30177(29-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30177  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                 Magistrado  Ponente   

                                               JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

                                               Aprobado Acta  No. 207   

Bogotá D.C., veintinueve (29) de julio de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  GONZALO ALBERTO LOZADA  CASTAÑO,  contra  el  fallo de 6 de marzo de 2008, mediante el cual el Tribunal  Superior  de  Ibagué,  confirmó  la sentencia anticipada de primera instancia,  dictada  el  18  de  julio de 2007 por el Juzgado Sexto Penal del Circuito de la  misma  ciudad,  que lo condenó a  la pena principal de cuarenta y dos (42)  meses  de  prisión; multa de setecientos catorce mil  ($714.000.oo) pesos,  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas  por  un  periodo  igual  al  de  la  pena  principal,  le  negó  el  subrogado de la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria,  como  autor  del  delito  de  tráfico, fabricación o  porte de estupefacientes.   

HECHOS  

A  eso  de  las  10:30 de la mañana, el 6 de  diciembre  de  2006,  la Patrulla de Policía de Menores se dirigió al inmueble  ubicado  en  la  calle 17 No. 12-20 de Ibagué, para indagar sobre los hechos de  la  querella  formulada  por  presunto  abuso  sexual1    y    distribución    de  estupefacientes  mediante  la  utilización  de  menores.  Al notar la presencia  policial,  GONZALO  ALBERTO  LOZADA  CASTAÑO  emprendió  la  huída,  pero fue  capturado  portando  en  sus  manos  una  bolsa  plástica  de color blanco, que  contenía  210  gramos  netos  de  sustancia  vegetal  marihuana;  otra, a rayas  blancas  y verdes se le cayó durante la persecución policial, donde llevaba 23  papeletas  con  cocaína  y  sus  derivados  con  un  peso  neto  de 3.1 gramos.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1. Con base en el informe del Departamento de  Policía  del  Tolima,  el  7  de  diciembre  de  2006,  la Fiscalía dispuso la  apertura           de           instrucción2  y  ordenó  la  vinculación  mediante indagatoria de GONZALO ALBERTO LOZADA CASTAÑO.   

2.  En  la  misma  fecha,  se  escuchó  en  indagatoria   a   GONZALO  ALBERTO  LOZADA  CASTAÑO3,   diligencia   donde  se  le  interrogó  ampliamente  por  el  delito  de  tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes.   

3.  En  interlocutorio  de  8  de febrero de  20074,  se  le  definió  la  situación  Jurídica  con  abstención  de  imposición  de medida de aseguramiento y se le concedió la libertad inmediata,  al  aplicar  la  Fiscalía  por favorabilidad, los artículos 313, numeral 2° y  315     de     la     Ley     906     de     20045.   

          4.  Cerrada  la instrucción, mediante Resolución de 28 de marzo de  20076,  se calificó el mérito del sumario y se acusó a GONZALO ALBERTO  LOZADA    CASTAÑO    como   presunto   autor   del   delito   de   tráfico,   fabricación   o  porte  de  estupefacientes.   

5. En firme el pliego de cargos, el implicado  GONZALO  ALBERTO  LOZADA  CASTAÑO coadyuvado por su defensor, el 12 de abril de  2007,  presentó  escrito donde manifiesta su voluntad para acogerse a sentencia  anticipada7.   

6.  Remitido  el expediente al Juzgado Sexto  Penal   del   Circuito   de   Ibagué,   el  27  de  junio  de  20078  se  llevó  a  cabo  la  diligencia  de  formulación  y  aceptación  de cargos para sentencia  anticipada,  donde  GONZALO  ALBERTO  LOZADA  CASTAÑO,  asistido  por  el mismo  abogado,  aceptó  los cargos contenidos en la resolución de acusación, que le  fueron  leídos,  y el 18 de julio de 2007, profirió sentencia en los términos  que ya fueron reseñados.   

7.  Inconforme con la decisión, el defensor  del  implicado,  interpuso  el  recurso de apelación, donde controvierte: i) la  cantidad  de sustancia incautada, ii) el comportamiento deducido en la sentencia  a  GONZALO  ALBERTO  LOZADA  CASTAÑO  como  portador de la sustancia, y iii) la  concesión       de       la      “libertad provisional”.   

8. En fallo de 6 de marzo de 2008 el Tribunal  Superior    de    Ibagué,    la   confirmó,   al   considerarla   ajustada   a  derecho.   

9.   Por   disentir   con   la   anterior  determinación,  el  apoderado  del procesado GONZALO ALBERTO LOZADA CASTAÑO la  impugnó  y  en  esta oportunidad, la Sala califica el aspecto formal del libelo  casacional presentado.   

LA DEMANDA  

Un  cargo  propone  el  defensor  de GONZALO  ALBERTO  LOZADA  CASTAÑO  contra la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué,  amparado    en    la    causal    primera    contenida    en   el   “artículo  607  (sic)  de la ley 600 de 2000 porque la sentencia  objeto  del  recurso  viola  el  artículo  Noveno  de  la  Ley  600  y 29 de la  Constitución   Nacional  normas  estas  que  establecen  en  materia  penal  la  prohibición  de  vulnerar el debido proceso en todas sus actuaciones y aquí se  vulneró el debido proceso.”   

Expone   como  motivos  de  casación  los  siguientes:   

–  La  Fiscalía  concedió  la  libertad al  procesado  al  aplicar la ley más favorable, respecto de quien no se demostró,  que realizaba actividades de distribución de estupefacientes.   

–  El  implicado  GONZALO  ALBERTO  LOZADA  CASTAÑO  es  consumidor  de  sustancias alucinógenas e inimputable, condición  que   se   encuentra   acreditada   en   el   informe   del   CTI   “sobre        su        prontuario       delictivo”.   

–  El  Instituto de Medicina Legal, el ISS y  los   siquiatras   “APONTE   y   FERNANDO   GUZMAN  (sic)”,  dictaminaron  que  GONZALO  ALBERTO  es una  persona sugestionable, por tanto, alguien lo pudo engañar.   

–  En  el año 2007, la Junta de Invalidez y  los   médicos   siquiatras  del  Hospital  Federico  Lleras,  establecieron  su  incapacidad   mental,  lo  calificaron  como  esquizofrénico  y  lo  declararon  “no  apto para trabajar”  además de otros trastornos de comportamiento.   

–  El  artículo  20  de  la Ley 600 de 2000  impone   la  obligación  al  funcionario  judicial  para  investigar  tanto  lo  favorable  como  lo  desfavorable a los intereses del imputado, el artículo 235  del  mismo  ordenamiento, establece el deber en la búsqueda de la verdad real y  “en  estas  dos  normas  encuentra  su  fundamento  constitucional   el artículo 29…”  que  dispone  el  debido  proceso  a  toda  clase  de  actuaciones  judiciales y administrativas.   

–  La  violación  se  presenta,  cuando  la  fiscalía  y  los  jueces  de instancia “teniendo la  obligación  de  averiguar  si  el  punible  imputado  por la policía a GONZALO  ALBERTO  LOZADA  CASTAÑO  estaba  respaldado por hechos ciertos o no, que (sic)  procedimientos  se  habían tomado al respecto, que (sic) aspectos favorables al  sindicado,  hoy  sentenciado,  se  podrán  tener en cuenta mas no se tomaron el  trabajo  de  enviarlo  al  médico  legista  o  al  psiquiatra  forense para que  determinara      si     tenía     que     tomar     periódicamente” medicamentos de alto costo que no pudo  comprar,  circunstancia  que  lo  condujo  al consumo de bazuco y marihuana para  reemplazarlas,    pues    de    lo   contrario,   no   habría   realizado   ese  comportamiento.   

–  No  hubo preocupación de las autoridades  para  llegar a la verdad real, por tanto, si hubieran investigado estos aspectos  favorables  a LOZADA “no podría haber condena en su  contra.”   

–  En  “todo el  transcurso  de  la  instrucción  y el juicio se le da toda la credibilidad a lo  expuesto  por  la  policía…  pero  en  forma inexplicable no van al fondo del  asunto”,  sin  darle  crédito  a  los descargos del  implicado sobre su inimputabilidad.   

Solicita  se  case la sentencia del Tribunal  Superior  de  Ibagué  y  “en  su  lugar  REVOCARLA  profiriendo pronunciamiento favorable al condenado.”   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  demanda  presentada  por  el defensor de  GONZALO   ALBERTO   LOZADA   CASTAÑO   no  satisface  los  requisitos  formales  establecidos  en  el  artículo  212 de la Ley 600 de 2000. Debido a ello, será  inadmitida.   

1.  Dado  que  el  recurso extraordinario de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad   que  puede  ser  decretada  oficiosamente  en  aras  de  proteger  las  garantías fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye  una  especie de  tercera  instancia;  no  consiste en someter a un nuevo juicio a los procesados,  ni  en  sede  de  casación puede postularse un debate probatorio generalizado y  sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le  es inherente, pues el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino como una excepcional vía de llevar a conocimiento del máximo  tribunal  de  la  jurisdicción ordinaria el fallo proferido por el Ad-quem,  por  las  causales taxativamente  señaladas  en  la  ley,  que  hubiesen sido seleccionadas y desarrolladas en la  demanda.   

Por ello, el recurso de casación se concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner fin a la  violación  de  la  Constitución Política, del bloque  de  constitucionalidad  en  lo pertinente y de la ley,  ocurrido  en  la  sentencia  de  segunda  instancia,  por errores de juicio o de  actividad,  y  como  tal comporta la elaboración de un juicio lógico jurídico  sobre  la  sentencia  misma,  siguiendo  el  derrotero  trazado  en las causales  invocadas.   

No  se  trata  de  exigirle al libelista que  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  de  la  utilización  de  la  terminología  acuñada  por la  doctrina  y la jurisprudencia para designar las distintas especies de errores en  la  estimación  probatoria.  Sin  embargo, el casacionista debe discurrir de un  modo  claro, lógico, y profundo, hasta demostrar que el fallo presenta defectos  protuberantes  en  su  estructura  jurídica,  de  tal suerte que no es factible  mantener su vigencia.   

2.  Uno  de  los requisitos esenciales de la  impugnación  consiste en la acreditación del interés jurídico para recurrir,  el  cual,  para  el  procesado  y  su  defensor,  en tratándose de la sentencia  anticipada,  está  restringido  a  los casos contemplados en el inciso 10° del  artículo  40  del Código de Procedimiento Penal (Ley  600  de  2000),  así: (i) respecto de la dosificación  de  la  pena;  (ii)  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena privativa de la  libertad;  y,  (iii)  de  la extinción de dominio sobre bienes; además, por la  defensa de las garantías fundamentales.   

3. Como lo ha reiterado la jurisprudencia de  esta  Sala,  la  sentencia  anticipada participa de la naturaleza de la justicia  consensuada  y a su vez forma parte del denominado derecho premial, donde  previa  solicitud a la Fiscalía,  el  implicado  manifiesta  consciente,  espontánea  y libremente su voluntad de  aceptar    los    cargos    formulados    por    el  instructor;  y  a cambio de ello, en compensación al  “ahorro  de  instancia”  generado por   el  sometimiento  a  la  justicia,  recibe  como  beneficio  una  sustancial  rebaja  de la pena a imponerle.   

4.  Una  de las consecuencias de aquel sometimiento premiado,  es  la  irretractabilidad,   como   también   lo   ha  dicho  la  Corte9.  En  efecto,  la aceptación  consciente  y  voluntaria  de  la responsabilidad penal se rige por este  principio,  en  virtud  del  cual,  proferida  la  sentencia  anticipada,  el  procesado  y  su defensor renuncian a  controvertir la prueba y el contenido de la acusación.   

Ello  implica  que, descartados los motivos  que    eventualmente    darían    lugar    a   la   impugnación   (dosificación  de  la  pena,  mecanismos  sustitutivos  de la pena  privativa  de  la  liberta y  extinción  de  dominio  sobre bienes), dichos sujetos  procesales  carecen  de  interés  jurídico para interponer los recursos de ley  contra el fallo.   

5.    Así,  en  el  caso  sometido  a  examen,  el  abogado de GONZALO ALBERTO LOZADA  CASTAÑO              aspira,  se  case el  fallo  aduciendo vulneración del debido proceso, con  base   en  circunstancias  que  formaron  parte  de  la  aceptación  de  cargos  voluntaria,   consciente   y  profesionalmente  asistida,  aunado  a  un  debate  probatorio   preclusivo,  propio  del  instituto  del  allanamiento a      cargos      para     sentencia  anticipada.  Pretende         revivir        la  discusión,  luego  de  no  sentirse    satisfecho    por    las   decisiones      producidas en las instancias.   

El  libelista  en  la  demanda presenta una  controversia  eminentemente  probatoria,  pues soporta el debate sobre los temas  de:  i)  la  deducción  de  los hechos por el Tribunal, ii) la forma como se le  reprochó  en  el  fallo  la conducta ejecutada por LOZANO CASTAÑO -consumidor   y/o   distribuidor   de   estupefacientes-,    y  iii)  la  inactividad  probatoria  para establecer su  inimputabilidad,   llevada   al   plano   de  la  violación  del  principio  de  investigación integral.   

Estos   argumentos,  no  se  enmarcan  en  ninguno     de     los     casos     contemplados        en  el  inciso  10° del artículo 40 del estatuto instrumental, como  susceptibles    para    la   procedencia  de  los  recursos  de  ley contra la sentencia anticipada, motivo  suficiente,  para que en el trámite del recurso extraordinario de casación, el  impugnante    carezca    de    interés para recurrir.   

En  ese mismo sentido, una controversia con  perspectivas    probatorias,   inobserva  el  principio de irretractabilidad, al pretender controvertir los  medios  de  convicción que de manera consciente y voluntaria ya había admitido  GONZALO   ALBERTO   LOZADA   CASTAÑO,  cuando  aceptó  su  responsabilidad  penal  con fines de sentencia  anticipada,  allanamiento  que  conlleva,  la renuncia a discutir la prueba y el  contenido  de  la acusación, máxime, cuando el abogado recurrente fue el mismo  profesional  que  coadyuvó la solicitud de formulación de cargos y asistió al  implicado en la aceptación de los mismos.   

6. En el marco de  la        Ley        600        de        200010, exceptúa la anterior regla  la  postulación  de  algún  motivo  de nulidad, por afectación sustancial del  debido     proceso    o    de    las    garantías  fundamentales.  De  este  modo,  cuando  de  nulidad  se  trate,  es  factible  impugnar   inclusive   la   sentencia   anticipada  y,  en  particular,  podría  interponerse  el  recurso  extraordinario  debido  a  que la casación tiene por  fines  “la  efectividad  del derecho material y de  las  garantías  de  las  personas  que  intervienen  en la actuación penal, la  unificación  de  la  jurisprudencia  nacional  y  además la reparación de los  agravios   inferidos   a  las  partes  con  la  sentencia  demandada.”   

Sin  embargo,  aún  en  tratándose de la  causal    de    nulidad,    el    libelista   debe  acreditar  el  interés  jurídico  para  impugnar,  que     se    logra  identificando  en  concreto  cuál es el agravio  o  perjuicio  injustificado  que  su representado no debe  seguir    soportando,    y   que   son    producto    de    los   defectos  conspiradores  contra el  derecho     a     la     defensa     o     el     debido     proceso.   

Este  presupuesto       no       se      reúne  en  la demanda, pues  no  obstante  el  censor  anunciar  el  reproche por la causal  primera      de      casación,      en      el      desarrollo     lleva    el    ataque   hasta  la  trasgresión del   debido   proceso,  aunque  sin  ir más allá  del  simple  enunciado, pues  dedica  su esfuerzo a   la  elaboración  de  un  escrito  genérico,  inespecífico   y   de   controversia   probatoria,  abandonando  el  deber de presentar a la Sala, de ser  ése  su  querer, en qué consistió la vulneración  de    la    prerrogativa   esencial   y     su    trascendencia    en    el  fallo.  Por  tanto  y de  este  modo, resulta     inadmisible,     se    repite,    si  fuera  lo  pretendido, utilizar  la  causal  de  nulidad,  so  pretexto   de   la  vulneración  de  las  garantías  fundamentales,        para       obviar     el     principio     de  irretractabilidad, rector  en materia de sentencia anticipada.   

Por    estos   motivos,   el  libelo   casacional   será  inadmitido.   

7.   CASACIÓN  OFICIOSA   

Como  lo  precisó  esta  colegiatura  en la  Sentencia  de  12  de septiembre de 2007 (radicación  26967),  pese  a  que  se  inadmitirá  la demanda, es  factible  redosificar la pena, en reconocimiento de las garantías fundamentales  del  implicado,  a quien la norma Superior otorga el derecho a la favorabilidad,  sin   necesidad  de  disponer  el  traslado  al  Ministerio  Público  para  que  conceptúe al respecto.   

7.1 Aún cuando  el     tema    relativo    a    la    posibilidad  de  conceder  la  rebaja de hasta la mitad de la pena  por     allanamiento     a     cargos,  permitido  en  el  artículo  351  del Código de Procedimiento  Penal  (Ley 906 de 2004),  como    norma    más    beneficiosa,    respecto    de    quienes   se   sometieren   a   sentencia    anticipada   según   el  artículo  40  de  la Ley 600 de 2000, era descartado por la Sala mayoritaria de  Casación  Penal,  en  la  actualidad  tal  asunto  se observa desde una óptica  diferente,  porque  operó  un  cambio  de  jurisprudencia,  en  el  sentido  de  reconocer ahora, dicha posibilidad.   

La nueva postura jurisprudencial11,  luego  de  estudiar  las  diferentes  opciones,  se  inclinó por el reconocimiento de esta  garantía fundamental, entre otras, por las siguientes razones:   

“Ante  la  coexistencia  de  dos sistemas  jurídico-procesales  distintos  se  presentan  varias  inquietudes:  en  primer  lugar,  si  es  procedente  la  favorabilidad  en  la  simultaneidad  de  normas  procesales;  y,  en  segundo  lugar,  si  es  procedente  aplicar,  por  vía de  benignidad,  disposiciones de la ley 906 del 2004 a casos regidos por la ley 600  del 2000, siendo sus instituciones de tan diversa naturaleza.   

(…)  

En conclusión, como lo expuso el Ministerio  Público,  las  normas  que  regulan  la  reducción  de  la pena tienen efectos  sustantivos,  pues disciplinan la libertad personal del procesado. Por lo tanto,  el  inciso  primero  del  artículo 351 de la ley 906 del 2004, ab initio, puede  ser  aplicado retroactivamente a situaciones gobernadas por la ley 600 del 2000,  en virtud del postulado de la favorabilidad.   

(…)  

Según los artículos 206 de la ley 600 del  2000  y  180  de  la  ley 906 del 2004, la casación penal tiene como una de sus  finalidades  la unificación de la jurisprudencia nacional, entre otras razones,  para  garantizar  principios  como  los  de  igualdad y de previsibilidad de los  ciudadanos  frente  a  la  ley,  propósito  que  se erige en baluarte desde los  albores del recurso en Colombia.   

(…)  

En  el  caso  que  ocupa la atención de la  Sala,  resulta  más  cara  al  ser  humano  la  interpretación  que permite la  aplicación  retroactiva, por vía de favorabilidad, del artículo 351 del nuevo  Estatuto procesal.   

Reconoce   esta  decisión  que  en  esta  modalidad  de  Estado, pueden coexistir interpretaciones diversas sobre un mismo  punto  de  derecho,  en  cuyo caso para garantizar el principio de igualdad y la  efectividad  misma  del  principio  de favorabilidad, debe primar la opción que  más  identifique  los  postulados del sistema jurídico vigente, que en nuestro  caso   y según los artículos 1,6, 7, 93 de la Constitución Política, es  el  reconocimiento de la dignidad humana, a partir de la libertad y la igualdad.   

(…)  

Lo  anterior  para  indicar  que  es con la  figura  del  allanamiento a cargos que la sentencia anticipada guarda similitud,  en  donde  entre  el  imputado  y  la  fiscalía  no  ha  mediado consenso y las  consecuencias  de  ese  acto  unilateral libre y voluntario no dependen sino del  juez   dentro   del   marco   de   movilidad   que  la  ley  confiere  hasta  la  mitad-.   

Desde  esta observación sí parece que la  invocación  al  principio  de  favorabilidad es correcta, porque el supuesto de  hecho  es idéntico: se trata de un ciudadano que admite su culpabilidad en unos  hechos  y  releva  al  Estado  del  esfuerzo  de  la demostración probatoria en  juicio;  en  las  dos  situaciones la pena no se acuerda, literalmente hablando,  porque  aquella  se  dosifica  por  el  juez,  conforme  a los criterios para su  fijación  y  dentro  del  marco  de  movilidad que le confiere el artículo 351  ejusdem,  en  ninguno  de los dos eventos se pactan situaciones procesales sobre  la  libertad,  como  subrogados  penales;  es decir, el fiscal no acuerda con el  imputado,  la  alegación  de culpabilidad de aquél, previo conocimiento de los  cargos  formulados  por  la fiscalía,  lo pone en directa relación con el  juez,  no  con el fiscal, con quien no se estima ni pena, ni subrogados, esto es  lo que ocurre también con la sentencia anticipada.   

Tampoco   es  correcto  afirmar  que  el  allanamiento  a  cargos  esté  condicionado  a  la  reparación integral de los  perjuicios  ocasionados,  lo  que  se ha destacado como nota diferenciadora para  imposibilidad  la aplicación (sic) del principio de favorabilidad.  Lo que  ocurre  es  que esta situación condiciona la relación jurídica entre fiscal e  imputado  para  acordar,  pero  cuando  el  ciudadano se allana a los cargos sin  mediar  acuerdos  ni  pactos  con  su  acusador,  es  el juez el que decide, por  ejemplo  que  no  es  acreedor  a una rebaja de la mitad de la pena, sino de una  significativamente  menor,  según  se  satisfagan los presupuestos axiológicos  que se persiguen con la terminación anticipada del proceso.”   

7.2 Así, la rebaja de hasta la mitad de la  pena,  en  el  artículo  351 citado, se entiende cuando el implicado se acoge a  los  cargos  determinados en la audiencia de formulación de imputación y hasta  antes  de  la presentación del escrito de acusación; pero si lo hace, después  de  presentado el escrito de acusación y hasta el momento de ser interrogado al  inicio  del  juicio  oral  sobre  la  aceptación  de su responsabilidad, si hay  preacuerdo,  la rebaja de la pena es por la proporción fija de la tercera parte  (1/3),  como lo dispone el artículo 352 de la Ley 906 de 2004; y si se trata de  allanamiento  la  sanción  puede  disminuirse  hasta en la tercera parte (1/3),  según el artículo 356-5 ibídem.   

7.3  El  implicado  GONZALO  ALBERTO LOZADA  CASTAÑO  aceptó  los  cargos  con  antelación a la fijación de fecha para la  celebración  de  la  audiencia  preparatoria  y  después  que  la  resolución  acusatoria  había  alcanzado firmeza. Vale decir, en este particular evento, la  analogía  de  la  sentencia  anticipada  de  la  Ley 600 de 2000, ocurre no con  relación  al  artículo 351, sino respecto del numeral 5° del artículo 365 de  la Ley 906 de 2004.   

Lo  anterior,  por  cuanto el artículo 352  emplea    la    palabra    “preacuerdos”   y   remite  para  su  cabal  entendimiento  a  “los   términos   previstos  en  el  artículo  anterior”;  vale  decir, el artículo 351; y en el presente asunto no hubo  un  preacuerdo sino allanamiento o aceptación total de los cargos contenidos en  la resolución acusatoria.   

7.4   Por   consiguiente,   se   casará  parcialmente  y  de  oficio el fallo, para redosificar la pena, en cuanto a ello  hubiere  lugar,  en  beneficio  de  GONZALO  ALBERTO  LOZADA  CASTAÑO, quien se  encuentra  en las condiciones que permiten la aplicación, por favorabilidad del  artículo  356-5  de  la Ley 906 de 2004, siguiendo la misma línea reflexiva de  la nueva jurisprudencia.   

Cabe  recordar  que  para tasar la pena, el  Juez  de  primera instancia partió del extremo inferior del cuarto mínimo para  el     tráfico,    fabricación    o    porte    de  estupefacientes,    esto    es,    48    meses    de  prisión.   

A  ese  guarismo,  restó  la  octava (1/8)  parte,  que  autoriza  el  artículo  40  de la Ley 600 de 2000, por tratarse de  sentencia  anticipada,  solicitada en la fase de la causa; y obtuvo así la pena  de       prisión       de       42       meses12.   

Como   GONZALO  ALBERTO  LOZADA  CASTAÑO  admitió   los  hechos  y  aceptó  los  cargos  formulados  en  la  resolución  acusatoria,  antes  de  fijar  fecha   para  la  audiencia preparatoria, es  factible  concederle, la rebaja máxima de la tercera parte de la pena, a que se  refiere  el  numeral  5° del artículo 356 de la Ley 906 de 2004, acorde con lo  explicado en precedencia.   

En  ese  orden  de  ideas,  los 48 meses de  prisión,  que  el  A-quo  determinó  por el tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes, se reducen en  la   tercera   parte  (1/3).  Luego  de  realizada  la  operación  aritmética,  corresponden a 32 meses.   

La  pena  de  multa  inicialmente  impuesta  correspondió  a  dos  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  para la  época,  equivalentes  a  ($816.000.oo), disminuidos en una tercera parte (1/3),  corresponden a ($544.000.oo).   

En  consecuencia,  GONZALO  ALBERTO  LOZADA  CASTAÑO  quedará  condenado a la pena de treinta y dos (32) meses de prisión,  a  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el  mismo  término  y  multa por el valor de quinientos cuarenta y cuatro mil pesos  ($544.000.oo),  sentido  en  el que se casará parcialmente y de oficio el fallo  del Tribunal Superior de Ibagué.   

Definida la pena por debajo de los 36 meses  de  prisión  a  que  se  refiere  el  artículo  6313  del  Código Penal (Ley 599  de  2000),  es  necesario  considerar  el factor subjetivo para decidir sobre la  procedencia del subrogado penal.   

Sobre los antecedentes personales, sociales  y  familiares  GONZALO  ALBERTO  LOZADA  CASTAÑO,  registra una condena por los  delitos  de hurto calificado   y   lesiones   personales14,         mediante  sentencia  de  9 de enero de 1996 proferida por el Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Ibagué.   

También  le  aparecen  cuatro  anotaciones  vigentes    de    investigaciones    por    los    delitos    de    secuestro,  hurto,  lesiones  personales,  acceso  carnal violento y  tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes con destinación ilícita de  inmuebles,   las   cuales   si  bien  no  constituyen  antecedentes   penales,   si  denotan  un  comportamiento  con  dificultad  para  integrarse en el entorno social al que hace parte.   

Con base en el informe de campo de policía  judicial,  se  trata  de  una  persona con hábitos de drogadicción, condición  ratificada  por el mismo encartado desde su injurada y reiterada por su defensor  a  lo  largo  de  la actuación procesal, quien convive con sus familiares en el  lugar  de captura. La aprehensión se realizó, ante la visita inesperada de los  uniformados,  en  procura de verificar la querella formulada por una funcionaria  del  Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, relacionada con el abuso sexual  y  utilización  de  menores  en  el  expendio de estupefacientes en ése lugar,  sorprendiendo  a  GONZALO ALBERTO, en la posesión de las sustancias decomisadas  y  aunque  las  atribuyó  como para su consumo personal, entendida la modalidad  como se reporta el hecho, reviste seria gravedad.   

            

No   obstante   ser  suficiente  para  la  improcedencia   del  mecanismo  sustitutivo  de  la  pena  lo  indicado  en  los  antecedentes  personales,  también  limitan  su  concesión,  la gravedad de la  acción  juzgada,  al  corresponder  a  la  posesión de sustancias -derivados  de  la  cocaína  y marihuana-  para   el   consumo,   en  cantidades  superiores  a la dosis personal y que producen dependencia, conducta  que  puede  ser realizada en el espacio donde familiarmente interactúan menores  de  edad,  quienes  perciben  la  realización  de  este  comportamiento de alta  nocividad  social,  conocido  por  el deterioro que genera a los atributos de la  personalidad de quienes las ingieren, irradiada a la colectividad.   

Reconocido  que los niños tienen derecho a  cuidado,  atención  y  protección  especial,  de  la familia, la sociedad y el  Estado,  y  que  para  el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, deben  crecer  en  ambiente  sano,  de  felicidad,  amor  y  comprensión,  conforme lo  demandan      la      Constitución     Política15,      los      Tratados  Internacionales  sobre  los  derechos  de  los niños16   y   la   ley17,   así,  constituye  oposición  intensa  a  tal  teleología, su promoción en ambientes  donde  interactúan  con  seres  humanos  que  habitualmente consumen sustancias  sicoactivas  y  en  oportunidades  como  la aquí conocida, las introducen en su  ambiente.   

                     

De otro lado, en el plano de la prevención  general,  la  sociedad  no  observaría  con  buen  criterio  que  a una persona  portadora  y  consumidora de narcóticos en el entorno donde habitan menores, en  cantidades  que  superan  ampliamente  la  establecida  en  la  ley  como  dosis  personal,  se le suspenda condicionalmente la ejecución de la pena, por ser una  conducta  que  ha  llevado  a  la desestabilización  del orden económico,  social y político del Estado.   

Como  colorario  de  lo anterior, el factor  subjetivo  exigido por el artículo 63 del estatuto sustantivo (ley 599 de 2000)  no  se  satisface y así, se hace necesaria la ejecución de la pena, motivo por  el cual, no se concederá la suspensión condicional.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.          Inadmitir        la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  GONZALO    ALBERTO    LOZADA    CASTAÑO,    conforme    a   lo   ya  expuesto.   

2. Casar parcialmente y de oficio el fallo  de  6  de  marzo de 2008,  proferido      por      el      Tribunal      Superior      de      Ibagué, en el sentido de declarar que  GONZALO   ALBERTO   LOZADA   CASTAÑO   queda     condenado     por     el    delito    de    tráfico,   fabricación   o  porte  de  estupefacientes,    a   la   pena   de   treinta   y  dos    (32)    meses,  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  lapso  y  multa  por  el  valor  de  quinientos  cuarenta  y  cuatro  mil  pesos  ($544.000.oo).   

3.   Negar  a     GONZALO  ALBERTO  LOZADA  CASTAÑO, la suspensión condicional de la  ejecución de la pena, conforme a lo expuesto en la parte motiva.   

4. En todos los  demás   aspectos,  la  sentencia        del        Tribunal        Superior       de       Ibagué,  permanece incólume.   

5. Contra lo decidido en el presente fallo  no procede recurso alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  cúmplase  y devuélvase al Tribunal de  origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Salvamento parcial de voto  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS                                AUGUSTO  IBÁÑEZ GUZMÁN   

Salvamento parcial de voto  

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

Salvamento  parcial  de  voto                                                              Salvamento  parcial de voto   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

SALVAMENTO    PARCIAL    DE   VOTO   

Con el respeto que siempre he profesado por  las  decisiones  de  la  Sala,  estimo  necesario  salvar  parcialmente  mi voto  respecto  de lo decidido en el presente asunto, como quiera que sigo convencido,  como  se analizó en muchas decisiones anteriores en las cuales la tesis primó,  que  no  es  posible  aplicar  por  favorabilidad el porcentaje de atemperación  punitiva  que  para el allanamiento a cargos consagra el artículo 351 de la Ley  906  de  2004,  a  hechos tramitados dentro de los presupuestos procesales de la  Ley 600 de 2000.   

Para  mejor comprensión de las razones que  facultan  persistir en los motivos que de antaño justificaron decidir de manera  contraria  a como se hace hoy, estimo necesario abordar en esta aclaración tres  puntos concretos:   

    

1. Naturaleza   y   efectos   de  los  principios  de  favorabilidad  e  igualdad.   

2. Disimilitud   entre   los  institutos  de  la  sentencia  anticipada  (artículo  40 de la Ley 600 de 2000) y los acuerdos y preacuerdos que contempla  el Capítulo único del Título ll de la Ley 906 de 2004.   

3. Vulneración  del principio de igualdad a través de la aplicación,  por favorabilidad, del artículo 351 de la Ley 906 de 2004.     

1.  Ya  en  aclaración  de  voto anterior,  cuando  apenas  se  comenzaba  a  discernir  sobre  la  aplicación  de la nueva  sistemática  acusatoria,  estimé  pertinente  glosar la afirmación de la Sala  mayoritaria  referida  a  la posibilidad de aplicar algunas normas de la Ley 906  de  2004  a  asuntos tramitados en seguimiento de lo dispuesto por la Ley 600 de  2000,   en   aplicación   del  principio  de  favorabilidad,  de  la  siguiente  manera18:   

“1.2.  El  principio de favorabilidad y  sus alcances constitucionales.   

La  favorabilidad  es un principio rector  del   derecho   punitivo   que   aparece  consagrado  en el artículo 29 de la Constitución Nacional como  parte esencial del debido proceso, en los siguientes términos:   

“Nadie podrá ser juzgado sino conforme  a  leyes preexistentes al acto que se le imputa, ante juez o tribunal competente  y   con   observancia   de   la   plenitud   de   las  formas  propias  de  cada  juicio.   

“En materia  penal,  la ley permisiva o favorable, aún cuando sea posterior, se aplicará de  preferencia  a  la  restrictiva  o  desfavorable”.   

Corresponde por tanto, por su pertinencia,  establecer   cuáles  son  los  alcances  que  la  Constitución  le  asigna  al  mismo.   

Pero antes, es necesario aclarar que aunque  el  concepto  “derecho penal”, en sentido amplio, es comprensivo del sistema  penal  y,  por  tanto, abarca al derecho penal sustantivo o material, al derecho  penal  procesal  y al derecho penal de ejecución, sin embargo, de ello no puede  seguirse  que  el  legislador  constituyente  hubiera  querido  cobijar  bajo el  alcance  del  principio  de  favorabilidad a todas las normas del sistema penal;  empero,  tampoco  de  ello  puede  concluirse  en el sentido de que el principio  sólo  alcanzaría  a  los  preceptos  contenidos  en  el derecho penal material  (Código  Penal  y  leyes  penales  especiales), por lo que conviene precisar lo  siguiente:     

* El principio nace  de  la  idea  de que ley penal expresa la política de defensa social que adopta  el  Estado  en  un  determinado  momento  histórico,  en  su  lucha  contra  la  delincuencia.   

* Que   toda  modificación  de  las  normas  penales  expresa  un  cambio  en  la valoración  ético-social  de  la conducta delictiva, en el cómo y en la forma en que ha de  ejecutarse  la  acción  represora del Estado frente a la realización del hecho  delictivo  y  en  las  reglas  de  ejecución  de  la consecuencia jurídica del  delito, esto es, la sanción penal.   

* Consiguientemente,  como  lo  ha  admitido  pacíficamente  doctrina  y  jurisprudencia nacional, la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  no  puede estar limitado sólo a  supuestos  en  los que la nueva norma penal descriminaliza la conducta típica o  disminuye  el  quantum de su pena, sino también, cuando la nueva ley (ley penal  material,  procesal o de ejecución) beneficie al procesado, en el ámbito de su  esfera  de libertad; siendo comprensiva de tal ámbito, entre otras, las medidas  cautelares   personales  y  los  parámetros  de  prescripción  de  la  acción  penal.     

       Por   lo  tanto,  el  baremo  o  medida  de  valoración  para  la  determinación  de la aplicación retroactiva de la ley penal favorable no está  en  que el precepto invocado forme parte del derecho penal material, sino en que  el  mismo  afecte  esferas  de  libertad  del individuo, por lo que es frecuente  encontrar  en  los  códigos  de  procedimiento  penal  normas  de  indiscutible  naturaleza sustantiva.   

Del  análisis que precede se extraen las  siguientes conclusiones:     

* La prohibición de  aplicación  retroactiva  de  la ley penal se extiende a las normas de contenido  sustantivo  que  se  encuentren  en  leyes tanto materiales como procesales y de  ejecución.   

* Una norma tendrá  carácter  sustantivo,  cuando  afecte  las  esferas  de libertad del imputado o  condenado,  entendiéndose  a  la  libertad  aquí  aludida, como la facultad de  autodeterminarse  que tienen los hombres, sin sujeción a una fuerza o coacción  proveniente  del  exterior,  en  este  caso, del sistema penal. Conforme a ello,  aquellas  normas  contenidas  en leyes penales que afecten, restrinjan o limiten  los    derechos    fundamentales    de    las   personas,   tendrán   carácter  sustantivo.     

Ahora   bien,   los   principios   de  favorabilidad  y retroactividad benigna de las normas penales y en particular de  las  penas,  han sido positivizados como expresión de la tutela de los derechos  básicos  y  fundamentales  de  las  personas  en  los  Estados  que se reclaman  democráticos  de  derecho,  por lo que además  hallan sustento en algunos  tratados    internacionales    de    protección   a   los   derechos   humanos,  así:   

     

A. El Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos, cuyo artículo 15.1 en su parte  final  indica que si la ley posterior dispone una pena mas leve, el penado será  beneficiado con los alcances de  dicha norma.   

B. El Pacto  de  San José de Costa Rica, cuyo artículo 9º en su última parte expresamente  declara  que  debe  aplicarse la pena más leve si la nueva ley así lo dispone.     

Y  siendo que de acuerdo con el artículo  93  de  la  Carta  Política,  los  tratados  y  convenios internacionales sobre  derechos  humanos,  prevalecen  en el orden interno, es decir, que se encuentran  incorporados  a  nuestra  legislación  a  través  de  la  teoría francesa del  “bloque  de constitucionalidad”, es claro que tanto la Convención Americana  sobre  Derechos  Humanos  o  Pacto  de  San  José  de  Costa Rica como el Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos19,  imponen como obligación  el  respeto  del  principio  de favorabilidad en la aplicación de la ley penal.   

(….)  

1.3.  Materialización  del  principio de  igualdad en la aplicación de la ley penal favorable.   

La  igualdad  se  halla  instalada  en el  ordenamiento  jurídico  supremo  como  principio  y  regla  y  a  partir de tal  recepción configura un derecho y una garantía.   

En  su condición de principio irradia al  resto  del  ordenamiento,  constituye  una  guía  de  apreciación  y, al mismo  tiempo,  se  define  como  un  mandato  de  optimización.  Mandato  que  no  es  disponible  para  los  poderes  constituidos,  y  que  por  tanto  conforma  una  directriz fuerte en la aplicación de la Ley a un caso concreto.   

El principio de igualdad constitucional se  integra  con el concepto de ser mirado como igual y con el de igual tratamiento.  En  su  condición  de  derecho  habilita a los individuos dentro del sistema la  facultad  de  formular  oposición  frente a normas o actos violatorios de aquel  principio  en  términos  generales  o  francamente  discriminatorios  desde  lo  específico,  estatus negativo, o de exigir algún comportamiento determinado de  los poderes públicos, estatus positivo.   

Y,  finalmente,  en  su  condición  de  garantía,  aunque  sustantiva  y  no meramente procesal, en tanto constituye un  presupuesto   para  la  efectividad  de  las  diversas  libertades  o  derechos.   

Por lo tanto, la igualdad como principio y  garantía  tiende a condicionar a los poderes públicos en cuanto al grado de su  consideración  a  la  hora de reglar, omitir o actuar. La igualdad como derecho  interrelaciona  con el resto de los derechos fundamentales, es presupuesto de su  ejercicio  y  está  alcanzado por el principio constitucional que establece que  no hay derechos en su ejercicio absoluto.   

En  el  campo  específico  del  derecho  procesal,  la  jurisprudencia constitucional tiene establecido que “El someter  las  controversias a procedimientos preestablecidos e iguales no sólo garantiza  el  derecho  de defensa: realiza, en primer lugar y principalmente, el principio  de  igualdad  ante  la  ley,  en  el  campo de la administración de justicia. Y  asegura  eficazmente la imparcialidad de los encargados de administrar justicia,  mediante   la  neutralidad  del  procedimiento”.20   

Pero  el  texto  de la ley no es, por sí  mismo,  susceptible  de  aplicarse  mecánicamente  a  todos  los  casos, y ello  justifica  la  necesidad de que el juez lo interprete y aplique, integrándolo y  dándole  coherencia,  de  tal  forma  que  se  pueda realizar la igualdad en su  sentido constitucional más completo.    

A  este respecto, la Corte Constitucional  ha  resaltado,  que  el  contenido del derecho de acceso a la administración de  justicia  implica  también  el  derecho  a  recibir un tratamiento igualitario.  Dijo:   

“El  artículo 229 de la Carta debe ser  concordado  con  el  artículo 13 idem, de tal manera que el derecho a “acceder”  igualitariamente  ante  los  jueces implica no sólo la idéntica oportunidad de  ingresar  a  los  estrados judiciales sino también el idéntico tratamiento que  tiene  derecho  a  recibirse  por  parte de jueces y tribunales ante situaciones  similares.  Ya no basta que las personas gocen de iguales derechos en las normas  positivas  ni  que sean juzgadas por los mismos órganos. Ahora se exige además  que   en   la  aplicación  de  la  ley  las  personas  reciban  un  tratamiento  igualitario.  La  igualdad  en la aplicación de la ley impone pues que un mismo  órgano  no  pueda  modificar  arbitrariamente  el  sentido de sus decisiones en  casos        sustancialmente       iguales”21.   

         Finalmente,  no  puede  desconocerse  que la aplicación de la ley  penal  favorable  materializa  el  principio de igualdad en la aplicación de la  ley,  en  la  medida  en que es posible que a situaciones fácticas similares se  les  de  tratamientos  normativos  diferentes  en  el  transcurso del tiempo por  fuerza  de  la  cambiante  política  criminal  del  Estado,  los  cuales pueden  resultar  más  o  menos  gravosos  para sus destinatarios, quienes estarían en  ciernes  de  invocar  a  su  favor aquellos preceptos creados en otros contextos  para   regular  de  manera  benévola  situaciones  semejantes,  a  fin  de  ser  receptores  de  igual  merced.  Véase cómo en tales eventos el trato favorable  realiza     el     concepto    de    igualdad    en    los    términos    aquí  analizados.”   

    

1. No se discute ya, y en el proyecto  aprobado   por   la   mayoría   se  detalla  suficientemente  el  tópico,  que  precisamente  en  seguimiento  de las pautas atrás trazadas, es posible aplicar  por  favorabilidad  algunas normas de la Ley 906 de 2004, a procesos adelantados  en seguimiento de lo dispuesto por la Ley 600 de 2000.     

No es ello algo que hoy pueda ser objeto de  discusión.  Sin  embargo, así lo acepta también la decisión de la cual ahora  discrepo,  en  tratándose  de  dos sistemáticas completamente diferentes, como  quiera  que  la  Ley  906  de  2004  busca  implementar  en  el  país el modelo  acusatorio,   en   contraposición  a  los  dispositivos  anteriores,  de  corte  inquisitivo   o  mixto,  esa  aplicación  favorable  sólo  opera  respecto  de  institutos  similares,  de manera que aquellos propios del tipo de procedimiento  novedoso,    resultan    de    imposible    entronización    en   el   régimen  anterior.   

Y  ello  es  lo que sucede con esa forma de  terminación  anticipada  que  con el rótulo de allanamiento a cargos regula la  Ley  906  de  2004,  pues,  como se había sostenido invariablemente por la Sala  mayoritaria  hasta  ahora,  sin  que  existan  nuevos desarrollos legislativos o  argumentos  distintos  a  los  que  para  esa  época  soportaban  la  posición  disidente,  que  obliguen  cambiar  lo  dicho,  no  se  trata  de  un  mecanismo  independiente  que  por  sí  mismo se entienda compartir las aristas básicas o  presupuestos  fundamentales de la sentencia anticipada regulada en la Ley 600 de  2000,  a  la  manera  de  entender  ambas  figuras hermanadas en su naturaleza y  efectos.   

Se dijo antes, y ahora debo reiterarlo, que  el  allanamiento  a cargos no opera en calidad de figura aislada o refractaria a  las  características  específicas  del sistema acusatorio, sino como instituto  connatural  al  mismo  y,  en  especial,  a  esa forma de justicia consensuada o  premial  que se busca hacer valer, en el entendido, desde luego eficientista, de  que  por  su  naturaleza  resulta imposible tabular a través del juicio oral un  porcentaje muy alto de procesos.   

Por  ello  precisamente  la Ley 906 de 2004  consagra  institutos claramente dirigidos a buscar esa terminación anticipada o  extraordinaria  de las investigaciones penales, dentro de los cuales destacan el  principio  de oportunidad y lo que en el Título ll se reseña bajo el epígrafe  de   “PREACUERDOS   Y  NEGOCIACIONES  ENTRE  LA  FISCALÍA  Y  EL  IMPUTADO  O  ACUSADO”.   

Bajo  ese  rótulo  genérico  del  Título  segundo  en  cita, cabe relevar, se insertan tanto las negociaciones propiamente  dichas,  como  el  allanamiento  a  cargos,  no sólo porque la simple revisión  exegética  de  la  normatividad  así lo informa, sino en atención a que no se  entienden  ambas  como  figuras disonantes o siquiera alternativas, sino propias  de esa teleología premial arriba destacada.   

No en vano, el inciso primero del artículo  351  de  la  Ley  906  de 2004, expresamente se refiere al allanamiento a cargos  operado  en  la audiencia de formulación de imputación, para significar que en  ese  momento procesal puede aspirar la persona a una rebaja de “hasta la mitad  de   la  pena  imponible”,  para,  a  renglón  seguido,  determinar  como  el  consecuente  escrito  de  acusación  que  por congruencia servirá de base a la  necesaria  sentencia  de  condena, ha de consignar el acuerdo, no otro distinto,  debe  señalarse,  a  aquel en el cual se definió entre las partes –fiscalía  y  defensa-,  cual, dentro  del  ámbito  de  atemperación  regulado  por  la  norma,  será  el porcentaje  concreto a aplicar a favor del procesado.   

Ahora bien, en el auto del cual discrepo se  pretende   controvertir   el   argumento   exegético,  significándose  que  el  allanamiento  a  cargos  se encuentra regulado, dentro de la Ley 906 de 2004, en  capítulo  distinto  o  independiente  al  único  del  Titulo ll, en el cual se  detalla  lo  concerniente  al campo de preacuerdos y negociaciones, agregándose  que  lo  contemplado  en el inciso primero del artículo 351 se establece apenas  para “trazar” los efectos de ese allanamiento.   

No  parece  que  sea  así, pues, en primer  lugar,  si  el  tema apenas remitiese a un aspecto instrumental, nada obsta para  que  allí mismo, cuando se regula la audiencia de formulación de imputación y  su  trámite,  se  dejara  sentado  ese  porcentaje  de  reducción, en lugar de  deferirlo  a  un  Título  y  Capítulo  que  contempla un aspecto eminentemente  sustancial,  propio,  como se viene anotando, de la teleología consignada en la  Ley 906 de 2004.   

La  evaluación, entonces, es la contraria,  si  se  trata  de  respetar los valores y diferencias entre lo sustancial y  lo simplemente procedimental consagrado por la nueva normatividad.   

Vale  decir, si el allanamiento a cargos se  relacionó  expresamente  en el Título referido al instituto de los preacuerdos  y  negociaciones,  no  apenas  para  “trazar” el porcentaje de reducción de  pena,  sino entendiéndolo mecanismo propio de la justicia premial y consensuada  desarrollada   en   su  único  capítulo,  lo  lógico  es  comprender  que  la  reiteración  accesoria  instituida en otros capítulos, busca apenas establecer  procedimentalmente  la  forma  (momento  y modalidad) como ese mecanismo se hace  efectivo  en el estado procesal en el cual se hace la manifestación de voluntad  del procesado.   

Es  que,  se  olvida  en  la  providencia  aprobada,  que  ese allanamiento a cargos no tiene apenas un momento procesal de  materialización:  la  audiencia  de formulación de imputación -quizás porque  se  tuvo en mente la aplicación por favorabilidad del máximo del 50% permitido  para  esta  forma  extraordinaria de terminación del proceso-, obrando también  posible  que  ello  suceda  en la audiencia preparatoria (artículo 356, numeral  5°),  permitiendo  la  reducción de pena de “hasta en la tercera parte”, y  al  comienzo  de la audiencia de juicio oral (artículo 367), aquí con una sola  opción de atemperación punitiva de una sexta parte.   

Esa auscultación normativa permite apreciar  que  no se trata de que el legislador buscase ubicar el allanamiento a cargos en  un  apartado  diferente del Título destinado a los preacuerdos y negociaciones,  sino  apenas  de  establecer  cómo  opera procesalmente la figura dentro de los  tres estadios o momentos que la permiten.   

No  es posible, tampoco, examinar aislada y  descontextualizadamente  el  allanamiento a cargos, como si se tratase apenas de  una  reiteración  de  lo  que  bajo  la  denominación  de sentencia anticipada  consagraba  el  artículo  40  de  la Ley 600 de 2000, dado que además de hacer  parte  de  esa  teleología propia del sistema acusatorio, encaminada a facultar  soluciones  anticipadas  del  conflicto,  irradia  los motivos que impelieron la  expedición  de  la  Ley  890 de 2004, en el entendido que las generosas rebajas  establecidas  en  la  novísima  sistemática,  obligaban,  para hacer valer los  principios  de  legalidad  de  la pena y retribución justa inserta en la misma,  incrementar  los  montos  sancionatorios  definidos  para  la generalidad de los  delitos en el Código Penal vigente, Ley 599 de 2000.   

Entonces,  para equilibrar los conceptos en  pugna,  como  fiel  de la balanza, a la par con el alto porcentaje de reducción  producto  de  los  acuerdos,  sea  por  la  vía  de  la  negociación  o  de la  aceptación  de  cargos,  se estableció el incremento generalizado de penas, en  una  proporción  de  la  tercera  parte  para su mínimo y la mitad del máximo  (artículo 14 Ley 890 de 2004).   

Por manera que, inescindiblemente, cuando se  trata  de  aplicar  la  atemperación  punitiva  posibilitada  de  entregar  por  ocasión  del  allanamiento a cargos ocurrido en la audiencia de formulación de  imputación,  para  hacerlo  valer  en  la  tramitación  seguida  dentro de los  derroteros  de  la  Ley  600  de  2000,  ello se encuentra atado a la pena legal  establecida  respecto del delito, que no es otra diferente a la consignada en el  Código  Penal,  incluido  el  incremento ordenado por el artículo 14 de la ley  890  de  2004, pues, solo así se respeta la filosofía del mecanismo, junto con  los  principios  de  legalidad de la pena, retribución justa e igualdad, aunque  este  último  aspecto  lo  abordaremos  en  líneas posteriores, de manera más  detenida.   

Desde  otra  perspectiva argumental, aunque  parezca  simplemente  instrumental,  no  puede  soslayarse cómo respecto de las  figuras  en contrastación, sentencia anticipada y allanamiento a cargos, existe  una  postulación diferente en la forma de aplicar la reducción punitiva, pues,  mientras  en  el  primer  caso  esa  atemperación  opera  automática,  con  un  porcentaje  fijo  de la tercera parte, el segundo establece una progresión (que  ya  la Corte significó comienza en una tercera parte y un día, y culmina en el  cincuenta por ciento).   

De  ello  se sigue que no necesariamente la  proporción  a  reducir  es la máxima establecida en el artículo 351 de la Ley  906   de   2004,  corriendo  de  cargo  del  funcionario  judicial  –o de las partes a través del acuerdo  que  regula  el  artículo  en  cita-  señalar  cuál  en  concreto  será  esa  atemperación.   

Ello  no ocurre con la sentencia anticipada  que  estatuye el artículo 40 de la Ley 600 de 2000, en la cual ningún arbitrio  del   funcionario  judicial  o  negociación  entre  las  partes  faculta  hacer  reducción diferente a la única que permite la ley.   

De allí que ninguna similitud consustancial  pueda   pregonarse   de   institutos  disímiles  en  su  naturaleza,  objeto  y  consecuencias y forma de aplicarlas.   

Porque,  si se trata de que, en seguimiento  del  principio  de   favorabilidad,  se aplique a casos rituados por la Ley  600  de  2000,  la forma de atenuación punitiva establecida en el artículo 351  de  la  Ley  906  de  2004,  ya  de  entrada  se está exigiendo del funcionario  judicial  un  arbitrio  o injerencia que de ninguna manera permite la primera de  las  normatividades  citadas  y  que,  además, implica hacer apreciaciones, ora  objetivas,  ya  subjetivas,  que  por  ninguna  parte  consagra esa tramitación  penal.   

Y,  basta apreciar la forma en que la Corte  Constitucional   trata   de  solucionar  el  problema,  ofreciendo  al  Juez  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad,  alternativas  que le permitan  determinar  el  porcentaje a reducir en el caso concreto, para advertir cómo el  asunto     comporta     bastantes     dificultades22,    que    radican,   debe  repetirse,  en  la  diversa  naturaleza  y  efectos de las figuras que pretenden  homogeneizarse.   

Ahora,  han  tratado la que hasta hace poco  era  posición  minoritaria  de  la  Sala  de significar similar la figura de la  sentencia  anticipada, con el mecanismo de allanamiento a cargos, a partir de la  elaboración  más  o  menos detallada de un listado de factores comunes a ambos  institutos.   

Empero,  pienso  que no es esa una adecuada  forma  de  abordar  el  punto, simplemente porque siempre habrá posibilidad, no  importa  cuán  disímiles  sean las figuras en confrontación, de hallar muchos  factores   comunes,   sin  que  ello,  desde  luego,  signifique  igualación  o  similitud.   

Lo  importante no es, al respecto, cuántas  circunstancias  afines  se  hallen,  sino  definir  en concreto una naturaleza y  efectos    que    por    su    trascendencia    delimiten    equiparables    los  institutos.   

Asunto  que,  estimamos,  dista  mucho  de  ocurrir  en  lo  que  respecta  al  parangón intentado realizar entre la figura  consagrada  en el artículo 40 de la Ley 600 de 2000, y el mecanismo establecido  en  el artículo 351 de la Ley 906 de 2004, dado que, si bien comportan muchas o  pocas  características  comunes,  es lo cierto que ellas son insuficientes para  desvirtuar  un  hecho cierto, referido a que se insertan dentro de sistemáticas  diferentes,  verifican  una  teleología  también  distinta  y producen efectos  prácticos incompatibles.   

Al efecto, apenas para referir a título de  ejemplo  cómo  asoman  deleznables  algunos  de los factores comunes destacados  para  concluir  en  la  simbiosis  supuestamente  existente  entre  la sentencia  anticipada  y  el  allanamiento  a  cargos,  resulta  cuando menos controversial  sostener   que  ambos  institutos   se  hermanan  porque  en  la  sentencia  anticipada  antes  de  aceptarse  esa  postulación  del  procesado, éste ya ha  tenido  la  oportunidad de haber sido oído dentro del proceso, en diligencia de  indagatoria,  y de ejercer los derechos de defensa y de contradicción, algo que  supuestamente  también  ocurre con el allanamiento a cargos, dado que ya existe  formulación de imputación.   

Una  tal  afirmación  olvida  que  en  su  naturaleza  ese  acto  de  formulación  de  imputación es de comunicación por  parte  de  la  fiscalía,  pero, en estricto sentido, no implica que el imputado  haya  sido  oído  (por la razón obvia de que no existe indagatoria), ni que se  ejerza  amplia  y materialmente el derecho de contradicción, entre otras cosas,  porque  allí,  como lo han sostenido de consuno la Corte constitucional y ésta  Corporación,  no  existe  obligación para la fiscalía de que haga algún tipo  de descubrimiento probatorio.   

Así,  no puede ser lo mismo, por mucho que  se  pretenda  ejercitar  la dialéctica, que el procesado, en la sistemática de  la  ley  600  de  2000,  pueda  conocer todas las pruebas (plenamente vigente el  principio  de permanencia de las mismas) y además exponga su particular visión  de  lo  ocurrido,  remitida a contradecir esas pruebas, a que, cual ocurre en la  sistemática  de  la  Ley  906 de 2004, se le cite a una audiencia en la que, en  términos  estrictos,  el  fiscal simplemente le comunica cuáles son los hechos  por  los  que se le investiga, y su significación jurídica, sin posibilidad de  pronunciarse  respecto  de  ellos  en  aras  de pregonar inocencia o ausencia de  participación  (para ejercer la inexistente defensa que pregona la sentencia de  tutela),  ni  mucho  menos ejercer el derecho de contradicción respecto de unos  elementos  materiales  probatorios, evidencia física o informes que no conoce o  puede exigir conocer.   

Algo  similar  ocurre con la manifestación  efectuada  en  la  sentencia de revisión de tutela, atinente a que la sentencia  anticipada  comporta  la  confesión  simple  del  procesado,  y otro tanto debe  entenderse ocurre con el allanamiento a cargos.   

Para  quienes  conocen  la  naturaleza  del  sistema  acusatorio  consagrado  en la Ley 906 de 2004, no puede significar más  que  un  despropósito la afirmación de que el allanamiento a cargos traduce la  confesión  simple  del procesado, por la potísima razón que esta normatividad  no  consagra como prueba, o siquiera evidencia, esa manifestación unilateral de  responsabilidad penal.   

Se   busca,  sí,  superar  esa  evidente  dificultad,  señalándose  que “se trata de una idea de confesión en sentido  natural”.   

¿Qué  es  una confesión, si nos hallamos  dentro  de  un procedimiento penal, en “sentido natural”?, vaya uno a saber,  pero   asoma  claro  que  si  esa  confesión  no  tiene  efectos  jurídicos  o  procesales,  pues,  sencillamente,  de  nada sirve para fundamentar la posición  encaminada  a  definir  equiparables los institutos de la sentencia anticipada y  allanamiento  a cargos, bajo el argumento de que ambos comportan una confesión,  que    finalmente    asoma   completamente   disímil   en   su   naturaleza   y  efectos.   

Por  último,  en  lo que a la crítica del  método   de   equiparación  compete,  no  puede  ser  argumento  válido  para  parangonar  como  similares  ambos  institutos  de  terminación  anticipada del  proceso,  acudir  a  los  principios  que  informan  el proceso penal en general  (lealtad,  publicidad,  eficiencia,  presunción  de inocencia), como quiera que  ellos,  por  su naturaleza general permean todas cuantas instituciones consagran  ambos  sistemas  (dado que son soporte  de los dos) y, en consecuencia, una  inferencia  lógica  obtenible  a  partir  de  allí,  perfectamente llevaría a  conclusiones  tales  como  que  el  principio  de  oportunidad  es  similar a la  sentencia anticipada, y todas las demás que quieran hacerse.   

En  suma,  no  se  ha ofrecido un argumento  contundente  que signifique efectivamente similares o asimilables los institutos  de  la  sentencia  anticipada,  disciplinado en el artículo 40 de la Ley 600 de  2000,  y  el  allanamiento  a  cargos  que  consagra  la  Ley 906 de 2004. Y, en  contrario,  sigue siendo válido sostener que el segundo de los mecanismos opera  consustancial  a  la teleología propia de la sistemática acusatoria pretendida  implementar  en  el  país,  con  una  naturaleza,  efectos   y aplicación  material que en mucho se apartan de la sentencia anticipada.   

3.   Se  anotó  en  el primero de los  puntos  tratados,  que  el  principio  de favorabilidad constituye desarrollo, o  mejor,  efectivización  del principio de igualdad, dado que, finalmente, lo que  se  busca  con  la  aplicación  ultractiva o retroactiva de la norma no vigente  para  el momento de los hechos, es equiparar la condición del procesado a la de  aquellos otros a quienes se aplica esta en toda su extensión.   

          En  este  sentido,  a  lo largo de la providencia se sostiene que la  decisión  de  aplicar  a  favor  del  procesado,  para  el  caso  concreto,  el  porcentaje  de  atemperación  punitiva  dispuesto en el artículo 351 de la Ley  906  de  2004,  no  obstante ocurrir los hechos y verificarse su tramitación en  vigencia  de la Ley 600 de 2000, obedece a la necesidad de dar aplicación a ese  principio de igualdad.   

          Supone  el  argumento,  para  trasladarlo al campo práctico, que se  advierte  en  las  personas sometidas al procedimiento establecido en la Ley 600  de  2000,  quienes, acogiéndose al instituto de la sentencia anticipada durante  el  período  de  la  instrucción,  solo recibieron un descuento punitivo de la  tercera  parte,  una  especie  de  trato desfavorable o desigual frente a lo que  sucede  con  aquellos  que  al  día  de  hoy  se allanan a cargos en sede de lo  dispuesto  por  el  artículo  351  de la Ley 906 de 2004, razón que amerita la  intervención  de  la judicatura, en seguimiento del principio de favorabilidad,  para    otorgarles    un    trato    que    equipare    esas   dos   condiciones  disímiles.   

          Sucede,  sin  embargo, como paradoja fundamental que la decisión de  aplicar  el  principio de favorabilidad lejos de  respetar o hacer material  el  principio  de  igualdad,  instituye  una  desigualdad odiosa que termina por  deslegitimar  el  argumento  de  fondo en el cual se soporta lo consignado en la  providencia.   

          Es   que,   cuando  menos  contradictorio  debe  asumirse  que  para  favorecer  a  la  persona juzgada bajo los parámetros de la Ley 600 de 2000, se  termine  inclinando  tanto  el  fiel  de  la balanza, que en lugar de igualar su  condición  a  la de los imputados sometidos al imperio de la nueva sistemática  acusatoria,  termina  ella  obteniendo beneficios mayores a los que se otorgan a  quienes  se  allanan  a  cargos  en  curso  de  la  audiencia de formulación de  imputación  regulada por la Ley 906 de 2004.   

          En  efecto,  para  objetivarlo  con un ejemplo elemental, si para el  delito  por  el cual se juzga a la persona, se establece en el Código Penal una  pena  mínima  de  2  años, y esa persona se acoge al mecanismo de la sentencia  anticipada  establecido  en  el  artículo  40 de la Ley 600 de 2000, durante la  fase  de  investigación,  el  porcentaje  de  rebaja de pena (suponiendo que se  parta  del  mínimo  de  la  sanción)  de  la  tercera parte, implicará que la  sanción derive en 16 meses de prisión.   

          Pero,  si  se  le  aplica  por  favorabilidad  lo  dispuesto  por el  artículo  351  de  la  Ley 906 de 2004, en su mayor cantidad de reducción, esa  pena se ve disminuida a 12 meses de prisión.   

          Cosa  distinta  ocurre  con la persona juzgada bajo la férula de la  Ley  906 de 2004, pues, en el mismo ejemplo, el delito debe incrementarse en una  tercera  parte  por ocasión de lo dispuesto en el artículo 14 de la Ley 890 de  2004,  hasta  delimitar  su  mínimo  en 32 meses, los cuales, disminuidos en el  mayor   porcentaje  de  rebaja  por  allanamiento  a  cargos,  descienden  a  16  meses.   

          Evidente   surge,  entonces,  que  la  aplicación  retroactiva  del  principio  de  favorabilidad,  no  iguala a las personas, sino que establece una  ventaja  caprichosa  e  incluso  ilegal  (en  términos de la pena y su función  retributiva).   

          Nótese  que,  en  el ejemplo propuesto, la pena a la cual accede el  procesado  que  se  acoge a sentencia anticipada en la sistemática derogada (16  meses),  resulta  igual a los 16 meses que debe purgar el imputado que recibe el  máximo  beneficio  por  allanarse  a  cargos,  por manera que, huelga anotarlo,  ningún  provecho,  en  términos  reales, puede aspirar a recibir el primero de  los  mencionados,  simplemente  porque, examinada en todo su contexto la figura,  no  resulta  más  conveniente  para  él  acceder   a lo establecido en la  novísima normatividad.   

          Es  que,  precisamente,  la  imposibilidad ostensible de igualar las  condiciones  de  los  procesados en ambos sistemas, obedece a que necesariamente  debe   examinarse   el   tópico   de   la   favorabilidad   desde  una  óptica  contextualizada  que tome en consideración no solo la teleología del instituto  de  allanamiento a cargos establecido en la Ley 906 de 2004, sino su inescapable  vinculación con lo dispuesto por la Ley 890 de 2004.   

          En  estas  condiciones,  si  de  verdad se tratase de hacer valer el  principio  de  favorabilidad  desde  una  postura  que en lugar de sacrificar el  principio  de  igualdad  que  es  su  norte y finalidad,  lo haga válido y  operativo,  indispensablemente  habría  que  incrementar  la  pena  de la forma  prevista  por  el  artículo  14  de  la  Ley  890  de 2004, para luego hacer la  reducción  permitida  por  el artículo 351 de la Ley 906 de 2004, en los casos  en  los  cuales  la  persona cuyo proceso se tramitó por lo dispuesto en la Ley  600  de  2000,  aspire  a  que  se  aplique  en  su  beneficio  el  principio en  cuestión.   

          Pero  ello,  como se habrá advertido, no representa en la práctica  ninguna  diferencia (en ambos casos, dentro del ejemplo ideal propuesto, la pena  será  de 16 meses), sencillamente porque no es necesario igualar, a través del  fenómeno  de  la  favorabilidad,  lo  que  el  legislador ya ha igualado. Mucho  menos,  si  bajo ese prurito se termina discriminando de manera odiosa a quienes  vienen siendo juzgados dentro de la órbita del sistema acusatorio.   

          De los señores Magistrados,   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1 Los  hechos   constitutivos   de   presuntos   actos  sexuales  con  menores,  no  se  investigaron bajo esta radicación.   

2  Cuaderno original No. 1, folio 7.   

3  Cuaderno original No. 1, folio 9.   

4  Cuaderno original No. 1, folio 35.   

5  El  numeral  2°  del  artículo 313 de la ley 906 de 2004, establece la procedencia  de  la  detención  preventiva  como  medida  de  aseguramiento,  en los delitos  investigables  de  oficio,  cuando  el  mínimo  de la pena prevista por la  ley  sea o exceda de cuatro (4) años.   

6  Cuaderno original No. 1, folio 155.   

7  Cuaderno original No. 1, folio 95.   

8  Cuaderno original No. 1, folio 112.   

9 Auto  de  17  de  mayo  de  2000,  radicación  10250;  auto  de  9  de junio de 2000,  radicación  14860;  sentencias  de 5 de junio de 2000, radicación 15058, de 12  de   diciembre  de  2002,  radicación  16099,  de  4  de  septiembre  de  2003,  radicación 12768.   

10  Autos  de  17  de  mayo  de  2000,  radicación  10250;  de  9 de junio de 2000,  radicación  14860.  Sentencias  de 5 de junio de 2000, radicación 15058; de 12  de  diciembre  de 2002, radicación 16099; Sentencia de 4 de septiembre de 2003,  radicación 12768; y de 15 de mayo de 2008, radicación 29010   

11  Sentencia de 8 de abril de 2008, radicación No. 25306.   

12  Cuaderno original No. 1, folio 119.   

13 El  artículo  63  del  Código  Penal,  Ley  599  de  2000,  establece  que la pena  privativa  de  la  libertad  impuesta  en  las instancias, se suspenderá por un  periodo  de  dos  (2) a cinco (5) años, de oficio o a petición del interesado,  siempre  que  concurran:  i)  que la pena impuesta de prisión no exceda de tres  (3)  años  y  ii)  que los antecedentes personales, sociales y familiares   del  sentenciado,  así como la modalidad y gravedad de la conducta punible sean  indicativos, que no existe necesidad de la ejecución de la pena.   

14 Con  el  informe  de policía judicial CTI No. 268 de 24 de enero de 2007, se allegó  el  reporte SIAN Oficina de Sistemas, consulta No. 199. Cuaderno original No. 1,  folio 32.   

15 El  artículo  44 de la Constitución Política establece los derechos fundamentales  de  los  niños,  entre otros, el cuidado, el amor, la cultura. A ser protegidos  contra  toda  forma  de  abandono,  violencia física o moral, secuestro, venta,  abuso  sexual,  explotación  laboral  o económica, trabajo riesgoso. Impone la  obligación  a  la  familia,  la  sociedad y al Estado de asistirlo y protegerlo  para  garantizar  su desarrollo armónico e integral y el ejercicio pleno de sus  derechos.   

16  Declaración   Universal   de   Derechos   Humanos,  artículo  25;  Convención  Interamericana  de  Derechos Humanos, Ley 16 de 1972, artículo 19. “Todo  niño  tiene  derecho  a las medidas de protección   que  su  condición de menor requieren por parte de su familia, de la sociedad y  del  Estado.”; Convención sobre los Derechos de los  Niños, aprobada mediante la Ley 12 de 1991, entre otros.   

17 La  ley  1098  de  2006,  Código  de la Infancia y la Adolescencia, en el artículo  1°,  establece  como  finalidades  de  este  ordenamiento,  el garantizar a los  niños,  a  las niñas y a los adolescentes su pleno y armonioso desarrollo para  que  crezcan  en  el  seno  de  la  familia y de la comunidad, en un ambiente de  felicidad, amor y comprensión.   

18  Sentencia de segunda instancia, radicado 23.567   

19  Incorporados  a  nuestra legislación interna, por virtud de la Ley 16 de 1972 y  de la Ley 74 de 1968, respectivamente,   

20  Sentencias   de   la   Corte   Constitucional   C-409   de   1999   y  C-040  de  2002.   

21  Sentencia C-104/93, M.P. Alejandro Martínez Caballero   

22  Sentencia T-098 de 1996, páginas 27 y 28.     

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