31340(06-05-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31340  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 127.  

          Bogotá, D.C., seis de mayo de dos mil nueve.   

VISTOS  

Con  el  fin  de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  el  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000,  examina  la  Corte  la  demanda de casación presentada por el defensor de JORGE  LUIS  HINOJOSA DÍAZ, contra el fallo de segunda instancia proferido por la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Valledupar (Cesar), el 12 de agosto de 2008,  mediante  el  cual  confirmó  la sentencia emitida por el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad,  el  8  de  mayo  del  mismo año, condenando al  mencionado  procesado, en calidad de autor del concurso de delitos constitutivos  de  estafa y falsedad material en documento público, a las penas principales de  70  meses  de prisión y el equivalente a 60 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  de  multa,  y  a  la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos y funciones públicas por idéntico lapso.   

HECHOS  

         

En  el  fallo  de  primer  grado,  quedaron  consignados de la siguiente forma:   

“En  el  mes  de  mayo de 2001, JORGE LUIS  HINOJOSA  DÍAZ  y  LUIS  DE  JESÚS  QUINTERO  FUENTES,  celebraron contrato de  compraventa  sobre  el vehículo tipo campero, marca Ford Explorer, modelo 1997,  color   verde   mica  bicapa,  placas  BHX-344,  por  valor  de  $28’000.000.oo, el cual según certificado  presuntamente  expedido por la Secretaría de Tránsito y Transporte de Santa Fe  de  Bogotá  de fecha 28 de noviembre de 2000, no registraba ninguna limitación  a  su  propiedad.  El  día  3  de  septiembre  de  2001, JORGE LUIS HINOJOSA le  entregó  a LUIS QUINTERO FUENTES, el traspaso del vehículo firmado en blanco y  autenticado.   

Debido al asesinato de LUIS QUINTERO FUENTES  acaecido  el  4  de septiembre de 2001, su cónyuge supérstite MARÍA PÍA DAZA  MARTÍNEZ,  optó por vender el citado automotor, lo que no pudo realizar debido  a  que  según  certificado de libertad y tradición expedido por la Secretaría  de  Tránsito  y  Transporte  de  Bogotá,  pesaban sobre el rodante, embargos a  favor  de COOMEVA y la DIAN, estando limitada su propiedad con prenda a favor de  COOMEVA,  situación  que  puso en conocimiento de JORGE LUIS HINOJOSA, quien se  comprometió  a  comprarle el vehículo para retornarle el dinero que su difunto  esposo le había cancelado por el mismo.   

Sin  embargo,  el  día  5  de marzo de 2002  miembros  de  la SIJIN se presentaron en la vivienda ubicada en la carrera 6 N°  18B-01  del  barrio  El  Carmen  de esta ciudad, en donde la señora MARÍA PÍA  DAZA  tenía parqueada la camioneta y se la llevaron, porque aparecía reportada  como  hurtada  en  la  ciudad  de  Bogotá  el  día 18 de enero de 2002, según  denuncia  penal  presentada  por  JORGE LUIS HINOJOSA DÍAZ ante la Seccional de  Policía Judicial de Bogotá.   

También se conoció que JORGE LUIS HINOJOSA  DÍAZ  instauró  denuncia  penal  ante  la  Fiscalía  de  esta  ciudad el 2 de  noviembre  de  2001  contra LUIS JESÚS QUINTERO FUENTES, por el delito de HURTO  DE  VEHÍCULO  AUTOMOTOR  AGRAVADO  POR  LA CONFIANZA, que presuntamente recayó  sobre  el  vehículo  marca  Ford  Explorer placas BHX-344 que había vendido al  denunciado,  sobre  lo  cual  se pronunció la Fiscalía 16 Local en resolución  del  7 de noviembre de 2001, absteniéndose de abrir instrucción por atipicidad  de la conducta”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Tras  la denuncia presentada por María Pía  Daza  Martínez,  la  Fiscalía  Décima Seccional de Valledupar (Cesar) emitió  resolución  el  11 de marzo de 2002, ordenando la apertura de la instrucción y  la  vinculación  de  JORGE  LUIS  HINOJOSA  DÍAZ,  cuya  captura fue necesario  disponer,  debido a que desatendió las múltiples citaciones que se le hicieron  para  ser escuchado en diligencia de indagatoria. Por este motivo, precisamente,  se le declaró persona ausente, el 15 de abril de 2004.   

Luego,  el  24  de agosto del mismo año, el  ente  instructor  le  resolvió la situación jurídica, imponiéndole medida de  aseguramiento  de detención preventiva, sin beneficio de excarcelación, por la  conducta punible de estafa.   

Clausurada  la  fase  sumarial  el  13  de  septiembre  siguiente,  la  Fiscalía  calificó  su mérito el 14 de octubre de  2004,  profiriendo  resolución  de  acusación en contra de JORGE LUIS HINOJOSA  DÍAZ,  por  el  concurso  de delitos de estafa y falsedad material en documento  público,   tipificados   en  los  artículos  246  y  287  del  Código  Penal,  respectivamente.   

La  etapa  de juzgamiento fue asumida por el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Valledupar (Cesar), dependencia que luego  de    realizar    las    audiencias    públicas   de   preparación1 y juzgamiento  -el  27  de  abril  de  2005  y  9  de  agosto de 2007, respectivamente-, dictó  sentencia  condenatoria  en  contra  del sindicado el 8 de mayo de 2008, por las  conducta  punibles  contenidas  en  la resolución acusatoria; a consecuencia de  ello,  le  impuso  las  penas  principales  y  accesoria  reseñadas en la parte  inicial  de  este  proveído;  lo  condenó  a  pagar, a favor de la denunciante  María     Pía     Daza     Martínez,     la     suma    de    $28’000.000.oo y el equivalente 5 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  por  concepto  de  daños  materiales y  morales,  en  su  orden;  y  le  negó  el  beneficio sustitutivo de la prisión  domiciliaria,  ordenando su captura, habida cuenta que con antelación -por auto  del  17  de  agosto de 2007-, oficiosamente había determinado revocar la medida  aseguratoria que recaía en su contra.   

Dicho fallo, que fue apelado por el defensor  del  acusado,  insistiendo, además, en la declaratoria de nulidad, lo confirmó  íntegramente    la   Sala   Penal   del   Tribunal   Superior   de   Valledupar  (Cesar), mediante el que hoy  es objeto del extraordinario recurso.   

LA DEMANDA  

En  contra  de  la  sentencia impugnada, dos  cargos  presenta el defensor del procesado JORGE LUIS HINOJOSA DÍAZ, los cuales  rotula y desarrolla de la siguiente manera:   

1.    Causal    tercera:    “Cargo único”.   

El  casacionista sostiene que la providencia  demandada   se   emitió   en   un   juicio  viciado  de  nulidad,  “por  el  quebrantamiento  de los principios del debido proceso y  de  la  investigación  integral;  por  haberle  impuesto al sindicado Medida de  Aseguramiento  consistente  en Detención Preventiva (coartándole el Derecho de  Defensa)  y  por  la  no práctica de prueba favorable al procesados (sic), todo  con      inobjetable      trascendencia      en      el     fallo”.   

Son, entonces, cuatro puntos los que plantea  el demandante, los cuales pueden sintetizarse así:   

1.1.  Señala que la normatividad vigente al  momento         de         los         hechos2,   hacía   improcedente   la  imposición  de  detención preventiva, es decir, no se cumplían los requisitos  para  el  efecto, lo que torna en arbitrario el proceder judicial, impidiendo el  desarrollo   cabal   del   derecho   de   defensa  del  sindicado,  “que  por  miedo a ser encarcelado sin justa causa, se mantuvo al  margen de la investigación”.   

1.2.  Aunque insistió en la declaratoria de  esa  nulidad,  nunca le fue reconocida, “en últimas  por   considerar   que   las   nulidades  no  solicitadas  en  la  etapa  de  la  investigación  debían  resolverse en el trámite del Recurso extraordinario de  Casación”.   

1.3.  No  se  practicó  prueba  alguna para  determinar  la  persona  que solicitó y aportó el documento apócrifo, a pesar  de  estar  consignado  su nombre allí. Se partió del hecho de que el procesado  lo  había  falsificado,  en  vulneración  de  la  presunción de inocencia, la  imparcialidad, el contradictorio, la defensa y el debido proceso.   

1.4. Lo anterior, agrega, pese a los mandatos  de  orden  constitucional  y  legal, lo que fundamenta citando los principios de  investigación  integral  y  actividad  judicial, y el código penal, destacando  los  principios del imperio de la ley, la prevalencia de las normas rectoras, el  debido proceso y la defensa técnica.   

Luego  de  lo  anterior,  el  impugnante  se  refiere  a  la  trascendencia  de  lo  denunciado,  indicando  que si se hubiese  respetado   la   investigación  integral  y,  en  particular,  se  “hubieren  practicado la prueba antes señalada (sic), se hubiere  alcanzado  la  verdad  de  lo  realmente  sucedido”,  logrando asi una decisión favorable a su representado.   

