30215(02-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30215  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado      Acta     No.   248.    

Bogotá, D.C., dos (2)  de septiembre de  dos mil ocho (2008).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada  por el defensor de HÉCTOR JULIO  TRUJILLO  ESCOBAR,  contra el fallo del 3 de abril de  2008,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de  Bogotá, confirmó la   sentencia   adoptada  por  el  Juez  Dieciocho  Penal  del  Circuito de la misma ciudad, el  30  de  agosto  de  2007, quien lo condenó  por  el punible  de acto sexual con  menor   de   14   años,  a  la  pena  principal  de  36  meses  de  prisión; lo  inhabilitó  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas, por un lapso de  4 años y le impuso el pago de perjuicios morales en 20 smlmv.   

H   E   C   H   O  S   

El 2 de enero de 2007, el señor MANUEL  PARRA  RINCÓN,  denunció que su  menor             hija            L.M.P.G1.,  de 7 años de edad, cuando  se  encontraban  en  una  reunión  en la casa de una vecina, en el barrio Patio  Bonito  de  Bogotá,  de  9:30  a  10:00  de la noche, aproximadamente; la niña  –siendo  avivada por sus  amiguitos-  le  contó  que  al  pasar cerca de HÉCTOR  JULIO  TRUJILLO  ESCOBAR,  le  haló  su  bolso  y al  soltarla  le  tocó  su  vagina  por  encima de la ropa, haciéndole movimientos  circulares  y,  al  retirarse la pequeña, la llamó para que fuera donde él se  encontraba.    

A C T U A C I  Ó N    P R  O C E S A L   

1. El 5 de junio de  2007,   ante   el  Juzgado  40  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías  con sede en el  barrio  Kennedy de Bogotá,  en    audiencia   preliminar,   la   Fiscalía   166  Seccional  de  la  Unidad  Seccional   de   Delitos   Sexuales,   le   formuló  imputación     a    TRUJILLO    ESCOBAR,  por  el  punible  de actos sexuales con  menor  de  14 años, agravado (artículos 209 y 211 de  la Ley 599 de 2000).   

   

2. El 28 de junio de  2007,   la   Fiscalía   228   Seccional,  presentó  escrito  de  acusación con  allanamiento  por  los  cargos  imputados,  contra el  aludido  procesado,  correspondiéndole  el  caso  por  reparto  al Juzgado  Dieciocho  Penal  del Circuito de Conocimiento,  quien  el  30  de  agosto  de  2007, verificó la aceptación de  responsabilidad,  la  cual  encontró  ajustada  a  la legalidad, por haber sido  producto  de  una  manifestación  libre,  voluntaria,  consciente y debidamente  asesorada  por  su  defensora,  motivos  suficientes  para  ser  aprobada por el  funcionario  de  conocimiento.       

3. Una vez se llevó  a   cabo  la  audiencia  de  incidente  de  reparación  integral,  el  Juez  de  Conocimiento,      el     30     de     agosto     de     2007,     condenó   por  el  delito  allanado  al  procesado  HÉCTOR  JULIO TRUJILLO ESCOBAR,  a  la  pena  principal  de  36 meses de prisión, así mismo, lo  inhabilitó  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas, por un lapso de  4 años y le impuso el pago de perjuicios morales en 20 smlmv.   

4. El 3 de abril de  2008,  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,                 confirmó  el  fallo  recurrido  por  la  defensa  técnica.  El  29  de  febrero  de  2008, esta Sala declaró fundado el  impedimento  (causal  56,  numeral  1  de  la Ley 96 de 2004) manifestado por un  magistrado  de  esa  Corporación,  por  ser  hermano  de la Fiscal Delegada que  actuó en el presente caso.    

5.  El  término  consagrado  en  el  artículo 183 de la Ley 906 de 2004, inició el 4 de abril y  venció  el 3 de julio de 2008, período durante el cual sustentó el recurso de  casación   el   defensor   de  confianza  de  RINCÓN  SÁNCHEZ;   por  tal  motivo,  la  Sala  entra a  calificar el presente libelo.   

R  E  S U M E N   D E   L  A   D E M A N D A   

Al    amparo    de    la    causal  segunda de casación prevista en  el  artículo  181,  de  la Ley 906 de 2004, el actor arremetió contra el fallo  expedido   por  el  Tribunal  de  Bogotá,   en   dos   sentidos:  (i)     violación     al     debido     proceso     y    (ii)   por  infracción  al  derecho  de  defensa técnica.   

1. Debido proceso:  

Se fracturó el citado postulado “por   un   mal   entendido  inadecuado  del  artículo  351  del  C.P.P”,  toda vez que, el Juez de Garantías cuando  le  inquirió  a su prohijado si aceptaba los cargos él dijo que no se acordaba  de   nada   de   lo   sucedido,   lo   cual   se   traducía   en   “una  negación  a  la  imputación”;  pero  después  el  mismo  funcionario  judicial “de  forma  vehemente, según el registro, le manifiesta al imputado que NO le estaba  preguntando  eso, si no que si era o no responsable de los cargos formulado… y  acto  seguido  procede  a  dar  tres minutos, para que entre él y la defensa de  oficio, que acababa de conocer, dijeran lo pertinente”.   

Acto  seguido, se refirió a la trascendencia,  la  cual  indicó  que se  demostraba  cuando  su  mandante  aseguró  no saber nada de lo acontecido y esa  “manifestación      espontánea”   ha   debido   tenerse   como   “una  atestación   de   ‘no  responsabilidad’   y  culminar   de   forma  inmediata  la  correspondiente  audiencia”.   

Desde  luego,  en  el procedimiento penal no  existen  formulas  que  deban  ser  conocidas  por  los  imputados,  por ello la  “espontaneidad”  debe  ser  valorada  por  los  funcionarios “al momento de  referirse  a su responsabilidad”. Se violentaron los  derechos  de  las  partes  porque  el Juez de Garantías suspendió “por  tres  minutos  la  audiencia,  para  que  dialogará con la  defensa  pública…  puesto que lo importante había sido la manifestación que  se  hizo  antes  del  receso  de  la audiencia” y no  dividir la responsabilidad de su prohijado en dos actos.   

Como   el  Juez  obligó  a  su  prohijado  “a    escuchar   lo   que   estos   quieren   del  procesado”, la Corte debe referirse al instituto de  aceptación   de   cargos,  pues  al  referido  funcionario,  le  era  imposible  “dividir  la audiencia de imputación en dos actos,  para  reformular  la  respuesta  en  el  sentido de aceptar o no la imputación,  cuando  ya  había  realizado  una  manifestación  clara  de  oposición  a los  cargos”.   

El  yerro, no fue convalidado por la defensa  técnica  ni por el indiciado, “pues es precisamente  de  defensa  togada  que  el  señor  TRUJILLO  ESCOBAR  careció”,  toda vez que, el momento preciso para alegar la nulidad era ante  el Tribunal, tal como se hizo.   

Por  tanto,  la afrenta al debido proceso la  constituye  el  haber  realizado “una aceptación de  cargos   en  dos  actos”,  motivo  suficiente  para  declarar   la   nulidad   desde   la   imputación,   al   ser  un  “acto  irregular  incluyendo  las  sentencias de primer y segundo  grado,    pues    esa    es    la    manera    de    establecer   la   garantía  conculcada”.    

2. Defensa técnica:  

Manifestó  tener  conocimiento  de la forma  como     debe     alegarse     tal     violación,    excluyendo    “situaciones  hipotéticas  o elucubraciones que realice el nuevo  defensor”, por tal circunstancia, citó el radicado  26.827  (11  de  julio  de 2007) de esta Sala, que fijó algunas pautas sobre el  particular.    

Sustentó  el cargo afirmando que al momento  de    haberse    realizado    la    audiencia   de   imputación,   “se  acudió  faltando  escasos minutos de la hora, al auxilio de  la  defensa  pública,  en  razón  a  que  el  mismo no acudió con defensor de  confianza”.   Pero,   en   criterio   del   actor,  “esa  circunstancia  en  si  nada  indica,  pues en  muchas   ocasiones   el   desarrollo   del   proceso  no  permite  una  duradera  interrelación    entre    cliente   y   abogado”.   

¿Qué debió hacer la defensa técnica?, se  pregunta   el   libelista   y   la   respuesta   la  suministró  con  apoyo  en  jurisprudencia.   Le   correspondía   haberse   guiado   por  los  “intereses  del  imputado,  cuales  eran  en  el  respaldo  a  la  manifestación  de  no culpabilidad que con sus palabras expresó el procesado y  no  en  el  respaldo  del  querer  del operador judicial, al aceptar el receso y  haber  utilizado  persuasión  para  que TRUJILLO ESCOBAR, ya ahora sí después  del  receso  diera  las  respuestas  que  el  funcionario  de garantías quería  escuchar”.   

Por  ello,  la defensa técnica debió estar  precedida  por  los  intereses  del procesado y no por los de la administración  pública.  Informó,  además,  que  su  demanda, no fue elaborada en abstracto,  tampoco  la propuso como consecuencia de su “postura  personal”,    y   su  prohijado  “estuvo  desprovisto  de  un  real contradictor dialéctico de la  Fiscalía,  y  su  presencia  ha  sido más simbólica que real, aspecto que nos  lleva  a peticionar” casar la sentencia, para que se  declare la nulidad, a partir de la audiencia de imputación.   

CONSIDERACIONES   DE  LA CORTE   

1. Viene señalando  la  Sala,  que con la entrada en vigencia del  sistema  procesal penal  acusatorio   previsto  en   la   Ley   906   de  2004,   se    amplió    el   radio   de   acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  toda vez que, en la actualidad es susceptible la  impugnación  contra  decisiones  de segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales   de  Distrito  determinados  en  el  territorio  nacional, atacando los fallos de absolución o  condena,  sin  tener  en  cuenta  como  presupuesto  para  su  admisibilidad  el  quantum de pena descrito en  cada tipo penal, como lo imponían las legislaciones anteriores.   

En  esencia, para ser admitida la demanda de  casación,  el  censor  debe  tener  interés, formular y desarrollar los cargos  contra  el  fallo  de  segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de  derechos   y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además,  que  el  actor tenga presente lo  preceptuado  en el artículo 180 del Código Instrumental Ley 906 de 2004, en el  entendido  que una de las obligaciones al confeccionar el libelo es demostrar  la  necesidad  de  intervención de la Corte  para  el  logro  de  alguno  de  los  fines  establecidos  por el  instituto.   Siendo   ello   así,  el  Principio  de  Intervención  debe  ser  el norte del libelista toda  vez  que  el  mismo  integra cuatro aspectos teleológicos que se traducen en el  espíritu  de  la censura: i)  la  efectividad  del  derecho material, ii)  el  respeto de las garantías de los intervinientes, iii)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a las partes y iv)  la unificación de la jurisprudencia.   

Todos  estos  propósitos se deben conjugar,  desde   luego,   en   coherencia   total   y   armonía,   con   los   adelantos  jurisprudenciales  que  se  vienen  cristalizando  en  punto de los presupuestos  requeridos  para  atacar  y  demostrar  los  posibles yerros de los funcionarios  judiciales,  sin  que  sea  permitido  desligar,  apartar  o separar el trípode  casacional:  fines,  causales  y  debida  sustentación;  excepto cuando la Sala  advierta,   que   por   vigencia  de  derechos  y  garantías  constitucionales,  obviamente  vulnerados,  debe casar de oficio, desde luego, por diversos motivos  a los demandados.      

Desde  otro  punto  de  vista, la Sala viene  insistiendo  que  el  nuevo  sistema  procesal  penal  acusatorio  al  disciplinar todo lo concerniente a la  impugnación  extraordinaria,  jamás  precisó que los presupuestos formales ya  no  son  necesarios  para  sustentar un libelo. Todo lo contrario, el recurso de  casación,  jamás perdió su entidad de juicio lógico-argumentativo, de manera  que  el  libelo  debe  cumplir  pautas  que impidan concebirlo como tercera   instancia,  donde  los  reparos  compilen   presupuestos  de  claridad y precisión, porque a la Corte no le  corresponde   interpretar   las   alegaciones  de  los  recurrentes.2   

En  consecuencia,  la  Sala ha sostenido que  para  admitir  o  seleccionar una demanda de casación a fin de decidir de fondo  sobre  el  problema  jurídico  planteado por el actor; la censura, en sí, debe  sujetarse  al  cumplimiento  de  los  presupuestos  formales  consagrados  en el  artículo  184, ordinal 2°  de la Ley 906 de 2004, o demostrar la evidente  vulneración  a  los  derechos fundamentales que le asisten a los intervinientes  en  el  proceso;  es  por  todo  ello  que  se  deben aplicar los principios que  orientan  la  casación  penal  como  los  de claridad,  autonomía,  razón  suficiente,  no  contradicción,  entre  otros,  para –de la  mano  con  ellos-  presentar  una  argumentación  puntual  y  razonable, habida  consideración  de compendiar en el ataque, los errores de juicio o de actividad  en que pudieron haber incurrido los falladores.   

Objetividad,  comprensión,  precisión,  y  trascendencia,    igualmente   son   postulados   y  perspectivas  que  deben guiar el ejercicio intelectual en la elaboración de la  demanda  por  parte del censor, a fin de demostrarle a la Sala, el motivo por el  cual  debe  ser aceptada una determinada tesis jurídica o una legal valoración  de los medios probatorios.    

Del   mismo   modo,   viene  indicando  la  jurisprudencia,     en     múltiples     oportunidades     que:    i)  la  correcta selección de la causal,  ii)  el interés del actor,  iii)  la  coherencia de los  cargos     aducidos,    iv)    la    puntual    fundamentación    fáctica    y  jurídica,  v) el cumplimiento de al menos uno de los  fines  del  instituto;  marcan  la pauta para declarar la inconstitucionalidad o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo  184,  3  de  la Ley 906 de  2004.   

3.  La censura presentada por el defensor de  HÉCTOR    JULIO    TRUJILLO    ESCOBAR,   no   reúne   los   presupuestos   mínimos   de  coherencia  y  lógica-argumentativa  puntualizados  por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda,   pues   si  bien,  propuso  como  punto  de  partida  para  lograr  la  infirmación  del  fallo  de  segundo  nivel,  dos  nulidades  consagradas  como  causales  de  casación  en  el  numeral  2 del artículo 181 en armonía con el  artículo  457  de  la  Ley  906  de 2004, por violación al debido proceso y al  derecho  de  defensa;  en  su  desarrollo  y  demostración, incurrió en graves  fallas  que  atentan contra la filosofía que inspira el recurso extraordinario.   

Siendo ello así, como metodología, la Sala  examinará  los  cargos teniendo presente la vasta confusión del libelista, con  el  objeto  de  establecer los errores de mayor impacto legal y jurisprudencial,  en  los  que incidió. Conjuntamente y sin que se entienda como una respuesta de  fondo  a  las  censuras,  sino  en  virtud  del  ejercicio pedagógico que viene  realizando  la  Corte,  adicional  a  sus  funciones,  se  compendiarán algunos  aspectos inherentes al caso en estudio.    

1. Los argumentos de las nulidades planteadas  se sintetizan de la siguiente manera:   

Debido   Proceso   :   (a)   el  Juez  de  Garantías  actuó  contrario  a  lo  querido  por el  condenado,  (b)  al parecer  propuso  aplicar  el principio de favorabilidad cuando citó el artículo 351 de  la  ley  906 de 20004, (c) al  dividir  la responsabilidad penal en dos actos, vulneró el principio demandado,  (d)  también  se violó el  mentado   postulado,  por  haber    suspendido    la    audiencia,  a  fin  de  facilitarles  la  posibilidad  tanto al imputado y su  defensor     público     de     entrevistarse     a     solas,     (e)   después  de  haber  asegurado  su  prohijado  no  tener idea de ningún delito, al funcionario le era forzoso haber  terminado,   en   ese   mismo   instante,    la    audiencia,    (f)   el Juez  guió  a  su  mandante  hacer  lo  que  él pretendía con el beneplácito de la  defensa  técnica  y  (g) el  yerro   no   fue   convalidado,   porque   el   procesado  careció  de  defensa  técnica.    

Defensa    técnica:   (a)   como  lo  dice  la  Corte, el defensor siempre debe regirse por los  intereses   del   imputado   y   no  dejarse  manipular  por  los  funcionarios,  (b)   siempre   prima  la  voluntad  del  procesado, (c)  después  de haber manifestado su falta de conocimiento de los hechos ilícitos,  no  le  era permitido al Juez autorizar la conferencia entre defensor e imputado  y   (d)  la  presencia  del  defensor publico fue más simbólica que real.   

2. Yerros detectados en la demanda:  

El           primer  error  se  percibe de entrada, al  mezclar  el  libelista  violaciones  al  debido  proceso y al derecho de defensa  técnico,   puesto   que  ambos  ataques  tienen  un  desarrollo  independiente,  identificándose   cada   uno   como   vicios   de   estructura   y   garantía,  respectivamente.  Además  le  adicionó  a  las  censuras,  la  vía directa de  violación    de    la    ley,    en    una   exigua   presentación,  al  inmiscuir con el artículo 351 de  la  Ley  906  de  2004. Tal actuar,  vulnera el principio de autonomía que  rige    el    recurso    extraordinario,    al    motivarse    un    cargo   con  otro.       

El           segundo   desquicio   del  libelista  se  concretó,  cuando quiso hacer valer su criterio por encima del expuesto por los  falladores,  a  pesar de haber asegurado no incidir en el mismo; por ejemplo, se  vulneró   el   debido   proceso,   porque  el  Juez  de  Garantías  suspendió  “por  tres minutos la audiencia, para que dialogara  con   la   defensa   pública…   puesto  que  lo  importante  había  sido  la  manifestación  que  se  hizo  antes  del  receso de la audiencia”  y  no  dividir  la  responsabilidad de su prohijado en dos actos.   

A simple vista se distingue la manifestación  del  actor, como aparente, hipotética y subjetiva: el funcionario les concedió  a  las  partes  un  tiempo,  con  el  fin  inmediato  de que acordaran todos los  detalles  de  su  defensa,  lo  cual  no es un doble acto ni mucho menos como lo  entiende  el  libelista,  sino  la  vigencia  de  la  garantía del derecho a la  defensa,  misma  que  pretende  excluir  el  demandante, para que se declare una  nulidad, indemostrada.    

El           tercer   desafuero   se   concretó,  al  pretender  torcer  lo actuado en instancias, como cuando informó que el Juez de  Garantías  obligó a su poderdante para aceptar cargos, lo cual no se compadece  con  la  realidad  procesal,  siendo  una  simple  conjetura adicional a las que  inundan  su  libelo.  El  recurso  extraordinario  de  casación no puede ser el  puente  para  que  los  demandantes  compilen una serie de ideas deshilvanadas e  inconexas,  sin  contexto  alguno,  abandonando  lo actuado por los Juzgadores y  contra  lo  expuesto  por ellos; menos aún, quebrando el procedimiento a costa,  inclusive,  de  la  misma  parte  que  representan,  como  si  fuera una tercera  instancia,    al    presentar    reflexiones    de   libre   factura,  por fuera de los lineamientos lógico  argumentativos  que  con  seriedad  y  juicio  deben acompañar un ataque de tal  magnitud, dimensión y  altura.   

Es preciso indicar, que cada nulidad tiene un  desarrollo   independiente,   debiéndose   identificar  la  clase  de  falencia  (estructura  o garantía), denunciando el sentido en forma autónoma sin mezclar  violaciones  al  debido  proceso  entre  si, o al derecho de defensa (técnico y  material).   

Por  consiguiente,  si  se  quiere  proponer  algún  supuesto,  por ejemplo, del debido proceso, debe demostrarse: ¿cómo se  fracturaron  las  bases  legales  del  mismo  ya  sea  en  su  aspecto  formal o  conceptual?,  ¿por  qué habría que retrotraer lo actuado en instancias?, ¿de  qué  forma  se  vulneraron  las  garantías  demandadas? y ¿cuáles fueron las  repercusiones  y el daño causado con tales vulneraciones? en desmedro de la ley  y  de  los  sujetos  procesales;  entre  otros  aspectos,  puntualizados  por la  Sala.   

No pudiendo olvidar el censor los principios  que  rigen  las  nulidades  como  el  de convalidación, finalidad de los actos,  taxatividad,  entre  otros,  a  fin  de  fortalecer  la  infirmación  del fallo  último, temática que solo enunció.   

En  esencia el ataque alegado por violación  al  derecho  de  defensa, también se realizó, con fundamento en su particular,  general  y  exclusiva  visión,  de  donde  infiere  aquello  que en su criterio  perjudicó  al  penado,  más  dejó  al  vaivén todo lo importante, como es la  relevancia  del ataque, siendo sus principales argumentos la actividad legal del  Juez  de  garantías,  la  del defensor público y hasta la del mismo penado. En  otras  palabras, debe hacerse todo lo expuesto por el actor, para poder entender  cómo  es  el  verdadero  ejercicio  de  defensa  técnica, lo cual es inaudito.   

Cuando     se    alega    violación    al    derecho    de    defensa    técnico,  frente a una posible actitud pasiva del defensor, es obligación  inexorable   del   demandante  constatar  el  daño  causado  con  tal  dejadez:  repercusión  que  debe  ser  evidente  y  manifiesta;  por  tanto, no cualquier  pensamiento,  reflexión,  hipótesis  o  criterio  jurídico  puede dar lugar a  nulitar  lo  actuado.  Se  trata,  entonces,  de  sanear en forma inmediata, ese  estadio  procesal  que  de  manera  ostensible  y  concreta hubiere lesionado el  derecho         a        tal        garantía3.   

El           cuarto  yerro  tiene  relación  con  el  postulado  de trascendencia, presentado en el  ataque al debido proceso, el  cual  demostró,  con  la  afirmación  de  su  prohijado de no saber nada de lo  acontecido      y      esa      “manifestación  espontánea”  ha  debido  tenerse como “una  atestación  de  ‘no     responsabilidad’    y    culminar    de    forma   inmediata   la   correspondiente  audiencia”.   

Siendo  ello  así,  el  daño  propuesto se  muestra  precario,  toda  vez  que  el  principio de trascendencia aludido no se  acredita  con propuestas subjetivas, ilógicas, absurdas o con la repetición de  los  argumentos diseñados en la parte motiva de la demanda; será, entonces, el  reflejo   latente   de   la   violación   a   un   precepto   del   Bloque   de  Constitucionalidad,  la  Constitución  o  legal llamado a regular el caso;  por  ejemplo,  está en desacuerdo el libelista con la actuación del Juez en la  audiencia  preliminar  de  imputación,  al  haber  permitido un tiempo para que  tanto  imputado  y defensor dialogaran para armonizar la defensa; pero luego, en  sede  extraordinaria, ataca por violación al derecho de defensa ese específico  momento,  cuando  de  sobra  se  le  garantizó  la misma, tornándose el ataque  contradictorio:   otra   cosa,   es   que   el   hoy   penado  hubiere  aceptado  responsabilidad,  en  acuerdo  con  el  defensor  de  ese  entonces,  lo cual no  desvirtúa esa acción ni hace injusta la del Juez.   

Por  último, cuando se refiere el actor al  artículo  351  de  la Ley 906 de 2004, porque en su criterio no se entendió el  contenido  del  mismo  -sin  haber expresado algún argumento adicional sobre el  particular-  con ello muestra una  total confusión; motivo suficiente para  que  la  Sala  aclare  el  punto  sobre  la  dosimetría  penal  aplicada  a  su  poderdante.    

Al  punible  consumado  el  legislador  le  asignó  una  pena  que  oscila  entre  36  y  60  meses de prisión, la cual se  aumentó  en  virtud  de  lo  ordenado  en la Ley 890 de 2004, 14, quedando como  límites  de  48  y  90  meses.  Aumentado  en (1/3) y la (1/2) por la causal de  agravación  del  artículo  211, 4, resultando 64 y 135 meses de prisión. Como  no  se  determinó  ninguna  circunstancia  de  mayor punibilidad ni antecedente  alguno,  se  partió  del  primer  cuarto  que  va  de 64 a 81 meses y 21 días.  Adujeron  las  instancias  que  no  se  podía  partir  el  mínimo  de  la pena  legalmente  prevista  teniendo  en  cuenta  el daño potencial y real que causan  éstos  delitos  contra  los  niños,  por  tanto,  la  pena  que  impuso fue la  intermedia  del primer cuarto, es decir, 72 meses de prisión. Como se le redujo  la  mitad  por haber aceptado la imputación en la audiencia preliminar, la pena  en definitiva le quedó en 36 meses.   

En este orden, las instancias, si realizaron  la  rebaja de ley por aceptación de cargos; luego, la presentación superficial  del  artículo  351 de la Ley 906 de 2004, no da lugar a una nueva dosificación  punitiva,  como  para  una  casación  oficiosa  por  aplicación  favorable del  referido precepto.    

Así  las  cosas  y  como  el recurso   extraordinario  de  casación  está  regido,  entre  otros, por el principio    de    limitación,    las  deficiencias  de la demanda jamás podrán ser remediadas por la Corte, en tanto  que  no  le  es  propio  ni  le  corresponde  asumir  la tarea argumentativa del  recurrente,  para complementar, adicionar o corregir su escrito de impugnación,  máxime  cuando  es  antiquísimo  el  criterio  de  la  Sala  de  ser un juicio  lógico-argumentativo  por  tener  una reglamentación legislativa, desarrollada  por     la     jurisprudencia,     con    el    propósito    de    no    convertirla  en  una  tercera  instancia, pues jamás, ese será su norte.   

Los anteriores motivos son suficientes para  inadmitir   la   demanda  presentada   a   favor   de   HÉCTOR  JULIO  TRUJILLO  ESCOBAR.   

3. Mecanismo de insistencia:  

Teniendo en cuenta que contra la decisión de  inadmitir   o     no     selección    de  la  demanda  procede  el  mecanismo de  insistencia  de  conformidad con lo establecido en el  artículo   186   de   la   Ley   906   de   2004,  cuyo  trámite  no  fue  regulado, pero que para tornarlo  operativo,  la  Sala  ha  definido  las  reglas  que habrán de seguirse para su  aplicación4, como pasa a indicarse:   

1. La insistencia es  un  mecanismo  especial que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  actor,  dentro  de  los  cinco  (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide    inadmitir    o    no    seleccionar    la  demanda  de  casación, con el fin de que reconsidere  lo  decidido. También podrá ser provocado oficiosamente, en el mismo término,  por  alguno  de  los  Delegados del Ministerio Público para la Casación Penal,  salvo  que  el  Procurador  Judicial Delegado ante el Tribunal Superior fuese el  demandante.  El  mecanismo,  entonces,  opera  para  el  Procurador Judicial, el  Magistrado  disidente  o el que no haya participado en los debates y suscrito la  providencia inadmisoria.   

2.  Es potestativo  del  Magistrado  –en los  casos  indicados-  o  del Delegado del Ministerio Público ante quien se formula  la  insistencia  optar  por  someter  el asunto a consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión.  En  este último evento informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

3. El auto a través  del  cual  se  inadmite  la  demanda,  trae  como  consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  misma.   

4.  También viene  precisando            la            Corte5   que   la   audiencia   de  sustentación  prevista  en  el  artículo  185  de  la  Ley  906 de 2004, no se  dispondrá  su  celebración, por cuanto su procedencia está circunscrita a los  casos de admisión del libelo.   

Con  fundamento en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:     Inadmitir     la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  HÉCTOR  JULIO  TRUJILLO  ESCOBAR, por las  razones aducidas en la parte motiva del presente proveído.   

Segundo:  Contra la  inadmisión     procede     el     mecanismo     de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso 2° del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, en los términos detallados en el acápite  final de esta determinación.    

Cuarto:  Cópiese,  notifíquese y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

Comisión de servicio  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

Comisión de servicio  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1  La  Sala  omite  identificar  a la menor, con fundamento en el artículo 47, numeral  8,   de   La   Ley   1098   de   2006,   Código   de   la   Infancia  y  de  la  Adolescencia.   

2 Corte  Suprema de Justicia: radiado: 25.565 del 8 de junio de 2006.   

3   Corte    Suprema    de   Justicia:   igual   línea,  radicado:  11.040  del 22 de  octubre  de  1999, 11.555 del  11   de   agosto   de   1999,   12.361   del   16   de   junio   de   2000,  12.662  del  2  de  febrero de 2000 y  10.896  del  18  de  diciembre de 2000. Así mismo, la  falta  de  idoneidad  del  profesional  del  derecho  debe  ser absoluta o total  abandono  en  su  ejercicio,  ver  por  ejemplo,  fallo radicación 28.028   del   23   de   abril  de  2008;  28.638 del 5 de diciembre de  2007.   

4 Corte  Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.   

5 Corte  Suprema de Justicia: radicado 28.059 de agosto 23 de 2007.     

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