29508(22-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 29508  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Aprobado acta No.  236         

Magistrado Ponente:  

Dr.     JOSÉ    LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

San          Gil,   veintidós   de  agosto del año dos mil ocho.   

Conceptúa la Corte sobre la extradición del  ciudadano      colombiano       JORGE    IVÁN    RAMÍREZ    VILLEGAS,  solicitada por el Gobierno de los Estados Unidos de América.   

ANTECEDENTES  

1.-  El  Gobierno  de  los Estados Unidos de  América,  por  conducto  de  su  Embajada en Colombia, mediante Nota Verbal No.  3604    fechada    el  20   de   noviembre   de   2007,   dirigida   al  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  solicitó la detención provisional con  fines  de extradición del señor JORGE IVÁN RAMÍREZ  VILLEGAS,  nacido  el 16 de  enero  de  1965  e  identificado  con  la  cédula de  ciudadanía     número     15.334.762.   

De   esta  solicitud,  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  dio traslado al Ministerio del Interior y de Justicia, y  al  Fiscal  General de la Nación. Esta autoridad, mediante Resolución de 19 de  diciembre  de  2007,  libró  orden  de  captura  en  su contra, la cual se hizo  efectiva el día 24 de enero de 2008 en la ciudad de Bogotá.   

2.-   Con  Nota  Verbal  No.  0789       del       18         de         marzo   de 2008, la Embajada de los  Estados   Unidos   de  América  formaliza  ante  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores    la    solicitud    de    extradición   del   referido   ciudadano  colombiano.   

Informa que JORGE IVÁN RAMÍREZ VILLEGAS es  requerido   para   comparecer   a   juicio   por   un  delito   federal   de   narcóticos.   Precisa   que  “es  el  sujeto  de  la  acusación No.              07-270-Walton,  dictada    el    11   de  octubre de 2007, en la Corte  Distrital  de  los  Estados Unidos para el Distrito de  Columbia”,  por  medio  de  la  cual  se  le  acusa  de   un   cargo   por   el  delito  de  concierto  para  fabricar y distribuir      cocaína,  con  la intención de importarla a los  Estados  Unidos de América, y ayuda y facilitación de dicho delito.   

Señala     que     el    11         de        octubre      de      2007  la  Corte Distrital dictó un auto de  detención  contra  el  señor  RAMÍREZ  VILLEGAS con base en la acusación, el  cual permanece válido y ejecutable.   

En relación con los hechos por los cuales se  formaliza  el  pedido  de  extradición, manifiesta lo siguiente:   

“Este       caso      concentra  una  red  de  laboratorios  colombianos de narcóticos,  compañías  internacionales  de  transporte,  e intermediarios que facilitan el  transporte  de  la  cocaína desde los laboratorios a los puntos internacionales  de  despacho  en  Europa  y  los Estados Unidos. Desde 2006, la organización ha  sido  responsable  de despachar dos veces por mes entre cuatro y cinco toneladas  de   cocaína   desde   Colombia.  Con  base  en  interceptaciones  telefónicas  realizadas  desde  Colombia  legalmente  mediante orden judicial, en vigilancias  realizadas  legalmente por personal de las fuerzas del orden, en la incautación  de  1.000  kilogramos de cocaína en Venezuela el 14 de septiembre de 2006, y en  la  incautación de tres toneladas de cocaína en México el 24 de septiembre de  2007,  los  papeles  desempeñados  por  los  acusados  Eduardo Garrido Ponce de  León,  Álvaro  Romero  James,  Alfonso  Enrique  Ovalle  Romero,  Juan  Fernando Muñoz Restrepo, José  Manuel      Ocampo      Montes,     Alveiro  Roa  Peña,  Guido  Lizardo Castilla Quintero,  Carlos Aguirre Babativa, Xavier Efred  Rodríguez  Arellano,  y  Jorge  Iván  Ramírez     Villegas    han    sido  identificados como a continuación se describen:   

“Carlos  Aguirre Babativa es responsable  de  financiar  la compra y el transporte de la cocaína, y autoriza qué empresa  de  carga  utilizará  la  organización  para transportar cada cargamento desde  Venezuela  a su destino final. Carlos Aguirre Babativa trabaja para un individuo  cuyo  nombre  y  apellido  no han sido identificados, conocido como ‘El         Mono’        o        ‘El         Chamo’.   

“Eduardo  Garrido Ponce de León trabaja  con  Carlos Aguirre Babativa y es su abogado personal. Garrido Ponce de León es  responsable  de  obtener  cocaína  de  varios  intermediarios  tales  como Juan  Fernando  Muñoz  Restrepo,  y también trabaja con expertos en despachos dentro  de  este  delito  de concierto de narcóticos, tales como Alfonso Enrique Ovalle  Romero   y  Álvaro  Romero  James,  para  contratar  compañías  de  carga  que  estarían  dispuestos  a transportar cargamentos de  cocaína dentro de despachos de carga legítimos.   

“Tanto Alfonso Enrique Ovalle Romero como  Álvaro  Romero  James consiguen compañías de carga que estarían dispuestas a  transportar narcóticos.   

“Juan   Fernando  Muñoz  Restrepo  es  responsable  de  obtener  narcóticos  de  varios  laboratorios y de transportar  dichos   narcóticos   a   las   compañías   de   carga   para   su   despacho  internacional.   

“José Manuel Ocampo Montes es el gerente  de  una  empresa  de  carga que suministra los nombres de compañías de carga a  Alfonso  Enrique  Ovalle  Romero  y  Álvaro  Romero James quienes, a su vez, le  suministran  esos nombres a Carlos Aguirre Babativa y a Eduardo Garrido Ponce de  León para su aprobación.   

