30442(03-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 30442  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Aprobado Acta No. 284  

Bogotá, D. C.,  tres (3) de octubre de  dos mil ocho (2008)   

VISTOS  

Corresponde  a la Sala de Casación Penal de  la  Corte  resolver  el recurso de apelación interpuesto por la Fiscal 41 de la  Unidad  de  Justicia  y Paz, contra la decisión que adoptó un Magistrado de la  Sala  Penal  de  la  jurisdicción  de  Justicia  y Paz del Tribunal Superior de  Medellín,   en   función  de  Control  de  Garantías,  durante  la  audiencia  preliminar  celebrada  el  19 de agosto de 2008, por medio de la cual suspendió  el    acto    procesal    por    no    estar    las    víctimas   representadas  judicialmente.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.  De   las   constancias   procesales   se  desprende  que   CARLOS  MARIO  JIMENEZ  NARANJO,  alias  “Macaco”,  es  un  desmovilizado  que militó en el  Bloque  Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia, y postulado por  el Gobierno Nacional a los beneficios de la Ley de Justicia y Paz.   

2.   La  Fiscal  41 de la Unidad de Justicia y  Paz  solicitó  a  la  Sala  Penal  de  la  jurisdicción  de Justicia y Paz del  Tribunal  Superior  de  Medellín,  el decreto de medidas cautelares respecto de  varios  bienes  inmuebles  rurales ofrecidos por el postulado para reparar a las  víctimas                   de                   sus                   conductas  criminales.            

3.  La  audiencia  preliminar  para  adoptar  las  medidas  cautelares  respecto de los mencionados  bienes,  se  instaló el 19 de agosto del año en curso ante el Magistrado de la  Sala  de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal  Superior de Medellín con función de  Control de Garantías.   

Luego  de identificadas las partes presentes  -Fiscalía  y  Ministerio  Público-,  el  Magistrado  de  Justicia  y Paz dejó  constancia  de  la  ausencia  de  un defensor público en representación de los  intereses  de  las  víctimas  y  demandó  la  opinión  de  la  Fiscalía y el  Ministerio   Público  sobre  dicha  circunstancia,  posteriormente  adoptó  la  decisión  de  no  llevar  a  cabo la audiencia que los convocó hasta tanto las  víctimas no tengan una representación judicial de parte.   

4.  La  Fiscal  41  adscrita  a  la  Unidad  de  Justicia  y  Paz  de Medellín y la Procuradora 111  judicial penal impugnaron la decisión indicada.   

5. De acuerdo a la  información  allegada por la Fiscal 41 de  la Unidad de Justicia y Paz, en  el  marco  de  la  ley  975  de  2005 aún no se ha formulado imputación contra  CARLOS  MARIO JIMENEZ NARANJO y existen 1.269 víctimas reconocidas sumariamente  en los términos del decreto 315 de 2007.   

6. Ya el proceso en  la   Corte   la   Procuradora  111  Judicial  Penal  desistió  del  recurso  de  apelación  interpuesto.   

    

LA PROVIDENCIA IMPUGNADA  

Antes  de  emitir  su  pronunciamiento  el  Magistrado  de  Justicia  y  Paz  en  función  de  Control de Garantías, quiso  conocer  la  posición  de la Fiscalía y la Procuraduría frente al hecho de la  ausencia  de  un  representante  de  la Defensoría Pública que garantizara los  intereses de las víctimas en la audiencia.   

En    consecuencia    la    Fiscal  41  de Justicia y Paz expuso que no  era  necesaria  la presencia de un representante de la Defensoría Pública para  atender  los  intereses de las víctimas, porque había concurrido el Ministerio  Público  quien,  por  disposición  expresa  contenida  en el artículo 8º del  decreto  3391  de  2006, además de las funciones atribuidas en el artículo 118  de  la  Carta Política y la ley, cumplía la función específica de garantizar  la  representación de aquellos en los procesos de Justicia y Paz, garantía que  debía  entenderse  en  sentido  amplio;  además, para efectos de los recursos,  tanto  la Fiscalía como la Procuraduría tienen la facultad de interponerlos en  caso  de  no  compartir las decisiones de la Magistratura, preservándose de esa  forma los derechos de las víctimas.   

En   su   oportunidad   la   Procuradora  Judicial  manifestó estar de  acuerdo  con  la  posición  de  la  Fiscalía  en  el  sentido  de  evacuar  la  diligencia,  porque  en  su  sentir las normas de la Ley de Justicia y Paz deben  complementarse  con  las  disposiciones  la  Ley 906 de 2004, donde se establece  claramente  que  la presencia de la víctima se requiere de manera directa en la  audiencia  a  la  cual  se  convoca  después  de  la  apertura del incidente de  reparación  integral,  oportunidad  en la que ha de plantear de manera concreta  sus  pretensiones  indemnizatorias.  Aclaró  que  en el acto procesal en que se  encontraban  el  Ministerio  Público  cumplía  una doble representación: a la  sociedad  en  general  y  a  las  víctimas  en  particular  para  velar  por el  cumplimiento   del   debido   proceso   y   el   respeto   por  el  ordenamiento  jurídico.    

