30198(02-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 30198  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 248   

Bogotá D. C., dos (2) de septiembre de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Mediante  sentencia  del 12 de diciembre de  2007,  el Juzgado Único Penal del Circuito de Villeta (Cundinamarca) condenó a  CONSTANTINO     BENAVIDES     CÁRDENAS,     como    autor    de    homicidio    agravado    por    motivo  fútil,  a  la  pena  de  treinta  y  tres  (33)  años cuatro (4) meses de prisión, a inhabilitación de  derechos  y funciones públicas por el lapso de veinte (20) años; y le negó el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y la  prisión                domiciliaria.1   

Al   desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  defensor,  con  fallo  del 7 de abril de 2008, el Tribunal  Superior   de  Cundinamarca  confirmó  la  sentencia  condenatoria  de  primera  instancia,  con  la  modificación  consistente  en eliminar la circunstancia de  agravación  punitiva;  y declaró que BENAVIDES CÁRDENAS quedaba condenado por  el     delito     de     homicidio    simple  a  la  pena  de  diecisiete  (17) años cuatro (4) meses de  prisión;  y  a  inhabilitación  de  derechos  y  funciones públicas por igual  lapso.   

En  esta  oportunidad,  la Sala califica la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  CONSTANTINO BENAVIDES  CÁRDENAS,  con  el  fin de verificar si reúne los requisitos de argumentación  lógico-jurídica  que condicionan su admisión, con arreglo a las disposiciones  del   sistema   acusatorio,   Código   de   Procedimiento   Penal  (Ley 906 de 2004).   

HECHOS  

Los  acontecimientos  que  originaron  la  investigación  penal  fueron  relatados  de la siguiente manera por el Tribunal  Superior de Cundinamarca, en el fallo de segundo grado:   

“Se  presentaron  el día 18 de junio del  año   en   curso   (2007),    a   eso   de  las  05:45  horas,2   en  zona  urbana  del  municipio  Cundinamarqués  de  la Vega, concretamente en el predio  ubicado  en  la  Cra.  5  No-  14-84-94, cuando el menor Diego Alejandro Borrero  Ávila   en   compañía  de  5  adolescentes  más3  se disponía a regresar a la  ciudad  de  Bogotá de donde había partido el día anterior hacia la población  antes  mencionada,  decidió bajar una o unas naranjas que pendían de un árbol  ubicado  en  el  predio  inicialmente  citado  y cuyos gajos daban sobre la vía  principal,  razón  por  la  cual  el  aquí acusado sacó un arma de fuego tipo  escopeta  calibre  16  y  la  accionó  contra  el grupo de jóvenes, uno de los  perdigones  de  aquel  disparo  impactó  en el cuello del menor Diego Alejandro  causándole  lesiones mediante laceración en la carótida izquierda y siguiendo  su  rumbo  hacia  la  parte  superior  para alojarse en la cavidad craneana, con  fractura  en  hueso  occipital  adyacente  al  orificio  magno y laceración del  hemisferio  izquierdo  del  crebelo,  heridas  que  a la postre le produjeron la  muerte por choque neurogénico”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1.  Poco  después  del  trágico suceso se  produjo  la  aprehensión  del  implicado,  y  la  Fiscalía   Seccional de  Villeta  (Cund.),  promovió  las  audiencias  preliminares  de legalización de  captura,  incautación  de  armas,  formulación  de  imputación y solicitud de  medida  de  aseguramiento,  las cuales se llevaron a cabo el 19 de junio de 2007  ante  el Juez Promiscuo Municipal de La Vega (Cund.) con Funciones de Control de  Garantías.   

Dicho   funcionario   judicial  encontró  razonable  la  postura  de  la  Fiscalía  en  todos  los  eventos; se imputó a  CONSTANTINO   BENAVIDES   CÁRDENAS   el   concurso  de  delitos  integrado  por  homicidio  agravado  por  motivo  fútil,    el   mismo   ilícito   en   la   modalidad   de   tentativa       y      porte  ilegal  de  armas  de  fuego de defensa personal,  que  no  aceptó;  y  fue  afectado  con medida de aseguramiento  consistente    en   detención   preventiva   en   establecimiento   carcelario.  (Folio 10 carpeta 1)   

2.  La  defensa  interpuso  el  recurso  de  apelación  contra  la medida de aseguramiento; sin embargo, un nuevo abogado de  confianza  de  BENAVIDES  CÁRDENAS  desistió  de la impugnación. (Folio 27 carpeta 1)   

3.  El 18 de julio de 2007, la Fiscal   Seccional  de Villeta presentó ante el Juez Penal del Circuito de dicha ciudad,  escrito  de acusación contra el implicado, por los mismos delitos que le fueron  imputados;  y  anexó  una relación de medios probatorios con la pretensión de  hacerlos  valer  en  el  juicio.  (Folio  45  carpeta  1)   

4.  La  audiencia  de  formulación  de  la  acusación  tuvo  lugar  el  30 de julio de 2007, en el Juzgado Único Penal del  Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento  de  Villeta;  no  hubo objeciones de  ninguna  especie y la diligencia se desarrolló normalmente en los términos del  artículo    339    del    Código    de   Procedimiento   Penal.   (Folio 61 carpeta 1)   

5. El día 31 de agosto de 2007, se efectuó  la  audiencia  preparatoria en las condiciones de los artículos 355 a 359 de la  Ley  906  de  2004;  la  Fiscalía  y  la defensa enunciaron la totalidad de las  pruebas  que  harían  valer  en  el  juicio  oral;  y  hubo  estipulaciones con  relación  a  la plena identidad del implicado y al registro civil de nacimiento  del menor occiso. (Folio 91 carpeta 1)   

6.  La audiencia de juicio oral se realizó  en los días 4 de octubre, 8 y 9 de noviembre de 2007.   

Al  fundamentar  su  teoría  del  caso, la  Fiscalía  sostuvo  que  el  implicado,  sin mediar advertencia alguna, decidió  disparar  contra los jóvenes que pretendían tomar unas naranjas, de la rama de  un  árbol  que  daba hacia la vía pública, y sin intentar siquiera ingresar a  la  finca  que  aquél  vigilaba;  y  que  pretendió engañar a las autoridades  entregando  una  escopeta  distinta  a la incriminada, lo cual fue detectado por  unidades  de  policía,  quienes  observaron  que la segunda arma no había sido  utilizada.  Así,  solicitó condena contra CONSTANTINO BENAVIDES CÁRDENAS, por  el    delito    homicidio   agravado   por tratarse de un motivo fútil.   