“Alveiro  Roa  Peña  y  Guido  Lizardo  Castilla  Quintero  trabajan  en los laboratorios de cocaína y se comunican con  Juan  Fernando  Muñoz  Restrepo  para  determinar  qué  cantidades de cocaína  necesita la organización en un determinado tiempo.   

“Xavier  Efred  Rodríguez  Arellano  es  responsable  de  recolectar las utilidades de El Mono, provenientes del tráfico  de  narcóticos  en  México y transportar el dinero a Colombia de manera que se  les  pueda  pagar a Alveiro Roa Peña y a Guido Lizardo Castilla Quintero por la  cocaína.   

“Jorge  Iván Ramírez Villegas también  trabaja  muy  estrechamente  con  Juan  Fernando  Muñoz Restrepo y Xavier Efred  Rodríguez  Arellano  y ayuda a transportar el dinero de El Mono desde México a  Colombia.  En  agosto  de  2007, Ramírez Villegas intentó viajar a México con  Garrido  Ponce  de  León  para  negociar  un  cargamento de varias toneladas de  cocaína  para  ser despachado a México. Sin embargo, a Ramírez Villegas no se  le  permitió  entrar  al  país porque la documentación de su pasaporte había  sido falsificada”.   

Precisa   asimismo   que   “todos  los  acusados  jugaron  un  papel  en  el transporte del  último  despacho  de tres toneladas de cocaína que fue incautado en México en  septiembre  de  2007,  y/o  iban  a beneficiarse de dicho despacho. Empezando en  abril   de   2007,   se  hicieron  interceptaciones  telefónicas  judicialmente  autorizadas   en  las  cuales  Garrido Ponce de León, Romero James, Ovalle  Romero,  Ocampo  Montes,  y  Muñoz  Restrepo  iniciaron conversaciones sobre un  potencial  despacho  de múltiples miles de kilogramos de cocaína con destino a  Miami,  Florida.  Varios  meses  más tarde, la organización decidió enviar el  cargamento  de  cocaína vía México en lugar de enviarlo directamente a Miami.  Esta  fue  la  cocaína  que  se  incautó  en  México  el  24 de septiembre de  2007”.   

Advierte  de  otra  parte, que “todas  las  acciones  adelantadas  por  el acusado en este caso  fueron  realizadas  con  posterioridad al 17 de diciembre de 1997”.   

   

Para  tales efectos, adjunta los siguientes  documentos  debidamente  autenticados, traducidos y legalizados por el Consulado  de Colombia en Washington, D.C.:   

2.1.-  Declaraciones juradas en apoyo de la  solicitud  de  extradición,  rendidas  por  Melanie  Laflin,            Abogada de Juicio  en la Sección de Narcóticos y Drogas Peligrosas de  la  División  Penal del Departamento de Justicia de Estados Unidos de     América    y    Steve  Fraga,  Agente  Especial  de  la  Administración de  Control de Drogas (DEA).   

2.2.-  Acusación  de los Estados Unidos de  América   contra   JORGE   IVÁN  RAMÍREZ  VILLEGAS  y  otros,  presentada  el  11   de   octubre     de     2007  ante  la  Corte  Distrital  de  los  Estados  Unidos  de  América  para  el  Distrito  de  Columbia, dentro del caso  penal         No.       07-270.   

2.3.- “Orden de Arresto”, emitida por la  Corte  Distrital de los Estados Unidos de América para el Distrito de Columbia,  contra   JORGE   IVÁN  RAMÍREZ  VILLEGAS,  por  los  cargos  referidos  en  la  acusación.   

2.3.- Disposiciones sustanciales aplicables  al     caso,     Secciones      2   (autores)   y    3282  (término  de prescripción para  delitos  no  capitales)  del  Título  18  del  Código  de  los Estados Unidos;  812 (listas de sustancias  controladas),    853  (extinción   penal   del   derecho   de   dominio),  959    (posesión,    fabricación    o   distribución   de   sustancias  controladas),              960   (actos   ilícitos)         y         963   (tentativa   y  concierto)  del  Título 21  ejusdem.    

3.-  El Ministerio de Relaciones Exteriores  dio  traslado  de  la  documentación al Ministerio del Interior y de Justicia y  conceptuó,  además,  que “por no existir Convenio  aplicable  al  caso  es  procedente  obrar  de  conformidad  con el ordenamiento  procesal penal colombiano”.   

El  Ministerio  del Interior y de Justicia,  por  su  parte,  adjunto  al  oficio 8012     fechado     el    31  de  marzo  de  2008, dio curso ante la Corte de la solicitud de extradición, en donde, una  vez  agotado  el  procedimiento  establecido  en la Ley 906 de 2004, corresponde  emitir el concepto de rigor.   

ALEGATOS DE CONCLUSIÓN.  

Durante  el  término de traslado, hicieron  uso  de  este derecho el Procurador Cuarto Delegado para la Casación Penal y la  defensora  de  confianza  de  la  persona requerida en extradición.   

Del Ministerio Público.  

Comienza  por  hacer  una  relación  de la  actuación  llevada  a  cabo  en  el  presente  asunto y después de aludir a la  documentación  en  que  se  sustenta  el  pedido,   advierte  que  como la  conducta   que   motivó   la   solicitud  de  extradición  fue  realizada  con  posterioridad  al  Acto Legislativo No, 01 de 1997 que prohibía la extradición  de  nacionales  colombianos  por  nacimiento,  ningún  condicionamiento obra en  relación con el marco temporal del comportamiento.   

Considera que tampoco se presenta obstáculo  en  relación  con  el  lugar  de  ocurrencia  de los hechos, toda vez que en la  resolución  de  acusación  al  requerido  se  le  imputa un cargo de acuerdo o  concertación  para infringir las leyes de los Estados Unidos de América contra  el  narcotráfico,  en  comportamiento  que sobrepasa las fronteras nacionales y  adquiere un evidente carácter trasnacional.   

Anota  asimismo, que al no existir convenio  internacional  aplicable  al  caso,  como  lo  manifestó  el Jefe de la Oficina  Jurídica  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  debe procederse de  conformidad con lo previsto en el Código de Procedimiento Penal.   

Con  base  en  dicho  parámetro normativo,  considera   que  los  requisitos  relacionados  con  la  validez  formal  de  la  documentación   presentada,   la   demostración  plena  de  la  identidad  del  solicitado,  la  concurrencia  del  principio  de  la  doble incriminación y la  equivalencia  de la providencia proferida en el extranjero, que el artículo 502  de  la  Ley  906 de 2004 prevé como condiciones para conceptuar favorablemente,  se  cumplen a cabalidad. Por todo lo anterior sugiere a la Corte emitir concepto  en dicho sentido.   

Advierte, no obstante, que en el evento que  la  Corte  conceptúe  favorablemente  a la extradición de JORGE IVÁN RAMÍREZ  VILLEGAS,  deberá  prevenir  al  Gobierno  Nacional  para  que establezca si el  requerido  en  extradición  está  siendo  investigado  o ya fue juzgado por la  misma  conducta  ante  las  autoridades  de  nuestro país, pues “si  bien la circunstancia prevista en el artículo 565 del Decreto  2700  de  1991,  aplicable  por virtud de la declaratoria de inexequibilidad del  artículo  527  de la Ley 600 de 2000, no fue incluida en la ley 906 de 2004 que  expidió  el  actual  Código  de  Procedimiento  Penal,  este remite a Tratados  Internacionales  y  la Convención Americana sobre Derechos Humanos establece en  su  artículo  8  numeral  4  el  principio  de  non  bis  in  ídem, además de  exhortarlo  para  que  advierta expresamente al país extranjero, que la entrega  del  requerido  lo  limita ya que lo podrá juzgar solamente por la conducta que  genera  su  extradición,  de  acuerdo  con los Instrumentos Internacionales que  protegen  los  derechos  humanos y lo dispuesto en los artículos 11, 12 y 34 de  nuestra  Constitución Política, conforme a los cuales no podrá ser sometido a  pena  de  muerte,  desaparición  forzada,  torturas,  tratos  o  penas crueles,  inhumanos  o  degradantes,  ni  a  las  penas  de destierro, prisión perpetua y  confiscación”.   

De la defensa.  

La  profesional  del derecho que representa  los  intereses  del  requerido  en  extradición,  señor  JORGE  IVÁN RAMÍREZ  VILLEGAS,  considera que se ha vulnerado el artículo 2° de la Carta Política,  al  desconocer  la  garantía  de  la  efectividad de los principios, derechos y  deberes   consagrados   en   la  Constitución,  entre  los  que  sobresalen  la  obligación  de proteger a todas las personas residentes en Colombia en su vida,  honra  y  bienes,  creencias  y  demás  derechos  y  libertades,  los que en su  opinión  son  menoscabados  al  darle trámite a un proceso de extradición sin  cumplirse  los requisitos formales según se establece en el artículo 502 de la  Ley  906  de 2004, en cuanto se desconoce el debido proceso “que prescribe que  nadie  puede  ser  llamado  a juicio sin establecer los presupuestos fácticos y  las  consideraciones  de tiempo, modo y lugar de los hechos por los cuales se es  convocado”.   

Sostiene  que al negar la Corte las pruebas  solicitadas  por la defensa, según dice, pedidas con el propósito de acreditar  la  ausencia  de  requisitos formales, violentó el debido ejercicio de defensa.  Considera  que  la solicitud de extradición presentada por el Estado requirente  viola  la  Convención  Americana  sobre  Derechos Humanos, en lo relativo a las  garantías  judiciales  y  la protección judicial, “lo mismo que el principio  construido   y  desarrollado  por  la  doctrina  y  la  jurisprudencia  alemana,  denominado  ‘principio de  confianza  legítima’ que  pretende  proteger  al  administrado  y  al ciudadano frente a cambios bruscos e  intempestivos  efectuados  por  las  autoridades,  junto con otro gran principio  como     es     el     de    la    ‘seguridad    jurídica’”.   

Anota  que  en  la  acreditación  de  los  requisitos  para  que  la  extradición  resulte  procedente,  se deben observar  estrictamente  las  condiciones  de  validez que la orientan, de la forma que no  cualquier   documento  que  exhiba  la  autoridad  extranjera  que  requiera  al  colombiano  en  extradición,  puede tomarse sin ningún criterio adicional como  equivalente  a  la condena, o en este caso, la acusación, puesto que si bien la  extradición  es  un  instrumento de colaboración internacional, ésta no puede  servir  para  desconocer  derechos fundamentales reconocidos en la Constitución  Nacional  y  en  los  Tratados Internacionales ratificados por Colombia y que se  incorporan  en  nuestra legislación interna, tales como el derecho de defensa y  al debido proceso”.   

Después   de   estas   consideraciones,  manifiesta  que dentro de los elementos de prueba que obran en el actuación, se  advierte  que  no  se cumple con los requisitos establecidos en el artículo 502  de  la  Ley  906  de  2004,  específicamente  en cuanto a la equivalencia de la  providencia  proferida  en  el  extranjero,  “como  quiera  que  haciendo  una  lectura  de  la providencia extranjera, adjuntada en  respaldo  de  la  petición  de  extradición,  no  corresponde  a una verdadera  resolución  de  acusación, derivada de una presentación de la acusación, que  tiene  que  referir, en su cuerpo mismo (no en declaraciones extraprocesales que  pretenden  subsanar  la  falla)  una  relación  clara  y  sucinta de los hechos  jurídicamente    relevantes,   en   un   lenguaje   comprensible    y   el  descubrimiento    de    las    pruebas,    tal    como    lo    exige    nuestra  legislación”.   

Sostiene   que   con   las   pretensiones  probatorias  negadas  por la Corte, la defensa simplemente reclamaba que para la  elaboración  de las notas diplomáticas 3604 y 0789 provenientes de la Embajada  de  los  Estados  Unidos  de  América, “tan sólo se contaba con una orden de  detención  emitida  por  la  Corte  Distrital  de  los  Estados  Unidos para el  Distrito de Columbia”, tal como allí se indica.   

Agrega   que   las   mencionadas   notas  diplomáticas  y  la declaración jurada realizada por Melanie Laflin, “no dan  cuenta   de   una  acusación  formal  en  los  términos  exigidos  en  nuestra  legislación  con  respecto  a  la  existencia  del  acto  de  acusación  o  su  equivalente”.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte   rechazar   la  documentación  presentada,  “en  tanto  la  acusación  extranjera  no incluye una relación de hecho ni de las pruebas que obran dentro  del  proceso  y, por lo mismo, no existe probabilidad de verdad para afectar los  derechos  de  mi  representado,  ni  puede  asimilarse este escrito al requisito  formal de acusación exigido en nuestra legislación nacional”.   

SE CONSIDERA:  

1.- Aclaración previa.   

El  artículo  35  de  la  Carta Política,  modificado  por  el artículo 1º del Acto Legislativo No. 01 de 1997, establece  que  la  extradición se podrá solicitar, conceder u ofrecer de acuerdo con los  tratados públicos y, en su defecto con la ley.   

Como   en  este  caso  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  de  Colombia  conceptuó  sobre  la ausencia de convenio  aplicable  en  materia  de extradición con el país solicitante (Estados Unidos  de  América),  y  estableció  la consecuente aplicación de lo previsto, en el  referido  tema,  por  el  Código  de  Procedimiento  Penal,  la Corte, en total  coincidencia     con     lo     expresado     por     la    Procuraduría  Delegada, abordará el estudio de  los  aspectos  sobre  los  cuales  debe  emitir  el  concepto,  previstos por el  artículo 502 de la Ley 906 de 2004.   

Es de precisar, además, que de la solicitud  y  documentos  anexos  se  establece  que  las  actividades delictivas que se le  imputan    al    señor    JORGE   IVÁN   RAMÍREZ  VILLEGAS   tuvieron ocurrencia en el exterior y  no  versan sobre delitos políticos, toda vez que las  conductas  definidas  como  concierto  para  traficar  con  estupefacientes y la  distribución  de dichas sustancias, no constituyen delito político.  Por otra parte, los hechos por cuya realización se solicita la  extradición  fueron  cometidos  con  posterioridad a la entrada en vigencia del  Acto  Legislativo  No.  01  de  1997, modificatorio del artículo 35 de la Carta  Política,  por  lo  que  no  resulta  pertinente hacer alguna salvedad al   respecto.   

Y  si bien en la documentación anexa   se  indica  que  parte  de los actos determinantes de las mencionadas ilicitudes  tuvieron  realización  en  territorio de la República de Colombia, también es  claro  que  allí  se  precisa  que  JORGE  IVÁN  RAMÍREZ  VILLEGAS  y  demás  coacusados  forman  parte de una organización   criminal   que   cuenta   con   “una  red  de  laboratorios colombianos de narcóticos, compañías  internacionales  de  transporte, e intermediarios que facilitan el transporte de  la  cocaína  desde los laboratorios a los puntos internacionales de despacho en  Europa  y  los  Estados Unidos. Desde 2006, la organización ha sido responsable  de  despachar dos veces por mes entre cuatro y cinco toneladas de cocaína desde  Colombia”.   

De  manera que acorde con cualquiera de las  hipótesis   identificadas   dogmática  y  doctrinariamente  como  instrumentos  jurídicos  para establecer el lugar de realización de la conducta (Art. 14 del  C.  P.),  tales  como  el lugar de realización de la acción, según el cual la  conducta  se  entiende  cometida  en  el  lugar  donde  se llevó a cabo total o  parcialmente  la  exteriorización  de voluntad; y la del resultado que entiende  realizada  la conducta en donde se produjeron sus efectos;  y la teoría de  la  ubicuidad  o  mixta  que entiende realizada la conducta donde se efectuó la  acción  de  manera  total o parcial, como en el sitio donde se produjo o debió  producirse  el  resultado,  se  tiene que los comportamientos atribuidos por las  autoridades  judiciales de los Estados Unidos de América a JORGE IVÁN RAMÍREZ  VILLEGAS,  traspasaron  las  fronteras  colombianas,  de  lo  cual  surge que se  satisface  la  condicionante  constitucional de que el delito haya sido cometido  en el exterior.   

2.-  VALIDEZ  FORMAL  DE  LOS  DOCUMENTOS  PRESENTADOS.   

De  la  actuación  se  establece  que  la  documentación  allegada  por la Embajada del Estado requirente, relacionada con  la    acusación     No.    07-270,   dictada   el   11  de  octubre  de  2007  por  la  Corte Distrital de los Estados Unidos  para  el  Distrito  de  Columbia no sólo fue autenticada mediante sello y firma  por     el     Secretario     de    esa    Corte1,   sino  que  a  ella  hace  alusión   el   Fiscal  Auxiliar  cuando  en  declaración  jurada  indicó  que  “es   la práctica  de  la  Corte  de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito de Columbia el  retener  la  acusación  formal y registrarla con el Secretario de la Corte. Por  lo  tanto,  he  obtenido  copias  certificadas  como  fieles  y  exactas,  de la  acusación  formal  y  las órdenes de arresto del Secretario de la Corte, y las  he    agregado    a   la   presente   declaración    jurada”2.   

