las normas constitucionales o legales que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido1.   

         En     el     caso     materia     de  estudio,   el   recurso  sólo  procedía  por  vía  discrecional     o    excepcional,    pues  los  delitos  por  los  cuales  se  dictó  la  sentencia tienen señaladas penas de prisión cuyo máximo no excede  de   ocho   (8)   años.   En  efecto,  el  ilícito  de  fraude  procesal está contemplado en el artículo  453  del Código Penal de 2000, norma que lo sanciona con prisión de cuatro (4)  a  ocho  (8)  años.  El punible de obtención de documento público falso, a su  turno,  se  encuentra  previsto  en el artículo 288 ibídem, el cual lo reprime  con  prisión de tres (3) a seis (6) años. Finalmente, el delito de falsedad en  documento  privado está previsto en el artículo 289 ejúsdem, cuya sanción va  de uno (1) a seis (6) años.   

Los   libelistas  olvidaron  la  exigencia  procesal  en  mención,  limitándose  a invocar el recurso por la vía común u  ordinaria,   creyendo  tener  pleno  acceso  a  esa  modalidad  del recurso  extraordinario  de  casación,  sin  advertir  que lo procedente era acudir a la  vía excepcional.   

          Por  esa  razón, optaron por denunciar la existencia de violaciones  directa  e  indirecta  de  la ley, sin justificar la procedencia del recurso por  alguno  de los dos factores que habilitan la casación excepcional. Es decir, se  abstuvieron  de  explicarle  a  la  Corte  si  pretenden  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  si  su  aspiración  es  obtener la protección de garantías  fundamentales.   

         Los           actores,   por   tanto,   no  hicieron ningún esfuerzo para persuadir a  la  Sala sobre la necesidad de admitir el libelo, circunscribiéndose a postular  errores de juicio, frente a  los    cuales    la    Corte    tiene    ampliamente   fijado   su   alcance   y  fundamento,  y  si  bien aluden al desconocimiento de  principios   tales   como   legalidad,   igualdad  e  imparcialidad, lo cierto es  que   los   vinculan   a   los   vicios  in       iudicando      planteados  en  la  demanda, sin    que   el   ataque   aluda  a  la  existencia  de defectos  graves  de  motivación, única  eventualidad  en  la  cual  resulta  dable afirmar la  vulneración  de  garantías fundamentales por la configuración de esa clase de  vicios,   como   reiteradamente   lo   ha  dicho  la  Sala2.   

            Al  respecto,  se  observa  que  los  demandantes  afirman  que  el  ad  quem  se  basó,  para  confirmar  el  fallo de primera instancia, en los  planteamientos  del  a quo,  pero   en   momento   alguno   asumen   la   tarea  argumental  de  edificar  un  ataque   orientado   a  acreditar  la  existencia  de  una motivación deficiente, anfibológica     o     sofística,    como  para  pensar  en  la necesidad de la casación por la posible  vulneración de garantías fundamentales.   

          Más  aún,  los  cargos  en  concreto  formulados en los libelos no  satisfacen  las  pautas  de fundamentación exigidas por la jurisprudencia de la  Sala.   

Es  así  como  en  el primer reproche de la  demanda  instaurada  a  nombre de JESÚS ÁNGEL RUGELES  PINZÓN,   el   actor  propone  un  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  pero  al desarrollarlo desliza el discurso hacia los  terrenos  del falso raciocinio al sugerir el desconocimiento del Tribunal de los  principios  de  la  sana  crítica  y, en fin, afirmar la desatención del valor  probatorio  de  las  pruebas, incurriendo el impugnante así en una postulación  contradictoria,  pues no resulta lógico sostener la falta de apreciación de la  prueba  y  simultáneamente  predicar  su  consideración con alejamiento de los  principios  de  la ponderación racional.            

          En  la  estructuración  de  dicha  censura  el  libelista  también  desconoce  el principio de autonomía que gobierna la casación, al entremezclar  en  sus fundamentos un argumento propio de la causal tercera, en cuanto sostiene  que  ni  la  Fiscalía ni el juzgado indagaron a JESÚS  ÁNGEL  RUGELES  acerca  del  delito  de  falsedad  en  documento  privado,  reproche que, en todo caso, apenas enuncia, sin explicar la  trascendencia del yerro.   

          En  el  segundo  cargo, por su parte, denuncia la concurrencia de un  “error  de  apreciación,  predicando  de  manera  genérica  la  vulneración de los principios de la sana  crítica,  sin indicar cuáles desconoció el fallador y cuáles, en su defecto,  eran  los  aplicables  al caso, exigencia de fundamentación a cumplir cuando se  acude  a  la vía del falso raciocinio, error al parecer planteado por el actor.   

          En    la    demanda    presentada    a    nombre   de   MIGUEL   ÁNGEL   RUGELES   RODRÍGUEZ   y  ORLANDO  MORALES  MORENO, el  casacionista  a  pesar  de  denunciar  la  violación  directa  de  la ley, cuya  postulación   le  imponía  respetar  los  fundamento  fácticos  del  fallo  y  sujetarse  a  la  apreciación probatoria efectuada por el juzgador, se dedica a  cuestionar  esos aspectos, planteando incluso la falta de apreciación por parte  del Tribunal de algunos medios de prueba.   

