29837(02-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No..  

          Bogotá D.C., dos de julio de dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  sobre el recurso de  apelación  interpuesto  por  la  defensa  contra  la sentencia proferida por el  Tribunal  Superior  de  Buga  el  4 de abril del año en curso, mediante la cual  condenó      al     doctor     HÁROLD     GAMBOA  VELÁSQUEZ  en  su  condición de Juez Primero Laboral  del   Circuito   de   Buenaventura,  como  autor  del  delito  de  peculado  por  apropiación cometido en concurso homogéneo.   

HECHOS  

Al  doctor HÁROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ se le imputa haberse apropiado para  sí  o para un tercero de la suma total de $ 39.798.512,85, como consecuencia de  las  condenas  que  impuso  dentro  de  tres  procesos  que  adelantó de manera  separada  en  su condición de Juez Primero Laboral del Circuito de Buenaventura  contra   el   Fondo   de  Pasivo  Social  de  la  empresa  Puertos  de  Colombia  (FONCOLPUERTOS), de la siguiente manera:   

1.  En el proceso promovido por Félix    Jiménez    Camacho   mediante  sentencia  del  27 de julio de 1995, condenó al pago en su favor de pensión de  jubilación  vitalicia en cuantía de $ 375.519,71 y a la suma de $ 2.876.345,35  por  concepto  de  diferencia de la pensión reajustada desde el 14 de diciembre  de 1991 hasta la fecha de esa providencia.   

2.  En el proceso promovido por Teresa  Anchi  Cortés, en representación  de   la   menor  Amanda  María  Castillo  y  como  sustituta  pensional  de Jesús  Castillo  Arrroyave  según sentencia del 28 de agosto  de  1995,  condenó  al  reajuste de dicha pensión por un valor de $ 125.859,45  mensuales  y  a  la  suma  de  $  8.039.548,34  por concepto de diferencia de la  pensión  reajustada  desde  el  6  de  abril  de  1974  hasta  la  fecha de esa  providencia.   

3.  En  sentencia  del  8  de julio de 1991,  dentro  del  proceso  promovido  por  Aureliano López  Cuero condenó al reajuste de su pensión por un valor  de  $  50.949,48  mensuales  y  a  la  suma  de  $  1.824.277,81por  concepto de  diferencia  de  la  pensión  reajustada desde el 19 de octubre de 1991 hasta la  fecha de esta decisión.   

          Posteriormente,  por  orden  de  la  Sala Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  se  surtió  el  grado jurisdiccional de consulta  respecto  de  las citadas sentencias, motivo por el cual el Tribunal Superior de  Bogotá,  en  desarrollo  de la política de descongestión, mediante decisiones  independientes,   las   revocó  y  ordenó  compulsar  copias  para  investigar  penalmente     al     doctor     HÁROLD    GAMBOA  VELÁSQUEZ  en  su  condición de Juez Primero Laboral  del Circuito de Buenaventura.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  sustento  en  la  compulsa  de  copias  reseñada,  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá inició,  por   separado,   las  respectivas  investigaciones  penales  (rads.  14674-673,  14676-645  y  14681-720);  sin embargo, mediante resolución del 27 de agosto de  2004 determinó tramitarlas bajo una misma cuerda procesal.   

En   la   misma   providencia,   ante   la  imposibilidad   de   vincular   en   forma   personal   al  doctor  GAMBOA  VELÁSQUEZ, se lo declaró persona  ausente,  a  quien el 26 de octubre de 2006 se le resolvió situación jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  por  el  concurso de  conductas  punibles  de peculado por apropiación a favor de terceros, agravados  por  la  cuantía.  En esta determinación también se declaró la prescripción  de  la  acción  penal  por  razón  de  los delitos de prevaricato por acción.   

          Clausurada  la  fase  instructiva,  se calificó su mérito el 29 de  enero  de  2007,  con  resolución  de  acusación  en  contra  de  HÁROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ, por el delito  de   peculado   por   apropiación   agravado   por  la  cuantía,  en  concurso  homogéneo.    

          Ejecutoriado  el  vocatorio a juicio, el conocimiento del proceso lo  asumió  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Buga,  en  donde, una vez  realizadas  las  audiencias  preparatoria  y  pública de juzgamiento, se dictó  sentencia  el  pasado  4  de  abril,  mediante  la cual se condenó al procesado  GAMBOA  VELÁSQUEZ  a  las  penas  principales  de  ochenta  (80)  meses de prisión, multa en cuantía de $  39.798.512,85  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones  públicas  por  término igual al de la pena privativa de la libertad, así como  al   pago   de   perjuicios   materiales   por   la   suma  de  $  39.798.512,85  indexados.   En  la  misma determinación, se le negaron el subrogado de la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y el sustituto de la  prisión domiciliaria.   

Contra la anterior decisión, el defensor del  sindicado   interpuso  recurso de apelación, sobre el cual se pronuncia la  Corte a través de esta providencia.   

