30895(26-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 30895  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 090  

Bogotá  D.C., veintiséis (26) de marzo de  dos mil nueve (2009).   

V   I   S   T   O  S   

La Sala resuelve la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  EDIEN  DUARTE  PARDO  contra la sentencia  del  24  de julio de 2008 dictada por el Tribunal Superior de Bogotá, por medio  de  la cual confirmó la proferida por el Juzgado 27  Penal del Circuito de  conocimiento  de  esta  misma ciudad el 15 de abril de 2008 que lo condenó a la  pena  principal de 64 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso, como autor  de   la   conducta   punible   de   acto   sexual   con   menor   de   14  años  agravado.   

  H   E   C   H   O  S   

Sobre  las  cuatro  de  la  tarde del 30 de  septiembre  de  2006,  en  el Multifamiliar Bolívar del Barrio El Tunal de esta  capital  se encontraba una menor de cinco años de edad y su hermano de 10 años  de  edad  jugando en el primer piso. En ese momento EDIEN DUARTE PARDO, vendedor  ambulante,  quien  había  ingresado al conjunto para comercializar artesanías,  convenció  a  la  menor para que lo acompañara a felicitar a otra niña por su  cumpleaños    la    cual,    supuestamente,    vivía    en    otro    de   los  edificios.   

A  su  hermano  le  dijo  que no los podía  acompañar  pues la reunión sólo era para niños pequeños. Éste, no obstante  la  prohibición  impuesta  por  DUARTE  PARDO, los siguió hasta divisar que el  sujeto  hizo  arrodillar  a  la menor en el piso, le subió la falda mientras le  tocaba  las  piernas, moviéndose de adelante hacia atrás con la cremallera del  pantalón  abierta  y  jadeando.  Instante  en  el  que su hermano pidió ayuda,  siendo  capturado  el  agresor  por  un  vigilante  de  la  unidad  residencial.   

A C T U A C I Ó N    P R O C  E S A L   

Ante  el  Juez  21  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías  de  Bogotá,  la  fiscalía legalizó la  captura,  solicitó  la  medida  de aseguramiento y formuló imputación a EDIEN  DUARTE  PARDO,   por  el  delito de actos sexuales con menor de 14 años de  que  trata  el  artículo 209 del Código Penal, agravado por el numeral 4° del  artículo 211.   

El 27 de octubre de 2006, ante el Juzgado 27  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento de Bogotá, el Fiscal 267  Seccional  de esta misma ciudad, presentó escrito de acusación por los delitos  objeto de imputación.   

El juicio oral lo tramitó el mismo despacho  judicial  que,  el  15  de  abril  de  2008,  profirió  fallo  de  primer grado  condenando  a EDIEN DUARTE PARDO a la pena principal de 64 meses de prisión y a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  el mismo lapso, como autor de la conducta punible de acto sexual  con menor de 14 años agravado.   

Apelado   el   fallo   por   el  defensor,  el  Tribunal  Superior de  Bogotá,  al  desatar  el  recurso  en  sentencia  del  24  de  junio  de  2008  lo  confirmó          integralmente.   

Contra   esta  decisión  el  defensor del acusado interpuso recurso  de casación.   

L A    D E  M A N D A    D E    CASACIÓN   

Previo a la presentación de los cargos, el  demandante  eleva  una  serie de críticas al trámite procesal y a la decisión  del  Tribunal, empezando por advertir que no se cuenta con prueba directa que lo  responsabilice   de   la  conducta  penal  por  la  cual  ha  sido  sentenciado.  Seguidamente,  censura  la  labor  de  la  policía judicial, pues considera que  omitió  su  labor  de  haber  elaborado  planos,  tomado fotos, buscar testigos  directos,   elementos  que  brillan  por  su  ausencia,  bastándole  tan  sólo  entrevistar  personas  que  de  oídas  conocieron  la supuesta ocurrencia de un  hecho delictivo.   

De  otra  parte, señala que la madre de la  menor   dijo  haber           “revisado”  a   la  niña  luego  de los sucesos, quiere decir que  la prueba se contaminó.   

Termina por afirmar que no se le podía dar  crédito  a las declaraciones de la menor ni su hermano, en tanto son menores de  5  y  10  años  con  evidente inmadurez sicológica,  limitados  en su conocimiento, fáciles de confundir,  con   tendencia   a   mentir,   sugestionables  e  influenciables,  entre  otras  cosas.   

Incluso, considera que si acaso se demostró  algo  fue  un  comportamiento  ajeno  a la      real      y      concreta      afectación      del  bien  jurídico  protegido  por  el  legislador,  sin  comprobación  de  una “satisfacción  libidinosa”,    fugaz    en   su   duración,  sin    pasar    de   la  tentativa.    

Luego  de  esta introducción, presenta los  cargos de la siguiente manera:   

Primer cargo  

Menciona  que  este cuestionamiento lo hace  en razón a que el Tribunal  al   dictar   sentencia   se   basó   en  “ERROR  DE  HECHO EN EL ESCRITO DE  IMPUTACIÓN”   pues  la  Fiscalía    le    dio  a los sucesos una  calificación diferente a la que verdaderamente correspondía,  incurriendo      en      una      “violación   directa   a   la   ley   sustancial   por   EXCLUSIÓN  EVIDENTE”,    desconociéndose    de    paso   la  “estructura    del   debido   proceso”,  todo  por  “haber  incurrido  en  deficiencia  valoración de pruebas (sic) porque se tomó fue solo las versiones  de  los  menores  y  de  unas  personas  que  en  ningún  momento  fueron    testigos    directos   …”  declarantes     que     por    ser    menores   de   edad  no  son  dignos  de  mérito             probatorio.   

Pasa  luego  a  citar  decisión  de  la  Corte1  en  la  cual destaca que si no hay en  la  conducta  la  satisfacción de fines libidinosos,  la  conducta  se  queda  en  un  delito  contra la integridad moral –injuria     por     vía     de  hecho-,    sin    embargo,    de   esa  jurisprudencia extracta el derecho al  respeto  a  la dignidad humana, lo cual le sirve para  censurar         como         “incoherencias”  procesales   la   ilegalidad  en  la  captura  de  su  defendido,  en  tanto  fue  maltratado  y no se le  permitió  atención  médica,  a  tal  punto  que lo incapacitaron por 7 días,  además,  si  bien  se  le  leyeron  los  derechos del capturado, no hizo real y  efectivo uso de los mismos.   

Para   terminar,   concluye:   “…   los  hechos  no  configuraron  un  delito  debidamente  tipificado,  puesto que la imputación presentada por la fiscalía consistió en  Abuso    sexual   abusivo   con   menor  de  catorce  años  agravado,  cuando  en realidad sin probar se  trató  de  un  acto  permitido,  que  no afecta la libertad y la dignidad de la  mujer,  que  por  supuesto  que si lo es, es un acto  absolutamente  censurable  y  reprochable, pero a pesar de las connotaciones del  comportamiento     imputado,     éste    resulta  atípico,…”   

Segundo cargo  

Asegura que es un deber de los funcionarios  judiciales,   así   reiterado   por   la  Corte, motivar las decisiones judiciales, es decir, manifestar  claramente  los fundamentos fácticos, probatorios y jurídicos en que se fundan  para  tomar  decisiones,  no  hacerlo  es  violar  el  debido  proceso, tal como  lo   acusa   sucedió  en   la  sentencia  del  Tribunal,   pues   no  advirtió  el  yerro  de  la  fiscalía al imputar un  delito  frente  al  cual  no  existía prueba certera  para condenar.   

Los puntos que  señala   faltos   de  motivación    son    los   siguientes:   

En relación a la supuesta responsabilidad  de  DUARTE PARDO, asegura que no existe prueba directa y evidencias contundentes  que  lo  señalen  como autor, por el contrario se le entregó credibilidad a un  informe     de    la    policía    donde    cita    testigos    “sugeridos,   debites   y   faltos   de  madures  (sic)”.  De  la  misma  forma,  no  entiende  cómo se le brinda mérito al dictamen sicológico  de    la   menor   supuestamente   ofendida,   pues  asegura  el  médico  que  es  alegre, sin traumas e  inteligente   y  recuerda  bien  los  hechos,  reconfirmando  mas  bien  que  no  lo      sufrió  “dado    que    nada   le   hicieron”           –aclara el demandante-.   

Tampoco  se  motivó  ni  justificó  la  presencia  del  dolo  ni  se  analizaron probatoriamente las declaraciones de la  menor y su hermano.   

En  consecuencia concluye que debe  aplicarse  la  tesis  deducida  por  la  Corte  en sentencia  conocida  como  “COTA  DE NALGAS” a través de la cual se trató el tema del  bien  jurídico,  para  lo  cual se concluyó que en  eventos  como  éstos,  sin  que  exista  afectación  al  bien jurídico, no se  configura    el    abuso   sino   injuria   por   vías   de   hecho.   

Para     terminar     dice   el   censor:   “Una  vez  precisadas  las  razones por las cuales considero que mi  representado  no  es  responsable del delito por el cual fue condenado, solicito  respetuosamente  se  DECRETE  LA  NULIDAD de la providencia recurrida y se dicte  fallo ABSOLUTORIO.”   

Tercer cargo  

Advierte   la  dificultad  que  tiene  para  argumentar al      no      conocer los motivos de condena, mucho   más   si   los  juzgadores  se  soportaron en testigos  de  oídas,  no  directos.  No  se  trajo  al  expediente  el  testimonio de los  policiales   que   presentaron    el   inicial   informe,               como   tampoco               del   vigilante              que          procedió  a  la  captura,  razón por la cual predica que no hubo  posibilidad          de         contradicción.   

Al respecto, concluye:  

“El Tribunal transgredió la regla de la  experiencia  que  orienta los abusos sexuales que tipifica la legislación Penal  vigente  en Colombia, no se tomó el criterio definido de que es abuso sexual, y  por  demás insisto en que en ninguna de las diligencias de la investigación se  demuestra  que  a  Eiden, lo vieron, lo cogieron, le probaron de en verdad (sic)  había   cometido   el   acto   del  cual  se  le  sindicó  y  se  le  condenó  injustamente.”   

Razones éstas por las que solicita se case  la  sentencia  y  se  emita  fallo absolutorio no sin  antes      ordenar      la      libertad     de     su     defendido.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.-  En  la Ley 906 de 2004 la casación se  concibe  como  un medio de control constitucional y legal que procede contra las  sentencias  dictadas  en  segunda  instancia  en  los  procesos  adelantados por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.    

Por  lo  mismo,  ha  de concluirse que este  recurso  es  consecuencia  natural de la función que ejerce la Corte Suprema de  Justicia  como  Tribunal de Casación, según así lo prevé el artículo 235 de  la  Carta  y,  por  ende, guardiana de los fines primordiales contemplados en el  artículo 180 de la citada ley.   

De   acuerdo   con  lo   que   estatuye ésta,  para  que  la demanda  sea   admitida    se   requiere   que   el   libelista,   además   de   contar  con   interés, acredite la afectación de  derechos   o  garantías  fundamentales,   para   lo   cual   también    deberá    formular   y   desarrollar   los  correspondientes  cargos  y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad  de  intervención  de la Corte para lograr algunos de los fines establecidos para la  casación,  según  lo  previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es  decir,  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos  que,  como lo tiene dicho la  jurisprudencia  de  la  Corte,  son los mismos del proceso penal, lo que explica  que  las  causales  de  casación  tengan  un  diseño  dirigido  a  lograr esos  fines.   

Así,        “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines      de     la     casación”.2   

En  consecuencia, el recurso extraordinario  no  es  un  instrumento que permita continuar con el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.   

    

2.-  En el evento que ocupa la atención de  la   Sala,   surge  nítido  que  el  censor  no  cumplió  con  los  anteriores  presupuestos,  pues  además  de  ser  deshilvanados  y confusos sus argumentos,  olvida  señalar  el  falso juicio que determinó los errores de hecho que acusa  y,  menos,  los  conectó con los fines que informan la casación de acuerdo con  el Código de Procedimiento Penal.   

En  efecto, el censor dividió su propuesta  en  tres  cargos, refundiéndolos conceptual y argumentativamente, incluso alega  al  mismo  tiempo  en  ellos  y en su interior la violación indirecta de la ley  asignándole  como  consecuencia  la  invalidación  de  la actuación procesal,  desconociendo  principios  como  la prioridad de las  causales,  autonomía de los cargos, trascendencia, claridad y suficiencia de la  argumentación,  motivo  por  el  cual,  desde  ya se anuncia la inadmisión del  libelo.   

Por  ello,  la Sala procederá a abordarlos  conforme la temática que de ellos se desprende.   

Cuando el censor se refiere a los supuestos  defectos  derivados  de  la  calificación  de la conducta, entra en manifiestas  contradicciones  pues  en  algunos apartes reclama su atipicidad mientras que en  otras  reclama su tipificación dentro del delito de injuria por vías de hecho.  A  esto  se  agrega que no determina el sentido del yerro o defecto del juzgador  como  tampoco  el  falso  juicio  que lo determina, por el contrario su evidente  propósito  es llevar a esta sede su inconformidad con los sentenciadores por no  haber  absuelto,  enfrentando  su alegación a lo ya resuelto en instancias, las  que  descartaron la atipicidad de la conducta o la variación, pues no se trató  de  simples  tocamientos  sin  satisfacción libidinosa. Al efecto, tajantemente  concluyeron:  “…el  señor  la  arrodilló  en el  piso,  le  subió  la  falda  y  le  tocó  las  piernas, mientras él, quien se  encontraba  con la cremallera del pantalón abierta, realizaba movimientos de su  cuerpo    hacia    delante   y   atrás,   respirando   fuerte   con   la   boca  abierta.”   

De  otra parte, cuando señala la falta de  motivación  de  la  sentencia, la indebida valoración de pruebas y la ausencia  de  prueba  directa,  realmente  lo  que  devela  es una abierta controversia al  mérito  probatorio que se les entregó a las declaraciones de la menor víctima  de  cinco  años  de  edad y su hermano de 10 años, las cuales incluso cataloga  como      “pruebas     inadmisibles”,  es  decir  la inconformidad del casacionista sobre el mérito  dado  a  los  medios  de  convicción  en que se fundamentó el fallo, a quienes  tanto  el  Juzgado  de  primera  instancia  como el Tribunal les otorgaron valor  luego del análisis ponderado por tratarse de menores de edad.   

Dicho  de otra manera, así señale que el  testimonio  de  un  menor  puede ser cuestionado por varias razones –inmadurez,  sugestión,  influencia,  mentira  confusión,  etc-  no está evidenciando  en  este  caso  concreto  un  vicio  de  apreciación,  ni afrenta al proceso de  producción.   

En tales condiciones, el libelista pasa por  alto  que  la  casación  no  fue  concebida con el fin de enfrentar el criterio  probatorio  del  juzgador con el personal, sino que fue estatuida para denunciar  vicios  de  derecho  o  de  actividad cometidos en la sentencia o en el proceso,  según  el  caso.  Recuérdese  que  además la sentencia de segundo grado   llega  a  esta  sede  amparada  por la doble presunción de acierto y legalidad,  esto  es,  que  los  hechos  y  las pruebas fueron apreciados correctamente y el  derecho estrictamente aplicado.   

Para la Sala resulta claro que el censor no  conoce  los  parámetros  de  lógica  y  debida  fundamentación que rigen para  demandar  en  casación,  quien  ha  debido  indicar  la  clase  de  error en la  apreciación  probatoria,  es  decir,  si  fue de hecho y de derecho, y el falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es, si de existencia, identidad, raciocinio,  legalidad o convicción.   

Por ello no bastaba tan sólo enunciar que  el  desacierto era de hecho,  sino demostrar que el juez ignoró una prueba  que  obraba válidamente en el proceso o supuso como existente una que no había  sido  incorporada  (falso  juicio  de  existencia)  o que había distorsionado o  tergiversado  su  contenido fáctico atribuyéndole efectos que no se derivan de  ella  (falso  juicio  de  identidad).  Y  si acaso era su propósito censurar la  existencia  de  un  yerro  de  derecho,  era su deber demostrar el equívoco del  fallador  al  admitir  y  conferir  valor  probatorio  a un medio de convicción  allegado  irregularmente  al  proceso  o desconocer y negar alcance probatorio a  pruebas  válidas  (falso  juicio  de  legalidad),  o asignarle valor probatorio  distinto  al  establecido  por  la  ley  o negárselo al que legalmente se le ha  conferido  (falso  juicio de convicción), sin desconocerse que igualmente puede  ocurrir  la  trasgresión  indirecta  de  la  ley  cuando  en la asignación del  mérito  probatorio que se deriva de la prueba válidamente allegada al proceso,  el  juzgador  desconoce  los  postulados  de  la  sana  crítica como método de  apreciación  probatoria  (falso  raciocinio), valga decir, los principios de la  ciencia, la lógica, la experiencia o el sentido común.   

Nada  de  esto comprueba el demandante. El  actor  no  hace  otra  cosa que discutir el mérito de la prueba sin que en modo  alguno  ponga  en evidencia la violación en la producción o apreciación de la  prueba.   

Ahora bien, no es cierto que el fallador de  segunda   instancia   haya   trasgredido  postulado  alguno  en  el  proceso  de  apreciación  de  las  pruebas.  Todo lo contrario, se advierte que de un examen  individual  y  mancomunado  de  los  medios de convicción, dentro de los que se  encontraba  la  declaración  de  los  dos  menores,  testigos  directos  de los  acontecimientos            –contrario    a    lo    que    piensa   el   demandante-,  el  Tribunal  dedujo  no  solo  la existencia del hecho sino la  responsabilidad del acusado.   

Tanto  el  juzgador  de  primera  como  de  segunda  instancia  coincidieron atinadamente en darles crédito al ver en ellos  declaraciones  espontáneas,  detalladas  y precisas acorde con su comprensión.  Frente   a   este   puntual   aspecto,   consignó   el   Juzgador   de  primera  instancia:   

“… lo cierto y real es que los relatos  de  los  menores  resultan  acordes,  coherentes  entre  si  y  diáfanos con la  secuencia   exacta   de   los  hechos,  aunado  que  no  sólo  fueron  testigos  presenciales,  sino  que  tuvieron  contacto  directo,  físico  y visual con el  acusado …”.   

“…”  

“…  con  el  testimonio  de  los  dos  menores,  e  incluso,  el  de  los  mismos profesionales quienes ratificaron sus  dichos,  destacando, respecto de Gissel Carolina, que tiene un desarrollo mental  propio  de  su  edad,  el  cual  permite  narrar  de  forma  sencilla, lógica y  coherente  las  situaciones que le acontecen; mientras Andrés Felipe se sostuvo  que  su  relato  es  altamente  creíble, mas descriptivo que el de la pequeña,  detallado,   coherente   y   lógico   respecto  de  los  hechos  que  percibió  directamente, sin ser capaz de mentir.”.     

Por   su  parte  el  Tribunal  no  sólo  corroboró este análisis sino que agregó:   

“En efecto, la  propia  víctima  con  sus escasos cinco años de edad, durante su intervención  en  la  audiencia  de  juicio oral, es capaz de generar en quien le escucha, una  representación   mental   clara  y  armónica  de  lo  sucedido.”     

Quiere decir lo anterior que sí obra en el  proceso   prueba   directa   de   la   existencia   del  hecho  delictivo  y  la  responsabilidad  del  acusado,  elemento  probatorio  que  además fue objeto de  análisis   de   experto  siquiatra,  quien  dictaminó  sobre  su  credibilidad  científica.  Demostraciones  que  sumado a la ausencia de una justificación de  la  presencia  del  acusado en compañía de la menor en la unidad residencial y  su  resistencia  a  la  captura,  corroboraron  con  amplio  poder  suasorio  su  compromiso penal.   

Por ello, dada la consistencia y mérito de  las    declaraciones    de   los   menores,   testigos   directos   –no     de     oídas-  no  se  extrañó  por  los  juzgadores  la  necesidad  de haber  allegado  otras  pruebas  como  las  que  reclama el demandante representadas en  planos, fotografías u otros testimonios.   

Por último, con relación a las réplicas  que  en  la demanda se hacen por la supuesta captura ilegal, debe advertirse que  la         Sala         tiene         dicho3 que no es procedente discutir  en  casación  las  posibles irregularidades que hubieren afectado la privación  de  la  libertad  del  procesado,  toda  vez  que aquellas son subsanables en su  momento,  a  través  de  los mecanismos oportunos que ofrece el trámite penal,  sin    que    de   ello   se   derive   una   trasgresión   a   la   estructura  procesal.   

En  todo caso, las irregularidades que el  casacionista  señala no existen, como quiera que el procesado fue capturado por  voces  de auxilio, es decir, cuando el hermano de la víctima lo pidió luego de  sorprenderlo  al  momento  de  cometer  el  hecho,  permitiendo  afirmar  que su  privación  de la libertad obedeció al supuesto de que trata el artículo 301-2  de  la  Ley  906  de  2004 mas conocido como la cuasiflagrancia, como tampoco la  ilegalidad  por  razón  de  las  lesiones  que  presentó pues se comprobó que  fueron    proporcionales   a   su   sometimiento   debido   a   que   pretendía  huir.   

Por manera que ante la falta de claridad y  precisión  en  la  formulación  de  los cargos, se impone la inadmisión de la  demanda.   

Resta  señalar  que no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías     del     procesado    EDIEN    DUARTE  PARDO,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En la medida en que contra la decisión de  inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  EDIEN  DUARTE  PARDO procede el mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 186 de la Ley  906  de  2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el trámite  a  seguir  para  que  se  aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha  definido  las  reglas  que  habrán de seguirse para su aplicación,4    como  sigue:   

a)    La    insistencia   es    un    mecanismo    especial    que    sólo   puede     ser    promovido    por    el    demandante,   dentro   de   los  cinco  (5)  días  siguientes a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar  la  demanda  de  casación,  con  el  fin  de  provocar que ésta reconsidere lo  decidido.      También      podrá      ser      provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo  término por alguno de  los  Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal    -siempre  que  el recurso no hubiera sido interpuesto  por  el  Procurador Judicial-, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisoria.   

b)  La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)    Es    potestativo   del    Magistrado    disidente,    del   que   no   intervino   en  los   debates   o   del  Delegado   del     Ministerio     Público     ante    quien    se  formula   la   insistencia,   optar  por  someter   el   asunto   a  consideración  de la Sala o no presentarlo  para  su  revisión,  evento último en que informará  de  ello   al   peticionario  en  un  plazo  de  quince   (15)  días.   

d)   El auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la   demanda   de   casación   presentada   por   el   defensor  de    EDIEN   DUARTE   PARDO,     por     las     razones    expuestas    en    la    anterior  motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia en los términos precisados atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                        JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia de fecha 2 de julio de 2008 Rad. 29.117   

2  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

3  Sentencia de casación de 11 de julio de 2002, radicación: 12447   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *