29608(10-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 29608  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado acta N°  152   

Bogotá,   D.  C.,    diez  (10)  de  junio  de  dos  mil  ocho  (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La  Corte decide  respecto   del   cumplimiento   de   los  presupuestos  de  logicidad  y  debida  argumentación  de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor de OSCAR  RENÉ     MELÉNDEZ  MORENO.   

H   E   C   H   O  S   

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“Informa  el  diligenciamiento  que  siendo  aproximadamente las dos de la mañana del tres de  marzo   del   año   que   avanza  (2007),  el  señor  José Orlando Castro Duarte, en el instante mismo en  que  llega a su residencia ubicada en la calle peatonal 153 N° 22-13 del barrio  tarragona  de  Floridablanca  (Santander),  fue  abordado  de  manera  imprevista por su vecino OSCAR  RENÉ  MELÉNDEZ MORENO y sobre la  verja  del  mismo  le  disparó  con  el  arma  de  fuego que portaba, en varias  oportunidades,  por  la  espalda,  tres  de  ellas, en los miembros superiores y  tórax  comprometiendo el pulmón, arteria braquiocefálica como consecuencia de  lo cual sobrevino su óbito.   

“Como quiera que  en  el  segundo  piso  del  inmueble  y  sobre la pieza que daba hacia la calle,  pernoctaba  Elkin Gonzalo Mogollón Cuadros, éste al escuchar el primer disparo  inmediatamente  atisbó  por  la  ventana,  pudiendo  cerciorarse que uno de los  atacantes  y  precisamente  quien  accionaba el arma de fuego, era el sujeto que  previamente  él  conocía  por  un incidente donde se habían tratado de hurtar  unas  ciclas en su casa, a quien apodaban Ñingas, por la que luego llegaran las  autoridades  y  le  informaran  lo  acontecido,  funcionarios  encargados  de la  reacción  social institucional, quienes como consecuencia de tales datos acuden  a  la  residencia  de  éste  hablando  con  sus padres, y como no fuere posible  aprehender  al  autor  de tal comportamiento desviado, fue necesario acudir ante  el  Juez  de  Control  de  Garantías  a  solicitar  su captura, la cual se hizo  posteriormente efectiva”.   

ACTUACIÓN     PROCESAL   

1.    Por  razón   de   los   hechos   narrados,  en  audiencia  preliminar que se realizó  el   13   de     marzo     de     2007      ante      el     Juzgado  Dieciséis  Penal  Municipal  con  Función  de Control de  Garantías  de  Floridablanca  (Santander),  luego  de  la  verificación  de la  legalidad   de   la   captura,   la   Fiscalía   Décima   Local   imputó       a       Oscar     René     Meléndez  Moreno la  comisión,   en  calidad  de  autor,  de               los           delitos de homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego de defensa personal,   de   acuerdo  con  lo  previsto  en  los artículos 104,  numeral  7°,   y   365       del       Código Penal.   

El 12 de abril de 2007 la fiscalía radicó  el    escrito    de    acusación    en   el   cual   imputó   a   Meléndez       Moreno  la comisión  de     los              citados  delitos.    El    Juzgado   Quinto    Penal    del   Circuito     con     Funciones    del    Conocimiento    de    Bucaramanga      llevó  a  cabo la  audiencia de formulación  de       acusación       el      24        de        abril  del  mencionado año; el 7 de  junio   siguiente   la  audiencia  preparatoria  y,  finalmente,  el  11  de  septiembre   de   la  misma  anualidad  culminó  el  juicio oral.   

2.   El  mencionado  Juzgado, mediante  sentencia  del  25  de  octubre  de  2007, condenó a  Oscar      René  Meléndez    Moreno  a  la  pena principal de 406 meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el lapso de 20 años, como autor  responsable de los delitos  de   homicidio   agravado   y   porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.   Así  mismo, le negó el sustituto penal de la suspensión  condicional   de   la   ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  procesado,  quien  consideró  que  de  los  medios  de convicción no emerge la  certeza  para  condenar  a su procurado, siendo el in dubio pro reo el instituto  que  en  este  asunto  debió aplicarse, la Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior de Bucaramanga, el 12 de diciembre de 2007, lo confirmó.   

3.  Contra esta decisión el mencionado  profesional del derecho interpuso recurso de casación.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El  defensor  del  sentenciado      Oscar      René     Meléndez    Moreno,      con      base      en      el      numeral     3°      del     artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  acusa  al  Tribunal  de haber incurrido en errores de  hecho  generados  por falsos juicios de existencia por suposición, de identidad  y  de  raciocinio  en  la  valoración  de  los  medios  de  prueba,  yerros que  condujeron  a  la vulneración de los artículos 7°, 308, 380 y 381 del Código  de Procedimiento Penal.   

En el título que denominó “SUSTENTACIÓN   DEL CARGO”,   afirma  el  actor que el Tribunal, en la evaluación probatoria que realizó, le  otorgó  credibilidad  al  testimonio  presencial  y  de cargo rendido por Elkin  Gonzalo  Mogollón  Cuadros.  No  obstante, encuentra que tal apreciación riñe  con  lo  consagrado  en  los  artículos 28 y 29 de la Constitución Política y  7°,  308 y 381 del Código de Procedimiento Penal, toda vez que “trata  de  acomodar  su  dicho a la credibilidad que finalmente le  fue   entregada”,  pues,  teniendo  en  cuenta  la  descripción  que  hizo  de  la  persona  que  acompañaba  al supuesto homicida  (NINGAS),  respeto  de  quien  dijo  “era  blanco,  joven,   delgado”,   resulta   ilógico,   ya  que  “los  principios  de  la sicología nos demuestran  que  quien  observa  un  hecho  atroz  narrado como lo hace el testigo único de  cargo,  solo aprehende en su memoria lo más significativo o notorio”.   

De  otra parte, asevera que el ad quem hace  ver  a  su  defendido como un consumidor de alucinógenos, siendo que los medios  de  prueba  no  precisaron  que  él  tuviera  “esa  disposición”, pretendiendo de esa manera demostrar  que    Oscar    René  Meléndez  Moreno es una  persona    proclive    al    delito   y   que   esa  situación  lo  pudo  llevar  a cometer el delito de  homicidio.    

De  otra  parte, refiere que el día de los  hechos  se  presentaron  varias  detonaciones,  aspecto  que  se  puede apreciar  fácilmente  no  solo  con las heridas causadas al hoy occiso, sino también con  los  tres proyectiles que “misteriosamente entraron  al  interior  de la casa sin romper ventanas ni rasgar cortinas, únicamente por  un  solo  orificio  de la ventana y, cosa curiosa, fragmentos de los proyectiles  se  encontraron  diseminados  en  el  patio  de  ropas,  cocina  y  sala  de  la  casa”. Sin embrago, el Tribunal da como probado que  los  disparos  se  realizaron desde afuera de la vivienda, afirmación que no se  ajusta  a  la  realidad de lo acontecido, advirtiéndose con ello que el testigo  único  de  cargo  “miente  y  de alguna manera se  presentaron  disparos al interior de la casa, pues repito con insistencia que es  físicamente   imposible   que   tres   impactos   estén  en  la  pared  de  la  cocina”.   

“La inferencia  que  realiza  el  ad quem en relación a si ELKIN durmió o no en la habitación  del  segundo  piso que queda en la ventana y desde donde dice vio lo que narró,  es  apenas  una  de  las tantas falacias que el testigo único de cargo presenta  para  su  atestación, existe la prueba testimonial que indica que ese no era el  lugar  de  habitación  correspondiente  y  si aunamos estas pruebas con las que  hasta  ahora he venido indicando nos conduciría a concluir que el acusado no es  quien  cometió  el homicidio y que el testigo de cargos ingeniosamente utilizó  su   estrategia   para   asegurar   a   quien  verdaderamente  pudo  cometer  el  delito”.   

Así  mismo, reprocha que el Tribunal no le  de  trascendencia  a la hora y fecha de ocurrencia del hurto de unas bicicletas,  pues,  en  su  criterio,  tal aspecto censura la credibilidad del único testigo  presencial,  siendo  al mismo tiempo evidente el testimonio coherente, sincero y  concordante  “entre el celador Gabino y el hermano  del  procesado;  a la Sala del Tribunal le parece extraño esta coincidencia, la  descalifica  y  la presume engañosa, no la acepta como entidad probatoria útil  para  en  conjunto  ser  valorada con las otras descabelladas testificaciones de  Elkin”.   

Estima  que  el  juzgador  de segundo grado  “cercena  la  prueba”  cuando  concluye  que no está probado el móvil del homicidio y que el hurto de  las  bicicletas  no  fue  la  razón  de  dicho  crimen,  pues,  en  su opinión  “siempre se trató el hurto de las bicicletas como  una  consecuencia  lógica del homicidio de José Orlando; siempre el testigo de  cargo  hizo  ver  que el móvil era ese…, si no es este el motivo o el móvil,  entonces cuál lo fue en realidad”.   

Refiere que su procurado no conocía el día  y  la  hora  en  que el hoy occiso llegaría de viaje, siendo sus familiares los  únicos  quienes  sabía  de ese hecho, el cual “no  fue  valorado  y  ni  siquiera  fue objeto de análisis por parte de la Sala del  Tribunal”,  pues  cómo se explica que el procesado  lo estaba esperando para matarlo sin saber cuándo llegaría.   

Del  mismo  modo, afirma que el Tribunal no  valoró   la   referencia   que   hizo  el  testigo  Elkin  cuando  indicó  que  “puede  diferenciar  plenamente  a  los  hermanos  NINGAS  y CHUPETA y aporta elementos de juicio sobre los rasgos físicos que los  identifican,  entonces  cómo  fue  que  ELKIN le informó al celador del barrio  GABINO    que    fue    CHUPETA   quien   hurtaba   las   bicicletas”,  afirmación  que  el  ad  quem, contrariando la lógica y las  máximas   de   la   experiencia,   “acepta  como  creíble”.   

En  su  criterio,  el  juzgador  de segunda  instancia   justifica  a  su  manera  la  declaración  del  testigo  de  cargo,  defendiéndolo    “en   abierta   manifestación  contraria  a  la  realidad  vivencial  o  al mundo real del conocimiento humano,  falso  raciocinio  por desconocimiento de los postulados de la sana crítica por  cuanto  es  del  común  y  así  piensa  la gente, que la casa empieza desde la  entrada  a la misma, jurídicamente hablando la propiedad va desde la verja, eso  es  claro,  pero miremos solo el pensamiento del común, lo conocido por casa es  lo  que  encierra,  de  las puertas para adentro dice el adagio popular; si esta  apreciación  de ELKIN se toma como debe ser por la lógica, y se concatenan los  otros  desaciertos  en  valoración  conjunta  como  lo  son, los disparos y los  fragmentos  de  disparos  encontrados dentro de la casa, la no rotura de vidrios  de  la ventana, el conocimiento de la vestimenta del presunto autor, el sitio en  que  verdaderamente pernotaba ELKIN es decir, la parte trasera, la existencia de  un  seguro  de  vida,  etc.,  todo  esto, en apreciación correcta de la prueba,  había   dado   lugar   a   proferir   un   fallo  sustancialmente  distinto  al  impugnado”.   

Dice  que razonar como lo hace el Tribunal,  en  cuanto  que  la  “lógica  de  cada una de las  aseveraciones   se  concatenan,  no  se  excluyen  y  que  nadie  miente  en  la  narración,  es  alejado  de  toda  lógica razonable, pues es entendible que la  madre  de ELKIN GONZALO testigo único de cargo, señora MARÍA EUGENIA CUADROS,  lo  revalide  en  todo  lo que él pretendió demostrar en el juicio, como es el  caso  que  JORDANO  hermano  de ELKIN y compañero de cuarto, solo fue visto por  éste  al  momento  de  encontrarse  auxiliando  al  padrastro  y  nótese cómo  hábilmente  la  Fiscalía  no  deja  que  ELKIN  conteste  de donde vio venir a  JORDANO,  en  ningún  momento  los  investigadores  en  sana lógica realizaron  averiguaciones sobre este señor”.   

A  continuación,  luego  de  comentar  una  jurisprudencia  relacionada  con  la  aceptabilidad  de  los  testimonios que no  presentan  concordancia  absoluta  en  sus  distintas  intervenciones,  dice  el  libelista   que   en   este   caso  resulta  evidente   que   el   juzgador   le   otorga  credibilidad  al  testigo   único   de cargo “sin valorar las pruebas que  le    están    señalando    que    miente    para   ocultar   algo”.   

“La  defensa  planteó  la  hipótesis  de  las detonaciones hechas en forma simultánea, esto  es,  una  tras  de  otra  como bien conocen las personas que han manejado armas,  cuando  se  dice  tiros  simultáneos  se  hace referencia a realizados en forma  rápida  uno  tras  de  otro,  en  tratándose  de  revólver, no así con armas  automáticas  que  entonces  sí  serían  en ráfagas; la Sala distorsiona esta  apreciación  de  la  defensa para darle validez a su razonamiento de acuerdo al  testigo  único  de  cargo;  y  la  defensa  plantea  la hipótesis de los tiros  simultáneos  por  cuanto  en las máximas de la experiencia y los principios de  la  balística  forense,  nos  determinan  que los segundos de aproximación del  testigo  a  la  ventana  para  observar lo que dice que vio, son paralelos a los  segundos  en  que utilizó el homicida disparando tiro a tiro su revólver sobre  la  humanidad  de  José Orlando, luego entonces en sana lógica ELKIN miente en  su apreciación y no dice la verdad”.   

Considera que el sentenciador supone que el  hecho  de que Elkin y Jordano no acompañaron a su madre a llevar al herido a la  clínica,   “no  es  prueba  de que existían  problemas   familiares   entre   sus   hijastros   y  José  Orlando”,  cuando  lo “más lógico era que  si  existía  armonía  en  el  hogar, Elkin y Jordano habrían acompañado a su  madre      en     el     trance     en     que     se     encontraba”.   

Del  mismo  modo,  estima  ilógico  y  sin  razonamiento   que   el   ad   quem   hubiese  calificado  como  “descabellado”   y,   por  lo  mismo,  descartado  como móvil del homicidio el cobro de un seguro de vida, pues, en su  criterio,  existen  indicios  que  señalan  que  ese  pudo  ser  la  causa  del  delito.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

   

En  fin,  considera  el  demandante  que la  certeza  que  el Tribunal le “da a las pruebas para  incriminar”    a   su   defendido   se   obtienen  “del  señalamiento  que realiza el testigo único  de  cargo”,  sin que en ese proceso valorativo  se  hubiesen  considerado  todos los elementos de juicio de manera conjunta como  lo ordena la ley.   

Por  lo  expuesto,  solicita  a la Corte la  admisión de la demanda presentada.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  En el nuevo el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta,  y, por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con  lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,      acredite      la     afectación     de   derechos    o   garantías  fundamentales,   para   lo   cual       también       deberá      formular      y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario      de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En  otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    esta    debe    determinarse    por    la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines      de     la     casación”.1   

En  consecuencia, el recurso extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2.   Teniendo en cuenta los anteriores  lineamientos,  advierte  la  Corte  que la demanda presentada por el defensor de  Oscar      René  Meléndez Moreno no reúne  los  requisitos  de  claridad,  precisión  y  logicidad  que  para ser admitida  establecen  las  normas  que  regulan  la  casación,  pues  si bien el actor, a  través  del  único  cargo  formulado,  acusa  al  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga de haber incurrido en  violación  indirecta  de la ley sustancial  por errores de hecho generados  por  supuestos  falsos  juicios de existencia por suposición, de identidad y de  raciocinio,  de  todos  modos  en su desarrollo no se respetan los parámetros y  las  reglas  argumentativas  y  lógicas  que  la  ley  y  la jurisprudencia han  establecido para tales hipótesis.   

En  efecto, se hace necesario recordarle al  libelista  que  el error de hecho por falso juicio de existencia por suposición  tiene  lugar  cuando  “la  providencia judicial se  edifica  con  fundamento en un medio probatorio trascendente en el sentido de la  decisión  que  nunca  fue  allegado durante el trámite investigativo, esto es,  por  que  sin  figurar en la actuación el  funcionario judicial supone que  allí  aparece  y lo tiene en cuenta en el proceso de valoración probatoria con  efectos  jurídicos en su proveído, evento en el cual corresponde al demandante  indicar  la  prueba supuesta, el mérito suasorio que le fue asignado y cómo su  marginación  conduce  a  una decisión diversa a la impugnada y favorable a los  intereses      del      condenado”.2   

A  su  vez,  el  falso  juicio de identidad  acontece   “cuando  el  juzgador  se  equivoca  al  apreciar  la  prueba,  dado que, obrando en el proceso, al valorarla distorsiona  su  contenido  cercenándola, adicionándola o tergiversándola, caso en el cual  está  llamado  a  señalar  mediante el cotejo objetivo de lo dicho en el medio  probatorio  y  lo  asumido  en el fallo, qué aparte fue omitido o añadido a la  prueba,  qué  efectos  se  produjeron  a  partir de ello y, lo más importante,  cuál  es la trascendencia del yerro en la declaración de justicia contenida en  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  atacada,  tópico  que  no  puede  ser  demostrado  con  la exposición subjetiva del criterio del impugnante acerca del  valor  que corresponde al medio de prueba que estima tergiversado, pues menester  resulta  que  materialmente  acredite  que  el  error  condujo  a  la  falta  de  aplicación  o  a la aplicación indebida de la ley sustancial en el fallo, esto  es,  que  corregido el yerro, la prueba debidamente valorada en conjunto con las  demás     modifica    sustancialmente    el    sentido    de    la    decisión  reprochada”.3   

Finalmente, en cuanto al error de hecho por  falso  raciocinio  la  jurisprudencia  de  la  Corte,  de  manera  reiterada, ha  precisado  que  si el reproche se centra en el desconocimiento de los postulados  de  la  sana  crítica,  el  censor debe indicar qué dice de manera objetiva el  medio  de  convicción,  cuál  fue la inferencia que de él dedujo el juzgador,  cuál  mérito  persuasivo le fue otorgado, cuál postulado de la lógica, de la  ciencia  o  máxima de la experiencia fue desconocida, especificando cuál es el  aporte  científico correcto, la regla de la lógica apropiada, la máxima de la  experiencia  que  debió  tomarse  en consideración y, finalmente, demostrar la  trascendencia  del  yerro,  indicando cuál debe ser la apreciación correcta de  la  prueba  o pruebas que cuestiona y que habría dado lugar a proferir un fallo  sustancialmente  distinto y opuesto al que es objeto de censura, para lo cual se  impone  al  demandante  el deber de abordar la demostración de cómo habría de  corregirse  el  error  probatorio  que  acusa,  modificando  tanto  el  supuesto  fáctico  como  la  parte  dispositiva  de  la sentencia, labor que comprende un  nuevo  análisis  del  acervo  probatorio, apreciando las pruebas acorde con las  reglas  de  la  sana  crítica  y  respecto  de las cuales se transgredieron los  citados  postulados,  sin  dejar  pasar  por  alto  que  dicha  valoración debe  realizarse  de  manera  conjunta y mancomunada con los demás medios probatorios  respecto  de  los  cuales  no recae censura alguna y, por lo mismo, se acepta su  correcta                apreciación.4   

Así,   resulta  claro  observar  que  el  libelista  no  acató  en su integridad las anteriores premisas respecto de cada  uno  de  los yerros denunciados, pues si bien es cierto que acusa al juzgador de  haber  incurrido  en errores de hecho generados por falsos juicios de existencia  por  suposición,  de  identidad  y  de  raciocinio,  también lo es que omitió  precisa,  como  o  era  su  deber,  cuáles medios de prueba supuso el juzgador,  cuáles  tergiversó  o  distorsionó  y  sobre  cuáles  se  desconocieron  los  postulados  de  la sana crítica en el proceso valorativo de los mismos, además  de  que  tampoco  exhibió argumentación alguna que, respetando los mencionados  derroteros,  condujera  a  la demostración y a la trascendencia de los supuesto  yerros  que,  en  su  criterio,  conllevaron  al  proferimiento de una sentencia  condenatoria  alejada  de  la  verdad  indicada  por  las  pruebas  allegadas al  juicio.   

En  otros términos, observa la Sala que la  formulación  de  la  censura  quedó  imprecisa  e incompleta, pues no obstante  asegurar  el  actor  la  existencia  de  los  citados  errores  de  apreciación  probatoria,   no  dirigió  su  discurso  argumentativo  a  concretar  tanto  la  demostración como la trascendencia de tales presuntos yerros.   

Ahora bien, siendo evidente que la principal  inconformidad  del actor se centra en la manera como los juzgadores de instancia  acogieron  la  declaración  de  cargo  rendida por Elkin Gonzalo Mogollón para  sustentar  el  juicio  de  reproche  en contra del acusado, y entendiendo que el  falso  raciocinio que acusa recae sobre dicho elemento de juicio, de todos modos  el   reproche   quedó   a  mitad  de  camino,  pues  no  concretó,  de  manera  metodológica,  el  mérito  persuasivo  que  el  sentenciador  supuestamente le  otorgó  al  citado  testimonio,  cuál postulado de la lógica, de la ciencia o  máxima  de  la  experiencia  fue  desconocida,  ni  indicó cuál debió ser la  valoración  correcta  que hubiese conllevado a obtener una conclusión distinta  a la adoptada en el fallo impugnado   

Por el contrario, alejándose de cada una de  las  hipótesis  enunciadas, dedica su argumentación a hacer afirmaciones tales  como    que   “el   testigo   único   de   cargo  miente”, o que los testimonios del celador Gabino y  del   hermano   del   procesado  son  “coherentes,  sinceros,  exactos, completos y concordantes”, o que  el  ad  quem  “justifica  a  su  manera  de ver la  atestación  del  testigo único de cargo, lo defiende en abierta manifestación  contraria   a   la   realidad   vivencial  o  al  mundo  real  del  conocimiento  humano”,   o   que   el   Tribunal  no  acoge  las  apreciaciones  de la densa “para darle validez a su  razonamiento    de    acuerdo    al   testigo   único   de   cargos”,  o  que  “los cuestionamientos de  la   defensa  no  son  mera  inquietudes  como  lo  afirma  la  Sala”,  etcétera,  aseveraciones que así plasmadas en manera alguna  precisan  y  demuestran,  conforme  a  la  lógica  y a la debida argumentación  casacional,  la  suposición,  la  distorsión  y  la  trasgresión  de  la sana  crítica probatorias objeto de casación en esta sede.   

Como  se  advierte,  su   inconformidad   radica  en  la  credibilidad  que   los  juzgadores   le   otorgaron   a  los  medios   de    prueba    allegados    al   proceso,  en  especial  el  testimonio  de  cargo  rendido  por  Elkin  Gonzalo  Mogollón, olvidando que la  simple       disparidad      de      criterios      no   constituye   yerro  demandable  en casación, pues de acuerdo con  el  sistema  de  apreciación  probatoria que rige, el juzgador goza de libertad  para  justipreciar los medios de prueba allegados al proceso, sólo limitado por  los postulados que informan a la sana crítica.   

Por  lo  tanto,  como  el  actor   no   demuestra que el fallo que se propone en esta sede tiene por finalidad  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de  las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  o  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  de acuerdo con el artículo 180 de la Ley  906    de    2004,    necesaria    e    ineludiblemente    la    demanda   será  inadmitida.   

Resta    señalar    que   no   se   observa   que   con  ocasión  del   fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  se  violaron los derechos o las  garantías     del     procesado     Oscar     René    Meléndez   Moreno,   como   para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos del libelo para decidir de fondo,  según   lo  dispone  el  inciso  3°  del  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004.   

Acotación  final   

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado  Oscar      René  Meléndez  Moreno procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo  186  de  la  Ley  906  de  2004,  impera precisar que como dicha legislación no  regula  el trámite a seguir para que se aplique el referido instituto procesal,  la   Sala   ha   definido   las   reglas   que   habrán  de  seguirse  para  su  aplicación,5 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal               –siempre     que     el     recurso     no   hubiera   sido   interpuesto  por  el  Procurador Judicial–,   el   Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)  La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de  lo     expuesto,     la     CORTE    SUPREMA    DE  JUSTICIA,   SALA   DE  CASACIÓN              PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.         INADMITIR   la  demanda  de  casación presentada  por  el  defensor de OSCAR  RENÉ     MELÉNDEZ  MORENO.   

2.  De conformidad con lo dispuesto en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de 2004, es facultad del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,  notifíquese         y        cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO                                

                                                 

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS                    AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                           

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Casación 22177 del 26 de enero de 2005, entre otras.   

3  Ver, entre otras, casación 23032 del 22 de junio de 2005.   

4  Casación  12062  del  2 de agosto de 2001. Ver también casaciones 14535 del 30  de  noviembre  de  1999,  11135  del  26  de noviembre de 2003 y 20827 del 12 de  diciembre de 2005.   

5  Providencia    del   12   de   diciembre   de   2005.   Rad.   24322.     

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