Además,        las   declaraciones     juradas    rendidas    por    Melanie   Laflin,  Abogada    de  Juicio    y   del  Agente  Especial   Steve   Fraga  de   la     Administración     para     el   Control    de   Drogas              (‘DEA’   por  sus siglas en inglés), figuran avaladas con la firma  de  un  Juez  Magistrado  del  Distrito  de  Columbia; legalizados por Thomas C.  Black,  Director  Asociado  Interino  de  la  Oficina de Asuntos Internacionales  -División  de  lo Penal- del Departamento de Justicia, el Procurador General de  los  Estados  Unidos  de  América,  la  Secretaria  de Estado, y el Funcionario  Auxiliar    de   Autenticaciones   del   Departamento   de   Estado   de   dicho  país.   

Estos  instrumentos,  por su parte, fueron  autenticados  por  el  Consulado de Colombia en Washington, D.C., y a su vez por  el   Jefe   de   Legalizaciones  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  de  Colombia.   

Por lo anterior, teniendo en cuenta que la  solicitud   de  extradición  del  ciudadano  colombiano  JORGE  IVÁN  RAMÍREZ  VILLEGAS,  se  hizo  por  la  vía  diplomática,  que  ella  contiene  la copia  auténtica   de   la   resolución   de  acusación,  la  cual,  junto  con  las  declaraciones  juradas  que  se allegan en apoyo de la solicitud, es específica  en  indicar  exactamente  las  conductas  que  motivaron la solicitud  y el  lugar  y  las  fechas  o  épocas  en que fueron realizadas, así como los datos  necesarios  para establecer la plena identidad de la persona reclamada, la copia  auténtica  de  las  disposiciones  sustanciales aplicables al caso, y que en la  expedición,  trámite y traducción de los citados documentos se cumplieron los  ritos  formales  de  legalización  prescritos por las normas pertinentes de los  Estados  Unidos  de  América,  la  Corte  los tendrá como aptos para servir de  prueba de aquello que ellos contienen.   

Esto,  si  en  cuenta se tiene que en  este  caso  asimismo  se cumple lo establecido por el artículo  259 del C.  de  P. C., modificado por el artículo 1º Núm. 118 del D.E. 2282/89, según el  cual  “los documentos públicos otorgados en país  extranjero   por   funcionario   de  éste  o  con  su  intervención,  deberán  presentarse  debidamente autenticados por el cónsul o agente diplomático de la  República,  o  en su defecto por el de una nación amiga, lo cual hace presumir  que   se   otorgaron   conforme   a  la  ley  del  respectivo  país”,  disposición  aplicable  al caso por virtud del principio de  integración  normativa  previsto  por el artículo 25 del C. de P. P. de 2004 y  el inciso último del artículo 495 ejusdem.   

Acorde  con  lo  analizado en precedencia,  para  la  Corte  es  manifiesto  el  cumplimiento  de   este  requisito del  concepto.   

3.-  DEMOSTRACIÓN PLENA DE LA IDENTIDAD DE  LA PERSONA REQUERIDA.   

De  lo actuado se establece que  JORGE  IVÁN  RAMÍREZ VILLEGAS, quien  se  encuentra  privado de la libertad con ocasión de  este trámite, es la  misma   persona   a    la   que   se   refiere  la  acusación  No. 07-270,   dictada   el   11  de  octubre  de  2007  por  la  Corte Distrital de los Estados Unidos  para  el Distrito de Columbia,  y  la   misma    mencionada   en   las   notas   verbales   mediante  las   cuales   el   gobierno  de  dicho   país,    a    través  de  su  Embajada  en  Colombia,  solicitó  la  detención  provisional  con  fines de extradición, y posteriormente formalizó  el pedido ante las autoridades colombianas.   

Esto   por   cuanto,   en   el  documento  enjuiciatorio  base  de  la  solicitud  formal  de  extradición  se precisa que  uno de los acusados   responde  al  nombre  de JORGE IVÁN RAMÍREZ VILLEGAS, como asimismo se anuncia  en  la  declaración rendida por la Abogada de Juicio  y  el  Agente  Especial,  quienes  precisan  que  el  acusado  es  ciudadano  colombiano,  nacido  el 16 de  enero  de  1965  y  se  identifica con la cédula de  ciudadanía     número     15.334.762,  de  quien  allegan una fotografía3.   

Debe anotarse, que a dichas características  se  refieren  las  notas  diplomáticas remitidas por la Embajada de los Estados  Unidos  en  Colombia, mediante las cuales solicitó la detención preventiva con  fines  de  extradición  y  posteriormente formalizó el pedido ante el gobierno  colombiano.   

Es  de  resaltarse,  asimismo,  que  con la  mencionada  cédula  de ciudadanía se identificó al momento de ser aprehendido  con  ocasión  de  la orden de captura con fines de extradición expedida por el  Fiscal      General      de      la     Nación4;  también,  que  con  dicho  número  de  cédula  se identificó en el poder conferido a una profesional del  derecho    para    que    asumiera   su   defensa5, sin que, además, por parte  de  la defensa técnica o material se hubiere presentado discusión alguna sobre  dicho    particular,   máxime   si   un   experto  dactiloscopista   de   la   Policía  Nacional  realizó  un  cotejo  entre  las  impresiones  dactilares  tomadas  al aprehendido con  las   registradas   a   nombre   del   solicitado6,  comprobándose,  por  tanto,  que  la capturada es la misma persona requerida en  extradición.   

