30406(22-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 30406  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta: 304  

Bogotá,  D.C., veintidós (22) de octubre de  dos mil ocho (2008).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de  casación  presentada por  el    defensor    de   WILLIAM   ORLANDO   RODRÍGUEZ  MANCILLA,  contra  el  fallo  del  3 de abril de 2008,  mediante   el  cual  el  Tribunal  Superior  Militar,  revocó1  la  sentencia  adoptada  por  el  Juzgado  Penal  Militar  del Departamento de Policía  Norte  de Santander, el 21 de diciembre de 2007, que lo  absolvió  por el punible de  peculado     culposo.   

H    E    C    H   O   S   

Fueron  relatados  por  las  instancias de la  siguiente manera:   

“En  horas  de la tarde del 20 de enero de  2007  el  PT.  RODRIGUEZ (sic) MANCILLA se dispuso realizar algunas reparaciones  locativas  en el segundo piso del cuarto donde se hospedaba en una casa aledaña  a  la  estación  de  Policía  Saravena  y  al bajar se percató que su arma de  dotación  no  se  encontraba  en  el  lugar  donde  la  había guardado, siendo  infructuoso los esfuerzos por lograr su recuperación”.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 31 de agosto de  2007,  la  Fiscalía  152  Penal Militar de San José  –Zona    Once-    de  Cúcuta,  dictó  resolución  de  acusación contra WILLIAM  ORLANDO  RODRÍGUEZ  MANCILLA,  por  el  delito  de peculado  culposo.   

2. El 21 de diciembre  de  2007, el Juzgado Penal Militar del Departamento de  Policía    Norte    de    Santander,   absolvió        a        RODRÍGUEZ       MANCILLA,  por el punible  imputado.   

3. El 3 de abril de  2008,    el    Tribunal    Militar,    revocó  la  sentencia  recurrida  por  la  Fiscalía  152 Penal Militar y el Procurador 90 Judicial Penal II de Cúcuta, en  el  sentido  de  condenar  al  implicado      RODRÍGUEZ     MANCILLA,   como  autor  responsable     del     punible     de     peculado  culposo,  a  la  pena  de seis (6) meses de prisión y  multa de diez (10) smlmv.   

Inconforme  la  defensa técnica con el fallo  condenatorio,  después  de  impugnarlo,  lo sustentó mediante la presentación  del respectivo libelo, que hoy califica la Sala.   

R   E   S   U  M  E  N     D  E    L A   D E M A N D A   

Bajo el amparo de la Ley 522 de 1999 (Código  Penal  Militar),  artículo 371, el libelista impugnó el fallo de segundo grado  por  “haber  violado directamente la Ley sustancial  por  EXCLUSIÓN EVIDENTE del Art. 35 Causales de inculpabilidad numeral 1.-… y  aplicación  indebida  del  artículo  182 peculado culposo… esto es por haber  incurrido  parcialmente  en  la  causal  primera  de  CASACIÓN consagrada en el  Numeral    primero   (1)   del   Art.   205   del   Código   de   Procedimiento  Penal”.   

En  la  demostración del cargo, informó que  “es  muy  importante  en  estos  casos  de peculado  culposo  el estudio probatorio, para tomar elementos de juicio de (sic) cómo en  verdad  se  sucedieron  los  hechos,  teniendo  en  cuenta las circunstancias de  tiempo, modo y lugar”.   

Siendo  ello  así,  es  importante  para  el  libelista:  (i) el testimonio del MY. CABEZAS TORRES, quien era el comandante de  la    Estación    de    Policía,   (ii)   la   clase   de   Municipio   que   es   Saravena,   (iii)   las   actas   de  instrucción  y  (iv)    la    injurada,  “para  dar  a  entender que cuando se da un arma de  fuego  al  agente del orden no “es necesario devolverla al armerillo (sic) una  vez culminada la labor asignada”.   

La   Policía   envió  un  funcionario  de  “contra  inteligencia”  para  que  investigara  los hurtos y demás delitos que se estaban consumando en  las  instalaciones  e igualmente, a su prohijado, sus compañeros le complicaban  la  vida (lo dejaban encerrado en su habitación, le pinchaban la moto y echaban  tierra  a  la  gasolina)  ”él vivía solo, pero por  cosas  del  destino  tuvo  la  imperiosa  obligación  de tener que arreglar las  goteras  de  su  pieza,  y en ese instante que (sic) se le causa daño a su vida  institucional”.   

