26113(28-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26113  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   Nº    206   

Bogotá  D.  C., veintiocho (28) de julio de  dos mil ocho (2008).   

V I S T O S  

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  argumentación de la demanda de casación interpuesta por el  defensor      de     VALERIO     SANTOS     ANDRADE  MOSQUERA.   

H E C H O S  

El  juzgador de segundo grado los sintetizó  de la siguiente manera:   

“Da  cuenta  el  informativo  que,  con  fundamento  en  el  informe  remitido por el Director de  CODECHOCÓ,  al  Director Seccional de Fiscalías, el 21 de febrero de 2001, que  varios  funcionarios de esa dependencia, entre los cuales se encuentra el señor  VALERIO    SANTOS    ANDRADE   MOSQUERA,  encargado  de  otorgar  los salvoconductos para el transporte de  madera  en  Quibdó,  dejó  de  reportar  el  volumen  de  madera efectivamente  transportado,  consignando un valor menor, lo que impidió a CODECHOCÓ percibir  la suma de $343.438…”   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por los anteriores hechos, el 19 de  diciembre             de             20051  fue  vinculado  a través de  indagatoria       VALERIO      SANTOS      ANDRADE  MOSQUERA,  quien  en  la misma diligencia expresó su  voluntad de acogerse a la figura de la sentencia anticipada.   

La diligencia de que trata el artículo 40 de  la  ley  600  de  2000 tuvo lugar el 19 de diciembre de  20052,  en  ella,  la  fiscalía  6ª Seccional de Quibdó le imputó la  autoría   de   los  delitos  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  (artículo  219  en  concordancia  con  el 222, inciso 2º, del Código Penal de  1980,  que  prevé  pena  de  3  a  15  años  de  prisión),  en concurso   heterogéneo  con   el  delito de peculado por apropiación (artículo 133,  inciso  2º  del  Código  Penal  de  1980, que establece pena de prisión de 18  meses   a   7   años  y  seis  meses),  acusación  que  admitió  el  entonces  sindicado.   

2.  El  Juzgado  2º  Penal  del  Circuito  de  Quibdó,  a  través de  sentencia  anticipada  de  primer  grado  del  13 de febrero de 20063  declaró la  legalidad  de  la  audiencia  de aceptación de cargos y condenó a VALERIO  SANTOS  ANDRADE  MOSQUERA  a las  penas     principales     de    “28,6”      meses      de     prisión4  y  multa de $114.479, y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  término  igual al de la pena privativa de la libertad, como  autor   del  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  en  concurso  con  peculado  por  apropiación “conducta  contemplada  como  infracción  en  los  artículos  298 y 397 del Código Penal  (artículo  133  decreto  100 de 1980).”5    La  decisión  concedió  el  subrogado de la condena de ejecución condicional y se  abstuvo de condenar en perjuicios.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

Primer  cargo:  nulidad  por  incompetencia  generada al vencimiento del término de instrucción.   

Al amparo de la causal de casación descrita  en  el numeral 3 del artículo 207 de la ley 600 de 2000, el demandante acusa al  fallo  de  segunda  instancia de “haberse dictado en  un   proceso   viciado   de   nulidad”   por  haber  incurrido  en  todas  las  causales  de nulidad señaladas en el artículo 306 del Código de Procedimiento  Penal     6.   

En  desarrollo  del  cargo,  afirma  que la  fiscalía  no  tenía  competencia  para  llamar  a  indagatoria  a ANDRADE  MOSQUERA  ni  para  someterlo  a  diligencia  de formulación y aceptación de cargos toda vez que, para entonces,  se  encontraba  superado  el  término  de  instrucción.  Por lo tanto, el  juzgado  debió declarar la nulidad de lo actuado y disponer la terminación del  proceso,  de  conformidad  con  todos  los  motivos de nulidad consagrados en el  artículo 306 del Código de Procedimiento Penal.   

Cargo  segundo:  violación  directa  de ley  sustancial   

Conforme  la causal de casación descrita en  el  numeral primero, cuerpo primero, del artículo 207 de la ley 600 de 2000, el  demandante   acusa   a   la   sentencia  de  segundo  grado  de  “violar  directamente la ley sustancial por vía directa”.   

Aduce,  en  sustento  del  cargo,  que  el  sentenciador,  al  apreciar la prueba documental, concluyó de manera equivocada  que  la  conducta  del procesado constituía dos delitos, cuando en realidad era  uno,  toda  vez  que  la  falsedad  fue el medio para realizar el peculado, pues  “sin  falsificar  tales  documentos no habría sido  posible    cometerse    el   peculado”7.   

Estima     violados    “por  error”  los  artículos 286 y 397  del  Código  Penal,  así  como  los  artículos  329  y  306  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

Solicita   a   la   Corte  “casar  la  sentencia  demandada para enriquecer, aclarar o precisar  la  jurisprudencia  nacional”  en lo relativo a las  causales  de  nulidad,  y pide que “en consecuencia,  se  dicte  la  sentencia  de reemplazo de la proferida por el Honorable Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Quibdo,  en su Sala Única, y disponer la  nulidad    de   la   misma,   o   absolver   a   mi   defendido”8.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

Sería  lo procedente entrar a verificar los  presupuestos  de  lógica y debida fundamentación del libelo si no fuera porque  la   Sala   encuentra  que  el  demandante  carece  de  interés para impugnar en casación, toda vez que, en  tratándose   de   sentencia   anticipada,   le  está  vedado  retractarse  de  la  aceptación  del  cargo  formulado  por la fiscalía cuando éste estuvo rodeado de todas las garantías,  como también cuestionar la competencia del sentenciador.   

En efecto, en tratándose de la impugnación  del  fallo proferido como consecuencia de la voluntad expresada por el procesado  de  acogerse  a  la  sentencia anticipada, el artículo 40 de la ley 600 de 2000  enseña   que   los   recursos  en  contra  del  fallo  están  limitados  a  la  dosificación  de  la  pena, los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de  la   libertad,   la   extinción   del   dominio  sobre  bienes  y  –según    lo    ha   precisado   la  Sala9- a la condena en perjuicios.   

2.   Teniendo  presente  los  anteriores  derroteros,  desde  ya  advierte  la  Sala  que   el    libelista    carece    de   interés   para   recurrir   en   esta  sede.   

En  efecto,  la  Sala  reitera  que  la  aceptación  de cargos obedece a una política criminal que se  sustenta,  de  una  parte,  en el objetivo de lograr eficacia y eficiencia en la  administración  de  justicia,  con miras a que el imputado o acusado, según el  caso,  resulte  beneficiado  con  una  sustancial rebaja respecto de la pena que  habría  de  imponérsele  si  el  fallo  se profiriera al término del trámite  ordinario,  y,  de  otra,  que  el  Estado  ahorre  esfuerzos  y  recursos en su  investigación y juzgamiento.   

En  tales condiciones, dentro del marco del  principio  de  lealtad que las partes deben acatar, por surgir la aceptación de  cargos  de  un  acto  unilateral del sindicado, no hay lugar a controvertir, con  posterioridad  a  la  aceptación del los cargos formulados por la fiscalía, la  existencia,  o  no,  de  la  calificación jurídica de la conducta punible o la  responsabilidad del procesado.   

Más aún: la Corte ha precisado10,  con apoyo  en  el  inciso  10º del artículo 40 de la ley 600 de 2000, que la prohibición  de  recurrir  la sentencia anticipada por motivo diferente a la dosificación de  la  pena,  los  mecanismos  sustitutivos de la pena privativa de la libertad, la  extinción  del dominio sobre los bienes y la condena en perjuicios, se extiende  al  recurso  de  casación  puesto  que  al  procesado y a su defensor les está  vedado   retractarse   de   lo   admitido   en   la   audiencia   de   sentencia  anticipada.   

Lo anterior significa que cuando el juez de  conocimiento  declara  la  legalidad  de  la  aceptación  de  los cargos por el  acusado  al  considerar  que  fue  un acto voluntario, libre,  espontáneo,  informado  y  asistido,  surge  para éste la improcedencia de retractarse de lo  que  ha  admitido.  En  consecuencia,  es  incompatible  con  los  principios de  preclusión,   seguridad  jurídica  y  lealtad  toda  impugnación  que  busque  deshacer los efectos de la aceptación de la responsabilidad.   

De  esa manera, cuando la censura formulada  contra  la  sentencia por vía de la casación tiene como finalidad controvertir  los  aspectos  relacionados con el injusto y su responsabilidad, entre ellos, la  calificación  jurídica  de  la conducta o la apreciación probatoria, el actor  carece  de interés, aspecto  que,   como   se   indicó   en   precedencia,   se  constituye  en  presupuesto  imprescindible  para  la admisibilidad de la demanda11.   

3.  En   el   evento   que   ocupa  la  atención  de   la    Sala,    se    advierte    que   el  censor  carece  de  interés para recurrir  en  esta  sede,  en la medida en que pretende debatir la competencia del juzgado  a-quo  para  verificar  la  legalidad  de la diligencia de formulación y aceptación de cargos –y  de  allí  deducir  un  motivo  de  nulidad-  y cuestionar la calificación jurídica del delito con el argumento de  que  no  se  trata  de  un  concurso  de  delitos  de  falsedad  y peculado sino  únicamente de este último.   

Dichos  reproches  no  son otra cosa que la  retractación  de la conducta punible por la que fue condenado como consecuencia  de los cargos admitidos.   

Recuérdese     que     ANDRADE   MOSQUERA   aceptó   ante   la  fiscalía,  de manera libre y voluntaria, la comisión de la conducta punible de  falsedad  ideológica  en  documento  público  en  concurso  con  el  delito de  peculado  por  apropiación,  en grado de autor.  Con dicha manifestación,  de  manera  simultánea  aceptó la competencia del juzgado de conocimiento para  proferir   decisión   de   fondo  que  naturalmente  debía  ser  condenatoria.   

