31704(01-06-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31704  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 158.  

          Bogotá    D.C.,    junio   primero   (1°)   de   dos   mil   nueve  (2009).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala sobre la admisibilidad de la demanda presentada por  el    defensor    del   procesado   ORLANDO   MONTOYA  SARMIENTO,  con  el  objeto de sustentar el recurso de  casación  interpuesto  contra la sentencia del Tribunal Superior de Bogotá, de  fecha   28   de   julio   de   2008,  por  cuyo  medio  confirmó,  con  algunas  modificaciones,  la  dictada por el Juzgado Sexto Penal del Circuito de la misma  ciudad  del  21 de agosto de 2007, que lo condenó como autor responsable de los  delitos  de  estafa  en  grado  de  tentativa  y  falsedad material en documento  público agravada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los  primeros, fueron declarados por los falladores de instancia, de  la siguiente forma:   

          “Los  denuncia  el  analista jurídico de INCOCREDITO, sistemas de  seguridad  tarjetas  débito  y crédito, el tres de octubre de 2003, cuando por  llamada  de  alerta del señor Luis Medina, supervisor de seguridad del almacén  HOMECENTER  de  la  calle 80, le comunican que en el almacén había una persona  realizando  una  transacción  por  valor  de $ 60.000 y que para el pago había  presentado  la  tarjeta  de crédito 4539220121183020 del banco de Crédito y la  cédula  de  ciudadanía  No.  80.411.309  documentos a nombre de Óscar Andrés  Gómez  Colmenares,  los cuales a la cajera le parecieron sospechosos.  Que  al  verificar  con  INCOCREDITO  establecieron  que  la  tarjeta de crédito era  original  y  la  cédula  falsa,  toda vez que contactando al propietario de las  mismas,  éste  les informó que se le había desaparecido la primera (tarjeta),  pero  que  la  segunda  la  tenía en su poder (cédula), motivos por los cuales  procedieron  a  retener  a  quien había presentado los mencionados documentos y  fuera   señalado   por  la  señorita  cajera  que  lo  atendió”.             

          Se   desprendió   de   los  hechos  anteriores  la  correspondiente  instrucción  penal,  en  cuyo  marco  fue  vinculada,  mediante  diligencia  de  indagatoria,  la  persona capturada, quien se pudo establecer responde al nombre  de  ORLANDO MONTOYA SARMIENTO,  dictándose  en  su  contra  medida de aseguramiento de detención de preventiva  como    presunto    responsable    del    delito   de   estafa   en   grado   de  tentativa.   

          Clausurada  la  investigación,  se  calificó  su  mérito el 26 de  julio  de  2004  con  resolución  de  acusación  en  contra del sindicado como  presunto  autor  responsable  “del  delito de estafa  tentada  en  concurso  con  el delito de falsedad material en documento público  agravado por el uso”   

          Ejecutoriado    el    calificatorio,   la   etapa   de   juzgamiento  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Séptimo Penal del Circuito de Bogotá,  despacho  judicial  en  donde,  una vez surtido el trámite legal pertinente, se  dictó  sentencia  el 21 de agosto de 2007, por cuyo medio condenó al procesado  como  autor  penalmente responsable de los delitos por los cuales se lo acusó a  las  penas  principales  de cincuenta y dos (52) meses de prisión y multa de 25  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  así  como  a la accesoria de  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo lapso de privativa  de  la libertad.   En la misma determinación, se abstuvo a condenarlo  al  pago  de  perjuicios  al  tiempo que le negó el subrogado de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  sustitutiva de la prisión  domiciliaria.    

          Impugnada  la  anterior  decisión  por la defensa del procesado, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, mediante providencia de fecha julio 28 de 2008,  la  confirmó  con la modificación “en el sentido de  declarar  que  al   procesado  ORLANDO MONTOYA SARMIENTO… se le condena a  CUARENTA  (40) MESES DE PRISÓN Y UNA (1) SEMANA DE TRABAJO SOCIAL NO REMUNERADO  conforme   al   artículo   9°   de   la   ley   1153   de  2007”.   

Contra  esta  decisión,  el  defensor  del  procesado  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  el cual sustentó  mediante  la  demanda  que  se  somete  a  consideración  para su admisibilidad  formal.   

  LA  DEMANDA   

          Dos  cargos formula el defensor técnico del procesado en la demanda  contra  el fallo de segundo grado.  El primero, con fundamento en la causal  primera  prevista  en  el artículo 207 de la Ley 600 de 2000 y, el segundo, por  nulidad.   

          Para no incurrir en repeticiones inanes,  la  Sala  abordará  el estudio de las censuras en el acápite considerativo, de  acuerdo   con   la  siguiente  metodología:  en  primer  lugar,  plasmará  una  aclaración  previa  en  punto del orden en que se acometerá su estudio; luego,  sintetizará  el  planteamiento  propuesto  y, finalmente, expondrá su criterio  acerca de su admisibilidad.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

    

1. Aclaración previa:     

         

La Sala no abordará el análisis de los dos  cargos  en el orden propuesto por el libelista, en tanto no respeta el principio  de prioridad que regenta esta materia.   

         

De  conformidad  con  dicho postulado, se ha  dicho  en forma reiterada por la Corte, las censuras deben proponerse de acuerdo  con  su  cobertura  y  alcance procesal.  Significa lo anterior que, según  los  efectos previstos en el artículo 217 de la Ley 600 de 2000, si la eventual  prosperidad  del  cargo  entraña  la  nulidad de la actuación procesal o de la  sentencia,  dicha pretensión ha de ser formulada prevalentemente respecto de la  que contrae el proferimiento de un fallo de reemplazo.   

En otras palabras, el efecto de la nulidad de  la  actuación  procesal  o  de  la  sentencia  -pretensiones demandables por la  causal  tercera  de  casación  de  la Ley 600 de 2000- debe proponerse en forma  prioritaria  sobre  la  que  tiene  asidero  en  la  causal primera ídem  -que  no  entraña  ningún  efecto  invalidante-;   de  contera,  su  estudio  se impone preferente, pues en el  evento   de   verificarse   haría   innecesario   el   estudio  de  los  demás  reparos.   

En el mismo orden de ideas, si son varios los  cargos  formulados al interior de la causal tercera, es preciso que se propongan  de acuerdo con su nociva incidencia procesal.    

         

         

Lo anterior conduce a la Sala a apartarse del  orden  en  que el actor presenta los cargos formulados contra la sentencia, para  en  su  lugar  ocuparse en primer lugar del que enderezó por la causal tercera,  so  pretexto de vulneración de la garantía del derecho defensa y luego sí del  propuesto      como     primero     por     la     vía     de     la     causal  primera.             

          2.  Cargo  segundo  de  la demanda.  Nulidad por violación del  derecho de defensa:   

          2.1. Planteamiento:   

         

          El  demandante  comienza  por  recordar  que según criterio de esta  Sala    las    nulidades   se   entienden   establecidas   en   favor   de   los  enjuiciados.        

          Acto  seguido,  advierte  que  su  representado no pudo ejercitar su  derecho  de  defensa “con el ítem que se le designó  para  la  vista  pública  un  defensor de oficio.  En la vista el suscrito  defensor  ya  no  tenía  esa  amplitud  de  ejercer  una  mejor defensa para su  defendido,    por    ello   estoy   presentado   esta   demanda   de   casación  penal”.   

          Agrega   que  solicita  la  nulidad  porque  ella  es  de  carácter  constitucional   “y   debe   prosperar,  porque  el  procedimiento  que tomó la 2a. instancia violentó los derechos y prerrogativas  especiales     consagradas     en    el    procedimiento    penal”.   

          2.2. Consideraciones de la Sala:   

Se ha señalado de manera enfática, por vía  jurisprudencial,  que  la propuesta de nulidad fundamentada en la causal tercera  de  casación,  contemplada  en  el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, goza de  cierta  flexibilidad  en  su  formulación,  lo cual no quiere decir que no deba  cumplir   algunos   mínimos   requisitos   para   entenderla   por   satisfecha  formalmente.   

         

En  ese  orden  de  cosas, es preciso que el  casacionista   identifique   claramente   el   motivo  sobre  el  cual  gira  la  irregularidad  advertida,  la  causal de nulidad procedente como consecuencia de  ese  defecto, las normas que apoyan su pretensión, su trascendencia -bien en el  marco  de  la  estructura del proceso o en el de las garantías fundamentales de  quien  la  invoca-  y el momento procesal a partir del cual se debe invalidar la  actuación,  así como la autoridad judicial a quien corresponda el envío de la  actuación para que proceda a su enmienda.   

          Por  lo  mismo,  se  ha  establecido  que  dicha  pretensión  está  necesariamente  vinculada  con  los  principios  que orientan su declaratoria, a  saber:  taxatividad, instrumentalidad de las formas, trascendencia, protección,  convalidación  y  residualidad,  previstos en el artículo 310 de la Ley 600 de  2000.   

