30309(11-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 30309  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  327  

Bogotá  D.C., once (11) de noviembre de dos  mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  fundamentación de las demandas de casación presentadas por  los  defensores  de OSMAR DAVID PINEDO CUELLO, DONALDO  DE   JESÚS   ACOSTA   PANA,  ESTHER  MARÍA  HAWKINS  MAESTRE,  HARDOLD  ODUVER  FONTALVO  y,  en  nombre  propio,  por  el  procesado  DINO  ALBERTO  GIL  OSORIO,  quien   ostenta   la  calidad  de  abogado  titulado1.   

H E C H O S  

Así  los  resumió el Tribunal ad-quem:   

“La génesis de  la  presente  causa  fue la remisión que hiciera la Corte Constitucional de las  acciones  públicas  distinguidas  con  los radicados 117707 y 111300 impetradas  por   los  aquí  enjuiciados,  por  intermedio  de  los  abogados  DINO  ALBERTO GIL OSORIO y NOBBILE JAVIER  TODARO  GONZÁLEZ  en  contra  del  Fondo  de  Pasivo  de  la Empresa Puertos de  Colombia,  para que se investigara sobre la iniciación, trámite y decisión de  las  mismas,  una  vez  se  surtió  la  revisión  por  parte del Alto Tribunal  mediante  sentencias  T-575/97  y  T-010/98,  toda vez que se habían encontrado  irregularidades   que   podrían   constituir  conducta  punible,  pues  algunos  exportuarios   y   abogados  presentaron  acciones  temerarias,  encaminadas  al  reconocimiento  y  pago  de acreencias laborales inexistentes y/o ya satisfechas  por la entidad accionada”   

“Decisión  que  fue  objeto de revisión por parte de la H. Corte Constitucional, quien mediante  sentencia  T-010  del  27  de  enero  de  1998, decidió confirmar los fallos de  primera  y  segunda  instancia  por  medio  de  las  cuales  se  negó el amparo  solicitado  o  cuya  orden  se  limitó  a  tutelar  el  derecho  de  petición,  procediendo  a  enviar  a  la  Fiscalía General de la Nación, junto con varias  tutelas,  entre  ellas  las  distinguidas con los números 117707 y 111300, para  que  llevara a cabo las respectivas investigaciones del caso relacionadas con la  iniciación  del  trámite  y  decisión  de  las  mismas,  y así establecer la  presunta  conducta  en  que  hayan  podido  incurrir tanto los solicitantes como  quienes las tramitaron”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los  anteriores  hechos, la Unidad Investigativa Especial de Foncolpuertos adscrita a  la  Dirección Seccional de Fiscalías de Cundinamarca, a través de resolución  del  20  de septiembre de 2002 (fl. 42-96, cuaderno original 7), acusó a CARLOS  ALFONSO  BORNACHERA  POTES,  CARLOS  AURELIO CELEDÓN MOLINARES, MANUEL GREGORIO  GONZÁLEZ  GÓMEZ, LACIDES EMILIO JIMÉNEZ MIRANDA, PEDRO MANUEL NÚÑEZ LÓPEZ,  VIDAL  PÉREZ  JIMÉNEZ,  MANUEL  AGUSTÍN  PERALTA GONZÁLEZ, JOSÉ ANTONIO ZEA  ROJAS,   JULIO  CÉSAR  ALFONSO  ORELLANO,  ALFREDO  JOSÉ  DELVECHIO  VÁSQUEZ,  ESTHER     MARÍA    HAWKINS    MAESTRE,  WILSON  GUILLERMO  JIMÉNEZ  MOSCOTE,  ANTONIO  DE PAULA LAFOURIE  CHIQUILLO,    HAROLDO   ODUVER   FONTALVO,  RAMÓN  VICENTE ROJAS VARELA, PEDRO MANUEL RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ,  ANA  CECILIA VARELA DE CÁRDENAS, JORGE ZAMBRANO ARÉVALO, NOBBILE JAVIER TODARO  GONZÁLEZ,  RAFAEL  CALIXTO  AVENDAÑO  MIRANDA,  CARLOS JOSÉ CASTILLO AGUILAR,  ISMAEL  SEGUNDO FREYLE CÓRDOBA, JAIRO ENRIQUE FRÍAS MARTÍNEZ, LAUREANO MANUEL  PABÓN  MIRANDA, JORGE ELIÉCER PATIÑO MARTÍNEZ y SIMÓN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ  como    autores    dolosos   de   las   conductas   punibles   de   fraude  procesal en concurso heterogéneo y  sucesivo    con   estafa   agravada   en   grado   de  tentativa  (artículos 182, 356 en concordancia con el  372-2 del Código Penal de 1980).   

A  través  de  la  misma  decisión  fueron  acusados,  además, DINO ALBERTO GIL OSORIO  y  OSMER DAVID PINEDO CUELLO  como  autores  dolosos  de  las conductas punibles de fraude  procesal en concurso heterogéneo y  sucesivo    con   estafa   agravada   en   grado   de  tentativa,  en concurso heterogéneo y simultáneo con  falsedad  material  en  documento público  (artículos  182  y  356  en concordancia con el 372-2 del Código  Penal  de  1980,  y  287  en concordancia con el 290 del Código Penal de 2000);  JOSÉ  MIGUEL  FLÓREZ  ROVIRA  lo fue como autor de fraude procesal en concurso  heterogéneo   y   sucesivo   con   estafa   agravada   consumada;  DONALDO  DE  JESÚS  ACOSTA  PANA,  MANUEL  SALVADOR  FLÓREZ  PÉREZ,  ADELA DE JESÚS GALÁN MELÉNDEZ y ALEJANDRO ANTONIO  GARCÍA    GARCÍA    como    autores    de    fraude  procesal  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  y en  concurso   heterogéneo   y   sucesivo   con   estafa  agravada    en    la   modalidad   de   tentativa          “respecto    del    primer   fraude   y   consumada   respecto   del  segundo”  y  VÍCTOR SEGUNDO LÓPEZ MEZA fue acusado  como  autor  del  delito de fraude procesal en concurso homogéneo y sucesivo, y  en   concurso   heterogéneo  y  sucesivo  con  estafa  agravada consumada.   

La  decisión  acusatoria  fue  objeto  del  recurso  principal  de reposición, y en subsidio el de apelación, por parte de  los   defensores   de   DONALDO   DE   JESÚS  ACOSTA  PANA,  JOSÉ  MIGUEL FLÓREZ ROVIRA, ALEJANDRO GARCÍA  GARCÍA,  CARLOS JOSÉ CASTILLO AGUILAR, JAIRO ENRIQUE FRÍAS MARTÍNEZ, ALFREDO  JOSÉ  DELVECHIO  VÁSQUEZ,  ADELA  DE  JESÚS GALÁN MELÉNDEZ, LAUREANO MANUEL  PABÓN  MIRANDA,  JORGE  ELIÉCER  PATIÑO  MARTÍNEZ, JORGE ZAMBRANO ARÉVALO y  VÍCTOR SEGUNDO LÓPEZ MEZA.   

Al  resolver  el  recurso  horizontal,  la  Dirección   Seccional  de  Fiscalías  de  Cundinamarca,  Unidad  Investigativa  Especial  de  Foncolpuertos,  a  través  de resolución de 29 de enero de 2003,  revocó todas las acusaciones  por  el  delito  de fraude procesal y declaró la preclusión de la instrucción  por  dicha  conducta  punible,  por  cuanto la acción penal había prescrito, y  confirmó en todo lo demás (fl. 130-139, c.o. 7).   

En  segunda instancia, la Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, mediante resolución del 21 de mayo de  20032,  revocó la acusación proferida en contra de JOSÉ MIGUEL FLÓREZ  ROVIRA  y  confirmó  en  todas sus partes la acusación recurrida (fl. 5-40, c.  original No. 41).   

2.   La etapa  del  juicio  la  tramitó  el Juez 1º Penal del Circuito de Descongestión para  Foncolpuertos  que,  en  sentencia  de 27 de noviembre de 2006 (fl. 55-190, c.o.  52),  condenó  a  LACIDES EMILIO JIMÉNEZ MIRANDA, PEDRO MANUEL NÚÑEZ LÓPEZ,  VIDAL  PÉREZ  JIMÉNEZ,  JOSÉ ANTONIO ZEA ROJAS, JULIO CÉSAR ALFARO ORELLANO,  ALFREDO   JOSÉ   DELVECHIO  VÁSQUEZ,  ESTHER  MARÍA  HAWKINS  MAESTRE,  WILSON  GUILLERMO JIMÉNEZ MOSCOTE,  ANTONIO  DE  PAULA  LAFOURIE  CHIQUILLO,  HAROLD ODUVER  FONTALVO,  RAMÓN  VICENTE  ROJAS VARELA, PEDRO MANUEL  RODRÍGUEZ   RODRÍGUEZ,   ANA  CECILIA  VARELA  DE  CÁRDENAS,  JORGE  ZAMBRANO  ARÉVALO,  CARLOS  JOSÉ CASTILLO AGUILAR, ISMAEL SEGUNDO FREILE CÓRDOBA, JAIRO  ENRIQUE  FRÍAS  MARTÍNEZ,  LAUREANO  MANUEL  PABÓN  MIRANDA  y JORGE ELIÉCER  PATIÑO  MARTÍNEZ  a  las  penas principales de 12 meses de prisión y multa de  $666.66,  como autores de la conducta punible de estafa  agravada  en  grado  de  tentativa  (artículo 356, en  concordancia  con  el  372-2 del Código Penal de 1980) y a NOBILE JAVIER TODARO  GONZÁLEZ  a  las  penas principales de prisión de 16 meses y multa de $666.66,  como autor del mismo delito.   

