30045(22-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30045  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  236    

San Gil, veintidós (22)  agosto de dos  mil ocho (2008).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ALEJANDRO  RINCÓN  SÁNCHEZ,  contra el fallo del 7 de marzo de  2008,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial de Antioquia, confirmó la   sentencia   adoptada  por  el  Juez  Primero   Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad,   el   28   de   diciembre   de   2007,   quien  lo  condenó  a  las penas principales de 256  meses  de  prisión  y  multa  de  2,666.66  smlmv,  por  el delito de tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  agravado  porque  la  cantidad  de  cocaína incautada superó los 5 kilos.    

H   E   C   H   O  S   

Fueron  reseñados  por las instancias de la  siguiente manera:   

“Conforme  lo  señalado  por la Fiscalía  acusadora,  se  tiene  que  el  día 29 de julio de 2007, los señores FRANCISCO  ANDRES  DEVIA   (sic)  y CARLOS ANGULO PEINADO, pertenecientes al Ejército  Nacional  BACCV7,  se encontraban realizando un puesto de control en la vía que  del  municipio  de  Yondó conduce a Barrancabermeja, vereda Puerto Tomás; a la  altura  del  puente  Guillermo Gaviria Correa, hicieron detener la marcha de una  camioneta  marca  Chevrolet  DMAX, de placa XWC-720 de color blanco, de servicio  público,  de  platón,  la  cual  era  conducida  por el señor ALEJANDO RINCON  SANCHEZ  (sic).  Al  ser registrado el automotor hallaron debajo de la silla del  conductor  y  en  el espaldar de la silla trasera 32 paquetes envueltos en cinta  aislante  transparente, dentro de dos bolsas plásticas de color negro y blanco,  que  por  su  consistencia  dedujeron  que  posiblemente  eran alucinógenos. En  consecuencia,  fue privado de la libertad, incautaron la sustancia ilícita y el  automotor,  informando  de  lo acontecido a sus superiores y dando los trámites  respectivos para la judicialización del caso.   

“Posteriormente,  la Policía Judicial del  Departamento  de  Policía  del Magdalena Medio practicó diligencia de pesaje e  identificación  preliminar  homologada,  toma  de  muestras  y  embalaje de las  sustancias  incautadas, la cual describieron como sólida, tipo terrón de color  beige,  con olor característico, que arrojó un peso bruto de 11.565.1 gramos y  un  peso neto de 10.906.2 gramos. A tres de las muestras analizadas le aplicaron  el  reactivo  Tanred,  que  arrojaron un resultado positivo para alcaloides y al  reactivo  de  Scout, resultando positivo para cocaína y derivados. Las muestras  obtenidas  se  enviaron  al  Laboratorio  de  Investigación  Científica  de la  Fiscalía de la ciudad de Bucaramanga”.   

A C T U A C I  Ó N    P R  O C E S A L   

1. El 30 de julio de  2007,  ante  el  Juzgado Promiscuo Municipal de Puerto  Nare   (Antioquia),   con   Funciones   de   Control  de  Garantías,    en   audiencia   preliminar   concentrada,   la   Fiscalía   21   Seccional  de   la   Unidad   Seccional   de   Puerto   Berrío,  sustentó:  (i)  la   legalidad   de   la   captura,   (ii)      la      formulación     de     imputación,     (iii)   imposición   de  la  medida  de  aseguramiento   y  (iv)  la  suspensión  de  la  capacidad  dispositiva  de la camioneta Chevrolet Luv D-Max  Diesel,  modelo  2007, color blanca, platón, doble cabina, de servicio público  y  de placa XWC-720, en donde fueron hallados los psicotrópicos. A pesar que el  defensor  de  confianza del indiciado, intervino a favor de su prohijado, con el  objeto   de   declarar   ilegal  la  captura,  que  se  ordenara  la  medida  se  aseguramiento  en  su domicilio y se le devolviera el automotor aludido; el Juez  impartió     aprobación    de    cada    acto    procesal    surtido    atrás  identificado.      

2. El 29 de agosto  de    2007,    la    Fiscalía   34   Especializada  Seccional, presentó escrito  de  acusación por el  punible de  tráfico,  fabricación    o    porte    de   estupefacientes1,     agravado2   

,  contra ALEJANDRO  RINCÓN   SÁNCHEZ,   ante   el    Juzgado    Primero    Penal    del    Circuito   Especializado   de  Antioquia.      

3.   El  28  de  diciembre     de     2007,     el     Juzgado    de  Conocimiento,               condenó   por   el  delito  imputado  a  RINCÓN  SÁNCHEZ, a la pena  principal   de   256  meses  de  prisión,  multa  de 2.666.66 smlmv  y a la accesoria de interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo término que la pena privativa  de la libertad impuesta.   

4. El 7 de marzo de  2008,  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Antioquia,                confirmó  el  fallo  recurrido  por  la  defensa técnica.   

5.  El  término  consagrado  en el artículo 183 de la Ley 906 de 2004, inició el 10 de marzo de  2008  y  venció  el  13  de  junio  de 2008, período durante el cual presentó  demanda  de  casación  el  defensor  de  confianza del sentenciado RINCÓN  SÁNCHEZ, libelo que hoy califica  la Sala.   

