30951(10-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso     No  30951   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.70  

Bogotá  D.C., diez (10) de marzo de dos mil  nueve (2009).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado BERTIL JOSÉ MANJARRÉZ  OSPINO    —Intendente  Jefe    de    la   Policía   Nacional—,  contra  la  sentencia  de  segundo  grado  de 28 de julio de 2008  mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior  Militar  confirmó la emitida por el  Juzgado  148  de  Primera  Instancia  Zona Nueve del Departamento de Policía de  Antioquia,  por  cuyo  medio  lo  condenó como autor del delito de peculado por  apropiación.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  aspecto  fáctico  fue presentado por el  Tribunal de la siguiente forma:   

“…el  día  14-MAY-2004,  el SI WILLIAM  ANDRÉS  SÁNCHEZ  URDINOLA,  pone  en  conocimiento  del  Comandante del Tercer  Distrito  de  Policía  con  sede  en  Acandí  (Chocó) que al pasar revista al  armerillo  de  la  Estación  hacía  falta el revólver calibre 38, marca Llama  Martial  sin  número externo y con número interno 1[2]8, cañón reforzado, el  cual  se  encontraba  en  custodia  a  órdenes de la Fiscalía de Quibdó, y al  advertir     de    ello    al    Intendente    Jefe    MANJARRES    –sic-   OSPINO,   Comandante   de  la  Estación,  éste manifestó que el revólver había que conseguirlo como fuera,  pero  el  día  16-JUN-2004,  el  señor CARLOS ANDRÉS VILLAREAL MONTES, llegó  hasta  su casa y le manifestó que el Señor Intendente MANJARRES-sic- le había  vendido  el  revólver por valor de $400.000,oo el cual quería devolver para no  tener  problemas,  le  entregó  el arma y le dijo que no le importaba perder el  dinero,  al  verificar era el mismo extraviado del armerillo de la Estación.”   

El Juzgado 167 de Instrucción Penal Militar  del  Departamento  de  Policía  de Urabá abrió formal investigación penal en  contra  del  Intendente Jefe BERTIL JOSÉ MANJARRÉZ OSPINO. Una vez lo vinculó  a  través  de  indagatoria,  le  resolvió  la  situación  jurídica  el 12 de  diciembre  de  2004  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva, sin  beneficio  de  la  libertad provisional, como presunto responsable del delito de  peculado por apropiación.   

Clausurada la etapa instructiva, la Fiscalía  149  Penal  Militar ante el Juzgado 148 de Primera Instancia del Departamento de  Policía  de  Antioquia, mediante providencia de 23 de mayo de 2007 calificó el  mérito  del  sumario  con  resolución  de acusación por el mismo ilícito que  motivó la imposición de la medida cautelar de carácter personal.   

En  firme la calificación, el 5 de junio de  2007,  al  no  ser  objeto  de  impugnación, la fase del juicio la adelantó el  Juzgado  148  de  Primera  Instancia  del Departamento de Policía de Antioquia,  despacho  que  tras  llevar a cabo la audiencia de corte marcial, mediante fallo  de  3  de  junio de 2008 condenó a BERTIL JOSÉ MANJARREZ OSPINO como autor del  delito  objeto  de  acusación, a cuatro (4) años de prisión, interdicción de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término, separación absoluta de  la   Fuerza   Pública   y   multa   de   quinientos   veinticinco   mil   pesos  ($525.000,oo).   

En virtud del recurso de apelación promovido  por  el apoderado del enjuiciado, el Tribunal Superior Militar, por decisión de  28  de julio de 2008 confirmó en su integridad el fallo de primer grado, por lo  que   insiste   el   mismo   sujeto   procesal  a  través  de  la  impugnación  extraordinaria  con  la  respectiva  demanda,  de cuya admisibilidad se ocupa la  Sala.   

DEMANDA  

Un  solo  cargo  formula  el  defensor  por  violación    indirecta   de   la   ley   sustancial   debido   a   “errores    de    raciocinio”   que  conllevaron  la  aplicación  indebida de los artículos 401 y 396 de la Ley 522  de 1999.   

En  criterio  del  demandante,  el  Tribunal  desconoció  las  reglas  de  la  sana  crítica en la apreciación de la prueba  testimonial  cuando  consideró  que  de las atestaciones de los hermanos Carlos  Andrés  y  Camilo  Enrique  Villarreal  Montes  quedaba demostrado el ánimo de  lucro  del  procesado  al comprarle el primero a éste el revólver por valor de  $400.000,   sin   haber   tenido   en   cuenta   las   contradicciones   de  los  declarantes.   

Señala  que  la  situación  denunciada que  compromete  a  su  defendido  es  extraña  ya  que  no  tenía vínculos con la  población  de  Acandí (Choco) al no llevar mucho tiempo allí, contrariamente,  el  Subintendente  William  Sánchez  Urdinola  sí  los  tenía  dada  la mayor  antigüedad de laborar en ese municipio.   

De la misma manera, expresa que la sentencia  no  dijo  cómo  el  comprador  del  revólver  Carlos  Andrés  Villarreal tuvo  conocimiento  del  extravío  de  la  Estación  de Policía para que tuviera la  iniciativa  de  devolverla   a  través  del Subintendente William Sánchez  Urdinola,   circunstancia   que  en  su  parecer  le  resta  credibilidad  a  su  dicho.   

Que  si bien como lo afirmó el Tribunal los  testimonios  de  William Sánchez Urdinola y Carlos Andrés Villarreal conforman  una  sola  prueba,  no  se  explica  el  por  qué se le otorgó crédito a este  último,   cuando   nunca  tuvo  conocimiento  del  extravío  y  búsqueda  del  arma.   

Por  otro  lado,  indica  que Camilo Enrique  Villarreal  sólo  es  un  testigo  de  oídas, pues indicó que no sabía cómo  habían  sucedido  los  hechos  y que lo relatado correspondía a lo manifestado  por su hermano Carlos Andrés.   

Finalmente,  se queja el censor de que no se  haya  investigado al comprador del arma por la tenencia de la misma, lo cual, en  su sentir habría esclarecido los hechos.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar el  fallo recurrido y en su lugar dictar uno de carácter absolutorio.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

En atención a que el libelo demandatorio no  cumple   con   los   requisitos   mínimos    de    claridad   y   coherencia,  se  impone  su  no   

admisión, como se verá:  

Cuando  se  opta  por  la  causal primera de  casación,  específicamente  por  la violación indirecta de la ley sustancial,  de  manera  lógica  se  deben  anunciar  las normas que describen las conductas  delictivas,  asignan  consecuencias  jurídicas a tal comportamiento o consagran  los  derechos  de  los  sujetos  intervinientes  que a la postre hayan resultado  infringidas por el fallador.   

En  este  caso,  el  defensor  no  conforma  debidamente  la  proposición  jurídica  con  las  normas  penales quebrantadas  mediante  el  yerro  de  apreciación  probatoria que presenta, pues  simplemente  cita  los artículos 396 (prueba para condenar) y 401  (apreciación  de  las  pruebas) del Código Penal Militar, preceptos de índole  instrumental,  olvidando  que  según  su  pretensión  de  absolución  para el  enjuiciado  debió  integrar  el  artículo  que  contempla  el  tipo  penal del  peculado por apropiación por el cual fue condenado.   

Ahora,   si   se  postula  como  error  de  apreciación  probatoria  un  falso  raciocinio, compete al demandante demostrar  que  la  decisión judicial no se ajustó a los parámetros de la sana crítica,  es   decir,  que  es  por  completo  ajena  a  una  argumentación  estructurada  coherentemente  como  enseña  la  lógica  o  a  la  forma  como se aplican los  principios  en  un  espacio  teórico  específico  propio  de  la  observación  científica   o   que  contraviene  los  juicios  que  se  forman  a  partir  de  comportamientos  sometidos a una identidad circunstancial que arrojan las reglas  de la vida.   

Aquí,  la  queja  del  defensor no tiene la  aptitud  necesaria  para admitir el reparo ante la falta de sustento en factores  objetivos  y  responder  a simples hipótesis sin alguna demostración, distante  de  señalar  graves  errores  judiciales en la apreciación de los elementos de  convicción.   

