29973(17-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 29973  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 267  

Bogotá, D.C., septiembre diecisiete (17) de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

La  Sala  resuelve  la  admisibilidad de las  demandas   de  casación  presentadas  por  los  defensores  de  los  procesados  FRANCISCO     ARTUNDUAGA    BEDOYA    y   JAIME  ALBERTO  PANAMEÑO  contra  el  fallo  proferido  el  19  de  noviembre de 2007 por el  Tribunal  Superior  de  Cali,  confirmatorio del dictado el 3 de octubre de 2006  por  el Juzgado Veinte Penal del Circuito de la misma ciudad, a través del cual  el  primero  fue  condenado  por  los delitos de falsedad en documento privado y  fraude procesal y el segundo sólo por este último.   

HECHOS  

         

Por  compulsa  de  copias  se conoció de la  investigación  seguida  en  la  Fiscalía  Séptima  Seccional  de  Cali contra  Rosa     Érika  Mendoza  Álvarez  y JAIME  ALBERTO  PANAMEÑO por el delito de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  en  la  cual,  el 17 de  septiembre  de  2003, su defensor FRANCISCO ARTUNDUAGA  BEDOYA  allegó  un  contrato  de arrendamiento con el  propósito  de  demostrar  que la cocaína a ellos incautada en el inmueble  donde  residían,  pertenecía  al  inquilino  a  quien  le  habrían rentado la  habitación  donde  fue  hallada;  documento del que luego se constató tanto su  contenido  mendaz  como  la falsedad de la presentación personal realizada ante  notario.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Recibido el duplicado de esas diligencias, la  Fiscalía  Noventa  y  Una  Seccional de Cali declaró abierta la instrucción y  vinculó  mediante  indagatoria  a Rosa Érika Mendoza  Álvarez  y  JAIME  ALBERTO  PANAMEÑO, a quienes resolvió su situación jurídica  absteniéndose  de  imponerles  medida  de  aseguramiento,  ocurriendo  lo mismo  frente   a  FRANCISCO  ARTUNDUAGA  BEDOYA poco después.   

Clausurada  la  investigación,  el  10  de  noviembre  de  2005,  se  calificó  el sumario con resolución de acusación en  contra    del    procesado    FRANCISCO   ARTUNDUAGA  BEDOYA  por  su  probable  autoría  en los delitos de  falsedad  en  documento  privado  y fraude procesal, mientras que a JAIME  ALBERTO  PANAMEÑO, únicamente se  lo  convocó  a  juicio  por  la  última de estas infracciones, a la par que se  precluyó  la  instrucción  a  favor  de  Rosa Érika  Mendoza  Álvarez,  decisión que cobró firmeza el 28  de noviembre siguiente.   

La   etapa   de   la  causa  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Cali donde, agotada la  audiencia  preparatoria,  la  actuación  se remitió al Juzgado Veinte de igual  jerarquía  y  ciudad, pues aquél asumió funciones de conocimiento en el marco  de  la  Ley  906 de 2004; luego, cumplida la vista pública, se dictó sentencia  el  3  de  octubre  de 2006, condenándose a FRANCISCO  ARTUNDUAGA  BEDOYA  a  las penas principales de cuatro  (4)  años  y  seis  (6)  meses de prisión y multa de doscientos (200) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  tras  hallarlo autor responsable de los  delitos imputados en la acusación.   

A  su  vez, JAIME  ALBERTO  PANAMEÑO corrió con la misma suerte, al ser  condenado  a  cuatro  (4)  años  de  prisión por su autoría en el ilícito de  fraude   procesal,   y  ambos  fueron  sancionados  con  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por cinco  (5)  años,  negándoseles  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la  pena,  situación  por  la cual se dispuso su captura. Finalmente, se ordenó la  compulsa  de  copias  para  investigar el delito de falso testimonio respecto de  dos   de   los  declarantes  de  descargo,  así  como  para  adelantar  acción  disciplinaria   en   contra   del  abogado  FRANCISCO  ARTUNDUAGA BEDOYA.   

Impugnado  el  fallo  oportunamente  por los  defensores    de    los    procesados,    mas    no    así   por   ARTUNDUAGA  BEDOYA y allegado escrito del  Ministerio  Público  en calidad de no recurrente, el Tribunal Superior de Cali,  con  decisión del 19 de noviembre de 2007, tuvo por extemporánea la apelación  de  aquél  y  confirmó  la  sentencia  íntegramente;  por  consiguiente,  los  apoderados  de  los  inculpados interpusieron recurso de casación y presentaron  en tiempo los respectivos libelos.   

LAS DEMANDAS  

La  allegada  por el defensor de  JAIME ALBERTO PANAMEÑO se compone de un  solo  reproche  postulado  al  amparo de la causal primera, cuerpo segundo y, la  radicada  por  el  letrado  de  FRANCISCO  ARTUNDUAGA  BEDOYA,  contiene  dos  cargos,  uno  donde  alega  la  violación  directa  de  la ley de carácter sustancial y otro en el que discute  errores   de  apreciación  probatoria;  en  virtud  de  tales  reproches  ambos  profesionales piden casar la sentencia.   

Con  el propósito de evitar repeticiones, a  medida  que  se sintetice en forma independiente el contenido de cada una de las  demandas  y los cargos, se expresará frente a los mismos si satisfacen o no los  requisitos  de  lógica y debida argumentación exigidos para acceder al recurso  extraordinario.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

Está suficientemente decantado por la Sala,  en  relación  con  la tarea a realizar cuando entra a examinar la admisibilidad  del  libelo  casacional,  de  acuerdo con lo dispuesto en el artículo 213 de la  Ley  600  de  2000, que su interés se concentra en verificar el cumplimiento de  las  exigencias  de  lógica y adecuada argumentación de las censuras, en punto  de  aquellas  consagradas por el legislador, pero también las desarrolladas por  la  jurisprudencia,  con el propósito de impedir la transformación del recurso  en    cuestión    en    una   instancia   adicional   a   las   ordinarias   ya  agotadas.   

En  este  sentido, los requisitos reclamados  por  esas  dos vías persiguen verificar en las demandas el cumplimiento de unos  presupuestos  mínimos  de  coherencia  en los cargos que las conforman, lo cual  supone  expresar  de  forma clara, precisa y completa los argumentos en sustento  de  aquéllos, para asegurar el entendimiento del problema jurídico a la Corte,  pues  no  es  su  función  constitucional  y  legal  descifrar  o  desentrañar  propuestas incompletas, confusas, ambivalentes o contradictorias.   

Corresponde entonces al libelista, constatar  si  la  sentencia  contra  la  cual  dirige el recurso extraordinario lo fue por  delito   y  si  su  quantum  máximo  punitivo  excede  de  ocho  años.  Así  mismo,  si  el  fallo ha sido  proferido  en  segunda  instancia por un Tribunal, o a pesar de no superar aquel  extremo   punitivo  pero  sí  ser  dictado  en  alzada  por  juez  colegiado  o  unipersonal,  se  pretenda  el  restablecimiento  de derechos fundamentales o el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  caso  en  el  cual debe argumentar previa y  suficientemente sobre el tópico que concite su atención.   

A  la  par,  ha  de contar con interés para  demandar  y,  de  conformidad  con el artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal,  impera  señalar  la causal, desarrollar los cargos en sustentación del  recurso,  expresando  los  fundamentos  y  las  normas  infringidas,  así  como  demostrar  la  trascendencia  del  fallo  en aras de cumplir alguno de los fines  establecidos    por   el   legislador   en   el   artículo   206   ibídem,  valga decir, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  padecidos  por  éstos  o  la unificación de la  jurisprudencia.   

Lo  anterior  simultáneamente  implica  el  respeto   por   los   principios   que  gobiernan  el  recurso  de  casación  y  particularmente  el  de sustentación suficiente, según el cual la demanda debe  bastarse  a  sí  misma  para provocar la anulación del fallo y, el de crítica  vinculante,  por  cuyo  medio  se  exige  una alegación fundada en las causales  previstas  taxativamente  por  la  normatividad  vigente  y  el  cumplimiento de  determinados  requisitos  de  forma  y  contenido  de  acuerdo  a  la selección  realizada por el actor.   

Efectuadas  estas precisiones, agota la Sala  el  examen  sobre  las  demandas  y  los  cargos  en  ellas  formulados  por los  defensores  de  JAIME  ALBERTO PANAMEÑO y     FRANCISCO    ARTUNDUAGA    BEDOYA  en la forma anunciada.   

         

Demanda  presentada a nombre de JAIME ALBERTO PANAMEÑO   

En   el   único  cargo   que  la  compone  se  alega  la  “violación  indirecta  de  la  ley  sustancial…  a causa de un  error  de derecho por falso juicio de convicción, habida cuenta que el fallador  de   segundo   grado   no   otorgó   a  la  prueba…  [el] valor que la ley le da en específico, [pues] no  valoró  como  medio  de  prueba  [las] declaraciones vertidas por JAIME ALBERTO  PANAMEÑO,  quien  fue el que hizo cargos al abogado ARTUNDUAGA”, al punto que terminó condenándolo.   

Agrega       que      “Evidentemente  el  artículo  237 de la Ley 600 de 2000 consagra  el  principio  de  libertad  probatoria  en materia penal, de conformidad con lo  cual  la  responsabilidad  penal  puede  ser  establecida con cualquier medio de  convicción,  siempre  y  cuando  el  mismo  haya sido allegado de manera legal,  regular   y   oportuna,   confrontados  con  apego  a  las  reglas  de  la  sana  crítica”.   

Finalmente, tras enfatizar en la importancia  del  debido  proceso  probatorio,  solicita  se  case la sentencia y absuelva al  procesado  por  cuanto  fue “condenado por un crimen  que   no   cometió”,   ya   que   se  “confió    en    un   profesional   del   derecho”.   

Consideraciones de la Sala  

Desde  el  comienzo  quedaron  sentados  los  derroteros  bajo  los  cuales  deben presentarse los cargos, observándose en el  que  ahora  se  examina,  su  abierta  contradicción  con  los más elementales  requisitos  de  lógica  y necesaria argumentación, pues el impugnante al tomar  partido  por  la  causal primera, cuerpo segundo, ha debido señalar, tras poner  de  presente  los  defectos  de  apreciación  probatoria,  cómo en concreto se  había  quebrantado  la  norma sustancial, sin embargo, guarda absoluto silencio  al respecto.   

Esta  omisión de suyo impediría a la Corte  pronunciarse  de  fondo,  por  cuanto  es  requisito  en  este tipo de censuras,  advertidos  los  yerros de estimación probatoria, explicar las consecuencias de  los  mismos  en punto de la norma de derecho de carácter sustancial aplicada en  la  declaración  de  justicia  impugnada,  para  a  su  vez  mostrar cuál debe  reemplazarla en aras de sortear el error denunciado.   

Además,  la  indiferencia  por  el  rigor  casacional  en  desarrollo  del  reproche es total, por cuanto luego de poner de  presente  el  sentido esencial de la versión de JAIME  ALBERTO  PANAMEÑO, como denunció respecto de ella un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción, en gracia de discusión  debió  señalar  la  norma  que le fijaba su poder suasorio, cuál el concedido  por  el  juzgador  en el fallo y correlativamente señalar, con fundamento en la  disposición   respectiva   su   valor  correcto,  pero  además,  correspondía  concretar  la  incidencia  frente  a  la  declaración  de justicia opugnada, no  obstante,  se  limita  a  señalar  un  precepto  que  alude  a  la “libertad   probatoria”   (artículo  237),  es  decir,  uno  que recoge un aspecto totalmente opuesto al alegado, del  cual    ni    siquiera    expresa    su   relación   concreta   con   el   caso  particular.   

Ahora,  para  mayor  abundamiento,  conviene  señalar  que si al falso juicio de convicción se llega porque se le niega a la  prueba  el  valor  que la ley especialmente le concede o por cuanto se le otorga  uno  que  supuestamente  ella  prevé  cuando  en  realidad  no  es  así, en el  sub lite ningún esfuerzo se  hace  para  comprobar  el  primer  sentido  aludido,  el  cual  desde  luego  es  inadmisible  en  el caso particular, por cuanto la prueba testimonial, que es en  últimas  la  socorrida  por  el  libelista,  no  ostenta  ninguna entidad legal  preferente en términos de su poder suasorio.   

A pesar de la brevedad de la censura, lo que  simplemente  evidencia  es  el deseo de prolongar el debate de las instancias en  torno  de la tesis según la cual el procesado inocentemente actuó inducido por  el  defensor  de  antaño, lo cual desde luego está suficientemente descartado,  en concreto con prueba indiciaria.   

En  síntesis,  ante  la  falta de lógica y  adecuada argumentación del cargo se procede a inadmitirlo.   

          Demanda  presentada  a nombre de FRANCISCO  ARTUNDUAGA BEDOYA   

          En     el    primer    cargo  se alega “la violación directa de una  norma  de  carácter sustancial derivada de un error de derecho por falso juicio  de  legalidad  de  conformidad  con lo estatuido en el Art. 207, numeral primero  del Código de Procedimiento Penal”.   

          A  su vez, señala haberse violado el artículo 9º de la Ley 599 de  2000,  por  cuanto  uno  de  los  delitos por los que se procede es el de fraude  procesal,   el   cual  se  sustenta  en  la  presentación  de  un  contrato  de  arrendamiento    suscrito    por    JAIME   ALBERTO  PANAMEÑO  en  relación  con  la  habitación  de  su  residencia  donde  se  encontró  una  sustancia  estupefaciente,  documento que  tenía  como  propósito  exonerarlo  a él y a su esposa, mismo que a la postre  resultó falso.   

En  este  sentido  recuerda  que,  como  tal  contrato  finalmente no sirvió para librar a los citados de compromiso penal en  el  proceso  al  cual se adujo, según se observa en la providencia donde se les  resolviera  su  situación  jurídica,  entonces “no  tuvo  ningún  efecto  en  ninguna  decisión,  es  decir,  no se obtuvo ninguna  decisión  favorable  a  los intereses de los sindicados y por ende, contraria a  la  ley”,  así que “los  hechos  no  alcanzaron  a  colmar  los  requisitos de la tipicidad del delito de  fraude procesal”.   

Por  tanto,  aduce  haberse  incurrido  en  “una   vía   de   hecho  por  cuanto  pese  a  la  inexistencia  de  elementos materiales de prueba a través de los cuales hubiese  sido  posible plantear un juicio de responsabilidad”,  respecto  de  su representado se infirieron “juicios  de       responsabilidad       que       requerían       de       acreditación  incontrovertible”.   

Una  vez  pone  de presente decisiones de la  Corte  Constitucional  en  torno de las vías de hecho por defecto sustantivo en  aras  de  sustentar  el defecto interpretativo en el que dice incurrió el fallo  para  darle  un  alcance equivocado al tipo penal de fraude procesal, pues no se  afectó  en  este  asunto  el  bien  jurídico protegido por él, señala que el  error  evidenciado  es  trascendente,  por cuanto el hecho investigado no reúne  las  características  de  ese  delito, incluso, o a lo sumo, habría quedado en  tentativa,     caso    en    el    cual    se    debería    fijar    la    pena  correspondiente.   

Por  lo tanto, pide casar la sentencia y, en  consecuencia, absolver al procesado por atipicidad de la conducta.   

Consideraciones de la Sala  

Como  en  la  censura objeto de análisis el  defensor  denuncia la violación directa de la ley sustancial, conviene recordar  que  ésta  tiene  ocurrencia cuando una vez son fijados los hechos a través de  los  distintos  medios  de conocimiento incorporados legalmente a la actuación,  el  juzgador omite aplicar la norma encargada de atender la situación concreta,  por  cuanto  yerra  sobre  su  existencia  o  validez  (falta  de  aplicación o  exclusión  evidente),  realiza una defectuosa adecuación del supuesto fáctico  probado   frente  a  la  hipótesis  contemplada  en  el  precepto  (aplicación  indebida)  o,  asigna  a  la  disposición un sentido ajeno a ella, mas también  puede  atribuirle  un  efecto  diverso  o  contrario  al  que se desprende de su  contenido (interpretación errónea).   

Por tal motivo, la equivocación del juzgador  recae  sobre  la  normatividad,  razón  por  la  cual  el  debate se contrae al  escenario  exclusivamente  jurídico,  bien  por  dejarse  de  lado  el precepto  regulador  de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque el hecho se  adecua   a   una   disposición   configurada  con  supuestos  distintos  a  los  establecidos,  o  por  cuanto  se  desborda  la  inteligencia propia de la norma  aplicable  al  caso  concreto,  circunstancia  que  precisa  del casacionista la  aceptación   de   la   realidad  fáctica  declarada  en  el  fallo  objeto  de  impugnación extraordinaria.   

Aclarado  lo anterior, en el caso particular  se  observa  que  desde  la  misma  postulación  del  cargo  surgen  predicados  contradictorios,  por  cuanto  se  señala que a “la  violación   directa   de   una  norma  de  carácter  sustancial”  se  llegó  en  virtud  de “errores de  derecho  por  falso juicio de legalidad”, cuando como  se  sabe, estos yerros se cometen en el trabajo de apreciación probatoria y por  ende  su  alegación  es propia de los terrenos de la vulneración mediata de la  ley sustantiva.   

Al  margen de esta imprecisión, es evidente  que  en  desarrollo  del  reproche  se  desconoce  abiertamente  el principio de  autonomía,  según  el cual cada causal tiene una forma precisa de comprobarse,  de  tal  suerte  que  en  relación  con  la  violación  directa, como se dejó  anotado,  el  esfuerzo argumentativo debe adelantarse exclusivamente en derecho,  sin  embargo,  aquí  se  prefiere  hacer una mixtura de predicados de imposible  resolución  para  la  Corte,  en  atención  al  principio de limitación, cuyo  alcance  proscribe,  en  sede  de  casación,  corregir, adicionar o aclarar las  censuras.   

En efecto, se nota que de forma sistemática  el  actor  critica  los  hechos fijados por el Tribunal así como la valoración  probatoria  por  él señalada, en aras de mostrar la falta de comprobación del  supuesto    fáctico    necesario    para   predicar   el   delito   de   fraude  procesal.   

Ahora,  a  las  imprecisiones  de lógica y  adecuada  argumentación  recién  advertidas  se suma otra no menos importante,  por   cuanto   si  lo  pretendido  por  el  actor  era  demostrar  que  para  la  configuración  del  delito  de fraude procesal se requería la existencia de la  expedición  de una decisión contraria a la ley en el proceso que dio origen al  presente  asunto,  entonces  debió entrar a señalar, porqué la infracción en  cuestión,  por  razón  de  su  contenido,  es  “de  resultado” y no de “mera  conducta”,  como lo tiene aceptado pacíficamente la  Sala y entendió el Tribunal.   

No  obstante, simplemente afirma no haberse  obtenido  un  dividendo  procesal  sustancial al incorporar el contrato espurio,  cuando  de  suyo  correspondía  expresar, a partir de fundamentos eminentemente  jurídicos,  porqué  habría  de recogerse el criterio constante de la Corte en  orden  a adoptar el nuevo que se deja escasamente planteado, el que se trae bajo  la  excusa  de  sortear  una vía de hecho por defecto sustantivo en punto de la  interpretación  del  alcance del delito de fraude procesal, la cual parte de un  supuesto   falso,   es   decir,  considerar  la  infracción  en  cita  como  de  resultado.   

El  discurso  contradictorio  se  mantiene  hasta  el final, porque el demandante lanza una última tesis desesperada según  la  cual,  a  lo  sumo,  la  incorporación del contrato falso al proceso daría  lugar  a  predicar la conducta punible de fraude procesal en grado de tentativa,  de  donde entonces se sigue que toda su argumentación orientada a desvirtuar la  atipicidad de la conducta carecería de pertinencia.   

Así  las  cosas,  lo  que  en realidad se  observa  es que el libelista nunca tuvo consciencia clara sobre el carácter del  tipo  de  fraude  procesal y por ello su esfuerzo se fue en intentar persuadir a  la  Sala,  a  la  manera  de  las  instancias,  de la corrección de su postura,  actitud  contraria  a  la  naturaleza  del  recurso  de  casación y de allí su  despreocupación  por  ofrecer  una argumentación lógica y suficiente, lo cual  conduce a inadmitir el cargo.   

En  el  segundo  cargo  invoca  “la causal  de  casación  consagrada  en  el  numeral  1º del artículo 207 del Código de  Procedimiento   Penal…   por   error   de   derecho   por   falso   juicio  de  legalidad”,   “al  no  tener  en  cuenta  la  prueba  documental”  que  el  procesado  aportó  o por “darle una interpretación  extraña”,     como     también    “al    omitir   apartes   del   testimonio   de   JAIME   ALBERTO  PANAMEÑO”.   

Según   expresa,   la  prueba  de  cargo  constituida  por  las versiones de Rosa Érika Mendoza  Álvarez  y  JAIME  ALBERTO  PANAMEÑO da cuenta de la existencia de un contrato de  arrendamiento  falso  sobre  la  habitación  donde  se  encontró  la sustancia  ilícita,  con  el  cual  aquéllos pretendían lograr su libertad en el proceso  que  dio  origen  a  esta  actuación, por lo tanto, afirma que la discusión se  contrae a la elaboración de dicho documento.   

Indica que sólo se cuenta con esos relatos  y  la  versión  de  su  representado,  recordando  de éstos cómo “inicialmente  sostuvieron  la tesis defensiva de ajenidad con la  sustancia  estupefaciente  a  ellos  incautada,  argumentando haber alquilado la  habitación  donde  la  misma fue encontrada. Pero cuando se vieron vinculados a  otro  proceso  penal por la presentación del contrato de arrendamiento falso, y  con  la  asesoría  de  otro abogado defensor, cambiaron buscamente (sic)  su  versión  endilgando  toda  la  responsabilidad   en   el   abogado   defensor   FRANCISCO   ARTUNDUAGA  BEDOYA,  argumentando   que   era   éste  quien  había  orquestado  todo”.   

En  punto  de  los defectos de apreciación  probatoria,  señala  haberse  desconocido  totalmente la versión del procesado  ARTUNDUAGA   BEDOYA,  por  cuanto     no    se    indican    las    “razones  jurídicas”   con   fundamento  en  las  cuales  se  desvirtúa  su  dicho,  lo cual constituye un “falso  juicio de identidad”.   

Frente  al  contrato  de  prestación  de  servicios  profesionales  allegado  por  el  procesado  y que fuera suscrito con  JAIME  ALBERTO PANAMEÑO, el  cual   en   su  cláusula  sexta  prevé  “que  los  mandantes   se  hacen  responsables  civil  y  penalmente  de  las  pruebas  que  aporten”,  sostiene  que  el Juez Unipersonal le dio  “una    significación    extraña”,  porque  de  él  afirmó  que  no  tenía  fecha, la cláusula en  cuestión  era  demostración  del afán del inculpado por librarse del problema  y,    además,    no    adjuntó    otros    contratos    de    características  semejantes.   

Afirma  que  el  entendimiento  dado a esas  escasas   pruebas   llevó   a   desconocer   los   principios  de  “presunción  de  inocencia  e  in  dubio  pro reo”   pues  “sólo  permiten  plantear  la  materialización  de  un acto delictivo mas no la responsabilidad” del acusado.   

Luego  de traer criterio de autoridad sobre  el  alcance  de  la  garantía  de  la presunción de inocencia y de reiterar el  contenido      de      la      “interpretación  extraña”   realizada   por  el  Juez  a  quo,  señala  que la del Tribunal, es  “aún  más  extraña”,  pues  concluyó que como el inculpado aportó el documento falso al proceso ello  constituía  indicio grave en relación con la autoría, lo cual dice, supone la  idea  absurda  de  que  a  un abogado en su actividad litigiosa no se le permite  presentar documentos.   

Indica  que  la interpretación extraña se  extiende  al  deducirle  responsabilidad  al  acusado  por  haber asesorado a la  pareja   Panameño   Mendoza,  lo  cual  señala  per  se  no demuestra su participación en la falsedad como  al parecer lo entiende el Juez Colegiado.   

De  otra  parte,  sostiene  haberse omitido  valorar     el     dicho     de    JAIME    ALBERTO  PANAMEÑO,  quien  en su diligencia de indagatoria del  11  de  septiembre  de  2003  indicó  que  la habitación donde se encontró la  sustancia  estupefaciente  la  tenían  alquilada  y en la ampliación del 21 de  octubre  siguiente,  el  mismo recordó la forma como se suscribió el contrato,  el trámite notarial adelantado y la fecha en que se cumplió.   

Añade que en la diligencia de inquirir del  2  de  junio  de 2004 afirmó que el contrato le fue facilitado por el procesado  FRANCISCO  ARTUNDUAGA BEDOYA  en  el  cual,  reconoce  que  al  parecer  ya  estaba  el  sello de la notaría,  agregando  que en esa oportunidad la habitación en efecto estaba arrendada pero  no  al  señor  Balanta  que  obra  en  el  contrato  sino  a  otro con el mismo  apellido.   

Pone entonces de manifiesto que el Tribunal,  al  apreciar  la  versión  de  PANAMEÑO    y    la    de    su    esposa,    señaló    que   ARTUNDUAGA  BEDOYA  les  hizo  firmar  un  papel    “en    blanco   o   lleno”  al  primero  de  los  citados,  relato  que según el ad  quem cobraba credibilidad si se tenía  en  cuenta que el abogado lo aportó al proceso, “lo  cual  se constituye en un indicio grave en su contra y en prueba de su autoría,  pues  si  él  fungía  como  defensor  de los procesados, deviene obvio que era  razonable,  lógico,  que  fuera  él  quien  los  aleccionara  de la forma como  debían  asumir su defensa, y por eso, precisamente, les indicó la elaboración  del contrato”.   

Con  fundamento  en  el  recuento anterior,  sostiene  que  el  Juez  Colegiado  omitió  valorar el hecho de que  JAIME ALBERTO PANAMEÑO reconoció tener  el  contrato,  haberlo autenticado en notaría y precisar la fecha en que llevó  a efecto tal trámite.   

Así  mismo,  que  sí  tenía arrendada la  habitación       a       un      señor      de      apellido      Balanta  distinto  al  que  aparece en el  contrato,  quien  además  tenía  claridad  sobre  tal  circunstancia  y  no su  defensor.   

Finalmente, sostiene que también se ignoró  que  PANAMEÑO, para librarse  de  responsabilidad,  le  resultó  fácil descargar la responsabilidad en quien  había atendido su defensa inicialmente.   

Sobre  la  trascendencia, menciona que como  las  pruebas  anotadas  son  las  únicas  de cargo que obran en el proceso, son  débiles  por  provenir  de  la persona comprometida en los hechos, a lo cual se  suma  el  no  haberlas  valorado en su integridad e interpretarlas sesgadamente,  por  lo  tanto,  es  claro  que  se  desconoció  el principio de presunción de  inocencia  de FRANCISCO ARTUNDUAGA BEDOYA,   pues   además   no  se  valoraron  las  pruebas  aportadas  por  éste.   

En  consecuencia, pide casar la sentencia y  dictar en su reemplazo una de carácter absolutorio.   

Consideraciones de la Sala  

Un  cargo,  sin  atender  la  causal  que  a  la  postre se elija para  invocarlo,    es    una    unidad   argumentativa   que   como   mínimo   debe  contener  (i)  una  formulación,   es   decir,  la  denuncia   de   un  problema  jurídico  con  la  pretensión  de  evidenciar  un  error  in     iudicando    o    in    procedendo   predicable   de   la  sentencia,     (ii)  la   expresión  de  los  fundamentos   orientados  a  denotar  el  yerro  advertido,  lo  que  supone  la  confrontación  del  ordenamiento  jurídico  en  orden a determinar la solución  adecuada    y,    finalmente,   (iii)   la   revelación  de  una  consecuencia  en  el  fallo, la    cual    de   suyo   impone  un  nuevo estado jurídico con la  aspiración de corregir el equivocado.   

Estas      categorías trasladas a  la  postulación  de  una  censura  por  el sendero de la violación indirecta de  la    ley   de   carácter   sustancial,   como   al  parecer  se predica en este  caso,   pues    expresamente    no   lo   menciona  el    libelista,    impone    un    mínimo   de   requisitos   lógicos  y  de  adecuada argumentación.   

Ahora,   si  bien    el    cumplimiento   de   esas   exigencias  mínimas    puede    lograr   expresión    concreta    de   muy   diversas   maneras   atendiendo             al   estilo  de  cada  impugnante,  esa  licencia     no     purga     las     omisiones,     contradicciones,        ambivalencias y confusiones.   

En  el  caso  particular,  aún    apelando   a   una   lectura    indulgente,    no    es    posible   predicar   que  la    censura    satisfaga   los   más        elementales        requisitos       de       lógica       y      adecuada   argumentación,   pues  desde       su  enunciación  aparecen  serias  inconsistencias  que  imponen   su   inadmisión,  por  cuanto  no  revela  si    el    ataque  está encaminado a lograr casar el fallo respecto de  las  dos  infracciones por  las    que   se   procedió   en   contra   del   procesado   o   por   una   sola   y   cuál de ellas.   

Esta     indefinición    en    modo    alguno   podría   ser   superada   por  la  Sala,   si  se  tiene  cuenta  el principio de  limitación,    conforme    al    cual,  en  sede  de  casación,  no  es  posible     a     la    Corte    enmendar,  adicionar  o  aclarar  el  cargo  propuesto por el impugnante.   

El  divorcio  frente   a   los   requisitos   de   una   censura   como  la  ensayada  por  el  libelita     se     patentiza     aún      más     al     no  revelar  en   qué  hace  consistir   los  defectos  de  apreciación     probatoria,     pues    prefiere  señalar  que el Tribunal  le    dio    a    las    pruebas    “una  significación extraña”,     cuando     lo    correcto  habría sido denunciar errores de hecho o de derecho  en    sus   distintas   modalidades   según el caso.   

No    obstante,    si    bien    se  observa,  de  lo  que en  realidad   se   duele   el   demandante  es  de  las  conclusiones  a  las  cuales  arriba el Tribunal  a  partir del contenido de las  pruebas,      por     cuanto     añora         no         haberse        indicado        “las   razones   jurídicas”    por   las   que  no  se  le  dio  crédito   a   las  exculpaciones  de  su  asistido,   lo   cual   en   realidad   no   es   cierto  si  se  repara  en  el  hecho de que simplemente se desvirtuaron a partir de  prueba indiciaria.   

Por      ello,      la             “significación        extraña”      que      pregona  habérsele  dado   a  los  elementos  de  convicción  tanto  de cargo como de exoneración  es   fruto   de  ignorar  sistemáticamente       la      prueba        indirecta,   a   la  cual  acudió   el  Tribunal  para  deducir  responsabilidad  al  procesado  en  relación    con   la   falsedad   y   el   fraude  procesal.   

Es     que    el    libelista    se  conformó  con  revisar  el contenido material de la  prueba   y  por  ello  no  reparó  en  el  juicioso  análisis   del   Juez  Colegiado  acerca de la prueba indiciaria,    misma    que   a   su  vez  le  habría impedido sostener  que  no  se  tuvo en cuenta la versión del procesado  que          él         asistía,           así   como  la  del  restante,  pero  también   la   prueba   documental   aportada  por  aquel.   

Incluso  se  observa   que   el   actor   viola   el  principio  lógico  de  no       contradicción  al  denunciar los presuntos defectos de apreciación  probatoria,  por cuanto en relación  con    el   dicho   del   acusado   JAIME   ALBERTO  PANAMEÑO  predica        no        haberse  valorado  y  a su vez que  sí    fue  tenido  en  cuenta para deducirle  responsabilidad a su cliente.   

Además, para  sacar  avante  la  tesis  según la cual FRANCISCO  ARTUNDUAGA  BEDOYA nada tuvo  que   ver   con   la   elaboración  del  documento  apócrifo,                descontextualiza   la   versión   de  JAIME          ALBERTO          PANAMEÑO  para     hacer     notar    que    éste  fue  el  que  lo  fabricó y se lo  hizo  llegar  a aquel para  que  lo  incorporara  al  proceso  que diera origen a esta actuación.   

         Estas  son entonces las razones por las cuales se inadmite el cargo.   

         

         De  otra parte, conforme lo señaló el Tribunal, en el sub  lite  en  realidad  se  evidencia un  concurso  de  infracciones  contra  la  fe  pública, pues no solo se falseó el  contrato  de  arrendamiento  sino  que  al incorporarse en él una diligencia de  autenticación    apócrifa,    ésta    última   conducta   adquiere   entidad  independiente,  por  lo  tanto,  en  el  caso  particular ha debido deducirse el  delito  de  falsedad  material  en  documento  público agravada por el uso y no  sólo el de falsedad en documento privado.   

         Así  las  cosas,  si  bien  en  principio  ello  daría  lugar a la  compulsa  de  copias,  se observa que tanto en la resolución de acusación como  en  la  sentencia,  claramente  se imputaron fácticamente esos dos supuestos de  hecho  y  se  consideró  que  solo  se  adecuaban  al  ilícito  de falsedad en  documento  privado,  en  consecuencia,  en  aras de salvaguardar la garantía de  non bis in idem,  no es  posible intentar su investigación separada.   

         

         Finalmente,  es  oportuno destacar que examinado el diligenciamiento  y  la  providencia  impugnada,  la  Sala  no  advierte  violación de derechos o  garantías  de  los  acusados,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  conferida  por  el legislador en punto de  asegurar su protección.   

         

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR        las  demandas  de   casación   presentadas   por   los  defensores  de  FRANCISCO  ARTUNDUAGA   BEDOYA   y  JAIME       ALBERTO       PANAMEÑO  por  las  razones   expuestas   en   la   parte   motiva   de  esta  decisión.   

De conformidad con lo dispuesto en el inciso  2º   del  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  contra  esta  providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                           ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                    AUGUSTO JOSÉ IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUÍS  QUINTERO             MILANÉS                                                       YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                                JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

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