29586(09-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29586  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  Aprobado   acta  No.  151   

Bogotá D. C., nueve (9) de junio de dos mil  ocho (2008)   

VISTOS  

Decide la Sala la admisibilidad del recurso  extraordinario   de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  GLORIA  STELLA  MEJÍA  MARTÍNEZ, contra  la  sentencia del tres (3) de diciembre de dos mil siete (2007), por medio de la  cual  el  Tribunal  Superior  de Ibagué confirmó y modificó (en el sentido de  deducir  una  conducta  punible  objeto  de  absolución  en el fallo de primera  instancia  e  incrementar  la  pena)  el  fallo  condenatorio proferido el 18 de  octubre  anterior  por  el  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de la misma  ciudad.   En  suma,  el  Tribunal la sentenció a las penas de setenta (70)  meses  de  prisión  e  interdicción  de  derechos y de funciones públicas por  igual  término,  multa  de  66.6 s.m.l.m.v. y le sustituyó la pena de prisión  efectiva  por  prisión domiciliaria, por encontrarla responsable de los delitos  de  receptación  (Art.  447  de  la Ley 599 de 2000,  modificado  por la Ley 813 de 2003, art. 4, modificado por la Ley 890 de 2004) y  uso  de  documento  público  falso (Artículo 291 ib. Modificado por la Ley 890  ib.)   

         HECHOS   

La señora GLORIA  STELLA   MEJÍA  MARTÍNEZ  fue  sorprendida  por  la  Policía  Judicial Sijin, el 23 de enero de 2007 en la ciudad de Ibagué, cuando  le  pidieron  la  revisión  de la motocicleta de placas LBE 93 A, en la cual se  movilizaba,  descubriendo  que  la  motocicleta  marca Yamaha, presentaba varias  irregularidades  como,  la  adulteración  del  último  guarismo  original  del  sistema   de   identificación  en  el  motor  y  el  chasís,  la  placa  única  nacional correspondía a  otro  vehículo  registrado en la Secretaría de Tránsito de Bello –   Antioquia   y  recaía  sobre  el  automotor  un  pendiente  por  el  punible  de  hurto  en la ciudad de Medellín  consumado el 24 de abril de 2004.   

Igualmente se estableció que la licencia de  tránsito  número  2000-05088-078720  expedida  el  11  de  noviembre de 2003 a  nombre  de  Maximiliano  Giraldo,  que  la  dama presentó ante los uniformados,  correspondía a una reproducción integralmente falsa.   

Se  estableció  que  esa  motocicleta  fue  reportada  como  hurtada en la ciudad de Medellín el 25 de abril de 2004 por el  Señor Juan Hernando Diosa Ochoa.   

ANTECEDENTES  

La Fiscalía presentó escrito de acusación  por  los  cargos de receptación (Art. 447 de la Ley 599 de 2000, modificado por  la  Ley  813  de  2003,  art.  4,  modificado  por  la Ley 890 de 2004) y uso de  documento   público  falso  (Artículo  291  ib.  Modificado  por  la  Ley  890  ib.);   el  Juez Séptimo Penal del Circuito de Ibagué en sentencia del 18  de  octubre de 2007 condenó sólo por receptación  mientras que absolvió  por la conducta contra la fe pública.   

La  Fiscalía  impugnó la decisión y el  Tribunal   revocó   parcialmente   la   absolución  para  condenar  por  ambas  conductas.   

El  defensor  contractual  de  la procesada  interpuso  el  recurso extraordinario de casación cuya admisibilidad estudia la  Sala.   

         LA IMPUGNACION   

Cargo  primero.    Nulidad  por  violación del debido proceso   

Aduce  el  recurrente  que  el  proceso  se  tramitó  irregularmente,  por  la Ley 906 de 2004, cuando los hechos que dieron  origen  al  proceso sucedieron “el 25 de abril de 2004”, cuando en las horas  de  la  tarde  de aquel día  GLORIA    STELLA    MEJÍA    MARTÍNEZ  compró  la motocicleta en la ciudad de Medellín a un señor que  se  presentó  como  Maximiliano  Giraldo,  quien le entregó los documentos que  amparaban  el  rodante  y  que  desde  esa  época  posee  el  rodante de manera  pacífica,  hasta  cuando  los Agentes de la Policía de la ciudad de Ibagué la  requirieron  el  día 23 de enero de 2007 para la revisión de la documentación  que la acreditaba como legítima dueña.   

De  manera  que,  teniendo  como  fecha  de  ocurrencia  de  los  hechos el 25 de abril de 2004 en la ciudad de Medellín, el  proceso  debió  tramitarse ante el Juez Penal de esa ciudad y por el rito de la  Ley 600 de 2000 que era la vigente en esa época.   

Sin embargo, se tramitó de manera irregular  por  el  sistema  acusatorio, ante el Juez (individual y colectivo) de la ciudad  de Ibagué que no era el competente.   

Segundo  cargo (subsidiario).  Nulidad  por falta de competencia del juez   

Con  la  misma  argumentación del anterior  cargo,  el  libelista  sostiene  que  la  consumación de la conducta punible de  receptación  ocurrió  en  la ciudad de Medellín el 25 de abril de 2004.   Por  consiguiente,  se  debió adelantar el proceso por el rito de la Ley 600 de  2000, ante el juez natural que era el de la ciudad de Medellín.   

Tercer  cargo (subsidiario).  Error de  hecho por falso juicio de identidad   

Con  la declaración de Nelsy María Zapata  Valencia,  la  sentenciada  demostró  que,  en  un  acto de buena fe compró la  motocicleta  el  25  de abril de 2004 en Medellín y que el vendedor le entregó  la  licencia  de tránsito número 2000-05088-078720 expedida el 11 de noviembre  de  2003  por  la  Secretaría  de Tránsito del municipio de Bello –  Antioquia  a  nombre de Maximiliano  Giraldo,  quien  le  ocultó  que  el  rodante  provenía de un delito contra la  propiedad.   

La  negociación  se  realizó  de buena fe  –insiste-  a pesar de que no se hubiera registrado el acto contractual en la  oficina  del  Tránsito  según  lo  establece el Código Nacional de Transporte  Terrestre (art. 47 de la Ley 769 de 2000).   

En  suma,  la  sentenciada no realizó acto  alguno  para  ocultar  o  encubrir el origen ilícito del bien que adquirió por  compraventa   y   por   ello   se   aplicó   en   forma  indebida  el  tipo  de  receptación.   

CONSIDERACIONES  

La Sala de Casación Penal no seleccionará  la  demanda  de  casación  porque  de  su  estudio se advierte que no  se  precisa de la intervención de la Corte para hacer efectivo  algún    derecho    material    a    favor    de    la    procesada,   porque  la  jurisprudencia  en  las  materias  que  aborda  el  recurrente  es  pacífica y porque la impugnación se  traduce  en  una  apreciación insular de la prueba sin entidad para comprometer  la legalidad del fallo objeto del recurso.  En efecto:   

Los cargos primero y segundo se fundan en un  mismo  núcleo argumentativo que le permitía al actor presentarlos en una misma  censura:   

De  ellos  se  extrae que se desconoció el  debido  proceso  y  la  competencia  regional  del juez (de Medellín y no el de  Ibagué)  porque  tanto  la  conducta  de  fraude  procesal  como  la  de uso de  documento  público  falso  sucedieron  “en  la  ciudad de Medellín, el 25 de  abril  de  2004” cuando la  dama  compró  la  motocicleta de manos de un desconocido y no el 23 de enero de  2007      cuando      GLORIA     STELLA     MEJÍA  MARTÍNEZ  presentó  la  licencia de tránsito falsa  (núm.  2000-05088-078720  expedida  el  11  de  noviembre  de  2003 a nombre de  Maximiliano  Giraldo) ante las autoridades del tránsito de la ciudad de Ibagué  que    decomisaron    el  rodante.   

Ninguna razón asiste al actor:  

Lo   primero   porque   la  conducta  de  encubrimiento  por  receptación  es de carácter   permanente   en  el  entendido que se comete y se continúa cometiendo de manera  indefinida  en  todo tiempo y lugar mientras que el agente activo persista en el  comportamiento   que  vulnera  el  bien  jurídico1,   lo   que   implica   que  el     delito     bajo    estudio    tuvo  su inicio en la ciudad de Medellín, desde el momento en que  la  procesada  “adquirió  o poseyó” el medio motorizado (el 25 de abril de  2004)  y terminó el 23 de enero de 2007 en la ciudad  de  Ibagué, cuando fue detectada la conducta por las  autoridades del tránsito de esta ciudad.   