R  E S U M E N   D E   L  A   D E M A N D A   

Al    amparo    de    la    causal  segunda de casación prevista en  el  artículo  181,  de  la Ley 906 de 2004, el demandante arremetió, contra el  fallo     expedido     por     el    Tribunal    de  Antioquia,        por         “violación   a   garantías   fundamentales   del   Código   de  Procedimiento  Penal Artículo 457 por haberse dictado la sentencia en un juicio  viciado  de  nulidad  por  violación  al  Principio  Constitucional y Legal del  Derecho   de   –Defensa  Técnica”.   

Previo   a   ello,   transcribió   las  consideraciones  de  los  fallos  atacados  y expresó que las normas vulneradas  eran  los  artículos  8.2  literales  d  y  e  del  Pacto de San José de Costa  Rica3,    14.3   Pacto   de   Nueva   York4,  29  (debido  proceso),  93  (prevalencia  de  los  Tratados)  de la Constitución Política, 8, 124 (defensa  técnica),  130  (defensa  material), 393 (reglas del contrainterrogatorio), 395  (oposición  durante  el  interrogatorio),  403 (impugnación de la credibilidad  del testigo) de la Ley 906 de 2004.   

Teniendo en cuenta que el libelo, contrario a  lo  advertido  por la jurisprudencia desde antaño, es un memorial de instancia,  confeccionado  de manera libre, genérica y abstracta, la Sala lo condensará en  sus    aspectos    más   sobresalientes,   tal   y   como   se   puntualiza   a  continuación:   

1. Arremete contra  los  abogados  NORMAN  DE  JESÚS  CORREA  TABORDA  y  ESNEIDER  GÓMEZ  ARENAS,   para  incentivar  la  violación     al     derecho     de    defensa,    porque    es    “bastante  cuestionada  la  actividad  desplegada  por  el primer  abogado  en  la  fase  de  la  investigación,  la  cual  se caracterizó por la  ausencia  de  actividad  defensiva  tendiente a la recolección de evidencia y/o  material  probatorio  que  le  permitieran  organizar  de  manera adecuada… la  estructuración  de una teoría del caso acorde con la postura de inocencia y no  aceptación de cargos planteada por el imputado”.   

2. La actividad del  abogado  defensor “sólo se limitó a solicitar unos  testimonios  y  a  presentar  unos documentos (videos, fotos y mapa de la zona o  lugar  en  la  cual ocurrieron los hechos, recortes de prensa, certificación de  la  defensoría del pueblo)”, para demostrar que tal  sitio  era  considerado zona roja donde actuaba la guerrilla y los paramilitares  “con  tan  mala  fortuna  para  el  imputado que la  mayoría  de  esas  pruebas  fueron  desestimadas  y/o rechazadas por el Juez de  Conocimiento”.   

3. La actuación del  segundo   abogado   “es  absolutamente  deplorable,  obsérvese  Honorables  Magistrado  (sic)  el grado de irresponsabilidad de este  par  de  profesionales  del derecho”, pues el uno le  sustituye  al  otro  un  día  antes  de  realizarse  la  audiencia preparatoria  “sin haber preparado debidamente el caso pues en su  actuar se puede lograr esa inferencia”.   

4. Asumió el nuevo  defensor   el   caso  “sin  tener  la  capacidad  y  conocimiento   del  sistema  acusatorio  dejando  en  absoluta  indefensión  al  imputado”.   Pero   advierte   que   en   algunos  pronunciamientos   de   la   Corte   –radicado  17.687  del 27 de mayo de 2004 y otro sin identificar- se  viene  postulando  la  garantía  del  “derecho  de  defensa   en   su  binaria  expresión  de  material  y  técnica”,   porque   “la   abogacía  es  una  profesión  liberal  que  depende  entre  otros  de la formación académica del  profesional  su  ética, su postura jurídica, su experiencia, etc. E incluso su  inactividad  podría  entenderse  como  una  estrategia judicial defensiva, pero  esta  ultima  (sic)  es  una  línea muy delgada que separa la estrategia, de la  negligencia,  el  abandono o el desconocimiento, de allí que sea muy importante  que  los  Honorables  Magistrados  revisen  el proceder de estos profesionales y  puedan  en  su  legal  saber  y  entender si estamos en uno u otro extremo de la  posición de la defensa”.   

5.  Los  abogados  deben  prepararse  para  fungir  como  defensores dentro del sistema acusatorio,  “porque  la  falta de preparación para ello, puede  conllevar  que  la  defensa  sea  absolutamente inexistente, no por inacción de  este  defensor  sino porque la acción que ejecuta es tan supremamente ineficaz,  carente  de  técnica,  que termine convertida en una inacción total porque sus  reflejos dentro de la actuación van a ser nulos”.   

6. En el proceso, el  profesional  del derecho ESNEIDER GÓMEZ, “actuó en  forma  ineficiente en la formulación de las preguntas tanto a los testigos como  al  acusado”,  hecho  que destacó el defensor LUIS  ÁLVARO    FAJARDO,    en    su    alegato    sustentatorio   del   recurso   de  apelación”.   

7.    Hubo  “nula  orientación  jurídica hacia los testigos y  el acusado”.   

8.  No  efectuó  “las   debidas  diligencias  relacionadas  con  la  aclaración,  mediante  los respectivos interrogatorios, contrainterrogatorios y  redirectos,   tanto   a   testigos  como  acusado”,  respecto  de  RAÚL  CASTELLANOS CHINCHILLA, JEHOVANA  MÉNDEZ  FLÓREZ,  ABELARDO  RUEDA  TOBÓN,  FANY  RODRÍGUEZ, CARMELO MÉNDEZ y  ALEJANDRO      RINCÓN      SÁNCHEZ.   

9.  Por  tanto,  “ante la inactividad científica que debe buscar la  defensa”,  quien debe hacer un sinnúmero de cosas,  entre  las que mencionó, “asesorar técnicamente al  imputado  sobre  sus derechos y deberes… equivale no solo (sic) a una omisión  en  defensa  en  si, sino a demás se termino (sic) ubicando al señor ALEJANDRO  RINCON   SANCHEZ  (sic)  en  peor  situación  que  si  la  defensa  se  hubiere  omitido”,  en  donde citó una jurisprudencia de la  Corte Constitucional.    

En  la  trascendencia,  nuevamente citó las  normas  que en su concepto fueron vulneradas, aduciendo que debe retrotraerse la  actuación  hasta  la  audiencia  de  formulación  de acusación, momento en el  cual,  se  obliga  a ejercer una tutela judicial de las garantías en cabeza del  procesado.  En consecuencia, no basta “contar con un  profesional  del  derecho  y por ende un derecho de defensa formal, cuando de la  actividad   del   abogado   se  desprende  su  desconocimiento  palmario  de  la  legislación  del  sistema  penal  acusatorio  dejándolo  como una persona cuya  impericia  y  falta  de  idoneidad  ha  causado  un  perjuicio  irremediable  al  acusado”.    

Advierte  el demandante sobre la importancia  de  la  nulidad  alegada,  hasta  el  punto  que  la  misma  Corte  “ha  visto  la posibilidad incluso de una casación oficiosa así  la  demanda  no  reúna los requisitos exigidos para este recurso por qué (sic)  lo  que  se  entra  a proteger es el derecho material y las garantías debidas a  las  personas…  basta  con  ello Honorables Magistrados observar detenidamente  los  videos  correspondientes  a  la  audiencia preparatoria y a la audiencia de  juicio  oral  para  apreciar  la  ostensible  y  palmaria de la violación a ese  derecho fundamental”.   

CONSIDERACIONES   DE  LA CORTE   

1. Viene señalando  la  Sala,  que con la entrada en vigencia del  sistema  procesal penal  acusatorio   previsto  en   la   Ley   906   de  2004,   se    amplió    el   radio   de   acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  toda vez que, en la actualidad es susceptible la  impugnación  contra  decisiones  de segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales   de  Distrito  determinados  en  el  territorio  nacional, atacando los fallos de absolución o  condena,  sin  tener  en  cuenta  como  presupuesto  para  su  admisibilidad  el  quantum de pena descrito en  cada tipo penal, como lo imponían las legislaciones anteriores.   

En  esencia, para ser admitida la demanda de  casación,  el  censor  debe  tener  interés, formular y desarrollar los cargos  contra  el  fallo  de  segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de  derechos   y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además,  que  el  actor tenga presente lo  preceptuado  en el artículo 180 del Código Instrumental Ley 906 de 2004, en el  entendido  que una de las obligaciones al confeccionar el libelo es demostrar  la  necesidad  de  intervención de la Corte  para  el  logro  de  alguno  de  los  fines  establecidos  por el  instituto.   Siendo   ello   así,  el  Principio  de  Intervención  debe  ser  el norte del libelista toda  vez  que  el  mismo  integra cuatro aspectos teleológicos que se traducen en el  espíritu  de  la censura: i)  la  efectividad  del  derecho material, ii)  el  respeto de las garantías de los intervinientes, iii)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a las partes y iv)  la unificación de la jurisprudencia.   

Todos  estos  propósitos se deben conjugar,  desde   luego,   en   coherencia   total   y   armonía,   con   los   adelantos  jurisprudenciales  que  se  vienen  cristalizando  en  punto de los presupuestos  requeridos  para  atacar  y  demostrar  los  posibles yerros de los funcionarios  judiciales,  sin  que  sea  permitido  desligar,  apartar  o separar el trípode  casacional:  fines,  causales  y  debida  sustentación;  excepto cuando la Sala  advierta,   que   por   vigencia  de  derechos  y  garantías  constitucionales,  obviamente  vulnerados,  debe casar de oficio, desde luego, por diversos motivos  a los demandados.      

Desde  otro  punto  de  vista, la Sala viene  insistiendo  que  el  nuevo  sistema  procesal  penal  acusatorio  al  disciplinar todo lo concerniente a la  impugnación  extraordinaria,  jamás  precisó que los presupuestos formales ya  no  son  necesarios para sustentar una demanda. Todo lo contrario, el recurso de  casación,  no perdió su entidad de juicio lógico-argumentativo, de manera que  el   libelo  debe  cumplir  pautas  que  impidan  concebirlo  como  tercera   instancia,  donde  los  reparos  compilen   presupuestos  de  claridad y precisión, porque a la Corte no le  corresponde    interpretar    las    alegaciones    de    los   recurrentes   en  casación.5   

En  consecuencia,  la  Sala ha sostenido que  para  admitir  o  seleccionar una demanda de casación a fin de decidir de fondo  sobre  el  problema  jurídico  planteado por el actor; la censura, en sí, debe  sujetarse  al  cumplimiento  de  los  presupuestos  formales  consagrados  en el  artículo  184, ordinal 2°  de la Ley 906 de 2004, o demostrar la evidente  vulneración  a  los  derechos fundamentales que le asisten a los intervinientes  en  el  proceso;  es  por  todo  ello  que  se  deben aplicar los principios que  orientan  la  casación  penal  como  los  de claridad,  autonomía,  razón  suficiente,  no  contradicción,  entre  otros,  para –de la  mano  con  ellos-  presentar  una  argumentación  puntual  y  razonable, habida  consideración  de compendiar en el ataque, los errores de juicio o de actividad  que     pudieron     haber     incurrido     los     falladores.    Objetividad,  comprensión,  precisión, y trascendencia,  también  son  postulados  y  perspectivas  que  deben  guiar el  ejercicio  intelectual  en la elaboración de la demanda por parte del censor, a  fin  de  demostrarle  a  la  Sala,  el  motivo por el cual debe ser aceptada una  determinada   tesis   jurídica   o   una   legal   valoración  de  los  medios  probatorios.    

También  viene indicando la jurisprudencia,  en   múltiples   oportunidades   que   i)    la    correcta    selección   de   la   causal,   ii)  el  interés del actor, iii)   la   coherencia   de  los  cargos  aducidos,  iv)  la  puntual  fundamentación  fáctica  y  jurídica,              v) el cumplimiento de al menos uno de los  fines  del  instituto;  marcan  la pauta para declarar la inconstitucionalidad o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo  184,  3  de  la Ley 906 de  2004.   

2.  En múltiple y  pacífica     jurisprudencia    también    se    ha    dicho    que,   cuando   se   alega   violación    al    derecho    de    defensa    técnico,  frente  a  una posible actitud pasiva  del  defensor,  es  obligación  inexorable  del  demandante  constatar el daño  causado  con  tal dejadez: repercusión que tiene que ser evidente y manifiesta;  en  el entendido que no cualquier pensamiento, reflexión, hipótesis o criterio  jurídico  puede  dar lugar a nulitar lo actuado. Se trata, entonces,  de  sanear  en forma inmediata, aquel  estadio  procesal  que  de  manera  ostensible  y  concreta hubiere lesionado el  derecho            de            garantía6.   

El silencio del defensor, en lo atinente a la  solicitud  de  pruebas  o  al  no haber recurrido las diversas decisiones que se  adopten  en  instancias,  jamás será un efectivo y real abandono de la misión  profesional  encomendada,  si  con  otros  actos  defensoriales  se evidencia la  estrategia7  del  encargo.  Por  consiguiente,  para demostrar la vulneración  aludida,  se  requiere  que  en  la  demanda  se  verifique la afectación a las  garantías  de  los  intervinientes  en  el  proceso,  por  haberse producido un  perjuicio    palpable,    o    desconocido    las    bases   fundamentales   del  juzgamiento.    

3.  La censura presentada por el defensor de  ALEJANDRO  RINCÓN SÁNCHEZ,  no  reúne  los  presupuestos  mínimos  de  coherencia  y lógica-argumentativa  puntualizados  por  la  jurisprudencia  para  admitir  la demanda, pues si bien,  propuso  como  punto de partida para lograr la infirmación del fallo de segundo  nivel,  una  nulidad  consagrada  como  causal  de casación en el numeral 2 del  artículo  181  en  armonía  con  el  artículo  457 de la Ley 906 de 2004, por  violación  al  derecho  de defensa; en su desarrollo y demostración, incurrió  en  graves  fallas  que  atentan  contra  la  filosofía  que inspira el recurso  extraordinario.   

Siendo ello así, como metodología, la Sala  examinará  el cargo teniendo presente la vasta confusión del libelista, con el  objeto  de  establecer  los errores de mayor impacto legal y jurisprudencial, en  los    que    incidió.  Conjuntamente  y  sin  que se entienda como una respuesta de fondo a la censura,  sino  en  virtud  del  ejercicio  pedagógico  que  viene  realizando  la Corte,  adicional  a  sus funciones, se compendiaran algunos aspectos inherentes al caso  en estudio.    

1.  Los argumentos de la nulidad planteada se  sintetizan de la siguiente manera:   

(a) La formuló por  violación      al      derecho     de     defensa     técnica     (b)  fusionándola en el mismo texto, con  la  material,  las  reglas  del  contrainterrogatorio  y  la credibilidad de los  testigos,  (c) cuestionó la  actividad    desplegada    por   el   primer   abogado   defensor   “por     ausencia     de    actividad    defensiva”,   respecto   a   la   recolección   de  evidencia,  (d)   no   estableció  de  “manera  adecuada”  la  teoría  del  caso,  por ser inocente ni rechazó la “aceptación de cargos planteada por el  imputado”,    (e)   la  actividad  del  abogado  sólo  se limitó a pedir algunos documentos y adjuntar  pruebas  que  fueron  rechazadas  por  el  Juez  de  conocimiento,  (f)  la  actuación  del  segundo abogado  defensor          fue         “absolutamente  deplorable”  al  haber aceptado la sustitución del  poder    un    día   antes   de   la   audiencia   preparatoria,   (g)  el  nuevo profesional del derecho no  conoce  el  sistema  acusatorio, tampoco preparó la defensa, fue ineficiente en  la  formulación  de  las  preguntas  a  los  testigos  y  al acusado, dejó sin  orientación   jurídica  a  todos,  ni  realizó  bien  el interrogatorio,  contrainterrogatorio  y  redirecto,  (h)  en  la  trascendencia  adujo que el abogado defensor desconocía el  sistema  penal,  no  tuvo  idoneidad,  cuya  impericia  le  causó  un perjuicio  “irremediable     al     acusado”,  (i) afirmó  que  la  Corte, aceptó que se puede casar aún de oficio, cuando se violente el  derecho   por   él   demandado,   y   (j)  todo  lo  cual   puede  constatar  la  Sala,  si estudia las  audiencias preparatoria y de juzgamiento.       

2. Yerros detectados en la demanda:  

El           primer  error,  se  percibe  de  entrada,  cuando  el actor –de forma  tímida  y  soslayada-  le  solicitó a la Corte que debía superar las posibles  falencias  de  su  demanda  en pro de garantizar los fines del recurso objeto de  estudio  y  otros  derechos  de  superior  jerarquía,  mediante  una  casación  oficiosa  en  el  mismo sentido expresado en la demanda, esto es, por violación  al    derecho   de   defensa   técnica.   

Con  tal proceder, alteró la filosofía que  inspira  el  recurso  extraordinario,  desconociendo los más simples y mínimos  presupuestos,  como  son la debida argumentación lógica-jurídica a fin de ser  admitida,   pues   por   ejemplo,  de  aceptarse  una  tesis  tan  voluble,  por  sustracción  de materia, el libelo no tendría razón de ser y todos los fallos  de  segunda  instancia,  deberían ser asimilados por la Sala a fin de constatar  su  afinidad con las garantías fundamentales; cuestión claramente absurda, con  fundamento,  entre  otros  axiomas, al de presunción de acierto y legalidad que  viene  unida  a  los fallos y al de seguridad jurídica, entendiéndose por tal,  las  actuaciones de los funcionarios cuando administran justicia, las cuales son  justas,  legales,  ecuánimes,  imparciales y objetivas.       

De  suerte,  entonces,  que  los fines de la  casación  inexorablemente  conforman  una  sinfonía  epistemológica  con  las  causales  y  la debida argumentación lógico-jurídica, en donde los libelistas  deben  fusionar  y  sopesar  cada  cargo,  teniendo  presente  tal  trípode  conceptual  argumentativo, que  viene  desarrollando la jurisprudencia, para atacar las decisiones de instancia,  sin  que  la  regla  sea  el  éxito  de  la  censura por los fines en si mismos  considerados   y   con   tal  percepción  admitir  toda  clase  de  conjeturas,  hipótesis,   supuestos   y   tesis  subjetivas,  contenidas  en  las  demandas.   

Por  esta  potísima razón, la casación es  procedente  presentarla  cuando  de  verdad  la  judicatura  yerre  el  juicio o  desencadene  una  actividad  contraria  al  debido  proceso constitucional, esta  desde   luego,   es   la  excepción  –y  si  el libelo tampoco reúne los presupuestos mínimos- la Sala,  no  obstante, entrará en forma inmediata, como es su deber, a combatirlo por el  camino  de  la  oficiosidad.  Más   no  puede,  justificar  reflexiones  deshilvanadas,  fuera  de  contexto,  ausentes  de  motivación  y contradictorias, para a partir de ahí, admitirlas,  sin  ningún  soporte  legal,  jurisprudencial  y  de  vigencia  de  derechos  y  garantías      fundamentales      –así   al  unísono  se  demanden-  en  cabeza  de  los  diferentes  intervinientes  en  el  proceso  penal;  porque  la  casación oficiosa no es el  método  ni el camino expedito para rehacer el trabajo del defensor, menos aún,  cuando  subjetivamente  cree  ser   el único que tiene la verdad sobre las  valoraciones realizadas por los juzgadores.   

El  demandante  afirmó  que  “basta  para  ello  Honorables Magistrados observar detenidamente  los  videos  correspondientes  a  la  audiencia preparatoria y a la audiencia de  juicio  oral  para  apreciar  la  ostensible y palmaria de la violación de este  derecho   fundamental”,  con  ese  actuar,  tampoco  satisfizo,  desde  ningún  punto  de vista, la motivación que debe preceder un  ataque  de  tal  naturaleza,  pues  la admisión no se persigue con invitar a la  Sala  para  suplir  la labor a él encomendada y que dejó inane, al sustentarla  con  apreciaciones  subjetivas  y  descalificando  la  labor  ejercida  por  los  defensores que reemplazó, sin ningún presupuesto casacional.   

En  principio,  la  censura no se demuestra,  atacando  en forma violenta e indiscriminada a los profesionales del derecho que  él  precedió,  sino  constatando con el devenir procesal, los posibles errores  –manifiestos, ostensibles  y  groseros-  que  realizaron,  con  el objeto de concatenarlos a las normas, al  conocimiento  de  violación, a los fines de la casación y, por ende, demostrar  la   magnitud   de  la  nulidad  alegada,  mediante  una  debida  argumentación  lógico-jurídica.    

Es preciso indicar, que cada nulidad tiene un  desarrollo   independiente,   debiéndose   identificar  la  clase  de  falencia  (estructura  o garantía), denunciando el sentido en forma autónoma sin mezclar  violaciones  al  debido  proceso  entre  si, o al derecho de defensa (técnico y  material),         menos        hacerlas        confluir       –como  en  el  presente  caso- con las  reglas   del   contrainterrogatorio,   y   la   credibilidad  de  los  testigos.   

Por  consiguiente,  si  se  quiere  proponer  algún  supuesto,  por ejemplo, del debido proceso, debe demostrarse: ¿cómo se  fracturaron  las  bases  legales  del  mismo  ya  sea  en  su  aspecto  formal o  conceptual?,  ¿por  qué habría que retrotraer lo actuado en instancias?, ¿de  qué  forma  se  vulneraron  las  garantías  demandadas? y ¿cuáles fueron las  repercusiones  y el daño causado con tales vulneraciones? en desmedro de la ley  y  de  los  sujetos  procesales;  entre  otros  aspectos,  puntualizados  por la  Sala.   

No  pudiendo  olvidar  el  demandante  los  principios  que  rigen las nulidades como el de convalidación, finalidad de los  actos,  entre  otros,  a  fin  de  fortalecer la infirmación del fallo último,  temática que también olvidó el censor trabajar.   

El           segundo  yerro  tiene  que  ver  con  la  esencia  misma  del  ataque  alegado por violación al derecho de defensa, en el  entendido   que   con   fundamento   en   su  particular,  general  y  exclusiva  visión,  infiere  aquello  que  en  su  criterio  perjudicó  al  penado,  más  dejó  al  vaivén todo lo  importante,  como es la relevancia del ataque, siendo sus principales argumentos  el  rechazó  indiscriminado de  la actividad litigiosa que desplegaron sus  antecesores.   

En otras palabras, tendría que haberse hecho  todo  aquello  que el actor estima más conveniente para poder entender cómo es  el  verdadero  ejercicio  de  defensa  técnica,  lo  cual  se  advierte, cuando  afirmó,  “obsérvese Honorables Magistrado (sic) el  grado    de    irresponsabilidad    de    este    par   de   profesionales   del  derecho”,  al  sustituirle, el uno al otro, un día  antes  de  realizarse la audiencia preparatoria “sin  haber  preparado  debidamente  el  caso  pues  en  su actuar se puede lograr esa  inferencia”.   

Así     mismo,     el    tercer    desatino,   tiene   que   ver,  justamente,  con  la afirmación precedente, pues los indicios deben atacarse en  casación  por  violación  de  la ley sustancial, error de hecho, en sentido de  falso  raciocinio;  más  no  presentar  una  genérica  inconformidad,  -que no  demostró-  y  que  de  paso,  apoyó  con el buen desenvolvimiento de un tercer  abogado  que  sustentó  la apelación del fallo, como si estuviera en una nueva  instancia.  Por  tanto,  mezclar la clase de yerros derecho de defensa con falso  raciocinio,  atenta  contra  el  principio  de autonomía que rige el recurso de  casación,  en  el  entendido que con la motivación de un cargo no se satisface  la de otro.   

En  forma adicional quiso el actor probar su  hipótesis,  cuando indicó que el segundo defensor asumió el caso “sin  tener  la  capacidad  y conocimiento del sistema acusatorio  dejando  en  absoluta indefensión al imputado”. Con  éstas  conjeturas,  puso  por  encima  de  las  valoraciones que realizaron las  instancias,  su particular y exclusivo pensamiento; mírese, por ejemplo, lo que  el  Tribunal,  en  este punto adujo: “en realidad de  verdad   verificada   la  actuación  de  instancia,  desde  las  audiencias  de  formulación  de  acusación inclusive, no se observa ostensible vulneración de  derecho  fundamental  alguno,  menos  el  de  defensa  técnica, como para hacer  prosperar  la  pretensión  de  nulitar la actuación por vulneración al debido  proceso.  Por  supuesto,  hay  falencias  en  la  implementación de la técnica  propia   de   una   nueva  sistemática,  que  como  lo  señaló  ya  la  misma  jurisprudencia,  resultan  explicables  y  admisibles  de  cara a los diferentes  roles  de  los  intervinientes;  sin  que  esta  postura  justifique la falta de  preparación  y  capacitación  permanentes de todos los que debemos interactuar  en los diferentes procesos”.    

El           cuarto  desatino,  es  consecuencia  del  anterior,  cuando  en  punto  al  derecho  de  contradecir  los  diversos medios  probatorios,  se  detiene  el libelista a reflexionar sobre algunos testimonios,  por  ejemplo,  aseveró  en  lo  atinente  a la declaración de su prohijado que  “la  defensa  en vez de preguntar indica al testigo  que  de (sic) su versión. Luego de tener uso de la palabra por casi 24 minutos,  la  defensa  comenzó  a  interrogar  de lo que ya había manifestado su testigo  pero  sin  profundizar  en los hechos relevantes para la investigación, dejando  de    lado    todas   las   dudas   que   sembraron   los   militares   en   sus  declaraciones”.   

   

Se      violentó      –con    tal   actuar-   el   principio  de  la  lógica  de  no  contradicción,  toda vez que la motivación debe guardar una unidad conceptual de  tal  modo  que  en  una  misma  línea hermenéutica, no es lógico afirmar   y   a   la   vez  negar   alguna  circunstancia,  hecho  o  determinada  teoría;  habida  consideración que la conclusión sería producto  de  un  procedimiento  intelectivo  confuso  -como  en  el caso en estudio- pues  afirmó   el   libelita,   primero   “ausencia   de  actividad  defensiva”,  segundo,  “absolutamente deplorable  el  grado  de  irresponsabilidad de este par de profesionales del  derecho”,     tercero  falta            de            “preparación”,     cuarto    que   no   fue   “eficaz”,        quinto      tampoco      “letrada”,    sexto    “absolutamente  inexistente”,      séptimo    “sin  tener  la  capacidad  y conocimiento del sistema acusatorio  dejando  en  absoluta  indefensión  al  imputado” y  octavo  que “la  falta  de  preparación…,  pude  conllevar que la defensa sea  absolutamente    inexistente,   no   por   inacción  de   este   defensor   sino   porque   la   acción   que   ejecuta   es   tan  supremamente       ineficaz,      carente      de  técnica,  que termine convertida en una inacción   total  porque  sus  reflejos  dentro   de   la   actuación  van  a  ser  nulos”.  (Subrayado fuera de texto).   

Nótese,      como      quinto  desquicio  que,  referente  a los  testimonios,  también  cae  en  el  mismo vacío jurídico, por ejemplo, cuando  afirmó    que    el    declarante    ABELARDO    RUEDA   TOBÓN,   “es  testigo concretamente de las llamadas que recibió Alejandro  Rincón  Sánchez  al  momento  de  los  hechos del puente, que escuchó algunas  repetidas   llamadas   que  recibía  el  celular  del  acusado…  pero  realmente no fue así. Este testimonio da Fe de que Alejandro  dijo  la  verdad… la defensa de manera injustificada  se  abstiene  de  interrogar al testigo”. (Subrayado  fuera de texto).   

Pretende,  en  consecuencia,  calificar  sus  aserciones  como  verdaderas  y  correctas,  contrariando  lo  valorado  por los  falladores,  sin entender que la simple disparidad de criterios, no se compadece  con  una  debida  argumentación  que reclama el recurso casacional, al no poder  identificarse  como  si  fuera  una  tercera instancia, desconociendo realidades  inmutables puntualizadas por el Juez Colegiado, al sostener que:   

“(…) hubo una razonada refutación de la  actuación;  se  planteó una teoría del caso mínimamente viable, de cara a la  captura  en  flagrancia  del representado por la conducta punible de tráfico de  estupefacientes,  con la consecuente implementación de una estrategia defensiva  para   fundamentarla,  consistente  en  demostrar  una  causal  de  ausencia  de  responsabilidad,  introduciendo un material probatorio al Juicio que incluía al  propio acusado.   

“ Muy fácil resultaría ahora juzgar que  el  rol  del  Defensor no reveló las mayores destrezas, que en suma no jugó un  papel  protagónico  en la medida en que no prosperó sus teoría del caso; pero  tal  juicio  ex  post se resquebraja en punto de la razonabilidad, no solo (sic)  porque  lo señala la jurisprudencia, esa noble misión se asume en el estado en  que  se  encuentra  la  actuación  y, como ya se dijo hubo falencias pero no al  punto  de  resquebrajar el debido proceso, incluyendo entro de él el derecho de  defensa”.   

El sexto  desquicio,  es  inherente  al contexto general puntualizado en la  trascendencia  del  ataque,  puesto  que  peticionó  la declaratoria de nulidad  desde  la  audiencia  preparatoria  por ausencia de defensa técnica, al suponer  que  la casación oficiosa operaría a su favor, al culpar por impericia y falta  de  idoneidad  de  los  defensores e invitar a la Sala que detecte las nulidades  que expresó pululan la actuación; dejándola insustancial.    

Siendo  ello  así,  el  daño  propuesto se  muestra  precario,  toda  vez  que  el  principio de trascendencia aludido no se  acredita  con  la repetición de los argumentos diseñados en la parte motiva de  la  demanda,  sino  que  ellos  serán  el reflejo latente de la violación a un  precepto  del  Bloque  de  Constitucionalidad,  la  Constitución  o  legal  llamado  a  regular el caso; por ejemplo, si las instancias se hubiesen apartado  de   las  máximas  de  la  experiencia  objetivamente,  en  la  valoración  de  determinadas  pruebas,  con  la  categoría  de  incriminatorias;  será  deber,  entonces,  del  demandante,  desacreditarlas  por  razón  de  su convergencia o  divergencia,  mostrando  un  nuevo  horizonte  hermenéutico probatorio en total  oposición  al  declarado  por  los  falladores  y  aplicando  correctamente los  principios que informó fueron vulnerados.    

La Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con la ley y la jurisprudencia, en el que paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los falladores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el demandante  demuestre   con   una   temática   jurídica  contundente  que  las  instancias  desbordaron  la  aplicación  o interpretación del derecho en relación con los  hechos y pruebas aceptados, entre otras alternativas de ataque.   

Así las cosas y, como quiera que el recurso  de  extraordinario  de  casación está regido, entre otros, por el principio    de    limitación,    las  deficiencias  que  presenta  la  demanda  jamás  podrán  ser remediadas por la  Corte,  en  tanto que no le corresponde asumir la tarea argumentativa propia del  recurrente,  para complementar, adicionar o corregir su escrito de impugnación,  máxime  cuando  es  antiquísimo el criterio de la Sala en el sentido de que la  impugnación  es  un  juicio  lógico-argumentativo  que  tiene  una regulación  prevista   por  el  legislador,  desarrollada  por  la  jurisprudencia,  con  el  propósito  de  que  no  se  convierta en una tercera instancia.   

Los anteriores motivos son suficientes para  inadmitir   la   demanda  presentada    a    favor    de    ALEJANDRO   RINCÓN  SÁNCHEZ.  No  obstante,  como  se advierte fallas al  principio  de legalidad de la pena, las cuales deben ser corregidas en garantía  a  los  derechos  constitucionales en cabeza del hoy condenado, una vez se surta  el  lapso  destinado para notificar el presente auto, regresará el proceso para  los fines pertinentes.   

3. Mecanismo de insistencia:  

Teniendo en cuenta que contra la decisión de  inadmitir   o     no     selección    de  la  demanda  procede  el  mecanismo de  insistencia  de  conformidad con lo establecido en el  artículo   186   de   la   Ley   906   de   2004,  cuyo  trámite  no  fue  regulado, pero que para tornarlo  operativo,  la  Sala  ha  definido  las  reglas  que habrán de seguirse para su  aplicación8, como pasa a indicarse:   

1. La insistencia es  un  mecanismo  especial que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide    inadmitir    o    no    seleccionar    la  demanda  de  casación, con el fin de que reconsidere  lo  decidido. También podrá ser provocado oficiosamente, en el mismo término,  por  alguno  de  los  Delegados del Ministerio Público para la Casación Penal,  salvo  que  el  Procurador  Judicial Delegado ante el Tribunal Superior fuese el  demandante.  El  mecanismo,  entonces,  opera  para  el  Procurador Judicial, el  Magistrado  disidente  o el que no haya participado en los debates y suscrito la  providencia inadmisoria.   

2.  Es potestativo  del  Magistrado  –en los  casos  indicados-  o  del Delegado del Ministerio Público ante quien se formula  la  insistencia  optar  por  someter  el asunto a consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión.  En  este último evento informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

3. El auto a través  del  cual  se inadmite la demanda de casación trae como consecuencia la firmeza  de  la  sentencia  de segunda instancia contra la cual se formuló el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

4.  También viene  precisando            la            Corte9   que   la   audiencia   de  sustentación  prevista  en  el  artículo  185  de  la  Ley  906 de 2004, no se  dispondrá  su  celebración, por cuanto su procedencia está circunscrita a los  casos de admisión de la demanda.   

Con  fundamento en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:     Inadmitir     la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  ALEJANDRO   RINCÓN   SÁNCHEZ,  por  las  razones aducidas en la parte motiva del presente proveído.   

Segundo:  Contra la  inadmisión     procede     el     mecanismo     de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso 2° del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, en los términos detallados en el acápite  final de esta determinación.    

Tercero: Verificado  lo   anterior   regrese   el  expediente  al  Despacho  para  proveer  sobre  la  casación  oficiosa,  en lo  atiente    al    principio   de   legalidad   de   la  pena,  tal  como  se  puntualizó atrás.   

Cuarto:  Cópiese,  notifíquese y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

         Excusa  justificada            

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

Permiso  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

Comisión de servicio  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1  Previs   to en el artículo 376.- “El que  sin  permiso  de  autoridad  competente, salvo lo dispuesto sobre dosis para uso  personal,   introduzca  al  país,  así  sea  en  tránsito  o  saque  de  él,  transporte,   lleve   consigo,  almacene,  conserve,  elabore,  venda,  ofrezca,  adquiera,   financie  o  suministre  a  cualquier  título  droga  que  produzca  dependencia,  incurrirá  en  prisión  de ciento veintiocho (128) a trescientos  sesenta  (360)  meses  y multa de mil trescientos treinta y tres punto treinta y  tres  (1.333.33)  a  cincuenta  mil (50.000) salarios mínimos legales mensuales  vigente”.  Penas  aumentadas por el artículo 14 de  la  Ley  890  de  2004,  a  partir del 1° de enero de 2005. Artículo declarado  exequible mediante sentencia C-689 del 27 de agosto 2002.   

2  El  artículo  384.  Circunstancias  de  agravación  punitiva.  “El mínimo de  las   penas  previstas  en  los  artículos  anteriores  se  duplicará  en  los  siguientes   casos:  (…)  3.  Cuando  la  cantidad  incautada  sea  superior  a  mil  (1.000) kilos si se trata de marihuana; a cien  (100)  kilos  si  se trata de marihuana hachís; y a cinco (5) kilos si se trata  de  cocaína  o metacualona o dos (2) kilos si se trata de sustancia derivada de  la   amapola”.   Corte   Constitucional:  artículo  declarado  exequible  mediante  sentencia  C-1080  del  5  de diciembre de 2002,  “bajo  el  entendido que en ningún caso podrá ser  aplicada   una   pena  que  supere  el  máximo  fijado  en  la  ley  para  cada  delito”.  Estarse  a  lo  resuelto  en la decisión  anterior: sentencia C-044 del 26 de febrero de 2003.   

3 Ley  16 de 1972.   

4 Ley  74 de 1968.   

5 Corte  Suprema de Justicia: radiado: 25.565 del 8 de junio de 2006.   

6   Corte    Suprema    de   Justicia:   igual   línea,  radicado:  11.040  del 22 de  octubre  de  1999, 11.555 del  11   de   agosto   de   1999,   12.361   del   16   de   junio   de   2000,  12.662  del  2  de  febrero de 2000 y  10.896  del  18  de  diciembre de 2000. Así mismo, la  falta  de  idoneidad  del  profesional  del  derecho  debe  ser absoluta o total  abandono  en  su  ejercicio,  ver  por  ejemplo,  fallo radicación 28.028   del   23   de   abril  de  2008;  28.638 del 5 de diciembre de  2007.   

7 En el  mismo  sentido, Corte Suprema de Justicia: radicados: 13.929 del 11 de agosto de  1998,   12.998   del   11   de   julio  de  2000,  11.376  del  12  de  mayo  de  2000.   

8 Corte  Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.   

9 Corte  Suprema de Justicia: radicado 28.059 de agosto 23 de 2007.     

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