Entonces,  sólo  si  la  censura reúne los  anteriores  condicionamientos, se podrá concluir que se ajusta a los requisitos  previstos  en  el  artículo 212 del mismo ordenamiento procedimental, para así  admitirla  a  voces  de  lo dispuesto en el siguiente artículo de ese estatuto.   

Lo  anterior,  se  insiste, amén de que los  cargos  de  la  demanda  de  casación  se  expongan  de manera lógica y con un  mínimo  de  argumentación adecuada, como surge de la exigencia contenida en el  numeral  tercero de la citada preceptiva al señalar que la demanda de casación  deberá  contener  “la enunciación de la causal y la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las    normas    que    el    demandante    estime    infringidas”.   

          Pues   bien,   una   interpretación   integral  de  los  anteriores  presupuestos  permite  constatar  falencias de la censura objeto de análisis en  cuanto  a  su  fundamentación, por mostrarse meramente enunciativa y carente de  una mínima argumentación.   

          Para  tener por adecuadamente fundamentada una propuesta de nulidad,  en  vista  precisamente  de  las  consecuencias  nocivas  que  comporta ante los  efectos  invalidantes  que de ella se desprenden frente a la actuación procesal  o  respecto de la sentencia, no basta con simplemente esbozar un supuesto motivo  sino  que  deben  expresarse  las  razones  que  soportan  esa pretensión y que  justifican su declaratoria.     

          En  este caso, el actor refiere que cuando asumió las riendas de la  gestión  en la audiencia pública ya no era posible ejercer un adecuado derecho  de  defensa,  mas nunca explica cuál la razón de esa aseveración, o si lo que  pretende  es  demostrar  que  con  antelación  a  ese  instante se vulneró ese  derecho  porque  el  procesado no tuvo defensor o fue negligente en el ejercicio  de  su  labor, en cuyo caso estaba compelido a precisar qué fue lo que dejó de  hacer  su  antecesor,  al  margen,  eso  sí,  de  discutir simplemente sobre la  estrategia empleada.   

          En  fin,  nada  se  dice en la censura para sustentar la afirmación  genérica  de  la  cual  se  deriva la pretensión invalidatoria, a tal grado de  despreocupación  que  ni  siquiera  se  indican  los  efectos  concretos  de la  pretextada        nulidad        –momento  a  partir  del  cual  debe invalidarse la actuación- ni se  establece  el  funcionario  a quien correspondería rehacerla.      

          Estos     defectos    evidentes    de    argumentación,    conducen  inevitablemente a inadmitir la censura, como así se declarará.   

          3.  Cargo  primero  de  la demanda. Violación de la ley sustancial,  por error de hecho:   

          3.1. Planteamiento:   

          Señala  el actor que si bien a su defendido se le endilgó desde un  comienzo  la falsedad material en documento público agravada, en realidad no se  pudo  establecer  su  autoría,  lo  cual  “se puede  denominar un error de derecho”.   

          Añade  que “no se tuvo en cuenta por las  dos  instancias  los  pedimentos  de la defensa, en el sentido de condenar   únicamente  a  MONTOYA SARMIENTO, por la falsedad de uso, art. 291 del C.P. que  fue el único delito que se cometió”.   

          Colige  así  que  el  error de derecho aparece claro por no haberse  aceptado  como único delito cometido por su defendido la falsedad de uso.   Así,  “el señor juez de 2ª. instancia erró en la  confirmación  de  la  sentencia,  no  debatió  los  argumentos  del recurso de  apelación.   La  violación  de  las  normas  por  parte de la 1ª. y 2ª.  instancia   es   sustancial   y   proviene   de   un   error   de   hecho  y  de  derecho”.   

          A   continuación,   en   un   aparte   que   denomina  “error  de hecho” anota que el Tribunal  confirmó  el fallo de primer grado sin analizar la diligencia de indagatoria de  MONTOYA              SARMIENTO.   

          3.2. Consideraciones de la Sala:   

La revisión del segundo reparo contenido en  la  demanda  presentada  por el defensor del procesado permite colegir, al igual  que  el  anterior, que no cumple con los presupuestos de presentación lógica y  debida argumentación que se exigen para su admisión.   

En  efecto, para comenzar, precísese que se  entremezclan  supuestos inherentes a causales de casación diversas, con lo cual  se  transgreden  los  denominados  principios  de  autonomía, según el cual se  impone   la   formulación  independiente  de  cargos  sustentados  en  causales  distintas  y  de  no  contradicción,  en  tanto no es viable acudir para ello a  predicados  excluyentes  y  contradictorios,  con  el  fin  primordial de que la  censura  se  torne inteligible y se ajuste al requisito formal aludido que exige  la presentación de los cargos en forma clara y precisa.   

Es  evidente que en forma simultánea dentro  de  este  reparo  el  demandante  afirma  que  se  incurrió en errores de en la  apreciación  de  las  pruebas  y, a la vez, que se desatendieron reclamos de la  defensa  referidos  a  la  exclusión de una de las conductas por las cuales fue  condenado el procesado.   

Esas dos situaciones comportan planteamientos  de  diversa  naturaleza,  cuya  discusión  en  sede  extraordinaria  obedece  a  causales  distintas que, en últimas, son excluyentes.  Por un lado, omitir  pronunciarse  en  torno  a  un  planteamiento  defensivo  eventualmente  podría  configurar   un   error   in  procedendo  de  garantía,  por  violación  al  debido  proceso y al derecho de  defensa,  el  cual  necesariamente debe tratarse dentro de la causal tercera del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000  y  no  de  la  primera que invoca el  actor.   

Por  otro,  los  defectos del juzgador en la  labor   apreciativa   de   las  pruebas  configura  típico  error  in   iudicando,   atacable   en  sede  de  casación  por  la  causal  primera  de casación, por la senda de la violación  indirecta de la ley sustancial.   

No  obstante  la  diversidad  de  las  dos  materias,  el  censor  no  tuvo  inconveniente  en  plantearlas dentro del mismo  aparte,  sin  considerar  que  no  sólo  responden  a errores consustanciales a  diversas   causales   de   casación,  sino  que  son  incompatibles,  pues es presupuesto de las incorrecciones que se postulan por la  causal  primera que la actuación procesal y la sentencia no estén afectadas de  invalidez,  lo  cual  se opone a la naturaleza misma de la causal tercera.   Es  decir  que,  como ya se indicó, con una propuesta de ese estilo se conculca  el  principio  lógico de no contradicción porque implícitamente se reniega de  la  validez  de la actuación o de la sentencia (causal tercera), pero al tiempo  se  avala, por concretar también el error en el juicio que dispensa el fallador  sobre            las            normas            sustanciales           (causal  primera).               

          Ahora  bien,  este  no  es  el único defecto del reproche objeto de  estudio  que  conduce  a  su inadmisión, aun cuando, dicho sea de paso, por sí  solo  es  suficiente  en  tal  sentido,  pues  la confusión se extiende a otros  aspectos,  como  la  esencia  de  los  errores  de  hecho  y  de  derecho  en la  apreciación  probatoria  que  dan lugar a la casación del fallo bajo la égida  de   la  causal  conocida  como  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial.   

En efecto, la causal de violación indirecta  de  la  ley  sustancial  se  presenta  por la incorrecta apreciación probatoria  derivada  de  los  denominados  errores  de  hecho y de derecho. Los primeros se  originan  en  falsos juicios de existencia, falsos juicios de identidad y falsos  raciocinios;   los segundos, por su parte, en falsos juicios de legalidad y  de  convicción.  Sobre  su esencia y forma de ataque es preciso tener en cuenta  lo siguiente:   

–  El  falso  juicio  de  existencia  tiene  ocurrencia  cuando un medio de prueba es excluido de la valoración que efectúa  el  juzgador  no obstante haber sido allegado al proceso en forma legal, regular  y  oportuna  (ignorancia  u omisión) o porque el juzgador lo crea a pesar de no  existir  materialmente  en el proceso (suposición o ideación), otorgándole un  efecto trascendente en la sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente  está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  que se controvierte y en favor del interés que se representa -lo  cual  comporta la necesidad de demostrar que el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

–  El  falso juicio de identidad se verifica  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de la prueba  para  hacerla  decir  lo  que  ella  no  expresa  materialmente.  También se ha  expuesto  que  en  esa modalidad de desacierto en la apreciación de las pruebas  igualmente  incurre el juzgador cuando toma una parte de la prueba como si fuera  el  todo,  en tanto ello constituye una forma de distorsión pues, en su proceso  de  valoración se le suprimen apartes trascendentes, omitiendo de esa manera su  apreciación integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde esa perspectiva, resulta necesario para  quien  propone  esta  clase  de  error, ante todo, individualizar o concretar la  prueba  sobre  la  cual  recae  el  supuesto  yerro; luego, evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su sentido.  Acto seguido, se debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  debe  mutarse  a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

–  La última de las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  el  cual se configura cuando el sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le   corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

–  El  error  de derecho por falso juicio de  legalidad  tiene  ocurrencia por doble vía.  La primera, también conocida  como  aspecto  positivo,  se verifica cuando a un medio de prueba se le confiere  validez  jurídica  tras  suponer  que  satisface  las  exigencias  formales  de  producción  sin  que  en  realidad  las  satisfaga  y,  la  segunda,  o aspecto  negativo,  se  configura  ante  la  situación  contraria,  esto  es,  porque se  considera que no las reúne, cumpliéndolas.   

En   ambos   casos   se  exige  del  actor  individualizar  la  prueba sobre la cual recae el vicio, especificar cuál es la  formalidad  legal  omitida,  por  lo  que  es  necesario  referir a la norma que  contiene  la formalidad y señalar su trascendencia en relación con el fallo o,  dicho  de  otro  modo,  que  al marginarla y confrontarla con las demás pruebas  cuya  validez  no  se  encuentra  comprometida,  en  caso  de  que  existan, las  conclusiones  y  el  sentido  de  la  sentencia  sufren  modificación de manera  favorable  para  el  interesado.  Si lo decidido no varía, la invalidación del  medio  de  prueba  carece  de  trascendencia  para  casar  el  fallo; pero si la  invalidación  de  la  referida prueba ilegal conduce a una providencia diversa,  el  yerro  se  torna  trascendente e impone casar el fallo y así proferir en su  reemplazo  la  decisión  que se ajuste a la nueva valoración probatoria.   No  escapa  a  su  demostración,  como  es  innato  a  todos  estos  yerros, la  obligación  de corroborar que con el defecto de apreciación se vulnera una ley  sustancial por falta de aplicación o aplicación indebida.   

–  El  error  de derecho por falso juicio de  convicción,  se  produce  al  momento en que se valora una prueba haciendo caso  omiso del predeterminado crédito que la ley le ha otorgado.   

Con  el  fin de demostrar adecuadamente este  yerro,  el  casacionista  debe identificar el medio de prueba que en su criterio  fue  apreciado  contrariamente  al  valor  otorgado  por  la  ley;   luego,  precisar  el  o  los  preceptos  legales  en  virtud  de los cuales se asigna un  específico  valor  probatorio al medio de prueba;  después, determinar la  trascendencia  que  tuvo  la  incorrecta  apreciación del medio de prueba en la  decisión  impugnada  y  en  favor  del interés representado, lo cual comporta,  como  ya  se ha precisado en los supuestos anteriores, la necesidad de demostrar  que  el  fallo  atacado  no  se  mantiene  con  otros elementos de juicio y, por  último,  establecer  la  forma cómo se violó la ley sustancial con el defecto  de   apreciación,   bien   por   falta   de   aplicación   o  por  aplicación  indebida.   

Como  se  puede vislumbrar con facilidad, la  demostración  de  cualquiera  de  estas  modalidades  de  error  no sólo exige  claridad  conceptual sino una ardua labor de sustentación que, en esta censura,  como  igual  ocurrió  con  la anterior, brilla por su ausencia, tras considerar  que  para  ello  bastaba  con aducir escuetamente que no se demostró una de las  conductas  punibles  por la cual fue condenado su defendido y que no se apreció  lo  dicho  por  este  último  en  su  indagatoria,  referencias genéricas que,  despojadas   de   argumentación,   lejos  están  de  satisfacer  el  deber  de  fundamentar un cargo en esta sede extraordinaria.   

Las falencias de lógica y de argumentación  advertidas  en  los  dos  reparos  propuestos,  determinan  la inadmisión de la  demanda    presentada    por    el    defensor    del   procesado   ORLANDO  MONTOYA SARMIENTO. Además, porque  no  es  viable  subsanarlas  en  consideración  al principio de limitación que  regenta  este  medio  extraordinario de impugnación, consagrado en el artículo  216  de  la  Ley  600  de  2000.  Se procederá así a devolver el expediente al  despacho   de   origen,   como   lo   indica   el   artículo  213  ejusdem.    Adicionalmente,   porque  no  se  advierte  que  se  haya  incurrido en violación de garantías fundamentales que  reclame la intervención oficiosa de la Sala.      

         

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta   por   el  defensor  de  ORLANDO  MONTOYA  SARMIENTO,  por las razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                         MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS        

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                  JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                               

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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