Por  estas  razones,  la  Corte  encuentra  satisfecho el requisito en mención.   

4.- PRINCIPIO DE  LA DOBLE INCRIMINACIÓN.   

De  conformidad  con  lo establecido por el  artículo  493-1  del  C.P.P.   de  2004,  para conceder la extradición es  requisito  indispensable  que  el hecho que la motiva también esté previsto en  Colombia  como  delito  y  reprimido  con sanción privativa de la libertad cuyo  mínimo no sea inferior a cuatro años.   

4.1.- Según la  acusación  No.  07-270,  dictada   el   11  de  octubre  de  2007    contra    JORGE   IVÁN   RAMÍREZ  VILLEGAS por el Gran Jurado en sesión ante la Corte  Distrital   de   los   Estados   Unidos   de   América   para  el  Distrito   de  Columbia, se tiene que el requerido es acusado  en  el   CARGO  UNO  de  haber  acordado      con     otros     individuos     la     fabricación  y  distribución de cinco  kilogramos  o  más de cocaína, con la intención de que dicha sustancia sería  importada   ilegalmente  a  los  Estados  Unidos  de  América.   

4.2.-  Las  normas sustanciales aplicadas,  cuya  traducción  fue  oportunamente  allegada  al  expediente,  tratan  de los  delitos  de  concierto  para distribuir cocaína; y la efectiva distribución de  dicha  sustancia,  por  cuyas  conductas  se  establece  pena  de prisión entre  diez años y cadena perpetua.   

4.2.1.-  En la legislación colombiana, por  su  parte,  el  delito  de  concierto para fabricar y  distribuir cocaína, de que trata el cargo uno de la  acusación         No.         07-270-  Walton,      proferida      el     11        de        octubre     de     2007,  corresponde  al  “concierto para  delinquir”  previsto por el artículo 340 del Código Penal, modificado por el  artículo  8º  de  la Ley 733 de 2002, y últimamente por el artículo 19 de la  Ley  1121 de 2006 que entre otras hipótesis prevé pena de prisión de ocho (8)  a  dieciocho  (18)  años  cuando,  como  se  establece  de  los términos de la  acusación,   el   concierto   sea   para   cometer   delitos   de  tráfico  de  estupefacientes.   

Como  en   este  caso  las autoridades  judiciales   de   los   Estados   Unidos   de  América  acusan  a  JORGE  IVÁN  RAMÍREZ VILLEGAS  y  a   otros   de   haber   concertado,   junto   con   otras  personas,  ilícita,  intencionalmente  y  a  sabiendas  para  fabricar  y  distribuir  cinco  kilogramos o más de cocaína con  la  intención  y  el  conocimiento  de  que  dicha  sustancia  sería importada  ilegalmente  a los Estados Unidos de América, es de concluirse que en relación  con  dicho  cargo,  se  cumple el presupuesto relativo a la doble incriminación  para  extraditar, pues en la legislación penal colombiana tales comportamientos  también  se  hallan  definidos  como  delito, y por su realización prevé pena  mínima superior a cuatro años de prisión.   

Cabe   destacar   que   las   conductas  imputadas,   dicen  relación  con  delitos  de  concierto   para   traficar  sustancias  estupefacientes  y  no  únicamente  la  participación  en  un  acto  ilícito  determinado,  por medio de llevar a cabo  varios  actos  diferenciados  en circunstancias de modo, lugar y tiempo, como se  destaca  en  las  acusaciones proferidas y en las declaraciones juradas rendidas  por  la Abogada    de  Juicio y el Agente Especial.   

De  manera  que la imputación no consiste  simplemente  en atribuirle coparticipación criminal en un solo hecho delictivo,  sino  que  se  funda  en  el  acuerdo de personas asociadas en la preparación y  ejecución  de programas para llevar a cabo una pluralidad de punibles en cuanto  planes  criminales  relacionados  con el tráfico de sustancias estupefacientes,  que  es  precisamente  lo  que  otorga  autonomía  al  tipo  de  concierto para  delinquir en delitos de narcotráfico.   

5.- EQUIVALENCIA  DE  LA  PROVIDENCIA PROFERIDA EN EL EXTRANJERO.    

El artículo 493-2 del C.P.P. de 2004   establece  como  presupuesto  de  procedencia  de  la extradición “que por lo  menos   se   haya  dictado  en  el  exterior  resolución  de  acusación  o  su  equivalente”.   

En  este caso no queda ninguna duda de  que  la acusación   No. CR-  07-270,  dictada   el   11  de  octubre  de  2007   por   la   Corte  Distrital  de  los  Estados  Unidos  para  el  Distrito    de    Columbia,    en    contra    del  señor  JORGE  IVÁN  RAMÍREZ  VILLEGAS,  y  con  fundamento  en  la  cual  se  solicita su extradición,  corresponde  a  la  resolución  acusatoria  en la legislación colombiana, pues  además  de  que  con  dicho acto procesal la actuación subsiguiente no es otra  distinta  al  juicio  oral que finaliza con el respectivo fallo de mérito, como  aquí  sucede,  desde  el  punto  de  vista formal es específica en señalar el  lugar  y  la fecha o época en que los hechos tuvieron lugar, los nombres de los  partícipes  y  la  calificación  jurídica  de  la  conducta,  con  lo cual se  satisfacen   en   suficiencia   los   aspectos  fácticos  y  jurídicos  de  la  imputación.   

Además,   en  la  documentación  anexa  que sirve de apoyo  a la  solicitud  de  extradición  no  sólo se indica el nombre del acusado, sino los  lugares  y  fechas  o épocas en que tuvieron ocurrencia los actos determinantes  de los delitos imputados.   