Termina diciendo que dicha omisión configura  un  error in procedendo, solo  susceptible  de  ser saneado a través de la nulidad. Por ello, pide que se case  el  fallo  censurado,  afectando la actuación desde la resolución de cierre de  la investigación.   

2.    Causal    primera:    “Cargo     que     se     plantea     como     subsidiario     al  anterior”.   

Para el recurrente, la sentencia del Tribunal  viola  de  manera  indirecta  la ley sustancial, por aplicación indebida de los  artículos  246  y  287 de la Ley 599 de 2000, proveniente de error de hecho por  falso  juicio de existencia, “por suponer o apreciar  la  prueba  para  condenar,  la  que  no  existe en el acerbo probatorio legal y  oportunamente allegado al proceso”.   

En  orden  a fundamentar su censura, señala  que  en  este  evento  “se da por hecho la supuesta  Estafa  sin  considerar  el contrato de Mutuo con tenencia celebrada (sic) entre  las  partes”,  al igual que se determina la autoría  de  la  falsedad  en cabeza de su representado, “sin  ninguna  prueba  que así lo indique con diametral claridad; y se toma como base  el  innegable  hecho  de dicha falsedad, para suponer un artificio y engaño que  desemboque       en      una      Estafa      jamás      probada”.   

Así,  luego  de  aludir  a  los  preceptos  alusivos    al    In   Dubio   Pro   Reo,  prueba  para  condenar  y  apreciación  probatoria, el libelista  asevera  que  en  el fallo recurrido se observa un quebrantamiento de las reglas  de  la  inferencia  lógica  que  gobiernan  la  prueba  indiciaria,  puesto que  “no  se logra establecer una relación de conexidad  inquebrantable  entre  el  hecho  indicador (presencia y oportunidad) y el hecho  indicado   (actos   de   obtener  ilícitamente  un  provecho  económico  y  de  falsificar)”.   

Dice,  a  renglón  seguido,  que  el  poder  suasorio   de  este  indicio  es  tan  ínfimo,  que  jamás  crea  el  vínculo  indisoluble  con  la  responsabilidad  penal  del procesado, agregando que no es  demostrativo,            “científicamente  hablando”       y      porque      “transgreden  también  la lógica y la ciencia como pautas de la  sana crítica”.   

Para el censor, una sentencia condenatoria no  puede  fundamentarse  sobre  suposiciones  que  surjan  del  libre  discurso del  juzgador,  desconectadas  de  soportes  fácticos reales y objetivos, pues, todo  fallo  debe  soportarse  en  pruebas legal, regular y oportunamente allegadas al  proceso.   

Añade,  en  lo  que  parece ser un discurso  dirigido    a    un   trámite   diferente   al   presente,   que   “desde  un  punto  de  vista  de  lógica  abstracta  el fallador  podría  decir que de esa capacidad para delinquir se infiere que se delinquió.  Pero  no podría decir, como en efecto dice, que de esa capacidad se infiere con  toda   certeza,   sin  dubitación  alguna,  que  los  policiales  efectivamente  cometieron  el  punible  de  concusión,  porque  la  fuerza  probatoria o poder  suasorio   de  ese  indicio  (presencia  y  oportunidad)  no  alcanza  semejante  afirmación.  Nunca  se  desmintió  con  ningún  medio probatorio lo dicho por  ellos  en  sus  versiones  e  injuradas,  y la razón por la cual se instaura la  denuncia,  es  precisamente  la  espina  dorsal  de  la  dubitación  y falta de  certeza,  cuya  carga  probatoria  correspondía  al  Estado,  sin que por tales  deficiencias,  las  fallas  de la investigación tengan que corren por cuenta de  dichos procesados”.   

Ya   luego,  el  actor  diserta  amplia  y  genéricamente  sobre  los  principios  de  la  lógica, y como es absolutamente  claro  que  este  alegato  se  dirige  a  sustentar la supuesta falta de certeza  probatoria  para  condenar  por  un  delito  contra  la administración pública  cometido  por  varias personas -por completo ajeno a este asunto-, la Corte, por  elemental sustracción de materia, se abstendrá de resumirlo.   

No  obstante  lo  anterior,  para  finalizar  solicita  que  se  case la sentencia objeto de demanda, absolviendo al sindicado  de los punibles de estafa y falsedad que le fueran imputados.   

