30559(17-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30559  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 267.  

Bogotá  D.C., diecisiete (17) de septiembre  de dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

          Dirime  la  Sala  la  colisión  negativa  de competencias suscitada  entre  el Juzgado Penal del Circuito de Lorica (Córdoba) y el Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  de  Montería,  despachos  judiciales  que  se rehúsan  asumir  el  conocimiento  del  proceso  seguido contra  ELIS  MANUEL  ENSUNCHO  ARROYO,  YOINER  ENRIQUE  SÁNCHEZ  GUTIÉRREZ, HUMBERTO  ENRIQUE  CABRALES  NARVÁEZ  y  DILSON BRAVO FUENTES, a  quienes  se les imputa el delito de homicidio agravado en grado de tentativa, en  concurso  con fabricación, tráfico y porte ilegal de armas y municiones de uso  privativo de las fuerzas armadas.   

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

1.-   Tras  adelantar  la  correspondiente  investigación,  la  Fiscalía 16 Especializada calificó el mérito del sumario  con  resolución  de  acusación contra RODRIGO MANUEL  DÍAZ  PADILLA, ELIS MANUEL ENSUNCHO ARROYO, YOINER ENRIQUE SÁNCHEZ GUTIÉRREZ,  HUMBERTO   ENRIQUE   CABRALES   NARVÁEZ   y  DILSON  BRAVO  FUENTES  por  el  delito  de homicidio agravado1  en  grado  de  tentativa,  en  concurso  con fabricación, tráfico y porte ilegal de armas y municiones de uso  privativo  de las fuerzas armadas, según decisión del 26 de noviembre de 2007.   

La  acusación  se hace consistir en que los  procesados,  en calidad de coautores, participaron en los hechos ocurridos el 26  de  noviembre  de  2006  cuando  varios hombres lanzaron tres granadas contra la  residencia   del   señor   Wílmer   José   Pérez  Padilla,  ex  alcalde  del  municipio  de  San  Antero  (Córdoba),  lugar donde ocurrió el atentado, ocasionando destrozos y heridas a  algunos de sus moradores.   

2.   En   firme   el   pliego  acusatorio,  correspondió  adelantar el trámite del juicio al Juzgado Penal del Circuito de  Lorica,  cuyo  titular,  mediante  auto  del  11  de  junio  de  2008, avocó el  conocimiento  de  la  actuación.  En  desarrollo  del juzgamiento el 9 de julio  siguiente  el  procesado  DÍAZ  PADILLA manifestó  su  voluntad  de  acogerse  al  mecanismo  de  sentencia  anticipada,  por  cuya  razón el director de la causa decretó la ruptura de la  unidad procesal.   

3.  El  29  de  julio de 2008 el funcionario  judicial  optó por declarar la nulidad a partir de la decisión a través de la  cual  su  Despacho avocó conocimiento y ordenó, consecuencialmente, remitir la  actuación  al  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Montería, por  considerar que la competencia radica en esa autoridad judicial.   

Sirvió  de sustento a su decisión el hecho  de  formularse  en  la parte resolutiva de la resolución de acusación el cargo  de  fabricación, tráfico y porte ilegal de armas y municiones de uso privativo  de  la  fuerzas  armadas,  entendiendo  así  que la imputación comprendió los  verbos  rectores  de  fabricación  y tráfico, conductas cuya competencia está  asignada  a los jueces especializados, conforme lo definió la Sala de Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  en  la  providencia del 28 de septiembre de 2001,  proferida dentro del proceso radicado bajo el No. 18711.   

4.  Recibido  el  proceso,  el  titular  del  Juzgado  Especializado  de  Montería  rechazó  los  argumentos del funcionario  remitente.  Consideró  que,  contrario  a  lo expuesto por éste, la acusación  comprende          solamente         la         conducta         “portar”,  de  manera que la competencia  para   tramitar   el  juicio,  al  tenor  de  la  jurisprudencia  antes  citada,  corresponde  a  los jueces penales del circuito. Según expresó, la competencia  no  la  asigna el nomen juris  del delito sino la conducta efectivamente imputada.   

En  tal virtud y bajo el entendido de que el  juez  de Lorica le propuso conflicto de competencias, remitió el proceso a sede  de esta Corporación para los fines pertinentes del caso.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          La  Corte  Suprema  de  Justicia  es  competente  para  dirimir  los  conflictos  de  competencia  que se susciten, como acontece en el presente caso,  entre  jueces  penales del circuito especializados y jueces penales del circuito  ordinarios,   conforme   lo   establece  el  inciso  segundo  del  artículo  18  transitorio de la Ley 600 de 2000.   

Antes  de abordar la temática en cuestión,  la Sala considera necesario hacer dos precisiones.   

En  primer  lugar,  que  así formalmente no  pueda  hablarse  de la existencia de una colisión de competencias, pues el Juez  Penal  del  Circuito  de  Lorica  remitió  el proceso sin proponer expresamente  conflicto  al  Juez Penal del Circuito Especializado de Montería, materialmente  sí  se  dan  los presupuestos de una controversia de esa naturaleza, por cuanto  se  está  en  presencia  de dos posiciones antagónicas, debidamente motivadas,  provenientes  de  funcionarios  que  repudian  mutuamente la competencia de este  asunto.  De  ahí  entonces  que la Sala no encuentre obstáculo para dirimir la  colisión.   

Y, en segundo término, que no debió el Juez  Penal  del  Circuito de Lorica decretar la nulidad de la actuación, pues acorde  con  lo dispuesto en el artículo 97 del Código de Procedimiento Penal de 2000,  “las  nulidades  a  que hubiere lugar sólo podrán  ser   decretadas  por  el  funcionario  judicial  en  quien  quede  radicada  la  competencia”.   

Entrando en materia, la Sala encuentra que el  fiscal   acusador  en  la  parte  resolutiva  de  la  providencia  calificatoria  identificó  la  imputación  relacionada  con  el  atentado contra la seguridad  pública  con  el  nombre  jurídico  del  delito,  al  señalar que el cargo lo  formulaba  por la “fabricación, tráfico y porte de  armas  y  municiones  de  uso  privativo  de  las fuerzas armadas”.  En  esas  condiciones,  para  determinar cuál fue exactamente la  conducta  atribuida  a los procesados, será necesario consultar los fundamentos  de la acusación.   

Y  en  ese  orden,  se observa que si bien a  todos  los procesados les atribuyó la circunstancia de participar en los hechos  en  los  cuales  se  hizo  uso  de  tres granadas para intentar dar muerte al ex  alcalde  del  municipio  de  San  Antero  (Córdoba),  comportamiento  aquel que  solamente    puede    enmarcarse    en    el    verbo   rector   “portar”  contenido  en el artículo 366  del    Código    Penal    de   2000,   no   así   en   los   de   importar,   traficar,   fabricar,  reparar,  almacenar,  conversar,  adquirir  o  suministrar  a  los  cuales  también  se  refiere  la  norma  sustantiva,  es  lo cierto que el fiscal imputó un accionar  adicional a dos de los acusados, según se verá enseguida.   

En  efecto,  en  el  caso  de  HUMBERTO  CABRALES  NARVÁEZ, precisó que  éste       fue       “quien      compró  las  granadas por intermedio de  un      Sargento      de      la      Brigada”2.    Y   en   relación   con  DILSON   BRAVO  CIFUENTES,  apodado       “Chipricio”,      refirió  que  se  trató  de  la  persona encargada de proporcionar  o  entregar “parte    del   arsenal   utilizado   en   el   hecho”3.   

          Lo  anterior implica concluir que el pliego acusatorio, aparte de la  conducta  portar, comprendió  otros  de  los verbos rectores incluidos en el citado artículo 366 del estatuto  punitivo,  concretamente  los de adquirir y  suministrar,  pues  tal  significación  tienen, respectivamente, las expresiones comprar        y       proporcionar   referidas  en  el  pliego  acusatorio.   

Desde    el    año    20014 la Sala tiene  definido  el  alcance  de  la  competencia  atribuida  por  el  numeral  5º del  artículo  5º  transitorio  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000 a los  jueces  especializados  en  torno a los delitos atentatorios contra la seguridad  pública  previstos  en  los  artículos  365 y 366 del estatuto punitivo. En la  aludida decisión, en efecto, se señaló:   

“Una  atenta  lectura  de  la manera como  fueron  titulados los artículos 365 y 366, en los que, según transcripción ya  hecha,  se  incluye  no  solo la fabricación y el tráfico, sino el “porte”  y    del   numeral   5°   del  artículo  5°  transitorio,  tantas  veces  mencionado,     en    el    que    no    se    incluye    el   porte,  con  relación  a ninguna de las  dos  normas citadas, ni la fabricación y tráfico de armas de defensa personal,  de  que  trata  el  artículo 365, lleva a concluir que de los comportamientos a  que  se  refiere  esta  última  disposición,  no son del conocimiento del juez  especializado  el  porte de  armas  de fuego de defensa personal, el porte de municiones (para armas de fuego  de  defensa personal), ni el de explosivos, ni la fabricación ni el tráfico de  armas  de  fuego  de  defensa  personal; y que de las conductas señaladas en el  366,   no   son   del  conocimiento  del  juez  especializado,  el  porte  de armas de fuego y de municiones  de uso privativo de las Fuerzas Armadas.   

En   consecuencia,   de   las   conductas  contempladas  en  el transcrito artículo 365, son de competencia del juez penal  del  circuito  especializado, la fabricación y tráfico de municiones (de armas  de   defensa   personal)   y   de   explosivos,   entendida   en  la  expresión  “tráfico”,   la   importación,   el   transporte,  el  almacenamiento,  la  distribución,  la  venta,  el suministro y la reparación. Y son de competencia  del  juez  de   circuito,  el  porte  de  municiones (para armas de defensa  personal),  de  explosivos y de armas de fuego de defensa personal, así como la  fabricación  y  el  tráfico  de  esta  última clase de armas, entendida en la  expresión  “tráfico”,  la  importación, el transporte, el almacenamiento,  la distribución, la venta, el suministro y la reparación.   

De  las  conductas  a  que  se  refiere  el  artículo   366,  ibidem,  son  de  competencia  del  juez  penal  del  circuito  especializado,  la fabricación y el tráfico de armas de fuego de uso privativo  de  las  Fuerzas  Militares  y  de municiones para las mismas, entendiendo en la  expresión  “tráfico”,  la importación, la reparación, el almacenamiento,  la conservación, la adquisición y el suministro.   

Y son de competencia del juez del circuito,  el  porte  de armas de uso privativo de las Fuerzas Armadas y de municiones para  las mismas.   

En síntesis: son de conocimiento del   juez penal del circuito:   

1.-  El  porte de armas de fuego de defensa  personal.   

2.- El porte de municiones de armas de fuego  de defensa personal.   

3.- El porte de explosivos.  

4.-  La  fabricación   y  tráfico de  armas de fuego de defensa personal.   

5.-  El  porte  de  armas  de  fuego de uso  privativo de las Fuerzas Armadas.   

6.-  El  porte  de municiones para armas de  fuego de uso privativo de las Fuerzas Armadas.   

Son  de  conocimiento  del  juez  penal del  circuito especializado   

1.-   La  fabricación  y  tráfico de  armas de fuego de uso privativo de las Fuerzas Armadas.   

2.- La fabricación y tráfico de municiones  para armas de fuego de uso privativo de las Fuerzas Armadas.   

3.- La fabricación y tráfico de municiones  para armas de fuego de defensa personal.   

4.-   La   fabricación   y  tráfico  de  explosivos”.   

Queda,  pues,  visto que el porte de armas y  municiones  de  uso  privativo  de  la  fuerza pública corresponde a los jueces  penales  del circuito ordinario. Pero, adicionalmente, que la venta y suministro  de  armas  y municiones de uso privativo de la fuerza pública, como modalidades  de    la    expresión    “tráfico”,   son   del  conocimiento  de  los  jueces  penales  del  circuito  especializados.   

En esas condiciones, se tiene que como en el  presente  caso  la  imputación  se  formuló  también  por dos verbos rectores  comprensivos  de  la conducta traficar, la Sala dirimirá el conflicto objeto de  examen  en el sentido de asignar la competencia de este asunto al Juez Penal del  Circuito  Especializado de Montería, a quien se ordenará remitir la actuación  para lo de su cargo.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE   

          1.        DIRIMIR   la  presente  colisión,  en  el  sentido  de asignar el conocimiento de este asunto al Juzgado Penal del Circuito  Especializado de Montería.   

2.             COMUNICAR  lo  aquí   decidido   al   Juzgado   Penal   del  Circuito  de  Lorica  (Córdoba),  remitiéndole copia de la presente decisión.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Comuníquese    y  cúmplase,   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                    ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                 AUGUSTO           J.          IBÁÑEZ          GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                               YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                              JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

              TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                     Secretaria     

1  Le  atribuyó  la  circunstancia  agravante prevista en el numeral 7º del artículo  104  del  estatuto punitivo, esto es, por colocar “a  la  víctima  en  situación de indefensión o inferioridad o aprovechándose de  esa situación”.   

2 Fl.  274 cd. # 2 de la fiscalía.   

3 Fs.  289 y 284 cd. ídem.   

4  Al  respecto, ver auto del 28 de septiembre de 2001, radicación 18711.     

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