LA IMPUGNACIÓN  

          El  defensor  comienza por advertir que en este proceso “propiamente  no hubo investigación”,  por    el   hecho   de   haberse   adelantado   desde   Bogotá,   no   obstante  bosnt               de            haberse                 si           ella  oncite          no  hubo      ticmte         estpe       cuestionar   qla  forma  como  se  adelantó  la  investigación,    desde   Bogotá,   “a   control  remoto”   y  “a  larga  distancia”,  pues  el  fiscal  nunca se trasladó al  lugar  donde  ocurrieron  los  hechos.  Adicionalmente  criticó  el hecho de no  emplearse  en  este  caso  la prueba testimonial, en cuanto dejó de recibir las  declaraciones  de los demandantes y de los abogados litigantes, quienes pudieron  informar sobre la conducta del ex juez procesado.   

         

          Consideró  que  las  pruebas  con  las  cuales  se  fundamentó  la  sentencia  condenatoria  no  fueron  legalmente  producidas,  pues  los procesos  laborales  se  incorporaron  a la investigación sin previo auto que lo ordenara  y,  en  su  criterio,  la  resolución  donde  se ordenó la acumulación de las  investigaciones no suple ese vacío.   

          Además  estimó  que las sentencias laborales proferidas en segunda  instancia  son fruto de la violación flagrante de la ley, porque para la época  de  su  proferimiento regía el artículo 69 del Código de Procedimiento Civil,  el  cual  no  establecía  la  consulta para esos casos. Ese trámite, añadió,  sólo  vino  a  preverlo el artículo 14 de la Ley 1149 de 2007 cuando llenó el  vacío;  sin  embargo,  pero  antes  de  su  vigencia  no podía ser suplido con  decretos  del  gobierno  nacional,  ni  por  vía de tutela y menos a través de  Acuerdos del Consejo Superior de la Judicatura.   

          Por  lo  anterior,  tilda  de  arbitraria  la  decisión  de la Sala  Administrativa  del mencionado Consejo, de ordenar la consulta de las sentencias  proferidas  en  contra  de  FONCOLPUERTOS.  Por  lo  demás,  sostiene  que  las  decisiones  emitidas en desarrollo de dicha orden no tuvieron como fundamento el  estudio  cuidadoso de los procesos laborales, pues la Sala Administrativa impuso  como  tarea  a  las  Salas  de  Descongestión  la elaboración de 25 sentencias  mensuales, labor imposible de ejecutar.   

          Al  abordar  el análisis de los fundamentos del fallo condenatorio,  señala  que  toda la problemática surge de la mala fe con la cual actuaron los  funcionarios  de  Puertos  de  Colombia,  pues al hacer las liquidaciones de las  prestaciones  sociales  de  los  trabajadores,  les  restaban  algún  tiempo de  servicio  sin dar razones de ello, lo cual motivó el malestar de los afectados,  llevando  a  la  interposición  de  más  de  6.000  demandas laborales, que se  tornaron   millonarias   por   los  brazos  caídos  y  las  indemnizaciones  de  rigor.   

          En  esa  medida,  según  el  impugnante,  el  ex  juez GAMBOA  VELÁSQUEZ no hizo sino aplicar la  convención  colectiva  de  trabajo  y  las  normas  del  Código  Laboral,  que  favorecían   a   los  trabajadores  y  las  cuales  resultaban  de  obligatorio  cumplimiento.  Por  esa  vía, agregó, en el proceso promovido por Héctor  Truque Espinosa, encontró que se  le  dedujeron  sin justificación alguna 294 días, los cuales no podían ser de  licencias,  pues éstas sólo alcanzan 90 días, “ni  de  sanciones,  ni  mucho menos de permiso sindicales, que no se pueden deducir,  ni  tampoco  se  pueden  computar como faltas”.    

          Refirió   que  en  el  caso  de  Delfina  Santana  Sánchez se le descontaron 65 días y en el de  Gaudencio   Grueso  se  le  dedujeron   33  días.  En  este  aspecto  se  dolió  de  que  el  a   quo   no  se  pronunciara  sobre  los  argumentos ofrecidos por la defensa en la audiencia pública.   

          Cuestionó  subsumir los hechos en el tipo penal del peculado. En su  criterio,  cuando  el  juez laboral resuelve un conflicto de esa naturaleza y lo  falla  a  favor  del trabajador no se apropia de dineros, porque los demandantes  no  reclaman  bienes  del  Estado  sino  derechos prestacionales que tienen como  sustento  un  contrato  laboral,  ello  tanto  más  cuando  los  jueces  no son  ordenadores  del  gasto  y  los  únicos  bienes  que  manejan  son los títulos  judiciales.   

          Le  pareció  injustificada la crítica efectuada al acusado por las  salas  laborales  que  conocieron  en segunda instancia de los procesos fallados  por  el  acusado, frente a la suma fijada como agencias de derecho. Al respecto,  respondió  que las mismas hacen parte de las costas del proceso y pertenecen al  demandante,  no  al  abogado,  amén  de  corresponder  a  la labor integral del  litigante, la cual incluye estar atento al desarrollo del proceso.   

