30969(26-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30969  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 90.  

             

Bogotá  D.C.,  marzo veintiséis (26) de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala sobre la admisibilidad de la demanda presentada por  el    defensor    del    procesado   GUSTAVO   SOLER  SOLER   con   el   objeto  de  sustentar  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  contra la sentencia proferida por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  de  fecha  marzo  7  de  2008, mediante la cual  confirmó,  con  modificaciones, la dictada por el Juzgado 14 Penal del Circuito  de  la  misma  ciudad  el  8  de  febrero  del  año  anterior,  que condenó al  mencionado  por  el  delito  de falsedad material en documento público agravado  por el uso.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  28  de enero de 1989, el mayor Silvino  Rojas  Cordero,  comandante en ese entonces del Primer  Distrito  de  Policía  de  la  localidad  de  Soacha  realizó,  en  estado  de  embriaguez,  varios  disparos  con  arma  de  fuego,  a  consecuencia de lo cual  ocasionó   la  muerte  al  agente  Héctor  Leopoldo  Montañez Aguilar.   

          A  fin  de  obtener  la  reparación  económica  por  la vía de lo  contencioso   administrativo,   familiares   del   occiso   otorgaron  poder  al  profesional     del     derecho    GUSTAVO    SOLER  SOLER,    quien     inició    el    correspondiente    proceso    ante    esa  jurisdicción.   

          Fue  así  como  el  Tribunal  Administrativo de Cundinamarca dictó  sentencia  el  25  de  mayo  de  1995,  por  cuyo  medio  declaró  a la Nación  Colombiana-Ministerio  de  Defensa-Policía  Nacional  responsable del deceso de  Héctor   Leopoldo  Montañez  Aguilar  y ordenó indemnizar a los demandantes.   

          Del  asunto  conoció  con  posterioridad  la  Sección  Tercera del  Consejo  de  Estado, modificando, mediante decisión de fecha agosto 22 de 1996,  el  ordinal  tercero del anterior fallo, concerniente al monto de los perjuicios  materiales a pagar.  En  lo demás, lo confirmó.   

          En  virtud  de  la  condena  señalada,  el  director  general de la  Policía  Nacional,  mediante  Resolución  No.  911  del  13  de marzo de 1997,  dispuso  pagar en favor de los herederos del uniformado la suma de $ 166.227.456  “a   través   de   su   apoderado  GUSTAVO  SOLER  SOLER”,  resolución  que  fue  notificada  el 31 de  marzo  siguiente,  misma  fecha  en  la  que  se cobró la suma indicada, según  comprobante de egreso No. 302 firmado por el togado.   

          Los  poderdantes  se  acercaron en varias oportunidades a la oficina  del  profesional con el propósito de averiguar por el estado del proceso, quien  les  respondía  que aún no había terminado, pero que en cuanto ello sucediera  les comunicaba.   

          En    una    de   las   visitas,   SOLER  SOLER  entregó  a  Alicia  Blanco  Parra, una de sus mandantes, copia de un fallo  dictado  por  el  Consejo de Estado de fecha 28 de abril de 2000, advirtiéndole  que,  acorde  con  lo dispuesto en esa decisión, en el mes de junio de 2001 les  entregaba  los  dineros.   Sin embargo, por averiguaciones efectuadas en la  Pagaduría  del  Policía,  los  demandantes lograron constatar que su apoderado  había recibido la suma reconocida desde el año de 1997.   

          En  razón  de  lo  anterior,  el  15  de  marzo  de  2001 el señor  Félix  Montañez  Aguilar,  otro  de  los demandantes, acudió ante las instalaciones de la Sección Tercera  del  Consejo  de  Estado  con  el fin de que se le certificara si las copias del  fallo entregado por el profesional eran auténticas.   

          Para  tal  efecto,  acudió  ante  el  secretario de esa dependencia  Carlos    Alberto    Corrales    Muñoz,   quien   logró   verificar   que   la  copia  presentaba  varias  inconsistencias.   

          Lo  anterior  motivó  a  que  el  señor  secretario de la Sección  Tercera   del   Consejo   de   Estado,  formulara  denuncia  penal  poniendo  en  conocimiento los hechos referidos.   

          Con      fundamento      en      lo     anterior     se     decretó  la      apertura de instrucción, en cuyo marco se vinculó,  mediante   declaratoria   de   persona   ausente,  al  profesional  del  derecho  GUSTAVO         SOLER        SOLER.   

Cerrada  la  investigación, se calificó su  mérito  el  15  de  junio  de  2004 con resolución de acusación en contra del  sindicado  por  los  delitos de falsedad material en documento público agravada  por el uso y estafa agravada.   

Ejecutoriado el calificatorio, la actuación  se  asignó,  para  surtir  el  trámite  de  la  causa, al Juzgado 14 Penal del  Circuito  de  Bogotá,  el cual, tras adelantar las audiencias preparatoria y de  juzgamiento,  profirió  sentencia  de  primer grado el 8 de febrero de 2007, en  donde  condenó  a  GUSTAVO  SOLER SOLER a  la  pena  principal  de  treinta  (30)  meses  de  prisión, a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo término y al pago de perjuicios, el encontrarlo autor  penalmente  responsable  del  delito  de falsedad material en documento público  agravada por el uso.   

En  la  misma  decisión,  el  juzgado  de  conocimiento  absolvió  al procesado del cargo por el delito de estafa agravada  y  le  negó  el  subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena, así como el sustituto de la prisión domiciliaria.   

   

          Impugnada  la  sentencia  por el defensor del sindicado, el Tribunal  Superior  de  Bogotá  la  confirmó, mediante sentencia del 7 de marzo de 2008,  modificándola  únicamente en cuanto al monto de los perjuicios ocasionados con  el delito.   

Contra  la sentencia de segunda instancia el  mismo  sujeto procesal interpuso recurso extraordinario de casación, sustentado  mediante demanda, cuya admisibilidad analiza la Sala.   

LA DEMANDA  

          El  censor  formula  un  único cargo contra la sentencia de segundo  grado  con  fundamento en la causal prevista en el numeral primero del artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, por violación indirecta de la ley sustancial, al  estimar  que  incurre  en  error  de  hecho por falso juicio de existencia en la  apreciación de las pruebas.   

          A  juicio del actor, tal yerro determinó la aplicación indebida de  los  artículos  220  y  222,  inciso  segundo, del Decreto Ley 100 de 1980 y la  falta  de  aplicación  de  los  artículos  381  y  382  del  estatuto procesal  penal.   

          Según  el  libelista,  la  violación  se  concreta  porque  en  la  sentencia  impugnada  se  dejaron  de apreciar las declaraciones de Leovigildo    Montañez    Aguilar    y  Alicia   Blanco   Parra,  “quienes   afirman  que  GUSTAVO  SOLER  SOLER  no  falsificó  ningún  documento”,  lo  cual infiere a  partir  de  su  aseveración  en el sentido de que no les consta tal hecho, como  así  también  lo  aceptó  la  Fiscalía al no controvertir ese aspecto cuando  contrainterrogó a estos testigos.   

          Si  el  juzgador  hubiera contemplado la prueba señalada, sostiene,  “el  indicio de móvil que concluyó el fallador de  segundo grado, se habría diluido”.   

          Acto  seguido,  el  demandante  afirma  que  también  se ignoró el  testimonio     de     Carlos    Alberto    Corrales  Muñoz,   cuyo   dicho  desmiente  lo  aseverado  por  Alicia   Blanco   Parra,  abriendo  la  posibilidad  de  que la documentación fotostática hubiera podido  ser  manipulada  y  que  “de  haber  sido tenido en  cuenta     esta    circunstancia,    se    estaría    frente    a    la    duda  existente”.   

          Luego  asegura  que  “en la descripción  del  interviniente  procesado  se  hace  ver  que  quien  comete el hecho es una  persona  de  características  totalmente diferentes al físico de GUSTAVO SOLER  SOLER”,  en  tanto  no existe correspondencia con su  descripción   física,   según   consta   en   su  tarjeta  preparada  por  la  Registraduría Nacional del Estado Civil.   

          Además,  señala,  en  el fallo impugnado se presume el interés de  engañar,  pues  “las  premisas argumentadas por el  Tribunal  se  encuentran  desconectadas  con  la  realidad en su falso juicio de  existencia  debido  a  su  inferencia,  ya  que  las  deducciones responden a un  ejercicio   eminentemente   especulativo   en   el  sentido  que  es  unicamente  (sic)   analizado  de  un  supuesto  interés  de engaño, siendo descartados en su análisis otras pruebas  sobre  inexistencia  del  documento, sin que exista demostración al proceso que  se  haya  atentado  contra  legalidad  y  procedimiento  de  obtener las pruebas  técnicas  en  la forma como lo permite nuestro procedimiento actual, donde debe  darse  la  oportunidad  a  los  procesados, en lo posible de obtener las pruebas  para lograr la verdad procesal”.   

          De  la  misma  forma,  encuentra que “el  Honorable  Tribunal  al desarrollar su falso juicio de existencia es desacertado  al  concluir  sobre un daño ocasionado a personas  que no comparecieron al  proceso”  y al reconocer indemnización por daños a  Alicia  Blanco  Parra, quien  fue  la  única persona que otorgó poder para el ejercicio de la acción civil,  con  fundamento  en la resolución de liquidación de un crédito judicial de la  Policía  Nacional  “de hechos sucedidos en el año  de 1989”.   

          Considera,  igualmente, que también se configura el falso juicio de  existencia  por  “implicar  y  fijar  como regla de  experiencia”  el  hecho de no haber tenido en cuenta  la personalidad del procesado.   

          Concluye   que   “al   desconocer   el  Honorable  Tribunal  el  contenido y en su análisis los testimonios y la prueba  documental  como  consecuencia  de  haber  incurrido en los hierros (sic)  manifiestos  de hecho que denuncia  el    cargo,    aplica    indebidamente    las   normas   relacionadas   en   el  mismo”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Pronto advierte la Sala que la demanda objeto  de  estudio  debe  ser  inadmitida,  dado que el casacionista carece de interés  para  impugnar  la sentencia en relación con los aspectos planteados, como así  se  colige  de  lo  normado en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, según el  cual  “si  el demandante  carece  de  interés  o  la  demanda  no  reúne  los  requisitos   formales   se   inadmitirá   y   se   devolverá  el  expediente  al  despacho  de  origen”  (subrayas fuera de texto).   

Esta   conclusión   se  sustenta  en  los  siguientes argumentos:   

Bien sabido es que constituye presupuesto del  derecho  a impugnar el interés jurídico del sujeto procesal, en tanto persiga,  a  través  del ejercicio de los recursos, la reparación de un desmedro causado  con  una  decisión  judicial  a  fin  de  que  se remueva, mejore o atempere la  situación en ella declarada por cuanto le resulta gravosa.   

          Sobre   el   particular,  la  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  sido  reiterativa  en  precisar  que la no interposición o sustentación adecuada del  recurso  de  apelación  respecto  de  la  sentencia  de  primer grado evidencia  conformidad  con  el   tal  providencia,  razón  por  la cual carecerá de  interés  jurídico  para  impugnar  la  de segunda instancia quien haya omitido  este  paso  para reclamar a última hora un agravio y así pretender legitimarse  en sede de de casación.   

          Dicho  de  otro  modo,  si  cualquiera  de las partes se abstiene de  interponer  o  sustentar  en  tiempo,  o adecuadamente, el recurso de apelación  contra  la sentencia de primera instancia, estando en condiciones de hacerlo, se  ha  de  entender  que  se  muestra  conforme  con  la  decisión  proferida y el  ad  quem  no  puede, por su  iniciativa, entrar a examinar su situación.   

          Esta regla general, tiene algunas excepciones:   

          1.-                       Cuando  aparezca  demostrado que arbitrariamente  se le impidió el ejercicio del recurso de instancia.   

          2.-                        Cuando  el  fallo  de segundo grado modifique su  situación    jurídica,    de    manera    negativa,    desventajosa   o   más  gravosa.   

          3.-                        Cuando  se  trate  de  fallos  consultables  que  causen perjuicio, para los eventos en que aún resulte procedente.   

          4.-       Cuando  el  sujeto  procesal  proponga  nulidad por la vía extraordinaria.   

          A  partir  del  anterior  marco  conceptual, precisa la Sala que, en  este  caso,  la  defensa  no  cumplió  con  la  carga  de interponer recurso de  apelación  contra  el  fallo  de  primer  grado  en  relación  con  los  temas  específicos  que  ahora  cuestiona  a  través del único cargo formulado en el  libelo casacional.   

          En  efecto,  no  obstante la dificultad que emerge para desentrañar  con  claridad  los  puntos  sobre  los  cuales  descansa  la  inconformidad  del  demandante, se logran identificar los siguientes:   

          (i)  Error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia originado en  haberse  ignorado  las  declaraciones  de  Leovigildo  Montañez  Aguilar  y Alicia  Blanco   Parra,   de   cuyo   dicho  se  infiere  que  GUSTAVO   SOLER  SOLER  no  falsificó ningún documento.   

          (ii)  El  mismo  error  por  ignorar  el  testimonio de Carlos  Alberto  Corrales  Muñoz, el cual  desmiente    lo    aseverado   por   Alicia   Blanco  Parra  conduciendo  a  un  estado  de  duda  sobre  la  responsabilidad  del  procesado  ante la posibilidad de que el documento espurio  pudo haber sido manipulado.   

          (iii)  Falta  de correspondencia entre la descripción del procesado  con  la  que  aparece  en  su tarjeta de preparación de cédula expedida por la  Registraduría Nacional del Estado Civil.   

          (iv)  Falso juicio de existencia porque el fallador de segundo grado  especuló  al  inferir  que su defendido, a través del documento, tuvo interés  de engañar.   

          (v)  El  mismo  yerro  por  razón  de  haber  condenado  al pago de  perjuicios   a   personas  que  no  comparecieron  al  proceso  y  a  Alicia  Blanco  Parra con fundamento en  una  resolución  de  la Policía Nacional alusiva a hechos sucedidos en el año  de 1989.   

          (vi)  Y, finalmente, también el mismo error valorativo por no haber  tenido en cuenta la personalidad del procesado.   

          Pues  bien,  tras  revisar  los  argumentos  expuestos  por el mismo  profesional  en  procura  de  sustentar  el  recurso de apelación que interpuso  contra  el  fallo  de  primer  grado,  se  encuentra  que no existe la necesaria  identidad  temática  para  tener por satisfecho el presupuesto del interés que  franquee el acceso al medio extraordinario de impugnación.   

         

          Ciertamente,  en  aquella  oportunidad,  de  forma  escueta, el  defensor centró su argumentación en sólo dos aspectos, a saber:   

          (i)  Por un lado, a señalar que la falsedad imputada a su prohijado  es  inocua,  pues  se  limitó  a  la  fecha del documento, lo cual no ocasionó  perjuicio alguno al bien jurídico protegido.   

          (ii)  Y,  por  otro, a deprecar la revocatoria de la liquidación de  perjuicios,  porque  la  resolución  expedida  por  el  director  general de la  Policía  Nacional  no  puede  tenerse  como  base  para ello ya que lesiona los  intereses del procesado.   

          El  primer  planteamiento  esgrimido  para  sustentar  el recurso de  apelación  dista  de  cualquiera  de  los  propuestos para fundamentar el medio  extraordinario  de  impugnación,  en donde nada plantea en torno a la inocuidad  de  la  falsedad  imputada  exponiendo  argumentos  distintos  para  reclamar la  inocencia  de  SOLER  SOLER,  sobre  los  cuales  no tuvo oportunidad de pronunciarse previamente el Tribunal.   

          Igual  se  debe pregonar en relación con la segunda propuesta allí  contenida,  atinente  a  la  indebida condena en perjuicios, pues si bien existe  leve  similitud  con  lo  argumentado  en  la  apelación,  lo  cierto es que el  ad quem dejó constancia que  esa  inconformidad  ni  siquiera fue adecuadamente sustentada por el defensor en  la apelación.  Así se dijo en la providencia:   

         “Por  último, el recurrente manifiesta que la resolución 911 de  13  de  marzo  de  1997  del  Director  General  de  la  Policía,  que  dispuso  pagar    166.227.456,   no  puede  tenerse  como  base  para  condenar  por  perjuicios al procesado.   

Nuevamente  no  indica  las  razones  de su  pretensión,  cuando  esa  cantidad  no fue la recibida por Alicia Blanco Parra,  Nataly  Montañez  Blanco,  Héctor  Leopoldo  Montañez  Blanco, Rosamaría del  Carmen  Aguilar,  Genaro  Montañez  Aguilar,  Juvenal Montañez Aguilar, Félix  Montañez  Aguilar,  Teresa Montañez de Sierra, Silvia Montañez Aguilar y cuya  recuperación  se impidió con el uso de documento público falso”.   

          Si  ello  es  así, resulta claro que tampoco se agotó la instancia  en  relación  con  tales  argumentos;  por  consiguiente, refulge indudable que  tampoco  le  asiste  interés al censor para formular su discusión en esta sede  extraordinaria.   

Pues  bien,  ha  dicho  la  Sala  que,  de  conformidad  con  la  preceptiva  del  artículo  204 de la Ley 600 del 2000, el  Tribunal  tiene  competencia  exclusiva  para  pronunciarse  sobre  los aspectos  impugnados  por  el apelante e igualmente respecto de aquellos inescindiblemente  vinculados a los mismos.   

         

Así  las  cosas,  como la inconformidad del  impugnante  en casación gira en torno de aspectos no comprendidos en el recurso  de  apelación  instaurado  por  el mismo sujeto procesal contra la sentencia de  primer  grado  y que por lo mismo tampoco fueron objeto de pronunciamiento en la  sentencia  de segunda instancia, es evidente su falta de interés jurídico para  acudir en casación.   

A esa conclusión se suma el hecho de que, en  este  caso, no es viable admitir la conjugación de una cualquiera de las cuatro  hipótesis  referidas  en  precedencia como excepción a la carga de impugnar la  sentencia  de  primer  grado  sobre  el  mismo  tópico ahora objeto del recurso  extraordinario  de  casación, amén de que la de segundo grado confirmó, en lo  que fue objeto de impugnación, el fallo recurrido.   

Como el requisito del interés para recurrir  es  un  presupuesto  para  acceder  al  medio extraordinario de impugnación, de  conformidad  con lo dispuesto en el referido artículo 213 del estatuto procesal  penal,  la  decisión  que razonablemente corresponde adoptar, de acuerdo con la  misma  preceptiva,  es  la  de  inadmitir la demanda y devolver el expediente al  despacho  de  origen.  Adicionalmente, por cuanto no se observa que se haya  incurrido  en  vulneración  de  garantías  fundamentales que imponga a la Sala  casar oficiosamente el fallo.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado GUSTAVO  SOLER   SOLER,  por  las  razones  consignadas  en  la  anterior motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                         MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS        

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                  JORGE     LUIS     QUINTERO     MILANÉS                               

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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