30971(10-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  30971   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.70  

Bogotá D. C., diez (10) de marzo de dos mil  nueve (2009).   

VISTOS  

Sería  el  caso  que la Sala se pronunciara  acerca   del  cumplimiento  o  no  de  los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  JESÚS ALFONSO GARZÓN LEÓN,  de  no  ser porque se observa que antes de la ejecutoria del pliego de cargos se  configuró  el  fenómeno  de la prescripción de la acción penal promovida por  el  delito  de  estafa  en  grado de tentativa, en razón del cual fue condenado  aquél,  junto  con  Martha  Castro Rivas, Iván Barragán y Carlos Arturo Vivas  Uribe.   

ANTECEDENTES  

1. En Bogotá, el 12  de  julio  de 1999 la señora Martha Castro Rivas presentó ante la Aseguradora   de  Vida  Colseguros  S.A.,  reclamo  por pérdida total de su vehículo (de placas  BDW   805),   arguyendo   un  siniestro  (choque)  el  día anterior; sin embargo,  merced  a  las  verificaciones de la aseguradora, se evidenció la mendacidad de  tal   pretensión,  estableciéndose  que  en  verdad  el  accidente  se  había  presentado  en  el mes de mayo del referido año sin estar el automotor cobijado  por  póliza  alguna,  y  que  la  solicitante,  en connivencia con JESÚS  ALFONSO  GARZÓN LEÓN, empleado de  la  aseguradora,  e Iván Barragán y Carlos Arturo Vivas Uribe, empleados de la  firma   Marcarros   Ltda.,  autorizados  para certificar la inspección de automotores, habían tramitado la  adquisición  del  contrato  de  seguro  como  si  el  rodante  se encontrara en  óptimas  condiciones,  con el fin de defraudar patrimonialmente a la compañía  de seguros.   

2.   Por   los  anteriores  hechos,  denunciados  el 21 de diciembre de 1999 por el apoderado de  la  Aseguradora  de  Vida Colseguros S.A.,  tras  la  vinculación  legal  de  los  antes  citados,  el 14 de  diciembre  de  2004  la  Fiscalía  General de la Nación profirió contra ellos  resolución  de  acusación en calidad de coautores de los delitos de estafa, en  modalidad  de tentativa, y falsedad en documento privado, de conformidad con los  artículos  27,  246  y  289  de  la Ley 599 de 20001, pliego de cargos que, apelado  por   el   defensor   de   GARZÓN  LEÓN,  el  3  de noviembre de 2005  fue  confirmado  en  su  integridad  por  la  Unidad de Fiscalías  Delegadas  Ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá2.   

3. El 7 de febrero  de  2006  asumió la causa el Juez Treinta y Nueve Penal del Circuito de Bogota,  funcionario  que  el 16 de enero de 2008 profirió sentencia condenatoria contra  Barragán,   Castro   Rivas,  Vivas  Uribe  y  GARZÓN  LEÓN,  como  coautores  penalmente  responsables  del  delito  de  estafa,  en  modalidad  de tentativa, y en tal virtud les impuso las  penas  principales de doce (12) meses de prisión y multa de cincuenta mil pesos  ($  50.000),  excepto  a Castro Rivas, a quien por haber confesado en su primera  versión,  la  aplicación  del  respectivo descuento le granjeo una sanción de  diez  (10)  meses  de  prisión  y  multa  de  cuarenta  y  ocho  mil  pesos  ($  48.000).   

Además,  a  favor  de  todos  se  declaró  prescrita  la  acción  penal  respecto  de  la  conducta punible de falsedad en  documento  privado,  fenómeno que se estructuró, indicó el a-quo, antes de la  decisión  de  segunda  instancia  respecto  del  pliego  de  cargos3.   

4.  Del  expresado  fallo  apelaron  los  defensores  de Castro Rivas y GARZÓN LEÓN, y el Tribunal  Superior   de  Bogotá  lo  confirmó  mediante  el  suyo  de  18  de  julio  de  20084,  decisión  contra  la  que  el  apoderado  del  último interpuso  recurso     extraordinario     de     casación,    el    cual,    oportunamente  sustentado5,  permitió  el  arribo  del proceso a esta Sala el 10 de diciembre  siguiente.   

CONSIDERACIONES  

1.  Acerca  del  fenómeno  jurídico de la prescripción de la acción penal, tiene precisado la  jurisprudencia        de        la       Corte6 que:   

“La prescripción  desde  la  perspectiva  de  la  casación,  puede  producirse:  a)  antes  de la  sentencia  de  segunda  instancia;  b)  como  consecuencia  de  alguna decisión  adoptada  en  ella con repercusión en la punibilidad; o, c) con posterioridad a  la   misma,  vale  decir,  entre  el  día  de  su  proferimiento  y  el  de  su  ejecutoria.   

“Si  en las dos  primeras  hipótesis  se  dicta  el fallo, su ilegalidad es demandable a través  del  recurso de casación, porque el mismo no se podía dictar en consideración  a  la pérdida de la potestad punitiva del Estado originada en el transcurso del  tiempo.   

“Frente  a  la  tercera  hipótesis  la  solución  es diferente. En tal evento la acción penal  estaba  vigente  al  momento de producirse el fallo y su legalidad en esa medida  resulta  indiscutible  a  través  de la casación, porque la misma se encuentra  instituida  para  juzgar  la  corrección  de  la  sentencia  y  eso  no incluye  eventualidades  posteriores,  como  la  prescripción de la acción penal dentro  del término de ejecutoria.   

“Cuando  así  sucede,  es deber del funcionario judicial de segunda instancia o de la Corte si  el  fenómeno  se  produce  en  el  trámite  del recurso de casación, declarar  extinguida  la  acción  en  el  momento  en  el  cual  se  cumpla  el  término  prescriptivo,  de  oficio  o  a  petición  de  parte. Pero si no se advierte la  circunstancia  y  la  sentencia alcanza la categoría de cosa juzgada, la única  forma  de  remover  sus  efectos  e invalidarla es acudiendo a la segunda de las  causales    que   hacen   procedente   la   acción   de   revisión”  (negrillas  de  la Sala).   

Sin  embargo,  en  el  presente asunto, como  objetivamente  se  desprende  de  la  síntesis procesal, la prescripción de la  acción  penal  respecto  del  delito  objeto  de  acusación  y juzgamiento, se  configuró   antes   de   la   sentencia   condenatoria  de  segunda  instancia,  circunstancia  que  pasó  desapercibida  para el respectivo Tribunal, así como  para el demandante quien no ataca el fallo por dicho aspecto.   

Es  indiscutible  que al continuar el Estado  con  el  ejercicio  del  poder  punitivo  después  de  que, por virtud del mero  transcurso  del  tiempo  perdió  dicha  facultad, la actuación posterior a ese  momento  deviene  ineficaz  y,  en  este  concreto  caso,  resulta  inválida la  sentencia  proferida  en  un proceso que no podía adelantar el juez por haberse  extinguido  en  él  la  potestad  conferida  por la Constitución y la Ley para  dirimir el conflicto sometido a su conocimiento.   

A  primera  vista  diríase  que, si bien la  demanda  de  casación  no  cuestiona el fallo de segundo grado por la señalada  circunstancia,  sin entrar a calificar el acierto lógico argumental del cargo o  cargos  propuestos,  la  Corte  debería  casarlo  de  oficio  para preservar la  efectividad  del  derecho  sustancial  y  las  garantías  debidas a los sujetos  procesales  —en este caso  de    los    acusados,    por    ser   la   decisión   condenatoria—,  empero,  ello supone la expedición  de  una sentencia de sustitución, que obviamente le es imposible emitir, justo,  por falta de una acción penal vigente.   

Tiene    dicho    la   Corte7     que  adelantar el juzgamiento de un ciudadano luego de que  el  Estado  ha  perdido  por  extinción de la acción la potestad sancionatoria  frente  a  un  comportamiento  típico,  constituye  grave  transgresión de las  garantías  constitucionales  sobre  legalidad  del  juicio,  con violación del  debido  proceso  y  del  derecho  de defensa, pues ocurrido ese fenómeno por el  transcurso  ininterrumpido  del término señalado por la ley para su operancia,  la  competencia  del respectivo funcionario se limita  para   efectos   de   la  sola  declaración  de  esa  prescripción,  de  la cual deriva para la persona imputada el reconocimiento de  su presunción de inocencia.   

En  consecuencia,  atendiendo  el  mandato  fundamental    de    prevalencia    del    derecho    sustancial   (Constitución  Política, artículo 228) y  el  principio  rector del ordenamiento procesal penal que faculta al funcionario  a  corregir,  en  cualquier  momento  de  la  actuación,  los actos irregulares  (Ley   600   de   2000,   artículo   15),  en  eventos  como  este,  se  impone  la  misma solución dada a  aquellos  casos en los que el fenómeno jurídico de la prescripción ocurre con  posterioridad  a  la  sentencia de segunda instancia, es decir, entre el día de  su  proferimiento  y  hasta antes de su ejecutoria, hipótesis en la que si bien  no  hay  ilegalidad  del  fallo,  lo  procedente  es  acudir  a  la cesación de  procedimiento8.   

Esa decisión debe adoptarla la Corte Suprema  de  Justicia  cuando  quiera  que,  como en el asunto analizado, se abre paso el  trámite  del recurso extraordinario de casación, sin que los jueces de primero  y  segundo grado se hayan percatado de su configuración, y sin que el motivo de  censura  ante  esta  sede  lo  constituya  el  aludido desaguisado, ya que de no  corregir  en  esa  forma  el  extravío,  en  caso  de  que la sentencia alcance  ejecutoria  con  pervivencia  del  mismo,  la  manera  de  remover sus efectos e  invalidarla  es  acudiendo  a  la  acción  de  revisión, por vía de la causal  segunda,   tal   y   como   se   indica   en   la   jurisprudencia  inicialmente  citada.   

2.  Entrando  en  materia,  debe primeramente puntualizarse que de conformidad con el artículo 80  del  Decreto  Ley  100  de  1980,  Código  Penal vigente para el momento de los  hechos  (Ley  599  de 2000, artículo 83),  la  acción  penal  prescribe en un tiempo igual al máximo de la  pena  fijada  en la ley si es privativa de la libertad, pero en ningún caso ese  lapso  puede  ser  inferior  a  cinco  (5)  años,  ni  exceder  de  veinte (20)  —en  la respectiva norma  del  actual  ordenamiento  adjetivo cuando se trata de las conductas punibles de  desaparición  forzada, tortura y desplazamiento forzado, el término máximo es  de      treinta      (30)     años—.   

Según  los  artículos  83 y 84 de la misma  legislación  (Ley  599  de  2000,  artículos  84  y  86),  la  iniciación  del  término  de prescripción  comienza  a  contarse,  para  los  delitos  instantáneos,  desde  el día de la  consumación,  y  desde  la  perpetración  del  último  acto en los tentados o  permanentes.  Este  tiempo  se interrumpe por la resolución de acusación, o su  equivalente,  debidamente  ejecutoriada,  y  empieza  a  correr  de nuevo por un  período  igual a la mitad del señalado en la norma inicialmente invocada, pero  en  ningún  caso  puede  ser  inferior  a  cinco  (5) años, ni superior a diez  (10).   

3. A los procesados  Barragán,   Castro   Rivas,  Vivas  Uribe  y  GARZÓN  LEÓN,  en  la  resolución  de  acusación  y  en las  sentencias  de  instancia  se  les  atribuyó  la conducta punible de estafa, en  modalidad  tentada,  comportamiento delictivo que según los artículos 22 y 356  de  la  Ley  Sustantiva  en  vigor  para  la  época  de los hechos (12   de   julio   de  1999)  se  hallaba  sancionado   con  una  pena  máxima  de  siete  (7)  años  y  seis  (6)  meses  —computado  el descuento  de  una cuarta parte sobre el máximo (10 años) por el carácter imperfecto del  reato—;  empero, como con  posterioridad  sobrevino  la  modificación  de la Ley 599 de 2000 que redujo el  máximo    del    delito    de    estafa   a   ocho   (8)   años   (artículo  246), es ésta la norma que en  atención  del  principio  de favorabilidad debe ser tenida en cuenta para fijar  el  término  de  la  prescripción, de suerte que al aplicar sobre ese monto la  reducción   por  la  tentativa,  dicho  lapso  queda  determinado  en   seis   (6)   años   para   la   fase   instructiva.   

La  resolución de acusación en este evento  alcanzó   ejecutoria  hasta  el  3  de  noviembre  de  2005,  fecha  en  la  que  se  desató  la  apelación  formulada  al pliego de cargos de primer grado, sin que el instructor de segunda  instancia  se  percatara  que  para entonces el tiempo señalado por la ley para  que  operara la prescripción de la acción penal en aquella tapa, contabilizado  a  partir  del  12  de  julio  de 1999, momento de consumación del último acto  estructural  de  la conducta punible de la que se ocupó este proceso, se había  cumplido   el   12   de   julio  de  2005, es decir, antes de que se resolviera la alzada.   

Tal   desacierto  sorprendentemente  pasó  desapercibido  para los falladores de primero y segundo grado, quienes emitieron  las  respectiva  condena  por  un  comportamiento  delictivo  frente  al cual el  Estado,  por  el  transcurso del tiempo, ya había perdido la facultad punitiva,  circunstancia   que,   de  acuerdo  con  lo  puntualizado  al  inicio  de  estas  consideraciones,  constituye  razón  suficiente  para  que  la  Sala  proceda a  declarar  la  prescripción  de la acción penal derivada de la conducta punible  de  estafa  en modalidad tentada, y a ordenar, en consecuencia, la cesación del  procedimiento  seguido  contra  JESÚS ALFONSO GARZÓN  LEON,  así  como  respecto de Iván Barragán, Martha  Castro  Rivas  y  Carlos  Arturo  Vivas  Uribe,  a quienes se hace extensiva esa  determinación  para  preservar  sus garantías fundamentales, a pesar de que no  recurrieron el fallo de segundo grado.   

El  juzgado  de primera instancia realizará  las  anotaciones  y  cancelaciones  que  se  deriven  de  lo  decidido  en  esta  providencia, contra la cual procede el recurso de reposición.   

4.  Como  la  Sala  encuentra  que  durante  el trámite de la instrucción pudo presentarse, según  se  evidenció  en  los  antecedentes  procesales,  una  dilación injustificada  determinante  de la prescripción, dispondrá que la Secretaría compulse copias  de  la  actuación  correspondiente  con  destino  al  Consejo  Seccional  de la  Judicatura   Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  para  los  fines  que  estimen  pertinentes.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA    SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,   

RESUELVE:  

1.  DECLARAR   prescrita   la  acción  penal  derivada  de  la conducta punible de estafa en modalidad de tentativa, atribuida  a   Martha   Castro   Rivas,  Iván  Barragán,  Carlos  Arturo  Vivas  Uribe  y  JESÚS     ALFONSO     GARZÓN     LEON.   

2.  ORDENAR,  en  consecuencia,  la  cesación del procedimiento adelantado contra los mencionados  procesados.   

3. DISPONER que por  el  Juzgado  de  primera  instancia  se realicen las anotaciones y cancelaciones  pertinentes.   

4.-  ORDENAR que la  Secretaría  de  la  Sala  compulse  las  copias  con  la  finalidad  y  destino  indicados.   

Contra esta providencia procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Despacho de origen   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                  JOSÉ LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ                               

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO                                     MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  L.               

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                  JORGE  LUÍS QUINTERO  MILANÊS                                               

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS                        JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Cuaderno de la acusación, folios 18 a 33.   

2  Ídem, folios 6 a 14.   

3  Cuaderno de la causa, folios 131 a 142.   

4  Cuaderno del Tribunal, folios 3 a 20.   

5  Ídem, folios 27, 29, 31 y 52 a 65.   

6  Sentencia  de  30  de  junio y auto de 8 de septiembre de 2004, Rad. Nº 18368 y  22588 respectivamente.   

7 Sentencia de 13 de octubre de 1994, Rad. Nº 8690.   

8  Sentencia de 24 de octubre de 2003, Rad. Nº 17466.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *