31403(27-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31403   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 94.  

Bogotá, D.C., veintisiete de marzo de dos mil  nueve.   

V   I   S   T   O   S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de casación presentada por la defensora de la procesada  LUZ  MARY GIRALDO DE JARAMILLO, contra la sentencia de segundo grado de fecha 10  de  junio  de  2008,  por  cuyo  medio  una Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó íntegramente el fallo proferido por el Juzgado  50  Penal  del  Circuito de la misma ciudad el 5 de febrero de 2008, mediante el  cual  condenó a la citada procesada a la pena principal de 24 meses de prisión  y  multa  de  5  salarios  m.m.l.v., y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por igual lapso a la pena privativa  de la libertad.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL RELEVANTE    

Rosa María Londoño Escobar, quien realizó  estudios  de  literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, para obtener el  título  de  diplomada  en  literatura, elaboró bajo la dirección del profesor  Jaime     García     Mafla,     la     monografía     titulada    ‘El   Mundo   Poético   de   Giovanni  Quessep’ en abril de 1996,  la   que   sustentó   satisfactoriamente   el   3  de  junio  del  mismo  año.  Posteriormente,  en  enero  de  1997,  llegó  a sus manos la revista “La Casa  Grande”      número      2      –noviembre  1996  enero  1997-,  editada en México y Colombia, donde  encontró  publicado el artículo “Giovanni Quessep:  el  encanto  de  la  poesía”,  firmado por LUZ MARY  GIRALDO,  profesora  del  Departamento  de  Ciencias Sociales y Educación de la  misma  Universidad,  texto en el cual encontró reproducidos apartes y párrafos  de  su tesis de grado, sin comillas ni precedidos de signo alguno que indicara a  los  lectores  que  las  ideas  se tomaban textualmente de autor diverso a quien  firmaba el artículo.   

Por tales hechos, mediante resolución del 5  de  diciembre  de 2020, la Fiscalía 175 Seccional de Bogotá, acusó a LUZ MARY  GIRALDO  DE  JARAMILLO como presunta autora de la conducta descrita y sancionada  en  el  artículo  51  de  la  Ley 44 de 1993, numeral 3º, de decisión que fue  objeto de confirmación en resolución del 29 de marzo de 2004.   

El conocimiento del juicio estuvo a cargo del  Juzgado  50  Penal  del  Circuito de Bogotá, despacho que después del trámite  pertinente,  dictó  sentencia  de  primera  instancia  el 5 de febrero de 2008,  condenado  a  la  procesada  LUZ  MARY  GIRALDO  DE JARAMILLO a las penas arriba  especificadas,  como  autora  de  violación  a  los  derechos morales de autor,  según  la  descripción  típica  contenida  en el artículo 51 de la Ley 44 de  1993, pero referida al numeral 1º.   

La anterior determinación fue impugnada por  la  defensa  y  el  apoderado  de la parte civil, recibiendo confirmación en la  sentencia  del  10  de  junio  de  2008,  proferida  por el Tribunal Superior de  Bogotá,  que  es  ahora  objeto  del recurso extraordinario de casación por la  vía excepcional.   

LA DEMANDA  

          La  defensora  de  LUZ MARY GIRALDO DE JARAMILLO anuncia que en este  caso  se consolidan los dos motivos excepcionales señalados en el artículo 205  de  la  Ley  600  de  2000 para acceder a la casación discrecional, a saber, la  garantía  de  los  derechos fundamentales y el desarrollo de la jurisprudencia,  cuyos  fundamentos  y  cargos  respectivos  pueden  resumirse  de  la  siguiente  manera:   

          1.  Para la garantía de los derechos fundamentales de la procesada.   

              Acusa al fallador de haber violado  de    manera   flagrante   el   derecho   de   defensa   y   el   principio   de  favorabilidad.   

          El  primero,  en  la  medida  en que los cargos de la acusación son  anfibológicos,  por  lo que es necesario que la Corte entre a indicar, desde su  función  pedagógica,  que  se  procede  por  un tipo penal con verbos rectores  alternativos,  que imponía precisar la conducta en la acusación, con el fin de  permitir  el  cabal  ejercicio  del derecho de defensa a través de una adecuada  solicitud    de    pruebas    y    de    argumentación    en    pro    de    la  absolución.         

         

Y en cuanto al principio de favorabilidad, es  necesario  que  la  Corte  entre  a  corregir  “los  malabares  jurídicos”  que  se  cometieron  bajo la  excusa de su aplicación.   

