30205(29-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30205  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 312.  

Bogotá,  D. C., veintinueve (29) de octubre  de dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Estudia la Sala si la demanda presentada por  el   defensor   de  JORGE  ERNESTO  ARCINIEGAS  MARTA  satisface  los  presupuestos  lógicos  y  de adecuada  fundamentación   necesarios  para  su  admisión.  Mediante  dicho  libelo,  el  referido  profesional  del  derecho sustenta el recurso de casación interpuesto  contra  la  sentencia  del  7 de abril de 2008, a través de la cual el Tribunal  Superior  de  Bogotá confirmó, en el aspecto impugnado, el fallo proferido por  el  Juzgado  42  Penal  del  Circuito de conocimiento de la misma sede, despacho  que,  por  vía de preacuerdo, condenó al acusado a las penas principales de 40  meses  de  prisión  y  33.3  salarios mínimos legales mensuales de multa, así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas  por  el mismo término fijado para la pena privativa de la  libertad, como autor del delito de cohecho propio.   

HECHOS  

Los  resumió  el Tribunal en los siguientes  términos:   

“El 22 de agosto  de  2007,  la  señora MERCY YANETH MATIZ ALONSO propietaria del establecimiento  comercial     ‘CAPAZ  RESTAURANTE’ recibió la  visita  de JORGE ERNESTO ARCINIEGAS MARTA, funcionario  de  la  Dirección  de Impuestos y Aduanas Nacionales,  quien  le  solicitó  la  exhibición  de  varios documentos contables y ante la  falta  de  algunos  de  ellos  ARCINIEGAS  MARTA  citó  a  la  propietaria  del  establecimiento  a  su  oficina ubicada en la calle 75 con carrera 16 y luego de  explicarle  que frente a la carencia de la documentación la consecuencia sería  la  sanción  administrativa correspondiente, acordaron que el funcionario de la  DIAN  no  reportaría la novedad siempre que recibiera la suma de $1.500.000”.   

         

          “Ante  el  arreglo  al que llegaron, se encontraron nuevamente el  29  de  agosto  en  el restaurante de la señora Mercy Yaneth Matiz, lugar en el  que  JORGE ERNESTO ARCINIEGAS recibió la suma de $500.000 como parte de pago de  la totalidad del dinero que recibiría.   

         “Cuando   salía  del  establecimiento  comercial  JORGE  ERNESTO  ARCINIEGAS  fue  capturado  en  razón a que días antes la señora Yaneth Matiz  denunció los hechos ante las autoridades”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Efectuada la aprehensión de JORGE   ERNESTO   ARCINIEGAS   MARTA,  la  fiscalía  lo condujo de inmediato ante el Juez 20 Penal Municipal con funciones  de  control  de  garantías,  quien  en  audiencia preliminar celebrada el 30 de  agosto  de  2007  le impartió legalidad a la captura. Esta decisión fue objeto  de  apelación  por  la  defensa,  pero  el  Juzgado  35  Penal  del Circuito la  confirmó  en  decisión  adoptada en la audiencia realizada el 26 de septiembre  del citado año.   

2. En la misma audiencia preliminar celebrada  el  30  de agosto la fiscalía formuló imputación al entonces indiciado por el  delito  de  concusión  y  luego  solicitó  al juez de control de garantías el  proferimiento  de  medida  de aseguramiento en su lugar de residencia, a lo cual  accedió el funcionario judicial.   

3.  El  28  de septiembre del mismo 2007, la  fiscalía  presentó  escrito de acusación en el cual atribuyó al procesado el  punible   de  concusión.  Con  posterioridad  las  partes  celebraron  acta  de  preacuerdo,  en donde el acusado aceptó el delito de cohecho propio a cambio de  obtener  una  rebaja  del  50%  de  la  pena.  Pactaron  también  que le sería  concedida la prisión domiciliaria.   

4.  El  19  de  noviembre de 2007 el Juez 42  Penal  del  Circuito  realizó  audiencia  de  preacuerdo, en cuyo desarrollo el  procesado  ratificó  que aceptaba el punible de cohecho propio, por cuya razón  la  fiscalía  optaba  por  mudar  la  calificación  jurídica  para pasarla de  concusión al delito admitido por aquél.   

De  igual manera, convinieron que el acusado  obtendría  una  rebaja de pena del 50% y, así mismo, que no se haría acreedor  a  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena. Dejaron, eso sí, a  la  decisión  que  al  respecto  adoptara  el  juez  en  torno  a  la  prisión  domiciliaria,  aunque  durante  la audiencia en mención tanto la fiscalía como  la defensa solicitaron su concesión.   

5.  En  consonancia  con  lo  acordado,  el  a    quo    condenó   a  ARCINIEGAS  MARTA  en fallo  proferido  en  la audiencia celebrada el 3 de diciembre de 2007. No obstante, en  punto  a  la prisión domiciliaria desestimó la petición de las partes y negó  su  otorgamiento, por cuyo motivo la defensa interpuso el recurso de apelación,  limitando  su  inconformidad a ese aspecto de la sentencia. El Tribunal, como ya  se señaló, confirmó la decisión de primera instancia.   

LA  DEMANDA   

          La  defensa  formula  tres  cargos  contra  la  sentencia de segunda  instancia,  todos  al  amparo de la causal segunda de casación de la Ley 906 de  2004,   por   haberse   dictado   dicha   decisión  en  un  juicio  viciado  de  nulidad.   

          En     el    primer    cargo  aduce  la  vulneración  de  los  derechos fundamentales al debido  proceso,  dignidad y libertad, por cuanto la consumación del punible, ya sea la  concusión  inicialmente  imputada o el cohecho propio por el cual fue condenado  el  procesado,  ocurrió el 25 de agosto de 2007 en las instalaciones de la DIAN  situadas  en  la  calle  75 No. 15-43 de Bogotá, no así el 29 siguiente cuando  ARCINIEGAS  MARTA  recibió  los   $500.000   en   el   establecimiento   “CAPAZ  RESTAURANTE”, de manera que su captura, realizada al  salir de ese lugar, no ocurrió en situación  de flagrancia.   

          Tras  reseñar  el procedimiento desplegado por la policía judicial  desde  cuando,  el día 25 de agosto de 2007, recibió la denuncia formulada por  la  señora  Mercy  Janeth  Matiz  Alonso,  concluye  que  tanto  la  aprehensión  del  hoy  acusado como el  registro  personal  que  consecuencialmente  se le realizó son ilegales, razón  por  la cual el juez de control de garantías no debió avalar esas actuaciones,  pues para ello se requería orden judicial previa.   

          Por  lo anterior, solicitó decretar la nulidad de todo lo actuado a  partir del día 29 de agosto de 2007.   

          En    el   segundo   cargo   refiere  la  violación  del  debido  proceso,  como consecuencia de  desconocerse   los   derechos  a  la  defensa  técnica,  dignidad  y  libertad.  Fundamenta  el  reproche,  señalando  que  el  entonces defensor del acusado no  objetó   en   el  curso  de  las  audiencias  de  legalización  de  captura  y  formulación   de   imputación  la  atribución  del  ilícito  de  concusión,  haciéndolo  solamente en la imposición de la medida de aseguramiento cuando ya  era tardío.   

          Además,   añadió,   dicho  profesional  del  derecho  accedió  a  modificar  el  preacuerdo  para  asignar  al juez de conocimiento la competencia  para  decidir  sobre  la detención domiciliaria, contrariando así lo dispuesto  en el artículo 351 de la Ley 906 de 2004.   

          Por  tal  razón, solicitó decretar la nulidad de todo lo actuado a  partir, igualmente, del día 29 de agosto de 2007.   

          En    el    tercer   cargo   predica  la  conculcación  de  los derechos fundamentales al debido  proceso  y  defensa,  dado  que  el  juez  de  conocimiento  se inmiscuyó en el  preacuerdo  para  desconocer  lo  acordado  entre la fiscalía y el procesado en  punto a la concesión de la detención domiciliaria.   

          Considera   que   de  la  anterior  forma  el  funcionario  judicial  resquebrajó  los fines del preacuerdo y asumió competencias que no le han sido  atribuidas,  pues  las  condiciones  del  acuerdo  lo  obligan,  a  menos que se  quebranten garantías fundamentales.   

          En  tal  virtud,  pidió  decretar  la  nulidad de todo lo actuado a  partir del día 19 de noviembre de 2007.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          En  el  marco del sistema penal acusatorio regulado en la Ley 906 de  2004  la  admisión  de  una  demanda  de  casación, aparte de su presentación  oportuna,  supone que el actor ostente interés jurídico para recurrir, señale  la  causal  que  apoya  su  pretensión,  desarrolle adecuadamente los cargos de  sustentación  y  justifique  la  necesidad  del  fallo  de casación de cara al  cumplimiento  de  alguna  de  las  finalidades del recurso, según así lo tiene  establecido   el   inciso  segundo  del  artículo  184  de  dicha  disposición  legal.   

          En  el caso sometido a estudio, es evidente que el libelista ostenta  interés  para  recurrir,  pues  aunque  la  demanda  la  dirige contra un fallo  obtenido  mediante  el  sistema  de  preacuerdo,  en los tres cargos que formula  propende  la  protección  de  garantías  fundamentales,  siendo ese uno de los  eventos  en  que,  de  acuerdo  con  la  jurisprudencia de esta Corporación, se  legitiman  el  procesado o su defensor para interponer el recurso extraordinario  de casación cuando se trata de sentencias anticipadas.   

          En  los  tres  reproches  el  censor  también señaló la causal de  casación,  coincidiendo  en  invocar para todos ellos la segunda, a cuyo amparo  entonces solicita la nulidad de la actuación.   

          No  obstante,  el impugnante no satisfizo los otros dos presupuestos  requeridos  para  la  admisión de la demanda, pues no fundamentó adecuadamente  los   cargos   de   sustentación   y   tampoco   justificó  la  necesidad  del  fallo.   

          A  este  respecto  pertinente  es  recordar  el  criterio de la Sala  acorde  con  el  cual  las  censuras  sustentadas  en  el  mencionado  motivo de  casación  deben contener, como mínimo, la identificación de la irregularidad,  la  expresión  clara  de sus fundamentos, el señalamiento de si se trata de un  vicio  de  estructura o garantía, la indicación de la norma o normas violadas,  la  mención  del  momento  procesal en donde se presentó la anomalía y de las  actuaciones   afectadas   con   la   misma,  así  como  la  motivación  de  su  trascendencia.   

    

          En  ese  sentido,  se observa cómo el demandante en el primer  cargo  se  abstuvo  de explicar la  trascendencia  de la irregularidad allí aducida, pues se dedicó a sostener que  la  captura  del procesado no se produjo en situación de flagrancia, razón por  la  cual el juez de control de garantías no debió en su momento legalizarla ni  avalar  tampoco  el  registro  personal  que  subsiguió  a su aprehensión, sin  explicar  cómo esa anomalía incidió en el trámite posterior de la actuación  y, particularmente, en el surtimiento de la etapa de juzgamiento.   

          En  otras palabras, no ofreció fundamento alguno para demostrarle a  la  Corte  que  la  decisión  adoptada  por el juez de control de garantías en  torno  a  la  captura  del  procesado  afectó  la  tramitación posterior de la  actuación,  en  forma  tan  trascendente que el único remedio para subsanar la  irregularidad es acudiendo al expediente de la nulidad.   

          Aparte  de  lo  anterior,  el censor tampoco sustentó adecuadamente  por  qué  considera que no hubo flagrancia cuando el acusado es sorprendido con  el  dinero  momentos  después  de  salir  del  lugar  en  donde lo recibió, si  precisamente  una  de  las conductas mediante las cuales se ejecuta el delito de  cohecho  propio  es  el de recibir dinero para cumplir alguna de los propósitos  señalados en la norma sustancial (art. 405 C. P.).   

          El     segundo    cargo    el  libelista  lo  edifica  sobre  la base de cuestionar la gestión  defensiva  de  su  antecesor,  señalando  que  éste en las primeras audiencias  preliminares  no  se  opuso  a  la  atribución  del  delito  de  concusión  y,  finalmente,  accedió  a  modificar  el  preacuerdo  para  delegar en el juez la  facultad de definir lo relacionado con la detención domiciliaria.   

          La  Sala  tiene  dicho  que  en  sede  de casación no resulta dable  juzgar  el  acierto  o desatino de la gestión profesional de los defensores que  precedieron  al actor, pues cada letrado tiene su particular forma para afrontar  la  labor  encomendada,  sin  que  sea  factible determinar en forma irrebatible  cuál  pudo  ser  la  mejor  y  más afortunada estrategia defensiva1.   

          Como  tal  es  la  pretensión del casacionista, el reproche resulta  per         se  deleznable.   

          Adicionalmente,   tampoco   el  libelista  fundamenta  cuál  es  la  trascendencia  de  la omisión defensiva al no ejercerse oposición inicial a la  atribución  del  delito  de  concusión, si de todas maneras el profesional del  derecho   que   entonces  representaba  los  intereses  del  acusado  logró  un  preacuerdo  en el cual se varió la calificación jurídica para en vez de dicho  punible obtener la imputación del delito de cohecho propio.   

          Finalmente,      en      el      cargo  tercero   el  impugnante  sostiene  que  el  juez  de  conocimiento  se  inmiscuyó  en  el  preacuerdo  en  punto  a  lo convenido con  respecto   a  la  detención  domiciliaria,  olvidando  que  los  términos  del  preacuerdo obligan al funcionario judicial.   

          Observa  la  Sala  que  esta censura no se compadece con la realidad  del  proceso,  pues los registros escritos y electrónicos incorporados al mismo  demuestran  que  si  bien en un principio las partes acordaron que el acusado se  haría   acreedor   a   la   detención   domiciliaria   (entiéndase   prisión  domiciliaria,  pues  se  trataba de su concesión en el fallo), lo cierto es que  ante  el  juez  de  conocimiento  comparecieron  con un acuerdo distinto, por lo  menos  en cuanto se refiere a dicho sustituto de la prisión intramural, pues en  el   curso   de  la  audiencia  de  presentación  del  preacuerdo  manifestaron  expresamente  que  lo  relacionado  con  la prisión domiciliaria quedaría a la  decisión del funcionario judicial.   

          El   propio  defensor  fue  el  primero  que  en  desarrollo  de  la  mencionada  audiencia  expresó  la anterior situación cuando ante pregunta del  juez  en  el sentido de si tenía o no algún reparado al preacuerdo, respondió  textualmente lo siguiente:   

          “Ningún  tipo  de  reparo en relación  con  el  escrito  presentado  por  parte de la fiscalía ante su despacho señor  juez.  Únicamente  en  lo  que  tiene  que  con  el  acápite  número 4 de los  parámetros  en  los cuales se llegó a un acuerdo con la fiscalía en relación  con  ese  acápite  y  en lo que tiene que ver con el beneficio de la detención  domiciliaria  se  llegó  a  un  acuerdo  con la fiscalía en el sentido que tal  petición  como  tal (sic) se  elevará  ante  su  despacho  al momento de correrle traslado al artículo 447 a  fin  que  el señor juez al momento de proferir la sentencia respectiva tenga en  cuenta     si     se    cumplen    los    presupuestos    para    otorgar    tal  beneficio”.   

         

          Para  estructurar  en  forma  adecuada  un  cargo  en casación debe  empezarse  por  respetar  el  principio  de lealtad procesal. Si así se hace la  Corte  tendrá  serios elementos para abordar su estudio. Esto no acontece en el  presente  evento  porque  el  actor,  a espaldas de lo discurrido en el proceso,  sostiene  que  el  juez se entrometió en el preacuerdo, cuando es lo cierto que  dicho  funcionario  lo  acogió  en  su  integridad  y  si negó al procesado la  prisión  domiciliaria  es  porque  ese  aspecto  las  partes  lo  dejaron  a su  decisión.   

          Queda  visto  entonces que ninguno de los tres cargos formulados por  el   impugnante   satisface   a  cabalidad  los  presupuestos  de  sustentación  requeridos  para  su  admisión,  de  manera  que  la  Sala  inadmitirá  en  su  integridad  la  demanda  objeto  de  examen,  sin  que  advierta la necesidad de  superar  las  falencias  advertidas para decidir de fondo, pues no se observa en  la  actuación la violación de garantías fundamentales que deba restablecer de  oficio,  ni la presencia de alguna de las situaciones a que se refiere el inciso  tercero   del   artículo   184   del   Código   de   Procedimiento   Penal  de  2004.   

   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación2,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por cuyo medio la Sala resuelva inadmitir la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   JORGE          ERNESTO         ARCINIEGAS         MARTA.   

         De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley  906  de   2004  y,  en  los  términos  referidos  en  el  acápite   final   de   esta  determinación,  contra  la    misma    procede  la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                           YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                             JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria   

    

1 Cfr.  Auto del 28 de septiembre de 2006, radicación 25247.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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