30649(24-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30649  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 339  

Bogotá, D. C., veinticuatro (24) de noviembre  de dos mil ocho (2008).   

V I S T O S  

La Corte se pronuncia sobre los requisitos de  admisibilidad  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el apoderado del  condenado    JOSÉ    RAFAEL   RODRÍGUEZ   CORONADO  contra  la  sentencia  de  segundo  grado proferida el  12 de julio de 2006, mediante  la  cual  la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Santa  Marta   confirmó  el  fallo  del 26 de  julio  de  2005,  emitido  por  el  Juez 1º Penal del  Circuito  de  Ciénaga que condenó a su defendido a las penas principales de 36  meses  de  prisión,  “suspensión  del ejercicio de  conducir”   por  el  mismo  término  que  la  pena  privativa  de  la  libertad  y  multa  de 25 salarios mínimos legales mensuales  vigentes,   a  las  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por término igual al de la pena de prisión y  privación  del  derecho  a  conducir  vehículos automotores y motocicletas por  igual  lapso,  así  como al pago solidario de los perjuicios ocasionados por la  conducta  punible,  como  autor del delito de homicidio  culposo.   

H E C H O S  

Fueron   sintetizados   por   el   Tribunal  ad-quem  de  la  siguiente  manera:   

“Señala   el  encuadernamiento  que en la vía que conduce de Barranquilla a Santa Marta, a la  altura   del   parqueadero   Willcar,   ubicado  en  el  municipio  de  Ciénaga  (Magdalena),  el  vehículo  camioneta  Mazda  , modelo 92, servicio particular,  placas  AWK-204,  conducido por JOSÉ RAFAEL RODRÍGUEZ  CORONADO  que se desplazaba a una velocidad superior a  la  permitida  en  el  lugar  -30  kilómetros- colisionó contra la motocicleta  Honda  C-70,  placas  NOB  76  manejada  por el señor GEOVANNY DE JESÚS CASTRO  FONTANILLA,  teniendo  como  tripulante  a  la  señora DAMARIS CANTILLO ROJANO,  quienes  resultaron  heridos,  siendo  atendidos inicialmente en el Hospital San  Cristóbal,  para  luego  ser  trasladado  el  conductor  del  velocípedo  a la  Clínica  Mar  Caribe  de  Santa  Marta,  en donde falleciera a consecuencia del  accidente automovilístico”    

LA      DEMANDA      DE   REVISIÓN   

Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  revisión  de  que trata el artículo 220-3 de la Ley 600 de 2000, el demandante  solicita   a   la   Sala  declarar  sin  valor  la  sentencia  impugnada  y,  en  consecuencia,   absolver  al  procesado  JOSÉ  RAFAEL  RODRÍGUEZ CORONADO.   

En apoyo a su petición, el accionante señala  que    las    pruebas    documentales   y   testimoniales   aportadas   con   el  escrito1  demuestran  que  la víctima conducía en sentido no permitido, no  tenía  licencia  de  conducción  y  no  portaba elementos de seguridad para la  conducción  de motocicletas, motivos de los cuales se infiere que éste asumió  de     manera     voluntaria     el    riesgo    no    permitido    –argumento  que apoya en jurisprudencia  de  la  Sala- de manera que el resultado tuvo lugar exclusivamente por su propia  responsabilidad,  esto es, por asumir el manejo de la motocicleta sin la pericia  necesaria,  de  manera  impudente y violando el deber de cuidado, y no por causa  atribuible  al  procesado,  quien  no tenía posición de garante respecto de la  víctima.   

Asegura  que  “de  haber  sido  introducidas  y  valoradas  (las  nuevas pruebas) en el proceso que  concluyera  con  la  sentencia  de  condena del accionante, habrían determinado  otro  resultado  muy diferente al hoy atacado”.   Apoya  el  anterior  aserto  en  que la prueba documental y testimonial allegada  demuestra  que  el procesado conducía por el carril indicado y fue el conductor  de  la  motocicleta quien lo embistió; no obstante lo anterior, el a-quo   expresó   en  su  decisión  que  “quedó demostrado que el uso de la vía había sido  el  correcto por parte del occiso, y que el dicho de la defensa era desatendido,  pues  la  prueba  de  la  utilización dispuesta por la autoridad competente, no  había sido allegada al proceso”.    

Y  en  lo  que  tiene que ver con la falta de  licencia  de  conducción  por  parte  de  la  víctima,  el  accionante precisa  que   “sobre  ella  se  refiere el sentenciador  ad-quem,  pero  para  desatender el criterio esbozado por la defensa, sin que lo  hubiere    sido   probado   fehacientemente”.    

El impugnante indica que la víctima no estaba  habilitada  para  conducir motocicletas, motivo por el cual censura el argumento  del  Tribunal,  según  el  cual la ausencia de licencia de conducción y de los  accesorios  de seguridad necesarios para el manejo de ese tipo de vehículo, son  circunstancias  constitutivas  de  infracciones  de  tránsito,  que no permiten  deducir la culpa exclusiva de la víctima.    

El  recurrente  reprocha  que  el  entonces  defensor  no  presentó  las  pruebas  que  hoy  se  ofrecen  con  la demanda de  revisión,  toda  vez  que  consideró  suficiente  lo  indicado  en  el croquis  elaborado  por  los  funcionarios  de  policía,  y  dice  el  instructor  no se  interesó    en   allegarlas   por   cuanto   se   limitó   a   “recibir    con    plena   certeza”   la  inspección  judicial  realizada  por el CTI de Santa Marta, prueba esta última  con el cual desestimó el mérito del mencionado croquis.   

Significa    lo   anterior   –agrega- que el defensor, el instructor  y  el  fallador  desconocieron el deber de investigar tanto lo favorable como lo  desfavorable,  “podemos concluir que durante la etapa  de  investigación  y  juicio fue poca la actividad investigativa de las partes,  lo  que  permitiera  el  desconocimiento de esta circunstancia que hoy se trae a  colación   en  esta  acción  de  revisión”.    

Critica, además, que el sentenciador omitiera  demostrar  la relación de causalidad entre el comportamiento del procesado y el  resultado;  aduce  a favor de RODRÍGUEZ CORONADO el principio de confianza como  exculpante,  así  como  la  imprevisibilidad  de  enfrentarse a un conductor de  motocicleta que violara las normas de tránsito.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

1.  La acción  de  revisión  es  un  mecanismo a través del cual se busca la invalidación de  una  providencia  que,  a  pesar  de haber adquirido ejecutoria material y haber  hecho  tránsito a cosa juzgada, de ella resulta razonable predicar que entraña  un contenido de injusticia material.   

La  invalidez de la decisión recurrida puede  tener  lugar  porque  la  verdad  procesal declarada es bien diversa a la verdad  histórica  del  acontecer  objeto  de juzgamiento, o porque la acción penal no  podía  iniciarse  o proseguirse por prescripción de la acción penal o ante la  presencia  de  cualquiera  otra  causal  de extinción de la acción penal, o en  razón  a  que  después  del  fallo  aparecen hechos nuevos o surgen pruebas no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates,  las cuales acreditan la inocencia o la  inimputabilidad  del  condenado,  o  bien  en  la medida en que se demuestra con  sentencia  en  firme que el fallo fue determinado por conducta típica del   juez  o  de  un  tercero,  o se basó en prueba falsa; también, cuando la Corte  haya  cambiado favorablemente el criterio jurídico que sirvió de sustento a la  sentencia  condenatoria,  demostración  que  sólo  es posible jurídicamente a  través de las causales taxativamente señaladas en la ley.   

Además,  en  la  actualidad,  con base en el  fallo   de   constitucionalidad   C-004   de   2003,   proferido  por  la  Corte  Constitucional,  también  procede  la  acción  de  revisión  en  los casos de  preclusión  de  la  investigación,  cesación  de  procedimiento  o  sentencia  absolutoria,  cuando  se trate de violaciones de derechos humanos o infracciones  graves   al   derecho   internacional   humanitario,  siempre  que  se  den  las  específicas circunstancias allí mismo señaladas.   

2.  En el caso  que  ocupa  la  atención  de  la Sala, como ya se ha indicado, el apoderado del  sentenciado      JOSÉ      RAFAEL      RODRÍGUEZ  CORONADO,  con  sustento en la causal tercera descrita  en  el artículo 220 de la Ley 600 de 2000, solicita la revisión del proceso en  el  cual fue condenado como autor penalmente responsable del delito de homicidio  culposo,  por  considerar  que  existen hechos y pruebas nuevos, no valorados al  momento  de  proferirse  los  fallos  de  primera  y  segunda instancia, de cuya  apreciación,  en  su  criterio,  deviene la inocencia de su representado.    

Frente  a  la  hipótesis  propuesta, resulta  oportuno   rememorar  lo  que  tradicionalmente  ha  considerado  esta  Sala  en  relación  con  lo  que  se  erige  como  la aparición de hecho o prueba nueva,  acorde con la causal de revisión invocada:   

“La  jurisprudencia  tiene  establecido que el ejercicio de la acción con fundamento  en  la  causal  tercera  del  artículo  220  del estatuto procesal penal, exige  acreditar  el  cumplimiento  de  los  siguientes presupuestos: a) surgimiento de  hechos  nuevos  o  de  pruebas  no  conocidas  al  tiempo  de los debates en las  instancias  ordinarias del trámite; b) que el acontecer fáctico esté ligado a  la  conducta  punible  materia  de  investigación  y  juzgamiento; y c) que las  pruebas  aducidas  sean  aptas  para establecer en grado de certeza la inocencia  del  procesado  o  su  inimputabilidad,  o  de tornar cuando menos discutible la  verdad   declarada   en   el   fallo,  haciendo  que  no  pueda  probatoriamente  mantenerse.   

“No  se  trata  entonces,  de  aducir  cualquier  clase  de  medio  probatorio,  sino  solamente  aquellos   que   apunten   a   establecer   la  inocencia  del  procesado  o  su  inimputabilidad,   pues  la  revisión, en cuanto a esta causal se refiere,  no  ha sido instituida para dar lugar a la continuación del juicio que culminó  con  la  providencia  que  hizo  tránsito  a  cosa juzgada, o revivir el debate  jurídico-probatorio  que  se  llevó  a  cabo en el fenecido proceso, sino para  postular  un  cuestionamiento  serio  a  la  declaración de justicia que selló  definitivamente  la controversia procesal con la decisión inmutable.   

“Por esta razón,  como  presupuesto  de  admisibilidad  del  libelo  demandatorio de la revisión,  cuando  de  la  causal tercera se trata, establece la ley la obligación para el  accionante     de     relacionar    ‘las  pruebas  que  se aportan para demostrar los hechos básicos de  la  petición’, esto es,  allegarlas  con  la  demanda  y acreditar al tiempo que tienen la virtualidad de  modificar  el  sentido  del  fallo,  es  decir,  que  reúnen  los  dos extremos  mencionados  en  precedencia:  la  novedad y trascendencia, pues de no cumplirse  esta  carga,  ha  de entenderse que lo pretendido es prolongar el debate de modo  inútil  e  impertinente como si el juicio no hubiera fenecido con la ejecutoria  de      la      decisión      cuya     revisión     se     demanda”.2   

Así   las   cosas,   en   orden     a     demostrar     la     causal    de   revisión   que   invoca  el accionante, no basta con la presentación  de  un  catálogo  de  hechos  o pruebas nuevas no conocidos durante el proceso,  sino  que  es  indispensable  que   estén   revestidos  de   la    entidad    suficiente    para    mutar   el   fallo,   a   fin   de  demostrar,  en  grado   de   certeza,   la   inocencia  del  condenado  o   su    inimputabilidad    o,    por    lo   menos,   permitan      desvirtuar       la        declaración    de       verdad       allí      contenida,    todo    lo   cual   conduce  a  que  el  fallo  no  se pueda  mantener probatoriamente (principio de trascendencia).   

3.   En  el  presente  asunto,  la  Corte  encuentra  que las pruebas nuevas allegadas por el  accionante     carecen     de     la    novedad    y  trascendencia  necesarias  para  socavar  el  soporte  probatorio  del fallo condenatorio y solamente logran plantear la pretensión de  reabrir   un   debate   probatorio   sobre   hipótesis  defensivas  que  fueron  contempladas  por  las instancias, pero resueltas en contra de los intereses del  condenado.   

En   efecto,   véase   que  el  juicio  de  responsabilidad   predicado   por   el   juzgador   en  contra  de  JOSÉ  RAFAEL RODRÍGUEZ CORONADO se fundó  en  un  argumento  central: el procesado infringió el deber objetivo de cuidado  al  transitar  a más de 80 kilómetros por hora en un trayecto de la vía en el  que  la  velocidad  máxima  permitida  era  de  30  kph,  así como al intentar  rebasar,  de  manera imprudente por no contar con la visibilidad necesaria, a un  taxi que se movilizaba por la misma vía.    

En  torno  a  dicho razonamiento, el fallador  desarrolló    otros   argumentos   encaminados   a   reforzar   la   tesis   de  responsabilidad;    fue    así    como    expresó,    además:    i)   que   la  conducción  a  exceso  de  velocidad  -y  no  otra  circunstancia- fue la causa del accidente; ii)  que, aún cuando hubiese mediado  imprudencia  por parte de la víctima, ésta no desencadenó el resultado.    

En apoyo de lo primero, el juzgador manifestó  que  de  no  haber  transitado  el  hoy  procesado  con  exceso  de velocidad el  accidente  no  habría tenido lugar, toda vez que la velocidad máxima permitida  le  habría  dado  la  oportunidad  de  maniobrar  adecuadamente; respecto de lo  segundo,   el  sentenciador  indicó  que  la  culpa  de  la  víctima  no  hace  desaparecer  la  del  agente,  de manera que “la sola  culpa  de  la víctima ha sobredeterminado fatalmente la acción del autor, dado  caso  en  el  cual  sí podría hablarse de la presencia de la hipótesis por el  impugnante”.   

A  los  anteriores razonamientos, el Tribunal  agregó   que:   iii)   el  procesado  RODRÍGUEZ CORONADO  infringió  el  principio  de  confianza,  comoquiera  que  al  conductor  de la  motocicleta  le  asistía,  por  una  parte,  el  derecho  de  esperar  que otro  automotor   no   transitara  en  contravía  y,  por  la  otra,  “podía  confiar  que ningún otro conductor cometiera la imprudencia  de  desplazarse  a   mayor   velocidad   después   de   atravesar   un   reductor  de  velocidad, pero el acusado vulneró esa  confianza  movilizándose  a una velocidad superior”.   

Por último, el Tribunal adujo, en sustento de  la   tesis  central  de  la  violación  del  límite  de  velocidad  por  parte  RODRÍGUEZ  CORONADO,  que:  iv)  el  hecho  de  que  la  víctima  no portara casco ni licencia de conducción, son circunstancias de las  cuales  no  se  puede  derivar  su  culpa  exclusiva,  toda vez que la causa del  accidente  fue  el  exceso de velocidad por parte del procesado y no la omisión  de uso de casco o porte de la correspondiente licencia.   

Por  su  parte,  el accionante, con el fin de  derribar  el  soporte  probatorio  del fallo, allega una certificación, un acto  administrativo  y  una  declaración  bajo juramento de las cuales se extrae que  para  la  fecha  de  los  hechos  el uso de la vía estaba autorizado en un solo  sentido,  es  decir, que “estaba permitido el ingreso  de    vehículo    hacia    la    población    y   no   su   salida”.    De   allí,  según  lo  aprecia,  se  infiere  que  la  responsabilidad  por  el  accidente  fue exclusivamente de la víctima, toda vez  que transitaba en contravía.   

Además,   aporta   un  formato  denominado  “INFORME    GENERAL    DEL   CONDUCTOR”,  elaborado  por la Dirección General de Transporte y Tránsito  Automotor,  de  la  cual,  según  dice,  se  demuestre  que  la víctima CASTRO  FONTANILLA, no contaba con licencia de conducción.   

De entrada, la Corte advierte que en realidad  la  única  prueba  nueva que allega el accionante es la constituida por el acto  administrativo,  la  certificación  y la declaración extrajuicio ya referidos,  toda   vez   que  el  documento  Informe  General  del  Conductor  nada  demuestra, comoquiera que, como puede  apreciarse,  ninguna  información  aporta  sobre la víctima GEOVANNY DE JESÚS  CASTRO  FONTANILLA,  en  la medida que el espacio correspondiente a Datos     del     Conductor     aparece  vació.   

En  todo  caso,  aún  cuando  el  documento  demostrara  que  en  verdad  el ofendido no contaba con licencia de conducción,  ello  no  tendría  ninguna  trascendencia   para   mutar   el   sentido   del  fallo,  comoquiera  que  dicha  circunstancia  fue  advertida  por  el  sentenciador,  solamente que la apreció  irrelevante,  por  cuanto  expresó  que  ello  no pasaba de ser una infracción  policiva que, además, no fue la causante del siniestro.    

Por  lo  tanto,  el argumento que sobre dicho  documento  formula  el apoderado del procesado no pasa de ser la elaboración de  una  nueva  apreciación  de  un  hecho  que en su momento conoció el juzgador,  raciocinio  inidóneo  para  declarar sin valor el fallo impugnado, a través de  la acción de revisión.   

Recuérdese,   como   la  ha  decantado  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  que  la acción de revisión no ha sido  prevista  para  prolongar un debate probatorio ya superado, que ha culminado con  una  decisión  amparada  por la doble presunción de acierto y legalidad.   Es  por  lo  anterior  que  la Corte, una vez más, reitera que al accionante le  asiste  la  obligación, no solamente de aportar las pruebas de los hechos  nuevos  en que funda su petición,  sino   por  sobre  todo  su  trascendencia,  esto es, su virtualidad para modificar el sentido del fallo, pues  de  no cumplir con esta carga ha de entenderse que lo pretendido es prolongar el  debate  de  modo  inútil e impertinente, como si el juicio no hubiera terminado  con  la  ejecutoria  de la decisión cuya revisión se demanda, imponiéndose en  consecuencia  la  inadmisión  del libelo.   

Y  aquello  que  en  este  caso el accionante  pretende  demostrar a través de la prueba nueva aportada, tampoco cuenta con la  trascendencia necesaria para  modificar   la  decisión  condenatoria,  pues  véase  que  aún  cuando  pueda  admitirse  que  el ofendido en verdad transitaba en contravía, lo cierto es que  esa     precisa    circunstancia    –el  tránsito  en  contravía  por el ofendido- no fue apreciada por  los  falladores  de  instancia  como  la  causa  determinante  para ocasionar el  accidente  de  tránsito, que a su vez produjo la muerte, pues como ya vio en el  contenido   de   la   decisión   impugnada,  lo  que  determinó  el  resultado  antijurídico  fue  el  desplazamiento  a 80 kph en un trayecto de la vía en el  que  la  velocidad  máxima  permitida  era  de  30 kph, así como el intento de  rebasar,  de  manera imprudente, a otro vehículo que se movilizaba por la misma  carretera.   

Por  manera  que,  aunque  la  Corte  pueda  reconocer  en  esta  sede  que  la  prueba  nueva allegada permite desestimar el  argumento  del  Tribunal en lo que tiene que ver con el principio de confianza a  favor  de RODRÍGUEZ CORONADO,  en  el  sentido  de  que  éste  podía  confiar  en  que  otro  conductor no se  desplazara  en  contravía,  de  todos  modos  aún  pervive  la  violación  al  principio  de  confianza  en  perjuicio  del ofendido CASTRO FONTANILLA al haber  excedido  RODRÍGUEZ CORONADO  el   límite   de   velocidad  permitido.   Más  aún,  el  argumento  del  accionante,  según el cual fue la conducción en contravía por el motociclista  la  causante  del accidente, fue advertida y desvirtuada por el sentenciador, al  apreciar  que si el hoy proceso hubiese respetado la velocidad permitida habría  evitado  el  accidente,  aún  cuando el otro conductor se desplazara en sentido  contrario.   

Dicho  de  otra  manera,  el  raciocinio  del  libelista,   encaminado   a   demostrar   una   presunta  causal  excluyente  de  responsabilidad  y  apoyada  en  las  pruebas  que  allega, transcurre por senda  diferente  a  la  precisada por el sentenciador para deducir responsabilidad del  hoy  condenado,  motivo  por  el  cual  lógicamente  carece de la trascendencia  necesaria  para derribar su fundamento; en particular, el juzgador dedujo que la  causa  del hecho antijurídico fue el exceso de velocidad y dicha conclusión no  pierde  validez  por  el hecho de que, en gracia de discusión, se admita que la  víctima  transitaba en contravía, menos aún si el juzgador advirtió que aún  en  ese  preciso  supuesto,  la  responsabilidad  del  entonces  procesado  aún  subsistía.    

En  últimas, el raciocinio del accionante se  limita   a   reprochar  que  el  trámite  procesal  se  encuentra  viciado  por  desconocimiento  del  deber  de  investigación  integral,  toda  vez  que ni la  defensa,  el  instructor,  como  tampoco  el  juez  de  la  causa advirtieron la  necesidad  de  allegar  las  pruebas  que hoy aporta, censura que resulta ser un  motivo  de  ilegalidad de la  sentencia  que a su vez corresponde a un motivo de casación, mas no a los fines  de  la  acción de revisión, encaminada ésta a corregir la injusticia material  derivada  del  desconocimiento  de  una  prueba  por  el  juzgador al momento de  adoptar la decisión de fondo que puso fin al proceso.   

4.    En  conclusión, resulta evidente  que  los  nuevos  elementos de juicio allegados por el accionante no cumplen con  los  presupuestos de novedad y  trascendencia,  esto  es, no  demuestran  los  presupuestos  establecidos  para  la admisión de la demanda de  revisión  de  una  sentencia  ejecutoriada  que  ya  ha  hecho tránsito a cosa  juzgada  y  que, por lo mismo, se encuentra amparada por la doble presunción de  verdad y justicia.   

En consecuencia, como el escrito del actor no  cumple  con las exigencias que la ley ha impuesto para su admisión como demanda  de  revisión,  conforme  a  lo  que  prevé  el  artículo  220  del Código de  Procedimiento   Penal,   se   inadmitirá.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de  revisión  contra el fallo de 12 de julio de 2006, proferido por el Tribunal  Superior  de  Santa Marta, mediante el cual confirmó la condena impartida el 26  de  julio   de  2005 por el Juzgado 1º Penal del Circuito de Ciénaga, que  condenó      a     JOSÉ     RAFAEL     RODRÍGUEZ  CORONADO     por    el    delito    de    homicidio  culposo.   

Contra esta providencia procede el recurso de  reposición.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  El  accionante   presenta   con  el  escrito  de  demanda  las  siguientes  pruebas:  a) Certificado suscrito por  el  Inspector  de  Tránsito  y  Transporte   del Municipio de Ciénaga que  señala  que  a  partir  del  22 de octubre de 2002 se autorizó el tránsito en  ambos  sentidos  de  la  calle  19  entre carreras 21 y 26, y que antes de dicha  fecha     el    tránsito    era    en    un    solo    sentido;    b) declaración extrajuicio rendida ante  la  Notaría Única de Ciénaga por Jaime Zabaraín Ulloa, Gerente del Instituto  de  Tránsito  y  Transporte  Municipal  de  Ciénaga,  entre  marzo  de  2001 y  diciembre  de  2003,  quien  declara  en  el mismo sentido que la certificación  anterior;  c)  Resolución  030  de  24  de  octubre  de  2002,  suscrita  por  el  Gerente del Instituto de  Tránsito  y Transporte Municipal de Ciénaga que autoriza el tránsito en doble  sentido   en   la   Calle   19,   entre   carreras   21   a   26;   d)  Formato  del  documento Informe  General  del Conductor, obtenido  de  la  página  web  del  Ministerio  de  Transporte,  Servicios y consultas en  línea,  Dirección  General  de  Transporte  y Tránsito Automotor (fl. 22-28).   

2  Radicación 21404, auto del 3 de diciembre de 2003.     

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