El representante de la víctima coadyuvó en  modo integral la postura de la Fiscalía.   

Por  su  parte,  la  defensa, adujo que los  hechos  debieron  ocurrir  entre  las  cinco y las cinco y cuarto de la mañana,  cuando  había  poca  visibilidad  y  por  la  influencia  de  los  arbustos que  impedían  una  percepción  libre;  sostuvo que era indiscutible la adecuación  típica     de     la     conducta     en     el    delito    de    homicidio,  pero  a  diferencia  de  la  Fiscalía,  aseguró  que  en  el  plano  subjetivo  se  trató  de una conducta  culposa,  ya que BENAVIDES  CÁRDENAS  accionó  el arma sin intención de matar, pues si la hubiese tenido,  podía  lesionar  a los otros menores que acompañaban al occiso; y explicó que  la  culpa  se  concreta  en  la  violación del deber objetivo de cuidado por no  haber  hecho  ninguna  advertencia a los menores antes de repelerlos con el arma  de fuego.   

7. Al culminar la audiencia de juicio oral,  el  Juez  de  conocimiento  anunció  el  sentido del fallo, condenatorio por el  delito    de    homicidio   agravado   por motivo fútil.   

8. El representante de la víctima promovió  incidente   de  reparación  integral.  Se  realizaron  audiencias  públicas  e  intentaron  las conciliaciones, que resultaron fallidas, y continuó el trámite  hasta   las   solicitudes  probatorias;  no  obstante,  el  mismo  interviniente  desistió  de  las  pretensiones  económicas  y  de  continuar  adelante con el  incidente,  dado que, según lo expresó, acudiría a la vía civil para efectos  de   la  indemnización  de  perjuicios.  (Folio  273  carpeta 1)   

9.  Entonces,  mediante sentencia del 12 de  diciembre  de  2007,  el  Juzgado  Único  Penal  del  Circuito con Funciones de  Conocimiento   de   Villeta  (Cundinamarca)  condenó  a  CONSTANTINO  BENAVIDES  CÁRDENAS    por    el    delito    de    homicidio  agravado,  por  la futilidad del móvil, a la pena de  treinta  y  tres  (33)  años  cuatro (4) meses de prisión, y adoptó las otras  determinaciones indicadas en la parte inicial de esta providencia.   

El           A-quo  señaló  que  se  trataba  de un  homicidio cometido con dolo  directo,  puesto  que el implicado observó a los menores en su actitud de coger  las  naranjas;  fue  hasta  la  casa  ubicada  en  la  misma finca, se hizo a la  escopeta,  regresó  hasta  un punto cercano al grupo de jóvenes ubicados en la  vía  pública y apuntó el arma para dispararles; estos lo vieron y se alejaron  o  arrojaron  al  suelo, con tan mala suerte que Diego Alejandro Barrero Ávila,  no  alcanzó  más  que  a  girar  su  cuerpo,  lo  cual explica que sólo fuera  impactado   por   un   perdigón,   que   el   perito   en  balística  denomina  “satélite”,  que  se  alejan  máximo quince centímetros de la perdigonada  mayor;  y  permite  entender  por  qué  el resto de muchachos hubiera resultado  ileso.   

Además,  debido  a que en lugar de prestar  ayuda    al    lesionado,    “consciente   de   su  ilicitud”  regresó  a  la  casa,  ocultó  el arma  utilizada y entregó una diferente a la policía.   

10.  La  defensa  interpuso  el  recurso de  apelación,   para   insistir   en   que   se   trataba   de   un   homicidio  culposo, por estas razones: i)  el    implicado    disparó    sin   la   debida   precaución   “hacia  la  parte  donde  había una multitud de sujetos”;  ii)  la  conducta  no  obedeció  a un motivo fútil, como el  supuesto  robo  de  una naranja, sino que se explica en un acto propio de cuidar  la  finca  ante la posibilidad de ser invadida; iii) si hubiere disparado con la  intención  de matar, hubiese lesionado a mas personas o la víctima resultaría  con    más   impactos;   y   iv)   todo   ocurrió   por   un   “perdigón  satélite” que no siguió el  curso  de  la  perdigonada  general, pues el tirador se ubicó en un sitio 2,5 o  3,0  metros  más  abajo  del  punto  donde  es  estaba  plantado  el  árbol de  naranjas.   

11. Al desatar la alzada, con fallo del 7 de  abril  de  2008,  el Tribunal Superior de Cundinamarca confirmó la sentencia de  primer  grado,  con  la  modificación consistente en declarar que se trataba de  homicidio, cometido en dolo  eventual,  sin  la circunstancia de agravación punitiva, ya que no se trató de  un motivo innoble o baladí.   

Descartó  que  se  tratara de un homicidio  culposo,   como  se  pretende,  entre  otros  factores,  por  la  existencia  de  perdigones  satélite,  ya que, de acuerdo con la experticia balística sobre la  escopeta  incriminada,  la  dispersión  de  esta  clase  de  postas  no era muy  significativa,  con  relación a la silueta de la figura humana utilizada en los  disparos  de medición o prueba; lo cual indica que al dirigir el disparo contra  las  personas  de  cuya  presencia  era  consciente,  previó  la posibilidad de  lesionarlos  y,  sin  embargo,  dejó  el  resultado  librado  al azar, en clara  indicación de un dolo eventual.   

Y  agregó  que  no  se trató de un motivo  fútil,  toda vez que en las específicas circunstancias del episodio delictivo,  no  se  verifica  que  el  implicado disparó sólo para evitar el hurto de unas  naranjas,  sino  por  “su deseo de proteger la finca  que  cuidaba  a  ultranza,  ante un temor infundado sobre un presunto ingreso al  predio  de  las  personas  que  avistó, lo cual descarta la concurrencia de una  acción  defensiva  legítima,  ante  un  peligro  real  y  efectivo”.   

11.   Inconforme  con  la  determinación  anterior,  el  defensor  del  implicado  interpuso  el recurso extraordinario de  casación, cuya admisibilidad se analiza.   

LA  DEMANDA   

Tres   cargos   postula  el  defensor  de  CONSTANTINO  BENAVIDES  CÁRDENAS  contra  el  fallo  del  Tribunal  Superior de  Cundinamarca,   con  fundamento  en  las  causales  de  casación  previstas  en  artículo 181 de la Ley 906 de 2004.   

Antes  de ingresar a la formulación de las  censuras,  presenta  una  detallada  reseña  de la actuación procesal, hace un  resumen  de  las  pruebas  practicadas  para  destacar los aspectos relevantes y  alude a los fundamentos del fallo que estima centrales.   

PRIMER  CARGO: Nulidad por vulneración del  derecho a la defensa   

En  el  marco  de  la  causal  segunda  de  casación    (artículo    181,    Ley    906    de  2004), que aplica cuando se  vulneran    derechos   o   prerrogativas   fundamentales   por   “desconocimiento  del  debido  proceso por afectación sustancial de  su  estructura  o  de la garantía debida a cualquiera de las partes”,  el  libelista  sostiene  que el fallo se emitió en un juicio  viciado  por nulidad, dado que, en la práctica, BENAVIDES CÁRDENAS careció de  defensa técnica.   

Sustenta   la  censura  de  la  siguiente  manera:   

-. Si bien, a lo largo de toda la actuación  procesal  figuró  un  abogado  como  defensor  del  implicado, la presencia del  profesional  del  derecho  fue  nominal,  pues  “no  realizó  actos positivos de gestión en procura de demostrar las circunstancias  y    pruebas    que   eximiera   o   atenuara   su   responsabilidad.”   

-.  Hubo  descuido  o negligencia y, por lo  tanto,     abandono     de    los    deberes    profesionales    “cuando  se  dejó  al  azar el resultado de la gestión encomendada  haciendo     nugatoria     la     actividad     de     la    defensa”.   

-.  La  inasistencia  se reflejó en: i) la  ausencia  total  de  petición de pruebas favorables al implicado; ii) pasividad  frente  a los medios presentados por la Fiscalía; iii) suministro de una prueba  perjudicial  para  los  intereses  de  BENAVIDES  CÁRDENAS;  iv)  la hipótesis  defensiva,  según  la cual se trataba de un homicidio  culposo,  no  consultó la realidad fáctica; y v) la  no presentación de otras alternativas a favor de aquél.   

-. Equivocadamente presentó como experto un  arquitecto,  que  sin  conocimiento  del  tema  también  emitió  conceptos  de  balística   y   por   ello   “fue   rechazada  de  plano”.   

-.  El implicado tenía defectos visuales y  sobre   este   aspecto   influyente  no  allegó  el  resultado  de  la  pericia  médica.   

Por    lo    anterior    –concluye-  la defensa fue inapropiada  y  se  desconocieron  el artículo 29 de la Constitución Política y las normas  que reglamentan el debido proceso.   

Solicita  a la Corte declarar la nulidad de  las  diligencias,  a  partir  de la formulación de imputación, “desde   la   cual   ha   debido  la  defensa  actuar  a  favor  del  acusado”.   

SEGUNDO CARGO: Falso raciocinio  

El  libelista  asegura que es procedente la  causal  tercera  de  casación (artículo 181, Ley 906  de   2004),   que  consiste  en  el  “manifiesto   desconocimiento   de   las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la prueba sobre la cual se ha fundado la sentencia”,  debido  a  que  el  Tribunal Superior de cundinamarca razonó  equivocadamente sobre el acopio probatorio.   

Ciertamente -dice el censor- la madrugada de  los  hechos se encontraba CONSTANTINO BENAVIDES CÁRDENAS, como siempre, durante  32  años,  vigilando  el  predio  urbano  de  la familia Camacho Torres, cuando  intempestivamente  se  presentó  “el grupo de los 5  adolescentes,  quienes después de haber llegado al municipio de La Vega el día  anterior,  en  plan  de  aventura  y  haber pasado un día de preocupaciones por  falta  de  dinero para comida, una noche de vigilia por falta de abrigo y por la  intemperie,  pendientes  de  las  bicicletas  y el regreso sin dinero nuevamente  hacia  la  capital, se acercaron al predio con el propósito de coger una o unas  naranjas  para  saciar  el  hambre, para lo cual utilizaron un palo y estando en  esta  labor,  se  presenta  el  episodio  del disparo por parte del acusado, que  lleva al desenlace fatal ya conocido.”   

El Juez de primera instancia entendió que  se  trataba  de un motivo fútil, pero tal deducción es errada porque BENAVIDES  CÁRDENAS  no  tenía  por  qué saber, a esa hora de la madrugada, que sólo se  trataba  de  un  grupo  de  menores  tratando  de  tomar unas naranjas, pues él  “reacciona equivocadamente al pensar en una amenaza  potencial  de  ingreso  al  predio  del  grupo  en una hora no acostumbrada y de  manera sorpresiva”.   

Una vez el implicado, quien tenía 67 años  de  edad,  se  percató  de  la  presencia de las personas en la “semioscuridad”,  fue  hasta  su casa a  recoger  la  escopeta  y  disparó en forma presurosa e impensada, sin medir las  consecuencias de su acto impulsivo.   

En  criterio  del censor, en su intelecto,  CONSTANTINO  no se representó unos adolescentes tras unas frutas, sino un grupo  de  extraños  tratando  de  ingresar  furtivamente  a  la finca “y    desconocía    que    tenían    hambre    y   sed”,  en un ambiente en que todo confabuló, pues era de madrugada,  estaba  medio  oscuro,  aquél tiene problemas de visión y entre el sitio donde  él  estaba  y  el  árbol  de  naranjas  se  interponían  otros  arbustos  que  obstaculizaban aún más la percepción.   

Para  el  libelista, CONSTANTINO BENAVIDES  CÁRDENAS       incurrió       en       error      invencible      –de prohibición- y por lo tanto no es  responsable,  según el numeral 10° del artículo 32 del Código Penal, Ley 599  de  2000,  pues  trató  de  repeler  lo que para él era un grupo de intrusos o  extraños,  que  intentó  penetrar a las dependencias inmediatas y estaba sobre  las inmediaciones del predio.   

Sostiene  el  demandante  que  el Tribunal  Superior  incurrió  en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  al  dejar  de apreciar las pruebas en su  conjunto,  de  conformidad  con  los parámetros de la sana crítica, pues si se  hubiese  ceñido  a  ésta,  habría  concluido,  en  armonía  con  la regla de  experiencia,  que  el  implicado  disparó  movido  por el error de prohibición  generado por las circunstancias del particular suceso.   

Solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo  impugnado  y  en  su  lugar  declarar  que respecto de BENAVIDES CÁRDENAS tiene  cabida    el   error   de   prohibición   invencible,   como   causal   de   no  responsabilidad.   

TERCER CARGO: Falso raciocinio  

De  igual  manera,  invocando  la  causal  tercera  de  casación  (artículo  181,  Ley  906 de  2004), por defectos en la apreciación de las pruebas  que  cimentaron  la  sentencia,  el  censor  afirma  que el Tribunal Superior no  observó  que CONSTANTINO BENAVIDES CÁRDENAS desplegó una acción preterintencional,   al   producir   un  resultado mayor al que eventualmente se representó.   

Recuerda que el disparo se efectuó con una  escopeta  de  carga  múltiple,  que pueden tener hasta 400 perdigones, pero fue  uno  solo  de  éstos,  llamado  por  el  perito  en balística, “perdigón  satélite”, el que ingresó  por  el  cuello  del  menor  y  le causo la muerte; toda vez que, contrario a lo  debatido   en   el  juicio  oral,  el  arma  se  accionó  en  sentido  vertical  –no  horizontal  con  la  boca  de  fuego  dirigida  hacia la víctima- y fue una sola munición la que se  desvió hasta donde se encontraba el menor lesionado.   

“Aceptando  que  hipotéticamente  haya  disparado  contra  el  grupo,  lo  hizo hacia una altura muy superior a la de la  estatura  promedio  del  grupo  de  jóvenes,  haciendo  que  los  perdigones se  perdieran   a  gran  altura”,  con  excepción  del  “satélite”,   que,  según  el perito, son aquellas postas que no siguen concéntricamente el grueso  de la munición, sino que se aíslan o dispersan.   

Para  el  libelista, el yerro del Tribunal  Superior  se manifiesta en el desconocimiento de las reglas de la sana crítica,  en  especial  respecto  de la experticia balística, pues, vistas las posiciones  del  implicado  y  de  la víctima, no es cierto que BENAVIDES CÁRDENAS hubiese  disparado   específicamente   contra   Diego   Alejandro   Borrero  Ávila,  ni  directamente  contra el conjunto de muchachos, sino más hacia la parte superior  del    grupo    y    fue    un   solo   “perdigón  satélite”   el   que   generó   la  lesión  que  desencadenó la muerte.   

Aspira  a  que  la  Corte  case  el  fallo  impugnado  en  el  sentido  de declarar que la conducta de CONSTANTINO BENAVIDES  CÁRDENAS  se  adecua  en  el  tipo penal de homicidio  preterintencional.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  demanda  presentada por el defensor de  CONSTANTINO  BENAVIDES CÁRDENAS será inadmitida por las siguientes razones: i)  no  satisface los requisitos formales ni materiales establecidos en el artículo  184  del  Código  de  procedimiento  Penal,  Ley  906  de  2004; ii) la Sala de  Casación  Penal no advierte vulneración alguna de las garantías fundamentales  de  que  son  titulares  los intervinientes, que la Corte debiera proteger, así  fuere   oficiosamente,   en   los   términos  del  artículo  180  (fines      de      la     casación)  ibídem4,    y   del   artículo   29   (debido  proceso)  de la Constitución Política; y iii) no se  precisa  emitir un nuevo fallo de fondo, por lo cual no es necesario superar los  defectos   de  la  demanda  en  atención  a  los  fines  de  la  casación,  la  fundamentación  de  los cargos, la posición del impugnante dentro del proceso,  ni por la índole de la controversia planteada.   

1.  SOBRE  EL  PRIMER  CARGO.  Nulidad por  violación del derecho a la defensa   

El casacionista sostiene que se vulneró el  derecho  a  la  defensa   técnica, por la ineptitud general del abogado de  confianza   que   asistió   a  CONSTANTINO  BENAVIDES  CÁRDENAS,  en  las  dos  instancias,  dado que dicho profesional no desplegó actos de gestión positiva,  sino  que  lo  abandonó  a  su propia suerte y dejó que el azar determinara el  resultado  del  proceso, pues, además, no solicitó pruebas que beneficiaran al  implicado  y  no  ahondó  en  su  defecto  visual,  cuando  ello influyó en la  concreción  del  homicidio  que se le endilga.   

1.1  Se ha reiterado que la causal segunda  de  casación  prevista  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, contiene las  diversas  eventualidades  a  través  de  las  cuales  es  factible invalidar lo  actuado por vía de nulidad.   

Así,  en Sentencia del 24 de noviembre de  2005  (radicación  24323),  esta Sala de la Corte expresó:   

“8.2.  Causal  segunda  (artículo  181.2  de la Ley 906 de 2004), referida a los defectos sustanciales de garantía  o  de  estructura  aptos  para invalidar las actuaciones, lo cual implica que la  sentencia  se  haya  dictado  en  juicio  viciado,  con  la  prevención  que no  cualquier  irregularidad  conspira  contra  la  vigencia  del  proceso  pues  la  afectación  debe  ser  esencial  y  estar  vinculada  en  calidad de medio para  socavar  algún  derecho  fundamental  de  los  sujetos procesales, y si bien la  demanda  correspondiente  no  exige  formas  específicas  para su proposición,  sustentación  y desarrollo, tampoco es un escrito de libre factura porque igual  que  en  las  otras  causales,  debe ajustarse a ciertos parámetros lógicos de  modo  que  se  comprenda  con  claridad  y precisión los motivos de ataque, las  irregularidades   sustanciales  alegadas  y  la  manera  como  se  quebranta  la  estructura  del  proceso  o  se  afectan  las  garantías de los intervinientes.   

Los  motivos  que  generan esta causal son  específicos,  como lo señala el principio de taxatividad (art. 458), y son: la  nulidad  derivada de la prueba ilícita y la cláusula de exclusión (arts. 23 y  455);  la  nulidad  por  incompetencia  del  juez  (art. 456); y, la nulidad por  violación  a  garantías  fundamentales: derecho a la defensa y debido proceso,  en aspectos sustanciales (art. 457).”   

En  punto  de  esta  causal,  corresponde  también  al  recurrente  demostrar  que  la  irregularidad  cometida durante el  desarrollo  del proceso e inadvertida en el fallo incide de tal manera, que para  remediarla  no  queda  ninguna alternativa distinta a invalidar las diligencias;  y,  por  ello,  quien así alega debe indicar con precisión el momento procesal  al  que  han  de  retrotraerse las actuaciones, una vez excluidas las alcanzadas  por los vicios.   

2.2   Ha  sostenido  invariablemente  la  jurisprudencia  de  la Sala de Casación Penal que si la nulidad se vincula a la  violación  del  derecho  de  defensa,  porque  el  profesional  a cargo no hizo  adecuadamente  las  solicitudes probatorias, o no interpuso los recursos de ley,  o  desatendió  en  modo grave la labor asumida; o si la invalidez de lo actuado  radica  en  que  el  Juez  de  conocimiento  no decretó la práctica de algunas  pruebas   solicitadas   por   la  defensa  o  la  Fiscalía,  para  la  correcta  formulación  de la censura corresponde al demandante ocuparse de los siguientes  aspectos:   

-. Especificar cuáles son aquellos medios  probatorios    cuya    ausencia    extraña,   verbi  gratia   testimonios,   experticias,   inspecciones,  evidencias materiales, etc.   

-. Explicar razonadamente que tales medios  de  convicción  eran  procedentes,  por  estar  admitidos  en  la  legislación  procesal  penal;  conducentes, por relacionarse directamente con el objeto de la  investigación  o  del  juzgamiento; y factibles de practicar, puesto que ni los  abogados   defensores  ni  los  funcionarios  están  obligados  a  intentar  la  realización    de    lo    que    no    es    posible   lógica,   física   ni  jurídicamente.   

-.  En  cuanto  esté  a  su  alcance,  el  demandante  debe  aproximarse al contenido material de las pruebas supuestamente  omitidas,  para  brindar  a  la  Sala  la oportunidad de confrontar el aporte de  aquellos  elementos  de  convicción con las motivaciones del fallo y así poder  concluir  si  en  realidad  se  han  vulnerado  las garantías fundamentales del  procesado.   

-. Además, es preciso que el casacionista  discierna  acerca  de  la  manera cómo las pruebas dejadas de practicar tenían  capacidad  de incidir favorablemente en la situación del implicado, bien sea en  cuanto  al  grado  de  responsabilidad deducido, o frente a la sanción punitiva  que  le fue impuesta; o simplemente porque el conjunto probatorio que se echa de  menos  podría  desvirtuar  razonablemente  la  teoría  del  caso contraria, la  existencia  del  hecho  punible o acreditar circunstancias de beneficio frente a  la imputación que soporta.   

-. En cuanto a la trascendencia del vacío  dejado  por  la  prueba  cuya  práctica  se omitió, es preciso recordar que la  posibilidad   de   declarar  la  nulidad  no  deriva  del  medio  en  sí  mismo  considerado,  sino  de  su confrontación lógica con las que sí fueron tenidas  en  cuenta  por  el  sentenciador  como  soporte  del fallo, para a partir de su  contraste   evidenciar   que   las  extrañadas,  de  haberse   practicado,  derrumbarían  la  decisión, erigiéndose entonces como único remedio procesal  la  invalidación  de la actuación censurada a fin de que esos elementos que se  echan  de menos puedan ser tenidos en cuenta, después de restaurar la garantía  procesal quebrantada.   

-. Si el menoscabo del derecho a la defensa  por  la  inactividad  de  los abogados se hace consistir en no haber interpuesto  recursos  ordinarios  contra  las  providencias,  no es suficiente postular esta  frase  de manera genérica. Es indispensable que el demandante individualice las  decisiones  que  era  necesario  impugnar,  que  en  cada  caso  identifique los  argumentos  que  en su criterio podían rebatirse, y que exponga las razones por  las  cuáles la decisión adoptada tenía que ser sustancialmente más favorable  a los intereses que representa.   

6.  En  el  caso  de CONSTANTINO BENAVIDES  CÁRDENAS,  el  censor protesta genéricamente por la supuesta transgresión del  derecho  a  la  defensa,  manifestado  en  las  posibilidades  de  controvertir,  presentar  pruebas,  generar una teoría del caso e impugnar; pero no explica en  concreto,  de cara a la realidad procesal, por qué se obstaculizó ese derecho,  ni  informa si existieron maniobras impeditivas de la praxis defensiva. En lugar  de   una   argumentación  de  ese  talante,  se  dedica  de  manera  abierta  a  descalificar  el  desempeñó  del  abogado  en  quien el implicado depositó su  confianza,  especialmente,  porque  el  casacionista  cree  equivocado que dicho  profesional  se  hubiese  empeñado en sostener que se trató de un homicidio culposo.   

El  reproche  se  agota  en  resaltar  los  desatinos  que  atribuye  al  abogado  defensor  y se erige en un lamento porque  sólo  existían  pruebas  contra  los  intereses del implicado. Sin embargo, el  casacionista   no  indicó  cuáles  medios  probatorios  podían  morigerar  la  situación  de  BENAVIDES  CÁRDENAS,  ni específicamente, cuáles pruebas eran  imprescindibles,  ni la manera como éstas, de haberse practicado, dejarían sin  piso   las   reflexiones   del   Ad-quem vertidas en el fallo condenatorio.   

En  lugar  de  discurrir  en  el  anterior  sentido,   el  libelista  se   da   a   la   tarea  de  despreciar     cada  actuación  del   anterior  defensor,    como    si    hubiesen        sido       por       completo       disparatadas;  y  llega  incluso  a sostener que el  implicado  quedó  abandonado a su propia suerte; todo  con  el  simple  relato de las situaciones  que  estima irregulares, o que hubiesen podido adelantarse de una  mejor  manera  –desde su  punto   de   vista-,  pero  todo  a  través  de  meros  enunciados  que  distan  notoriamente de la lógica del recurso extraordinario.   

Se  queja  por  la  supuesta actitud pasiva  del     defensor,   pero  dejó  de  explicar  el  alcance  de  alguna  prueba importante que no hubiese  sido   practicada  por  incuria  de  aquél; no identificó las providencias que  era  necesario  impugnar, ni expuso los aspectos en que debieron cuestionarse; y  nada      dice     acerca     de     los              recursos       que      sí      se  interpusieron  contra  lo  decidido  por  el  Juez de  conocimiento,  ni  de  la  supresión, lograda por el  defensor,    de    la    circunstancia    de    agravación   del   homicidio   por   la   futilidad   del  móvil.   

El  discurso se  orienta    a    asolar  al  antecesor, sin reparar  tampoco   en   las   particularidades   de   este   asunto,  donde  fue  el  análisis  conjunto  del  acopio  probatorio  –incluida   la   conducta  postdelictual  del  implicado-  lo que  permitió     al    Tribunal    Suprior  llegar  a la convicción, más allá de  toda     duda,    que  él       debía  responder  por  homicidio  simple.   

La  censura  se  explaya  en  una protesta  genérica  que,  pese a la redundancia sobre los mismos aspectos, con excepción  del  examen  médico  sobre  la  salud  visual  de  BENAVIDES CÁRDENAS, olvidó  señalar  en  concreto  cuáles  pruebas era preciso practicar, no informó a la  Corte  qué  se  hubiese  logrado  en  cada evento, ni expuso los motivos que lo  movían  a  pensar  que  la  ausencia  de  tales  medios, o de algunos recursos,  condujo indefectiblemente a la sentencia condenatoria.   

7. De ese modo,  en    vez  de demostrar la afectación grave del  derecho  constitucional  a  la  defensa, la queja del  censor    se   enfila   contra   la   estrategia   aplicada   por   el  abogado que representó         a         BENAVIDES    CÁRDENAS   durante   la  investigación, el juicio  oral y la impugnación contra la sentencia de primer  grado, inclusive.   

El  diferente  enfoque  profesional  del  asunto,  aunado  a la convicción personal del casacionista en el sentido que la  asistencia  técnica  pudo  haber  sido  mejor,  no  alcanza  la  entidad de una  verdadera  censura  que pueda admitirse en virtud del recurso extraordinario; de  suerte  que,  sin verificar que el implicado afrontó  solo  el  proceso,  en  condición  de  orfandad  o  indefensión  ostensible,  por  abandono  de  la  gestión  abogadil o ineptitud  manifiesta    de    quien   asumió   esa   labor5,  las  críticas  personales  hacia  la  gestión  de los colegas anteriores, no tienen entidad para sustentar  la  pretensión  de  invalidar  lo  actuado,  por  vulneración del derecho a la  defensa.   

Así las cosas, la censura por la supuesta  nulidad  originada  en  la  vulneración  del  derecho  a  la  defensa  no será  admitida.   

SOBRE    LOS    CARGOS    SEGUNDO    Y  TERCERO   

El  libelista  protesta  por  la  supuesta  incursión  en falsos raciocinios, debido a que el Tribunal Superior no detectó  que  BENAVIDES  CÁRDENAS  actuó movido por un error de prohibición invencible  (segunda censura), o que se  trató  de  un  homicidio  preterintencional  (tercer  reproche).   

2.1.  Como lo ha reiterado esta Sala de la  Corte,  el  recurso  de  casación  inherente  al  sistema acusatorio colombiano  regido  por  la  Ley  906  de  2004,  se  concibe  como un medio de impugnación  extraordinario,  inescindiblemente  vinculado  a  los  fines  constitucionales y  legales             del             mismo6. Entre esas finalidades de la  casación  se  encuentran la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes y la reparación de los agravios inferidos a  éstos.   

Por  tanto,  quien  interpone  el  recurso  extraordinario   no   sólo   debe  acreditar  el  interés  jurídico  procesal  (legitimidad,  oportunidad  y  procedencia  de la casación), sino que, además,  tiene  que  expresar  claramente  cuál  es  el  propósito que le asiste, en el  sentido  de  que  se restaure algún derecho fundamental vulnerado o se disponga  la  reparación  de  un  agravio  inferido y que no debía soportar, al punto de  tornar  inadmisible  la  demanda  cuando  los motivos invocados no demuestran la  vulneración o el agravio.   

2.2  En  la  revisión  detallada  de  los  registros  documentales,  escritos  y  fílmicos, se constata que el defensor de  BENAVIDES  CÁRDENAS  interpuso  el  recurso  de  apelación contra la sentencia  condenatoria  de  primera  instancia,  con  la  pretensión  exclusiva de que se  declarara  que  él  es  responsable  de  un homicidio  culposo.   

Por  lo  tanto,  el casacionista carece de  interés  jurídico  en  sede  extraordinaria  respecto  de los cargos segundo y  tercero,  destinados  a  pregonar  la  existencia  falencias  en  la estimación  probatoria,  por  cuyo  influjo,  supuestamente,  el  Tribunal  Superior  no  se  percató  de  que  el  implicado incurrió en un error  invencible  de  prohibición,  al  creer  que  podía  disparar  contra quienes amenazaban con ingresar a la finca; y/o que la conducta  debe       catalogarse       como       homicidio  preterintencional,  pues  el  disparo  se hizo sin la  intención  de  segar  la  vida  a  alguna  persona. Y se predica la ausencia de  interés  jurídico,  en  tanto  y  en  cuanto esos específicos temas no fueron  objeto  de  debate  cuando  se  apeló  la  condena decidida por el A-quo.   

2.3 El interés jurídico se manifiesta en  distintas  exigencias que deben acreditarse de manera convergente: de una parte,  legitimidad,  oportunidad  y  procedencia de la casación; y de otra, que exista  identidad  temática  entre  los  motivos  del  recurso  de apelación contra la  sentencia  de  primer  grado  y  los  motivos  por  los  cuales  se interpone la  casación.   

Con  el recurso de apelación se trató de  sacar  avante  la  tesis  según  la cual el implicado incurrió en homicidio    culposo,   en   lugar   de  doloso  agravado por motivo  fútil.   El   Tribunal  Superior  confirmó  la  adecuación  al  tipo  de homicidio doloso y retiró la  circunstancia  de  agravación  punitiva;  no empece, los cargos en casación se  hacen  consistir  en  que  de las pruebas podía inferirse un actuar determinado  por   error  invencible  de  prohibición,  o  bien, el despliegue de una conducta  preterintencional.   

Se   afirma,  en  consecuencia,  que  la  libelista  carece  de  interés jurídico frente a los dos últimos reproches en  que  hace consistir su recurso extraordinario, debido a que el Tribunal Superior  de  Cundinamarca  no  tuvo  la  necesidad  ni  la  oportunidad  de estudiar esos  tópicos,  porque no fueron sometidos a su consideración en la alzada contra la  sentencia  condenatoria  de  primera  instancia;  pues  esta impugnación versó  únicamente  sobre  la  culpa como título de atribución o componente subjetivo  del  homicidio cometido por  BENAVIDES CÁRDENAS.   

La  ausencia  de  interés jurídico en el  libelista  se  palpa una vez más, si se observa que trae a sede de casación el  fallo  proferido  por  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  que no tuvo la  oportunidad  de  abordar  el estudio de los nuevos aspectos que se proponen como  algo  ex novo en el recurso  extraordinario.   

2.4  En  sentencia del 11 de abril de 2007  (radicación  26297  -sistema acusatorio), la Sala de Casación Penal señaló:   

“La  jurisprudencia  de  la Sala vertida en plurales autos y sentencias, en torno del  interés    jurídico    para    demandar   en   casación   ha   reiterado   lo  siguiente:   

–  Carece  de  interés  jurídico  para  recurrir  en  casación  el  procesado  que, teniendo la oportunidad, no hubiere  apelado  la  sentencia condenatoria de primera instancia, puesto que tal actitud  comporta la aceptación del contenido material del fallo.   

Se  parte  del  supuesto  que el procesado  efectivamente  tuvo  la  oportunidad  de apelar y se le garantizó este derecho,  situación  que  no  ocurre,  por  ejemplo,  cuando  no  ha  contado con defensa  técnica,   o   cuando   la   notificación   es   inexistente   o  abiertamente  irregular.   

-.  El  silencio de los sujetos procesales  que  han  tenido  la oportunidad de apelar, materializado en no ejercitar dentro  del  término  legal  ese  derecho,  o  en  impugnar  sólo por algunos motivos,  comporta  la  correlativa  aceptación de lo decidido por el Juez, en todo, o en  los puntos no cuestionados.   

Si ello ocurre, el principio de preclusión  de  los  actos procesales concatenados que conforman la unidad lógico jurídica  del  proceso  penal,  impide que por fuera de la oportunidad que confiere la ley  se  intente  censurar lo decidido por el Juez. Admitir lo contrario sería tanto  como  atentar  contra  el principio de la seguridad jurídica y, en determinadas  condiciones, contra la inamovilidad de las decisiones de mérito.   

-.  Debe  existir  identidad temática, de  materia,  conceptual  o  sustancial entre los motivos de disenso que se ponen en  conocimiento  del  Tribunal  Superior a través del recurso de apelación, y los  cargos   que   más   tarde   se   someten  a  consideración  de  la  Corte  en  casación.   

No se trata de que exista plena identidad,  repetición   textual,   ni   correspondencia   exegética   producto   de   una  confrontación  puramente  formal  entre  la  apelación y la casación, pues la  naturaleza  de  la  apelación  contra  la sentencia de primera instancia muchas  veces   la  impediría;  sino  de  que  sea  verificable  que  la  alzada  y  la  impugnación  extraordinaria  tienen identidad sustancial en lo fáctico y en lo  jurídico,     aunque     pudiesen     presentar     enfoques    o    argumentos  distintos.   

La  anterior  línea  jurisprudencial, que  ahora   se   reitera,   puede  confrontarse,  entre  otras,  en  las  siguientes  sentencias:  16  de  julio  de 2001 (radicación 15488), 12 de diciembre de 2002  (radicación  17176), 27 de agosto de 2003 (radicación 16198) y 28 de noviembre  de  2005  (Radicación  19840).  De  igual manera, en los siguientes autos: 8 de  septiembre  de 2004 (radicación 12584), 13 de abril de 2005 (radicación 22947)  y     21     de     marzo     de     2006    (radicación    24686).”   

2.5 En el asunto que se examina es evidente  la  carencia  de  interés  jurídico,  dado  que,  el  defensor  de CONSTANTINO  BENAVIDES  CÁRDENAS  -quien por demás fue un profesional distinto al que acude  a  sede  extraordinaria-  contó  con  la  posibilidad  real  de  apelar por los  diversos  motivos  que hubiese estimado pertinentes el sustrato probatorio de la  sentencia  de  primera  instancia;  y,  sin  embargo,  no  lo  hizo,  pues en la  audiencia  de  argumentación  a  la  que  compareció, dirigió su reproche con  exclusividad   a   lo   concerniente   al   homicidio  culposo.   

Nótese  que  no  se trata de censuras por  violación  directa  de la  ley  sustancial,  pues  en esta hipótesis, se parte por aceptar los hechos y la  valoración  probatoria efectuada en las instancias; para plantear en el recurso  extraordinario  una  discusión de estricto orden jurídico, que recae sobre las  normas  que  circundan el caso, porque no se tuvieron en cuenta, por aplicación  indebida o por interpretación errónea.   

En la demanda que se examina, en cambio, en  la   senda  de  la  violación  indirecta,  el  casacionista  argumenta  con  base  en  su  propia manera de  interpretar   los   acontecimientos  y  el  acopio  probatorio,  hasta  hacerlos  coincidir  con las conclusiones que pretende son las correctas, sin importar que  el  Tribunal  Superior  no fue invitado a la construcción dialéctica de alguna  de  de  aquellas  soluciones  alternativas  (error de  prohibición  – homicidio preterintencional) esbozadas  sólo ante la Corte Suprema de Justicia.   

Las anteriores glosas son suficientes para  inadmitir  los  cargos segundo y tercero, sin que sea necesario adentrarse en la  calificación    de    los    otros    aspectos    lógico-jurídicos   de   las  mismas.   

En  síntesis,  el  análisis del presente  asunto  a la luz de los fines constitucionales y legales de la casación permite  concluir  que  el libelo no puede admitirse, al no satisfacer las exigencias que  reclama  el  artículo 184 del Código de Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004 y  por  no  ser preciso que la Corte intervenga oficiosamente, ya que no se observa  la  vulneración de ninguna garantía fundamental y tampoco se requiere un nuevo  fallo    para   desarrollar   la   jurisprudencia   sobre   temas   de   derecho  controvertido.   

EL   MECANISMO   DE  INSISTENCIA   

De  conformidad con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   contra   el   presente  auto  procede  el  mecanismo  especial  de insistencia, cuyo  trámite  no fue desarrollado en la legislación procesal penal. No obstante, la  Sala    ha   definido   las   reglas   que   habrán   de   seguirse   para   su  aplicación7, como a continuación se precisa:   

1. La insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide  inadmitir  o  no  seleccionar  la  demanda  de  casación, con el fin de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También  podrá ser provocado  oficiosamente,  en el mismo término, por alguno de los Delegados del Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal,  a  menos  que  el recurso no hubiera sido  interpuesto  por el Procurador Judicial, el Magistrado disidente o el Magistrado  que  no  haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

2.  La  solicitud  de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal,  salvo  que  el  Procurador Judicial Delegado ante el Tribunal  Superior  fuese el casacionista; o ante uno de los Magistrados que hayan salvado  voto  en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda o ante uno de  los Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

3. Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se formula la insistencia optar por someter el asunto a consideración de  la  Sala  o  no presentarlo para su revisión. En este último evento informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

4.  El auto a través del cual se indamite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda     de     casación     presentada    a    nombre    de    CONSTANTINO             BENAVIDES             CÁRDENAS.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto en el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es facultad de  los         demandantes  elevar  petición de insistencia, según lo indicado en la parte  motiva de este auto.   

Cópiese,   notifíquese, devuélvase al Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                                         ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                         AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

       Comisión de servicio   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Comisión de servicio  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  No  hubo  condena  por  concepto  de  indemnización  de  perjuicios  materiales  ni  morales,  debido  a  que  la  víctima,  a  través  de  su apoderado, renunció  expresamente a estas pretensiones.   

2  Se  refiere   a   las   cinco   de  la  madrugada  y  no  a  las  cero  horas  cinco  minutos.   

3 Sus  edades oscilaban entre trece y dieciséis años.   

4  El  artículo  180  del Código de Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004, señala que  la  casación  tiene  por  finalidades  la  efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos a éstos, y la unificación de la jurisprudencia.   

5  La  Ley  1123  de  2007,  por  la  cual  se establece el  Código  Disciplinario del Abogado, en el artículo 34  letra   i)   establece   que   constituye  falta  de  lealtad  con  el  cliente:  “Aceptar  cualquier  encargo  profesional  para el  cual  no  se  encuentre  capacitado,  o  que  no pueda atender diligentemente en  razón      del      exceso     de     compromisos     profesionales.”   

6 Sala  de   Casación   Penal.   Auto   del   12  de  diciembre  de  2005.  Radicación  24193.   

7  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal. Auto del 15 de diciembre de  2005. Radicación 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *