30678(02-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30678  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N°. 348.   

Bogotá  D.C.,  diciembre  dos (2) de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda de  casación  presentada por el representante de la Fiscalía General de la Nación  en  contra  de  la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Antioquia, de  fecha  abril  28 del año en curso, mediante la cual revocó la dictada el 12 de  octubre  anterior  por  el  Juzgado Promiscuo del Circuito de Urrao en el citado  departamento  que  condenó  al  procesado  GUILLERMO  LEÓN  JIMÉNEZ  JIMÉNEZ  por los delitos de homicidio  agravado y porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

ANTECEDENTES  

Los   hechos   fueron   relatados  por  el  a   quo  de  la  siguiente  forma:   

“De acuerdo con la prueba obrante dentro  del  proceso,  los  hechos  que  son motivo de juzgamiento se presentaron en las  primeras  horas  del día 29 de diciembre de 2006, en la residencia de la pareja  conformada  por  el  señor  GUILLERMO LEÓN JIMÉNEZ JIMÉNEZ y la joven María  Andrea   Vélez   Restrepo;    domicilio   ubicado   en   el   ‘barrio       obrero’     de     esta     comprensión  municipal.   

Según   las   notas   procesales,   como  consecuencia  de  una  herida  recibida  en  el cráneo por descarga de armas de  fuego,  pasados  varios  minutos  luego  de  la seis de la mañana y mientras se  hallaba  en su lecho;  la joven María Andrea falleció horas más tarde en  la  ciudad  de Medellín, después de ser trasladada del hospital local debido a  la  gravedad  de  la  lesión,  y  transportada  en  la  avioneta ambulancia del  Programa  de  Salud  de la Gobernación de Antioquia, luego de sufrir un último  paro  cardiaco,  shock  neurogénico  secundario  a  herida por arma de fuego en  cráneo,   según   el   informe  de  diligencias  técnicas  e  investigativas,  adelantadas  en  inspección técnica al cadáver, efectuadas por miembros de la  Policía   Judicial   de   la   Fiscalía   General  de  la  Nación,  grupo  de  homicidios.   

Inicialmente  y  según  lo afirmado por el  cónyuge  de  la occisa en su indagatoria, se trató de un caso de suicidio ante  la   concurrencia   de   varios  problemas  de  índole  económico,  laboral  y  sentimental  que  mermaron  el  estado anímico de la joven, y que la llevaron a  adoptar tan extrema determinación.   

No   obstante,  al  asumirse  la  acción  investigativa  por  parte  de  la Fiscalía Seccional de la sede, y una vez este  ente  rechazó  la  hipótesis  del  posible suicidio que en principio se había  proclamado,  se  dispuso el arresto del compañero permanente de la víctima, el  señor   JIMÉNEZ   JIMÉNEZ,  quien  fue  capturado  el  día  5  de  enero  de  2007”.   

Los  anteriores  hechos  fundamentaron  la  apertura  formal  de  la correspondiente investigación penal, dentro de la cual  fue  vinculado,  mediante  diligencia  de indagatoria,  GUILLERMO  LEÓN JIMÉNEZ JIMÉNEZ a quien se resolvió  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva, sin  beneficio  de  excarcelación,  por  los  delitos  de homicidio agravado y porte  ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

Cerrado  el  ciclo instructivo, se impartió  calificación  al  mérito  del  sumario el 3 de mayo de 2007 con resolución de  acusación  en  contra del sindicado JIMÉNEZ JIMÉNEZ  como  posible  autor responsable de los mismos delitos  que edificaron la medida detentiva.   

Ejecutoriada  la  acusación,  la  fase  del  juicio  fue  asignada al Juzgado Promiscuo del Circuito de Urrao, en donde, tras  realizar  las  audiencias  preparatoria y de juzgamiento, dictó sentencia el 12  de  octubre  siguiente  por cuyo medio condenó al procesado a la pena principal  de  veinte  seis (26) años de prisión, a la accesoria de inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el término de veinte (20)  años  y  al pago de perjuicios en las sumas indicadas, a la vez que le negó la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.    

Esta  determinación  fue  recurrida  por el  defensor  del  procesado,  motivo  por  el  cual,  el  28  de  abril de 2008, se  pronunció  el  Tribunal  Superior  de  Antioquia  en  el  sentido  de revocarla  integralmente  y,  en  su  lugar, absolver a GUILLERMO  LEÓN  JIMÉNEZ  JIMÉNEZ  de los cargos por los cuales  se lo acusó.   

   

          El   fallo   dictado   por   el  ad  quem  se impugnó por el representante de la Fiscalía y por  el  apoderado  de  la parte civil; empero, como el segundo no allegó dentro del  término  del  traslado la respectiva demanda de casación, se declaró desierto  por      el      Tribunal      con      auto      del      pasado      29     de  septiembre.                

          En  razón  de lo expuesto, procede la Sala a acometer el estudio de  los   presupuestos   lógicos   y   de  mínima  argumentación  de  la  demanda  oportunamente   allegada   a   los   autos   por   el   representante  del  ente  acusador.   

LA DEMANDA  

Dos  censuras  se  formulan  en contra de la  sentencia  impugnada,  ambas  con  cimiento  en la causal primera prevista en el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  por  violación indirecta de la ley  sustancial.   En la primera, sostiene el actor que se incurrió en error de  hecho  “al  haber  ignorado  pruebas que obraban de  manera  válida  en  el  proceso”  y, en la segunda,  error  de  derecho por falso juicio de legalidad “al  haber    ignorado    pruebas    que    obraban   de   manera   válida   en   el  proceso”   y   de   derecho  por  falso  raciocinio  “al  desconocer postulados de la sana crítica como  método de apreciación probatoria”.   

Primer  cargo.  Violación indirecta de  la   ley   sustancial   derivada   de   error   de   hecho  por  haber  ignorado  pruebas.     

En  la  demostración  del reparo, el censor  advierte  que  en  el  fallo  impugnado no se efectuó apreciación alguna sobre  varios  de  los  indicios  de responsabilidad sobre los cuales se basó el fallo  condenatorio  de primer grado al centrarse en el análisis del indicio de móvil  y    absteniéndose   de   ponderar   evidencia   seria   que   reposa   en   el  plenario.   

Así,  refiere  a  diversas  omisiones en la  justipreciación   de   la   prueba  indiciaria,  que  expone  de  la  siguiente  forma:   

En  relación  con  el  indicio  de  móvil,  destaca  que  “como  el  Tribunal  analizó toda la  prueba  indiciaria por separado y no en su conjunto no se percata que los mismos  argumentos  que  le sirven para decir que no existió el móvil, servirían para  demostrar  que  no  había  la  más  mínima  posibilidad  de  ser  eso  cierto  (sic)  que María Andrea se  suicidara”.  Ello,  prosigue,  porque ninguna de las  declaraciones   citadas  por  el  Tribunal  “fueron  analizadas  de  manera íntegra, omitiendo hacer referencia a apartes importante  (sic)     de     los  testimonios”.   

En  ese  orden de cosas, expone in  extenso  como  ha debido valorarse la  prueba,  específicamente  las declaraciones de Gloria  Cecilia  Montoya  Caro,  María Aracely Rondón Cardona, Isabel Cristina Escobar  Maya,  Lilia  de  Jesús  Cortez  Florez,  Alba  Lucía Cartagena, Luís Albeiro  Moreno  Urrego,  Luz  Enith  Rivera Sepúlveda, de cuyo  contexto   se   infiere   que   Luz  Adriana  Vélez  Restrepo,  consanguínea  de  la  occisa,  no  mentía  cuando incriminó al procesado en la muerte investigada.   

Igualmente,  porque  en  la  decisión  ni  siquiera  se  mencionó  el testimonio de Luís Arturo  Padilla  Herazo,  quien también ratifica lo dicho por  Luz Adriana.   

Luego,    indica    que    “el   análisis   adecuado,   completo,  lógico  de  los  medios  probatorios  excluidos  no lo hizo el Tribunal Superior de Antioquia pero sí lo  hizo  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  y  por  compartirlo  plenamente  lo  incorporo  en la sustentación del recurso, para que sea tenido en cuenta por la  Honorable Corte Suprema de Justicia”.   

Acto   seguido,   alude  a  las  omisiones  “respecto  a  los  indicios  que  indicaban  el  no  suicidio  de  la víctima”, resaltando en ese sentido  lo   curioso   que  resulta  creerle  a  Luz  Adriana  únicamente  en cuanto respecta a la deuda existente y  la  supuesta  llamada  de  la guerrilla “y no es que  critiquemos  esto  porque como hemos venido sosteniendo Adriana nunca ha mentido  y  hay  que  creerle en todo, no en pedacitos, porque lo que dice lo respalda en  otros medios probatorios”.   

En el fallo, continúa, se ignoró la prueba  a  través de la cual se establece la excelente situación económica por la que  atravesaba  la  pareja,  como las inspecciones practicadas a los almacenes de su  propiedad    que   “de   haber   sido   analizadas  conllevarían  al  desplome de los argumentos referidos por la segunda instancia  a  los  cuales  hicimos  mención  a (sic) los párrafos precedentes”.   

Además,  con  base  en las mismas citas del  Tribunal   se   establece   que   Andrea   era   una   persona   de   temperamento   alegre,   las   cuales,  infortunadamente,  se  valoraron  sesgadamente.   Por  tanto,  “si   la  Sala  desconoció  los  motivos  poderosos  que  tenía  GUILLERMO  para matar a Andrea fue porque no valoró la evidencia referida en la  sentencia   de   primera   instancia,   que   será   incorporada   al  presente  escrito”.   

A continuación, el casacionista se ocupa de  las  omisiones  en  relación  con  el  indicio  de  mala  justificación por la  posición  en  que  fue encontrado el cuerpo de la occisa, dejándose de lado la  diligencia  de  inspección  judicial  practicada  en  el lugar de los hechos y,  concretamente,  el sitio exacto en donde fue encontrado el revólver con el cual  se   produjo  el  deceso,  esto  es,  en  contacto  con  la  sábana  a  escasos  centímetros    de    la    almohada,    ubicación    incompatible    con    un  suicidio.   

Al  contrario, dicha posición lo que indica  es  que  “esa  arma  fue puesta en ese sitio por la  persona  que  disparó  y  no  por Andrea que después de recibir el impacto del  proyectil  en  el  cráneo no estaba en condiciones físicas, ni psíquicas para  direccionar    el    arma   ubicándola   debajo   de   las   cobijas   que   la  tapaban”.        

Acto  seguido,  transcribe  nuevamente  los  argumentos   expuestos   sobre  el  particular  en  el  fallo  de  primer  grado  “porque estos contienen el análisis correcto de la  evidencia  en mención”. Luego de lo cual destaca que  el  Tribunal  no  mencionó  el  testimonio  de María  Dorani   Ortiz,  persona  encargada  del  aseo  en  la  residencia  donde  vivían  el  procesado  y  la occisa, y que, por ello, tenía  acceso  a  todo  el  apartamento,  quien afirmó en su deposición que nunca vio  arma alguna en el inmueble.   

Posteriormente,  refiere  a las omisiones en  punto  del  indicio  de preparación, pues de los elementos de juicio existentes  en  el  proceso  se infiere que el procesado sentía especial atracción por las  armas  de  fuego,  mientras que la occisa sentía temor hacia ellas, de donde se  colige  que  fue  el  primero  quien accionó dicho artefacto contra la segunda,  pero  “a  la  Sala  no  le  servía  realizar estos  análisis  porque  lo  mismos  no  le  servían  de  soporte para fundamentar la  sentencia absolutoria”.   

Sobre  lo  mismo,  aduce  que  se  ignoró  “”todo    lo    concerniente   al   medicamento  Modiur”,  adquirido por el procesado en una farmacia  de  la  localidad,  cuya  ingesta  impide que una persona opte por el camino del  suicidio,  que de haberse analizado “hubiese llegado  a  la conclusión plasmada en la sentencia de primera instancia, no refutada por  el  Tribunal  y  que  transcribimos  a  continuación  para incorporarla en este  recurso   por  compartirla  plenamente”.   

De inmediato, aborda el tema de las omisiones  probatorias  relacionadas  con  el  indicio  de la presencia o de la oportunidad  para   delinquir   del   procesado   y,  en  su  lugar,  apelar  a  “la   ideación  de  los  motivos  que  supuestamente  tenía  la  ofendida  para quitarse la vida”, con el fin de hacer  creer   que  atravesaba  por  una  profunda  crisis  depresiva,  o  “crear  una  cuartada (sic) de   preparación   para   hacer   creíble   el   suicidio  de  la  víctima”  o refiriendo a potenciales testimonios en  el  mismo  sentido,  “pero alertándolos para que no  se  comunicaran  con ella, porque de hacerlo se darían cuenta que Andrea estaba  bien”.   

De  esa  forma,  asegura  el  demandante, no  fueron  rebatidos  los  argumentos  del  fallador  de  primer  grado, los cuales  nuevamente  trascribe  con  el  fin de que sean tenidos en cuenta por la Sala al  dirimir el recurso.   

          

Por último, refiere a omisiones relacionadas  con  la evidencia que soportó el cargo por el delito de porte ilegal de arma de  fuego  de  defensa  personal,  pues a su juicio no es admisible el planteamiento  del  Tribunal en el sentido de que en la resolución de acusación no se imputó  esta   conducta   por   hechos   anteriores   a   la   muerte   de  María    Andrea    Vélez   para   cuya  comprobación  transcribe  apartes  de  esa pieza procesal. En el mismo sentido,  asegura,  también  se  omitió  hacer mención a la confesión del procesado en  donde  admite haber portado el arma en varias ocasiones, así como la diligencia  de   inspección   judicial   y   peritaje   practicados   para   establecer  su  funcionamiento.   

Segundo cargo.  Violación indirecta de  la ley sustancial derivada de errores de hecho y de derecho.   

–  Errores  de  hecho  por “haber  ignorado  pruebas  que  obraban  de  manera válida en el  proceso”:     

Para  el  actor,  el sentenciador de segunda  instancia   “desconoció   y   negó   el  alcance  probatorio   a  pruebas  válidas”,  tales  como  la  “autopsia    psicológica”,    de   acuerdo   con   la   cual   María  Andrea no tenía ningún factor de  riesgo  para  el suicidio, peritaje que fue ordenado por funcionario competente,  practicado  por  persona  idónea,  allegado en debida forma al proceso y que no  fue  objetado  por  alguno  de  los  sujetos  procesales,  por  lo  que, estima,  “no  puede  desconocerse,  ni  negarse  su  alcance  probatorio  con  meras  suposiciones  como  las  que  hace  la  defensa y que le  sirvieron de fundamento al Tribunal”.   

–    Error  de  derecho  “porque  el  juzgador  asignó  un  valor  probatorio distinto al  establecido en la ley”:   

Considera el actor que este yerro se produce  en  virtud  de que el Tribunal “al valorar la prueba  indiciaria  creó  una tarifa legal para el denominado indicio de móvil, y así  lo  reconoce  en varios apartes de la sentencia”, los  cuales  transcribe,  y porque eludió el imperativo previsto en el artículo 287  de la Ley 600 de 2000 de apreciar la prueba en su conjunto.   

Además,  subraya,  el  juzgador  también  omitió  pronunciarse  sobre  otros  indicios “y los  elementos  de  juicio que los soportaban, a título de ejemplo nada dijo la sala  sobre  el  indicio  de la presencia o de la oportunidad para delinquir y mutiló  toda  la prueba indiciaria que soportaba los indicios de mala justificación, el  móvil,  la  preparación  y la mala justificación, lo que ya ha sido motivo de  análisis     en     la    sustentación    de    este    recurso”.   

Enseguida,  sostiene  que  el  ad  quem desconoció postulados de la sana  crítica  como  método  de  apreciación probatoria cuando otorgó credibilidad  parcial  al  testigo John Jairo Gutiérrez,  a  pesar  de  que  lo dicho por este testigo está refrendado por  Orlando             Cartagena.   

Y   ello   porque,   agrega,  “o  uno le da credibilidad al testigo o no se la da  y si su  dicho  decanta  apartes  de  veracidad  y  otros  de falacias, debe aplicarse el  análisis  del  testimonio de manera lógica según los principios de la ciencia  la  experiencia  (sic)  y el  sentido   común   y   acá   el   tribunal   no   indica   porque  (sic)   estos   dos  declarantes  están  mintiendo,  cuando  lo  dicho  por uno es corroborado por otros y eso le da más  fortaleza a sus afirmaciones”.   

Lo   mismo   ocurre,   prosigue,  con  los  testimonios  de  Claudia Patricia Vélez Restrepo, Luz  Adriana,  Blanca Elidia, Julio Cesar Rodríguez Taborda  y   del   galeno   Nelson   Lara  Castro  por  mutilar  “el contexto completo de  la  respuesta”, apreciando su dicho de forma parcial,  para  colegir  que  “no  existen los famosos contra  indicios   aludidos  por  el  Tribunal”.   

Se  desconoció,  en  consecuencia,  que  el  procesado  es una persona “mentirosa, que acomoda la  verdad  a  su  amaño”,  como así se precisó en la  resolución  de  acusación,  a cuyo contenido remite con el objeto de demostrar  ese aserto.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita casar  el  fallo  impugnado,  con  el  objeto  de  que  se condene al procesado por los  delitos  por  los  cuales  fue  acusado  “ya que la  hipótesis  del  suicidio  de  la afectada no dejó de ser más que una cuartada  (sic)  mal concebida y peor  probada”.   Adicionalmente,  en  el  capítulo  siguiente  depreca  estudiar la viabilidad de sentar jurisprudencia en este caso  en relación con la prueba indiciaria.   

         ALEGATO DEL NO RECURRENTE   

Dentro  del  término  legal  previsto,  el  procesado      GUILLERMO      LEÓN      JIMÉNEZ  JIMÉNEZ,   coadyuvado  por  su  defensor,  presentó  escrito  en  su  condición de sujeto procesal no recurrente, a través del cual  aboga   por   la   inadmisión   de   la  demanda  por  considerar  “carece  de  los  requisitos  o  elementos  legales  que permitan  articularla  como  tal” a la vez por ser reiterada la  jurisprudencia  de  la  Sala en el sentido de que ante tales falencias esa es la  solución   que   se   debe   adoptar,   como   así   ha   procedido  en  casos  similares.   

Lo anterior, indica, por cuanto la demanda de  casación  no  es  un  escrito  de  libre  formulación, en donde sea procedente  efectuar  cualquier  tipo de cuestionamientos a una sentencia como si se tratara  de una tercera instancia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Sea lo primero precisar que la Sala asumirá  en  forma  coetánea  el  estudio  de los dos cargos propuestos en el libelo por  evidenciar  falencias  similares,  sin que ello sea óbice para que, cuando así  lo  estime  necesario, se refiera a ellos individualmente.   

          Pues  bien,  de  conformidad  con  el artículo 212 de la Ley 600 de  2000:   

          “La demanda de casación deberá contener:   

1.  La  identificación  de  los  sujetos  procesales y de la sentencia demandada.   

    

1. Una síntesis de los hechos materia  de juzgamiento y de la actuación procesal.     

3.  La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las normas que el demandante estime infringidas.   

4.   Si  fueren  varios  los  cargos,  se  sustentarán en capítulos separados.   

Es permitido formular cargos excluyentes de  manera subsidiaria”.   

En el supuesto de que el libelo no satisfaga  dichos  presupuestos,  se  debe  proceder  con  sujeción  a  lo  normado  en el  siguiente    artículo    del    mismo    estatuto,    esto   es,   “se  inadmitirá  y  se  devolverá  el expediente al despacho de  origen”.   

La  Sala,  sobre  el  particular,  ha hecho  especial  énfasis  en  que  el  escrito  debe  contener  un mínimo de sustento  argumentativo,  el  cual debe ser lógico y coherente, pues no es función de la  Sala,  dada  la  naturaleza  extraordinaria del recurso, desentrañar propuestas  contradictorias  o  ambivalentes, acorde con la exigencia prevista en el numeral  tercero de la primera disposición aludida.   

Dentro  de  ese  contexto,  la  Sala  para  calificar  la  demanda  analiza  si  contiene  una  propuesta  con la entidad de  socavar  la  legalidad  de  la  sentencia  atacada  en  el marco de las causales  establecidas  en  la  ley,  quedando absolutamente relegado que dicho estudio se  concentre,  como  algún  sector así lo estima, simplemente a establecer si los  planteamientos  se  ajustan a las denominaciones acuñadas por la jurisprudencia  y  la  doctrina,  con  el  propósito  precisamente  de  dar  realce  al derecho  sustancial  sobre  el  formal,  en  los  términos del artículo 228 de la Carta  Política.   

De  ahí  que  cuando  la Corte recaba, por  ejemplo,  en  la  esencia de los diversos yerros de apreciación probatoria o en  los  presupuestos necesarios para demostrar una causal, no lo hace con el ánimo  de  imponer  un  método  determinado, sino en virtud de su función pedagógica  encaminada   a   que  dichos  cuestionamientos  se  desarrollen  acorde  con  la  naturaleza constitucional y legal del recurso.   

Es  lo que ocurre con la demanda sometida a  análisis,  porque  el actor incurre en un cúmulo de falencias más allá de la  simple  denominación  de  los errores de apreciación probatoria con la entidad  de  resquebrajar  la legalidad del fallo, como así lo sugiere el no recurrente.  Tales incorrecciones se pueden sintetizar de la siguiente forma:   

1.     No   señala   preceptiva  alguna de carácter sustancial  cuya  transgresión se haya verificado por razón de los errores de apreciación  probatoria atribuidos al fallo impugnado en las dos censuras.   

Este presupuesto es fundamental no tanto por  la  denominación  de  la  causal  invocada en ambos reparos, sino porque impide  conocer   cuál   es   su   trascendencia   concreta,  para  cuya  demostración  imprescindible  se  torna  evidenciar  los errores de apreciación probatoria y,  desde   luego,  de  qué  manera  ellos  tienen  concreción  frente  a  la  ley  sustancial.   Al  olvidarse  de  la segunda parte, el censor deja trunca su  pretensión, patentizando insuficiencia argumentativa.   

2.  En el fondo no desarrolla ningún error  de  apreciación  probatoria con la aptitud de derruir el fallo, puesto que a lo  largo  de  los  dos  reparos  se  dedica, de manera extensa y bajo el rótulo de  haberse  incurrido  en  errores  de hecho y de derecho, a confrontar su criterio  personal  en punto de la valoración de diversas probanzas con el plasmado en el  fallo  impugnado,  desconociendo  que  esa  actitud  riñe con la naturaleza del  recurso,  en tanto no constituye una tercera instancia.  Tampoco compagina,  se  insiste, con la noción de error, pues el asunto se circunscribe a enfrentar  dos  puntos  de  vista sobre un mismo tópico, insuficiente, por lo demás, para  resquebrajar  la  doble presunción de acierto y legalidad que gobierna al fallo  cuando arriba a esta sede.   

3. Se llega a la conclusión plasmada en el  acápite  antecedente  porque aun cuando el censor en la primera censura refiere  a  un error de hecho por “haber ignorado pruebas que  obraban  de  manera  válida  en  el proceso” y en la  primera  parte  del segundo alude a uno de derecho por falso juicio de legalidad  fincado  en  el  mismo  motivo, enunciados compatibles con un error de hecho por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  en  su  desarrollo  devela  total  confusión  al  involucrar reiteradamente otra modalidad de error derivado de no  apreciarse  las  probanzas  en  forma  integral  pero,  en todo caso, como ya se  subrayó,  con  el  único fin de que prevalezca su criterio subjetivo por sobre  el del Tribunal en torno a su valoración.     

Dada  la  confusión  del  casacionista  en  relación  con  las  diversas modalidades de errores de apreciación probatoria,  evidenciable  en las dos censuras, pertinente resulta evocar su naturaleza, así  como  la carga argumentativa que, acorde con su esencia, corresponde emprender a  quien   pretenda   demostrarlos,   para  tenerlos  por  adecuada  y  formalmente  presentados,  según directrices sentadas de manera reiterada y pacífica por la  Sala.   

La causal de violación indirecta de la ley  sustancial  se  presenta  por  la incorrecta apreciación probatoria derivada de  los  denominados  errores  de  hecho  y  de derecho. Los primeros se originan en  falsos   juicios   de   existencia,   falsos   juicios  de  identidad  y  falsos  raciocinios;   los segundos, por su parte, en falsos juicios de legalidad y  de  convicción.  Sobre  su esencia y forma de ataque es preciso tener en cuenta  lo siguiente:   

–  El  falso  juicio  de  existencia  tiene  ocurrencia  cuando un medio de prueba es excluido de la valoración que efectúa  el  juzgador  no obstante haber sido allegado al proceso en forma legal, regular  y  oportuna  (ignorancia  u omisión) o porque el juzgador lo crea a pesar de no  existir  materialmente  en el proceso (suposición o ideación), otorgándole un  efecto trascendente en la sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  que se controvierte y en favor del interés que se representa -lo  cual  comporta la necesidad de demostrar que el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

–  El falso juicio de identidad se verifica  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de la prueba  para  hacerla  decir  lo  que  ella  no  expresa  materialmente.  También se ha  expuesto  que  en  esa modalidad de desacierto en la apreciación de las pruebas  igualmente  incurre el juzgador cuando toma una parte de la prueba como si fuera  el  todo,  en tanto ello constituye una forma de distorsión pues, en su proceso  de  valoración se le suprimen apartes trascendentes, omitiendo de esa manera su  apreciación integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde  esa  perspectiva,  resulta necesario  para  quien  propone  esta clase de error, ante todo, individualizar o concretar  la  prueba  sobre  la  cual recae el supuesto yerro; luego, evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su sentido.  Acto seguido, se debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  debe  mutarse  a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

– La última de las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  el  cual se configura cuando el sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le  corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

–  El  error de derecho por falso juicio de  legalidad  tiene  ocurrencia por doble vía.  La primera, también conocida  como  aspecto  positivo,  se verifica cuando a un medio de prueba se le confiere  validez  jurídica  tras  suponer  que  satisface  las  exigencias  formales  de  producción  sin  que  en  realidad  las  satisfaga  y,  la  segunda,  o aspecto  negativo,  se  configura  ante  la  situación  contraria,  esto  es,  porque se  considera que no las reúne, cumpliéndolas.   

En   ambos   casos  se  exige  del  actor  individualizar  la  prueba sobre la cual recae el vicio, especificar cuál es la  formalidad  legal  omitida,  por  lo  que  es  necesario  referir a la norma que  contiene  la formalidad y señalar su trascendencia en relación con el fallo o,  dicho  de  otro  modo,  que  al marginarla y confrontarla con las demás pruebas  cuya  validez  no  se  encuentra  comprometida,  en  caso  de  que  existan, las  conclusiones  y  el  sentido  de  la  sentencia  sufren  modificación de manera  favorable  para  el  interesado.  Si lo decidido no varía, la invalidación del  medio  de  prueba  carece  de  trascendencia  para  casar  el  fallo; pero si la  invalidación  de  la  referida prueba ilegal conduce a una providencia diversa,  el  yerro  se  torna  trascendente e impone casar el fallo y así proferir en su  reemplazo  la  decisión  que se ajuste a la nueva valoración probatoria.   No  escapa  a  su  demostración,  como  es  innato  a  todos  estos  yerros, la  obligación  de corroborar que con el defecto de apreciación se vulnera una ley  sustancial por falta de aplicación o aplicación indebida.   

– El error de derecho por falso juicio de  convicción,  se  produce  al  momento en que se valora una prueba haciendo caso  omiso del predeterminado crédito que la ley le ha otorgado.   

Con  el fin de demostrar adecuadamente este  yerro,  el  casacionista  debe identificar el medio de prueba que en su criterio  fue  apreciado  contrariamente  al  valor  otorgado  por  la  ley;   luego,  precisar  el  o  los  preceptos  legales  en  virtud  de los cuales se asigna un  específico  valor  probatorio al medio de prueba;  después, determinar la  trascendencia  que  tuvo  la  incorrecta  apreciación del medio de prueba en la  decisión  impugnada  y  en  favor  del interés representado, lo cual comporta,  como  ya  se ha precisado en los supuestos anteriores, la necesidad de demostrar  que  el  fallo  atacado  no  se  mantiene  con  otros elementos de juicio y, por  último,  establecer  la  forma cómo se violó la ley sustancial con el defecto  de   apreciación,   bien   por   falta   de   aplicación   o  por  aplicación  indebida.   

Con fundamento en las anteriores pautas, sin  dificultad  se  arriba  a  la  conclusión  de  que  ninguna de las dos censuras  contenidas  en  la demanda objeto de estudio logra evidenciar que el fallo esté  incurso  en  alguno  de  los errores de apreciación probatoria invocados, ni en  algún  otro  que  tenga  cabida  en esta sede extraordinaria, teleológicamente  concebida para demostrar su ilegalidad.   

En  ese  orden  de  ideas,  comiéncese por  señalar  que  en  el  primer  cargo  el  censor es incoherente con su propuesta  dirigida  a demostrar la omisión de la prueba indiciaria sobre la cual se basó  el  fallo  condenatorio  de primer grado, lo que en principio permitiría ubicar  la  discusión  en  terrenos  del error de hecho por falso juicio de existencia,  pero  al  tiempo  advierte  que ninguna de las declaraciones sobre las cuales se  fundamenta  el Tribunal “fueron analizadas de manera  íntegra,   omitiendo   hacer   referencia  a  apartes  importante  (sic)  de  los testimonios”,  con  lo  cual traspasa el ámbito inicial para ubicarse en el del  falso                                  juicio                                 de  identidad.                

Aún es mayor la confusión en la propuesta  contenida  en  la primera parte de la segunda censura, pues no empece invocar un  error  de derecho por falso juicio de legalidad, cuya naturaleza ya se precisó,  de  inmediato  aduce  que  se  produjo  por  “haber  ignorado  pruebas  que  obraban  de  manera válida en el proceso”,  pretensión  que, al igual que la del cargo anterior, concierne a  un error de hecho por falso juicio de existencia.   

En   todo  caso  resulta  irrelevante  la  discusión  planteada  en  este  acápite  por  no  haberse  apreciado la prueba  pericial  según  la  cual  la  víctima  no  tenía  factores  de  riesgo  para  suicidarse,  porque  el  fundamento  de  la  decisión  absolutoria devino de la  insuficiencia  de  la  prueba  considerada  por el fallador de primer grado como  incriminatoria  en  contra  del  procesado  en el deceso de su cónyuge y no por  estar   plenamente   demostrado   que  éste  fue  a  consecuencia  de  un  acto  suicida.   

El reproche contenido en la segunda parte de  la  segunda  censura  no  ofrece un panorama mejor, en tanto formula un error de  derecho  por  falso  raciocinio  “porque el juzgador  asignó  un  valor  probatorio  distinto al establecido en la ley”.   

En  primer  lugar,  según quedó visto, el  falso  raciocinio  es  una  modalidad de error de hecho y no, como lo pregona el  libelista,  de  error  de derecho.  En segundo orden, no corresponde con la  noción    del    falso    raciocinio    fundamentarlo   en   que   “se  asignó  un  valor  probatorio distinto al establecido en la  ley”,  pues,  como  ya se vio, ello es de la esencia  del error de derecho por falso juicio de convicción.   

En  tercer  lugar,  tal  modalidad de error  impone,  como  atrás  se  precisó,  determinar  el  postulado  lógico, la ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  sobre lo cual, aparte de reiteradas referencias genéricas, nada se dice  en la censura.   

Pero todavía más patente es la confusión  conceptual  cuando  más  adelante,  en  el  mismo  aparte,  alude a la falta de  apreciación  (error  de  hecho por falso juicio de existencia por omisión) y a  su  mutilación  por el Tribunal (error de hecho por falso juicio de identidad),  sin   que   finalmente  se  decida  por  alguno  de  los  muchos  yerros  apenas  enunciados.    

Lo que sí trasluce de las propuestas, como  ya  se  señaló,  es el planteamiento de una discusión sobre el mérito de las  probanzas  desde  su estricta perspectiva personal pero sin encasillar en alguno  de  los  errores  de  apreciación  probatoria referidos.  Esta actitud del  casacionista  se  refleja,  además,  en  las  reiteradas transcripciones de los  argumentos  del  fallador  de  primer  grado,  con el objeto expreso de hacerlos  propios  en  sustento de sus prédicas, pero que no pasan de sugerir una abierta  contraposición  de  criterios sobre la valoración de las pruebas carente de la  fuerza indispensable para derrumbar el fallo impugnado.   

4.  Comentario aparte merece la alusión de  la  última  aparte  de  la  primera  censura  en  el  sentido  de  que no puede  atribuirse  responsabilidad  al procesado por el delito de porte ilegal de armas  en  consideración  a que no fue imputado en la resolución de acusación que, a  más   de   contrariar  el  principio  de  autonomía  que  regenta  la  materia  casacional,  concebido en procura del entendimiento cabal de la propuesta, no es  fiel  con  el contenido de la pieza acusatoria en donde es clara la imputación,  tanto fáctica como jurídica, de esa conducta.   

En  cuanto a los reparos dirigidos hacia la  valoración  probatoria  que  impidió edificar la responsabilidad en contra del  sindicado  por  este  delito, caben las mismas precisiones anteriores, a lo cual  se   aúna   que,   en  este  caso,  como  bien  lo  consignó  el  ad  quem, fue objeto de investigación en  la  medida  de  su  relación  con el deceso de María  Andrea  Vélez  Restrepo  y  no por hechos anteriores,  como lo sugiere el demandante.   

Corolario  de lo expuesto, la decisión que  razonablemente  se impone adoptar frente a la demanda presentada por el defensor  del     procesado    GUILLERMO    LEÓN    JIMÉNEZ  JIMÉNEZ,  como  así  lo  deprecó  en  su alegato el  sujeto    procesal   no   recurrente,   es  la  de  su inadmisión, dado que el principio de limitación que  también  rige  este  medio  extraordinario de impugnación y que por vía legal  encuentra  consagración  en el artículo 216 de la Ley 600 de 2000, impide a la  Sala  subsanar  las  incorrecciones  anotadas en punto de una adecuada y lógica  fundamentación  de  los cargos, como así lo exige el numeral 3° del artículo  212 ibídem.   

          Por  consiguiente,  a  ello  se procederá, a más de dejar en claro  que  no  se  advirtió  vulneración  de  garantías  fundamentales que ameriten  intervención  oficiosa,  según  la  previsión  contenida  en el artículo 216  ejusdem.   

   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada    por   el   representante   de   la   Fiscalía   General   de   la  Nación,  por  las  razones  consignadas en la anterior motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Comisión    de  servicio   

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                       ALFREDO       GÓMEZ       QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS         AUGUSTO                         J.                         IBÁÑEZ  GUZMÁN                  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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