No   obstante,   en   el   cargo    por  violación  directa  de  ley  sustancial que el censor  formula  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia,  pretende  debatir dicha  calificación  jurídica,  con  el  argumento  según  el  cual  la  conducta de  ANDRADE MOSQUERA corresponde  solamente  al  delito  de  peculado.   Por  otra  parte, en el cargo    de    nulidad,   cuestiona   la  competencia  del  fallador  de  primer  grado  de quien censura debió anular lo  actuado   y  disponer  la  terminación  del  proceso  por  cuanto  carecía  de  competencia en razón al vencimiento del término de instrucción.   

Dicho  de  otra  manera, el censor pretende  retractarse  de  la  acusación  formulada  por  la  fiscalía y admitida por el  acusado  con  ocasión de la audiencia de sentencia anticipada, en lo atinente a  la  calificación  jurídica  de  la  conducta  y  la  competencia del juzgador,  aspectos  ambos  que  admitió  al  acogerse  a  la  terminación anticipada del  proceso de que trata el artículo 40 de la ley 600 de 2000.   

En  síntesis,  por  estar  dirigidos  los  reproches   a   cuestionar   la  aceptada  competencia  del  sentenciador  y  la  responsabilidad  del  hoy condenado por las conductas imputadas, la Corte colige  la  falta  de  interés del  censor, motivo por el cual  la demanda será inadmitida.   

Por  último,  la  Sala  debe  recordar que,  aunque  es  cierto  que  aquí  el  término de duración de la instrucción fue  superior  al  legalmente fijado (lo que lleva al censor a predicar la existencia  de  una  nulidad por incompetencia del funcionario judicial), también lo es que  el      vencimiento     de     los     términos     procesales     –ha  dicho  la Sala- no genera por sí  mismo  nulidad  en  tanto de allí no se derive un perjuicio cierto, mucho menos  da  lugar  a  predicar  la  incompetencia para adoptar decisiones de fondo, sino  consecuencias  muy diversas tales como la libertad del procesado, la preclusión  de etapas procesales o la prescripción de la acción penal.   

4.    Por  último,  se  advierte que del estudio del proceso no se vislumbra violación de  otros  derechos fundamentales o garantías de los sujetos procesales que amerite  el  ejercicio de la facultad oficiosa de índole legal que al respecto le asiste  a la Sala para asegurar su protección.    

5.           La  Sala llama la atención respecto de  la  falta  de claridad que supone señalar el guarismo que indica la cantidad de  pena  de  prisión de la manera en que, en este caso, lo hizo el sentenciador de  primer  grado,  es  decir,  con  fracciones calculadas en sistema decimal, y no,  como  es  costumbre,  con  la  indicación  de  años, meses y días.  Así  entonces,  la condena a “veintiocho punto seis meses  de  prisión  (28.6)” que, como lo aclaró la Corte  equivale  a  28 meses y 18 días, comoquiera que la unidad temporal –el  mes- equivale a 30 días, resulta  ser  una  fórmula  ostensiblemente  confusa  que  genera  dudas  en cuanto a la  verdadera   extensión   en   el   tiempo   de   la   pena   privativa   de   la  libertad.      

Para  la  Sala  la  aludida  confusión  no  alcanza  a  soslayar el principio de la legalidad de las penas toda vez que, sin  duda,  la  pena  de  prisión y la fórmula para dosificarla han sido precisadas  por  el  legislador y aplicadas de manera motivada por el sentenciador.  No  obstante,  este  último  contribuye  a  crear  confusión  sobre  su  verdadera  duración  al  presentarla  sin la concreta mención de específicas unidades de  tiempo, tales como años, meses o días.     

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

          R E S U E L V E   

1.           INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor de VALERIO SANTOS ANDRADE  MOSQUERA,  por  lo  anotado en la motivación de este  proveído.     En   consecuencia,   se   DECLARA  DESIERTO el recurso.     

2.   ACLARAR  que  la  pena  privativa  de  la libertad impuesta al  sentenciado   es   de   veintiocho   (28)   meses  y  dieciocho  (18)  días  de  prisión.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1   Fl. 190-192   

2 Fl.  202-203   

3 Fl.  211-221   

4  Equivalentes  a  veintiocho  (28)  meses  y  dieciocho  (18)  días  de prisión   

5 Fl.  221   

6 Fl.  254-255   

7 Fl.  255   

8 Fl.  256   

9  Sentencia de casación de 21 de febrero de 2002, radicación: 14330   

10  Ibid.   

11  Ver,  entre  otras,  Casación  24026 del 10 de octubre de 2005, casación 25765  del  7  de  septiembre  de  2006,  casación  26587  del  21 de febrero de 2007,  casación  26645  del  11  de  abril de 2007, casación 27159 del 18 de abril de  2007 y casación 27108 del 3 de mayo de 2007.     

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