          Otro   tanto  consideró  de  la  afirmación  según  la  cual  las  sentencias  se hacían en serie. En su sentir, esa es una labor imposible porque  en materia laboral cada caso es diferente.   

          Puso  de  presente  cómo las mencionadas salas laborales dejaron de  examinar  la  actitud  asumida por FONCOLPUERTOS pues a pesar de notificarse las  demandas  a  sus  representantes  legales, éstos sólo contestaron algunas y no  apelaron ninguna sentencia.   

          Tras  destacar  que no en todas las oportunidades se concedió a los  demandantes   la   integridad  de  sus  pretensiones,  se  ocupó  del  caso  de  Jorge  Enrique Escobar Vivas  para  cuestionar  la  argumentación de la Sala Laboral de Descongestión cuando  señaló  que  ni  la ley ni la convención imponen al empleador sumar el tiempo  laborado   en   otras  dependencias  oficiales;  al  contrario,  expone  que  la  convención  sí contiene norma en ese sentido, a cuyo amparo el ex juez laboral  le concedió la pensión al aludido trabajador.   

          Frente  al mismo Escobar Vivas,  el  recurrente también censura la afirmación de la Sala Laboral  de  Descongestión, en el sentido de no haberse aducido en la demanda los hechos  respectivos,  pues  tal situación sí ocurrió, como se aprecia en el hecho 4º  del  libelo,  donde se manifiesta que el demandante trabajó en Minsalud 8 meses  y 29 días.   

          Con  sustento  en  las  anteriores  razones,  la  defensa  solicitó  revocar    la    sentencia    impugnada    y,   en   su   lugar,   absolver   al  procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  Sala  es  competente  para  resolver  el  recurso  de apelación interpuesto por la defensa contra la sentencia dictada en  este  proceso de conformidad con lo dispuesto en el numeral 3º del artículo 75  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2000 pues la acción penal es ejercida  contra  el  ex  Juez  Primero  Laboral  del Circuito de Buenaventura, juzgado en  primera  instancia  por el Tribunal Superior de Buga según por actos realizados  en ejercicio de sus funciones.   

Con  apego  a lo establecido en el artículo  204  del estatuto procesal penal en mención, la labor de la Corte se contraerá  a  examinar  los aspectos sobre los cuales se expresa inconformidad, incluyendo,  como   lo   autoriza  la  norma,  los  asuntos  que  resulten  inescindiblemente  vinculados al objeto de la impugnación.    

Para  tal  cometido  la  Sala  se  referirá  puntualmente  a  cada  uno  de  los  temas  planteados por la defensa, agrupando  aquellos que tengan relación entre sí.   

1.  La investigación se realizó en Bogotá  “a larga distancia” y no  se  “emplearon”  pruebas  testimoniales:   

Estos  argumentos  carecen de capacidad para  afectar  la  legalidad  y  rectitud del pronunciamiento adoptado por el Tribunal  Superior  de  Buga  porque,  en  primer lugar, la fiscalía tiene competencia en  todo  el territorio nacional, según lo establece el artículo 113 de la Ley 600  de  2000,  en  cuyo fundamento el artículo 306 ibídem establece que durante la  investigación no habrá lugar a nulidad por el factor territorial.   

Ningún impedimento existía, por tanto, para  que  un  Fiscal  Delegado  ante el Tribunal Superior de Bogotá asumiera en este  caso  la  investigación;  máxime  cuando  se  procedió  en  ese  sentido  por  asignación   especial  efectuada  por  la  Dirección  Nacional  de  Fiscalías  mediante  resolución  001256  de  2003, conforme consta al folio 2 del cuaderno  principal.   

Ahora bien, la dinámica de la investigación  puede  determinar  la  necesidad  de  practicar  pruebas  fuera  de  la sede del  funcionario   judicial.  En  este  caso,  el  fiscal  instructor  no  lo  juzgó  pertinente  y  el  impugnante  no  ofrece razones para considerar arbitraria esa  actuación,  limitándose  simplemente  a  afirmar  de  manera  genérica que la  investigación  se  efectuó  “a  control remoto”  o     “a     larga  distancia”.   

De  todas  maneras,  así hubiese surgido la  necesidad  de  recaudar  pruebas  en el lugar de los hechos, la circunstancia de  que  el  funcionario  no  se  traslade  a  practicarlas  en  forma  personal  no  constituye  anomalía alguna, pues en la sistemática procesal penal prevista en  la  Ley  600 de 2000 (art. 84) le es perfectamente viable acudir a la figura del  comisionado para el efecto.   

Y,  en segundo término, porque el artículo  237  del  ordenamiento  procedimental  en cita consagra el principio de libertad  probatoria,  de  modo que con cualquier medio de prueba resultaba en este evento  procedente  demostrar  los  elementos  estructurales de la conducta punible y la  responsabilidad  del  procesado,  sin  que  con ese propósito se erigiera en un  imperativo   legal   acudir  a  la  prueba  testimonial,  como  lo  sostiene  la  defensa.   

Pero,  desde  luego,  si  su  pretensión es  denunciar   la   falta   de   actividad  probatoria  por  no  recepcionarse  las  declaraciones  de  los  demandantes  y  abogados  litigantes que promovieron los  procesos  laborales  por  razón  de  los cuales se produjo la iniciación de la  investigación  penal,  pertinente  resulta  señalar que el recurrente no logra  demostrar  irregularidad  en  ese  sentido, pues omite indicar la forma como las  probanzas  echadas  de  menos  habrían  desvirtuado  los  fundamentos del fallo  condenatorio,  limitándose  a  afirmar  solamente  que  los  testigos  pudieron  declarar acerca de la conducta del acusado.   

          Como  lo tiene dicho la jurisprudencia de la Sala de Casación Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia la trascendencia de omisiones de la naturaleza  aducida  por  el  impugnante,  debe  aparecer  acreditada en el proceso para que  resulte    viable    la   adopción   de   una   determinación   de   carácter  invalidatoria1,   a   cuya   consecuencia,  realmente,  conduciría  la  propuesta  argumentativa  tácitamente  esbozada  por  la  defensa,  pero  imposible de ser  acogida, según lo visto.   

          2.  Ilegalidad  de  las  pruebas  con  las  cuales  se  cimentó  la  sentencia:   

Como  se  recuerda, la defensa sustenta esta  afirmación  en  la  inexistencia  de auto que ordenara la incorporación de los  procesos  laborales  a  la  presente  actuación. Sin embargo, olvida que dichos  procesos  se  integraron  a  cada  una  de  las  investigaciones  iniciadas, por  separado,  como  consecuencia  de la compulsación de copias ordenada una vez se  evidenció   el   comportamiento  irregular  del  ex  Juez  Primero  Laboral  de  Buenaventura.   

En tal virtud, resulta apenas obvio entender  que  al  ordenarse  la fusión de todas esas investigaciones para ser tramitadas  bajo  una  misma  cuerda  por su evidente conexidad, las pruebas confortantes de  cada  una  de  ellas pasaron a integrar la única actuación procesal que quedó  como  consecuencia  de  esa  unificación.  Por consiguiente, ninguna ilegalidad  puede  predicarse  respecto  de la incorporación de los procesos laborales a la  presente actuación.   

3.  Ilegalidad  de  las sentencias laborales  proferidas en segunda instancia:   

          Según  el  impugnante, en los casos fallados por el ex Juez Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura  no  operaba la consulta porque para la  época  de los hechos regía el artículo 69 del Código de Procedimiento Civil.  Además,  considera  que  las  sentencias  laborales  de  segunda  instancia  se  profirieron  sin el debido cuidado, con el único objetivo de cumplirse la orden  de  descongestión  impuesta  por la Sala Administrativa del Consejo Superior de  la Judicatura.   

          Al  respecto,  pertinente  resulta  anotar  que  la  consulta de las  sentencias  laborales proferidas por el doctor HÁROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  se  dispuso  con fundamento en una  interpretación  razonable  surgida  en  torno  a  las  normas reguladoras de la  materia.  En  ese  sentido  se  estimó  que, como al tenor del artículo 69 del  Código  de  Procedimiento  Civil, dicho grado jurisdiccional opera, entre otros  casos,  cuando las sentencias de primera instancia fueren adversas a la Nación,  tal  situación  se presentaba frente a la EMPRESA PUERTOS DE COLOMBIA porque el  artículo  35 de la Ley 1ª de 1991 ordenó la asunción por parte de la Nación  de los pasivos de la mencionada entidad oficial.   

          Tal  fue  la  hermenéutica  plasmada en la sentencia SU-962 de 1999  proferida  por  la Corte Constitucional, en cuya parte motiva, en lo pertinente,  concluyó:   

“Ante  tan claras disposiciones, a juicio  de  la  Corte no hay ninguna duda acerca de la  obligatoria aplicación del  artículo  69  del  C.P.L.   y,  por ende, de la forzosa tramitación de la  consulta  de  las  sentencias de primera instancia que sean total o parcialmente  adversas  a  FONCOLPUERTOS,  toda  vez  que  el  pago  de  las  acreencias reconocidas estaría a cargo de la  Nación,  responsable  directa   de las obligaciones laborales y del pasivo  laboral      de     COLPUERTOS    y    de   FONCOLPUERTOS,   según  lo  dispusieron,  en  particular,  la  Ley  1ª.  de  1991,  el  Decreto-Ley 036 de 1992 y el decreto-Ley 1689 de 1997”.   

          De  todas  formas,  resulta evidente que el peculado atribuido al ex  juez  procesado  no  emerge  de  las  sentencias laborales proferidas en segunda  instancia,  sino  del hecho de apropiarse para sí o para un tercero de elevadas  sumas  de  dinero  mediante  la adopción de decisiones amañadas y contrarias a  derecho.  Por  tanto, el comportamiento punible se estructuró con independencia  de  la  revocatoria  pronunciada  por  el Tribunal respectivo. Tanto es así que  cuando  esto  último ocurrió ya se había materializado la apropiación de los  dineros.    

          Por  lo  anterior,  en  contra  de  la  efectiva  configuración del  delito,  resulta  inane  el  planteamiento  de  la  defensa conforme al cual las  providencias   laborales  de  segunda  instancia  se  emitieron  sin  el  debido  estudio.   

          4.  El  procesado  actuó  ajustado  a la convención colectiva y al  Código Laboral:   

          Este  argumento  lo sustenta, entre otros motivos, en que el ex juez  acusado  no  hizo  sino decidir en contra de la mala fe con la cual actuaron los  funcionarios  de Puertos de Colombia quienes al liquidar las prestaciones de los  trabajadores  les  descontaron algún tiempo de servicio sin dar razones de  ello.  Al  efecto  cita  los  casos  de Héctor Truque  Espinosa,  Delfina  Santana  Sánchez  y  Gaudencio Grueso.   

          El  anterior planteamiento no tiene vocación de prosperidad, de una  parte,  porque  no  es  cierto  que  los  seis  casos  fallados por el procesado  tuvieran  como  fundamento  la indebida liquidación de las prestaciones. Dos de  ellos,  entre  el  que  se  encuentra  el de Gaudencio  Grueso2  citado  expresamente  por  la  defensa  como  ejemplo de su tesis,  giraron  en  torno  a  la  supuesta no expedición del certificado médico a los  trabajadores  una  vez  se  retiraron de la empresa, omisión que fundamentó la  condena laboral.   

   

          Ciertamente,  como  lo puso de presente la Sala Laboral del Tribunal  Superior  de  Pereira,  si los ex trabajadores fueron efectivamente sometidos al  respectivo   examen  médico,  resultaba  descabellado  condenar  a  la  empresa  demandada  por  la  negligencia  de  aquellos  de  reclamar  los consecuenciales  certificados  médicos,  a  lo  cual  estaban  ellos  obligados  conforme  está  establecido  por el artículo 57-7 del Código Sustantivo del Trabajo de acuerdo  con  el  cual   su  expedición procede sólo si el trabajador lo solicita.   

          De  otro  lado  se  tiene que, aun cuando los casos restantes sí se  basaron  en  el descuento a los trabajadores de tiempo de servicio, no es cierto  que  el  ex  juez  actuó amparado por la ley. Por tanto, plena razón asiste al  Tribunal  de  Buga  cuando dedujo un proceder manifiestamente irregular en el ex  funcionario  procesado,  pues  condenó  a la empresa demandada a espaldas de lo  acreditado en las actuaciones laborales.   

          En    efecto,    en    el   proceso   promovido   por   Héctor   Truque  Espinosa  se  allegaron  certificaciones  y  resoluciones  que  daban  cuenta  de  la  no prestación del  servicio  por  parte  del trabajador durante 294 días. Pese a ello, sin soporte  probatorio  que  desvirtuara  el  contenido  de  esos documentos y desconociendo  flagrantemente  lo  dispuesto  por el artículo 258 del Código de Procedimiento  Civil,  conforme al cual “(l)a prueba que resulte de  los  documentos públicos y privados es indivisible y comprende aun lo meramente  enunciativo  siempre  que  tenga relación directa con lo dispositivo del acto o  contrato  …,  el  ex juez  laboral  decidió  considerar  injustificada la no estimación de dicho tiempo y  ordenó  la  reliquidación  de  las  prestaciones  sociales  y la consecuencial  sanción por mora.   

         Situación   similar   aconteció   en  los  casos  de  Delfina  Santana  Sánchez  y José  Gabriel Mosquera. Igual en ellos el  doctor      GAMBOA     VELÁSQUEZ     decidió  desconocer,  sin  respaldo  probatorio de ninguna índole,  las  certificaciones y resoluciones con base en las cuales la Empresa Puertos de  Colombia   realizó   la   liquidación  de  las  prestaciones  sociales  a  los  trabajadores,      documentos     allegados     oportunamente     al     proceso  laboral.   

          Más  aún,  como  lo destacó el Tribunal de Buga, cuando ya estaba  archivado  el  proceso  promovido  por  José Gabriel  Mosquera   e,   incluso,   después  de  surtirse  la  ejecución  adelantada  con el fin de hacer efectivas las iniciales condenas, el  ex  funcionario  insólitamente  decidió  desarchivar  el  expediente  para, en  sentencia   complementaria,   condenar   a  la  entidad  demandada  al  pago  de  indemnización  por  mora.  Con  ese  proceder,  desatendió de manera palmar lo  dispuesto  en  el  artículo  211 del Código de Procedimiento Civil, modificado  por       el       artículo       1º,  numeral  141  del  Decreto  2282 de  1989,  conforme  al cual ese tipo de decisiones sólo pueden emitirse dentro del  término de ejecutoria de la sentencia respectiva.   

         También       en      el      fallo  proferido   dentro   del   proceso   promovido   por  José Enrique Escobar Vivas  el   ex   juez   acusado  ordenó  incluir  en  la  liquidación  del   auxilio   de  cesantías  los  días  descontados  por  la empleadora por causa de  sanciones y faltas. Pero en este caso  no  sólo decidió en contravía de la prueba documental allegada al expediente,  sino   sin   que   en   la  demanda  se  hubiese  incluido  pretensión  en  ese  sentido,    desconociendo    el    principio    de  congruencia   que  rige  la  materia.   

         El  profesional  recurrente  sostiene que  el     libelo     sí    contempló    dicha  pretensión,  porque allí, en el hecho 4º, se adujo que el  trabajador  prestó  sus servicios laborales en el Ministerio de Salud durante 8  meses  y  29  días.  En este punto surge evidente la  confusión  de la defensa, pues, como aparece claro, lo pretendido en ese aparte  de  la  demanda  no  era  la  estimación  del tiempo descontado por sanciones y  faltas, sino por haber laborado en otra dependencia del Estado.   

         Ahora  bien,  resulta  equivocada la afirmación del impugnante, de  acuerdo  con  la  cual, para sostener que el procesado  reconoció  indebidamente  la  pensión  de  jubilación  en  el  equivalente al  69.63%,   no   se   tuvo   en   cuenta   el   tiempo  trabajado  en  el  Ministerio  de  Salud  pese  a  imponerlo  de  esa  manera la  convención  colectiva, pues  sí se apreció, sólo que  aún  sumando ese tiempo, el  trabajador  no  alcanzaba  los 19 años de servicio exigidos por la convención,  al  tener  únicamente  18  años y 17 días.   

         5.  Indebida  imputación  del delito de  peculado por apropiación.   

          El  cuestionamiento  en  este sentido formulado por la defensa, como  lo   refirió   el   Tribunal   de  Buga,  constituye  tema  ya  dilucidado por la jurisprudencia de la Sala,  según  la  cual  los  funcionarios judiciales incurren en el delito de peculado  por  apropiación cuando a través de sus decisiones obtienen la distracción de  bienes  que  se  encuentran  bajo  su  disponibilidad  jurídica  por razón del  ejercicio de sus funciones. Conviene recordar dicho criterio:   

“En  el entendido de que la relación que  debe  existir  entre  el  funcionario  que  es  sujeto  activo de la conducta de  peculado  por  apropiación  y  los  bienes oficiales puede no ser material sino  jurídica   y  que  esa  disponibilidad  no  necesariamente  deriva  de una  asignación  de competencias, sino que basta que esté vinculada al ejercicio de  un  deber  funcional, forzoso es concluir que ese vínculo surge entre un juez y  los  bienes  oficiales respecto de los cuales adopta decisiones, en la medida en  que  con  ese  proceder  también  está administrándolos. Tanto es así que en  sentencias  judiciales  como  las  proferidas  por  el implicado en los procesos  laborales  que  tramitó  ilegalmente,  dispuso de su titularidad, de manera que  sumas  de dinero que estaban en cabeza de la Nación (FONCOLPUERTOS –  Ministerio  de  Hacienda y Crédito  Público),  pasaron al patrimonio de los extrabajadores de la Empresa Puertos de  Colombia  y  del abogado que los representó, siendo indiscutible que el acto de  administración  de  mayor envergadura es aquel con el cual se afecta el derecho  de dominio.   

“En  esas  condiciones,  la  competencia  funcional  del  Juez  8º  Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla,  la cual le  permitía   resolver   los   conflictos   laborales   entre   el  Estado  y  los  extrabajadores   de   la   Empresa   Puertos  de  Colombia,  le  confirieron  la  disponibilidad  jurídica  de las sumas cobradas por prestaciones laborales a la  Nación  en  los  casos  a que se refiere este proceso,  por manera que, la  apropiación  de tales bienes a favor de terceros, se consumó por razón de las  funciones  oficiales que cumplía el procesado, de donde se debe concluir que la  extracción  de dineros de la Nación no estructuró el delito de estafa sino el  de       peculado      por      apropiación”3.   

          Por  tanto,  el  razonamiento  de  la  defensa  según  el  cual  el  procesado  no  podía  incurrir  en  el  delito de peculado por apropiación, es  inatendible.   

          6.  Las  agencias  en  derecho  fijadas  por  el  ex  juez no fueron  desproporcionadas   y   las   sentencias   laborales   no   eran  elaboradas  en  serie:   

Según  el  recurrente  es  injustificado el  reproche  formulado  al  procesado en el sentido de haber fijado las agencias en  derecho  en  sumas  demasiado  elevadas.  Tampoco  le parece válida la crítica  consistente en elaborar las sentencias en serie.   

          Si  bien  el  Tribunal  al  cual  correspondió  definir  la segunda  instancia    en    los    procesos   laborales   promovidos   por   Rosario  Araujo  González  y Gaudencio      Grueso      consideró  desproporcionadas  las  agencias en derecho, lo cierto es que ese aspecto no fue  contemplado  en  el  fallo del Tribunal de Buga para sustentar la condena penal,  razón  por  la  cual  resulta impropio que la defensa proponga su discusión en  esta sede.   

          Situación   similar   sucede   con  el  tema  relacionado  con  las  sentencias  en  serie.  Tampoco  ese  tópico fue objeto de consideración en la  sentencia  objeto  de  impugnación,  siendo  únicamente  referido  por la Sala  Laboral   del   Tribunal   Superior   de   Popayán4, pero exclusivamente frente al  fallo   dictado   dentro   del   proceso   laboral  promovido  por  Delfina Santana Sánchez.   

          7.  No  se  examinó la actitud asumida por FONCOLPUERTOS durante el  trámite de los procesos laborales:   

          Esta  es  una  censura  dirigida  por el recurrente contra las Salas  Laborales  que  revocaron  en segunda instancia las decisiones proferidas por el  doctor  GAMBOA VELÁSQUEZ lo  cual  pone  de  presente su falta de capacidad para resquebrajar los fundamentos  del  fallo  penal  condenatorio pues, como quedó reseñado atrás, el delito no  surgió  por el hecho de haberse revocado los fallos laborales sino porque el ex  juez  acusado,  con esos pronunciamientos, propició la apropiación de elevadas  sumas  de  dinero  que  estaban a su disposición en razón del ejercicio de sus  funciones.   

          Con  todo,  la  consideración de la defensa perfectamente conduce a  edificar  un  razonamiento  distinto  que,  incluso, refuerza la conclusión del  a  quo referente al torcido  comportamiento  del procesado en cuanto, precisamente, a sabiendas de la desidia  como  en  FONCOLPUERTOS  se  asumía  la  tramitación de los procesos laborales  promovidos   en  su  contra,  no  tuvo  límite  para,  aprovechándose  de  esa  circunstancia,  emitir  las  irregulares  condenas, consciente de que no serían  apeladas ni sometidas a consulta.     

         

          En   este  punto  resulta  pertinente  precisar  que  la  actuación  indicadora  de  dolo  no  está  constituida  por el hecho mismo de no someter a  consulta   los   fallos,   según   lo  estimó  erróneamente  el  a   quo,   pues  en  ese  tema  existía  controversia  jurídica  para  la  época  de proferidas las decisiones, como lo  señaló  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia en  sentencia  dictada  en  caso similar seguido también contra el aquí procesado,  oportunidad en la cual se señaló:   

         “En      fin     se     cuentan     con   razones,     de    claro    y    contundente    soporte  probatorio,   más   que   suficientes  para  que   la   decisión   de  condenarlo  sea  confirmada,   advirtiéndose    que    no    obstante   el   ex   Juez    laboral    no   dio    trámite    a   la   consulta,     realmente    esa    obligación,    como   lo   señaló   y  resalta  el  recurrente,  bien   puede   entenderse   que   se  clarificó  con  el  fallo  de  constitucionalidad  que  cita  el  Tribunal  de  Buga,  producido con  posterioridad   a   cuando  se  emitió  el  fallo  de  condena  laboral  contra  FONCOLPUERTOS,  de  ahí  que  la Sala lo haya apartado como hecho indicador del  dolo,  el  cual,  como  se  observó  se  edifica  en  otros  variados elementos  probatorios5.   

          La  intención  malsana  emerge,  contrariamente, de saber que al no  ser  susceptible de consulta, según su criterio, podía impunemente adoptar los  fallos  sin  control  judicial  al  interior  de  los  propios  procesos, habida  consideración,  además,  de  la  pasividad  de  los funcionarios de la empresa  demandada, llamados a actuar en su defensa.   

           En  consecuencia,  tampoco  el  reparo  analizado en este acápite está llamado a prosperar.   

          Como,  en tales condiciones, ninguno de los argumentos ofrecidos por  el  recurrente  tienen  entidad  para  derrumbar el fallo condenatorio objeto de  revisión,  la  Sala le impartirá confirmación, en lo referente a los aspectos  motivo de disenso.   

          No  obstante,  como  observa  la  Corte  que al dosificar la pena el  a   quo   vulneró   los  principios  de  legalidad  y  favorabilidad,  garantías  de estirpe fundamental  consagradas  en  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política, entrará a  enmendar el yerro.   

          El  quebranto  ocurrió porque frente a los seis peculados deducidos  en  este  caso  aplicó la punibilidad prevista en el artículo 19 de la Ley 190  de  1995  sin  advertir  que  en  el  caso  de  la demanda laboral promovida por  José  Gabriel  Mosquera no  resultaba atinado proceder en ese sentido.   

En efecto, según consta en dicha actuación  procesal,  el  ex juez procesado ordenó entregar mediante auto del 9 de febrero  de  1994 el título de depósito judicial representativo de la condena proferida  a  favor  del demandante. Ni en las mencionadas piezas procesales, ni tampoco en  las  demás  obrantes  en  el  presente  proceso, consta cuándo el beneficiario  reclamó  los  dineros,  momento  en  que debe entenderse consumado el peculado,  pues   en   ese  instante  se  concretó  el  despojo  patrimonial  del  Estado.   

Tal  vacío probatorio impone la aplicación  en   este   caso   del   principio   in   dubio  pro  reo,  conforme  al  cual  en  las  actuaciones penales  toda  duda, sin excepción,  debe  resolverse  a  favor  del  procesado  (art. 7.2 de la Ley 600 de 2000). En  consecuencia,   frente  a  la  hesitación  surgida  en  torno  a  la  fecha  de  materializado   el  delito,  imperioso  resulta  optar  por  la  solución  más  benéfica  para  los intereses del acusado y, entonces, concluir que el peculado  en  mención  se  consumó  antes de la vigencia de la Ley 190 de 1995, la cual,  dicho  sea de paso, empezó a regir el 6 de junio de ese año.      

Con  precedencia  a  la comentada Ley 190 de  1995  el  peculado por apropiación estaba contemplado en el artículo 2º de la  Ley  43  de  1982,  norma  que  había  modificado el original artículo 133 del  Código  Penal  de  1980.  Dicha  disposición sancionaba el citado ilícito con  prisión  de  4  a  15  años  de  prisión,  multa  de  $20.000  a $2.000.000 e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas de 2 a 10 años; penas más  benévolas  que  las  previstas en el artículo 19 de la pluricitada Ley 190, la  cual  establecía  prisión  de  6  a 15 años, multa equivalente al valor de lo  apropiado  e  interdicción  de  derechos y funciones públicas de 6 a 15 años.   

Para subsanar el yerro la Sala se sujetará a  los  parámetros  dosimétricos  aplicados  por  el  a  quo,  de  modo  que,  como por cada delito concursante  sumó  6  meses  de prisión, por razón del cometido en el caso de José   Gabriel   Mosquera   habrá   de  adicionarse  solamente  4 meses, guarismo que se corresponde, proporcionalmente,  con  el  incremento efectuado por el Tribunal a partir de los extremos punitivos  considerados  en  su decisión.  Por consiguiente, la sanción privativa de  la  libertad a imponer ahora al procesado será de ocho  (8) años y cuatro (4) meses.   

En  lo  relacionado  con la multa, en vez de  determinar  como  tal  el  valor  de  lo apropiado en dicho caso, se acudirá al  criterio  establecido  en el artículo 31 del Código Penal de 2000 (art. 26 del  anterior  estatuto  punitivo),  es decir, se incrementará la pena hasta en otro  tanto.  Para  obtener  el  guarismo  a fijar, se tomará como base el porcentaje  aumentado     por    el    a    quo    cuando  fijó  la  pena privativa de la libertad por cada uno de los  delitos,  que  habiendo  sido  del  8.33% respecto del mínimo legal, equivale a  $1.666  si  se tiene en cuenta que el extremo inferior establecido para la multa  corresponde a $20.000.    

En  consecuencia,  la  nueva pena pecuniaria  ascenderá a $243.090.381,1.   

Finalmente,  bajo  el  mismo  criterio,  la  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas se fijará  en  ocho  (8)  años y dos (2) meses, es decir, por el peculado por apropiación  en  mención  solamente  se  hará  incremento  por  el  lapso  en  meses  antes  señalado.   

Con modificación en las penas impuestas por  el  a  quo,  por  tanto, se  confirmará la sentencia impugnada.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

CONFIRMAR   la  sentencia  de  primera  instancia,  en cuanto fue objeto de impugnación, con la  modificación   consistente   en   que   las   penas  impuestas  a  HÁROLD    GAMBOA    VELÁSQUEZ   quedan  así:   

Prisión de ocho (8)  años  y  cuatro  (4)  meses.  Multa  en  cuantía  de  $243.090.381,1.  E  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones  públicas por el lapso de ocho (8) años y dos (2) meses.   

Contra  esta  sentencia  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO               J.               IBÁÑEZ              GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                           YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                         JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

         Secretaria   

    

1  Al  respecto,  ver  sentencia  del 4 de mayo de 2006, radicación  22328, entre otras.   

2  El  otro    caso    es    el    de    Rosario    Araujo  González.   

3  Sentencia del 6 de marzo de 2003, radicación 18021.   

4 A esa  corporación  le  correspondió,  por  decisión  de  la Sala Administrativa del  Consejo   Superior   de   la   Judicatura,   resolver   la   consulta   en   ese  caso.   

5  Sentencia del 5 de octubre de 2006, radicación 25290.     

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