          En  similar  desacierto  se  incurre  en  el primer cargo del libelo  instaurado     a    nombre    de    ISMAEL    GÓMEZ  BOTERO,  pues allí, igualmente, el impugnante postula  la  violación  directa  de la ley, pese a lo cual no sólo afirma la existencia  de  un “error de hecho” en  la  apreciación  de  las  pruebas  sino  que de manera sistemática rechaza los  hechos  con  apoyo  en  los  cuales  el  sentenciador  fundamentó su decisión.   

          En   los   otros   tres   cargos,   el   defensor   de  GÓMEZ  BOTERO plantea, respectivamente, la  presencia  de falsos juicios de existencia e identidad y de un falso raciocinio,  los  cuales  sustenta  con  análogos fundamentos, sin expresar la incidencia de  los  yerros  en  la  decisión,  ni  en  el  caso del falso juicio de identidad,  mencionar  los  apartes  distorsionados  por  el  fallador,  ni,  de otra parte,  señalar  los  principios  de  la  sana  crítica  supuestamente vulnerados para  afirmar la presencia del falso raciocinio.   

          Con   tal  forma  argumental  no  hace  sino  incurrir  también  en  postulaciones  contradictorias  porque al afirmar la falta de apreciación de la  prueba  (falso  juicio de existencia), no puede al mismo tiempo sostener que sí  se  valoró,  aun cuando mediante su distorsión (falso juicio de identidad), ni  aseverar  que  su  ponderación  se hizo a espaldas de los principios de la sana  crítica (falso raciocinio).   

          Los  defectos  advertidos  en  las  demandas conducen, en suma, a su  inadmisión y en ese sentido se pronunciará la Sala.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la Corte no avizora la vulneración de  garantías  fundamentales,  que le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar  su  intangibilidad. Ello no obsta para poner de presente la flagrante  omisión  del  a quo en cuanto  en  la  parte motiva del fallo anunció la formulación de juicio de reproche en  contra     del     procesado     ORLANDO    MORALES  MORENO también por el delito de falsedad en documento  privado,  conforme  los  términos  de  la acusación, no obstante lo cual ni le  dedujo  sanción  por ese punible ni concretó el anuncio en la parte resolutiva  de la decisión.   

          Como  es  evidente  que  la  voluntad del juez se encaminó a emitir  también  condena contra el prenombrado por dicho delito, la Corte hará uso del  mecanismo  establecido  en  el  artículo  15  de  la Ley 600 de 2000, norma que  impone  al  juzgador  la  corrección de los actos irregulares, para precisar la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  de  primera  instancia, concretando que la  condena   impuesta   a   MORALES  MORENO  comprende  los  delitos  de fraude procesal, obtención de documento  público  falso  y  falsedad  en  documento  privado,  decisión  que,  además,  encuentra  apoyo en lo dispuesto en el artículo 412 ibídem, el cual faculta al  funcionario   judicial   reformar   el  fallo  cuando  se  incurra  en  omisión  sustancial  en la parte resolutiva.   

Lo  anterior,  finalmente, está en armonía  con  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  pues  al respecto tiene expresado que la  “significación   de   lo   decidido  se  encuentra  profusamente  desarrollada  en  la parte considerativa, motivo por el cual, ante  falencias  de entendimiento, claridad o yerros en la parte resolutiva, se impone  acudir  a  las  motivaciones  y  consideraciones  expuestas para desentrañar el  alcance      de      un     tal     proveído”3.   

          La  Corte,  empero,  no  hará  modificación  alguna  a la pena, en  acatamiento  al  principio  de  la  no  reformatio  in  pejus,  el  cual  prevalece  sobre  el  de  legalidad,  conforme lo tiene dicho la Sala por mayoría.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación   interpuesta   por   los   defensores   de   JESÚS    ÁNGEL    RUGELES    PINZÓN,    MIGUEL   ÁNGEL   RUGELES  RODRÍGUEZ,  ORLANDO MORALES  MORENO   e   ISMAEL  GÓMEZ  BOTERO.   

2.   PRECISAR  la  parte  resolutiva del fallo de primera instancia,  en    el    sentido    de    que   la   CONDENA           impuesta       a       ORLANDO   MORALES  MORENO  comprende  los  delitos  de  fraude  procesal, obtención de documento público falso y falsedad  en documento privado.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

                                                                                                                      Salvamento parcial de voto   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS                

                                                                                                  Salvamento parcial de voto   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

                                                                           Salvamento parcial de voto   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                          JAVIER     ZAPATA  ORTÍZ   

       Salvamento  parcial de voto   

      TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria   

    

1 Cfr.  Entre   otros,   auto  del  18  de  abril  de  2007,  radicación  26916,  entre  otros.   

2 Cfr.  Sentencia del  9 de febrero de 2006, radicación 26493.   

3  Sentencia del 3 de abril de 2008, radicación 23682.     

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