Y  si  bien  señala  que  los “errores  de raciocinio” recayeron en  las  declaraciones  de los hermanos Carlos Andrés y Camilo Enrique Villarreal y  el  Subintendente  William  Sánchez  Urdinola,  no precisa qué referían tales  medios  probatorios  y qué se infirió de ellos en la  sentencia   atacada,   esto  es,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado,  determinando   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de  experiencia   cuyo   contenido   fue   desconocido,   así   como   la  correcta  consideración  que  se  imponía de los mismos. Solamente anota que el Tribunal  no  tuvo  en  cuenta las contradicciones en que incurrieron los atestantes, pero  sin identificarlas y acreditar su trascendencia en el fallo.   

Se  basa  en  una  conjetura cuando tilda de  extraña  la  situación  puesta  en  conocimiento por el Subintendente Sánchez  Urdinola  acerca  de  la  venta  de  un  revólver  por parte de su superior, el  Comandante  de  la  Estación  de  Policía, elemento que se encontraba allí en  custodia,  y  sembrar  así dudas en aquél por llevar mayor tiempo vinculado al  municipio   de  Acandí  (Chocó),  sin  la  debida  conexión  con  los  hechos  investigados  a  fin de establecer qué consecuencia pudo tener tal antigüedad,  o  si  ella  sirvió  para  una denuncia amañada de los hechos, aspectos que en  manera alguna puede la Sala suponer.   

Además  de lo anterior, el censor omite las  circunstancias  narradas por Carlos Andrés Villarreal en su declaración acerca  de  la  forma  como  surgió  la  relación  con  el  procesado dados los tratos  comerciales  y  de  colaboración  para  con  la  Estación  de Policía ante el  suministro  de  combustible,  razón por la cual le solicitó ayuda para comprar  un arma, procediendo el policial a vendérsela.   

    

Lo mismo sucede cuando indica el defensor que  no  se  sabe  la  forma  cómo  se enteró el comprador del arma, Camilo Andrés  Villareal  de la pérdida de la misma en la Estación de Policía, asombrándose  de  que  se  haya  presentado a fin de explicar la negociación celebrada con el  procesado  y  devolverla  a  fin  de  no  tener  problemas, cuando claramente el  juzgador  sopesó  esa  declaración  la  cual  confirmaba  que: “efectivamente  le  compró  el arma tipo revólver calibre 38 marca  Llama  Martial al Intendente Jefe MAJARREZ, que dicho elemento le fue vendido en  la  suma  de cuatrocientos mil pesos ($400.000,oo) más los papeles de la misma,  que  según  el  Intendente  costaban  trescientos mil pesos ($300.000,oo) más.  Dice  que  al enterarse por cometarios que del Comando se había perdido un arma  fue  y  le  preguntó al Subintendente SÁNCHEZ si esto era cierto, mostrándole  el  arma  que  le  vendiera  el  Intendente, resultando ser la misma extraviada,  devolviéndola   inmediatamente,   pues   no  quería  tener  problemas  con  la  institución  policial,  arma que compró confiando en la palabra y buena fe del  policial  MANJARRES-sic”   sin  que al respecto  colabore  en  el  propósito  del recurrente la queja que funda en no haber sido  investigado  el  comprador  del  revólver por su tenencia, situación que en su  sentir habría esclarecido los hechos.   

Así  las  cosas,  el libelo se reduce a una  simple  oposición  del  criterio  defensivo  frente  a  las  consideraciones de  valoración  probatoria  empleadas por los juzgadores, insuficiente para motivar  el  análisis  de  la  legalidad  del  fallo  al  no  sujetarse  a las técnicas  establecidas  para  probar la existencia de yerros manifiestos y esenciales, con  incidencia en el sentido de la decisión.   

Tales  falencias tornan al reparo carente de  la idoneidad necesaria para su admisión.   

Finalmente  es  oportuno  resaltar  que  la  Sala  no observa con ocasión del trámite procesal o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  derechos  o  garantías  del procesado  MANJARRÉZ  OSPINO,  como  para  que  se  hiciera  necesario  el ejercicio de la  facultad   legal   oficiosa  que  le  asiste  a  fin  de  asegurar  su   protección  en  los  términos  del  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

En  mérito de lo expuesto, la Sala Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

NO      ADMITIR     la  demanda  de  casación interpuesta por  el defensor   

de BERTIL JOSÉ MANJARRÉZ OSPINO, por las  razones dadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

       Notifíquese    y  cúmplase.   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

      

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                       MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS                    

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                           JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *