30732(18-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30732   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 333.  

Quibdó, noviembre dieciocho (18) de dos mil  ocho (2008)   

VISTOS  

La   Sala  emprende  el  examen  sobre  el  cumplimiento  de las exigencias de lógica y suficiente acreditación dispuestas  por  el  legislador,  respecto  de  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor    del    procesado    HERNANDO   HERNÁNDEZ  BARRERA  contra  el fallo de segundo grado dictado por  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga el 12 de mayo de 2008, confirmatorio del  proferido  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de la misma  ciudad  el  3  de  noviembre  de 2005, por medio del cual lo condenó como autor  penalmente  responsable  del  delito  de tráfico de estupefacientes agravado en  razón de la cantidad de sustancia incautada.   

HECHOS  

Aproximadamente a las seis de la tarde del 31  de  enero  de  2000  en el municipio de Barrancabermeja, miembros de la Policía  Nacional  realizaron una requisa de rutina al vehículo Fiat Mirafiori de placas  KBF  745,  el  cual  era  cargado con víveres por Luis  Alberto  Herrera  Carranza, hallando en el baúl bolsas  con  cocaína que arrojaron un peso de cinco kilos. Al indagar con el dueño del  automotor  por  el  propietario  de  las  mercancías señaló que se trataba de  HERNANDO     HERNÁNDEZ     BARRERA    quien  se  encontraba  en la Tienda El Veleño, donde se efectuó un  registro  consentido,  encontrándose cinco bolsas con cocaína que pesaron ocho  kilos.  También  se halló un portafolio perteneciente al mencionado ciudadano,  en  el  cual  había  un buscapersonas, papeles y $470.000.oo, procedimiento que  culminó  con  la  captura,  entre  otros,  de HERNANDO  HERNÁNDEZ.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          La  Fiscalía  Especializada  de Barrancabermeja declaró abierta la  instrucción,  en  curso de la cual vinculó mediante indagatoria a HERNANDO      HERNÁNDEZ      BARRERA,  resolviéndole   su   situación   jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva sin derecho a libertad provisional como posible autor del  delito  de  tráfico  de  estupefacientes,  decisión revocada a instancia de la  defensa  por  el  mismo  funcionario  mediante proveído del 23 de mayo de 2000,  ordenando la libertad inmediata del incriminado.   

          Cerrada  la etapa instructiva, el mérito del sumario fue calificado  el  5  de  diciembre  de  2002  con  resolución  de  acusación  en  contra  de  HERNÁNDEZ   BARRERA  como  presunto  autor  del delito de tráfico de estupefacientes agravado, dado que la  cocaína incautada superó los cinco kilos.   

El  ciclo  del  juicio fue adelantado por el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito Especializado de Bucaramanga, despacho que  una  vez  surtido el rito dispuesto en la ley dictó sentencia el 3 de noviembre  de  2005,  a  través  de  la  cual condenó a HERNANDO  HERNÁNDEZ  BARRERA  a  la pena principal de doce (12)  años  y seis (6) meses de prisión y multa por valor equivalente a 350 salarios  mínimos  legales  mensuales,  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el  mismo  lapso de la sanción privativa de libertad, como  autor penalmente responsable del delito objeto de acusación.   

En  la misma oportunidad le negó la condena  de   ejecución  condicional  y  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior  de Bucaramanga la confirmó mediante fallo del 12 de mayo de  2008,  proveído  que  es  ahora  objeto  de recurso extraordinario de casación  interpuesto por el defensor del incriminado.   

EL LIBELO  

Dentro del término dispuesto para interponer  el  recurso  de  casación  el  defensor allegó un escrito en el cual dedica un  acápite  a  la  “DEMANDA  DE  CASACIÓN”,   formulando   tres   cargos   contra   el   fallo  de  segundo  grado.   

          El    primero  referido   a   la  “violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  aplicación indebida del art. 177 del C.P. (Artículo 447 de la  Ley  599 de 2000) que describe y sanciona el delito de receptación (sic) y falta de aplicación de las normas  rectoras  contenidas  en  los  arts.  2º  a  5º del mismo estatuto”,  precisando  que  “su patrocinado es  inocente  del  delito  imputado por ausencia de dolo en su comportamiento puesto  que  no  ocultó, ayudó a ocultar ni aseguró el producto del hurto (sic)”.   

Añade que el procesado no tuvo posesión ni  tenencia  de la droga incautada a su vecino, aspecto que no fue ponderado por el  ad quem.   

A   partir   de   lo   anterior   solicita  “casar  el fallo recurrido para que no se le aplique  ninguna  sanción al recurrente por ser inocente y en subsidio, se le imponga la  multa a quien corresponda”.   

          En   el  segundo  reproche  postula  la “violación indirecta de la ley  sustancial  por  errores de derecho en la apreciación de las pruebas, yerro que  llevó  al  juzgador a aplicar en forma indebida el art. 177 del C.P. (Artículo  447  de  la  Ley  599 del año 2000)”, inmediatamente  solicita  “que  la  sentencia  sea  revocada  en  su  integridad    y   así   mismo   se   ordene   la   libertad   condicional   del  condenado”,  y “que se le  conceda  la  condena  domiciliaria  dado  que  llena los presupuestos que la ley  exige”.   

          Como  tercer cargo  propone  una  “nulidad  supralegal por quebranto del  art.  26  de la Constitución Política y los numerales 1º y 5º del 210 del C.  del   P.P.   al   adelantarse   contra   el   condenado   un   proceso   en  que  debían (sic) investigarse un  concurso de delitos”.   

          Luego   de   señalar   que  el  concepto  del  Ministerio  Público  “es      totalmente      equivocado”,  el recurrente depreca “se case este  recurso  en pro del condenado y así mismo se resuelva favorablemente la nulidad  que ataco”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Cuestión previa   

          Antes  de  acometer  el  estudio  de  las  exigencias  de  lógica y  suficiente  argumentación  en  el  libelo  presentado,  y  como  la demanda fue  allegada  dentro del término para interponer el recurso extraordinario, pues en  el   traslado   para  aportarla  el  demandante  no  presentó  escrito  alguno,  pertinente  se  ofrece  señalar que luego de la declaratoria de inexequibilidad  del  artículo  210  de  la  Ley  600  de  2000  que  regulaba  lo relativo a la  oportunidad  para  interponer el recurso extraordinario de casación y presentar  la  demanda, esta Corporación ha precisado que recobraron vigencia las  disposiciones  del  Decreto  2700  de  1991  que  regulan  tal  materia,    particularmente   el   artículo   2241.   

De tal  suerte,  el recurso de casación ha de interponerse dentro de los  quince  (15)  días  siguientes  a  la  última notificación de la sentencia de  segunda  instancia,  correspondiendo al funcionario ad  quem  decidir  dentro de los tres días siguientes si  lo  concede  o  no,  ocupándose  al  efecto  de  examinar  exclusivamente si su  interposición  es  extemporánea,  pues  las  demás  condiciones de viabilidad  atañe  analizarlas  a  la  Corte  en  el  momento en que califica el libelo, de  conformidad  con  el  artículo  213  de la Ley 600 de  2.000.   

A su turno, si el recurso extraordinario se  concede,   en   el   mismo   auto   el  ad  quem  debe  disponer  traslado de 30  días  para  cada  uno  de  los  recurrentes  a  fin  que  presenten la demanda,  luego  de  lo  cual  ha de surtirse el traslado a los  demás  sujetos  procesales  por  el  término  de  15  días, según lo señala  el  aparte final del artículo 211 de la Ley 600, que  fue  el  único  no  cobijado con la declaratoria de inexequibilidad declarada a  través de la sentencia C-252 del 28 de febrero de 2001.   

También  ha  precisado  la Sala2, que aunque la  ley  ha  establecido  términos  individuales  para  sustentar  los  recursos de  casación  que  se  hubieren interpuesto contra sentencias referidas a un numero  plural  de  procesados,  nada  impide anticipar la presentación de una demanda,  como  tampoco  puede objetarse que un solo escrito contenga la sustentación del  recurso  extraordinario  postulado  por  diferentes  sentenciados,  siempre  que  respecto  de  ninguno  de ellos se haya agotado el lapso que se le haya asignado  para el cumplimiento de ese deber procesal.   

Con base en los anteriores precedentes puede  afirmarse  que tampoco está vedado al demandante presentar el libelo casacional  al  momento  de  interponer  el recurso extraordinario, como ha ocurrido en este  asunto,  en  el  entendido que si el legislador dispuso en su favor de un tiempo  más  amplio  para  allegar  la  respectiva  demanda, es él quien puede decidir  dentro  de  su  ámbito  profesional  si  se  toma  todo  aquél lapso, o por el  contrario,   simultáneamente  con  la  interposición  del  recurso  allega  el  libelo.   

          Análisis de la demanda   

Advertido  lo  anterior,  procede  la Sala a  estudiar  el  escrito  presentado  por  el  casacionista,  labor  en  la cual se  establece  sin  dificultad  que  no  se  ajusta  a  las  reglas definidas por el  legislador  y  desarrolladas por la jurisprudencia para acceder a este mecanismo  impugnaticio extraordinario por las siguientes razones.    

En        el        primer cargo plantea la violación directa  de  la  ley  sustancial,  quebranto  que  tiene  lugar  cuando  a  partir  de la  apreciación  de  los  hechos  legal  y  oportunamente  acreditados  dentro  del  diligenciamiento,  los falladores omiten aplicar la disposición que se ocupa de  la  situación  en  concreto, en cuanto yerran acerca de su existencia (falta de  aplicación  o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los  hechos   probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan  efectos    diversos    o    contrarios    a    su   contenido   (interpretación  errónea).   

No  obstante,  en  evidente  confusión  el  recurrente    alega    que   se   aplicó   indebidamente   el   “art.  177  del  C.P.  (Artículo  447  de  la  Ley  599 de 2000) que  describe  y sanciona el delito de receptación”, tipo  penal  que no guarda relación alguna con la conducta investigada de tráfico de  estupefacientes  agravado,  razón  suficiente  para  advertir  que  tal censura  carece  de  lógica  y  suficiente  fundamentación  como para ser admitida, con  mayor  razón  cuando para culminar depreca “casar el  fallo  recurrido  para  que  no se le aplique ninguna sanción al recurrente por  ser   inocente   y   en   subsidio,   se   le   imponga   la   multa   a   quien  corresponda”.   

          En  cuanto  atañe  al  segundo  reparo  encuentra  la Sala que al postular la violación indirecta  de  la  ley sustancial por errores de derecho, era su deber precisar si se negó  a  determinado  medio probatorio el valor conferido por la ley o le fue otorgado  un  mérito  diverso  al  atribuido  legalmente (falso juicio de convicción), o  bien,  porque  los falladores al apreciar alguna prueba la asumieron erradamente  como  legal  aunque  no  satisfacía las exigencias señaladas por el legislador  para  tener  tal  condición, o la descartaron aduciendo de manera equivocada su  ilegalidad,  pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos dispuestos en la  ley  para  su  práctica o aducción (falso juicio de legalidad), asumiendo acto  seguido  la  condigna  acreditación,  proceder  que  no emprendió, dejando sin  precisar  la  queja,  amén  de  que  una vez más se refiere equivocadamente al  delito  de  receptación,  el cual ni siquiera fue mencionado en el curso de las  instancias.   

Adicionalmente no explica las razones por las  cuales  considera  que  erraron  los  falladores  al  negar a su representado la  condena  de  ejecución condicional o la prisión domiciliaria sustitutiva de la  intramural  y  no  dice cuál es el fundamento para que considere a HERNANDO  HERNÁNDEZ  beneficiario  de  la  libertad condicional.   

          Acerca   del   tercer  reproche  la  confusión  del  recurrente  es  mayúscula     e     ininteligible,    pues    propone    una    “nulidad  supralegal  por  quebranto  del art. 26 de la Constitución  Política  y  los  numerales  1º  y  5º del 210 del C. del P.P. al adelantarse  contra  el  condenado  un  proceso en que debían (sic)  investigarse   un   concurso  de  delitos”,   planteamiento  que  desconoce  las  más  elementales  reglas  lógicas   y   de   coherencia   para  concurrir  a  este  trámite  de  índole  extraordinaria.   

Con  fundamento  en  las razones anteriores  concluye  la  Sala que el defensor no se sujetó a las  directrices  de  lógica y  suficiente  argumentación  exigidas para acceder a este recurso extraordinario,  circunstancia   que   impone   la   inadmisión   del  libelo,  pues  aquél  se  desentendió  de su deber de enunciar “la  causal  y la formulación del cargo, indicando en forma clara y  precisa    sus   fundamentos   y   las   normas   que   el   demandante   estime  infringidas”  (numeral  3º del artículo 212 de la  Ley  600 de 2000), omisión que no puede ser enmendada  por  la  Corte  en virtud del principio de limitación  propio del trámite casacional.   

          Casación oficiosa   

          Pese  a lo anterior, oficiosamente asume la Sala que es necesaria su  intervención  en  punto  de  garantizar  el  principio  de legalidad de la pena  accesoria, de acuerdo con los siguientes planeamientos.   

Según  la  preceptiva  contenida  en  el  artículo  29 de la Constitución, “nadie podrá ser  juzgado   sino   conforme   a   leyes   preexistentes   al   acto   que   se  le  imputa”;  disposición que consagra el principio de  legalidad  de los delitos y las penas, el cual desde la época de la Revolución  Francesa  protege  la  libertad  individual  frente  a  la  arbitrariedad de los  funcionarios  judiciales  y garantiza a la postre tanto el principio de igualdad  de las personas ante la ley, como el de seguridad jurídica.   

Es  por  tal razón que se afirma de manera  pacífica  que  una  de  las características esenciales de un Estado de derecho  está  constituida  por  la  reglamentación exhaustiva de las facultades de sus  servidores  públicos,  como  se deriva del artículo 121 de la Carta Política,  en  cuyo texto se expresa que “ninguna autoridad del  Estado   podrá   ejercer  funciones  distintas  de  las  que  le  atribuyen  la  Constitución  y la ley”. A su vez, el artículo 122  de  la  misma  Normativa  Superior  dispone  que “no  habrá   empleo   público   que   no   tenga  funciones  detalladas  en  ley  o  reglamento”.   

En cuanto se refiere a los funcionarios que  administran  justicia, además de las anteriores normas, sus facultades se rigen  por  lo  dispuesto  en  el  artículo  230  de  la  Constitución,  precepto que  establece   el   principio   de   imperio   de   la   ley   en   las  decisiones  judiciales.   

Ahora bien, el principio de legalidad desde  el  punto  de vista de la pena constituye una garantía para el procesado y para  la  comunidad,  pues  los  ciudadanos  tienen  la  certeza  que en ejercicio del  ius  puniendi,  el  Estado  sólo  podrá sancionar en razón de la comisión de una conducta punible dentro  de  los  límites  cuantitativos  y cualitativos establecidos en la ley, sin que  estos   puedan   desbordarse  a  discreción  o  capricho  de  los  funcionarios  judiciales,  pues  un tal proceder comportaría no sólo violación del referido  principio,  sino  también  de  los  de  igualdad  de las personas ante la ley y  seguridad jurídica, según atrás se precisó.   

Puntualizado lo anterior, advierte la Sala en  el  asunto  objeto  de  estudio  que en la sentencia de primer grado, confirmada  totalmente  por  el ad quem se  dispuso  imponer  al  acusado  “la pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  tiempo  igual  al  señalado para la pena principal”,  esto es, de doce (12) años y seis (6) meses.   

Como el delito de tráfico de estupefacientes  aquí  investigado ocurrió el 1º de febrero del 2000, se rige por lo dispuesto  en  el  artículo 44 del Decreto 100 de 1980, modificado por el artículo 3º de  la  Ley  365  de  1997,  según  el  cual,  la  duración  máxima de la pena de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas es de diez (10) años, norma  que  por  resultar  más  favorable  al  incriminado  que  lo dispuesto sobre el  particular   en   la   Ley   599   de   2000,   debe   ser  aplicada  de  manera  ultraactiva.   

Por   tanto,   es   evidente  que  al  ser  condenado HERNANDO HERNÁNDEZ  a  la  ya mencionada pena accesoria por tiempo igual al de la pena principal, es  decir,  doce  (12) años y seis (6) meses, no se reparó en que tal quantum  excedía  el  máximo establecido  para  dicha  sanción por el legislador, resultando de tal manera quebrantado el  principio  de  legalidad  de  la  pena  al  imponerle una sanción accesoria que  desborda los límites cuantitativos dispuestos en la ley.   

En  consecuencia,  corresponde  a  la  Sala  restablecer  oficiosamente  el  daño  causado  y  por  ello se dispondrá casar  parcialmente  el  fallo  en  cuanto atañe a la pena accesoria, para en su lugar  establecer su duración en diez (10) años.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.          INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  HERNANDO      HERNÁNDEZ      BARRERA,   por   las   razones  expuestas  en  la  parte  motiva  de  esta  decisión.   

2.          CASAR oficiosa  y  parcialmente  el  fallo  de  segundo grado, para reducir a diez (10) años la  pena  accesoria  de  interdicción de derechos y funciones públicas impuesta al  referido     ciudadano,     de     conformidad     con     la     argumentación  precedente.   

3.            PRECISAR que los  restantes    ordenamientos    de    la    sentencia   impugnada   se   mantienen  incólumes.   

Contra   este  proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

Excusa justificada  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  del 22 de octubre de 2001. Rad. 18631.   

2  Sentencia de Casación del 13 de marzo de 2003. Rad. 13906.     

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