29722(02-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 29722  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 175  

Bogotá  D.C.,  julio dos (2) de dos mil ocho  (2008).   

VISTOS  

          Decide   la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  de  la  demanda  presentada  por  el defensor del procesado LUIS ALBERTO  MONTES  RUÍZ  con  el  objeto de sustentar el recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  contra la sentencia proferida por el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  de  fecha julio 31 de 2007 por medio de la  cual  confirmó  la  dictada  el  20 de octubre del año anterior por el Juzgado  Único  Penal del Circuito Especializado de la misma ciudad, que lo condenó por  los  delitos  de secuestro extorsivo agravado, homicidio agravado y porte ilegal  de   armas   de   fuego   de   defensa   personal.        

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Hacia las 12:00 horas del día 28 de julio de  2002,  en  jurisdicción del corregimiento “Cuatro Bocas” en el municipio de  Tubará  (Atl.),  un  grupo  de personas armadas incursionaron en la finca “El  Cacique”,  procediendo  a  sustraer  al señor Arturo  Díaz  Vidal y a dejar maniatadas a las demás personas  que lo acompañaban.      

Al   poco  tiempo,  un  sujeto,  quien  se  identificó  con  el  nombre  de “Reynel”, sostuvo comunicación telefónica  con  la señora Gloria Mejía,  cónyuge   del   plagiado,   exigiendo  quinientos  millones  de  pesos  por  su  liberación.  Fue  así  cómo,  previa  cita  concertada,  se  entregó  a  los  plagiarios  la suma de doce millones de pesos en efectivo, a pesar de lo cual la  víctima no fue puesta en libertad.   

Merced a labores de inteligencia desplegadas  por  el  GAULA, Regional Barranquilla, se logró individualizar a la mayor parte  de   los  integrantes  de  la  banda  “Los  Goez”,  señalados  de  ser  los  responsables   del   delito,   hasta   producirse   la   captura  de  LUIS  ALBERTO  MONTES RUÍZ y  Augusto  Rafael Jerónimo Vitoria el día  10  de  septiembre  de 2003 en el municipio de Galapa, en el mismo departamento,  quienes  no  sólo  aceptaron  su  responsabilidad en el hecho, sino que además  delataron  a  otros  partícipes y confirmaron la muerte violenta, mediante arma  de fuego, del plagiado.   

Con   fundamento   en   la   información  suministrada   por  los  capturados,  se  logró  la  ulterior  aprehensión  de  Carlos  Alirio  Ortiz  Reales,  César Antonio Cervera  Goez,  Ibis  del  Carmen García Meza, Wilmer Jesús Machado Correa y  Anuar Enrique Goez Martínez.         

Judicializados los individuos mencionados, se  les  recibió  en  indagatoria, para luego definirse su situación jurídica con  medida   de   aseguramiento   de   detención   preventiva,   sin  beneficio  de  excarcelación.   

Clausurado el ciclo instructivo, se calificó  su   mérito   por  la  Fiscalía  Tercera  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del           Circuito    Especializados   de  Barranquilla  el  24  de  septiembre  de  2004  con resolución de acusación en  contra   de  LUIS  ALBERTO  MONTES  RUÍZ, Augusto Rafael Jerónimo Vitoria, Carlos  Alirio  Ortiz Reales, César Antonio Cervera Goez, Ibis del Carmen García Meza,  Wilmer   Jesús   Machado   Correa   y   Anuar   Enrique   Goez   Martínez,  como  posibles  coautores  de las conductas de secuestro extorsivo agravado, homicidio  agravado,  hurto calificado agravado y porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal.   

La anterior determinación fue confirmada por  la  Unidad  de  Fiscales  Delegados ante el Tribunal de la capital atlanticense,  mediante providencia del 18 de mayo del año siguiente.   

    A  efecto  de proseguir con la  fase  del  juicio,  la  actuación  fue  asignada  al  Juzgado  Único Penal del  Circuito  Especializado  de  Barranquilla, en donde, una vez surtido el trámite  legal,  mediante sentencia del 20 de octubre de 2006, se condenó a los acusados  LUIS     ALBERTO    MONTES    RUÍZ    y     Augusto     Rafael     Jerónimo  Vitoria,  a  las  penas  principales  de  trescientos  setenta  (370)  meses de prisión y multa por valor equivalente a 4.167 salarios  mínimos   legales   mensuales   vigentes,   así   como   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  período  de  quince  (15) años, mientras que a Carlos  Alirio  Ortiz Reales, César Antonio Cervera Goez, Ibis del Carmen García Meza,  Wilmer   Jesús   Machado   Correa   y   Anuar   Enrique   Goez  Martínez  se  les  impusieron  las penas principales de cuatrocientos cuarenta y cuatro (444) meses  de  prisión  y  multa  por  valor equivalente a 5.000 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas   por   un   período   de  dieciocho  (18)  años.   

En  la misma decisión, todos los procesados  fueron  absueltos  por  el  delito  de  hurto calificado agravado imputado en la  resolución  de  acusación, al tiempo que los condenó al pago de perjuicios en  los  montos indicados, negándoles el subrogado de la suspensión condicional de  la  ejecución  de  la  pena  y  el  sustituto de la prisión domiciliaria, esto  último  a  excepción  de  Ibis  del  Carmen  García  Meza.   

Contra   la   anterior   determinación,  interpusieron  recurso  de  apelación  los  defensores de los sindicados, salvo  precisamente  el  de la procesada beneficiada con el sustituto penal, motivo por  el  cual  se  pronunció  el Tribunal Superior de Barranquilla el 31 de julio de  2007 confirmando la decisión impugnada.   

          El   fallo   del   ad  quem  es  ahora  objeto  del recurso extraordinario de casación promovido  exclusivamente  por  la  defensa de LUIS ALBERTO MONTES  RUÍZ,  quien lo sustenta allegando el correspondiente  libelo,  sobre  cuyos  presupuestos lógicos y argumentativos se ocupa la Sala a  través de esta decisión.   

LA DEMANDA  

Un único cargo se formula con fundamento en  la  causal  primera  prevista  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000,  “por   considerar  que  la  sentencia,  objeto  del  recurso,  es  violatoria  del  artículo 232 del Código de Procedimiento Penal,  norma  ésta  de  efectos  sustanciales  en concordancia con el artículo 32 del  Código Penal”.   

Luego  de  transcribir  el  contenido de los  preceptos  referidos  y  de  sintetizar  escuetamente  lo dicho por su defendido  durante  su  indagatoria,  afirma que “las anteriores  manifestaciones  de  justificación  de  su  conducta  en  la comisión de estos  hechos  delictivos  no  fueron  controvertidos  ni  por  la  Fiscalía ni por el  Juzgado  Penal  Especializado,  por  lo  tanto,  la  presunción de inocencia lo  protegió   hasta   el  final  de  la  audiencia  de  juzgamiento”.   

Por  lo  anterior,  añade,  las  decisiones  proferidas  en contra de su patrocinado son contrarias a derecho al no ajustarse  a  las  disposiciones  referidas  y  desconocer  “sus  descargos,  las declaraciones de Gerónimo Vitoria y la ausencia de pruebas para  controvertir   estos  descargos”  y  por  cuanto  no  comparte  el  criterio del Tribunal en el sentido de  que los fenómenos de  insuperable coacción ajena y miedo insuperable son diferentes.   

Dichas  eximentes  de  responsabilidad  son  aplicables   a   favor   de  MONTES  RUÍZ,  prosigue,  pues “si los secuestradores  del  señor  Díaz  Vidal fueron capaces de asesinarlo a sangre fría y después  de  haber  recibido doce millones de pesos de éste para su liberación, podría  quedar   alguna  duda  de  que  si  mi  defendido  los  delataba  posteriormente  procederían  contra  él y su familia ? la lógica elemental nos asegura que no  había la menor duda de que lo harían”.   

Acto  seguido,  alude  en  relación  con la  manifestación  del  Tribunal  referente a que no aclaró el grado de cultura de  su  defendido,  que no consideró necesario este aspecto porque sus datos están  consignados a folio 2 del fallo recurrido.   

Con  sustento en lo expuesto, solicita de la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada “y en su lugar  dicte la que corresponda”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

El  único  cargo  propuesto  en  la demanda  presentada  por  el  defensor  de  LUIS ALBERTO MONTES  RUÍZ   no   cumple  con  los  presupuestos  exigidos  legalmente  para  su admisión en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, motivo  por  el  cual  se procederá a su inadmisión y a la correlativa devolución del  expediente  al  Tribunal de origen, como así lo dispone la siguiente preceptiva  del mismo ordenamiento en caso de concretarse tal eventualidad.   

En  tal dirección, confluyen las siguientes  razones jurídicas:   

1.  El  actor  no  señala  en forma clara y  precisa  la causal por cuyo medio pretende el derrocamiento del fallo.  Por  lo  mismo,  no  desarrolla  un  cargo  acorde con los motivos legales previstos,  desconociendo  el  contenido  del  numeral  3°  del  aludido  artículo 212 del  estatuto  procesal  penal, según el cual la demanda, para ser admitida, deberá  contener   “la  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo”.   

En  efecto,  el impugnante se circunscribe a  satisfacer  los  presupuestos  previstos  en  los  numerales  previos  de  dicha  preceptiva,  es  decir,  a  identificar  el  fallo  contra  el cual se dirige el  recurso  extraordinario  y  los  sujetos  procesales,  así  como a elaborar una  síntesis  de  los  hechos y del acontecer procesal, pero de ahí en adelante se  aparta  de  los  derroteros  lógicos  y  argumentativos  que debe evidenciar la  demanda,  aspecto  medular  en  la impugnación, a fin de ubicar la propuesta en  una  causal  específica  de  casación y acompañarse de fundamentos jurídicos  suficientes.   

Es que, si bien en la propuesta se acude a la  causal     primera     prevista     en    el    artículo    207    ibídem,   no   se  determina  el  motivo  específico  sobre  el  cual gravita el disentimiento, esto es, si la violación  de   la   ley   sustancial   procede   en   forma  directa  (aparte  primero)  o  indirecta  (aparte segundo).   

Dicho  aspecto  reviste la mayor importancia  porque  mientras  en  el  motivo  de  violación directa de la ley sustancial el  libelista  debe  orientar  el  cuestionamiento a demostrar un yerro de diagnosis  jurídica  que  recae  sin  mediación alguna sobre la norma, sin comprometer la  valoración  probatoria,  el  segundo  motivo  parte  del supuesto contrario, en  cuanto  tiene  por  esencia debatir en torno de la apreciación de los medios de  persuasión   por   los  llamados  errores  de  hecho  -por  falsos  juicios  de  existencia,  identidad  o  raciocinio-  o  de  derecho  -por  falsos  juicios de  legalidad  o  convicción-  para luego sí establecer la violación de preceptos  de orden sustancial.   

En  otras  palabras:  los  dos motivos de la  causal  de  transgresión  de la ley sustancial contemplados en el artículo 207  de  la Ley 600 de 2000, por violación directa e indirecta de la ley sustancial,  conceptualmente  son antagónicos, porque mientras en ésta el casacionista debe  aceptar  sin  ambages  la  valoración  de  los hechos y de las pruebas tal como  obran  en el fallo recurrido, en aquélla el debate versa precisamente sobre ese  tópico.   

De   ahí,   entonces,   la  necesidad  de  plantearlos  de  manera  autónoma y separada, en cargos independientes, como lo  exige   el   numeral   4°   del   mencionado  artículo  212  del  ordenamiento  procedimental,  y  de  individualizarlos con total claridad, para que, al margen  de  su  denominación exacta, no haya duda alguna acerca de cuál de los motivos  genera la  inconformidad.             

          

2.  Aparte  de  lo  anterior,  la  precaria  argumentación  ofrecida  por  el  demandante  no  encaja  en ninguno de los dos  motivos  de la causal primera referidos, pero tampoco en los restantes supuestos  contenidos  en  las  demás causales, fundamentalmente porque la propuesta no va  más  allá  de  señalar  en  forma  genérica  que  no  se han desvirtuado las  manifestaciones  de  su defendido y, por lo mismo, la presunción de inocencia a  su  favor,  sin  aportar  carga  argumental  alguna  en  orden  a  sustentar esa  demostración,  incurriendo  así  en  lo que para la lógica formal se denomina  petición  de  principio,  consistente en dar por demostrado una conclusión sin  expresar las premisas que la apoyan.   

Igual sucede con el otro aspecto abordado en  el  reparo, en cuanto no admite el planteamiento del Tribunal según el cual son  diferentes   las   causales   de  ausencia  de  responsabilidad  de  obrar  bajo  insuperable  coacción  ajena, prevista en el numeral 8° del artículo 32 de la  Ley  599  de  2000,  y  actuar  impulsado  por  miedo  insuperable,  del numeral  siguiente  de la misma disposición, pues a su juicio están conectadas dado que  la  primera  conduce  a  la segunda, sin exponer motivo alguno que fundamente su  postura,  contrastando  con  el  criterio  ampliamente  desarrollado por el juez  colegiado sobre el particular.   

3.  Las falencias denotadas permiten colegir  que  la  censura  propuesta  por  el  defensor  de LUIS  ALBERTO  MONTES  RUÍZ  no satisface el presupuesto de  contar  con  una argumentación lógica y suficiente, a partir de la inexistente  claridad  en  punto  de  identificar  el motivo de la inconformidad y el ausente  desarrollo  de  una  propuesta  con  la entidad de socavar la legalidad del  fallo.      

De  ahí que, como se anticipó al inicio de  este  acápite  considerativo,  surja como decisión consecuente la de inadmitir  la  demanda  presentada  por  el defensor del procesado  MONTES  RUÍZ, amén de que el principio de limitación  aplicable  a este medio extraordinario de impugnación, cuya consagración legal  se  encuentra  en  el  artículo  216  de la Ley 600 de 2000, impide a esta Sala  subsanar las incorrecciones anotadas.   

Casación oficiosa:  

De acuerdo con la facultad otorgada a la Sala  para  casar  oficiosamente el fallo en tratándose de la causal tercera o cuando  sea  ostensible  que  atenta  contra  garantías  fundamentales  prevista  en el  referido    artículo    216   ejusdem   si    necesidad    de   correr   previo   traslado   al   Ministerio  Público1,  se  procederá en tal sentido al encontrar múltiples defectos en  el  procedimiento  de  dosificación  punitiva  elaborado  por  el  a-quo,  respecto  de  lo  cual  nada  dijo  el  Tribunal, cuya  corrección  se  impone  a través de esta vía en tanto transgrede el principio  de legalidad de las penas.   

Al  respecto, empiécese por señalar que si  bien  atinó  el  juzgador  de primer grado al indicar que el delito concurrente  más  grave  imputado  a los procesados era el de secuestro extorsivo agravado e  igual  al  establecer  los  respectivos  cuartos de movilidad para esa conducta,  yerra cuando ubicó la pena imponible en el último cuarto.   

Para  justificar  dicha  determinación,  el  a-quo     adujo     lo  siguiente:   

“Considerando la  situación  concursal  de  conductas punibles -art. 31 C.P.-, nos ubicamos en el  último   cuarto  -el  secuestro  extorsivo  agravado  ocurrió  cuando  y  estaba  vigente  la  Ley  733  de  2002, como quiera que el  secuestro  extorsivo  es  además  agravado y está concursando con un homicidio  agravado,  cometido  en  persona  en condiciones de indefensión e inferioridad,  utilizando    arma    de    fuego    de    defensa    personal”   (subrayas fuera de texto).   

Es  decir  que,  para el juzgador, el motivo  determinante    para  ubicar  la  pena  en  este  cuarto radicó en el  concurso  de  conductas  punibles,  con  lo cual se aparta de lo dispuesto en el  artículo  61  del  C.P.,  en  el sentido de que sólo podrá moverse dentro del  cuarto   máximo   “cuando   únicamente  concurran  circunstancias de agravación punitiva”.   

Dichas   circunstancias,   como  en  forma  reiterada  lo  ha  señalado  la  Sala,  no  son otras que las estipuladas en el  artículo  58  ibídem,  las  cuales,  además  de  no haber sido imputadas jurídicamente en las resoluciones  de  acusación  de  primero  y  segundo  grado, son independientes al incremento  punitivo  derivado  de  la existencia de un concurso de conductas punibles, cuya  incidencia  está  regulada  en  el inciso primero del artículo 31 ejusdem,  una  vez  se haya establecido la  pena  para  el  delito más grave “aumentada hasta en  otro                tanto”.       

Si ello es así, es claro que la pena en este  caso  ha  debido  ubicarse  en  el  primer  cuarto  para  el  delito  más grave  (secuestro  extorsivo  agravado),  comprendido  entre  un mínimo de trescientos  treinta  y  seis  (336)  meses  y  un máximo de trescientos setenta y dos (372)  meses  de  prisión,  bajo la consideración, se insiste, de que en las aludidas  resoluciones  de  acusación  no  se  dedujo  jurídicamente  en  contra  de los  procesados  ninguna de las circunstancia de mayor punibilidad establecidas en el  artículo 58 del C.P.   

La  sanción  privativa  de  la  libertad,  además,  ha  de  corresponder  al  mínimo  del cuarto inferior, respetando los  parámetros  seguidos por el fallador, quien al fijar la pena correspondiente al  cuarto  procedió  de  esa  manera,  a  pesar de haber señalado previamente que  “los  delitos  que  aquí  se  cometieron  revisten  extrema  gravedad  y  crueldad; la persona además de secuestrada fue sometida a  vejaciones  y  humillaciones,  permaneció  varios días encadenado, carencia de  alimentos  –según dicho de  sus  custodios-, para luego ser vilmente asesinado y luego enterrado, mientras a  su  familia  se  le seguía llamado y pedían dinero por su rescate, pues los 12  millones  que  recibieron  inicialmente  los plagiarios, les parecía eso:   sólo  la  inicial  de  un  pago  de cientos de millones de pesos”.   

Ese  guarismo  de trescientos treinta y seis  (336)  meses  de prisión, como ya se dijo correspondiente al mínimo de la pena  prevista  para  el  cuarto  inferior del delito de secuestro extorsivo agravado,  debe     incrementarse     “hasta     en     otro  tanto”,  por  la  concurrencia  de  las conductas de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal de armas, para lo cual se fija un monto de  sesenta  y  cuatro (64) meses, dado el número de conductas concursales, la pena  establecida  para  cada  una  de  ellas  y la limitación contenida en el citado  artículo  31  del  estatuto  represor  en  cuanto  no  puede  superar  la  suma  aritmética   de   penas,   para  un  total  de  cuatrocientos  (400)  meses  de  prisión.   

Con  lo  anterior,  valga  precisar,  no  se  vulnera    el    principio    de    la    prohibición    de   la   reformatio  in  pejus, por dos razones: (i)  en  tanto la pena a imponer es inferior a la establecida en el fallo impugnado y  (ii)  dado  que  el mayor reproche punitivo por razón del concurso de conductas  punibles  no  fue  extraño  a  la decisión del juzgador, sólo que, como ya se  dijo,  erráticamente lo consideró como criterio para moverse dentro del cuarto  respectivo.   

En   ese   orden  de  ideas,  la   pena  principal  de  prisión  a  imponer  a  los  acusados  no  recurrentes  en  casación Carlos Alirio Ortiz Reales,  César  Antonio  Cervera  Goez,  Ibis  del  Carmen  García  Meza, Wilmer Jesús  Machado   Correa   y  Anuar  Enrique  Goez  Martínez  es  de  cuatrocientos  (400)  meses.   

Por su parte, como a  los  procesados LUIS ALBERTO MONTES RUÍZ –recurrente en casación- y      Augusto     Rafael     Jerónimo     Vitoria     –no        recurrente-,  en  la  sentencia  impugnada  se les otorgó un descuento de una  sexta  parte  por el beneficio de confesión, su pena a  imponer  es  de  trescientos  treinta  y  tres  (333) meses y diez (10) días de  prisión.   

En  relación con la pena pecuniaria importa  precisar  que  si  bien  el  fallador  no  expuso  argumento  alguno  en orden a  sustentar   las   sumas  impuestas  a  los  procesados,  éstas  se  ajustan  al  procedimiento  previsto  en  el artículo 61 de la Ley 599 de 2000, así como al  hecho  de  no  concurrir  ninguna  circunstancia  de  mayor  punibilidad y al de  establecer  la  pena  mínima  para ese cuarto, esto último como lo hizo con la  pena privativa de la libertad.     

De ahí que, bajo la consideración de que el  único  delito  atribuido  a  los  procesados  que  contempla  esta  pena  es el  secuestro   extorsivo   agravado,   reprimido   en  los  artículos  169  y  170  ibídem,  modificados por la  Ley  733  de  2002,  vigente  para  al  momento  de  comisión de los hechos, el  sentenciador  impuso  correctamente a los procesados no recurrentes en casación  Carlos  Alirio  Ortiz  Reales,  César Antonio Cervera  Goez,  Ibis  del  Carmen García Meza, Wilmer Jesús Machado Correa y    Anuar    Enrique   Goez   Martínez  la sanción mínima de 5.000 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  la  cual  redujo  en  una  sexta parte por el beneficio de  confesión  reconocido  a  favor de los sindicados LUIS  ALBERTO      MONTES      RUÍZ     –recurrente  en  casación- y Augusto Rafael  Jerónimo   Vitoria   –no  recurrente-,  para  un  monto  de  4.167  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes.   

En consecuencia, como no se vislumbra que con  la  imposición  de  esta  pena  en los montos establecidos se haya vulnerado el  principio de legalidad se mantendrá invariable.   

Igual  se decidirá en punto de los aspectos  del  fallo  impugnado  relativos  a la pena accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas, condena en perjuicios, subrogado  de  suspensión  condicional  de  ejecución  de la pena y sustituto de prisión  domiciliaria,   en   tanto   no   se   afectan   con   ocasión   de   lo  aquí  decidido.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          1.-  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada   por  el  defensor  de  LUIS  ALBERTO  MONTES  RUÍZ,  por  las  razones  consignadas  en  la  anterior motivación.   

2.- CASAR OFICIOSA  y  parcialmente  el  fallo  de  segundo  grado  en el sentido de reducir la pena  principal  impuesta  a  los  procesados no recurrentes en casación Carlos  Alirio  Ortiz  Reales, César Antonio Cervera Goez, Ibis del  Carmen  García  Meza,  Wilmer  Jesús Machado Correa y  Anuar  Enrique Goez Martínez  a  cuatrocientos  (400)  meses  de  prisión  y  a  los  procesados LUIS  ALBERTO MONTES RUÍZ –recurrente  en  casación- y Augusto Rafael  Jerónimo   Vitoria   –no  recurrente-  a  trescientos  treinta  y  tres  (333)  meses y diez (10) días de  prisión.   

         Esta  determinación  no  afecta  lo  decidido por las instancias en  relación  con la pena principal de multa, la  accesoria de inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas y condena en perjuicios, ni  con  respecto  a  lo  resuelto  en  torno  al  subrogado  penal de la condena de  ejecución condicional y el sustituto de la prisión domiciliaria.   

         3.        En lo demás, el fallo impugnado se mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese   y   cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                       ALFREDO       GÓMEZ       QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS         AUGUSTO                         J.                         IBÁÑEZ  GUZMÁN                  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1 Cfr.  Decisión del 12 de septiembre de 2007, rad. 26967.     

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