Para esta última fecha ya estaba operando  el  sistema  acusatorio  (desde el 1° de enero de 2007) en el Distrito Judicial  de  Ibagué,  de conformidad con el inciso segundo del artículo 530 y 533 de la  Ley 906 de 2004.   

El  fundamento  de ello es el artículo  5°  del  Acto  Legislativo  03  de 2002, por el cual se  modificaron  los  artículos 250 y 251 de la Constitución Política, cuyo texto  es el siguiente:   

“Vigencia.  El presente Acto Legislativo  rige  a  partir  de su aprobación, pero se aplicará  de  acuerdo  con la gradualidad que determine la ley y únicamente a los delitos  cometidos  con posterioridad a la vigencia que en ella se establezca.  La  aplicación del nuevo sistema se iniciará en los distritos  judiciales  a  partir  del 1° de enero de 2005 de manera gradual y sucesiva. El  nuevo    sistema    deberá    entrar   en   plena  vigencia  a  más  tardar  el  31  de  diciembre del  2008”.   

Por  suerte  que  la  competencia  y  el  procedimiento  acusatorio  la  definen  tanto  la  época  de  ocurrencia de los  hechos,    como    el    lugar   donde   se   ejecuta   total   o   parcialmente  la  conducta2.   

Quiere la Sala dejar sentado su criterio en  torno  a  un  tema que no ha sido explorado aún por la jurisprudencia, a la que  le  corresponde  trazar  el  rumbo  de  la  actividad  judicial  de  cara  a  la  inexistencia   de   norma  que,  no  sólo  muestre  la  dimensión  del  problema jurídico sino que -por  ello  mismo-  no  ofrezca  la  respectiva  solución: se trata del surgimiento y  aplicación  del  nuevo  sistema  (Ley  906/04) respecto de un delito permanente  cuya  ejecución  comenzó  en  vigencia  de  la Ley 600 de 2000 y continúa por  algún  tiempo  ejecutándose  bajo  el  imperio  de la nueva normatividad, tema  éste   que   indudablemente   constituye   el   arco   toral  de  la  queja  en  casación.   

Cuando  un delito permanente se ejecuta en  vigencia  de  dos  legislaciones  procesales,  en  relación  con  las cuales se  predica,  además de la obvia sucesión de leyes, el tránsito de legislaciones,  no  hay  duda  que  los  procesos adelantados bajo el imperio de la normatividad  vigente  al  momento  de  su  comisión (ley procesal  preexistente  al acto que se imputa) deben adecuarse  a  la  posterior reglamentación (salvo cuando ésta de manera expresa indique a  partir  de  qué momento o de qué actuación procesal debe aplicarse), como que  ese  es  -justamente-  el  efecto  del  tránsito de legislaciones, esto es, una  posterior  que  modifica  o deroga la anterior, tal como la experiencia judicial  lo  enseña  en  relación  con  los  cuatro últimos códigos de procedimiento.  Así,  el  art.  678  del D 050/87 derogó el estatuto anterior (D 409/71); a su  turno  por  el  art.  573  del  D  2700/91  se  derogó el código precedente (D  050/87);  a  su  vez,  a  través  del  art.  535  de la L600/00 se derogó el D  2700/91.   Una   de   las  características  que  identificaron  las  precitadas  legislaciones  apuntaba  al  hecho  de que si se tramitaba un proceso por una de  ellas,  una vez en vigencia la normatividad sucesiva, aquel procedimiento había  de adecuarse para conducirse por los cauces de la nueva.   

Ahora,  de  cara a la ley de procedimiento  recientemente  expedida  y  que  desarrolla  el  sistema  con  abierta tendencia  acusatoria,  el  mencionado fenómeno no tuvo cabida, no obstante que en el art.  533   de   la   Ley   906   de   2004,  a  pesar  de  titularse  “derogatoria    y    vigencia”   el  desarrollo  del  dispositivo  para  nada  se  ocupó  de derogar la legislación  anterior,  vale  decir,  la  Ley  600/00.  Y  esa omisión -a pesar del título-  encuentra  una  explicación  con  raíces  constitucionales: la L 906 no podía  derogar  la  L  600,  dado que al hacerlo dejaría sin efecto la progresividad o  gradualidad   expresamente  dispuesta  por  el  constituyente  (art.  5  AL  03/02),  aparte  de  que de haber procedido así el legislador, una consecuencia  inmediata  habría  sido  la de tener que adecuar los trámites procesales de la  ley  600  a  las  previsiones  de  la  906, creando un híbrido o mixtura que de  frente  arrasaría  con  pluralidad  de normas superiores. En esa no derogatoria  encuentra  explicación,  precisamente,  la  simultaneidad de sistemas a la cual  tuvo   que   acudir   la   jurisprudencia  -en  sustitución  del  tránsito  de  legislaciones-   al   acuñar   los   requisitos   para  la  aplicación  de  la  favorabilidad.   

Ahora  bien,  de cara al delito permanente  cuando  en su ejecución ha mediado un cambio de sistema en el distrito judicial  donde  ha  de  adelantarse  la actuación, no cavila el juicio para predicar que  respecto  de  esa  conducta  punible  resultan potencialmente aplicables las dos  legislaciones,  pues  al  fin  y al cabo bajo el imperio de ambas se ejecutó el  delito,  dada  la  mencionada  condición de permanencia. No empece lo dicho, no  resulta  jurídicamente aplicable tal pregón, dada la distinta caracterización  de  uno  y otro sistemas, referida -entre otros tópicos- a la permanencia de la  prueba,  los  funcionarios  que  intervienen,  los  términos para adelantar las  actuaciones,  la  forma  de interposición y trámite de recursos, las funciones  específicas  de  un  juez  de  garantías,  la imposibilidad para llevar a cabo  negociaciones  de pena, etc., todo lo cual conduce inexorablemente a que se deba  seleccionar   una   de   las   dos  legislaciones  para  aplicarla  in  integrum,  evitando  la  mezcla de  procedimientos.   

Ahora  bien, el escogimiento de uno u otro  sistema  no  puede obedecer jamás a criterios de favorabilidad, esto es, porque  se  invoque tal garantía fundamental respecto de uno u otro procedimiento, dado  que  frente  a  sistemas  tal manifestación del debido proceso no tiene cabida,  básicamente  por  dos razones de distinta índole: (i) por motivos prácticos,  entre  otros, porque ello  conllevaría  a  designar  juez  de  garantías en procedimientos donde no se ha  previsto  normativamente un juez con esas funciones. Además, porque habría que  desjudicializar   la  fiscalía  y  despojarla  de  la  posibilidad  de  adoptar  -motu proprio- decisiones  de  contenido  jurisdiccional.  Y  (ii)  por  razones de naturaleza jurídica,  pues  no  puede predicarse  desigualdad  de  condiciones  procesales  sobre la base de que la Ley 600 ofrece  más  ventajas  que  la  906  o  viceversa,  dado  que tanto en uno como en otro  procedimiento  por  igual  han  de  respetarse  -y  con  similar intensidad- las  garantías fundamentales.   

En efecto, el investigado y juzgado por el  anterior  sistema  bien  puede  exigir  de  los  operadores judiciales que se le  respeten  la  legalidad del delito, de la pena, del juez y del procedimiento; la  presunción  de  inocencia;  el  derecho  de  defensa;  la  contradicción de la  prueba;    la   prohibición   de   reformatio   in  pejus;   con   las  excepciones  legales  la  doble  instancia,  el  acatamiento  al  respectivo esquema procesal, etc., aspiraciones  que  como derechos igualmente son predicables de quien sea investigado y juzgado  bajo los parámetros del nuevo sistema.   

Descartado, entonces, un tal fundamento en  la  búsqueda  del  procedimiento  a  seguir en el caso planteado, se inclina la  Sala   por   acudir   a  criterios  objetivos  y  razonables,  edificados  estos  esencialmente  en  determinar  bajo  cuál de las legislaciones se iniciaron las  actividades  de  investigación,  la  que  una vez detectada y aplicada, bajo su  inmodificable  régimen habrá de adelantarse la totalidad de la actuación, sin  importar  que  (al  seleccionarse por ejemplo la Ley 600) aún bajo la comisión  del  delito  -dada  su  permanencia-  aparezca  en  vigencia  el  nuevo sistema.   

Ya la iniciación de las pesquisas por los  senderos  de aquella normatividad marcará el rumbo definitivo del procedimiento  a  seguir.  Piénsese  en un secuestro cometido en un distrito judicial que aún  estuviera  bajo  el régimen de la Ley 600 y dentro de ese contexto se recibe la  notitia    criminis,  dándose   inicio   a   una   investigación  previa  y  por  su propia iniciativa en la misma resolución  el  fiscal  ordena  interceptación  de  líneas  telefónicas,  desde luego sin  ningún  control  judicial específico pues no está normativamente previsto. Ya  -sin  duda- con ello, el servidor está ejerciendo funciones jurisdiccionales de  las  cuales carece en esencia bajo la Ley 906. Y mucho más si dentro de aquella  fase  preprocesal  recibe  por  lo  menos  el  testimonio  de  los parientes del  secuestrado,  como  que  en  tal  caso  se  estará ante el aporte de verdaderas  pruebas  (con  vocación  de permanencia) cuyo carácter o naturaleza no podría  ser  desconocido  en  adelante  al  tratar  de variar el procedimiento hacia las  nuevas  reglas, y considerar ahora que aquellas versiones no ostenten la calidad  de pruebas.   

Lo  propio ocurriría si las indagaciones  se  inician  bajo  el  procedimiento  de  las  nuevas  normas, pues el cambio de  sistema  de  enjuiciamiento resultaría (al igual que en la hipótesis anterior)  a  más de refractario a un verdadero debido proceso, como la más clara muestra  de  las dificultades respecto -por ejemplo- del acopio de información, como que  de  las  personas se obtendría información a través de entrevistas, mas no en  calidad  de  verdaderos  testimonios, surgiendo a la par dificultad en relación  con  la intervención de peritos, en la medida en que a sus conceptos -recogidos  a  la luz de la Ley 906- no podría dárseles el carácter de prueba como sí la  tendrían bajo el imperio de la Ley 600.   

Así  las  cosas,  la Sala se inclina por  estructurar  la  tesis  de  razón  objetiva  como  mecanismo para solucionar el  eventual  problema  de  selección del sistema procesal a desarrollar en el caso  del  delito  permanente  cuando  en  desarrollo de su ejecución surge a la vida  jurídica la nueva normatividad.   

En   esas   condiciones   y  bajo  este  precedente,  y  para  el  caso  bajo  análisis  dígase  que  por  ser  la receptación una conducta permanente que terminó el 23 de  enero  de  2007 cuando la Policía retuvo  el  velocípedo  en  la  ciudad  de Ibagué (donde ya operaba el  sistema  acusatorio  desde  el  primero de enero anterior), tanto la competencia  del  Juez Penal del circuito (artículo 36 ib.) como el procedimiento acusatorio  aplicado, estuvieron acertadamente definidos.   

ii)   En  relación  con  la tercera  réplica  formulada  como  error de hecho por falso juicio de identidad, la Sala  advierte  que lejos de demostrar error alguno en la apreciación probatoria a la  luz  de  los  postulados  de  la  lógica  y  de la experiencia, se trata de una  insular  apreciación  probatoria  del  recurrente,  en este caso del testimonio  de  Nelsy  María Zapata  Valencia  quien  declaró  que la sentenciada compró la motocicleta “de buena  fe” el 25 de abril de 2004 en la ciudad de Medellín.   

Ello   no   es   cierto,   lo   evidente   es   que  la        sentenciada  tuvo  en  su  poder  el rodante desde aquella época y portó la  licencia   de  tránsito  número  2000-05088-078720  falsificada,  que  jamás  reportó  la transacción  -como  era  su deber- ni  realizó  operación  alguna  para legalizar la tenencia del aparato,  además  de  que  durante  los tres  años  que  lo  tuvo  nunca  pagó  impuestos de la motocicleta y esas conductas  revelan  -como lo señaló el fallador- que  conocía  la procedencia ilícita del automotor para la fecha  en  que  fue  requerida  por  las  autoridades  y  no  obstante ello exhibió la  licencia  falsa  para  encubrir y ocultar el origen ilícito del velocípedo tal  como   lo   hizo  notar  el  juez  de  primera  instancia.   (cfr.  Página  9).   

iii)   La  Sala  inadmitirá  la impugnación porque el censor  no      ofreció      razón      alguna     que     justifique     -en   cuanto   menos-   una   de  las  finalidades  que  se  persiguen  con  el  recurso  extraordinario  a  la luz del  artículo  180  del  C.  de P.P. y porque del contexto argumentativo se advierte  con  claridad  meridiana  que  no  se  precisa de la intervención de la Sala de  Casación   para   hacer   efectivo  algún  derecho  material  a  favor  de  la  procesada.   

En consecuencia, a tenor del artículo 184  inc.  2  ib., en aquel sentido se procederá respecto  de la impugnación.   

iv)   Ahora  bien  como  contra  esta  determinación   se  hace  legalmente  viable  la  insistencia  prevista  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, importa advertir -como se hizo desde la  providencia  de diciembre 12 de 2.005, radicado No. 24.322- que ante la carencia  de regulación en su trámite la Sala lo ha señalado así:   

“a-  La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante  dentro  de  los  cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  que  inadmite  la  demanda  de  casación  u  oficiosamente  provocada  dentro del mismo lapso por alguno de los Delegados del  Ministerio     Público     para     la     Casación     Penal     –en      tanto      no      sean  recurrentes–    el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o  suscrito la inadmisión.   

b-   La   respectiva   solicitud  puede  formularse  ante  el  Ministerio  Público  a  través  de sus Delegados para la  Casación  Penal,  ante  uno de los Magistrados que haya salvado voto respecto a  la  decisión de inadmitir o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido  en la discusión.   

c- Es potestad del funcionario ante quien  se  formula  la  insistencia  someter el asunto a consideración de la Sala o no  presentarlo  para su revisión y en este caso así lo informará al peticionario  en un término de quince (15) días”.   

En virtud de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1)         INADMITIR   la  demanda   de     casación     formulada    por    el    defensor  contractual     de     GLORIA    STELLA    MEJÍA  MARTÍNEZ  contra la sentencia del 3 de diciembre de  2007   proferida   por   el   Tribunal   Superior   del   Distrito  Judicial  de  Ibagué.   

2)  Contra  esta   decisión   procede  el  mecanismo  de  insistencia  a  la luz del inciso segundo del artículo 184  del Código de Procedimiento Penal.   

3)   En  el marco de ejecución de la  pena  (Artículo  166  de la Ley 906 de 2004), el Juzgado de origen REMITIRÁ  copias  de las sentencias de  primera  y  segunda instancias y de esta decisión con destino a la Secretaría     de     Tránsito     de     Bello     –  Antioquia,  en  atención  a  que  sobre  la  motocicleta  decomisada  recae  un  pendiente por el punible de hurto  ocurrido  en  la  ciudad  de  Medellín, consumado el 24 de abril de 2004 según  denuncia  que  formuló  el  Señor  Juan Hernando Diosa Ochoa el 25 de abril de  2004.   

Notifíquese,  cúmplase  y devuélvase al  Tribunal de origen,   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

    JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                                    ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE   LEMOS                                  AUGUSTO   J.   IBAÑEZ  GUZMÁN   

     JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                         YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1Cfr.  sentencia  del  23/03/2006,  rad.  24300; auto del 3 de mayo de 2007, Acción de  revisión, radicado número 23339.   

2CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   providencias   referidas  a  la  aplicación  gradual  y  progresiva  del sistema acusatorio, radicación número  23400    (30/03/2005);    2)   Colisión   de   Competencia   23353  (30/03/2005);    3)   Colisión   de  Competencia  23381 (06/04/2005);  4)  Colisión         de         Competencia         23348   (06/04/2005);   5)       Colisión      de      Competencia     23306   (06/04/2005);   6)       Colisión      de      Competencia     23237   (06/04/2005);   7)       Colisión      de      Competencia     23387 (06/04/2005);  8)  Colisión         de         Competencia         23247   (07/04/2005);   9)Colisión         de         Competencia        23246   (20/04/2005);   10)       Colisión       de       Competencia      23404   (27/04/2005);   11)       Colisión       de       Competencia      23389   (04/05/2005);   12)          Única          Instancia          19094   (04/05/2005);   13)       Colisión       de       Competencia      23963   (03/08/2005);   14)Colisión         de        competencia        25357   (02/05/2006);   15)       Colisión       de       Competencia      25584   (20/06/2006);   16)         Casación         25409   (22/06/2006);    17)  Colisión         de         Competencia         25674   (11/07/2006);   18)       Colisión       de       Competencia      25786   (25/07/2006);   19)       Colisión       de       Competencia      25871   (15/08/2006);   20)       Colisión       de       Competencia      25870   (22/08/2006);   21)       Colisión       de       Competencia      26020   (12/09/2006);   22)          Única          Instancia          25026   (26/10/2006);   23)Colisión         de        Competencia        27179   (25/04/2007.   entre otras decisiones.     

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