Si  a  ello  se agrega que la legislación  procesal  de  los  Estados  Unidos  de  América  se estructura sobre el sistema  acusatorio,  y  que el proyecto de acusación lo presenta el fiscal y lo aprueba  el  gran  jurado  después  de examinar la evidencia allegada por aquél, que en  éste  la  acusación  es  un escrito que contiene un pliego de cargos formulado  por  la  Fiscalía  en  contra  del  procesado  para que se defienda de ellos en  juicio,  que  incluye  la  individualización del acusado, una relación clara y  sucinta  de  los hechos jurídicamente relevantes -esto es  la descripción  de   la   conducta   típica   imputada,   con   las   circunstancias   que   la  especifican   y   las  disposiciones  sustanciales  realizadas,  así como el lugar y la fecha o época  de  su ocurrencia-, es evidente que la persona reclamada en extradición en este  caso,  ha  sido  acusada  y llamada a responder en juicio por las autoridades de  los                     Estados                     Unidos                    de  América.             

En consecuencia, la Corte halla satisfecho  el  requisito  en  mención,  máxime  si  lo  que  la  ley doméstica exige, es  “equivalencia” entre  las       dos      piezas      procesales,      mas      no      “identidad”  absoluta entre el indictment del sistema procesal de los Estados  Unidos  y el escrito de acusación a que se alude en el modelo de enjuiciamiento  colombiano,   como   inopinadamente   se pretende por la defensa.   

6.-    EL  CONCEPTO.   

La  Corte  es del criterio que el Gobierno  Colombiano  puede  extraditar  al  ciudadano  colombiano  JORGE  IVÁN  RAMÍREZ  VILLEGAS   por  razón del CARGO UNO  de  la  acusación  a  que  se  contrae  la  solicitud. Esto es,  por   el  delito de  “Concierto    para  fabricar     y  distribuir  cinco kilogramos o más de cocaína, con  la    intención    de   importarla   ilegalmente   a   los   Estados   Unidos  de  América”.   

Dicho   cargo   aparece   incluido   en  la     acusación      No.     07-270-Walton,   dictada   el   11  de  octubre  de  2007  por  la  Corte Distrital de los Estados Unidos  para  el  Distrito de Columbia, conforme lo solicita  el  Gobierno de dicho país, pues se satisfacen los requisitos preestablecidos a  estos efectos, como viene de demostrarse.   

6.1.- Aclaración  final.-   

En  atención  a  lo  manifestado  por  el  Ministerio  Público  sobre el particular, es de advertir que atañe al Gobierno  Nacional,  si en ejercicio de su competencia lo estima, subordinar la concesión  de  la extradición a las condiciones que considere oportunas, exigiendo en todo  caso,  que  la  persona  solicitada  no vaya a ser juzgada por un hecho anterior  diverso  del  que motiva la extradición, ni sometida a desaparición forzada, a  torturas  ni  penas  o tratos crueles inhumanos o degradantes, ni a las penas de  destierro,  prisión  perpetua  o  confiscación, o a sanciones distintas de las  que  se  le  hubieren  impuesto  en  la condena, y si la legislación del Estado  requirente  pena con la muerte el injusto que motiva la extradición, la entrega  se  hará  bajo  la  condición  de  que  tal  pena  sea conmutada, atendiendo   lo   contemplado  en  el  artículo 494 del C.P.P. de 2004.   

De igual modo, la Corte considera pertinente  precisar,   en   orden   a   resguardar  los  derechos  fundamentales  del requerido, que -si el Gobierno  Nacional  lo  considera  pertinente-, el Estado requirente deberá garantizar la  permanencia  en el país extranjero y el retorno al de origen, en condiciones de  dignidad  y  respeto  por la persona humana, cuando el extraditado llegare a ser  sobreseído,  absuelto,  declarado  no  culpable  o  eventos  similares, incluso  después  de  su liberación por haber cumplido la pena que le fuere impuesta en  la  sentencia  de  condena en razón de los cargos que motivaron la solicitud de  extradición      y      por      los      cuales     ésta     hubiere     sido  concedida.       

Asimismo,  el  Gobierno  Nacional  ha  de  advertir  a  su  homólogo  del  Estado requirente, que en el presente evento la  persona  solicitada  en  extradición  ha  permanecido privada de la libertad en  detención preventiva por razón de  este trámite.   

Además, la Sala ha de indicar que en virtud  de  lo  dispuesto  por  el  numeral  2º  del  artículo 189 de la Constitución  Política,  le corresponde al Gobierno, encabezado por el señor Presidente como  supremo  director  de la política exterior y de las relaciones internacionales,  realizar  el respectivo seguimiento a los condicionamientos que se impongan a la  concesión  de la extradición y determinar las consecuencias que se derivarían  de su eventual incumplimiento.   

Lo  que   no  resulta  procedente,  es  prevenir  al  Gobierno  Nacional  “para  que  establezca  si  el  requerido en  extradición  está  siendo  investigado  o ya fue juzgado por la misma conducta  ante  las  autoridades  de nuestro país”, toda vez que, como bien lo anota el  Ministerio      Público     al     hacer     la  solicitud, dicha exigencia se encontraba incluida en  el  artículo  527  de la Ley 600 de 2000, pero fue declarada inexequible por la  Corte    Constitucional,    y   no   fue   reproducida   por   la   Ley 906 de 2004.   

A  este  respecto pertinente resulta traer a  colación  la  postura  de  la  Sala,  reiterada incluso en providencia de 18 de  julio de 2007, dentro del radicado 27380:   

“La pretensión de determinar que existe  en  nuestro  país  un  proceso  contra  el  requerido por los mismos hechos que  motivan  la extradición, ninguna relación guarda con las materias previstas en  el  artículo  520 del Código de Procedimiento Penal, pues reiterada ha sido la  jurisprudencia  de  la  Sala  en  señalar  que  dentro de sus facultades que le  permiten  emitir  el  concepto  en  casos  de  extradición  no  se  halla la de  establecer  si  el solicitado es investigado o no por la justicia nacional, o si  los  hechos  por  los  que  en  nuestro  país  se le procesa son los mismos que  fundamentan  el pedido, habida cuenta que esos eventos no inciden en el curso de  este   trámite   ni   mucho   menos   determinan   el  sentido  en  que  ha  de  conceptuarse.   

“Es  el  Presidente  de  la  República,  supremo  director  de  las  relaciones  internacionales,  a  quien  concierne la  decisión  final  ante  la solicitud de extradición, de concederla o negarla, o  diferir  la entrega del requerido, según las conveniencias nacionales, luego en  esa  misma  medida  y  en  tanto  lo  considere  necesario  le atañe igualmente  establecer  si  en  Colombia  existe el proceso a que se refiere la defensa y si  trata   de   los   mismos  supuestos  de  hecho  por  los  que  se  solicita  la  extradición”7.   

“Acerca  de la prohibición contenida en  el  principio denominado non bis in ídem  en  que  se  apoya  el  letrado  que  en su sentir enervaría la  extradición  ya  que  su defendido fue juzgado por las autoridades colombianas,  lo  que  no  haría  viable  investigarlo y juzgarlo nuevamente por la autoridad  extranjera;   ello   le   compete  al  Gobierno  Nacional,  específicamente  al  Presidente  de  la República como autoridad competente para decidir si concede,  niega  o  difiere  la  extradición, sin olvidar que la circunstancia que hacía  improcedente  la  extradición  relativa a que la persona solicitada estuviera o  hubiese  sido  juzgada  en  Colombia  por  los  mismos  hechos que es requerida,  prevista  en  el  artículo 565 del Decreto 2700 de 1991 aplicable por virtud de  la  declaratoria  de inexequibilidad del artículo 527 de la ley 600 de 2000, no  fue   reproducida   en   el  nuevo  ordenamiento  procesal  de  la  ley  906  de  2004”8.   

En  mérito  de  lo  expuesto  y  con  las  precisiones  consignadas, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

CONCEPTÚA   FAVORABLEMENTE   a   la   extradición   del   ciudadano  colombiano   JORGE   IVÁN   RAMÍREZ  VILLEGAS,  solicitada  al  Gobierno  de  Colombia por su homólogo de los Estados Unidos de  América,   por  razón  del  CARGO  UNO   a  que  se  contrae  la  solicitud,  contenido  en  la  acusación  No. 07-270-Walton,     dictada    el    11  de  octubre  de  2007 por la Corte  Distrital  de  los Estados Unidos para el Distrito de  Columbia.   

Por la Secretaría de la Sala, comuníquese  esta  determinación  al requerido señor JORGE IVÁN  RAMÍREZ  VILLEGAS,  a su defensora de confianza, al  Ministerio  Público  y  al  Fiscal General de la Nación para lo de su cargo en  relación    con    la   persona   detenida   preventivamente   con   fines   de  extradición.   

Devuélvase el expediente al Ministerio del  Interior y de Justicia para los trámites subsiguientes de ley.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aclaración de voto  

JOSÉ      LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS           AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

Excusa justificada  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

Permiso  

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                 JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

Comisión de servicio  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre   ellos   el  fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos y deberes consagrados en la  Carta;  defender  la  independencia  nacional  y  proteger  a todas las personas  residentes  en  Colombia  en  su  vida,  honra,  bienes,  creencias,  derechos y  libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes9   para   que  se  solicite,  conceda  u  ofrezca, que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es  preciso  comentar  que  como no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que  ligue  a Colombia con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para  evaluar   la   procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u  ofrecimiento  de  extradición   entre   los   dos   países   es   el  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de  2004,  además  de  reiterar  las  reglas  constitucionales  (improcedencia  por  delitos  políticos, o la de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con  anterioridad     al     17     de     diciembre     de     1997     –artículo  508  y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el organismo al que le corresponde ofrecer o conceder  la  extradición  de  una persona y las facultades sobre la materia –el   gobierno-,   el   ámbito  de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal  mínimo  en  el  exterior  –artículo  510 y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además, el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por  otra  parte, se observa por la Corte,  que  la  Constitución  colombiana,  prohíbe  en  su  artículo 34 ‘las  penas  de  destierro, prisión  perpetua      y      confiscación’,  a  las  cuales, por las mismas razones anteriormente expuestas,  no  podrá  someterse  al extraditado por el país que lo juzgue, lo que implica  que  igualmente  en  ese  sentido  habrá  de condicionarse la exequibilidad del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”10   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El  gobierno  podrá subordinar el ofrecimiento o  la   concesión   de   la   extradición   a   las   condiciones  que  considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce11,  y  con  los  derechos y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten   al   extraditado   –como  a  cualquier  otro nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1  Fls. 185-188 anexo   

2 Fl.  120 anexo   

3  Fls. 117, 53 y 32 anexo.   

4 Fl.  23 anexo   

5 Fl.  13 cno. Corte   

6  Fls. 25-26 anexo   

7  Cfr.  Extradición  19963  de  21  de  enero de 2002 y 25170 de 10 de octubre de  2006, entre otros.   

8  Cfr. Extradición 24878 de 3 de octubre de 2006, entre otros.   

9  Corte Constitucional, sentencia C-740/00.   

10  Sentencia C-1106/00.   

11  Cfr. Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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