Invitó a mirar la intención de la audiencia  que  los  convocó  que  no  es  otra  que  sacar  del  comercio unos bienes con  vocación  de  reparar  a  las  víctimas,  por  lo que apela a la bondad de esa  intención  que  busca  de la Magistratura una decisión por demás provisional;  le  parece  que no realizar la diligencia por la ausencia de un representante de  las  víctimas  resulta  contraria a los intereses de ellas mismas, ya que dejan  de  preservarse  los  bienes  ofertados  de  tantas  maniobras  que se dan en el  trafico  jurídico.  En esa medida, atendiendo al interés de las víctimas  que  es   poner  a  salvaguarda  esos bienes, al menos de forma provisional  hasta  la sentencia, y por considerar que su presencia en la audiencia garantiza  el  derechos  de  aquéllas,  reitera  la solicitud en el sentido que se lleve a  cabo la diligencia que los congregó.   

El  Magistrado  de  Justicia  y Paz en funciones de Control de Garantías consideró para abstenerse  de  evacuar  la  solicitud  de  medidas  cautelares, que si bien eran lógicas y  atendibles  las  razones  aducidas por las intervinientes, existía un argumento  técnico  jurídico  que  juzgó  válido  y  de  mayor  peso  que  las  razones  expuestas.   

Aludió   entonces   a   que  si  bien  la  Procuraduría  tiene la representación de la sociedad en términos abstractos y  la  guarda del orden jurídico como función que deviene de la Constitución, en  el  caso de la Ley de Justicia y Paz la Defensoría Pública cumple una función  especial   de   representación  judicial  y  sin  su  presencia  las víctimas se quedan sin representación  concreta.    

Consideró  que  ciertamente  las  víctimas  tienen  un  escenario  en  la etapa de juzgamiento para hacer valer sus derechos  dentro  del  incidente  de  reparación,  pero  estos  se  harían completamente  irrisorios  si  no  hay  unos  bienes debidamente asegurados, embargados y sobre  todo   debidamente   administrados   por   el   Estado   para   atender   a   la  reparación.   Y agregó que la decisión que se adopte en la audiencia por  él  instalada,  es  decidir  sobre  el  embargo  de  los bienes, puede darse en  sentido  afirmativo  o  negativo;  y  ya  ha  ocurrido que la Procuraduría y la  Fiscalía  no  estuvieron de acuerdo en cuanto al embargo de los bienes, de modo  que  si no hubiera existido representación de las víctimas y se hubiera negado  el  embargo  de  bienes  atendiendo  a  las  razones  de  la  procuraduría, las  víctimas se habrían quedado sin la posibilidad de apelar.   

Con base en ello el Magistrado de Garantías  concretó   su   argumento   en   que   las  víctimas  deben  disponer  de  una  representación  de  parte,  pues  la  Procuraduría  debe  cumplir una función  general  consistente en velar por la defensa del orden jurídico y los intereses  de  la  sociedad.   Y  añadió que como el proceso de Justicia y Paz es de  naturaleza  adversarial,  donde hay unas partes enfrentadas, sería desigual que  las  víctimas  no  tuvieran representación en una actuación que tiene que ver  con  sus derechos indemnizatorios; sostuvo que el embargo de bienes apunta a que  la  pretensión  indemnizatoria  se  haga real, porque una condena sin bienes no  tendría  ningún  sentido; además, si no se da la reparación concreta tampoco  puede haber pena alternativa.   

Reiteró  que  las víctimas deben tener una  representación  interesada,  de parte, en este proceso adversarial, de modo que  sin  la  presencia  viva  de  la  defensoría pública en representación de los  intereses  judiciales  de  la  víctima  en  este  caso la audiencia no se puede  celebrar y así lo dispuso.   

La  decisión se notificó en estrados y fue  impugnada   por   las   representantes   de   la    Fiscalía   y   la  Procuraduría.   

La señora Fiscal 41  de  la  Unidad  de  Justicia  y  Paz expresó no tener  claridad  en  cuanto a si la decisión adoptada por el Magistrado, en el sentido  de  no  adelantar  la audiencia convocada para decidir sobre medidas cautelares,  era  susceptible  de  recursos,  porque,  dijo,  en  un caso similar, como no se  había  abordado  un  tema  especifico,  es  decir  no se había desarrollado la  audiencia,  la  Corte estimó que no procedían los recursos; sin embargo, optó  por   interponer   el   recurso   de   reposición  y  en  subsidio  apelación,  “para    que    la    Corte   pueda   conocer   lo  sucedido”,  porque  los  mismos argumentos expuestos  por   la   Magistratura   a   juicio   suyo   sirven  para  poder  adelantar  la  audiencia.   

En  uso  de  la  palabra la representante de  la Procuraduría interpuso el  recurso  de  apelación contra la decisión, porque el Magistrado dejó en claro  cuál es su posición frente al tema.   