          Sin  más preámbulos, bajo este motivo excepcional, al amparo de la  causal  tercera  del  artículo 207 ibidem,  alega que la sentencia se dictó en un juicio viciado de nulidad,  por  tres  irregularidades  sustanciales  que afectan el derecho de defensa y el  debido proceso, las que enuncia y fundamenta en el siguiente orden:   

a) Nulidad por la formulación anfibológica  de los cargos en la acusación.   

          Según   la  demandante,  en  la  parte  motiva  de  la  resolución  acusatoria  de  primera  instancia,  la  Fiscalía  175 Seccional afirmó que la  actividad  desplegada  por  LUZ  MARY  GIRALDO,  “se  encuentra  acorde  explícitamente  con  los  presupuestos exigidos por la norma  penal  de  carácter  general  referida  a  la  violación  del  numeral 3º del  artículo  51  de la Ley 44 de 1993”, imputación que  se  consignó  en  el  acápite  correspondiente  a  la  calificación jurídica  provisional, al cual se remitió en la parte resolutiva.   

          A  su  vez, dice, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal, al desatar  el  recurso de apelación para confirmar la acusación, habla de “reproducción  textual”, no solamente de  ideas  de la alumna Londoño Montoya, sino de sus propias palabras y referencias  idénticas  a las consignadas en su trabajo de grado. Pero más adelante, afirma  que:   

“…  resulta procedente insistir en que,  el  a  quo,  a  lo  largo  del  pronunciamiento  cuestionado,  afirmó que en el  artículo  publicado  por  la  profesora  GIRALDO  DE  JARAMILLO, se encontraban  frases,  párrafos  iguales y conceptos idénticos a los plasmados por la alumna  Rosa  María  Londoño  Montoya  en su tesis de grado, por lo que la resolución  del  3  de  septiembre de 2003, estuvo apoyada en el criterio del profesor Pedro  Alfonso      Pabón      Parra,      para     señalar     como     ‘verbo    determinador    compuesto  alternativo,…       compendiar,       mutilar,  transformar’,  lo  cual  coincide  con  el pensamiento del instructor, consignado desde un comienzo en la  resolución de acusación(…)”   

Pero después refiere que:  

“…dado  que  el  autor  tiene  como  un  derecho  moral,  el derecho a la integridad de la obra, lo cual permite oponerse  a       toda       alteración      efectuada  por  cualquier  persona  sin  su consentimiento, como lo  dijo   la   instructora,   basada   en   la   opinión   del   profesor   PABÓN  PARRA…”           

                     

          De  allí  deriva  que  en  la  acusación  no  se precisó el verbo  rector,   pues   no   es   lo   mismo   compendiar,   mutilar,   transformar   o  alterar.   

          Señala  que  la irregularidad acreditada imposibilitó una adecuada  defensa,  pues en la etapa del juicio se reiteró la práctica de pruebas que se  había efectuado durante la instrucción.   

          Pide,   en   consecuencia,  que  se  decrete  la  nulidad  desde  la  resolución de acusación.   

          b) Nulidad por violación al principio de favorabilidad   

          Sostiene  que  en  los  fallos  de  instancia  se  consideró que se  aplicaba  el  principio de favorabilidad al modificar la adecuación típica del  numeral  3º  del  artículo  51 de la Ley 44 de 1993 al numeral 1º  de la  misma norma.   

          Después  de  transcribir  los  apartes pertinentes de los fallos de  donde  deduce  esa  aseveración,  dice  que ninguna favorabilidad reportó a su  representada  el  cambio  de  un  numeral  a  otro,  pues  se  aplicó  la misma  disposición, con idéntica pena de prisión y multa.   

          Por  lo  tanto,  agrega,  se vulneró el principio de favorabilidad,  porque se faltó a la verdad, maliciosamente, en su invocación.   

          Pide,  en consecuencia, que se decrete la nulidad desde la sentencia  de primera instancia.   

          c)  Nulidad  por  error en la calificación jurídica de la conducta  contenida en la resolución de acusación.   

          Sostiene  que  en  la  resolución  se  acusación,  la  conducta se  adecuó  al  tipo penal descrito en el numeral 3º del artículo 51 de la Ley 44  de    1993,    con    énfasis    en   los   verbos   rectores   “mutilar,  compendiar o transformar”, los  cuales  fueron  descartados en los fallos de instancia, en los que se consideró  que   la   conducta  reprochable  a  la  procesada  era  de  la  “publicar”,  señalada en el numeral 1º  de la norma aplicada.   

          Después  de  transcribir los apartes pertinentes de la acusación y  de  los  fallos  de  instancia  en  los  que  se  alude a la calificación de la  conducta  imputada,  y se descarta, en los últimos, la violación de garantías  fundamentales  con  ocasión del cambio del verbo rector, sostiene la demandante  que  el  yerro  cometido  es  definitivo, pues si desde la acusación se hubiera  indicado  de  manera  clara  y  precisa  que la conducta ilícita por la cual se  deducía       responsabilidad       era       la       de       “publicar”,  la  defensa  habría podido  enfilar  sus  esfuerzos  a  desvirtuar  el cargo, entre otras cosas, solicitando  información  al  director  de  la  revista “La Casa  Grande”  sobre  las  circunstancias  dentro  de  las  cuales  se  decidió  la publicación del artículo cuestionado, toda vez que en  su  declaración  en  ciudad  de  México, al ser preguntado sobre quién había  decidido   la   publicación,  contestó:  “que  el  dicente       decidió       publicarla      en      su      revista”.   

          Considera,  por  lo  tanto,  que  la  errónea  calificación  de la  conducta violó flagrantemente el derecho de defensa.   

          Además,  admitido  en  las sentencias de instancia que la procesada  no  “compendió, mutiló, ni transformó”  el trabajo de grado, ha debido absolvérsela, pero no modificar  la   calificación  para  condenarla,  o,  por  lo  menos,  debió  anularse  la  actuación  para  que  la  Fiscalía  procediera  a  realizar la correspondiente  adecuación típica.   

          Pide,  en  consecuencia,  que  se decrete la nulidad de lo actuado a  partir, inclusive, de la resolución de acusación.   

          2. Para el desarrollo de la jurisprudencia   

          Este   segundo   motivo  de  acceso  a  la  casación  por  la  vía  excepcional,  lo  sustenta  aduciendo que es necesario que la Corte se pronuncie  sobre los siguientes aspectos:   

a)  Que  es  imperativo  que  el funcionario  judicial,  sea cual fuere la instancia de su intervención, tiene la obligación  de examinar, analizar y expresar el valor que da a cada prueba.   

          b)  Que  defina,  de  una  vez  por todas, si los requisitos legales  establecidos  para  considerar  una prueba como tal, pueden ser obviados. En tal  sentido,  si  frente  a los dictámenes periciales, diga si es ó no relevante o  irregular  que  el designado como perito no “lo haya  sido  por  la Fiscalía sino por una respetable institución privada”;  que  no haya explicado la experiencia que tiene frente al tema  sobre  el  cual  conceptúa;  que no se haya resuelto un incidente de objeción;  que  el dictamen lo rinda una institución privada y no el funcionario judicial;  que  se haya demostrado que el perito es “compañero  de  trabajo”  de  una de las partes involucradas, en  este caso de la denunciante.   

          Bajo  ese motivo, formula dos cargos que enuncia y desarrolla en los  siguientes términos:   

          Primer cargo   

          Al  amparo  de  la causal primera, cuerpo segundo, del artículo 207  de  la  Ley  600  de  2000,  acusa al juzgador de haber incurrido en un error de  hecho  por falso juicio de existencia por omisión, error que de no haberse dado  habría conducido a la absolución de su representada.   

          En  orden  a fundamentar su propuesta dice que el 23 de mayo de 2001  aportó  a  la  investigación  una serie de documentos sobre los trabajos de la  profesora  LUZ  MARY  GIRALDO,  los  cuales  fueron  escritos  y  publicados con  anterioridad    a    la    tesis   de   la   denunciante,   entre   ellos,   los  siguientes:   

          Modernismo  y  Modernidad en América Latina, publicado en diciembre  de  1993;  Giovanni  Quessep:  El  Encantado  y su Amarga Desdicha, publicado en  1982;  Giovanni  Quessep:  Muerte  de  Merlín  o  la  Serenidad  del Encantado,  publicado  en  1988; Giovanni Quessep: El Encanto de la Poesía, notas de clase,  Universidad  Nacional  y  Universidad Javeriana; Manuscrito “Presentación del  Mundo  Poético  y  la  Escritura  de Giovanni Quessep, leído en la Universidad  Nacional en octubre de 1990.   

          Tales  elementos  de juicio, afirma, fueron soslayados completamente  por  el juzgador, a pesar de que un análisis comparativo entre estos y la tesis  de  grado  de  la  denunciante habría llevado a la conclusión de que la alumna  fue  quien  se  apoyó en el trabajo que de tiempo atrás había desarrollado la  profesora  sobre  la obra del poeta Giovanni Quessep, según entra a demostrarlo  con  las  transcripciones  y  comparaciones que de los textos en cuestión trae,  los  cuales,  en  su  criterio,  muestran que las ideas y la forma gramatical de  Rosa  María  Londoño  en su trabajo de grado, corresponden no sólo a ideas de  LUZ  MARY  GIRALDO, sino a un estilo muy particular de realizar el análisis del  mundo poético de Giovanni Quessep.   

          Insiste  en  que  si el Tribunal y el Juzgado se hubieren ocupado de  la  lectura  de  tales textos, inexorablemente habrían llegado a la conclusión  de  que  la  profesora  LUZ MARY GIRALDO ya había expresado las ideas plasmadas  por la alumna en su tesis de grado.   

          Pide,  en  consecuencia,  que  se  case  el fallo impugnado, y en su  lugar se absuelva a la procesada.   

          Segundo cargo   

         

          Acusa  al  fallador  de  haber  incurrió en un error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad  al valorar el escrito mediante el cual el profesor  Alfonso  Lobo  Serna  consignó su criterio sobre el tema que se discute, cuando  el  mismo no reunía los requisitos legales para ser considerado como prueba, lo  cual  es  relevante porque se constituyó en la base esencial de la condena. Los  requisitos legales omitidos son:   

No  haber  sido designado como perito por la  Fiscalía,  sino por la Academia Colombiana de la Lengua; no haberse posesionado  como  perito;  no  haber  prestado  el  juramento exigido; no haber explicado la  experiencia que se tenía para rendir el dictamen.   

También  es  ilegal  porque  en el mismo se  emiten   juicios   de   responsabilidad   contra   la   procesada   –los  cuales  transcribe-  y  porque el  dictamen  fue  rendido  al  Secretario Ejecutivo de la Academia Colombiana de la  Lengua y no a la Fiscalía.   

En  orden  a  demostrar la trascendencia del  yerro  que  denuncia  trae  los  apartes  de  la  acusación  y de los fallos de  instancia en los cuales se alude al peritaje cuestionado.   

   Afirma  que no podía imputarse a la  defensa  la  omisión de actuaciones por una circunstancia que no podía prever,  como  lo fueron la enfermedad y posterior fallecimiento del profesor Lobo Serna.  Tampoco  reprocharse  que  hubiere solicitado su declaración, porque ello está  permitido  en  la  ley; ni la omisión por no haber objetado el dictamen, porque  éste  por  mandato  legal era inobjetable, como lo dispone el artículo 255 del  Código de Procedimiento Penal que rigió el caso.   

Finalmente  se  pregunta  si  de  no  haber  existido  esa  prueba  se  habría podido condenar a la procesada, cuando existe  otro  dictamen  rendido  por  el  Instituto  Caro  y  Cuervo  y  los  documentos  omitidos.   

Culmina  el cargo solicitando que se case la  sentencia   y   en   su   lugar   se   absuelva   a   la   procesada   LUZ  MARY  GIRALDO.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         De  acuerdo  con  el  inciso  3°  del  artículo 205 del Código de  Procedimiento  Penal  que  rige este caso (Ley 600 de 2000), la Corte Suprema de  Justicia,  de  manera excepcional, podrá admitir la demanda de casación contra  sentencias  de segunda instancia en condiciones distintas a las señaladas en el  inciso   1°  del  mismo  texto,  a  solicitud  de  cualquiera  de  los  sujetos  procesales,   cuando   lo   considere   necesario   para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos fundamentales, siempre que se  cumplan los demás requisitos exigidos por la ley.   

         

En  tal  evento,  el  recurso extraordinario  puede  ser  presentado  contra sentencias de segundo grado dictadas por órganos  judiciales  diferentes  a  un  tribunal  y/o que el delito por el que se procede  tenga  dispuesta  una  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo es igual o  inferior  a  ocho  (8)  años, como salvedad a los presupuestos señalados en el  citado inciso 1° del artículo 205.   

         

En  el  presente  caso se procede por delito  cuya  pena  no supera los ocho años de prisión (artículo 270 de la Ley 599 de  2000,  que  reemplazó al 51 de la Ley 44 de 1993), razón por la cual es viable  la  vía  escogida  por  la  demandante para acceder a esta sede extraordinaria.   

De  otro  lado,  la  demanda  de  casación  discrecional  debe  reunir  los  requisitos establecidos por el artículo 212 y,  además,  expresar  la  necesidad  de  su  admisión  para  el  desarrollo de la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos constitucionales que hubieren  sido  transgredidos  en  el  trámite  ordinario del proceso, correspondiéndole  decidir  a  la  Corte, en ejercicio de la discrecionalidad que la ley le otorga,  si la admite o rechaza.    

          En   el   presente   caso,   la  demandante  escoge  las  dos  vías  excepcionales, de cuya fundamentación entra la Sala a ocuparse.   

1.  Sobre  la  protección de las garantías  fundamentales.   

          Aunque     los     motivos  aducidos  por  la  impugnante  bajo la  pretensión  de  que  se protejan las garantías fundamentales, ostentan algunas  deficiencias   argumentativas,   dejan   entrever   con   claridad  las  irregularidades  que  se denuncian,  especialmente      las     relacionadas   con   la  alegada    formulación  anfibológica  de  los  cargos  imputados  en  la  acusación y su posterior  cambio  en  la  sentencia  que  podría   conllevar   una  eventual  incongruencia entre ambas piezas procesales,  cuestionamientos             que,     se     reitera,  a  pesar  de  las  deficiencias  en su  formulación,   ponen  de  relieve  una  razón  seria  que  impulsa   a  la  Corte  a  verificar  el  fondo  de            tales            aspectos para  precaver  una eventual trasgresión de las garantías fundamentales de la procesada LUZ MARY GIRALDO JARAMILLO.   

         No  sucede  lo  mismo  con  la       supuesta       irregularidad      fundada    en  la pretendida violación al  principio  de  favorabilidad, pues de entrada advierte  la  Sala  que  el  argumento esbozado en la demanda no  deja  entrever desconocimiento alguno a éste principio,  ya   que  la  censora  nunca  se  queja  de  que  el  juzgador  haya aplicado  una  pena  desfavorable  a  su  defendida,     sino     de     una    invocación   “maliciosa”  del  principio,  porque finalmente se aplicó una disposición con  idéntica  pena  de prisión y multa, sin ningún efecto de favorabilidad.    

         Tenidos,  entonces,  por  satisfechos  los  presupuestos que tornan  viable  la casación discrecional en los aspectos arriba especificados, la Corte  dispondrá  que  se  surta  el traslado al Procurador Delegado para que emita el  concepto de rigor frente a esos puntos.   

         2. Sobre el desarrollo de la jurisprudencia   

           De   igual   manera,   el    motivo   sustentado   en   la   necesidad   de   un  desarrollo jurisprudencial  sobre  temas  relacionados  con  la prueba pericial,   desconoce   las  directrices  que  al  respecto  ha  trazado  la  jurisprudencia  de esta Corte, pues la demandante no pretende un pronunciamiento  general  sobre  el  punto,  sino  en  virtud de las particularidades precisas que  dice    ocurridas    en    este    caso,  con lo cual, finalmente, ya no se trata de que se sienten pautas  para  la  comunidad  judicial  respecto  de  un  tema  valioso,  sino  de que se  solucione  la  particular  pretensión  que anima la interposición del recurso,  desnaturalizándose  así  la teleología que dinamiza el mecanismo discrecional  otorgado a la Corte.   

         Ello      se      refleja      claro      cuando      la   impugnante   manifiesta   necesario  abordar  temas  como  el  de  la  necesidad  de  que  se   declare   que   el  funcionario  judicial,  “tiene  la  obligación de  examinar,  analizar  y  expresar  el  valor  que  da  a  cada  prueba  y  no que  simplemente  la  omita  porque  no  consulta la decisión de su preferencia, que  contraria   el   acervo   probatorio”;  o  en punto de la prueba pericial, se  diga    si    es    irregular    que   el  designado como perito “no lo haya  sido  por  la fiscalía sino por una respetable institución privada”,   o   que  el  mismo  “no  haya  explicado  la  experiencia  que  se  tiene  para  rendir el dictamen”,  o  que  “se haya demostrado que  el   perito   es   “compañero”   de  trabajo  de  una  de  las  partes:  la  denunciante”,    entre    otras    puntos.    

        Tales    aspectos,    no    sólo    se    observan   episódicos,   sino   confusos   en  su  relación  de  necesidad,  lo   cual  desborda  el  espíritu  de  la  facultad  discrecional  contenida  en  el  inciso tercero del  artículo      205      de      la      Ley     600     de     2000.         

        Téngase   en   cuenta   que   la   jurisprudencia   de   la  Sala  ha  enseñado  que  en  punto  del  desarrollo de la  jurisprudencia,    el  planteamiento    del  recurrente  debe ser preciso y claro en dos sentidos:  el  señalamiento  de  la  utilidad  inmediata  de  la  decisión  pedida  y  su  proyección sobre la jurisprudencia.   

        En  tal  propósito,  si  su  ánimo  se  enfoca  a unificar   criterios   jurisprudenciales,   basado   en   que   ha  descubierto  dentro  del  acervo  de  pronunciamientos  de  la  Sala  posiciones  encontradas  sobre  un  determinado  aspecto  de derecho, así debe demostrarlo,  mediante  la  confrontación  objetiva y conceptual de las piezas jurídicas que  le han servido de objeto de conocimiento.   

        Pero  si  su  mira  es provocar que la  Sala  asuma  posición  sobre  una  determinada tesis doctrinaria en torno de la  cual  no  ha  tenido  oportunidad  de  hacerlo,  o acerca de la cual ha plasmado  conceptos  vagos  o  inacabados,  igualmente  debe dejarlo establecido, luego de  efectuar  un  seguimiento  minucioso  de  la  jurisprudencia  con  el  objeto de  destacar las carencias señaladas.   

        Y  si,  por  último,  lo  que anhela es que la Corte actualice su  postura  frente  a un determinado problema jurídico, bien porque la doctrina ha  refinado  sus  elaboraciones  al  respecto,  o  bien  porque el devenir social y  humano  así lo reclaman, su discernimiento en orden a crear la necesidad de esa  innovación  ha  de  ser  de  más  amplio  espectro y mayor hondura1.   

En  la demanda que se estudia, no advierte  la  recurrente cuál es la utilidad inmediata de la decisión solicitada y de su  proyección  sobre  la  jurisprudencia, como tampoco denuncia la coexistencia de  textos  enfrentados  ni  le hace un seguimiento minucioso. Se limita   a   decir   que  el  pronunciamiento  es  necesario         sin         argumentos  adicionales  distintos a  su   particular  perspectiva  jurídica  sobre  los  hechos.   

En relación con el tema, ya lo precisó la  Sala2   -y   ahora   lo  reitera-,  que  en  tratándose  de  la  casación  discrecional  por  la  necesidad  del desarrollo  jurisprudencial,       la       admisión   del  recurso  debe  surgir  de  la  demostración  que  el  peticionario  haga  de que la norma examinada posee  vacíos  o  contradicciones  intrínsecas  o  extrínsecas,  o en general que su  sentido  no  es  claro,  para  lo cual le es preciso  poner    en    evidencia   cada   uno   de   estos  hechos,  advirtiendo  su  trascendencia a efectos de  que  la  Corte entienda necesario intervenir, situación que en manera alguna se  echa de ver con ocasión de este asunto.   

          Entonces,  al  resultar  insuficientes  las  razones esgrimidas para  acceder   a   la  casación  excepcional  por  la  vía  del  desarrollo  de  la  jurisprudencia,   los   cargos   presentados   bajo  éste   postulado   se  inadmitiran.   

        En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     Sala     de     Casación     Penal,   

         

R E S U E L V E:  

        1º.         ADMITIR  la  demanda de casación por la vía  discrecional,     presenta    por    la  defensora  de LUZ MARY GIRALDO JARAMILLO,   sólo  por  los  motivos  especificados  en  la  parte motiva y  que   dicen  relación  con  la  violación  de  las  garantías  fundamentales  de  la  procesada.  En  lo  demás,  se  inadmite  la  demanda.    

        2º.   Correr   traslado  al  Procurador  Delegado por el término de veinte (20) días para  que  emita  el  concepto  de  que  trata  el  artículo  213  de  la  Ley 600 de  2000.   

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

          Notifíquese y cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

Cita medica  

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 En  tal  sentido,  ver,  entre  otros,  auto  del  23  de mayo de 2007, radicado No.  27.466.   

2 C.  S.  de  J.,  Sala  de  Casación  Penal,  24  de  abril  de  1996,  Rad. 11.219.     

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