30594(02-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 30594  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                      Magistrado  Ponente   

DR. ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Aprobado Acta No. 348  

Bogotá, D.C., dos (2) de diciembre de dos mil  ocho (2008)   

VISTOS  

Decide la Corte sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado  de  Libardo  de  Jesús Henao Puerta, contra la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Antioquia  el  20  de  mayo de 2008, confirmatoria del fallo dictado por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de  Rionegro  el  22  de febrero de 2006, mediante el cual  condenó  al  procesado  a  la  pena  principal  de  28  años  de prisión como  responsable   del  delito  de  homicidio  agravado  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  20  años,  al tiempo que  absolvió por la mismo punible a José Adelfo Henao Cadavid.   

HECHOS Y ACTUACIÓN RELEVANTE  

Acoge  la Corte la síntesis que del episodio  fáctico contiene el fallo impugnado, así:   

“Guillermo Antonio Jaramillo Henao residía  con    su    esposa    y   sus   cuatro   hijos   en   la   finca   ‘El        Guayavito’,       paraje      ‘La          Enea’,       vereda      ‘El   Perpetuo   Socorro’,   comprensión   territorial   del  municipio  de  San Vicente, predio sobre el cual existía un litigio con Libardo  de Jesús Henao Puerta, quien reclamaba propiedad sobre el mismo.   

En  las primeras horas de la mañana del 19  de  julio  de  2004,  al  mencionado  lugar  llegaron  dos individuos jóvenes y  desconocidos,  los  cuales  penetraron  arbitrariamente a la vivienda  y de  allí  sacaron  a  la  fuerza  a Guillermo Antonio, a quien, cuando estaba en el  corredor  del inmueble, le dispararon en varias oportunidades y allí lo dejaron  gravemente  lesionado.  De  inmediato  la  víctima  fue  trasladada  al  centro  asistencial  de  la  localidad  y,  posteriormente, al hospital del municipio de  Rionegro, donde dos días después se produjo su fallecimiento.   

De los autores materiales de la occisión de  Guillermo  Antonio  Jaramillo Henao no se lograron conocer datos que permitieran  su  posterior  identificación;  pero, en cambio, en cuanto a los intelectuales,  la  investigación  arrojó  datos  serios y confiables que permitieron vincular  con  indagatoria  a Libardo de Jesús Henao Puerta y los hermanos José Adelfo y  José Leonisio Henao Cadavid…”.   

Al momento de resolver la situación jurídica  de  los  indagados,  la  Fiscalía  encontró mérito para afectar con medida de  aseguramiento  consistente en detención preventiva y por el delito de homicidio  agravado,  respecto  de  Libardo  de  Jesús  y  José  Adelfo,  en  resolución  calendada  el  9  de  febrero  de  2005,  absteniéndose  de  hacer lo propio en  relación con José Leonisio.   

Aportada  prueba  de  diversa  índole  a las  diligencias,   fundamentalmente   testimonial,   una  vez  clausurado  el  ciclo  instructivo,  mediante  resolución  del 16 de mayo del mismo año, se profirió  resolución  de  acusación por el referido atentado a la vida exclusivamente en  contra  de  Libardo  de  Jesús  y  José Adelfo, precluyéndose a su turno toda  actuación  en  favor  de  José  Leonisio,  en  decisión ratificada en segunda  instancia el 28 de junio posterior.   

Adelantada la etapa del juicio, sobrevinieron  las  sentencias  de primera y segunda instancia en los términos mencionados con  antelación.   

DEMANDA  

Un cargo es propuesto  por  el  defensor  del  procesado Libardo de Jesús Henao Puerta contra el fallo  objeto  de  la  impugnación  casacional.  Dice  estar  sustentado  en la causal  primera  por  “considerar  la  sentencia  objeto del recurso violatoria de los  artículos   31   de  la  Constitución  Nacional,  17  y  217  del  Código  de  Procedimiento Penal”.    

Asegura  enseguida  el  actor  que  tanto los  sentenciadores  como  la  Fiscalía  dieron “crédito a conceptos y rumores de  vereda  (familiares  y  amigos del de cujus)”, que le atribuyeron al procesado  ser  determinador  del homicidio, cuando es lo cierto que se trató de un crimen  consolidado por grupos desconocidos al margen de la ley.   

Para  el  actor  se  violó  el  derecho  de  igualdad,  pues si bien en principio fueron sindicados del ilícito los señores  Libardo  de Jesús Henao Puerta y José Adelfo Henao Cadavid, finalmente todo el  peso  de  la ley recayó sólo en su defendido pese a que la situación procesal  de ambos era débil.     

Enfatiza  en que son evidentes los errores en  la   apreciación   de   las   pruebas.  Al  respecto  asegura  que  existe  una  “equivocación  monstruosa”  por  parte  del  Tribunal,  cuando  admite  los  señalamientos  y  conjeturas de “José Leoncio Herrera Cadavid”, al referir  que  en  cierta  oportunidad  Libardo  de Jesús le sugirió le colaborara en la  consecución de “sicarios” para “sacar a Guillermo”.   

Para   el   censor,  se  trata  de  simples  suposiciones   de   “José   Leoncio”,  a  las  que  no  se  les  puede  dar  credibilidad,  pues  tenía  cierta  enemistad  con  el procesado -su tío-. Por  ende,  asume el libelista que la sentencia no obedeció a un acucioso estudio de  las  pruebas  pues se profirió mediando errores de hecho que conducen al propio  tiempo a predicar errores de derecho.   

Asegura   entonces   que   una  concepción  equivocada  de  los  hechos  permitió al fallador dividir la responsabilidad de  los  diversos  vinculados  al  proceso lo que forzosamente condujo a un evidente  “error  de  derecho”, que, para el actor, “no consiste en este caso que se  hubiera  dicho  que es un homicidio o no sino que en base a unos hechos dudables  todo el peso de la ley se dirigió contra” su defendido.   

Cita,    sin    justificación    alguna,  jurisprudencia  que  asume  útil a su alegación y se refiere implícitamente a  ella  cuando  sostiene  que  no podía el procesado conocer el propósito de los  ejecutores materiales del homicidio.   

Refiere  enseguida  que  el  error  de  hecho  acusado  emerge  de  la  totalidad  de las pruebas, pues al proceso se allegaron  versiones  amañadas  ineptas  para  señalar  que  entre  homicidas  e imputado  existiera un vínculo directo.   

A  este  respecto  dice  ser de interés a su  defendido  el  testimonio de Silvio Antonio Rivera Castrillón, mientras que -en  su  lugar,  enfatiza-  el  de José de Jesús Montoya Henao presenta ostensibles  limitaciones,   toda   vez   que,   como   lo  explica  en  forma  intrincada  e  incomprensible,   

“Es  de  tener  muy  en  cuenta  que  el  testimonio  de  José  de Jesús Montoya Henao, presenta limitaciones procesales  respecto   de   su  credibilidad,  puesto  que,  exista  o  no  interés  en  su  declaración  el  acontecimiento  de  la  formulación  de  la denuncia (sic) no  manifiesta  claramente  que  dicho  señor  José de Jesús Montoya Henao había  posición respecto a lo acontecido”.   

….  

“Es  necesario  insistir  que este señor  Montoya  Henao  quien  fue  el  gestor  de  la interpretación de lo acontecido,  estaba  igualmente  lesionado  en su persona ya que, según versión de un amigo  suyo  (Sic)  el homicidio iba hacer doble (sic) y el (sic) iba hacer (sic) parte  de  este  (sic).  Nuestra legislación sustantiva a planteado (sic) las causales  de  justificación  del hecho y entre ella (sic) es bien conocida la que predica  la  necesidad  de  defender  un  derecho propio o ajeno contra injusta agresión  actual o inminente”…   

Menciona  enseguida,  dentro  de  la  misma  incoherente   tónica,   los   testimonios   de   Jésica  Natalia  Jaramillo  y  “Alexandra”,  asumiendo  que contienen aspectos que podrían ser de interés  para el procesado.   

Solicita  se case la sentencia y a la Sala lo  reforme “acorde a su real (sic) saber y entender”   

CONSIDERACIONES  

Es un irrebatible hecho la consolidación del  recurso   de  casación  como  un  instrumento  de  control  de  las  decisiones  judiciales,  bajo  la perspectiva de servir de medio protector de las garantías  constitucionales  fundamentales  del  proceso  penal en orden a propugnar por la  efectividad  del  derecho  material,  la reparación de los agravios inferidos a  los  sujetos  procesales  y la unificación de la jurisprudencia, como elementos  teleológicos principales.   

También  lo  es  que, bajo este supuesto del  recurso   casacional,   esto  es,  al  propender  por  una  finalidad  compuesta  expresamente  señalada en la ley -máxime cuando se busca la prevalencia de los  preceptos  superiores en desarrollo de toda la actuación penal-, a la casación  paulatinamente  se  le  han  ido  desmontado  aquellos  extremos presupuestos de  formalidad  en  la  construcción  de los reproches que se hacen a la sentencia,  sin  que  ello  pueda  comprenderse  significar,  desde  luego, un propósito de  abandono  del  libelo a la posibilidad de que se presente cualquier escrito como  tal  con  desmedro  de  una clara y concreta formulación de los cargos y de sus  consecuentes lógicos fundamentos.   

Advertir  lo  anterior  sirve de prolegómeno  necesario  para  contrastar el escrito en este caso aportado como demanda por el  defensor  de Libardo de Jesús Henao Puerta,  pues  además  de  ser  manifiesta  la  falta  de  sindéresis  y  redacción,  incumple  con  básicos  presupuestos  de  un  libelo  en forma que  permiten anticipar, de una vez, su forzosa desestimación.   

En   efecto,   al   procurar  sustentar  su  discrepancia   con  la  sentencia  impugnada  ante  la  Corte,  dijo  acudir  el  casacionista  a la causal primera del artículo 207 del C. de P.P., aludiendo en  forma  impertinente  como  preceptos  vulnerados  el  artículo  31  de la Carta  Política  -sin  justificar  su  mención-, pero además los artículos 17 y 217  del  propio  estatuto  Procesal  -lealtad  procesal y ámbito de decisión de la  Corte   en   esta   sede-,   que   no  corresponden  a  las  normas  de  índole  sustancial.   

Enseguida alude indistintamente a la presencia  de  errores  de  “hecho y de derecho”, que nunca, hasta el final del escrito  son  individualizados  en  su  fisonomía  de  acuerdo  con el defecto acusado o  mediante  una  análoga pero en todo caso suficientemente clara enunciación. El  actor  no  precisó  si  la sentencia omitió, falseó o supuso pruebas, o si se  allegaron  elementos  sin consultar claros mandatos para su producción o aporte  al proceso.   

Todo  cuanto  hizo,  en  forma  muchas  veces  incomprensible   -dados   los   censurables   errores   de  redacción  y  hasta  ortográficos  advertidos-,  fue entrar a presentar el desarrollo fáctico desde  una  perspectiva  unilateral e interesada de su decurso, exhibiendo entonces una  valoración  de las diversas pruebas en procura de sus intereses, efecto para el  cual  descalifica  el  testimonio  muy  comprometedor  para el imputado de José  Leonisio   Henao,   por   contener,   según   afirmó   la  demanda  “simples  suposiciones”.   

Desde  luego, no basta una postura extrema de  flexibilidad  con  una  demanda  de  casación,  para  que  resulte admisible la  escueta  oposición  de  criterios  en  cuanto al valor suasorio de las pruebas,  pues  la  apertura  de un nivel de confrontación semejante situaría a la Corte  como  una  tercera  instancia  y  afectaría el imperativo que tiene quien acude  ante  esta sede, de desvirtuar el principio de legalidad con que viene revestido  el fallo atacado.   

No  se rompe principio alguno de igualdad por  el  hecho de que entre varios procesados unos sean absueltos y otros condenados,  no  solamente  desde  luego, por cuanto la responsabilidad penal es -como tantas  veces  se  afirma-  individual,  sino porque a partir de esa premisa axiomática  debe   resultar  materialmente  constatable  que  la  prueba  sustento  para  su  declaración  sea  predicable respecto de cada quien como requisito procesal que  soporta    una    condena    de   quienes   son   dentro   de   una   actuación  criminal.   

Ningún  error  de  hecho, como lo sostuvo el  censor,  comporta  un  error  de  derecho.  Quizás  pretendió  referirse  a la  circunstancia  de  que  los  defectos  de  apreciación  probatoria  conducen al  quebranto  indirecto  de  la  ley sustancial, caso en el cual desde luego, no es  que se consolide un yerro de esa índole.   

En  fin,  si  como  queda  visto el libelista  propugnó  por  cuestionar  la sentencia dentro de una dinámica nueva de simple  análisis  personal  de  las  pruebas  y  ello  en manera alguna conduce a poder  evidenciar  un  error atacable en casación -como que no se trató tampoco desde  luego  de afirmar desconocimiento alguno de los principios de la sana crítica-,  la  demanda propuesta inexorablemente debe ser desestimada, máxime cuando no se  advierte  la  pertinencia  de  que  la  Corte  emplee  su facultad oficiosa para  intervenir en amparo de garantías fundamentales.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda  de  casación presentada por el apoderado de Libardo de  Jesús Henao Puerta.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen,   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

Comisión de servicio  

   JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                                          ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARIA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                                                AUGUSTO    J.   IBAÑEZ  GUZMÁN   

            JORGE       LUIS      QUINTERO  MILANÉS                       YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

      JULIO     ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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