3. Petición subsidiaria.  

En  subsidio,  depreca  el defensor que a su  prohijado  se  le  conceda el beneficio sustitutivo de la prisión domiciliaria,  con  fundamento  en  el  artículo 314-1 de la Ley 906 de 2004, cuya aplicación  favorable demanda, como quiera que no exige ningún tope punitivo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  Sala abordará el estudio de la demanda,  respetando el orden propuesto por el casacionista. Así:   

1. Cargo principal: nulidad.  

         El   demandante,   ubicado   en   la   causal   tercera  de casación,  acusa    a  la  sentencia del Tribunal de   haberse  dictado  en  un  proceso  viciado de nulidad, por dos  razones  esenciales. De un lado, porque en el curso del proceso se sometió a su  defendido  a  una medida de aseguramiento que no era procedente para los delitos  investigados,  lo  que le habría obligado  a  permanecer  en  contumacia  y,  de otro, porque se desconoció  el    principio    de  investigación          integral.   

         Sobre  lo  primero,  basta  señalar  que el demandante parte de un  presupuesto  falso,  a  saber,  que  el  delito  por  el  cual se aseguró    inicialmente   al   procesado  no    admitía    detención    preventiva,   pues,  contrariamente,  el  numeral  2º  del  artículo 357 de la Ley 600 de 2000, que  rigió  el  caso,  establecía  la  procedencia de la medida para los delitos de  estafa,  independientemente  de  su  cuantía,  ya  que la limitación de que el  valor  superara  los  cincuenta  (50)  salarios mínimos mensuales vigentes, fue  declarada  inexequible  en  la  sentencia C-760 de 2001.     

         Pero  si  se  admitiera,  en  gracia  de  discusión,     que  la  medida  de aseguramiento decretada en el curso de  la  investigación  contra  HINOJOSA  DÍAZ no era procedente, tal situación no  tiene  incidencia  alguna  frente  al  fallo impugnado  por  mostrarse  vinculada  exclusivamente  a  una  garantía insatisfecha en otra  oportunidad  procesal,  que  carece  de toda entidad para generar la afectación del mismo.    

         En  otras palabras, resulta ilógico buscar que se anule un proceso  que  ya  tiene sentencia de segunda instancia, simplemente para que se regrese a  una  etapa  en  la  que  el funcionario instructor se  abstenga  de  asegurar al acriminado, pues si bien ese  es  un  derecho  del  cual  puede gozar en un momento procesal dado, superado el  mismo  ya  no  es viable insistir en esa posibilidad.   

         Pero  además,  cuando el inculpado de un  delito  se  sustrae  voluntariamente al deber de comparecer ante los jueces para  responder  por sus actos, no puede luego alegar la invalidez del proceso por una  situación  solo atribuible  a  su  comportamiento,  es  decir,  mal  puede  aducir su propia decisión de no  comparecer  para  sustentar en ella una irregularidad  generada por su propia culpa.   

         Sobre        el       segundo       reproche,   esto  es,  el  desconocimiento  del  principio de investigación  integral,    su    alegación    se    queda  en  el  mero enunciado   porque   el  censor  no  especificó    cuáles    fueron  los  medios probatorios que en su  obligación  de  investigar tanto lo desfavorable como  lo  favorable  al  procesado,  dejaron de practicar el  fiscal   y   el   juez  de  la  causa,  o  cómo  esos  ignorados  elementos  de  juicio  inciden  de  tal  manera  en  lo decidido, que necesariamente se hubiera  presentado     un     cambio     favorable    para    su    representado legal.   

        Ello,  porque quien alegue en casación  la  violación  del  principio  de  investigación  integral,  ha  sostenido  la  Corte3,  debe  citar  en  concreto  cuáles  fueron  las  pruebas que se  dejaron  de  practicar,  indicar cuál es la aptitud  probatoria  de  las  mismas  y  demostrar  de manera  específica  la  trascendencia  de  los  medios  probatorios. Trascendencia cuya  medida  no  es  la de la prueba en sí misma considerada, sino la que deviene de  su  oposición a la lógica del fallo, pues, solo si lo desquicia imponiendo una  orientación  distinta  de la que el mismo contiene, el cargo podría prosperar.  Ello  implica  necesariamente,  en  materia  de  casación, discernir claramente  cuál  fue  el  fundamento  del  fallo  atacado,  en  la  materia que se intenta  desvirtuar.   

        Tal    derrotero    no    se   cumple  por  el recurrente, quien  se   limita  a  aducir  que   no  se  practicó  prueba  en  procura de la individualización e identificación de la persona que  solicitó  y  aportó  el  apócrifo  certificado  de  tradición del vehículo,  pero  no  especifica qué  pruebas   dejaron   de   practicarse,  y  como  podían  incidir  ellas  en  las  reflexiones del fallador para arribar a una     conclusión    distinta  a  la  pregonada  en  el  fallo  en el sentido de que el  procesado  fue  el  autor  de  esa  falsedad,  pues  ni  siquiera  aborda  el  contenido de éste.   

            

        Las  razones  precedentes  son más que  suficientes para rechazar el cargo.   

          2.   Cargo   subsidiario:  error  de  hecho  por  falso  juicio de  existencia por suposición.   

        El  error de hecho por falso juicio de existencia por suposición,  tiene  lugar  cuando  la  providencia  judicial  se edifica con fundamento en un  medio  probatorio  trascendente  en  el  sentido  de  la decisión que nunca fue  allegada  durante  el  trámite investigativo, esto es, porque sin figurar en la  actuación  el  funcionario  judicial  supone  que  allí  aparece y lo tiene en  cuenta  en  el  proceso  de  valoración probatoria con efectos jurídicos en su  proveído,  evento  en  el  cual  corresponde  al  demandante  indicar la prueba  supuesta,  el  mérito  suasorio  que  le  fue  asignado y cómo su marginación  conduce  a  que  la  valoración conjunta de los demás medios de convicción de  lugar  a  una  decisión  diversa a la impugnada y favorable a los intereses del  condenado.   

          Un  tal  ejercicio  brilla  por  su  ausencia en la demanda, pues el  libelista  se  limita  a  sostener  que  su defendido fue condenado “sin  ninguna  prueba que así lo indique con diametral claridad;  y  se  toma  como  base  el  innegable  hecho de dicha falsedad, para suponer un  artificio  y engaño que desemboque en una Estafa jamás probada”,  pero  no  procede  de manera alguna a indicar en qué aparte de la  providencia  cuestionada  se  presentó  el yerro, cuál fue el valor probatorio  que  le  fue  otorgado  a  la  prueba  supuesta,  como  tampoco  se interesa por  acreditar  que de no ser por el denunciado error, el sentido del fallo impugnado  hubiera  sido  diferente  y  favorable  a los intereses de su procurado, todo lo  cual  denota  que  la postulación del cargo se torna meramente enunciativa pero  ayuna de demostración.   

          Además,   el   impugnante   omite  cualquier  referencia  al  valor  probatorio  que los falladores le otorgaron a los restantes medios de prueba con  base  en  los cuales fue sustentado el fallo de condena que ataca, circunstancia  que  incide  en  la demostración de la trascendencia del yerro y que lo despoja  de  virtud  para  derruir la presunción de acierto y legalidad que acompaña al  fallo, más cuando la censura carece de adecuada fundamentación.   

          Se   impone,   por   tanto,  la  inadmisión  del  cargo  objeto  de  estudio.   

        Finalmente,    sobre   la   petición  subsidiaria  en  el  sentido  de que se conceda a su  defendido  el  beneficio  sustitutivo  de  la prisión  domiciliaria,  con fundamento en el artículo 314-1 de la Ley 906 de 2004, basta  señalar   que   la   competencia  de  la  Corte  en  el  trámite  del  recurso  extraordinario  de  casación  se  restringe  a  las  cuestiones inherentes a la  impugnación,   sin   que   en   manera  alguna  pueda  ampliarse  a  cuestiones  incidentales  o  a la resolución de peticiones ajenas a la misma, como acontece  precisamente  con  la solicitud reseñada del mandatario judicial del procesado,  la  cual  corresponde  decidir  al  juez  de  ejecución  de  penas y medidas de  seguridad que asuma el conocimiento del caso.   

         

          Por  último,  ha  de  señalarse  que  revisada la actuación en lo  pertinente,  no  se  observó  la  presencia  de  ninguna  de las hipótesis que  permitirían  a la Corte obrar de oficio de conformidad con el artículo 216 del  Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado JORGE LUIS  HINOJOSA  DÍAZ, conforme con  las motivaciones plasmadas en el cuerpo del presente proveído.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese, notifíquese y  devuélvase a la oficina de origen.   

Cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  En  esta  diligencia  se  despachó  de  manera desfavorable la solicitud de nulidad  previamente  elevada  por  el  defensor  del  procesado  HINOJOSA  DÍAZ,  quien  interpuso  el  recurso  de  apelación. Luego, en proveído de segunda instancia  del  6  de  abril  de  2006,  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Valledupar  (Cesar) confirmó dicha determinación.   

2  Al  efecto,  el  memorialista  cita los artículos 246 y 287 del C.P., 357 de la Ley  600 de 2000, y 308 y 313 de la Ley 906 de 2004.   

3  Sentencia del 8 de noviembre de 2002, Radicado 14.243.     

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