El  arma la dejó por unos segundos sola para  arreglar  unas  goteras del techo, en la habitación se podían dejar objetos de  toda  clase,  “en este caso en concreto armas, vemos  como  se  robaron  el  revólver,  pero  no  se  robaron  el fusil, que en pocas  palabras   vale   mas  (sic)  dinero,  es  de  mas  (sic)  uso  en  otras  manos  peligrosas”,  con lo cual se buscaba causarle daño:  (i) condenarlo, (ii)   suspenderlo  por  seis  meses  sin  remuneración  alguna,  (iii)  multa,    (iv)   sanción  disciplinaria,  (v)  al pago  del   revólver  y  (iv)  la  cancelación de los honorarios profesionales.      

En  un  acápite  que  tituló  “circunstancias    de    modo   tiempo   y   lugar”,  indicó  que  las armas no se pueden depositar en el “amerillo” (sic) y no se puede llevar  armas  a  todas  partes, “en este caso se perdió el  revolver  (sic),  que  es ligero se podía empretinar, pero no se podía llevar,  porque  se podía perder en cualquier movimiento brusco, y además lo que se iba  hacer  era  rápido,  donde  se  podía dejar, en un lugar donde todo ser humano  cree  es  el mas seguro, el mas (sic) propicio para dejar algo en buena custodia  su hogar, su pieza”.   

Por  tanto,  su  poderdante  no  tenía  que  volverse   “un   psicópata,   con   delirios   de  persecución   por   el   cargo   que   tenía   como   miembro   de   la  SIPOL  contrainteligencia”.  Por  tanto, el Tribunal, negó  la   causal   1°   de   inculpabilidad,  por  caso  fortuito  o  fuerza  mayor,  desconociendo  “las pruebas ordenadas y practicadas,  en  cuanto  a  la  fuerza  irresistible…  cuando  el  hecho  es producto de la  actividad  de otra persona. Queda desarticulada la responsabilidad concretamente  del agente, porque la persona no OBRA, es OBRADA”.   

En  otro  párrafo  denominado  “consideraciones   de  la  Sala”,  el  actor  se refiere a las circunstancias por medio de las cuales el Juez colegiado  arribó  a  la  responsabilidad  de  RODRÍGUEZ  MANCILLA,  como  aquella cuando  afirmó  que  el  arma se perdió por “una actividad  ajena  al  servicio policial”, motivo suficiente para  cuestionar  quién  era  el Juez competente, el militar u ordinario, al concluir  “que     este     policía    no    estaba    de  servicio”.      

Intituló  otro  apartado  como  “siempre  he  querido  hacer esta manifestación ante la H. Corte  Suprema  de  Justicia”, alegando todas las sanciones  proferidas   contra   su   prohijado,   reseñadas  atrás,  por  ende,  indicó  “que  sé  (sic)  esta  (sic)  generando  con  los  peculados  culposos  dentro  de  la  institución.  Da  rabia  pero es la verdad  corrupción”.   

En conclusión, aseveró que el Tribunal dejó  de  aplicar  la causal de inculpabilidad enunciada, por ello, solicitó un fallo  absolutorio a favor de su mandante.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  SALA   

1.   La  censura  presentada  a  favor  de  WILLIAM  ORLANDO  RODRÍGUEZ  MANCILLA,  no  reúne  los  presupuestos  mínimos  de  coherencia  y  lógica-argumentativa  puntualizados  por  la jurisprudencia para  admitir    la    demanda   de   casación,  pues  si  bien,  propone  como  punto  de  partida para lograr la  infirmación  del  fallo  de  segundo  nivel,  la  violación  directa de la Ley  sustancial,  por  falta  de  aplicación  de  una causal de inculpabilidad (caso  fortuito  o  fuerza mayor); en su desarrollo y demostración incurrió en graves  fallas  que  atentan contra la filosofía que inspira el recurso extraordinario.   

2. No es un escrito  de  libre  confección  con el que se pretenda derrumbar la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  viene atada a los fallos, tampoco es una adición de  ideas  en búsqueda de un fin jurídico subjetivo o hipotético para asegurar la  demostración del ataque propuesto.   

Como  metodología,  la  Sala  abordará  la  calificación  de la censura, estableciendo aquellos puntos más preponderantes,  a  fin  de  determinar de manera precisa, las falencias de mayor impacto, con el  objeto  de  brindarle  al libelista suficiente claridad en torno a los desatinos  que presenta su memorial-demanda.   

El desatino de primordial trascendencia tiene  que  ver  con  los  presupuestos  de  procedibilidad  punitiva  para permitir su  estudio  en  casación, contenidos en el Capítulo VII, artículo 368, de la Ley  522   de   1999,   Código  Penal  Militar, que a la letra dice:    

”Habrá recurso  de  casación,  contra  las  sentencias  de  segunda  instancia, por delitos que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo sea o exceda de  seis   (6)   años   aun   cuando   la  sanción  impuesta  sea  una  medida  de  seguridad.   

El  recurso  se  extiende  a  los  delitos  conexos,  aunque  la pena prevista para éstos sea inferior a la señalada en el  inciso anterior.   

De  manera excepcional, la sala penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  discrecionalmente  puede  aceptar  un  recurso de  casación  en  casos  distintos  de  los  arriba  mencionados,  a  solicitud del  Procurador  General  de  la  Nación  o  su  delegado, o del defensor, cuando lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los         derechos         fundamentales”2.   

El     injusto     de     peculado  culposo por el que se condenó a  RODRÍGUEZ  MANCILLA, es del  siguiente  tenor3:   

“El  que  respecto  a bienes del Estado o  empresas  o  instituciones  en  que  éste tenga parte, o bienes de particulares  cuya  administración, custodia o tenencia se le hayan confiado por razón o con  ocasión  de  sus  funciones, por culpa dé lugar a que se extravíen, pierdan o  dañen,  incurrirá en arresto de seis (6) meses a dos (2) años y multa de diez  (10)   a   cincuenta   (50)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por tiempo igual al de la pena  principal impuesta”.       

Cotejando una disposición con otra, se puede  concluir  objetivamente (6 meses a 2 años versus cuyo  máximo  sea o exceda de seis (6) años) que la demanda  de   casación   no  podía  presentarse  por  la  vía  ordinaria  –como se hizo- sino por la excepcional, debiendo resaltar exactamente  el   censor,   si  su  inconformidad  se  basaba  en  fallas  a  las  garantías  fundamentales   o   en  búsqueda  de  la  unificación  de  la  jurisprudencia.   

La  Sala  viene  delineando los presupuestos  para       conceder       la      casación      discrecional:      (i)   que   la  impugnación  se  hubiere  propuesto    contra    un    fallo    de    segunda    instancia,   (ii)  que  el recurso se realice dentro de  los  quince  días  siguientes  a  la  última  notificación de la sentencia de  segundo  nivel,  (iii) que la  censura  la  efectúe  la  defensa  técnica,  el  Procurador  o  la Fiscalía y  (iv) que la sustentación se  haga en debida forma.   

Se  hace  imperioso,  entonces,  motivar  y  discernir     que     se     consumó    en    instancias    una    vulneración    a    las   garantías  fundamentales,  puntualizadas  en  alguno  de  los  sentidos  expresados  por la ley y la jurisprudencia; desde  luego,  deberá  realizarse  tal  labor  intelectual,  en  el mismo contexto del  libelo  pero  delimitándolo  en  un  capítulo  aparte,  para  después, atarlo  coherentemente   a   la   argumentación  propia  de  una  casación  ordinaria:  presupuestos  que  no se satisfacen por el sólo hecho de haber sido citados por  el actor.   

Entraña,  en  segundo lugar, el desarrollo   de  la  jurisprudencia,  una  ponderación  aquilatada  de  las tesis jurídicas que en juicio del actor deban  ser  perfeccionadas y mejoradas, naturalmente, tomando como punto de partida los  criterios  jurisprudenciales  que se pretenden modernizar o innovar, aterrizados  al caso cuestionado.   

Con la falencia advertida, es suficiente para  rechazar  ipso facto la demanda, sin embargo, la Sala especificará otros yerros  que   la   identifican  como  un  alegato  de  libre  factura,  vedado  en  sede  extraordinaria.    

Son  múltiples  los  errores  que  exhibe el  libelo:   

(i) Alegó exclusión  evidente   del   artículo   35   del   Código   Penal   Militar   –causal    de   inculpabilidad-   sin  determinar  los  elementos  que  la  estructuran,  los  cuales, desde luego, son  indispensables      para      confrontar     el     error,     (ii)  anunció  como  vía  de  ataque  la  directa    y    fue    sustentado    por   pruebas   (indirecta),   (iii)  quiso imprimirle a sus alegatos una  entidad  jurídica  superior  a  la  valoración expuesta por el Tribunal de los  diversos  medios probatorios, cambiándole su significado, como cuando enfatizó  que  “mi  protegido  nunca  violo (sic) el deber de  cuidado,  porque  siempre  tuvo  su elemento encima suyo, solo lo dejo (sic) por  algunos  segundos…  pero  nunca  se  mira  el  proceso…  las  circunstancias  especiales  que  rodean  el hecho”, o al sostener que  con  los  peculados  culposos se está generando mucha corrupción, (iv)  menos  aún  aludió al postulado de  trascendencia  de  obligatoria  confección,  a  fin  de  constatar  el daño de  actividad o juicio de los falladores.   

La  Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con la ley y la jurisprudencia, en el que paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los falladores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el demandante  demuestre   con   una   temática   jurídica  contundente  que  las  instancias  desbordaron  la  aplicación  o interpretación del derecho en relación con los  hechos y pruebas aceptados, entre otras alternativas de ataque.   

Por  último,  uno  de  los  principios  que  inspiran   el   recurso   extraordinario   de   casación   es  el  dispositivo, con el cual, lo pretendido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación, fijándose con él la  competencia  de  la  Corte.  Sin que pueda ni deba hacerse, una readecuación de  los  cargos  y  sus fundamentos trascendentes, para así cumplir con la forma y,  luego  de  fondo,  fallar  en  consecuencia.  Esto  concitaría  a actuar en dos  extremos  excluyentes  y  exclusivos,  se  unificarían  tanto  las pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con el criterio jurídico de la Sala al enmendar el  libelo,  y  lo  más  censurable  de  todo sería, que la misma Corporación que  convalidó  la  demanda,  falle  en  consecuencia.  Por  ende, admitirla sin que  cumpla  elementales  presupuestos  de  lógica  y debida argumentación, es como  ponerla  a  combatir la ilegalidad en un proceso usurpando facultades inherentes  a  los  intervinientes,  partes  o  sujetos  en una actuación penal, lo cual es  inadmisible.    

Es por esta potísima razón que se insiste en  la  consagración  de  algunos  presupuestos  sin los cuales el recurso se torna  inane  y  queda convertido en un simple alegato de instancia, donde sólo impera  la  voluntad  del  censor,  más  no  se demuestra la afrenta a la Ley, la   Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad que es la causa final en la que  se inspira el instituto.   

No     es    que    la    “técnica”  por  si  misma tenga como  fin  enervar  los  derechos  adquiridos  a  los  sujetos  procesales,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  aquellos  yerros  conducen a la Corte a desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas de mayor relevancia. Lo que ocurre es que si la  Sala   entra   a   solucionar  todos  los  defectos  contenidos  en  la  demanda  –admitiéndola-  se  le  irrogaría  a  la Judicatura un poder absoluto de reconfeccionarla y adecuarla a  posturas  argumentativas  decantadas  por los intervinientes en el proceso, para  luego   entrar   a   decidir  el  problema  de  fondo:  lo  cual  es  absurdo  e  inconveniente.   

Se  verifica,  entonces,  que  el  demandante  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas contra lo afirmado por los Jueces de instancia, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto casacional.   

En  consecuencia,  los defectos sustanciales  enunciados   atrás  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que  inadmitir  la demanda presentada a favor de  WILLIAM   ORLANDO   RODRÍGUEZ   MANCILLA,  de  conformidad  con  lo consagrado en el artículo 213 de la Ley  600  de  2000;  sin  olvidar  que,  estudiado  el  proceso,  no se percibe en su  contexto,  que se hubiese violentado alguna garantía fundamental que amerite el  facultativo  ejercicio  de  la  oficiosidad,  en  virtud  de  lo dispuesto en el  artículo 216 de la misma obra instrumental citada.   

Con fundamento en lo expuesto, la Sala    de    Casación    Penal    de    la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E  S   U  E  L  V E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de  casación   presentada   a   nombre  de  WILLIAM  ORLANDO  RODRÍGUEZ  MANCILLA, en  virtud de lo argumentado en párrafos precedentes.   

Segundo  Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Tercero:  Cópiese,  notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1  El  Juez     Plural,     condenó     a     Rodríguez  Mancilla,  a  la  pena principal de seis (6) meses de  arresto y diez (10) smlmv.   

2  La  Corte   Constitucional   mediante   sentencia  C-  209  del  11  de  marzo   2003,   se  inhibió  de  fallar   en  relación  con  el  inciso 3°,  referido.    

3  Código  Penal  Militar,  Ley 522 de 1999, artículo 182.     

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