El  Magistrado  de  Control  de Garantías explicó que su decisión fue en  el  sentido  de  no  celebrar la audiencia sin la presencia del representante de  las  víctimas;  además  que  lo  hizo  a través de una providencia motivada y  existen  unas  razones  encontradas  tanto de la Magistratura como de las partes  presentes,  y  si  bien  el sentido de la determinación apunta a no celebrar la  audiencia,  la  misma  tiene  que  ver  con  el fondo del asunto, lo que la hace  susceptible  de  recursos,  de  ahí  que  la notificó  en  estrados;  respecto  del  recurso  de  reposición  interpuesto  por  la  Fiscalía  mantuvo  su  decisión  con  base en los mismos  argumentos   ya   explicitados,   fundamentalmente,   porque  las  víctimas  se  quedarían  sin  una  representación  de  parte  en  este  tipo  de audiencias.   

Finalizó   concediendo   el   recurso  de  apelación  interpuesto  por  la  Fiscal  41 de la Unidad de Justicia y Paz y la  Procuradora  111  Judicial  Penal,  en  el  efecto suspensivo para ante la Corte  Suprema de Justicia.   

AUDIENCIA   DE   SUSTENTACIÓN   DE   LA  APELACIÓN   

1.  El  Fiscal 41 delegado ante la Unidad de  Justicia y Paz, Recurrente.   

La  sustentación del recurso se concreta en  los  siguientes  aspectos:  luego  de  referirse a los antecedentes del caso que  motivó  el  recurso  de  apelación  y de advertir que el auto proferido por el  Magistrado  de  Justicia  y Paz de Medellín, si bien no tendría recurso por no  haberse  desarrollado  la diligencia propiamente dicha, es necesario privilegiar  el  derecho  de las víctimas y para ello debe accederse al trámite del recurso  correspondiente,   revocando   la   decisión  de  primera  instancia,  por  los  siguientes motivos.   

     

a. La  defensoría   Pública  de Antioquia es del criterio de que  sólo  actúa  a  través  de  poder que confieran las víctimas, sin embargo en  oposición  a  ese  punto de vista el Magistrado de Justicia y Paz de esa ciudad  considera  que  las víctimas indeterminadas  deben estar representadas por  un defensor público en todas las diligencias.     

     

a. Estima  como  hecho  cierto  que  los  bienes  ofrecidos  y  algunos  entregados  para efectos de la reparación están sin medidas cautelares que los  saquen  del  comercio  y se hace necesario ante todo proteger a las víctimas en  su derecho a la reparación.     

     

a. Plantea  dos  interrogantes:  La  representación  de  las víctimas  reside  sólo  de  la  defensoría  Pública?,  para  responder  esta  pregunta,  considera  que  la ley no lo impone de esa manera, ni en la 975 de 2005 ni en el  decreto  4760  del  mismo año, pues en el ordenamiento inclusive se habla de la  intervención  personal  y  directa  de  éstos; cita el artículo 8 del decreto  3391  de 200, para decir que el legislador allí garantizó la participación de  las  víctimas  de  dos maneras, una en la obligación que tiene la Fiscalía de  emplazar   a las víctimas de las conductas punibles y dos, en la garantía  que  ofrece  la  Procuraduría representando a las víctimas dentro del proceso.     

Frente a la norma citada considera que deben  adelantarse  la  diligencia  suspendida  por  el  Magistrado  de Justicia y Paz.   

Para  responder  al  segundo  interrogante  referido  a  la  naturaleza  de  la  reparación  dice  que la reparación está  integrada  por  un  componente  que  es  el  de  la indemnización que puede ser  económica  o  simbólica,  la  primera  de  ellas  referida al daño materia de  manera  que  si lo que se pretendía con la audiencia de medidas cautelares  fallida  era  precisamente  sacar  del  comercio  los  bienes  que  están   destinados  a  reparar ese daño material no tiene razón de ser que se suspenda  por  no  estar  representadas  las  víctimas  indeterminadas  por  un  defensor  público    a    quienes    en    realidad    interesa    es    la   reparación  simbólica.   

A  modo  de  conclusión  señala  que  los  derechos  de  las  víctimas  tienen un carácter de principio rector reconocido  hoy  por  la Jurisprudencia, por tanto solicita que se revoque la decisión y se  ordene  llevar a cabo la diligencia suspendida y se adelante el debate sobre las  medidas cautelares.   

3.  Representante  de  Acción  Social.  No  recurrente.   

Rindió   un   informe  sobre  los  bienes  entregados  por  CARLOS MARIO JIMENEZ NARANJO y las medidas de conservación que  ha adelantado esa oficina sobre los mismos.   

4. La defensa. No recurrente.  

Parte  de la premisa de que la presencia del  Ministerio  Público  en  la  audiencia  donde  deberán  decretarse las medidas  cautelares  era  más  que  suficiente  para  que  el  Magistrado  con funciones  constitucionales  la  hubiera  evacuado;  alude  a la Ley 975 de 2005 al decreto  4760  de 2005, 3391 de 2006 y 315 de 2007, para decir que son expeditos y claros  en  el aspecto que tiene que ver con el derecho a las víctimas y la salvaguarda  del derecho a la reparación.   

Considera  que  lo  más coherente era haber  tomado  la  decisión  de  sacar  del  comercio  los  bienes  ofrecidos  por  su  representado.  Hace una relación de la cantidad y el monto de los mismos que su  poderdante  ha  ofrecido  y  entregado,  llamando  la  atención  sobre el grave  deterioro  que  algunos de ellos acusan a la fecha y finaliza solicitando que la  Corte   revoque  la  decisión  de  primera  instancia  para  que se puedan  decretar  las  medidas cautelares demandadas respecto de lo hasta ahora ofrecido  y entregado por CARLOS MARIO JIMENEZ.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  competencia de la Sala Penal de la Corte  para  resolver  el  recurso  de  apelación,  surge del mandato consagrado en el  artículo  26  de  la  ley  975  de 2005, en concordancia con el numeral 3º del  artículo  32  de  la  Ley  906  de  2004,  toda vez que se trata de un auto que  resuelve  un  asunto de fondo en el trámite de un proceso adelantado en primera  instancia por la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior.   

PROBLEMA JURÍDICO  

La  decisión  adoptada por el Magistrado de  Control  de  Garantías  plantea  el  problema  de  si  es  posible suspender la  audiencia  preliminar  donde  debía  resolver  sobre  la  solicitud  de medidas  cautelares,  hasta  tanto  esté  presente un defensor público que represente a  las víctimas.   

La  respuesta  a  ese  interrogante obliga a  considerar  ante  todo  la oportunidad para decretar las medidas cautelares, que  se  presenta  durante  la  audiencia preliminar de formulación de imputación a  que  alude  el  artículo  18 de la ley 975 de 2005 o con posterioridad a ésta.   

También  es  preciso tener en cuenta si las  víctimas,  una  vez realizado el emplazamiento público, comparecieron o no, lo  que  equivale  a  saber  si  hay  víctimas  reconocidas,  comprobación  que el  Magistrado de Control obvió en este caso.   

Si  efectuado  el emplazamiento público las  víctimas  no  comparecen,  la  solución al problema viene dada en el artículo  8º  del  Decreto  Reglamentario  3391 de 2006, porque el legislador ha previsto  que   en   esos   eventos   el   Ministerio   Público   ha   de  garantizar  su  representación.   

En  ese  orden  las  razones  que  adujo  el  Magistrado  de  control  de  garantías  en  apoyo  de  su  decisión durante la  audiencia  del  19  de  agosto  último  no  las comparte la Corte, porque no es  cierto  que  el  Ministerio Público en el ámbito de los procesos de Justicia y  Paz  lleve  la  representación  de  la sociedad y la guarda del orden jurídico  como  función derivada de la Constitución “sólo en  términos   abstractos”,   y   contrario  sensu  la  Defensoría    Pública   cumpla   una   función   especial   de   representación  judicial, de manera que su  no   intervención   deje  a  los  afectados  con  las  conductas  punibles  sin  representación concreta.    

La   ley   975  de  2005  y  sus  decretos  reglamentarios,  además  de  reconocer  el  derecho  de  participación  de las  víctimas  en  los  procesos  judiciales,  otorgaron funciones específicas a la  Procuraduría  tendientes  precisamente a garantizar ese derecho; tal es el caso  de  la  disposición  contemplada  en  el  artículo  8º  del  Decreto  3391 de  septiembre  29  de  2006,  que  estableció  los  mecanismos  para garantizar la  oportunidad  de participación de las víctimas en los procesos judiciales en el  marco de la ley de Justicia y Paz, que dice:   

“Se   garantiza   la   oportunidad   de  participación  judicial de las víctimas desde el inicio de los procesos que se  surtan  contra  los  miembros  de los grupos armados organizados al margen de la  ley  en el marco de la ley 975 de 2005, con el fin de que hagan efectivos dentro  de    los    mismos   sus   derechos   a   la   verdad,   la   justicia   y   la  reparación.   

Para  tal  efecto,  de  conformidad  con las  instrucciones  que para salvaguardar la participación judicial de las víctimas  imparta  el  Procurador General de la Nación en desarrollo del artículo 118 de  la  carta  Política,  la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía General de la  Nación   emplazará   públicamente  a  las  víctimas  indeterminadas  de  las  conductas  punibles cometidas por los miembros de los grupos armados organizados  al  margen  de  la  ley  que  se  encuentren  postulados  de  conformidad con lo  dispuesto  en el artículo 1º del Decreto 2898 de 2006, a fin de que participen  y  ejerzan  sus derechos dentro de los procesos penales que se adelanten de  conformidad  con  la  Ley  975  de 2005. En caso de no  comparecencia,  el  Ministerio  Público,  atendiendo las directrices impartidas  por  el Procurador General de la Nación, garantizará su representación en los  correspondientes      procesos.”     (resaltado fuera de texto)   

“…”  

El   mandato   legal   da  cuenta  de  dos  obligaciones  especiales, una a cargo de la Fiscalía y otra a la Procuraduría;  en  el primer caso la Fiscalía General de la Nación debe citar públicamente a  las  víctimas  indeterminadas  de  las  conductas  punibles  cometidas  por los  miembros  de los grupos armados organizados al margen de la ley, que el Gobierno  Nacional  haya postulado como candidatos al procedimiento y beneficios de la Ley  975 de 2005, para que participen y ejerzan sus derechos.   

Y  en  el  evento  que  esas  víctimas  no  comparezcan,  el Ministerio Público tiene la obligación especial de garantizar  su  representación  en  el correspondiente proceso. Obviamente la garantía que  brinda  la  Procuraduría  en  esos  casos  es  en  relación  con las víctimas  indeterminadas  que  no han hecho valer su condición de tales, de conformidad a  lo  establecido en el artículo 3º del Decreto 315 de febrero 7 de 2007. Porque  si  las  víctimas  comparecen,  tienen  derecho  a  acceder en forma personal y  directa  o  a través de apoderado a las diligencias que se desarrollen en todas  las            etapas           procesales1,    particularmente   a   la  audiencia  preliminar  de  formulación  de  imputación,  que es el escenario a  partir del cual procede la adopción de medidas cautelares.   

El  legislador también consagró que cuando  la  víctima  no  cuente  con  los  servicios  de  un  abogado particular que lo  represente,  tiene  derecho  a  que  la Fiscalía General de la Nación gestione  ante  la Defensoría del Pueblo la designación de un defensor público para que  lo  represente;  evento en el cual debe acreditar previamente su condición ante  el  Fiscal  delegado  de  la  Unidad  de  Justicia y Paz que tenga a su cargo la  investigación,  mediante  identificación  personal  y  demostración del daño  sufrido  en  los  términos  de  los  artículos  3º  y  4º del Decreto 315 de  2007.   

De  donde  se  sigue  que la Defensoría del  Pueblo  no  tiene  competencia  para nombrar un defensor público que represente  judicialmente        a        las       víctimas  indeterminadas, como equivocadamente parece entenderlo  el  Magistrado  de  Control  de Garantías. Es el Ministerio Público quien, por  disposición  legal,  cumple  esa  función judicial concreta y particular en la  hipótesis   contemplada   en   el  artículo  8º  del  Decreto   3391  de  2006.   

De  esa manera queda superado el escollo que  impidió  al Magistrado de primera instancia dar curso a la audiencia preliminar  aludida.   

Sin embargo, existe otra arista del problema  que  es  necesario  considerar  en  tanto que atañe con la oportunidad procesal  para  decretar las medidas cautelares patrimoniales y por ende con la actuación  que  se  surte  en  este caso, tema que podría parecer extraño al objeto de la  impugnación  -que  lo es en relación con la suspensión de la audiencia por el  motivo  conocido  y  ampliamente debatido- con lo cual no sería extraño que se  invocase algún factor de incompetencia por parte de la Corte.   

Al  respecto  ha  de  advertirse  que la Ley  975/05   está   gobernada  por  una  específica  filosofía  que  ofrece  como  ingredientes  teleológicos  la  búsqueda  de  verdad,  justicia y reparación,  valorados  a  su  vez  como  verdaderos derechos que tienen como destinatario de  primer  orden  a  las  víctimas,  de  donde  se  colige  que toda valoración y  aplicación  de  la  normatividad que integra el esquema de la mencionada ley ha  de  interpretarse  en  dirección  a  la protección de aquéllas. Ello hace -en  consecuencia-  que  el procedimiento previsto en esa especial normatividad pueda  considerarse  sui generis, por  lo   cual   no   reviste   mayor   importancia   el   concepto  de  partes  que  se  maneja  en  la Ley 906 de  2004,   no   empece  la  remisión  que  para  llenar  vacíos  a  esta  última  legislación se haga por parte del legislador de 2005 (art. 62).   

Así,  entonces,  cuando  la  Sala  decidió  abordar  en esta providencia el tema de la oportunidad para materializar medidas  cautelares  respecto  de  bienes  que  con  propósitos  de  reparación  ofrece  voluntariamente  el  desmovilizado,  además  de  buscar efectividad de la norma  superior  que hace prevalecer lo sustancial sobre lo formal (art. 230 C Pol), en  aquella  dirección  se  encauzó  con  miras a la protección de las víctimas,  pues  no  hay  duda que de aplicarse en su tenor literal la norma que prevé que  la  afección  de  bienes sólo procede a partir de la audiencia de formulación  de  imputación,  muy  probablemente cuando ésta tenga lugar, la posibilidad de  asegurar  esos  elementos  materiales  con  miras  a  la  reparación -con mucha  probabilidad   de   desaparecimiento,   pérdida  o  mengua-  haya  afectado  el  mencionado  derecho.   

Esta  última previsión no resulta gratuita  en  este  caso,  pues si la Corte se hubiera detenido en resolver exclusivamente  lo  relacionado  con  la  viabilidad  de  la  suspensión  o no de la audiencia,  soslayando  el  tema  de  la  oportunidad para decretar medidas cautelares -cuya  inescindibilidad  con el objeto de la apelación es indiscutible- en una visión  objetiva  de la situación, así se vea proyectada a futuro, muy seguramente los  resultados  habrían afectado el derecho de las víctimas, dado que en razón al  precedente  trazado  en  anterior  oportunidad  por esta Sala, el funcionario de  garantías  podría abstenerse de afectar los bienes ofrecidos, sobre la base de  que  al  así  proceder  se desconocería la estructura del debido proceso, pues  fue  ésa  una  consideración  inicial  que  se  incluyó en la motivación del  precedente.   

En  ello  -y  en  ejercicio  de  la  labor  pedagógica  como  una  de  las características de la razón de ser de la Sala-  radica  el  por  qué  la Corte asumió el análisis de tal temática, a todo lo  cual  ha  de  sumarse  el  propósito de hacer conocer el redireccionamiento del  pensamiento  plasmado  en la providencia de agosto 23 de 2007 (rad. 28040), pues  sin  duda  la  propuesta  interpretativa  de  hoy ha de entenderse que recoge la  mencionada    consideración,    tal    como    se    hará    referencia   más  adelante.   

Ahora bien, sobre la solución a la reseñada  temática  dígase  que el artículo 18 de la ley 975 de 2005 -Ley de Justicia y  Paz-  regula  el  tema  de la formulación de imputación indicando que en dicha  audiencia  el  fiscal hará la imputación fáctica de los cargos investigados y  solicitará  la  imposición  de  la  detención  preventiva  en  el  centro  de  reclusión      correspondiente.     Igualmente  solicitará  la  adopción  de  las  medidas  cautelares  sobre  los bienes para  efectos de la reparación de las víctimas.   

Conforme a la norma comentada la imposición  de  medidas cautelares sobre los bienes ofrecidos por el desmovilizado presupone  la  imputación de los cargos objeto de averiguación por parte de la Fiscalía.   

Sin  embargo  no  puede  olvidarse  que las  medidas  cautelares  patrimoniales  en  el  ámbito  penal  se aplican sobre los  bienes  del  procesado,  de  los  partícipes de la conducta punible o sobre los  bienes             de            terceros2;  esas  medidas  cumplen unos  fines  ligados al proceso, o a la pena, o a la protección de las víctimas para  garantizar  la  reparación,  particularmente  en  el  caso  de  los procesos de  Justicia  y paz donde es deber del Magistrado pronunciarse en la sentencia sobre  el       tema       de      la      reparación3   que,   junto   con   otros  postulados,  constituye  la esencia que justifica la pena alternativa; desde esa  óptica  las  medidas  cautelares  patrimoniales en el proceso de justicia y paz  tienen  una finalidad bifronte, de un lado buscan asegurar la reparación de las  víctimas  como principio fundamental acorde con los estándares internacionales  y  de  otra  están  ligadas  a la eficacia del proceso mismo.      

Pues bien, las medidas cautelares que buscan  poner  fuera  del  comercio  los bienes entregados por los desmovilizados que se  someten  al  procedimiento  de la Ley de justicia y paz, a juicio de la Sala son  procedentes  aún  en  los  eventos  como el que ahora se examina donde no se ha  formulado  la  imputación,  porque afectando de esa manera los bienes ofertados  se  evita  que el postulado o terceras personas en el futuro dispongan de ellos,  cosa  que  no  sucede  si  solamente  se  entregan  los bienes para protección,  administración   y   conservación   al   Fondo  para  la  Reparación  de  las  Víctimas4,  medida  esta  última que ciertamente no extrae del comercio los  bienes   ni   suspende   el  poder  de  disposición  de  los  titulares  de  la  propiedad.   

Si  no  se  obra  de  dicha manera en estos  eventos,  donde a pesar de la entrega de bienes por parte del desmovilizado para  cumplir  la  obligación  de reparar, y donde la imputación probablemente no se  pueda  evacuar  en  el  corto  o  mediano  plazo  porque  los  postulados fueron  extraditados  hacia  los Estados Unidos, y hoy son juzgados por narcotráfico en  las  Cortes  de  ese  país,  se  corre  el  riesgo de  dejar   a   la   deriva   los   derechos   de   las  víctimas.   

La  pregunta  que surge en este punto es si  las  medidas  cautelares  que  se decretan, antes de la imputación, respecto de  los  bienes  voluntariamente  ofrecidos  por  el desmovilizado en el curso de la  versión  libre  para cumplir con la obligación de reparar a las victimas en el  exclusivo  ámbito  de Justicia y Paz,  vulnera el debido proceso y por esa  vía la presunción de inocencia o el derecho de defensa.   

Quiere aquí la Sala destacar que si bien es  cierto  en  el  auto  del  23  de  agosto  de  20075  se  hizo  referencia  a  una  violación  a  la  estructura del debido proceso cuando antes de la audiencia de  formulación  de imputación se afecten bienes del desmovilizado, porque con ese  proceder  se  desconocería  lo dispuesto por el ordenamiento legal (art. 18 Ley  975  de  2005  y  art.  92  Ley 906 de 2004), no lo es menos que una aplicación  excesivamente  literal  de  tal  normatividad  podría  arrasar  con  uno de los  derechos  de  las  víctimas  -regulado  como  principal en la propia ley 975 de  2005- como es el de la  reparación.   

A  efectos  de precisar la motivación de lo  consignado  en  la  mencionada  providencia -en la cual se predica la violación  del debido proceso- y cuyo alcance hoy se reformula, obsérvese:   

“Ahora  bien,  no se remite a duda que el  vicio   a   se  (sic)  ha  hecho  alusión  compromete  el  debido  proceso  por  desatención  de  la  estructura  formal  del trámite previsto en la Ley 975 de  2005.       Sin      embargo,      (…)”6   

“Se  afirmó  en  el capítulo inicial de  esta  parte  considerativa  que  la  actuación  en la forma como se tramitó, a  juicio  de  la  Sala,  es  irregular  por  desconocimiento del debido proceso en  cuanto  se  incurrió  en  vicio de estructura derivado de disponer la audiencia  preliminar  de  imposición de medidas cautelares sin que previamente se hubiere  formulado   la   correspondiente   imputación   al  desmovilizado  SALVATORE  MANCUSO  GÓMEZ,  por  lo que  procede        establecer       si       (…)7”   

Ha  de  precisarse  de  igual  manera que la  solución  dada  a la problemática en aquella ocasión se inclinó por la misma  que  hoy  se  adopta,  aunque  en  esa oportunidad luego de analizar la tensión  entre  el  acato  al  debido proceso y el derecho de las víctimas, reconociendo  prevalencia  al  de  éstas.  La  diferencia  de  fondo  con la solución de hoy  estriba   en  la  prédica  actual  del  no  desconocimiento  de  la  estructura  procesal.   

Así,  entonces, se precisa y se da un nuevo  enfoque  a  la  señalada  jurisprudencia  en  el sentido que tal afectación de  bienes  puede  llevarse a cabo antes de la audiencia de imputación, desde luego  bajo  dos condiciones: que el desmovilizado esté rindiendo la versión libre en  la  cual  haya  confesado  delitos que a futuro puedan ser cobijados por la pena  alternativa  y  además,  que  tales bienes hayan sido ofrecidos voluntariamente  por  el  desmovilizado  con  miras  a  la  reparación.  Se precisa aquí que la  solución  se  está  planteando  a  nivel  del  ofrecimiento del desmovilizado,  porque  es  éste el caso del que se ocupa la Sala, pero una fórmula similar de  comportamiento  procesal  tendrá cabida frente a la denuncia de bienes que  llegaren  a  ofrecer  las víctimas, el Ministerio Público o la Fiscalía, dado  que  serán  (en  ese  hipotético  evento)  semejantes  las razones derecho que  podrán ofrecerse, así como idéntico será el derecho a proteger.   

En  efecto,  no  se viola el debido proceso  cuando  antes  de  la  formulación  de  imputación  se  decreta  el  embargo y  secuestro  o  la  suspensión del poder dispositivo de los bienes entregados por  el  desmovilizado,  si con ello se persigue precisamente garantizar la finalidad  primordial del proceso: la reparación.   

Y  es  que no puede concluirse de diferente  manera  si el legislador al definir la naturaleza, objetivos y fines  de la Ley de Justicia y Paz8  indicó que  consagra  una  política criminal especial  de justicia restaurativa, es  decir,  que  con  ella  persigue  una  solución  pacífica  al  conflicto  a través del perdón, la reconciliación y la reparación del daño,  involucrando a la víctima, al victimario y a la sociedad.   

Entonces,  si  se  abandonó el criterio de  delito  como  infracción  a  la  norma  del Estado para adscribirse al concepto  moderno  de  injusto  como  acción  que  produce  fundamentalmente  un  daño a  otro,   base  y  fundamento de la reparación, no hay duda que se abre paso  al  mecanismo  de la negociación como forma para alcanzar esa finalidad como lo  demuestra      el      referente      histórico9,  con  la  aceptación  de la  responsabilidad  por  parte  del desmovilizado y garantizándose a las víctimas  la efectiva reparación del daño.   

Si  dicho  instrumento  procesal  persigue  además  como  objetivos  igualmente primordiales, la transición hacia el logro  de  una  paz  sostenible,  con  ello  se  posibilita  (i)  la desmovilización y  reinserción  de  los  grupos  armados  organizados al margen de la ley, (ii) el  cese  de  la violencia ocasionada por los mismos y de sus actividades ilícitas,  (iii)  la  no  repetición  de  los  hechos,   (iv)  la recuperación de la  institucionalidad  del  Estado  de  derecho,  (v) garantizar los derechos de las  víctimas a la verdad, la justicia y la reparación.   

Ello   explica  que  el  legislador  haya  consagrado  como  una de las exigencias de elegibilidad para la desmovilización  individual  o  colectiva  en  el marco de la ley de justicia y paz, entregar los  bienes  producto  de  la  actividad  ilegal  (artículos 10 y 11 de la ley 975).   

Se   ha   impuesto   igualmente   que  el  desmovilizado  deba  manifestar expresamente su voluntad de acogerse al trámite  especial  de  Justicia  y  Paz  (art.  3 Decreto 4760 de 2005) y, en la versión  libre  confesar  de manera completa y veraz  todos los hechos delictivos en  los  que  participó  o  de  los  que  tenga  conocimiento  cierto durante y con  ocasión  de  su  pertenencia  al grupo armado organizado al margen de la ley en  garantía  del  derecho  a  la  verdad  de  que  son  titulares la víctima y la  sociedad (artículo 9 del Decreto 3391 de 2006).   

Y  por  ello  también  que  al  definir el  sustrato  que  posibilita  la  concesión  del  beneficio  jurídico  de la pena  alternativa,  haya indicado como exigencias: (i) Contribuir a la consecución de  la  paz  nacional, (ii) colaborar con la justicia y con el esclarecimiento de la  verdad  a  partir  de  la  confesión plena  y veraz de los hechos punibles  cometidos  durante  y  con  ocasión  de  la pertenencia al grupo, (iii) brindar  garantía  de  no  repetición  y  (iv) reparar a  las víctimas.   

Reparación   que  además  de  tener  la  connotación  de pronta e integral, es prerrequisito de la pena alternativa como  lo  establecen los artículos 29 y 37.3 de la Ley 975 de 2005, erigiéndose como  contrapartida  en  un  deber de los beneficiarios de la Ley de Justicia y Paz el  reparar  a  las  víctimas  de  las  conductas  punibles  por  las  que resulten  condenados,  finalidad  para  lo  cual  deben  hacer  entrega  al  Estado de los  bienes10.    

De  modo que sólo cumpliendo con las   exigencias  y obligaciones consagradas en la mencionada ley, se concluye con una  sentencia necesariamente de carácter condenatorio.   

Bajo ese contexto la conclusión coherente y  forzosa  es  que  en  los  eventos  como  el  que  acá  se examina, las medidas  cautelares  sobre  bienes que se decreten antes de la imputación no constituyen  una  vía  de  hecho  judicial,  sino  la  respuesta  jurídica  adecuada  a  la  expresión  de  voluntad  libre  del  desmovilizado  que  entrega unos bienes en  cumplimiento   de   su   obligación   de   reparar  el  daño  causado  por  el  delito.   

De  tal  manera  que  resultará ajustada a  derecho  la  decisión de un Magistrado de Control de Garantías cuando accede a  decretar  medidas  cautelares  respecto de unos bienes ofrecidos voluntariamente  por  el  postulado  a  quien no se ha formulado la imputación, a fin de que con  ellos   se   cumpla   el  fin  primordial  de  la  reparación,  pues  en  tales  circunstancias,  la  imputación que se echa de menos debe agotarse si es que el  desmovilizado              aspira              a             la             pena  alternativa.            

Ya  que:  “…el  perjuicio  que se ocasiona a las víctimas consecuente con aplicar strictu sensu  el  rito  legal consagrado en la Ley 975, esto es, imponer la medidas cautelares  sólo  hasta cuando el desmovilizado culmine su versión libre y luego de que se  efectúe  el  programa  metodológico  por  parte  del  fiscal  para  iniciar la  investigación,  según  lo  refiere  el  artículo 17 de dicha normatividad, es  mayúsculo  y  puede  ser  prácticamente  irremediable,  ante la posibilidad de  actos  de  disposición  o  de  enajenación  posteriores  que  complicarían la  reparación….”11   

A tono con las anteriores precisiones, surge  imperativo  decidir  la  impugnación  revocando  la decisión adoptada el 19 de  agosto  del  año  en curso por el Magistrado de Justicia y Paz de Medellín, en  la  cual  se  abstuvo  de  llevar  a  cabo  la  audiencia  preliminar de medidas  cautelares   por  ausencia  de  defensor  público  en  representación  de  las  víctimas,   para   que,  contando  con  la  asistencia  del  representante  del  Ministerio  Público,  el a-quo proceda al desarrollo del acto procesal para los  fines que fue convocado.     

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

PRIMERO.- REVOCAR la  decisión  de  primera  instancia apelada en el sentido de suspender el trámite  de  la  audiencia preliminar de medidas cautelares, por las razones expuestas en  la motivación que antecede.   

SEGUNDO.- DEVOLVER  el  asunto  al  Tribunal de origen para que el Magistrado en función de control  de  garantías  lleve  a término la audiencia solicitada por la Fiscal 41 de la  Unidad de Justicia y Paz.   

Esta  decisión  se  notifica  en estrados y  contra ella no procede recurso alguno.   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ            

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ              ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

              Aclaración de voto   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS            AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN         

                                                                                          

                 (Aclaración    de    voto)                                          Aclaración de voto   

      JORGE     LUIS    QUINTERO  MILANÉS                       YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                                       Comisión          de  servicio   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Conforme  lo  establece  el  artículo  1º  del  Decreto  315  de  febrero 7 de  2007.   

2  Como    es   el   caso   del   tercero   civilmente  responsable   

3  Artículo 24 de la ley 975 de 2005   

4  Artículo 54 de la ley 975 de 2005   

5  Radicado 28040, Salvatore Mancuso   

6  Segunda instancia 28040, 23 de agosto de 2007   

7  Segunda instancia 28040, 23 de agosto de 2007   

8  Decreto 3391 de 2006, artículo 1º  y 2º   

9  Los procesos de paz en Centroamérica, Angola  y  en País Vasco.   

10  Artículo 44 de la ley 975 de 2005   

11  Segunda Instancia 28040, auto del 23 de agosto de 2007.     

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