A  las  penas  principales de prisión de 20  meses  y  multa de $130.000.oo fueron condenados MANUEL SALVADOR FLÓREZ PÉREZ,  ADELA  DE  JESÚS  GALÁN  MELÉNDEZ  y  ALEJANDRO ANTONIO GARCÍA GARCÍA, como  autores  del  delito  de  estafa  agravada  consumada (artículo 356, 372-2, del  Código  Penal  de  1980).  Por su parte VÍCTOR SEGUNDO LÓPEZ MEZA lo fue a la  pena  principal  de  22  meses  de  prisión  y multa de $150.000, como autor de  estafa  agravada consumada, en concurso homogéneo y sucesivo (artículo 356, en  concordancia con el 372-2 del Código Penal de 1980).   

El procesado DONALDO  DE  JESÚS  ACOSTA  PANA  fue  condenado  a  las penas  principales  de  16  meses  de  prisión  y  multa de $100.000, como autor de la  conducta     punible     de     estafa     agravada  consumada (artículo 356, en concordancia con el 372-2  del  Código  Penal de 1980).  Por su parte, OSMER  DAVID  PINEDO  CUELLO  y DINO  ALBERTO  GIL  OSORIO  fueron  condenados  a  las penas  principales  de 36 meses de prisión y multa de $750.00 como autores del punible  de  estafa  agravada en grado de tentativa,   en   concurso   heterogéneo   y   sucesivo   con  falsedad  material  de  particular en documento público agravada por  el  uso (artículo 356 en concordancia con el 372-2 del  Código  Penal  de  1980,  y 287 en concordancia con el 290 del Código Penal de  2000).   

El sentenciador de primer grado les impuso a  todos  los  anteriores la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por un término igual al de la pena privativa de  la  libertad, les concedió la ejecución condicional de la sentencia, al tiempo  que  condenó  a  VÍCTOR  SEGUNDO  LÓPEZ MEZA, MANUEL SALVADOR FLÓREZ PÉREZ,  ADELA  DE JESÚS GALÁN MELÉNDEZ y ALEJANDRO ANTONIO GARCÍA GARCÍA al pago de  los  perjuicios  materiales  ocasionados  con  su  conducta y absolvió a SIMÓN  RODRÍGUEZ   RODRÍGUEZ,   MANUEL  GREGORIO  GONZÁLEZ  GÓMEZ,  RAFAEL  CALIXTO  AVENDAÑO  MIRANDA y MANUEL AGUSTÍN PERALTA GONZÁLEZ de la conducta punible de  estafa agravada, en la modalidad de tentativa.   

La  decisión de condena fue apelada por los  defensores    de    DONALDO    DE    JESÚS   ACOSTA  PANA,  ALEJANDRO ANTONIO GARCÍA GARCÍA, ESTHER     MARÍA    HAWKINS    MAESTRE,  OSMER  DAVID  PINEDO  CUELLO,  VÍCTOR  SEGUNDO  LÓPEZ  MEZA, PEDRO MANUEL RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, HAROLD  ODUVER  FONTALVO, ANTONIO DE PADUA  LAFAURIE    CHIQUILLO,    DINO    ALBERTO    GIRALDO  OSORIO  y,  de  manera  personal, por WILSON GUILLERMO  JIMÉNEZ MOSCOTE.   

La Sala Penal de Descongestión del Tribunal  Superior  de  Bogotá, a través de fallo de segunda instancia de 26 de junio de  2007,   (fl.  53-107,  cuaderno  No.  1  original  del  Tribunal),  declaró  la  prescripción  de la acción  penal  de  la conducta punible de falsedad en documento  privado3  y,  en consecuencia, dispuso la cesación  de   procedimiento   por   ese   delito  a  favor  de  DINO  ALBERTO  GIL  OSORIO y  OSMAR DAVID PINEDO CUELLO, al  tiempo  que  absolvió  a  ALEJANDRO  GARCÍA  GARCÍA de la conducta punible de  estafa  agravada,  al  tiempo  que  revocó a su favor la condena en perjuicios;  redujo  a  20  meses  la pena principal de prisión y a 118.28 salarios mínimos  legales  mensuales  la  condena  en perjuicios impuesta a VÍCTOR SEGUNDO LÓPEZ  MEZA,  y  redujo  a  16  meses  la  pena  de  prisión  impuesta  a DINO  ALBERTO  GIL  OSORIO  y OSMER  DAVID  PINEDO CUELLO, y a $666.66 la  de  multa,  como  autores del delito de estafa agravada  en  la  modalidad  de  tentativa  y  confirmó  en  lo  demás.   

L  A S     D E M A N D A  S    D E   C A S A C I Ó N   

El  Tribunal  concedió  los  recursos  de  casación  interpuestos  y  oportunamente  sustentados  por  los  defensores  de  OSMAR  DAVID  PINEDO  CUELLO, DONALDO DE JESÚS ACOSTA  PANA,   ESTHER   MARÍA  HAWKINS  MAESTRE,  HAROLD  ODUVER  FONTALVO   y,   de   manera   personal,   por   el   procesado  DINO  ALBERTO  GIL OSORIO, quien ostenta la  calidad   de   abogado,   cuyos   argumentos   se  sintetizan  de  la  siguiente  manera:   

1.   DEMANDA PRESENTADA POR EL DEFENSOR  DE OSMAR DAVID PINEDO CUELLO.   

En  la  demanda  presentada  a  nombre  de  OSMAR  DAVID PINEDO CUELLO se  formula  un  cargo por nulidad  y   dos  más  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,   los   dos   primeros   postulados  como  principales y el último como  subsidiario.   

Primer   cargo   principal:   nulidad  por  violación del principio del juez natural.   

De conformidad con la causal 3ª de casación  que  describe el artículo 220 del Decreto Ley 2700 de 1991, el demandante acusa  que  la  sentencia  fue  proferida en un juicio viciado de nulidad por razón un  yerro  de  garantía,  concretamente  la  falta  de  competencia del funcionario  judicial,  conforme el artículo 304-1 del mismo estatuto procesal, toda vez que  el  juzgamiento  corrió  por  cuenta  de  juzgados especializados del circuito,  “operadores  judiciales creados con posterioridad a  la  comisión  del  presunto  hecho  punible.”  (fl.  320-327, cuaderno original 2, Tribunal).   

En apoyo al reparo, el casacionista aduce que  “la  competencia  para  el desarrollo del juicio se  rompió  abruptamente  al  encargar  de  esta labor soberana del Estado a jueces  ad-hoc,  creados  e  implementados con posterioridad a la ejecución del reato a  juzgar,  tal  como  lo dispuso la Sala Administrativa del Consejo Superior de la  Judicatura”, lo que no admite convalidación y viola  el  principio  del juez natural y de allí el de legalidad, así como el derecho  de  defensa  y  el  debido proceso.  Agrega que las dependencias judiciales  así  creadas  solamente podían conocer de hechos ocurridos de manera coetánea  o con posterioridad a la ejecución de los delitos.   

El  censor  indica  que  el  vicio señalado  desconoce  el  párrafo  1º  del  artículo  8º   y 9º de la Convención  Americana  de Derechos Humanos, artículos 93, 94, 4º e incisos 2º y 3º   del  29   de la Constitución Política, numeral 2º del artículo 11 de la  Declaración  Universal  de  Derechos  Humanos, numeral 1º del artículo 15 del  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos, 1º, 2º, 5º y 11 del  Decreto  Ley  100 de 1980 y artículos 1º, 2º, 6º, 10º, 22, 66, 70, 72 y 304  del Decreto 2700 de 1991.   

Agrega  que  las irregularidades denunciadas  desvirtúan  la  presunción  de  acierto  y  legalidad del fallo, al tiempo que  solicita  que  se  tenga  en  cuenta  el  perjuicio  económico que le ocasionó  “soportar  y  padecer  un juicio penal ante un juez  colocado  a más de mil kilómetros de mi residencia”  y  que,  de  haberse  respetado  el  principio  del juez natural, el funcionario  encargado    del   juzgamiento   debió   ser   el   Penal   del   Circuito   de  Barranquilla.   

El  recurrente  solicita  a  la  Sala  que  “declare la nulidad sustancial por incompetencia de  los  falladores judiciales, nulidad afectante de los fallos de primera y segunda  instancia,   obrantes   en   este   proceso   de  modo  inescindible”.   

Segundo  cargo  principal:  “falso     juicio     de     raciocinio     en    la    apreciación  probatoria”.    

Al amparo de la causal de casación descrita  en  el  cuerpo 2º del artículo 220-1 del decreto 2700 de 1991, el censor acusa  a  la  sentencia  de  violar de manera indirecta la ley sustancial, por vía del  error  de  hecho  en  la  modalidad de falso juicio de  raciocinio.    

Precisa, en apoyo al reparo, que en el hecho  de  “servir de correo y enlace entre los poderdantes  preseñalados  y el doctor DINO GIL OSORIO…  labor que, en cuanto a los exportuarios, mi prohijado realizó  recogiendo   los   poderes   que   otorgaron   para   el   doctor   GIL   OSORIO”   no  se  acreditan  los  elementos de la estafa.    

En   el   mismo   sentido,   asegura   que  “si  bien  se  dice  que como estudiante de último  año  de  Derecho pudo asumir  la  estafa  en  que  incurrían los aludidos poderdantes del doctor GIL  OSORIO y nada les advirtió sobre el  error,  tal  comportamiento no contiene los ingredientes objetivos ni subjetivos  del delito de estafa” (fl. 342).    

Aduce  que  los  razonamientos  del fallador  encaminados  a  demostrar  la responsabilidad de PINEDO  CUELLO   son   erróneos   e   ilógicos,  porque  el  “mise  en  scene”  del  delito  de  estafa  no  puede  tener  lugar  con  los  comportamientos que se le  atribuyen;  por  el  contrario,  se  requieren de verdaderos artificios idóneos  para  engañar  con dolo a la víctima de turno, “es  decir,  siempre  es  necesario observar si existe sucesión entre el artificio o  engaño   y   el  error,  y  entre  éste  y  el  provecho  ilícito”.    

Por     lo    anterior    –agrega-,   el   juzgador   erró,  al  apreciar  por  fuera  de  las  reglas  de  la experiencia y los postulados de la  lógica,  el  testimonio  de  los  exportuarios,  así  como  al  subvalorar las  explicaciones  del  procesado,  para  concluir  en  que aquél tuvo el perfil de  estafador  y  engañó  a  los trabajadores de Colpuertos quienes, al manifestar  que  no  firmaron  los  poderes, quisieron ocultar su responsabilidad (fl. 342).   

El  casacionista señala que resulta ajeno a  los  principios de la sana crítica, de la lógica y del sentido común, afirmar  que  PINEDO CUELLO fue coautor  de  estafa  por  el  hecho de haber atendido, en su condición de dependiente, a  los   clientes   del  abogado  GIL  OSORIO,  ya  que esa labor no configura el engaño propio de la estafa, ni  de  esa  manera  creó en los exportuarios “la falsa  noción  de  pseudos  derechos”, ya que fueron éstos  quienes  tenían  la  idea  criminosa  de  engañar  a  la entidad a través del  otorgamiento  de  poderes  con una torcida finalidad, pues ellos sabían que los  derechos  demandados  a  Foncolpuertos ya les habían sido concedidos (fl. 342).   

El  demandante afirma que el fallador violó  los  principios  de la sana crítica por apreciar que las actividades propias de  su    labor    de   dependiente   del   abogado   GIL  OSORIO,      tales      como      “recogerles  los poderes y darles respuesta a todo cuanto inquirían  sobre  sus  potenciales derecho laborales, a falta de atención directa de parte  del   abogado-apoderado   doctor   GIL   OSORIO”  o  “entenderse  con  clientes  para  recibir  de ellos  poderes,  documentos,  recados expedientes, y muchas veces hacer de recaudadores  de   honorarios”   (fl.  340-343),  estuvieron  encaminados  a engañar a los trabajadores de Foncolpuertos, tal como algunos de  éstos  lo  declaran,  toda vez que allí no están presentes los elementos  tipificadores de la estafa, en particular, la maniobra engañosa.   

Tercer     cargo:     “tergiversación   del   sentido   fáctico   de   los   medios   de  prueba”.   

De manera subsidiaria, el demandante acusa a  la  sentencia de incurrir en violación indirecta de la ley sustancial, por vía  del   error  de  hecho  por  tergiversación  del sentido fáctico de los medios de  prueba,  así  como en el estudio y valoración de los  medios   probatorios,  yerro  que  lo  condujo  a  inaplicar  el  principio  del  in   dubio  pro  reo  (fl.  345).   

En  apoyo  del reparo, el casacionista aduce  que  el  yerro  recayó  “en  la evaluación de los  testimonios  de  varios  ciudadanos  que,  como  extrabajadores  de  Colpuertos,  otorgaron   sendos   poderes   al   doctor  DINO  GIL  OSORIO para que adelantara acciones de tutela, con la  finalidad  de  conseguir  de  Foncolpuertos  el  pago de unas reales o supuestas  acreencias   laborales   y   prestacionales”.    

Agrega  a  lo  anterior,  que  el  fallador  interpretó  de  manera  exagerada  y equivocada el dicho de los poderdantes, de  allí  que  concluyera  en  una  sindicación por el delito de estafa, cuando en  realidad      ni     los     trabajadores     de     Colpuertos     –curtidos en ese tipo de reclamaciones,  en  época  de  desgreño administrativo- ni la entidad accionada, fueron objeto  de  engaño  alguno.   Además  -asegura-,  el procesado no podía accionar  contra   Foncolpuertos,  tal  cosa  estuvo  a  cargo  del  abogado  GIL  OSORIO,  de  modo  que su conducta se  limitó  a  suministrar respuestas a los clientes del abogado sobre los alcances  de  la  tutela  y  los  beneficios económicos que obtendrían los clientes (fl.  346-347).   

Surge  duda  razonable,  dice  el  censor,  “al  ponderar  imparcialmente  todos los episodios,  con    lealtad    para    con   la   administración   de   justicia”,   ya   que,   en  su  sentir,  éstos  no  arrojan  certeza  de  responsabilidad,   razón   por  la  cual  debió  aplicarse  el  instituto  del  in   dubio  pro  reo  (fl.  409).   

Pregona  que  el  yerro  acusado  viola  los  artículos  1º  al  5º,  21  al  23  y  356  del decreto ley 100 de 1980 y los  artículos  1,  2º, 18, 22, 247, 254, 300 al 303 y 445 del decreto 2700 de 1991  y  6º  y  7º  de la Ley 600 de 2000.  Aduce el recurrente que si hubiesen  respetado  las  máximas  de  la  sana  crítica  habría  sido  absuelto por el  sentenciador (fl. 410).   

Como  consecuencia  de  las  irregularidades  denunciadas,  el  recurrente  solicita  a  la  Corte  que  case  las  sentencias  recurridas  “con indicación del estado al que debe  regresar  el  proceso,  así  como  la designación del funcionario judicial que  debe  avocar  su  conocimiento  y nuevo desarrollo o, de fondo, absolver de todo  cargo  punible  a  mi  defendido  doctor  OSMER DAVID  PINEDO CUELLO” (fl. 349).   

2.  DEMANDA PRESENTADA POR EL PROCESADO  DINO ALBERTO GIL OSORIO.   

A  nombre  propio, el procesado GIL  OSORIO  presenta demanda de casación  en  la  que  postula  y  desarrolla los mismos cargos que los presentados por el  defensor  de  PINEDO  CUELLO.   

Primer   cargo   principal:  nulidad  por  violación del principio del juez natural.   

El casacionista acusa la sentencia de haber  sido  proferida dentro de un juicio viciado de nulidad con idénticos argumentos  que  los  formulados  en  la  demanda de casación presentada por la defensa del  procesado   OSMAR   DAVID  PINEDO  CUELLO (fl. 357-368).    

Segundo  cargo  principal:  “falso     juicio     de     raciocinio     en    la    apreciación  probatoria”.    

En idénticos términos en que lo postula y  desarrolla  el segundo cargo principal de la demanda de casación presentada por  la  defensa  de PINEDO CUELLO,  el   impugnante   reprocha   que   el  sentenciador  incurrió  en  falso    juicio   de   raciocinio.    

Precisa  que,  en  su  caso  particular, el  juzgador  erró  al apreciar que su gestión, consistente en la presentación de  tutelas   a  nombre  de  los  trabajadores  de  Foncolpuertos,  constituyera  la  materialidad  del el delito de estafa, en particular el ingrediente del engaño,  propio  de  ese  delito.   Dicho razonamiento fue equivocado, agrega,   toda  vez que para esa época no existía norma sobre la competencia del juez de  instancia,  de  manera que una tutela bien podía ser presentada en Barranquilla  y,   además,  en  su  comportamiento  nunca  existió  el  ánimo  de  estafar,  argumentos que el fallador no admitió (fl. 369).   

Asegura  que  el  comportamiento  que se le  atribuye,   consistente  en  presentar  demandas  de  tutela  a  nombre  de  los  extrabajadores    de    Colpuertos,   verificar   que   estuvieran   debidamente  autenticados,  así  como  las  actividades de control que realizó a través de  sus   dependientes,  no  puede  configurar  el  engaño  propio  del  delito  de  estafa.   Por apreciarlo así, el sentenciador violó las reglas de la sana  crítica   y   la   experiencia,   toda   vez   que   fabricó   “abruptamente     nexos    objetivamente    inexistentes” (fl. 374).   

Por  el  contrario,  afirma,  fueron  los  aludidos  trabajadores  de  Colpuertos  quienes  le otorgaron los poderes con la  torcida  intención  de  solicitar  prestaciones  que  la  entidad ya les había  concedido.     El  libelista  agrega  que  no  puede  asumir  los  errores  de  sus  poderdantes,  toda  vez que no sabía que las reclamaciones no  eran  válidas,  señala que a lo sumo respondería por aprovechamiento de error  ajeno   (fl.  372-373)  e  insiste  en  que  el  falso  raciocinio   recayó   en  el  alcance  dado  por  el  sentenciador   a   los   testimonios   de  “algunos  exportuarios”,   ya   que   de  ellos  apreció  la  materialidad  del  engaño,  sin  advertir  que  “al  afirmar  aquellos  que no firmaron los poderes para la tutela, trataron  de  escudarse   de   ese   modo   para   encubrir   su   responsabilidad” (fl. 371).      

Tercer     cargo:     “tergiversación   del   sentido   fáctico   de   los   medios   de  prueba”.   

En los mismos términos en que lo postula y  desarrolla  el  cargo  subsidiario  formulado  en  la  demanda presentada por el  defensor  de  OSMAR  DAVID  PINEDO  CUELLO,   el   recurrente   DINO   ALBERTO  GIL  OSORIO  reprocha que el sentenciador  tergiversó  el  sentido  fáctico  de  las  pruebas,  razón por la cual dejó de aplicar el  principio   del   in   dubio   pro   reo (fl. 375).   

Precisa  que el yerro acusado recayó en la  apreciación   de  los  testimonios  de   varios  de  los  trabajadores  de  Colpuertos,  aquellos  quienes  le otorgaron poder para obtener de Foncolpuertos  reales  o  supuestas  prestaciones  laborales,  y  deducir  de  dichos medios de  convicción  los elementos del delito de estafa (fl. 377), cuando en realidad ni  los         trabajadores        –experimentados  en  reclamaciones  de  esa  naturaleza  en época de  desgreño     administrativo-     ni     la    entidad    demandada    sufrieron  perjuicios.   

Por  lo  tanto,  agrega, si el sentenciador  hubiese  ponderado  de  manera  imparcial “todos los  episodios”   habría   descartado   la  certeza  de  responsabilidad,  hubiese aplicado el principio del in  dubio  procesado  reo  y habría absuelto al procesado  DINO  ALBERTO  GIL  OSORIO.   

3.   DEMANDA  PRESENTADA  A  NOMBRE DE  DONALDO DE JESÚS ACOSTA PANA.   

Contiene   dos  cargos,  el  primero  por  nulidad  y  el  segundo  por  violación  indirecta de la ley sustancial.   

Primer   cargo   principal:  nulidad  por  violación del principio del juez natural.   

El casacionista ofrece similares argumentos  a  los presentados en el primer cargo de las demandas de casación que anteceden  (fl. 422-436).   

Segundo   cargo   principal:   violación  indirecta  de  la  ley sustancial por vía del error de hecho en la modalidad de  falso raciocinio.   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  el censor acusa a la sentencia de incurrir en el yerro aludido  como  consecuencia  de  transgredir  los  postulados  de  la  sana crítica (fl.  438).   

En   apoyo   al  reproche  formulado,  el  demandante   explica  que  DONALDO  DE  JESÚS  ACOSTA  PANA   expresó   que  nunca  dio  poder  al  abogado  GIL  OSORIO para que cobrara  por  segunda  vez  unas  acreencias  ya pagadas, afirmación que constituyó una  imputación   en  contra  de  terceros  y  que  condujo  a  la  vinculación  de  GIL  OSORIO al proceso, pero  que,  a pesar de que era idónea para desestimar la incriminación en su contra,  no  fue  tenida  en cuenta por el juzgador como prueba de descargos debido a que  no  fue apreciada “en su exacta dimensión fáctica,  por  la  falta  de utilizar la sana crítica”, razón  por  la  cual  el  fallador  violó las reglas de la experiencia y de la lógica  formal (fl. 438).   

Agrega   el  recurrente  que  los  hechos  denunciados  se  admitieron  como veraces, pero no fueron demostrados, al tiempo  que  critica que los juzgadores omitieron las reglas de la lógica, las leyes de  la  ciencia  y  de  la  experiencia  en  la  apreciación  de  las conductas del  procesado,  lo  que  constituye  la  violación  indirecta  de la ley sustancial  acusada (fl. 440).   

El  recurrente  precisa que el sentenciador  omitió  analizar las pruebas allegadas, en particular el memorial que sustentó  la  apelación  contra el fallo de primera instancia, y alega que en la conducta  de   ACOSTA   PANA  no  se  vislumbran   aspectos   que   indiquen  su  antijuridicidad,  toda  vez  que  su  afirmación  en  el  sentido  de que nunca otorgó poder para la reclamación de  prestaciones  no fue considerada según los parámetros de la sana crítica (fl.  441).   

Como consecuencia de los yerros acusados, el  demandante  solicita  a la Corte que case la sentencia recurrida y, en su lugar,  decrete  la  nulidad  planteada  y  asigne  la  competencia  que  corresponda, o  bien    que   absuelva   al   procesado   ACOSTA  PANA (fl. 447).   

4.  DEMANDA PRESENTADA POR EL DEFENSOR  DE ESTHER MARÍA HAWKINS MAESTRE.   

   

Presenta  tres  cargos,  el  primero  por  error  de  derecho y los dos  últimos     por    error    de    hecho.   

Primer cargo: error de derecho  

El  casacionista  invoca  el  error  de derecho y señala que la conducta  de    ESTHER   MARÍA   HAWKINS   MAESTRE  es  atípica  respecto  de  la  conducta de estafa por el cual fue  condenada,  toda  vez  que  “no otorgó jurídica ni  legalmente,  a  nadie,  poder  que  pudiera  considerarse como idóneo para que,  induciendo  o  manteniendo  en  error  al  Fondo del Pasivo Social de la Empresa  Puertos   de  Colombia,  Foncolpuertos,  obtuviera  provecho  ilícito  de  esta  entidad,  a la cual no se ha dirigido ni  comunicado desde 1996”.   Al  apreciar  lo  contrario,  el  sentenciador violó el  principio  de  tipicidad  y el de estricta legalidad de la conducta punible (fl.  259, c. No. 1 del Tribunal).   

Como consecuencia del yerro acusado, estima  violados  los  artículos 356, 372-2 y 22 del decreto 100 de 1980, así como los  artículos 10º y 13 de la ley 599 de 2000.   

Segundo cargo: error de hecho.  

El  recurrente  aduce  que  el sentenciador  incurrió  en  error de hecho  al  apreciar  que  un  poder espurio, sin valor ni fuerza jurídica, era idóneo  para  producir  efectos  jurídicos dentro de la acción de tutela No. 117707, y  de   allí   para   perfeccionar   el   delito   de   estafa,   Agrega  que  “los   actos  realizados  por  la  sentenciada  no  corresponden  a  los  presupuestos  idóneos e inequívocos representados por el  documento ya analizado” (fl. 259).   

A  través del yerro denunciado, agrega, el  fallador violó el artículo 170-4-5 de la ley 599 de 2000.   

Tercer cargo: error de hecho.  

El libelista señala que el sentenciador no  practicó  ni  apreció el cotejo de sellos ordenado dentro de la investigación  y  el  juicio,  medio  de  convicción  que  habría demostrado sin lugar a duda  “la  incongruencia entre éstos y los estampados en  el  poder”.  Por no practicar la aludida prueba  pericial,    la   cual   era   necesaria,   determinante   y   exculpatoria   de  responsabilidad,  se  violó  el  artículo  249  de  la  ley  600  de 2000 (fl.  259).   

Como consecuencia de los yerros acusados, el  demandante  solicita a la Corte que case la sentencia y absuelva a la procesada.   

5.  DEMANDA PRESENTADA POR LA DEFENSORA  DE DE HAROLD ODUVER FONTALVO.   

En  escrito ostensiblemente inmotivado (fl.  498-500,  c.  original  No. 1 del Tribunal), la impugnante transcribe fragmentos  de  algunos  apartes  del  segundo  cargo  formulado  en la demanda de casación  interpuesta  por  el  defensor  de  DONALDO  DE JESÚS  ACOSTA  PANA,  en los cuales deja entrever un reproche  contra    el    fallo    por    vía    del    falso  raciocinio,  por  violación  de  las  reglas  de  la  lógica,  de la ciencia y de la experiencia común, yerro que se concretó al no  analizar  el  sentenciador  los argumentos ofrecidos en el escrito de apelación  dirigido  contra  la  decisión  de  primer grado, en particular aquellos que se  refieren  a  que  el procesado expresó que nunca otorgó un poder y su conducta  no   estuvo   rodeada   de   una  idea  contraria  a  derecho  (fl.  498-499,  c. No. 2 del Tribunal).    

Como  consecuencia  del  yerro  acusado, la  demandante   solicita   a   la   Corte   que   case  la  sentencia  recurrida  y  “en  su  lugar  decretar  la  nulidad  planteada  y  demostrada,   adscribiéndolas   a   donde   corresponden   procesalmente,   ora  absolviendo  de todo cargo a mi defendido” (fl. 500).   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  El recurso  de  casación,  como  lo  tiene  dicho  la Sala, no es una tercera instancia del  proceso  penal  ni  un  escenario encaminado a desaprobar de cualquier manera la  apreciación  de  la  prueba  que  hace  el juzgador, como tampoco para detectar  cualquier clase de vicio en el trámite procesal.   

Por  el  contrario,  el  aludido  recurso  extraordinario   está   limitado   a   los   posibles   errores  ostensibles  y  trascendentes  que  se  pueden  cometer  en  el  proceso,  y ellos se encuentran  sintetizados  en  los  motivos legales que lo hacen procedente, para el presente  caso  los  previstos  en  el artículo 207 del Código de Procedimiento Penal de  2000,  estatuto  con  sujeción al cual los defensores, salvo el de PINEDO  CUELLO,  que  invocó las causales  previstas  en  el  artículo  220  del  decreto  2700  de  1991, presentaron las  demandas.   

Si  la  legalidad  de  la  sentencia  está  condicionada   a   que  la  actuación  se  haya  surtido  con  observancia  del  debido  proceso y a que a las  partes    se   les   hayan   respetado   en   el   trámite   sus   garantías      fundamentales,     las  irregularidades  que  afecten  la  estructura  procesal,  o  que  lesionen  esas  garantías,  son  susceptibles  de  ser  corregidas  en  sede  extraordinaria de  casación  a  través  de  un razonamiento que, como lo tiene definido la Corte,  obliga  al  casacionista  a  precisar,  en  cada  caso,  el tipo de vicio que se  denuncia  –si de trámite o  de    garantía—,   el  carácter  sustancial  del  mismo,  el  momento  procesal  desde el cual se debe  anular  el  proceso  y  la  razón  por  la  cual  debe  acudirse  a ese remedio  extremo.    

El impugnante no debe perder de vista que la  lógica  del  proceso se refleja en las causales legales que permiten acceder al  medio  de  impugnación  extraordinario,  y  que  los  deberes  de  una correcta  postulación  y  debida  fundamentación  encuentran su razón de ser en que, de  una  parte,  la  sentencia  llega  a  esta  sede  extraordinaria amparada por la  doble  presunción  de acierto y legalidad   y,  por  la  otra,  el  recurso  es  de  naturaleza  rogada,  razón por la cual es exigible al  demandante  un  mínimo  de  claridad  y  de  coherencia  en  la  manera  de  la  presentación  del  caso ante esta Corporación, exigencias de las que no escapa  el reproche que se enfoca por la causal 3ª de casación.   

Es  por esta razón que no es procedente el  sustento  argumentativo  que  se  funda en vaguedades o que se encamina a buscar  que  la  Sala  analice las pruebas como juez de instancia, sino que es necesario  enunciar  con  toda  claridad  qué  error  trascendente  cometió el juzgador y  acompañar   dicho   enunciado   con  los  argumentos  que  persuadan  sobre  su  ocurrencia.   

Los  anteriores  presupuestos  explican  la  exigencia  legal  de claridad y precisión en la enunciación de la causal, así  como  en  la  postulación  y  desarrollo  del  cargo,  tal como lo establece el  numeral 3º del artículo 212 de la ley 600 de 2000.   

2.  En el caso  que  ocupa  la  atención  de  la Sala, surge nítido que la postulación de los  cargos  contenidos  en  las  demandas,  así  como  los argumentos que pretenden  servirles  de sustento, no cumplen los presupuestos que permiten su admisión en  esta  sede  extraordinaria,  toda  vez  que  desconocen  los  principios de  debida   fundamentación,  trascendencia,  jerarquía  de  los  cargos y autonomía  de  las  causales de casación,  motivo    por    el    cual,    desde    ya,    se   anuncia   la   inadmisión      de      todas     las  demandas.   

Comoquiera que la postulación y desarrollo  de  los  cargos   contenidos  en  algunas  de  las  demandas son en esencia  similares,  la  Sala  abordará  su estudio formal de manera conjunta, según el  fundamento del motivo de reproche alegado.   

3.   Primer  cargo  principal  de  las  demandas  de  casación  presentadas  por  OSMAR DAVID PINEDO CUELLO, DONALDO DE  JESÚS  ACOSTA  PANA  y  por  el  procesado DINO ALBERTO GIL OSORIO: nulidad por  violación del principio del juez natural.   

La  Sala  encuentra  que  los razonamientos  traídos  a  esta  sede  extraordinaria  en  el  primer  cargo  principal de las  demandas  de  casación, carecen de la trascendencia necesaria para demostrar un  yerro ostensible que afecte la competencia del sentenciador.    

La  vía  de  ataque  seleccionada  por los  casacionistas  en el primer cargo principal, le permite a al Corte insistir una vez más en que   

“la  postulación   de   vicios  de  nulidad  en  sede  de  casación  no  escapa  al  cumplimiento  de  unas  exigencias  básicas  que permitan a la Corte abordar el  estudio  técnico  y  jurídico de un fallo o de una actuación, según el caso,  con  un  margen  de  movilidad relativo, de manera que la rigidez formal no haga  nugatoria  la  posibilidad de reajustar la estructura del proceso o la actividad  de  los  jueces a la legalidad sin que este medio extraordinario de impugnación  pierda     sus     características     esenciales     y    principalmente    su  finalidad.”   

“Dentro de ese  contexto,  la  proposición  de nulidades en esta sede no escapa al cumplimiento  de  los requisitos que orientan no sólo la impugnación extraordinaria, sino el  instituto  mismo, de modo que en relación con la causal tercera el casacionista  no  está  relevado de su observancia como quiera que este recurso no es en modo  alguno  de  libre  postulación  ni  permite  una amplitud como para que la Sala  entre  a  suplir  las deficiencias argumentativas o a corregir los desatinos del  libelo.”   

“Es así como  el  demandante  en  una  propuesta de nulidad debe identificar la actuación que  contiene  la  vulneración  de  las  garantías  fundamentales  de  los  sujetos  procesales  o  aquella  que  transgreda  las  bases  de  la  instrucción  o  el  juzgamiento,  precisando  el  momento  a  partir  del  cual  se  hace  necesario  retrotraer  lo  actuado  para  que  sea  posible  restablecer  la  legalidad del  proceso.  Además,  le  corresponde determinar cuál es la trascendencia directa  que  el  yerro  de actividad refleja en el fallo y por qué, de no haber mediado  el  mismo  el desarrollo de la actuación sería otro y por consiguiente otra la  decisión  final,  pues  sólo  así  es factible demostrar que la irregularidad  denunciada    solo   puede   remediarse   por   el   remedio   extremo   de   la  nulidad.”4   

De  cara a los anteriores derroteros, surge  nítido  que  los  razonamientos ofrecidos por los casacionistas en sustento del  cargo   carecen   de   la   trascendencia  necesaria  para  demostrar  un  yerro, toda vez que la Corte se ha  pronunciado  de  manera  reiterada  en el sentido de que la designación, por el  Consejo  Superior de la Judicatura, de jueces de descongestión para atender los  casos  asociados a la liquidación de Foncolpuertos, no constituye violación al  principio   del   juez  natural,  asunto  sobre  el  cual  ha  dicho  que:    

“En efecto, la  Carta  Política  de  1991  al  crear  el  Consejo Superior de la Judicatura, lo  revistió   de  facultades  que  se  plasmaron  en  la  Ley  Estatutaria  de  la  Administración  de  Justicia  (Ley  270  de  1996),  disposiciones  que  fueron  sometidas      a      control     constitucional5,  dentro  de  las  cuales  se  encuentra  el  artículo  85-5  ibídem,  del siguiente tenor: “Crear, ubicar,  redistribuir,  fusionar, trasladar, transformar y suprimir tribunales, las salas  de  éstos y los juzgados, cuando así se requiera para la más rápida y eficaz  administración  de  justicia,  así  como para crear salas de descongestión en  ciudades  diferentes  de  las  sedes de los distritos judiciales, de acuerdo con  las  necesidades  de  estos”. Consecuente con lo anterior, el Consejo Superior  de  la  Judicatura  – Sala  Administrativa  – dispuso la integración de Juzgados de Descongestión para que  cumplieran  las  funciones  de juez a-quo en el presente caso; por consiguiente,  la  decisiones  adoptadas  por la Sala Administrativa del Consejo Superior de la  Judicatura  no  comportan,  en  manera  alguna, como lo piensa el recurrente, la  violación  del  principio  del  juez  natural  derivada  de  la  ausencia de la  preexistencia   del   juez   o  tribunal  al  hecho  que  se  juzga.”   

“Es  útil  anotar,  así  mismo,  que la concepción del juez natural procura, entonces, el  juzgamiento  por  un órgano investido de jurisdicción de la que, en este caso,  no  carecen  los  jueces  que  llevaron a cabo el juzgamiento y que, además, se  identifican      con     la     idea     de     juez     competente.”6   

El reproche que traen los demandantes a esta  sede  extraordinaria, como se ha dicho, carece de fundamento, además, porque el  traslado  de  la  actuación  a  un  juzgado de descongestión no constituye una  violación  al principio del juez natural, toda vez que dicha medida obedeció a  la  necesidad  de  aligerar  la  excesiva  carga  de  trabajo  del  juzgado  que  inicialmente  conoció  del  caso  para  que  fuera  otro  juzgado  de  la misma  naturaleza  y jerarquía, y con la observancia de las mismas normas procesales y  sustanciales,   el  que  culminara  el  trámite  del  juicio  y  profiriera  el  fallo.    

De ninguna manera se trató de la creación  de  un tribunal especial como  lo  afirma  el  casacionista (como si de manera súbita se hubiera trasladado el  conocimiento  del  caso  a  un  juez extraordinario, de otra jurisdicción o que  observara  procedimientos  y reglas sustanciales diferentes), sino apenas de una  ampliación  de  la competencia ordinaria, en aras de dar una mayor celeridad al  proceso.    

Sobre este punto la Sala ha dicho, además,  que:   

“De modo que el  ordenamiento  jurídico,  como  sistema  de  control  social,  está  expuesto a  cambios   que   puede   realizar   soberanamente   el  legislador  -ordinario  o  extraordinario-  en  uso  de  la  facultad constitucional de configuración, sin  más  restricciones  que  las  previsiones  superiores  de  la Carta Fundamental  (artículo  150),  limitaciones que ésta no contempla  para  el  caso  de crear nuevos jueces o tribunales que se encarguen aún de los  procesos  pendientes,  pues  se  trata  simplemente  de ampliar la jurisdicción  ordinaria  y  de  especializar  algunos  jueces  dentro  de  la misma, aunque en  relación  con grupos de individuos y conductas de especial connotación social,  siempre   indeterminados   en  su  número,  lo  cual  preserva  los  rasgos  de  generalidad  y abstracción que evitan la trasgresión al principio de igualdad,  amén  de que tal forma de regular los hechos no comportaría el establecimiento  de  un  juez  especial  ex  post facto y con sentido discriminatorio  (Constitución  Política, artículo 29, C. Penal, artículo 11 y  C.    de    P.    P).”7.   

La  Corte  Constitucional, por su parte, ha  precisado  que  la garantía del juez natural hace referencia a que no se altere  la  naturaleza  del  juez  llamado  a  resolver  un  caso,  lo  cual excluye las  modificaciones  de  competencia  al  interior  de  la misma entidad, esto es, la  creación  de  despachos  de descongestión.  De manera correlativa, agrega  la  Corte Constitucional, la violación al principio del juez natural se produce  cuando   se   crea   un  tribunal  ad-hoc,  es decir, uno extraordinario.  Al respecto, el Alto Tribunal  ha precisado que:   

“La exigencia de  que  se  haya  asignado normativamente competencia no es suficiente para definir  el  concepto  de juez natural (…) el derecho en cuestión exige además que no  se    altere    “la   naturaleza   de   funcionario  judicial” y que no se establezcan jueces o tribunales  ad-hoc.  Ello  implica  que  es consustancial al juez natural que previamente se  definan   quienes  son  los  jueces  competentes,  que  estos  tengan  carácter  institucional  y  que una vez asignada -debidamente- competencia para conocer un  caso  específico,  no  les sea revocable el conocimiento del caso, salvo que se  trate  de  modificaciones  de  competencias al interior de una institución. …  además  de  los caracteres anotados, se exige un tratamiento igualitario de los  procesos  de competencia de tales jueces, de manera que “se excluye naturalmente  el   juzgamiento   de   algunas   personas   por  jueces  pertenecientes  a  una  jurisdicción  especial” (subraya la Sala)8   

De   manera   correlativa,   la   Corte  Constitucional,  en  el  pronunciamiento  que se viene de citar, ha definido los  eventos  en  los  cuales se produce violación al principio del juez natural, es  así como ha precisado que:   

“existirá  violación  del juez natural  cuando:  (i) se desconoce la  regla  general  de  competencia  para  la investigación de delitos fijada en la  Constitución,  como  ocurre  con  la  Fiscalía  General  de  la  Nación;  las  excepciones   a   este   principio   están   expresamente   señaladas   en  la  Carta;  (ii),  cuando  se  violan   prohibiciones   constitucionales,   como   aquella   que  proscribe  el  juzgamiento  de  civiles  por  militares o el juzgamiento de hechos punibles por  parte      de     autoridades     administrativas;  (iii)  cuando  no  se  investiga  por  jurisdicciones  especiales  definidas  en  la  Carta,  como  sería  el  caso  de  indígenas  o  menores;  (iv)  cuando  se  desconoce  el  fuero constitucional (y el legal); (v) cuando se realizan juicios  ex-post  con  tribunales  ad-hoc;  y, (vi)  cuando  se  desconoce  el derecho a ser juzgado por una autoridad  judicial ordinaria.”   

De   manera  que,  como  ninguna  de  las  hipótesis  reseñadas  resulta  aplicable  al  caso  de las actuaciones penales  asignadas  a jueces de descongestión encargados de fallar los casos asociados a  la  liquidación  de  Foncolpuertos, entonces surge con claridad que, como ya la  Corte  lo indicó, el reproche que los casacionistas traen en el primer cargo de  sus      demandas      de      casación      resultan      ser     intrascendentes  para  demostrar  el vicio  acusado.   

4.   Segundo  cargo  principal  de las  demandas  presentadas  por  el  defensor  de  OSMAR DAVID PINEDO CUELLO y por el  procesado  DINO  ALBERTO  GIL  OSORIO: violación indirecta de la ley sustancial  por vía del error de hecho en a modalidad de falso raciocinio.   

La  vía  ensayada por los demandantes para  demostrar  la ilegalidad del fallo hace necesario recordar, como lo ha decantado  la   jurisprudencia   de   la   Sala,   que  el  falso  raciocinio  se  materializa  al momento de apreciar el  juzgador  los  medios  de convicción de manera contraria a los postulados de la  sana  crítica,  es  decir,  de  las  leyes de la lógica, de la ciencia, de las  máximas  de  la  experiencia  o del sentido común.  Ahora bien, cuando el  censor  reprocha  la  apreciación  probatoria  por  esta  vía, le corresponde:   

“indicar cuál  fue  la  ley  de  la  lógica,  el  principio de la ciencia y/o la máxima de la  experiencia  vulnerada,  de  qué  manera  lo  fue  y su incidencia con la parte  dispositiva  de  la  sentencia…  surge  indispensable  que el censor enseñe y  demuestre  el  vicio  que  le  enrostra al juzgador, habida cuenta que la simple  discrepancia  de  criterios  no  constituye yerro para ser atacado en esta sede,  puesto  que el juzgador goza de libertad para justipreciar los medios de prueba,  sólo  limitado  por  los  postulados  que informan la sana crítica.”   

“En lo atinente  a  la trascendencia del error en la apreciación probatoria, necesario es que el  casacionista  tenga para el efecto todos los medios de prueba que sustentaron el  juicio  de  condena, en la medida en que si el mismo resulta inane, la sentencia  permanecerá  incólume.”9   

Las  censuras adolecen, en primer lugar, de  una  indebida postulación, habida cuenta que fueron invocadas como principales,  al  lado de la nulidad por violación a la garantía del juez natural, cuando en  realidad  se  fundan  en  un presunto yerro de apreciación probatoria.  De  esta  manera,  el  razonamiento  ofrecido  por  los  casacionistas  desconoce el  principio  de  jerarquía  y  autonomía     de     las     causales.   

En  segundo término, vistos los requisitos  de  la  vía de censura alegada, resulta evidente que el cargo común adolece de  indebida fundamentación toda  vez  que  no  pasa  de  oponer  las  personales apreciaciones probatorios de las  demandantes  a  las  del  sentenciador,  sin  demostrar  en la de éste un yerro  evidente y trascendente, capaz de mutar el sentido de fallo.   

En efecto, los libelistas se limitan a pedir  a  la  Sala  que,  en  esta sede extraordinaria, aprecie, al contrario de lo que  estimó  el  sentenciador,  que  los  comportamientos  atribuidos a PINEDO     CUELLO     y    GIL   OSORIO  no  constituyen  delito  de  estafa.    

El  razonamiento  así  formulado   no  acredita  de  qué  manera  el  fallador  violó  reglas  de  la  sana  crítica  –de  la  lógica,  de  la  experiencia  o  de  la  ciencia- al apreciar que la presentación de demandas de  tutela  por  el  primero, así como las gestiones del segundo como intermediario  del  abogado  GIL  OSORIO con  sus   clientes,   conforman   la   materialidad   del  delito  de  estafa.    

En  últimas, los recurrentes pretenden que  su  personal apreciación prevalezca sobre la del sentenciador, razonamiento que  no  satisface  la  carga demostrativa que les corresponde para identificar cuál  fue  la  regla  de  experiencia con que el sentenciador apreció las pruebas, de  qué  manera  hizo mal uso de ella, cuál era la máxima de la sana crítica que  el  juzgador  debió  observar  y  cómo,  de  no  mediar el yerro, el análisis  probatorio  del  juzgador  no  podría  subsistir lógicamente, de manera que la  corrección   del   yerro   necesariamente  habría  de  mutar  el  sentido  del  fallo.   

5.   Tercer  cargo  de  las  demandas  presentadas  por  el  defensor  de  OSMAR DAVID PINEDO CUELLO y por el procesado  DINO   ALBERTO  GIL  OSORIO:  tergiversación  del  contenido  fáctico  de  las  pruebas.   

El  reproche  formulado  por los libelistas  corresponde    al    denominado   falso   juicio   de  identidad, modalidad del error de hecho que conduce al  sentenciador   a  la  violación indirecta la ley sustancial, el cual tiene  lugar,  como la Sala ha tenido oportunidad de sostenerlo, cuando aquel plasma de  manera  tergiversada  el  medio de convicción u omite una parte trascendente de  él,  y  ello lo lleva a declarar una verdad que no se compadece de su contenido  literal,  la  cual  tiene  incidencia  en  la  determinación  del  sentido  del  fallo.    

Por manera que la debida fundamentación de  este  motivo  de  casación  obliga  al  censor   a  demostrar  cuál es el  contenido  material  de  la  prueba  sobre  la  que  recae el yerro y, de manera  correlativa,  de  qué  manera  el sentenciador la plasmó en el fallo de manera  distorsionada,  ya  porque  la  hubiera  puesto  a decir lo que materialmente no  expresaba o porque omitió una parte trascendente de ella.   

Al mismo tiempo, el impugnante debe enseñar  a  la  Corte  cómo, de haber apreciado el juzgador el citado elemento de juicio  de  manera  estricta  a  su  contenido,  necesariamente  el fallo, por lo menos,  habría sido favorable al acusado.   

La  Corte  encuentra  que  ninguno  de  los  presupuestos   anteriores   cumplen   los   recurrentes   al   desarrollar   los  razonamientos    que    ofrecen    en    el    tercer  cargo   de   sus   demandas,  comoquiera  que  omiten  identificar  las  pruebas afectadas por el yerro, señalar su contenido material  y  enseñar  a  esta  Corporación  cómo  el  fallador  las  plasmó  de manera  equivocada  en  el  fallo.  En lugar de lo anterior, discurren a través de  su  personal  apreciación probatoria, al afirmar que si el sentenciador hubiere  ponderado    de    manera    imparcial   todos   los  episodios    no    hubiesen   hallado   certeza   de  responsabilidad.   

Así   desarrollado   el   reproche,  los  recurrentes  se  apartan  de  los  presupuestos  de  la  vía de ataque escogida  –falso    juicio   de  identidad-  para  incursionar  en  los  de un mal desarrollado falso raciocinio,  comoquiera  que  se  limitan,  una  vez más, a oponer sus propias apreciaciones  probatorias  a  las del juzgador, discrepancia que, como la Sala lo ha definido,  no   es   idónea   para   demostrar   una  ilegalidad  trascendente  del  fallo  acusado.    En   estas   condiciones,   los   libelistas  violan  el  deber  debida   y   suficiente   argumentación,  así  como  el  de  autonomía  de  las  causales de casación.   

6.   Segundo  cargo  de  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  DONALDO  DE  JESÚS  ACOSTA  PANA: violación  indirecta de la ley sustancial por falso raciocinio.   

La  crítica del casacionista no se acoge a  los  presupuestos  de  la  vía  de  ataque  ensayada,  toda vez que se limita a  criticar  que  el  fallador no estimó “en su exacta  dimensión  fáctica,  por  la  falta  de  utilizar la sana crítica”    la    incriminación   de   ACOSTA  PANA    en    contra    del   abogado   GIL  OSORIO,  así  como  a disentir de la  manera  en  que  el Tribunal apreció las alegaciones que sustentaron el recurso  de   apelación   en   contra   de   la   decisión   del  juzgado  a-quo.   

Así  formulado  el  reparo,  ni  siquiera  resulta  ser  un  argumento  de  instancia  admisible,  toda  vez que no pasa de  enseñar  a  la  Sala  una  inconformidad  con  la  apreciación  jurídica  del  sentenciador,  y de pedir que en esta sede extraordinaria se le otorgue un mejor  poder  suasorio a la versión del procesado, sin demostrar cuál fue la regla de  la  sana  crítica  que aplicó el juzgador al apreciar el medio de convicción,  de  qué manera erró en su aplicación, cuál era la máxima de la experiencia,  de  la  lógica  o de la ciencia que debió haber aplicado y cómo, de no mediar  el   yerro,   el   fundamento  del  juicio  de  condena  no  podría  mantenerse  lógicamente.   

7.   DEMANDA PRESENTADA POR LA DEFENSA  DE ESTHER MARÍA HAWKINS MAESTRE.   

La demanda presenta tres cargos, el primero  de  ellos  enfocado  como  error de derecho   y   los   restantes   como   error  de  hecho.     

El    primer  cargo  del  libelo aparece orientado como error  de derecho,  vía de ataque que  le  permite  a  la  Sala  insistir, una vez más, en que, conforme con la causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo, de que trata el artículo 207 de la ley  600  de  2000,  el sentenciador puede llegar a transgredir la ley sustancial, ya  sea  porque  omite aplicar la norma correcta o aplica una que no está llamada a  regular   el   caso,   como   consecuencia   de   incurrir  en  un  error    de   derecho,   es   decir,   en  equivocaciones  relacionadas  con el proceso de formación de la prueba o con su  poder    demostrativo,    este   último    referido     al   falso    juicio    de   convicción   y   tratándose   de  la  tarifa  legal.   

Al  respecto, la jurisprudencia de la Corte  ha  distinguido  dos  modalidades  de  error de derecho, las que corresponden al  falso  juicio  de  legalidad  y  el  falso juicio de convicción.  Sobre la  definición de cada uno de estos yerros, la Sala ha dicho que:   

“La  jurisprudencia  de  esta  Corte  se  ha  orientado  por sostener que en técnica  casacional  deben  ser  distinguidos  los errores de apreciación probatoria que  guardan  relación  con el proceso de formación de la prueba, de los que tienen  que  ver  con su eficacia, pues se trata de yerros de naturaleza distinta que no  pueden  ser  tratados como si ambas especies constituyeran  manifestaciones  del    error   de   derecho   por   falso   juicio   de   legalidad.”   

“En   este  sentido  ha  precisado que el ordenamiento jurídico contiene normas que regulan  la  incorporación  de  la  prueba  al proceso desde el punto de vista puramente  formal  (producción formal de la prueba), y normas que preestablecen su mérito  probatorio  o  su  eficacia  jurídica.  Cuando  el  juzgador,  al  apreciar una  determinada  prueba,  desconoce  las  primeras,  incurre en error de derecho por  falso  juicio de legalidad; cuando desconoce las últimas, en uno de derecho por  falso    juicio    de    convicción.”10   

De acuerdo con los presupuestos anteriores,  surge  claro que el casacionista no cumple con ninguno de ellos, toda vez que no  precisa  si  su  crítica la orienta por el falso juicio de legalidad o el falso  juicio  de  convicción,  menos  aún desarrolla los presupuestos de cada una de  dichas  modalidades  de  error  de  derecho.  En lugar de ello, se limita a  afirmar  que  el sentenciador debió advertir que la conducta de la procesada no  era  típica,  toda  vez  que  no  otorgó  poder  para solicitar las acreencias  laborales.   

Así formulado el reproche, éste carece de  toda  idoneidad para demostrar una ilegalidad del fallo, comoquiera que, por una  parte,  desconoce  el  principio  de  autonomía de las  causales,   en   la   medida  que  se  aleja  de  los  presupuestos  de  la  causal  de casación escogida para asomar en los de un mal  planteado  error de hecho por vía del falso raciocinio y, por la otra, tal como  ya  se  precisó,  el razonamiento ofrecido se limita a oponer a la apreciación  probatoria  del  sentenciador la personal del recurrente, quien, de esta manera,  solamente  enseña  una  discrepancia  con  la apreciación probatoria, la cual,  como  la  Sala  lo tiene dicho, no es apta para satisfacer los fines del recurso  extraordinario de casación.   

A     través     del    segundo  cargo,  el impugnante censura que  el    sentenciador    incurrió    en    error    de  hecho  por  estimar  que  un poder espurio era idóneo  para  enmarcar  la  conducta  de  la  procesada  en  el punible de estafa.    

Comoquiera que el recurrente funda el cargo  en  el  error  de  hecho, la  Sala,  una vez más, ha de precisar que el sentenciador puede llegar a violar la  ley  sustancial,  esto  es,  a  excluir  la  norma llamada a solucionar el caso,  aplicar  la  norma  equivocada  o  interpretar erróneamente la norma sustancial  correcta,  a  través  de  yerros  en  la  apreciación de la prueba, los cuales  resultan  ser  de hecho cuando  se  concretan  en  la  omisión  o  suposición  de  la  prueba (falso juicio de  existencia),  su  apreciación  fragmentada  (falso juicio de identidad) o en la  violación  de  las  máximas de la sana crítica al otorgarles mérito suasorio  (falso juicio de raciocinio).   

Vistos  los derroteros anteriores de cara a  la  censura  formulada,  la  Corte  observa  que  el  cargo ostenta una falencia  relevante,  comoquiera  que  no atina a precisar por cuál de las modalidades de  error  de hecho se enfoca la crítica, lo cual constituye una omisión del deber  de  claridad  y  precisión,  suficiente  para  inadmitir  el  cargo,  toda  vez  que la Sala no sabría sobre  cuáles  bases  lógicas  habría  de  fundamentar  el  estudio  de  la presunta  ilegalidad.    

Aún  así,  en  indebido  auxilio  a  la  deficiente  argumentación  del  censor,  la Corte encuentra que el razonamiento  ofrecido  pretende  cuestionar  la  apreciación probatoria del sentenciador, lo  cual   permitiría  advertir  un  reproche  por  falso  raciocinio.   No  obstante,  el argumento resulta  mal  orientado,  porque  se limita a señalar que el juzgador debió apreciar la  prueba  de  manera  diferente,  lo  que,  como  ya  se  ha indicado, es del todo  inidóneo   para   acreditar   una   ilegalidad   del   fallo   que  permita  su  modificación.   

A     través     del    tercer   cargo  el  libelista  invoca  el  error de hecho para reprochar  que    en   la   actuación   no   obra   una   prueba   técnica   –el  cotejo  de  sellos-  la  cual  era  trascendente para demostrar la inocencia de la procesada.   

El reproche así formulado no es otro que el  de  una  violación  al debido proceso por desconocimiento, por el sentenciador,  del   deber   de  investigación  integral.   El  vicio  así alegado, debió postularse en primer lugar,  en  cargo  principal  y separado, a través de la causal tercera de casación, y  no  como  un  error de hecho, de manera que, al no hacerlo así, el casacionista  viola   los   principios   de   jerarquía   y   autonomía   de  las  causales  de  casación.   

Aún superadas las anteriores falencias, por  sí  mismas  suficientes  para  inadmitir  el cargo, el reproche no demuestra el  vicio  acusado  toda  vez que no enseña a la Corte, de acuerdo con los precisos  derroteros   que   ha   trazado   su  jurisprudencia11,  de qué manera la omisión  probatoria  tiene  la  relevancia necesaria para acreditar un quebrantamiento de  las  formas  propias  del  juicio  o  incidir  negativamente  en  el  derecho de  defensa.    En   últimas,   el   reproche  se  convierte  en  la  personal  apreciación de pruebas que no existen en la actuación.   

8.  DEMANDA PRESENTADA POR LA DEFENSORA  DE HAROLD ODUVER FONTALVO.   

En  escrito  ostensiblemente inmotivado que  solamente  deja  ver  la  transcripción  incompleta  de  algunos  apartes de la  demanda  presentada por la defensa del procesado ACOSTA  PANA,  la  libelista  no  postula  motivo de casación  alguno     y     apenas     menciona     un    falso  raciocinio  por  no haber el sentenciador apreciado de  manera  diferente los argumentos con los que se apeló el fallo de primer grado;  además  de  lo anterior, solicita a la Corte que declare una nulidad que carece  de postulación y sustento en el escrito de demanda.   

En  lo  que tiene que ver con el desarrollo  del  reparo,  el escrito presentado no contiene un razonamiento que le permita a  la  Corte emitir un pronunciamiento sobre el cumplimiento de los presupuestos de  lógica  y  debida argumentación, de manera que, por sustracción de materia, y  en  atención  al  principio de limitación,  la  Sala  habrá  de  inadmitir  el libelo, toda vez que, aún la  crítica  de  falso raciocinio  o  la  nulidad que éste deja  entrever  no  pasan  de  ser  meros  enunciados  que  carecen  de  un desarrollo  argumentativo   lógico,   acorde   con  los  derroteros  que  ya  la  Corte  ha  precisado.   

8.    En  conclusión,   la   demanda   presentada  por  los  defensores  de  OSMAR  DAVID  PINEDO  CUELLO,  DONALDO DE JESÚS ACOSTA PANA, ESTHER  MARÍA  HAWKIN  MAESTRE,  HAROLD  ODUVER  FONTALVO y de  manera  personal  por  el  procesado  DINO ALBERTO GIL  OSORIO no reúnen  los  requisitos  de  lógica  y  debida  argumentación  para  ser  admitidas   a  esta  sede  extraordinaria,  razón  por  la  cual  la  Sala  las  inadmitirá.   

   

Por último, se advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra  violación de derechos fundamentales o garantías de  los  sujetos  procesales  que  amerite  el  ejercicio de la facultad oficiosa de  índole   legal   que  al  respecto  le  asiste  a  la  Sala  para  asegurar  su  protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

1.                INADMITIR       las  demandas   de  casación  presentadas     por  los defensores de OSMAR DAVID  PINEDO  CUELLO,  DONALDO  DE  JESÚS  ACOSTA PANA, ESTHER MARÍA HAWKIN MAESTRE,  HAROLD  ODUVER  FONTALVO  y  de manera personal por el  procesado   DINO   ALBERTO   GIL   OSORIO.    En  consecuencia,  se  declaran  DESIERTOS     los  recursos.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBÀÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Al  formular  el recurso extraordinario de casación,  así  como  al  presentar  la  correspondiente  demanda,  el  procesado citó el  número   de   su   tarjeta  profesional  (73760  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura).   Recuérdese,  además,  que  el  procesado  GIL  OSORIO  fue  investigado  y  enjuiciado  por  conductas  constitutivas  de hechos punibles en  ejercicio  de  su  labor  de  abogado  litigante  (fl. 168 y 411 c. original del  Tribunal, Nos. 1 y 2, respectivamente) .   

2  La  decisión  se notificó por estado del 27 de mayo  de 2003 (fl. 40, c.o. 41)   

3  El   ad-quem  modificó  la  denominación  jurídica  del punible contra la fe  pública  por  el  cual  fueron  acusados  los  procesados,  y  estimó  que  no  correspondía  a  la  falsedad  de  particular  en  documento público sino a la  falsedad  en  documento privado, de que trata el artículo 221 del Código Penal  de   1980   (fl.    69-71  del  c.  o.  No.  1  del  Tribunal).   

4  Sentencia de 18 de noviembre de 2004, radicación No.  21850   

5  Corte Constitucional, sentencia C-037 de 5 de febrero  1996   

6  Sentencia  de  19 de octubre de 2006, radicación No.  25804   

7  Sentencia  de  8  de  enero  de 2001, radicación No.  14190  (subraya  la  Sala).  En el mismo sentido, sentencia de 7 de febrero  de    2006,   radicación   No.   24819.   

8  Corte Constitucional, Sentencia de Unificación de 13  de noviembre de 2001 No. 1184-01   

9   Auto  de  13  de  febrero  de  2008,  radicación No.  26017   

10  Sentencia  de  26  de  abril de 2004, radicación No.  24909    

11  Sentencia  de  27 de octubre de 2004, radicación No.  20978,     

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