29867(20-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  29867   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.233  

Bogotá  D.C.,  veinte (20) de agosto de dos  mil ocho (2008)   

VISTOS  

Decide  la  Sala  acerca  de los fundamentos  lógicos  y  debida  argumentación de la demanda de casación presentada por el  defensor   de   HAMILTON   RICARD  CUESTA,  contra la sentencia del Tribunal Superior de Distrito Judicial de  Buga  (Valle),  que  confirmó,  con  modificaciones  en  cuanto a la condena en  perjuicios,  la emitida en el Juzgado Penal del Circuito de Roldanillo, mediante  la  cual  fue  hallado  penalmente  responsable  de  las  conductas  punibles de  homicidio y lesiones personales, ambas en modalidad culposa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

“El   14  de  diciembre  de 2002, aproximadamente a las 4:40 de la tarde, en inmediaciones del  Municipio  de  Zarzal  Valle,  se volcó el vehículo de placa CFI-863 conducido  por  el  señor  HAMILTON RICARD CUESTA. Como consecuencia del accidente perdió  la  vida  el menor EDGAR ANDRÉS ROSERO GARCÉS y resultaron lesionados la menor  YURANI    LÓPEZ    y    el    señor   JACKSON   BECERRA   CÓRDOBA”1,  quienes  se  movilizaban  en  compañía  de  aquél en el mismo  automotor (agrega la Sala).   

Con  base  en  el  informe  que  acerca  del  accidente  rindió  la Policía de Carreteras del Valle, la Fiscalía General de  la  Nación abrió investigación y el 20 de diciembre de 2002 vinculó mediante  indagatoria   a   HAMILTON  RICARD  CUESTA,  luego de lo cual, tras la clausura de la etapa instructiva, el 27  de  octubre  de 2003 calificó el mérito probatorio del sumario con resolución  de  acusación  contra  el  precitado,  en  calidad  de  autor de los delitos de  homicidio  y lesiones personales, cometidos en modalidad culposa, de conformidad  con   los   artículos   109,   116   y  120  del  Código  Penal  (Ley  599 de 2000), decisión que al no ser  impugnada   alcanzó   ejecutoria   el   2   de   febrero   de  20042.   

La  causa  la  asumió  el Juzgado Penal del  Circuito   de   Roldanillo   (Valle),  cuyo  titular,  el  15  de  diciembre  de  20063     dictó     sentencia     condenatoria    contra    HAMILTON  RICARD  CUESTA  respecto  de los  delitos  atribuidos  en  el  pliego de cargos, y en tal virtud lo condenó a las  penas  principales  de  tres  (3) años de prisión y multa equivalente a veinte  (20)  salarios  mínimos mensuales legales vigentes, así como a la accesoria de  interdicción  de derechos y funciones públicas por igual lapso de la privativa  de la libertad.   

De  la misma manera fue condenado a pagar en  favor  de  Yudi Arlety Copete Richards, Leandra Viramy y Jackson Ronaldo Becerra  Copete,  en  calidad  de  perjudicados  con  la  conducta  punible  de  lesiones  personales,  en  modalidad  culposa, el equivalente a trescientos (300) salarios  mínimos  mensuales  legales vigentes, debidamente indexados, por el daño moral  irrogado,    y    fue   negada   condena   alguna   por   concepto   del   daño  material.   

Del expresado fallo apelaron el apoderado de  la  Parte  Civil  y  el  defensor  del  acusado,  única  y exclusivamente en lo  relacionado  con  la  condena en perjuicios. El primero, solicitó la respectiva  imposición  por  el  daño  material  y el incremento de los morales, así como  hacer  extensiva  la condena pecuniaria en favor de Jackson Becerra Córdoba, en  tanto  que  el  segundo,  pidió revocar la decisión acerca del daño moral por  falta  de prueba4.   

También recurrió en apelación la decisión  comentada  el  agente  del  Ministerio  Público,  por  considerar  que  la pena  privativa  de  la  libertad  fue indebidamente dosificada, y que al procesado le  correspondía      una      sanción      mayor5.   

El  Tribunal  Superior  de  Buga  (Valle),  mediante  sentencia  de 19 de diciembre de 2007, modificó la de primer grado en  el  sentido  de revocar la disposición del pago indexado de los daños morales,  y  adicionar la condena en perjuicios a favor de Jackson Becerra Moreno, fijando  la  cuantía de los materiales en $ 180’021.145,  30,  indexados  al momento de su cancelación, y la de los  morales  en  el  equivalente  a  setecientos  (700)  salarios mínimos mensuales  legales  vigentes.  En los demás aspectos impugnados impartió confirmación al  fallo  apelado,  y  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia el defensor de  RICARD   CUESTA  interpuso  recurso            de            casación6.   

LA DEMANDA  

Tres  reproches  formula  el actor contra el  fallo  de segundo grado, cuyos fundamentos se reducen a lo siguiente7:   

En primer lugar alega, al amparo de la causal  tercera  de  casación  (Ley  600  de 2000, artículo  207-3°),  la  nulidad  de  lo  actuado desde la etapa  instructiva,  por desconocimiento del debido proceso garantizado en el artículo  29  de  la Carta Política, aduciendo que se profirió resolución de acusación  y  condena,  sin  haber  resuelto  la  situación  jurídica de su representado,  decisión  esta  que,  según el demandante, era paso previo e inexcusable en el  presente  asunto  antes  de  la  calificación  del  mérito  del  sumario y por  consiguiente, también, antes de emitirse fallo.   

En  segundo  término,  con fundamento en la  causal   primera  de  casación  (Ley  600  de  2000,  artículo   207-1°),  sostiene  el  memorialista  la  violación  directa  de la ley sustancial por falta de aplicación del artículo  29  del  Código  Penal  (Ley 599 de 2000).   

Arguye, como fundamento de éste reparo, que  el  Tribunal no se refirió a la temática de la responsabilidad del acusado, es  decir,  acerca  de  su  autoría  en  las  conductas  punibles  por  las que fue  condenado,  no  obstante que ese aspecto igualmente fue materia de la apelación  por   el  profesional  que  en  ese  entonces  representaba  los  intereses  del  procesado.   

Finalmente, como tercer cargo e invocando la  causal  primera  de casación, cuerpo segundo (Ley 600  de  2000,  artículo  207-1°),  plantea la violación  indirecta  de  la  ley sustancial, como consecuencia de la apreciación errónea  de  la  prueba,  derivada  de  un  error  de  derecho,  por cuanto el ad-quem le  concedió  a  los testimonios un valor que no está previsto en el ordenamiento,  de  suerte  que inaplicó el artículo 238 del Código de Procedimiento Penal, y  violó  los artículos 6 y 29 de la Ley Penal Sustantiva (Ley 599 de 2000), pues  no  se  habría  tenido  por  probada  la culpabilidad dolosa del acusado si las  declaraciones  de los agentes de la Policía de carreteras, Javier Torres Ávila  y  Mauricio  Eduardo  Fonseca  Bello,  así  como  las de los lesionados, Yurani  Patricia  Martínez  Rentería,  Jakson Becerra Córdoba y Harley Armando Rosero  Garcés, hubieran sido correctamente valoradas.   

Con  fundamento  en  los  tres  reproches el  demandante   solicita   a   la   Corte  casar  la  sentencia  y  absolver  a  su  representado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  De conformidad  con  lo  previsto  en  el inciso 1º del artículo 205 de la Ley 600 de 2000, el  recurso  extraordinario  de casación es viable contra las sentencias proferidas  en  segunda  instancia  por los tribunales superiores de distrito judicial y por  el  Tribunal  Penal  Militar  cuando se proceda por delitos que tengan señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo exceda de  ocho (8) años.   

Sin  embargo,  en aquellos eventos en que el  fallo  de segundo grado no es emitido por los citados tribunales o el delito por  el  que  se  procede  consagra  una sanción privativa de la libertad inferior a  dicho  quantum,  el  inciso tercero del citado precepto faculta a esta Sala para  admitir  discrecionalmente  las  demandas  de  casación  que  se  ajusten a los  requisitos  legales  cuando  lo  estime  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales.   

Lo  anterior  siempre y cuando el impugnante  precise  la razón por la cual es imprescindible el pronunciamiento de la Corte,  como  criterio  de  autoridad,  para  la  actualización  o  unificación  de la  jurisprudencia,  asistiéndole  también  el  deber  de  indicar  el por qué la  decisión  solicitada  tiene  la  doble  utilidad  de  dar solución al asunto y  servir de norte en la actividad judicial.   

Así  mismo,  cuando  la  pretensión  del  recurrente  apunta  a  asegurar  la  garantía  de derechos fundamentales, ha de  acreditar  tal  pretermisión e indicar las normas constitucionales que protegen  el  derecho  invocado  y  de  manera  obvia, la forma como fue desconocido en el  fallo recurrido.   

2.  En  el asunto examinado el defensor del procesado acudió al recurso  extraordinario,  impugnando  oportunamente el fallo de segunda instancia emitido  en  el  Tribunal  Superior  Buga,  respecto de conductas punibles que, según la  previsión  normativa  aludida,  no  cumplen con el requisito de la pena máxima  privativa   de   la  libertad,  pues  HAMILTON  RICARD  CUESTA,  de acuerdo con la  legislación  vigente  para  la  época  de los hechos  (14     de     diciembre    de    2002),    fue  condenado      por      homicidio     culposo  (Ley  599  de  2000, artículo 109) y lesiones personales en  modalidad    culposa    (artículos   116   y   120,  ídem),   delitos   reprimidos  con  una  sanción  máxima  de seis (6) años,  y   dos  (2)  años,  seis  (6)  meses  de  prisión,  respectivamente,   quantum  inferior  al  que  se  exige  para  acceder  al recurso de casación por la vía  ordinaria  o  común,  tal  y  como  lo  reclama  la  disposición  inicialmente  citada.   

Además,  necesario  es  destacar  que en el  escrito  de  sustentación  el  censor  no  manifestó  que  acudía  al recurso  extraordinario  por la vía excepcional, y aun cuando es verdad que en el primer  cargo  plantea  el  desconocimiento  del  debido proceso, indiscutible garantía  fundamental  con  asiento  en  la Carta Política, por lo que cabría pensar que  ello  subsana  la  falta  de  declaración  expresa  de  recurrir  bajo  aquella  modalidad  al  ser  ese  uno  de  los  motivos  por  los  que  resulta viable la  impugnación  excepcional,  lo  cierto es que el sustento de éste reproche pone  de manifiesto la absoluta sin razón del mismo.   

En  efecto,  la  censura  que  reivindica la  nulidad  por  violación  de  las  formas  propias  del  juicio,  se apoya en un  presupuesto  equivocado,  cual  es  extrañar  la  definición  de la situación  jurídica    del    encausado   como   presupuesto   procesal   o   conditio  sine qua non de la calificación  del  mérito  del  sumario,  siendo  que esa era exigencia del derogado régimen  procesal   penal,   es   decir,   del   Decreto   2700   de  1991  (artículo   438,   modificado   por   el   56   de  la  Ley  81  de  1993),  el  cual  no  estaba  en  vigor  para  cuando  ocurrieron  los  hechos,  dado  que  a  partir del 25 de julio de 2001 entró en  vigencia  en  todo  el  territorio  nacional  la  Ley  600  de  2000, Código de  Procedimiento  Penal  con  el que se adelantó y culminó ésta actuación, y en  cuyo  desarrollo  sólo  era  menester  resolver  la  situación  jurídica  del  procesado  en  los  eventos en que procedía la detención preventiva, según lo  normado  en  los  artículos  354 y 357, hipótesis que no corresponde a aquella  por  la que fue investigado, juzgado y condenado RICARD  CUESTA.   

3.  Tampoco  se  desprende  de  la  argumentación  expuesta  por  el  actor  que el motivo de la  interposición  del  recurso,  sea  el  de  propender  por  el  desarrollo de la  jurisprudencia,  ya  que  ningún  tema jurídico novedoso, oscuro, ambiguo o no  dilucidado  por  ésta  fuente  de  derecho  refiere  el demandante, sino que se  limita  a alegar una supuesta violación directa de la ley, en el cargo segundo,  y  otra  indirecta,  en  el  tercero,  reproches que contrastados con el devenir  procesal,  igual  que  en  el  cargo  anterior,  revelan  sin  mayor esfuerzo la  carencia de real sustento en ambos cuestionamientos.   

Adviértase  que  en  el  cargo segundo, aun  cuando  lo postulado es la violación directa de la ley sustancial, en concreto,  por  falta de aplicación del artículo 29 del Código Penal, de lo que se queja  el  libelista  es  de  que  el  ad-quem no respondió en su totalidad los puntos  planteados  en  la  apelación,  yerro  que,  de ser verídico, apuntaría, más  bien,  a  una motivación incompleta del fallo de segundo grado, determinante de  su  nulidad  parcial,  con  el  fin de que el ad-quem atendiera las pretensiones  dejadas  de resolver; sin embargo, revisado el escrito de apelación, aun cuando  es  verdad  que en su parte final un comentario inconexo hizo el defensor de ese  entonces,   acerca   de   su  discrepancia  con  el  sustento  doctrinal  de  la  responsabilidad   culposa   deducida   al  acusado,  expresamente  concretó  su  pretensión  a la revocatoria del punto tercero de la parte resolutiva del fallo  de primer grado, contentivo de la condena en perjuicios morales.   

Y siendo ello así, lo anterior a su vez hace  evidente  la  falta  de interés del demandante para recurrir en casación, aún  por  vía  excepcional,  tanto en el segundo, como en el tercer cargo, en el que  propone   la   violación   indirecta   de   la  ley  sustancial  y  discute  la  responsabilidad  culposa  del  procesado  en  las conductas punibles atribuidas,  justamente   por   carencia   de  unidad  temática8,   ya   que   el   motivo  de  inconformidad  en  la  primera  instancia fue única y exclusivamente el tema de  los  perjuicios  morales,  mostrando  conformidad  la defensa de entonces con la  decisión  de  condena  en  cuanto  a  la  responsabilidad  penal  frente  a las  conductas punibles endilgadas al acusado.   

4.  Finalmente,  necesario  se  hace  reiterar que, conforme lo ha precisado la Corte9,    una  disertación  con  la que se pretenda persuadirla acerca de la procedencia de la  casación  discrecional,  debe  estar  dirigida a hacerle ver la necesidad de su  pronunciamiento,  en  forma  tal  que si se trata de reclamar la garantía de un  derecho  fundamental,  al censor le corresponde señalar los derechos que fueron  desconocidos,  indicar  las normas constitucionales y legales que los protegen y  la  determinación  que  debe  adoptarse  para  su  salvaguarda.  Y si el motivo  invocado  es el desarrollo de la jurisprudencia, tendrá que puntualizar el tema  jurídico  que  requiere  definición o precisión, sea porque es nuevo o porque  existen  posiciones  opuestas que deben ser unificadas, no solo para la acertada  solución del asunto debatido, sino frente casos futuros.   

La carencia de de esa fundamentación, sumada  a  la  ostensible  sin  razón  de  los  cargos,  es suficiente para concluir el  rechazo  del  libelo,  sin  que sobre puntualizar que la Sala no observa que con  ocasión  del  trámite  procesal o en el fallo impugnado, se haya materializado  violación    de    derechos    o    garantías   del   procesado   HAMILTON  RICARD  CUESTA, como para que se  haga  necesario  el  ejercicio de la facultad legal oficiosa que le asiste a fin  de asegurar su protección.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO   ADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  en  nombre  de  HAMILTON  RICARD  CUESTA, de  acuerdo    con    las    razones   plasmadas   en   el   cuerpo   del   presente  proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                         ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.            AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUÍS  QUINTERO MILANÊS                                                YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                             JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Situación fáctica tomada del fallo de segunda instancia.   

2  Cuaderno principal, folios 180 a 195.   

3  Folios 346 a 395, ídem.   

4  Folios 417 a 428 ídem.   

5  Folios 435 a 442 ídem.   

6  Folios 521 a 540 ídem.   

7  Folios 582 a 609, ídem.   

8 Cfr.  Auto de 27 de junio de 2007, Radicación Nº 27393.   

9 Cfr.  Auto de 3 de mayo de 2007, Radicación Nº 23057.     

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